sábado, 8 de marzo de 2014

Ciencias Sociales

El Socialismo Heroico y Creador:
«Defensa del Marxismo»

(Primera Parte)

                                                                                    Jorge Oshiro


Introducción

LOS ARTÍCULOS QUE CONSTITUYEN EL NÚCLEO del libro «Defensa del Marxismo»[1] coinciden cronológicamente con la segunda fase de la revista «Amauta» en la cual Mariátegui definió  su vocación socialista.

Este período posterior a «Los Siete Ensayos» se caracterizó por la aceleración y la multiplicación de las actividades del revolucionario peruano. Fueron los años de su polémica con Haya de la Torre y la fundación del Partido Socialista, de la aparición de la revista «Labor» dirigida al proletariado, fueron los años de la fundación de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP).

El contenido teórico de estos artículos debe entenderse por esto dentro de este contexto histórico de la actividad de Mariátegui. Después de haber definido a grandes trazos los rasgos fundamentales de la realidad nacional Mariátegui se avocó a aclarar y a profundizar el núcleo de eso que él llamaba a lo largo de los «Siete Ensayos», "el punto de vista socialista", es decir, va a desarrollar su propia visión del marxismo.

El centro de esta obra lo constituye su polémica con el socialista belga Hendrik de Man y su libro «Au delà du marxisme» (Más allá del marxismo), que había aparecido en 1926 y que como el mismo autor belga lo decía en el prefacio de este voluminoso libro, que abarca más de 400 páginas, era una traducción de la versión original en alemán con el título de «Zur Psychologie des Sozialismus» (1926). Los motivos de haberlo escrito originalmente en alemán se establecen, decía el autor belga, del mismo texto:

"En tanto que marxista soy hijo espiritual de esta Alemania socialista donde pasé la mayor parte de mis años de estudios"[2].

Esta referencia al influjo del socialismo alemán a su versión del socialismo no es indiferente, si se tiene en cuenta la cuestión sobre la tendencia del socialismo que influyó en él y del cual se sentirá , como lo dice el propio autor, desilusionado después. Sobre este tema volveremos luego.

La pregunta inicial es la razón que tuvo Mariátegui para elegir a H. de Man para polemizar con él y no haber tomado otro autor de más renombre. Se puede responder primeramente a esta pregunta dando la referencia a la actualidad que representaba la reciente aparición del trabajo (1926).

Este argumento es indudablemente cierto. Pero no explica la intensidad y la extensión de la respuesta que le concediera Mariátegui -considerando las exigencias que lo apremiaban las otras actividades del momento como eran la organización del Partido y de la Confederación de Trabajadores, tareas gigantescas para un hombre enfermo e inválido.

Mariátegui había polemizado todo este tiempo, como ya se ha dicho anteriormente. Pero ninguna polémica, ni aún con Luis A.Sanchez, en un tema tan candente, actual y decisivo como era el problema del indio, logró concentrar su atención y preocupación teórica como el libro «Au de là du marxisme».

Lo que atrae la atención de Mariátegui en este autor belga y provoca esta larga polémica es un fenómeno aparentemente contradictorio. Por un lado de Man se sitúa políticamente en el polo opuesto al revolucionario peruano (reformismo, revisionismo, etc.), pero al mismo tiempo muestra el libro del belga una gran similitud de preocupaciones y de tareas, una extraordinaria coincidencia en algunos puntos con las posiciones filosóficas-políticas del revolucionario peruano.

Así, no puede dejar de sorprender al atento lector de los «Siete Ensayos» que al comienzo del prefacio del libro en cuestión de Man comience con una cita de Nietzsche:

"escribe con tu sangre, y tú verás que la sangre es espíritu"[3].

Mariátegui escribía su «Advertencia» a los «Siete Ensayos» que:

"Mi pensamiento y mi vida constituyen una sola cosa, un único proceso. Y si algún mérito espero y reclamo que me sea reconocido es el de -también conforme un princio de Nietzsche- meter toda mi sangre en mis ideas".

De la misma manera que Mariátegui, escribió de Man en primera persona; como el peruano quiso escribir el belga no para "especialistas" sino para un amplio público y también como Mariátegui usó sus propias experiencias como material de reflexión:

"traicionando así la presunción de un autor para quien su propia  experiencia constituye en ocasiones una fuente de referencia"[4].

Y luego decía que «Au delà du marxisme», no es otra cosa que "una autobiografía espiritual". Ya se ha visto que «Los Siete Ensayos», «La Escena Contemporánea», «Alma Matinal» y todo el conjunto de la obra del revolucionario peruano tienen un sello aubiográfico indudable, producto directo de aquel principio según el cual el revolucionario peruano quería "meter toda su sangre en sus ideas".

