¡Viva el Primero de Mayo!
Primero de Mayo
Manuel González Prada.
SI LOS PROLETARIOS de América y Europa se congregaran hoy para
únicamente celebrar la fiesta del trabajo, merecerían ser llamados ingenuos,
infelices y hasta inconscientes, pues no harían más que sancionar su miseria y
su esclavitud. Examinando bien los hechos, sin dejarnos alucinar por la
fraseología de sociólogos oficiales y oficiosos, ¿qué diferencia hay entre el
esclavo antiguo (que era la propiedad o la cosa del amo) y el trabajador
moderno que sigue siendo el autómata o la máquina del patrón? Vemos una sola
diferencia: en la Antigüedad el vencedor esclavizaba al vencido, francamente,
proclamando el derecho de la fuerza, sosteniendo que unos habían nacido para
mandar y otros para obedecer, mientras en las sociedades modernas el letrado y
el capitalista explotan al ignorante y al obrero, hipócritamente, predicando la
evangélica máxima del amor al prójimo, hablando de libertad, igualdad y
fraternidad.
El trabajo, tal como se halla organizado y tal
como desearían conservarle los capitalistas, se reduce a la explotación de
muchos por unos pocos, al sometimiento servil de la gran masa bajo la voluntad
omnipotente de algunos privilegiados, a la eternización de un verdadero régimen
de castas en que los de arriba gozan de luz y bienestar mientras los de abajo
vegetan en la ignorancia y las privaciones. Ese trabajo manual (tan encarecido
por los traficantes y los ociosos) no siempre dignifica y engrandece. Trabajar
para recoger todo el fruto de su labor o hacerlo voluntariamente para
transformar el Globo en una morada cómoda y salubre, concediéndose las horas
necesarias al solaz, a la instrucción y al sueño, es digno del hombre; pero
bregar y esquilmarse para que otros reporten los beneficios o hacerlo
obligadamente para sólo dulcificar la vida de los amos, negándose el descanso
indispensable, comiendo mal, durmiendo poco, vistiéndose de guiñapos y no
conociendo más placeres que el trago de aguardiente y la procreación, es
indigno del hombre.
No faltan desgraciados que merced a ese régimen
degeneran al punto de transformarse en animales de tracción y de carga, con la
circunstancia de tener menos descanso y menos pitanza que el asno y la mula.
Pero (qué mula ni qué asno! Hombres hay convertidos en algo inferior a las
acémilas, en verdaderos aparatos que sólo realizan actos puramente mecánicos.
Han perdido todo lo humano y, primero que nada, el instinto de la rebelión. No
les hablemos de reclamar sus derechos, de pedir lo suyo, de adquirir la dignidad
de hombres: no entenderán nuestras palabras y se volverán contra nosotros para
defender a su verdugo y a su Dios –el capitalista.
Felizmente la luz va penetrando en el cerebro de
los proletarios y muchos comprenden ya que el 1 de mayo, para no ser una fiesta
ridícula o pueril, debe significar algo más que la glorificación del trabajo.
Se congregan hoy para recordar a los buenos luchadores que señalaron el camino
y para reconocerse, estrechar las filas, cambiar ideas y acelerar el
advenimiento del gran día rojo. Y decimos rojo, pues no incurriremos en la
ingenuidad o simpleza de imaginarnos que la Humanidad ha de redimirse por un acuerdo
amigable entre los ricos y los pobres, entre el patrón y el obrero, entre la
soga del verdugo y el cuello del ahorcado. Toda iniquidad se funda en la
fuerza, y todo derecho ha sido reivindicado con el palo, el hierro o el plomo.
Lo demás es teoría, simple teoría.
El Frente Único y el Primero de Mayo
José Carlos Mariátegui
EL 1° DE MAYO ES, en todo el mundo, un día de unidad del proletariado
revolucionario, una fecha que reúne en un inmenso frente único internacional a
todos los trabajadores organizados. En esta fecha resuenan, unánimemente
obedecidas y acatadas, las palabras de Carlos Marx: "Proletarios de todos
los países, uníos". En esta fecha caen espontáneamente todas las barreras
que diferencian y separan en varios grupos y varias escuelas a la vanguardia
proletaria.
El 1° de Mayo no pertenece a una Internacional:
es la fecha de todas las Internacionales. Socialistas, comunistas y libertarios
de todos los matices se confunden y se mezclan hoy en un solo ejército que
marcha hacia la lucha final.
