sábado, 8 de marzo de 2014

Testimonio

Carlos Llontop: In Memoriam


Julio Carmona


HACE CINCO AÑOS SE DIO LA NOTICIA de la muerte —sospechosamente incierta— de uno de los grandes dirigentes estudiantiles en la historia de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, Carlos Llontop Valdiviezo. Al momento de ocurrir ese luctuoso acontecimiento, escribí algo, que hoy rescato, pues pienso que a los luchadores sociales siempre hay que tenerlos presentes, como paradigmas o espejos de juventud. Los últimos años de su vida los pasó en su ciudad natal, Piura, al norte del Perú. Lo más probable es que muchos de quienes habitan en dicha ciudad, hayan visto alguna vez a Carlos Llontop caminando, con su paso ligerito, vendiendo caramelos o pidiendo ayuda económica a sus amigos. Y algunos, seguro, lo consideraron como uno más de los minusválidos u orates que pululan en el ambiente, a quienes por lo común se los ignora.

El hecho último en relación con él es la noticia de su muerte –misteriosa, pues se encontró su cuerpo lejos de la ciudad, cuando él no solía salir de ella–. Y no es que me sume a la tradición necrológica que tiende a homenajear a las personas sólo después de muertas, y, peor aún, que –como una liberación de cargos de conciencia– se hable de los muertos para resarcirse de la indiferencia manifestada con ellos por la ayuda que no se les proporcionó cuando más lo necesitaron. No es mi caso, porque –siempre que pude– me le acerqué para conversar, y él —pese a sus limitaciones físicas— conservaba algo de su primigenia lucidez y no se había olvidado de mi participación como declamador, ni de sus clarividentes intervenciones en esos años de revuelta estudiantil.



Lo que quiero hacer aquí es rectificar esa imagen de minusválido que de él se tenía. A Carlos Llontop lo conocí –a fines de los años sesenta del siglo pasado– en la Facultad de Letras de San Marcos, en la que llegó a ser alto dirigente de su Federación de Estudiantes. Pero, hay que reconocerlo, Carlos Llontop llegó a la dirigencia no para realizar un trabajo burocrático, sino para aportar con sus grandes cualidades de ideólogo, de orador, de conductor de masas. Él encabezaba las movilizaciones. Era admirable verlo arengar a las masas estudiantiles, multitudinarias, que marchaban por las calles de Lima. Pero lo más destacable eran sus conferencias en las aulas de Letras abarrotadas de estudiantes que escuchábamos, asombrados, la lucidez con que analizaba las leyes dadas entonces por la Junta de Gobierno del General Velasco, demostrando la ligazón de esta con los intereses foráneos (situación que, vista a la distancia, resulta ser ínfima en comparación con lo ocurrido en los gobiernos posteriores, incluido el actual).

Pero esa vehemencia hizo que las fuerzas represivas de entonces lo persiguieran y encarcelaran. Y, como resultado de esto, quedaron las secuelas de desequilibrio mental en que se vio sumido. Porque de las “mazmorras de la reacción” (que era como los estudiantes calificábamos a los órganos represivos) trascendió que le habían inyectado un fármaco llamado “pentotal” con el que, prácticamente se le hizo un “lavado de cerebro”.

Esa fue la carrera meteórica de un luchador social que, como esas estrellas fugaces que vemos caer en las noches, hace cinco años (31-12-2009) extinguió su luz para siempre. Gloria eterna para Carlos Llontop Valdiviezo.   


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