Nota:
El texto de Julio
Roldán, que va a continuación, será publicado en partes. Este texto es un
capítulo del libro China ¿el nuevo centro de la civilización? La idea
central del texto es que “El proyecto revolucionario orientado por el
pensamiento de Mao Zedong ha sido reemplazado por la ideología Neoconfuciana plasmada en el
‘Socialismo de mercado’ o ‘socialismo con peculiaridades chinas’”. Para el
lector, la realidad de la asunción del confusianismo como el fondo ideológico
de la política de la dirección china, debe ser un motivo de seria reflexión. No
es casual que la dirección china apele al confusianismo como la ideología
propicia para alcanzar sus propósitos. Ya en los tiempos de la revolución
cultural el PCCh desarrolló la lucha más grandiosa por entronizar la ideología
marxista entre las amplias masas populares y, precisamente en el curso de esta
lucha, hubo de desenmascarar el carácter de clase del confusianismo, tan
profundamente arraigada en la sociedad china. Los textos Crítica a Lin Piao y Confucio I y Crítica a Lin Piao y Confucio II, dan cuenta de la lucha del
proletariado revolucionario chino contra el confusianismo, y esta lucha permite,
por sí sola, entender el papel de la ideología confusianista en la lucha entre
el proletariado y la burguesía en la sociedad china.
01.06.2026.
Comité de Redacción.
De Mao Tse Tung al Neoconfucianismo
(Primera Parte)
Julio Roldán
TOMANDO EN CUENTA la milenaria historia de China, la persistencia de la cultura tradicional que tiene siglos de existencia, la ideología de Confucio que orientó la vida social-moral en los últimos 2,500 años, la estructura económica-social, la práctica política de la burocracia encarnada en los mandarines, la presencia de los imperialismos en su territorio, podemos comprender mejor 4 hechos fundamentales sobre el tema que nos ocupa. A.- Hacer una revolución, construir una nueva sociedad, en esas condiciones, fue una obra heroica de las masas populares chinas. Fue una labor titánica de los nacionalistas primero, de los comunistas después. B.- Los 64 años que van desde 1912, proclamación de la Republica China, hasta 1976, muerte de Mao Tsetung, tiene importancia capital en el tiempo político; pero es un equivalente a un abrir y cerrar de ojos en el tiempo histórico. C.- La base económica, la estructura social, las formas políticas, fueron transformadas, con dificultades es verdad; pero transformadas a fin de cuentas. Estos cambios intentaron poner las bases para la construcción del socialismo según el deseo de muchos, mientras que en la realidad, como se verá décadas después, pusieron las bases para el desarrollo del capitalismo. D.- La mentalidad tradicional, la ideología confuciana, se manifestaba en las diversas formas de la cultura, por sus características propias, su dinámica interna, se mantuvieron semi-intactas en el medio siglo de revoluciones. Esto fue un problema a resolver, en la política cultural, en las pocas décadas de revolución democrática y de construcción socialista.
El tema cultural, dentro de ello la ideología confuciana, estaba impregnada en el pensamiento, en las costumbres, en el inconsciente, incluso de los más calificados dirigentes, marxista-leninistas del Partido Comunista. Para dar crédito a nuestra afirmación, leamos lo que el filósofo Creel en torno a uno de los más distinguidos dirigentes del PCCh, Liu Shao-chi (1898-1969), informa y comenta: “Liu cita a Confucio, a Mencio y a otros filósofos chinos del pasado. Lejos de condenarlos, emplea su autoridad para reforzar los argumentos comunistas. El trasvase del vino nuevo del dogma comunista a los viejos odres de la forma china esta especialmente claro en este pasaje: `Hay algunos que dicen que es imposible, por medio del estudio y el cultivo de las propias facultades, alcanzar la valía de genios revolucionarios tales como Marx, Engels, Lenin y Stalin. Consideran que Marx, Engels, Lenin y Stalin han sido seres misteriosos desde su nacimiento. ¿Es esto correcto? Yo creo que no´. Esto es exactamente lo mismo que la discusión, en tiempos de Mencio, del problema de si los emperadores sabios Yao y Shun eran seres espirituales en posesión de cualidades a las que los hombres comunes y corrientes no podían aspirar.”