Esta fecha, en suma, es una afirmación y una
instalación de que el frente único proletario es posible y es practicable y de
que a su realización no se opone ningún interés, ninguna exigencia del
presente.
A muchas meditaciones invita esta fecha
internacional. Pero para los trabajadores peruanos la más actual, la más
oportuna es la que concierne a la necesidad y a la posibilidad del frente
único. Últimamente se han producido algunos intentos seccionistas. Y urge
entenderse, un concretarse para impedir que estos intentos prosperen, evitando
que socaven y que minen la naciente vanguardia proletaria del Perú.
Mi actitud, desde mi incorporación en esta
vanguardia, ha sido siempre la de un fautor convencido, la de un propagandista
fervoroso del frente único. Recuerdo haberlo declarado en una de las
conferencias iniciales de mi curso de historia de la crisis mundial.
Respondiendo a los primeros gestos de resistencia y de aprensión de algunos
antiguos y hieráticos libertarios, más preocupados de la rigidez del dogma que
de la eficacia y la fecundidad de la acción, dije entonces desde la tribuna de
la Universidad Popular: "Somos todavía pocos para dividirnos. No hagamos
cuestión de etiquetas ni de títulos."
Posteriormente he repetido estas o análogas
palabras. Y no me cansaré de reiterarlas. El movimiento clasista, entre
nosotros, es aún muy incipiente, muy limitado, para que pensemos en
fraccionarle y escindirle. Antes de que llegue la hora, inevitable acaso, de
una división, nos corresponde realizar mucha obra común, mucha labor solidaria.
Tenemos que emprender juntos muchas largas jornadas. Nos toca, por ejemplo,
suscitar en la mayoría del proletariado peruano, conciencia de clase y
sentimiento de clase. Esta faena pertenece por igual a socialistas y
sindicalistas, a comunistas y libertarios. Todos tenemos el deber de sembrar
gérmenes de renovación y de difundir ideas clasistas. Todos tenemos el deber de
alejar al proletariado de las asambleas amarillas y de las falsas
"instituciones representativas". Todos tenemos el deber de luchar
contra los ataques y las represiones reaccionarias. Todos tenemos el deber de
defender la tribuna, la prensa y la organización proletaria. Todos tenemos el
deber de sostener las reivindicaciones de la esclavizada y oprimida raza
indígena. En el cumplimiento de estos deberes históricos, de estos deberes
elementales, se encontrarán y juntarán nuestros caminos, cualquiera que sea
nuestra meta última.
El frente único no anula la personalidad, no
anula la filiación de ninguno de los que lo componen. No significa la confusión
ni la amalgama de todas las doctrinas en una doctrina única. Es una acción
contingente, concreta, práctica. El programa del frente único considera
exclusivamente la realidad inmediata, fuera de toda abstracción y de toda
utopía. Preconizar el frente único no es, pues, preconizar el confusionismo
ideológico. Dentro del frente único cada cual debe conservar su propia
filiación y su propio ideario. Cada cual debe trabajar por su propio credo.
Pero todos deben sentirse unidos por la solidaridad de clase, vinculados por la
lucha contra el adversario común, ligados por la misma voluntad revolucionaria,
y la misma pasión renovadora. Formar un frente único es tener una actitud
solidaria ante un problema concreto, ante una necesidad urgente. No es
renunciar a la doctrina que cada uno sirve ni a la posición que cada uno ocupa
en la vanguardia, la variedad de tendencias y la diversidad de matices ideológicos
es inevitable en esa inmensa legión humana que se llama el proletariado. La
existencia de tendencias y grupos definidos y precisos no es un mal; es por el
contrario la señal de un periodo avanzado del proceso revolucionario. Lo que
importa es que esos grupos y esas tendencias sepan entenderse ante la realidad
concreta del día. Que no se esterilicen bizantinamente en ex confesiones y
excomuniones reciprocas. Que no alejen a las masas de la revolución con el
espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores. Que no emplean sus
armas ni dilapiden su tiempo en herirse unos a otros, sino en combatir el orden
social sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes.