Las coincidencias entre ambos podrían seguir siendo enumeradas. Pero detengamonos aquí. Por otro lado estas coincidencias encierran en su seno una explosiva contradicción con las posiciones mariateguianas. Veamos.

Henri de Man y la «crisis del marxismo»

En este primer artículo presenta Mariátegui dos ejes de argumentación:

El primero es la ubicación del terreno teórico donde actúa De Man y el terreno téorico del objeto de su crítica. En este sentido el autor belga participaba en una línea teórica-política que intentaba, desde fines del siglo pasado, "liquidar el marxismo".

Para el crítico peruano de Man era un continuador de

"profesores universitarios, herederos del rencor de la ciencia oficial contra Marx y Engels" (1959:19). 

Entre ellos tenemos al profesor Charles Andler

"que pronosticaba en 1897 "la disolución del marxismo"; el profesor Masaryk...que diagnosticó en 1898 la "crisis del marxismo". (op.cit.)

A pesar de la poca simpatía que siente Mariátegui por los profesores universitarios, no veía negativamente la aparición de estas críticas, pues:

"La herejía es indispensable para comprobar la salud del dogma"
(1959:19).


El dogma y la herejía

A pesar de que en esta cita hay un ligero tono irónico, no se puede desconocer la seriedad y la profundidad de esta tesis. Mariátegui conocía la historia de las religiones, desde los libros de Frazer hasta los trabajos de Weber sobre la íntima relación entre el capitalismo y el protestantismo.

Mariátegui que consideraba con mucho respeto toda forma de 'religiosidad', si esta era sincera y se expresaba en un compromiso, -en este sentido simpatizaba con la religiosidad de un Panait Istrati de la misma manera que la religiosidad de los indígenas peruanos-, pero por otro lado se distanció siempre de toda forma de "institucionalización" de este sentimiento (lo que correspondía a hacer del 'espíritu' una mera "letra muerta")[5].

Su afirmación de la religiosidad como expresión de sentimientos sinceros constrasta claramente con su negación de toda forma de "clericalismo"[6]. No podía desconocer él que algunas formas de herejía expresaban, por lo menos al comienzo, una fuerza anticlerical e implicaba a su vez, por lo menos parcialmente, la aparición de una revitalización del espíritu religioso. La herejía como forma de revitalización espíritual no podía ser condenada de ninguna manera por nuestro autor.

De allí que lo va a tomar como unidad de medida para comprobar "la salud del dogma". Remarquemos que nuestro autor no dice:

"La herejía es indispensable para comprobar la 'verdad del dogma'".

 Dice claramente "la salud del dogma", es decir la vitalidad, la juventud de la doctrina. Con esta expresión acentuaba Mariátegui esta unidad teoría-praxis del credo en cuestión. Es decir a Mariátegui no le interesaba solamente la "verdad en sí" de una doctrina, (sobre todo si ella implicaba una verdad 'acabada', 'perfecta'), sino y sobre todo la capacidad de influencia sustancial en la multitud, su capacidad de promover el entusiasmo y el movimiento renovador.

La doctrina tenía que ser para Mariátegui abierta en el tiempo y capaz de la polémica enriquecedora. Pues la realidad está  en constante cambio y nuestra relación con la verdad es siempre aproximativa y fragmentaria;[7] y el pensamiento dialéctico implicaba para él la relación de una tesis, (aquí, el dogma), y una antítesis (herejía). En esa tensión dialéctica podía medirse la salud del credo. La triada «herejía- dogma-salud» expresa para él  el espíritu de esta forma de pensar.
       
El segundo eje argumentativo se refiere al rechazo de la forma "oficial" de comprensión del marxismo, el rechazo de una forma de socialismo que se ha vuelvo "clerical"

Me refiero directamente a la doctrina del socialismo de la II.Internacional, base teórica-filosófica de la praxis de la social democracia alemana. En este sentido Mariátegui se sentía solidarios a los "herejes". Pero frente a los Andlers, Masaryk y Bernstein, había para Mariátegui otro tipo de "herejía":

"La verdadera revisión del marxismo, en el sentido de renovación y continuación de la obra de Marx, ha sido realizada, en la teoría y en la práctica, por otra categoría de intelectuales revolucionarios" (1959:20).
       
Mariátegui puso en cuestión el significado mismo del vocablo "revisión" que se ofrece en el lenguaje político corriente, y le devuelve su sentido original: "volver a ver", "volver a examinar el original", "releerlo críticamente". Por lo tanto, para él no era cuestión si era posible o no "revisar" a Marx. Para Mariátegui no solamente era "posible" sino mucho más, era necesario hacer esta "re-visión" de la doctrina. No era para el revolucionario peruano la revisión en sí lo que estaba en cuestión, sino clase y la calidad de la "re-visión".