Luego, el investigador, continúa: “Liu Shao-chi evidencia que tiene precisamente en cuenta esta discusión, pues en apoyo de su punto de vista escribe: `Mencio dijo: ‘Cualquier hombre puede llegar a ser un Yao o un Shun’´ En esta obra Liu no rechaza la filosofía tradicional de China; lejos de ello, denuncia a quienes no supieron o no quisieron vivir con arreglo a dicha filosofía. Critica a aquellos que pretendían venerar las enseñanzas de Confucio, pero en realidad solo trataban de emplearlas para oprimir al pueblo y adelantar en su carrera personal. `Naturalmente -escribe-, nosotros, los miembros del Partido Comunista, no podemos adoptar una actitud semejante al estudiar los principios de Marx y de Lenin y las excelentes y provechosas enseñanzas que nos han legado los antiguos sabios de nuestra nación. Tal como hablamos, así debemos obrar. Somos honrados y limpios; no podemos engañarnos a nosotros mismos, no podemos engañar al pueblo ni a los hombres de la antigüedad´.” (Creel, 1976: 297).
En la cita transcrita, las ideas fueron expresadas a comienzos de la década del 50 del Siglo XX, se trasluce la concepción filosófica, la ideología, la política, que orientaba el pensamiento de Liu Shao-chi. El, en los años 60, llegó a ser el más alto dirigente del PCCh. Luego fue destituido por la revolución cultural. Póstumamente fue reivindicado por la dirección del PCCh en los años 80. Marx y Lenin son ubicados en el mismo nivel que Confucio y Mencio. Repitamos este párrafo: “Naturalmente -escribe-, nosotros, los miembros del Partido Comunista, no podemos adoptar una actitud semejante al estudiar los principios de Marx y de Lenin y las excelentes y provechosas enseñanzas que nos han legado los antiguos sabios de nuestra nación.” Precisamente la crítica de un sector de comunistas, en ese tiempo y después en los 10 años de la denominada Gran Revolución Cultural Proletaria, fue en contra de “... los antiguos sabios de nuestra nación…” expresado en el pensamiento de Confucio y secundado por el de Mencio. La crítica a los Neoconfucianos, de esos tiempos, centraba contra el agnosticismo filosófico, el eclecticismo ideológico, el oportunismo político, el pragmatismo económico.
Finalmente. Adentrándose en los acontecimientos que ocurrieron en China, sobre el pensamiento de Confucio y la cultura tradicional en general, el filosofo escribe: “Poca duda parece subsistir de que, andando el tiempo, un sinfín de elementos de la tradición china que han sido tildados de `feudales´ y de `reaccionarios´ serán poco a poco rehabilitados y restablecidos. Lo que haya de ocurrir con Confucio no está claro todavía. Muchos chinos de este siglo, y muchos comunistas, lo han condenado como enemigo número uno del progreso. Otros, empero, son de distinto sentir. Un libro interesante en este aspecto es el escrito en 1945 por Kuo Mo-jo, que posteriormente sería Viceprimer Ministro del Gobierno de Pekín. En esta obra, Kuo describe a Confucio no solo como adalid de los derechos del pueblo llano, sino también como un promotor de la rebelión armada. Así, no es ni mucho menos imposible que el ídolo de la antigua China llegue a ser aclamado como un precursor, en la tradición revolucionaria, de Marx, Lenin, Stalin y Mao Tsetung: un héroe de la nueva China.” (Creel, 1976: 299)
En verdad este pronóstico de que “… el ídolo de la antigua China llegue a ser aclamado como un precursor, en la tradición revolucionaria…” se inició a partir de 1978 y se materializó a comienzos del Siglo XXI. Un acto simbólico, pero significativo, fue lo ocurrido el año 2004. En esa fecha se creó El Instituto Confucio. Es un proyecto ideológico-cultural dependiente de la Oficina del Consejo Internacional de la Lengua China, es parte del Ministerio de Educación. Es el medio a través del cual el Estado chino difunde su política cultural en todo el mundo. En la actualidad (2025) existen 550 Institutos, en 162 países. A partir de esa fecha, hablar de ideología-cultura en China es referirse a la ideología confuciana.