Tratemos de sentir cordialmente el lazo
histórico que nos une a todos los hombres de la vanguardia, a todos los
fautores de la renovación. Los ejemplos que a diario nos vienen de fuera son
innumerables y magníficos. El más reciente y emocionante de estos ejemplos es
el de Germaine Berthon. Germaine Berthon, anarquista, disparó certeramente su
revólver contra un organizador y conductor del terror blanco por vengar el
asesinato del socialista Jean Jaurés. Los espíritus nobles, elevados y sinceros
de la revolución, perciben y respetan, así, por encima de toda barrera teórica,
la solidaridad histórica de sus esfuerzos y de sus obras. Pertenece a los
espíritus mezquinos, sin horizontes y sin alas, a las mentalidades dogmáticas
que quieren petrificar e inmovilizar la vida en una fórmula rígida, el
privilegio de la incomprensión y del egotismo sectarios.
El frente único proletario, por fortuna, es
entre nosotros una decisión y un anhelo evidente del proletariado. Las masas
reclaman la unidad. Las masas quieren fe. Y, por eso, su alma rechaza la voz
corrosiva, disolvente y pesimista de los que niegan y de los que dudan, y busca
la voz optimista, cordial, juvenil y fecunda de los afirman y de los que creen.
Admonición del 1º de Mayo
José Carlos Mariátegui
LA CONMEMORACIÓN del 1º de mayo, ha ido adquiriendo, en el proceso de la
lucha por el socialismo, un sentido cada vez más profundo y preciso. Hace ya
mucho tiempo que no se reduce a la conmemoración de los mártires de Chicago.
Ese fue su punto de partida. Desde 1888 en que el Congreso de París instituyó
esta conmemoración, el proletariado mundial ha recorrido una parte considerable
del camino que conduce a la realización de sus ideales de clase. En este
tiempo, se han sucedido, en su historia, muchas jornadas de luto y también
muchas jornadas de gloria. La clase obrera ha entrado en su mayor edad. La
crónica de su ascensión económica y política, registra siempre grandes
acontecimientos, que impiden al proletariado limitar la significación del 1º de
Mayo a una sola efemérides. La experimentación, la actuación del socialismo ha
empezado desde 1918. Quedan aún por ganar las más difíciles y largas batallas.
Pero, en la lucha, la clase obrera acrecienta incesantemente su capacidad para
crear un nuevo orden: el orden socialista.
El 1º de mayo, afirma todos los años la
solidaridad internacional de los trabajadores. Es la fecha internacional,
universal por excelencia. En su celebración coinciden las avanzadas del
proletariado de los cinco continentes. En este hecho reside su mayor
significación revolucionaria. Lo sienten bien los nacionalismos reaccionarios
cuando, como el fascismo, en Italia, se empeñan en proscribir esta fecha del
sentimiento de la clase trabajadora. Empeño inútil, porque nada dará un
carácter más religioso y profundo a la conmemoración del 1º de Mayo en el
espíritu de cada obrero, que la persecución y condenación reaccionarias. El
fascismo está resucitando en Italia la edad heroica de las catacumbas. Este día
transcurre hoy en Italia, sin comicios, sin huelga, sin himnos revolucionarios,
sin banderas rojas; pero en mil hogares escondidos se jura, con más fervor y
resolución que nunca, la fe en el socialismo.
Hay que desterrar del 1º de mayo, todo lo que en
mucho ha tenido, y tiene todavía, el rito mecánico de simple efemérides. La
lucha por el socialismo no se nutre de evocaciones dolientes o coléricas ni de
esperanzas exaltadas. Es, antes que nada, acción concreta, realidad presente.
Trabajan por el advenimiento de una sociedad nueva los que todo el año
disciplinada, obstinadamente, combaten por el socialismo; no los que en ésta u
otra fecha sienten un momentáneo impulso de motín o asonada.
Para nuestra Vanguardia obrera, cada 1º de mayo
representaría muy poco si no señalara una etapa en su propia lucha por el
socialismo. Año tras año, esta fecha plantea cuestiones concretas, actuales.
¿Cuáles han sido los resultados y la experiencia de la acción desarrollada?
