sábado, 1 de septiembre de 2018

Entrevista

Del Universo de Arguedas a las Regionalidades Andinas de Sócrates Zuzunaga

Roque Ramírez Cueva.

LOS EJES DE  PROMOCIÓN Y VALORACIÓN cultural del centralismo limeño no cambian, a pesar que el país ha transitado de una hegemonía oligárquica a un remedo del modelo neoliberal. Hace casi cuarenta años supe, por objeciones hechos por el poeta Juan Osorio Ticona en publicaciones y eventos varios, que los literatos y cultores de las regiones del interior –Región Lima aparte- eran tratados con ciertas prácticas de apharteid. Antes, este sistema de segregacionismo cultural era implacable con los escritores y cultores nacidos en tales regiones, hasta que se fue imponiendo la universalidad de Vallejo, Arguedas, Edgardo Rivera, Oswaldo Reynoso, Miguel Gutiérrez, Gálvez Ronceros, Juan Ojeda, Marco Martos; entre los de menos edad, van creciendo Colchado Lucio y Julián Pérez.

En esta premisa, Iván Sócrates Zuzunaga H. va perfilando su crecimiento, más el centralismo aún pretende ocultarlo, no importando que Zuzunaga haya barrido con todos los concursos nacionales de importancia, en algunos triplicó galardones, incluso ha ganado premios en lengua quechua. Es un escritor que incursiona en todos los géneros, sin opacarse en ninguno, además de ser canta autor de música andina. Las obras publicadas por él, son muchas, y las más difundidas son: las novelas La noche y sus aullidos, y Recuerdos de lluvia; los libros de relatos, Don Quijote de los Andes, Con llorar no se gana nada y Taita Serapio. Y se han promovido los cuentos infantiles: “Takacho, Takachito, Tacachin”, “Florecitas de Ñawin Pukio”, entre otras producciones, sin contar las últimas novelas y su poesía prolífica, también en quechua.

Por ahora no vamos a realizar un estudio crítico de Sócrates Zuzunaga, narrador intenso quien, ahora con su productiva escritura acumulada, es una segunda voz –la primera fue José María Arguedas- en la que los personajes de las comunidades campesinas del sur peruano hablan desde su propia voz, sin impostaciones foráneas, y este es un enorme mérito que se le reconoce a él, a pesar que mascullen sus halagos los representantes del centralismo atrás mencionado. Los jurados que lo colmaron de lauros han señalado su peculiar sensibilidad para construir al hombre de los andes sin maquillajes exógenos.

Nosotros destacamos su preocupación y sagacidad por mostrar a sus lectores, una inconformidad filosa contra los poderes regionales que se ceban expoliadores contra los mencionados comuneros de la existente realidad andina, en el Perú no oficial. En este propósito rescatamos –nos habíamos topado con ella hace unos meses- una breve entrevista que le hicimos cuando recién publicó su libro de cuentos Con llorar no se gana nada, 1989, que tiene el mismo nombre del cuento con que obtuvo el tercer lugar del concurso “El cuento de las 1,000 palabras” cuyo jurado fue integrado por A José B. Adolph, Javier Sologuren, Antonio Cornejo Polar y Jorge Puccinelli. La entrevista –la primera que se le hacía a Sócrates- se publicó en el fenecido diario capitalino El Nacional, en el suplemento cultural Cara & Sello que editaba Hernán Flores. La transcribo original tal como se redactó y alcanzó a la redacción del periódico, ésta tiene unos párrafos y frases más que la publicada en Cara & Sello porque sus correctores de estilo hicieron cortes, aun los créditos del reportaje, apenas si aparecen mis iniciales, por razones de espacio no por censura. Nuestro narrador, en una nota ¿Cómo escribir?, publicada en el Blog “Chiquián Querido” menciona quien le hizo la entrevista. Bueno, Leamos:

En Paúcar del Sara Sara, ese otro Ayacucho del Sur, ha buen tiempo que se viene germinando un narrador y una narrativa distintos a la heredad arguedeana, aunque el mundo de Arguedas continúe como lo expresa Sócrates Zuzunaga, autor de Con llorar no se gana nada y tres veces premiado en el concurso “El cuento de las mil palabras”. [Hoy, después de un cuarto de siglo, cuenta con abundantes galardones obtenidos en concursos mayores]

Sócrates Zuzunaga mira a sus interlocutores antes de dejar oír su voz, en realidad nos ausculta con la cautela del hombre andino, y cuando habla nos otorga las palabras necesarias que, sin devaneos, vuelven firmes a sus respuestas. El joven narrador Zuzunaga, ha buen tiempo también, sabe por donde enrumba su narrativa ruralista fortalecida con las técnicas del cuento citadino cortazariano.