A la distancia política, más la práctica social, vemos que la influencia de Marx, Lenin, Mao, tuvieron importancia capital en el accionar revolucionario, fue una especie de accidente político en el proceso histórico de la milenaria China. El proyecto revolucionario orientado por el pensamiento de Mao Tsetung ha sido reemplazado por la ideología Neoconfuciana plasmada en el “Socialismo de mercado” o “socialismo con peculiaridades chinas”. Así define la dirigencia china al modelo capitalista que se desarrolla actualmente en ese país.
El partido mantiene el nombre de Comunista. Los dirigentes chinos se reclaman comunistas. Sostienen que están construyendo el socialismo en su país. Mucho de su parafernalia viene de la tradición comunista. Sobre el tema, para ahorrar comentarios, con Lenin, diremos que son revisionistas. Revisan las bases centrales del marxismo, lo adecúan a sus intereses, mantienen el nombre; pero limando el contenido revolucionario del mismo.
El revisionismo, como corriente ideológico-política, no viene del cielo. Tampoco es producto de la buena o mala voluntad de los individuos. Él tiene una base real que se llama historia y economía. A esto agréguese la vida socio-política. Finalmente, el accionar de las personas, que combinando el determinismo-voluntarismo, actúan en la sociedad. Solo por esta vía comprenderemos, en su verdadera dimensión, qué es el revisionismo. Teniendo en cuenta que el revisionismo destruyó la URSS y la transformó en un país capitalista. La misma historia se repitió, años después, con la República Popular China.
El tránsito del pensamiento de Mao Tsetung, para otros: maoísmo, hacia el Neoconfucianismo fue rápido, relativamente fácil, en la medida que las condiciones, nacionales e internacionales, estaban dadas para que ello sucediera. La resistencia fue mínima de los que aún se reclamaban del Marxismo-Leninismo-Pensamiento Mao Tsetung.
La historiadora Mariola Moncada (1971), sobre el concepto de Neoconfucianismo, afirma lo siguiente: “El neoconfucianismo hace referencia a un grupo de pensadores chinos que comparte una base común, todos parten de los fundamentos morales y filosóficos de la tradición letrada china, pero heterogénea en cuanto a los planteamientos de sus representantes, e incluso con debates y discrepancias entre ellos. El punto de partida del neoconfucianismo moderno es el de reconocer que los 2 aspectos de la tradición letrada: el confucianismo político y el confucianismo moral no son contradictorios sino complementarios.” (Moncada, 2011: 208)
Por su parte, el profesor Jesús Sole (1968), en la presentación de su libro El Nuevo Confucianismo en China del Siglo XXI (2018), escuetamente define el concepto en los términos siguientes: “El nuevo confucianismo es, en definitiva, la adaptación del discurso confucianista a la realidad contemporánea, el cual se reivindica como la ortodoxia actualizada del confucianismo, como factor relevante de la identidad nacional y como componente eficaz del soft power de China.” (Sole, 2018)
A lo dicho por los citados, ya lo hemos advertido en otra parte de esta investigación, agreguemos el pragmatismo confuciano que se complementa con el pragmatismo norteamericano. Su diferencia estriba en que fueron sistematizados en tiempos y espacios distintos. Lo común es que expresan la filosofía, la ideología, la política, de las clases dominantes en general. De la esclavista-feudal en China en el pasado, de la capitalistaimperialista norteamericana en el último siglo. Esta conjugación de pasado-presente, interno-externo, se evidencia en los planes económicos, políticos, culturales, implementados por el PCCh desde comienzos del Siglo XXI.
Hechos estos
agregados, continuemos con la historiadora Moncada sobre el tema. Ella afirma:
“En el Siglo XXI, la política china ha enterrado por completo la retórica
revolucionaria (salvo en el ámbito interno de partido) que ha sido sustituida
por un nuevo discurso político. Un discurso cuya inspiración no se busca en el
patrón político de democracia liberal que intenta exportar Occidente, pero
tampoco en las propias raíces ideológicas del partido, el marxismo-leninismo
(igualmente occidentales, debiéramos añadir). La fuente de inspiración del
nuevo discurso político chino está en la propia tradición china, precisamente
en aquella que negó el mismo Partido durante las décadas de los años 60 y 70.”
(Moncada, 2011: 204)
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