¿Cuáles son las tareas del porvenir? El problema que hoy se presenta, en primer
plano, es sin duda, un problema de organización. La vanguardia obrera tiene el
deber de impulsar y dirigir la organización del proletariado peruano, misión que
reclama un sentido de responsabilidad, al cual no es posible elevarse sino en
la medida en que se rompa con el individualismo anarcoide, con el utopismo
explosivo e intermitente de los que antes, guiando a veces las masas, se
imaginaban que se les conduce hacia un orden nuevo con la sola virtud de la
negación y la protesta. Reivindiquemos íntegra, absolutamente, el derecho de
asociación de los trabajadores, su libertad de organización legal, en las
ciudades, las minas y las haciendas. Y asumamos la tarea de que la reclamación
de este derecho, sea la afirmación de una capacidad. He aquí la obra por
cumplir; he aquí la misión por absolver. Que el 1º de mayo sirva esta vez para
que, comprendiéndolo, afirmemos, sin inútil declamación, la voluntad y la aptitud
de realizarlas.
González Prada, Mariátegui y el Primero de Mayo
Eduardo Ibarra
GONZÁLEZ PRADA pronunció una conferencia y escribió cinco artículos en
conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores: Conmemorando
el 1º de Mayo fiesta universal (1905); El intelectual y el
obrero (conferencia dictada el 1º de mayo de 1905 en la Federación de
Obreros Panaderos); El Primero de Mayo (1906); Primero
de Mayo (1907); Primero de Mayo (1908); Primero
de Mayo (1909).
La conferencia El intelectual y el
obrero forma parte del libro Horas de lucha (1908),
mientras los artículos fueron publicados en la revista Los Parias,
y más tarde incorporados al libro Anarquía.
José Carlos Mariátegui escribió dos artículos
sobre el tema: “El 1º de mayo y el frente único” (1924) y
“Admonición del 1º de mayo” (1929). El primero fue publicado
en El Obrero Textil, nº 59, y el segundo en Labor, nº
8. Ambos aparecen actualmente formando parte del libro Ideología y
Política.
Mientras Mariátegui era explícito en cuanto al
frente unido de la clase (“El 1º de Mayo es, en todo el mundo, un día de unidad
del proletariado revolucionario, una fecha que reúne en un inmenso frente único
internacional a todos los trabajadores organizados”), y absolutamente claro en
cuanto a su objetivo (“Para nuestra Vanguardia obrera, cada 1º de Mayo
representaría muy poco si no señalara una etapa en su propia lucha por el
socialismo”); el discurso de González Prada peca por momentos de retórica y es
indefinido en cuanto al objetivo de la lucha proletaria, aunque, en descargo
suyo, hay que recordar que, en el artículo “Conmemorando el 1º de mayo fiesta
universal”, no se presentó tan indefinido:
Lejos del socialismo depresor que, sea cual
fuere su forma, es una manera de esclavitud o un remedo de la vida monacal;
lejos también del individualista egoísta que profesa el ¡Dejar hacer, dejar
pasar, y el cada uno para sí, cada uno en su casa”, divisamos una cumbre lejana
donde leemos esta única palabra: ANARQUÍA”.
Huelgan comentarios sobre el pretendido “socialismo depresor”, lo cual
revela el anarquismo pradiano y, en el fondo, una posición contraria a la
dictadura del proletariado. Entonces el anarquismo se consideraba una tendencia
del socialismo y, por eso, el propio González Prada sostenía que “no hay
socialismo sino muchos socialismos” (“Conmemorando el 1º de mayo…”). Sin
embargo, más que ayer, hoy se sabe que el único socialismo verdaderamente
revolucionario es el socialismo marxista-leninista.
Por eso, mientras en “Antecedentes y desarrollo
de la acción clasista”, José Carlos Mariátegui señaló que “Las primeras
manifestaciones de propaganda ideológica revolucionaria son en el Perú, la que
suscita, a principios del siglo actual, el pensamiento radical de González
Prada” (Ideología y política), en 7 ensayos subrayó:
“De su tiempo fue el materialismo histórico. Sin embargo, el pensamiento de
González Prada, que no impuso nunca límites a su audacia ni a su libertad, dejó
a otros la empresa de crear el socialismo peruano.”
La benemerencia de algunas tendencias del
socialismo reformista peruano es cosa reconocida en la literatura mariateguiana
–y en la nuestra, dicho sea de paso–, pero esto no obsta para reconocer al
mismo tiempo que, por sus consustanciales limitaciones, tales tendencias
dejaron a otros –a Mariátegui y su grupo– la empresa de crear el Socialismo
Peruano.
Así, pues, Mariátegui y su grupo crearon los
Fundamentos del Socialismo Peruano con su interpretación marxista de nuestra
realidad concreta, una teoría de la revolución peruana y la fundación del PSP y
de la CGTP.