El lenguaje laberíntico de Rayuela, buscando interpretar las complejidades del transcurrir urbano del hombre cosmopolita, experimenta con Zuzunaga hacernos comprender el mundo andino –del Sur-, desde construcciones complicadas en las partes del relato.
Construcciones, por cierto, levantadas sobre la base de la sutilidad e inteligencia inherentes a la oralidad propia de los Yuyaqkuna (voces de la experiencia). Hablo de esa oralidad expresada en la figura o imagen de los acertijos populares que, por ser míticos, tradicionales y andinos, son muy cristalinos.

Desde luego, esa incorporación del lenguaje urbano en la narración rural, tal vez nos la muestre compleja, cerrada, unilateral -en tanto somos una desintegración cultural aún no sintetizada- a esta narrativa de Sócrates Zuzunaga. Al parecer, se la entiende como de preferencia orientada hacia cultores y lectores indígenas. Sin embargo, se muestra y vuelve sí multi regionalista; su originalidad y fidelidad netamente andinas, la impulsarán a espacios nacionales y, más tarde, continentales.  

En tanto esperamos la llegada de ese momento, tratamos de esculcar en la personalidad del autor, del narrador. Conversación previa al encendido de la grabadora nos hablamos en distintos tonos, y a la hora de grabar nos pusimos serios, acorde a los rasgos de nuestros rostros. Entonces, abordado Sócrates Zuzunaga, acerca de su narrativa, nos responde y nos precisa la geografía regional que él conoce muy bien:

Cara & Sello: Nacido en los ámbitos de Arguedas, ¿puedes decirnos si persiste aquel mundo?

Sócrates Zuzunaga: Arguedas nació en Apurímac y vivió en Puquio (Ayacucho), yo soy de más al sur, de Paúcar del Sara-Sara, donde hay paisajes similares a Yawar Fiesta. Cuando conocí la costa, hasta los 17 años no lo hice, percibí una realidad contrastante que agredió ásperamente mi concepción de la vida peruana, el desprecio mostrados hacia la música y danzas serranas –un botón de muestra- me hizo remirar mi tierra; mas, el mundo arguedeano continúa.

C & S: ¿En qué momento de tu vida orientas tu inquietud por la narración?

Sócrates Z: ¿Me creerías si te digo que culminé los estudios de secundaria sin conocer a Arguedas? Es en la universidad donde supe de Agua, descubriendo que el mundo andino era narrado con autenticidad dialectal (idiomática) y vivencial. Su lectura fue impulso suficiente para disponerme a pisar sus huellas.

C & S: Entonces, ¿tus temas y personajes son parte de un universo arguedeano?

Sócrates Z: Sí, los temas y personajes son similares a los de Arguedas, mas sobre ello busco armar un universo narrativo propio. Por eso mi preocupación por la innovación de técnicas narrativas formales en la perspectiva heredada de José María.

C & S: Esa preocupación te lleva a trasladar la experimentación lingüística de Cortázar, a tus espacios rurales, ¿cómo abordas esta labor?

Sócrates Z: Mi interés es entrenarme en el tratamiento de lo rural a partir de un lenguaje cosmopolita, con miras a emprender la plasmación de un proyecto de mayor envergadura, como lo es la existencia del hombre andino en el camino y supervivencia a la ciudad; es decir, en el proceso inicial y final de la migración.

C & S: ¿Crees poder realizar tamaño propósito en la brevedad del cuento?

Sócrates Z: Si, bien no parece, el cuento es un género asequible y de mayor acuciosidad y rigor estético, y, aun cuando la novela es una construcción más extensa que expresa en mayor magnitud un mundo, afloja en algunos tramos, el cuento no. Todo dependerá como lo abordemos.

C &  S : Con llorar no se gana nada, es tu primer libro de cuentos que “trajinan en una tierra desgarrada e incomprendida” (presentación), en él ¿cuál Ayacucho nos muestras?

Sócrates Z : Quien lea con atención observará que, a pesar de las noticias graves, de los muertos y dados por desaparecidos, también reímos, amamos; y, claro, el amanecer no es incierto. No olvido que la narrativa, aparte de ser un espacio de goce estético, es un medio que denuncia las coyunturas por las que transcurre un pueblo, un país. No soy el único en asumirlo, hay otros narradores que coinciden tales como Edgardo Rivera Martínez, Julián Pérez, Miguel Arribasplata, Félix Huamán Cabrera, guardo especial agradecimiento por él (último narrador).

Ivan Sócrates, tal como lo conocíamos en La Cantuta, concluyó la reunión sin perturbarse, sin mostrar emoción alguna, veíamos su mismo gesto adusto de las aulas, mas se expresó con otro gesto generoso al invitarnos un café, antes nos había autografiado su libro.

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