Entre el artículo de González Prada “El primero
de mayo” (1909) y el artículo “El 1º de mayo y el frente único de Mariátegui”,
mediaron quince años: período de decantación ideológica, de clarificación, de
deslindes y alineamientos. Este proceso tuvo siete hitos: la pérdida de la
hegemonía del anarquismo sindical en el movimiento obrero; la publicación de la
revista Nuestra Época; la aparición del periódico La Razón;
la escritura, en marzo de 1921, del artículo “El cisma del socialismo”, con el
que Mariátegui dio prueba de su asimilación al marxismo-leninismo y, por lo
tanto, dio el primer paso en la construcción del Socialismo Peruano; la
conferencia La crisis mundial y el proletariado que,
como es obvio, dio comienzo a la interpretación
marxista de nuestra realidad; la fundación del PSP en octubre de 1928; la
fundación de la CGTP en mayo de 1929.
De la afirmación mariateguiana sobre González
Prada en 7 Ensayos, citada arriba, se desprende nítidamente que,
cuando el maestro habla de socialismo peruano, no está hablando del variopinto
socialismo en general, sino del socialismo marxista en particular.
Esto da al traste con la oportunista pretensión
de amalgamar tras el término socialismo peruano al socialismo reformista de
todo pelo con el socialismo marxista-leninista.
El frente unido del proletariado, peruano e
internacional, es una necesidad absoluta. Pero esta unidad debe servir a la
lucha por el socialismo. Esta era la convicción de José Carlos Mariátegui, y es
también la nuestra.
Por eso nuestra celebración del 1º de Mayo no
tiene un sentido de mera recordación de los mártires de Chicago, sino un
sentido revolucionario. Esto explica el deslinde que contiene el presente
artículo.
Que el lector medite sobre los conceptos
mariateguianos acerca del frente unido de los trabajadores y a propósito de su
llamado a la lucha por el socialismo.
Lucha Reivindicativa y Lucha Revolucionaria
César Risso
LA LUCHA REIVINDICATIVA del proletariado peruano, que hacemos extensiva
a la lucha de todos los trabajadores, sometidos bajo una u otra forma a la
explotación de los capitalistas, ha sido sobrepasada en estos últimos años por
la confrontación con las actividades extractivas de las empresas
transnacionales asentadas en nuestro país. Es el caso de los proyectos mineros
Conga y Tía María, dos casos emblemáticos que están en curso.
Esto pone en evidencia
que la lucha reivindicativa está centrada actualmente no en la mejora de las
condiciones de trabajo, es decir, en la lucha por la reducción de la
explotación del trabajador bajo la forma asalariada por los capitalistas, sino
en la lucha por la preservación del medio ambiente donde realizan sus
actividades los pequeños agricultores, los comuneros de la sierra y los
comuneros de la selva.
Si bien es cierto esta
situación permite organizar en frentes regionales a los pobladores para
enfrentar a estas empresas y sus proyectos, uniendo a los obreros con los
pequeños agricultores, con los comuneros de la sierra y de la selva, y con los
diversos sectores de la pequeña burguesía; también es cierto que distrae al
proletariado de la lucha directa contra el capital por la eliminación de la
explotación de los trabajadores.
Es necesario entonces
hacer extensiva la crítica del capitalismo desde la situación de explotación
del trabajador, por las bajas remuneraciones, por la ampliación de la jornada
de trabajo, por la reducción de los derechos laborales, pasando por la crítica
a la cultura burguesa en general, hasta la denuncia por la contaminación del
medio ambiente, con el consiguiente envenenamiento de los trabajadores de las
mismas empresas extractivas, y de los pobladores de las zonas donde se
desarrollan estos proyectos.
Tenemos la tarea de
denunciar la ligazón que existe entre la explotación capitalista de los
trabajadores y la contaminación del medio ambiente por parte de las empresas
capitalistas. Esto debe dar como resultado la unidad de todas las luchas de los
trabajadores, con el fin de enfrentar a la totalidad de la actividad
capitalista en nuestro país, reconociendo que es justamente este sistema el que
produce estos males.
Esta responsabilidad del
capitalismo en el deterioro del medio ambiente, que se expresa concretamente en
la destrucción de los medios de vida de las comunidades nativas, así como de
las comunidades campesinas, en la competencia por el recurso agua, etc., se da
por la sed de ganancia de las empresas transnacionales de los países
imperialistas: por la ley de la plusvalía.
La lucha contra cada
proyecto extractivo en particular, se transformará así en la lucha contra todos
los proyectos extractivos en general, lo cual se transformará finalmente en la
lucha contra todo el sistema capitalista, transformando la lucha reivindicativa
en lucha revolucionaria.
Esta lucha exige pasar
de la organización local y regional de los trabajadores, a la organización
nacional de los mismos. Si bien es cierto esta organización ya se ha dado, sin
embargo, no tiene la capacidad efectiva de dirigir a sus agremiados. Para ello
es fundamental la propaganda socialista. Debemos entender la organización no
solo como el organismo representativo burocráticamente de las masas
trabajadoras, sino como la organización consciente, en el sentido de la
asimilación del ideario clasista en la perspectiva de la transformación
revolucionaria del capitalismo en socialismo.
Debemos reconocer que la
lucha contra todo el sistema capitalista para construir el socialismo exige la
dirección proletaria. La pequeña burguesía no tiene la capacidad de dirigir la
lucha contra el capitalismo debido a sus aspiraciones de clase, pero puede
eventualmente significar un contingente, puesto en una situación de
imposibilidad de desarrollar sus actividades por la agresión del capital
imperialista, que tome conciencia de la necesidad de la derrota del capitalismo
y de la construcción de un orden económico superior, sumándose así a la lucha
directa contra el capital.
La lucha, aparentemente
espontánea, de las masas encabezadas por el proletariado, es el fruto de todo
el trabajo previo de propaganda y organización, sin el cual estas luchas
carecerán del objetivo histórico del proletariado: el derrocamiento del
capitalismo y la construcción del socialismo.
“Pasa, sobre todo, que a
la revolución no se llega sólo por una vía fríamente conceptual. La revolución
más que una idea, es un sentimiento. Más que un concepto, es una pasión. Para
comprenderla se necesita una espontánea actitud espiritual, una especial
capacidad psicológica.” (LA ESCENA CONTEMPORÁNEA. El Grupo Clarté. José Carlos
Mariátegui)
Para transformar
el concepto, que expresa la necesidad de superación del
capitalismo, en sentimiento, se debe desarrollar un arduo trabajo
de educación socialista, de propaganda socialista. El sentimiento de las masas
trabajadoras en la actualidad no es otra cosa que la interiorización de los
conceptos desarrollados y propagandizados permanentemente en la lucha contra el
capital. Y la “espontánea actitud espiritual”, y “una especial capacidad
psicológica” son el resultado de las condiciones materiales de existencia de
las clases explotadas en el sistema capitalista.
Por ello J. C.
Mariátegui afirma que “La premisa política, intelectual, no es menos
indispensable que la premisa económica. No basta la decadencia o agotamiento
del capitalismo. El socialismo no puede ser la consecuencia automática de una
bancarrota; tiene que ser el resultado de un tenaz y esforzado trabajo de
ascensión.” (DEFENSA DEL MARXISMO. Posición del Socialismo Británico. José
Carlos Mariátegui)
Para esto debemos ligar
cada lucha concreta con el objetivo final. Y esta ligazón debe fundamentarse en
la propaganda cotidiana en las diversas formas de lucha, haciendo conocido el
socialismo.
Los movimientos
espontáneos de los trabajadores, no pasan de ser lucha defensiva, es decir, son
la respuesta a una agresión de la burguesía, al aumento de la explotación
capitalista. Para dar el paso fundamental en la superación definitiva del
capitalismo, debemos desarrollar la lucha ofensiva, tomando la iniciativa en la
lucha, en sus diversas formas; debemos organizar no solo el derrocamiento del
capitalismo sino imaginar y desarrollar, en el programa de la revolución
socialista en el Perú, las formas concretas en las que se llevará a cabo el
ejercicio del poder de las amplias masas populares; las formas en las que se
organizará la transición a la economía socialista, superando la explotación
burguesa, y eliminando con ello toda forma de explotación del hombre por el
hombre.
José Carlos Mariátegui
desarrolló de forma genial los mecanismos que conducen de la actitud individual
y social a la lucha por un objetivo histórico, pero que a los hombres aparece
como una labor práctica inmediata: “Para el hombre, como sujeto de la historia,
no existe sino su propia y personal realidad. No le interesa la lucha
abstractamente sino su lucha concretamente. El proletariado revolucionario, por
ende, vive la realidad de una lucha final. La humanidad, en tanto, desde un
punto de vista abstracto, vive la ilusión de una lucha final.” (EL ALMA
MATINAL. La Lucha Final. José Carlos Mariátegui).
“La muchedumbre, más aún
que el filósofo escéptico, más aún que el filósofo relativista, no puede
prescindir de un mito, no puede prescindir de una fe. No le es posible
distinguir sutilmente su verdad de la verdad pretérita o futura. Para ella no
existe sino la verdad. Verdad absoluta, única, eterna. Y, conforme a esta
verdad, su lucha es, realmente, una lucha final.”
“El impulso vital del
hombre responde a todas las interrogaciones de la vida antes que la
investigación filosófica. El hombre iletrado no se preocupa de la relatividad
de su mito. No le sería dable siquiera comprenderla. Pero generalmente
encuentra, mejor que el literato y que el filósofo, su propio camino. Puesto
que debe actuar, actúa. Puesto que debe creer, cree. Puesto que debe combatir,
combate. Nada sabe de la relativa insignificancia de su esfuerzo en el tiempo y
en el espacio. Su instinto lo desvía de la duda estéril. No ambiciona más que
lo que puede y debe ambicionar todo hombre: cumplir bien su jornada.” (EL ALMA
MATINAL. La Lucha Final. José Carlos Mariátegui).
Precisamente, en la
actualidad, cumplir bien su jornada es luchar por el socialismo, convirtiendo
así la lucha reivindicativa en lucha revolucionaria.
Para
esto tenemos la obligación de desarrollar un trabajo tenaz, permanente, y así
“[…] las masas trabajadoras de la ciudad, el campo y las minas y el campesinado
indígena, cuyos intereses y aspiraciones representamos en la lucha política,
sabrán apropiarse de estas reivindicaciones y de esta doctrina, combatir
perseverante y esforzadamente por ellas y encontrar, a través de cada lucha, la
vía que conduce a la victoria final del socialismo” (IDEOLOGÍA Y POLÍTICA.
Principios Programáticos del Partido Socialista. José Carlos Mariátegui).
La Comuna de París y el 1º de Mayo
Eduardo Ibarra
EL 18 DE MARZO de cada año se conmemora el aniversario de la Comuna de
París de 1871, primera revolución socialista de la historia. Aunque derrotada,
la Comuna de París sirvió para descubrir la forma de la dominación política del
proletariado. Por eso, en la Introducción que escribió para la
tercera edición alemana de La guerra civil en Francia, de Carlos
Marx (1891), Federico Engels escribió:
Ultimamente las palabras “dictadura del
proletariado” han vuelto a sumir en santo terror al filisteo socialdemócrata.
Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a
la Comuna de París: ¡he ahí la dictadura del proletariado!
La dictadura del proletariado es la forma de dominación política que, en
un largo proceso histórico, viabilizará la extinción de las clases, de la lucha
de clases y del Estado y, por lo tanto, la emancipación de la humanidad de toda
explotación económica, de toda opresión política y de toda dominación
ideológica del hombre por el hombre. Por eso la Comuna de París representa el
Programa Máximo del proletariado, aunque, dadas las circunstancias objetivas y
subjetivas (sobre todo subjetivas), sus medidas económicas quedaran por debajo
de lo que es razonable esperar de cualquier revolución socialista.
Así, pues, la dictadura del proletariado es una
dictadura en extinción.
Pero, si la Comuna de París representa el
Programa Máximo del proletariado, ¿por qué el Día Internacional de los
Trabajadores es el 1º de Mayo, y no el 18 de marzo?
Después de la derrota de la Comuna de París, el
movimiento obrero se vio ante la necesidad de realizar una labor lenta de
educación y organización, y, así, la Asociación Internacional de los
Trabajadores se propuso luchar por una legislación que mejorara las condiciones
de vida de los trabajadores: subsidios de desempleo, protección social,
etcétera, y especialmente por la instauración de la jornada de ocho horas.
Mariátegui observó al respecto:
La función de la segunda Internacional fue casi
únicamente una función organizadora. Los partidos socialistas de esa época
efectuaban una labor de reclutamiento. Sentían que la fecha de la revolución
social se hallaba lejana. Se propusieron, por consiguiente, la conquista de
algunas reformas interinas.
En noviembre de 1884 se había celebrado en la ciudad de Chicago el “IV
Congreso de la American Federation of Labor“, en el que se propuso que a partir
del 1º de mayo de 1886 se obligaría a las patronales a respetar la jornada
laboral de 8 horas para todos los trabajadores, y se hizo un llamado a defender
este derecho.
En 1886 la lucha de los trabajadores obligó al
presidente Andrew Johnson a promulgar la ley “Ingersoll”, que reconocía la
jornada laboral de 8 horas. Sin embargo las patronales no acataron la indicada
ley y amenazaron a los trabajadores con el despido si se negaban a cumplir las
prolongadas jornadas que ellos decidían arbitrariamente. Entonces el gobierno
se hizo el desentendido.
Pero los fortalecidos sindicatos se movilizaron
ante semejante contubernio. Se convocó entonces una huelga general y, el
primero de mayo de ese mismo año, los obreros paralizaron la producción en todo
el país.
Entonces el gobierno desató una brutal represión
contra los trabajadores movilizaos y, después de varios días de
enfrentamientos, el 4 de mayo, en medio de una huelga en la Haymarket Square de
Chicago, una mano anónima arrojó una bomba contra las fuerzas policiales que
intentaban disolver la manifestación por la fuerza, con un saldo de varios
policías muertos.
En tal circunstancia el gobierno detuvo y culpó
a los principales dirigentes de la huelga, los que fueron sometidos a una
parodia de juicio, calificándoseles de traidores al orden establecido y
enemigos de la patria y finalmente condenados a muerte.
De los ocho obreros enjuiciados, August Spies,
Albert Parsons, Adolph Fischer y George Engel fueron ahorcados el 11 de
noviembre de 1887.
Entonces, el IV Congreso de la Segunda
Internacional, celebrado en París en 1889, acordó el 1º de mayo como el Día
Internacional de los Trabajadores en homenaje a los mártires de Chicago.
El significado de esta fecha es que la clase
obrera internacional tiene un común interés inmediato, de donde se desprende la
necesidad de la solidaridad de clase. Mariátegui anotó al respecto:
El 1º de Mayo es, en todo el mundo, un día de
unidad del proletariado revolucionario, una fecha que reúne en un inmenso
frente único internacional a todos los trabajadores organizados. En esta fecha
resuenan, unánimemente obedecidas y acatadas, las palabras de Carlos Marx:
“Proletarios de todos los países, uníos. (Ideología y política).
Por eso, en las notas preparatorias de su conferencia “El fracaso de la
Segunda Internacional”, sustentada el 30 de junio de 1923, escribió:
… soy partidario antes que nada del frente único
proletario. Tenemos que emprender juntos muchas largas jornadas. Causa común
contra el amarillismo. Antes que agrupar a los trabajadores en sectas o
partidos agruparlos en una sola federación. Cada cual tenga su filiación, pero
todos el lazo común del credo clasista. (Historia de la crisis mundial)
Por otro lado, el acuerdo de la Segunda Internacional acerca del Día
Internacional de los Trabajadores expresa la teoría marxista acerca del papel
de las masas en la historia y, específicamente, su posición contraria a todo
egotismo sectario. El marxismo es la conciencia política del proletariado
internacional, pero no todos los trabajadores son marxistas, y esto es algo que
hay que tener en cuenta.
El 1º de Mayo representa, pues, la lucha
reivindicativa de la clase obrera y, precisamente por esto, su relación con el
18 de Marzo, aniversario de la Comuna de París, es la misma que existe entre el
Programa Mínimo y el Programa Máximo del proletariado.
Por lo tanto, de lo que se trata es de ligar la
lucha reivindicativa de la clase obrera a la lucha por el socialismo. Por eso
Mariátegui señaló:
Para nuestra Vanguardia obrera, cada 1º de mayo
representaría muy poco si no señalara una etapa en su propia lucha por el
socialismo.
El socialismo: he aquí el objetivo del proletariado internacional y de
los pueblos del mundo.
Ciertamente solo el socialismo salvará a la
humanidad, pues únicamente en sus condiciones económicas y sociales será
posible crear poco a poco las premisas para la desaparición de las clases, de
la lucha de clases y del Estado.
Este es el camino abierto por la gloriosa Comuna
de París, cuyos principios brillarán eternamente en la historia.
01.05.2014.
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