"Georges Sorel, en estudios que separan y distinguen lo que en Marx es esencial y sustantivo de lo que es formal y contingente representó en los dos primeros decenios del siglo actual...el retorno a la concepción dinámica y revolucionaria de Marx y su inserción en la nueva realidad intelectual y orgánica"(1959:20-21.Subr.JO).

Subrayemos primeramente la ubicación histórica que hace Mariátegui de Sorel: "los dos primeros decenios del siglo actual". En realidad hay que completar esta frase, pues Sorel es un pensador, como el mismo Mariátegui lo calificaba, pre-bélico y escribió parte importante de su obra a fines del siglo XIX y en los primeros años de este siglo.[8]

Sorel no era un contemporáneo de Mariátegui. Sorel pertenecía a la generación anterior, de la misma manera que Unamuno.[9]

Esta ubicación es importante porque señala el campo histórico del marxismo que es objeto de la crítica de Henri de Man; es decir, la Europa pre-bélica.  de Man escribe :

"con el marxismo y no con Marx entro en discusión"[10]

y luego, líneas abajo:

"Llamo marxismo lo que hay de viviente de Marx en el movimiento obrero: los valores emocionales, las representaciones de voluntad social, los métodos de acciones, los fundamentos y programas que vienen de la enseñanzas de Marx".[11]

Para Henri de Man el marxismo era el marxismo de la II.Internacional (sobre todo en la versión de Kautsky). Para él el marxismo se expresaba fielmente en este movimiento histórico y no había otra forma de críticar o juzgar el marxismo que en esta versión.

El marxismo era el marxismo practicado realmente por la social democracia alemana, que era para el autor belga, el lugar privilegiado para observar este fenómeno social. De Man desconoce la experiencia de la revolución rusa, rechaza casi visceralmente la experiencia bolchevique y le niega a priori toda posibilidad de ser la alternativa histórica al 'socialismo' practicado por la SPD.

Por el contrario para Mariátegui la práctica real de la socialdemocracia alemana correspondía mucho más a la línea impuesta por Lasalle sobre la de Marx, por lo tanto era más "lasallismo" que marxismo. Para Mariátegui el marxismo viviente no había que buscarlo en este lasallismo con retórica marxista porque este representaba

"la degeneración evolucionista y parlamentaria del socialismo" (1959:20).

Es importante resaltar en este contexto una distinción que hace Mariátegui entre dos conceptos importanes: el espíritu y la letra. En verdad Kautsky y la social democracia alemana predicaban el marxismo y luchaban en su "evolucionismo y parlamentarismo" utilizando todas las categorías originadas en Marx.

Pero en la praxis y en el espíritu no había nada más contradictorio al 'espíritu marxista'. Naturalmente Mariátegui no desconocía el valor revolucionario de Rosa Luxemburg o Karl Liebknecht y el grupo Spartakus. Pero ellos no expresaban el movimiento general, ellos eran una minoría heroica, pero minoría.

Mariátegui, asumiendo claramente su posición "hereje", proponía como alternativa a esta "degeneración evolucionista y parlamentaria" de la II Internacional  una figura casi aislada, a un personaje que no militó nunca en un partido ni que estuvo en contacto directo en ningún momento con las masas francesas, a un intelectual: Georges Sorel:

"A través de Sorel, el marxismo asimila los elementos y adquisiciones sustanciales de las corrientes filosóficas posteriores a Marx" (op.cit.)

Insistamos que Mariátegui se refería aquí a todo este período que va desde la muerte de Marx hasta el triunfo de la Revolución Rusa. Es en este período que le tocó actuar a Sorel. Y uno de los grandes méritos del pensador francés fue haber asimilado para el marxismo lo mejor del pensamiento europeo de su época.

Esta visión del marxismo que proponía Mariátegui aquí en este texto se contrapone categóricamente a la posterior versión stalinista de la historia de la filosofía, en la cual con la identidad "burguesía igual idealismo", "materialismo igual proletariado", convertía la historia de la filosofía en un mecanismo abstracto de lucha entre dos posiciones irreconciliables de "la materia" y "el espíritu", en una versión caricaturescamente 'científica' entre el 'Bien' y el 'Mal'.



[1] «Defensa del Marxismo».1985. La primera edición apareció en 1959. El primer artículo apareció en septiembre de 1928 tanto en la revista «Variedades», con el título «La filosofía moderna y el marxismo» como también en «Amauta» número 17 con el nombre de «Defensa del marxismo», que corresponde también al contenido e intención de estos trabajos. Los siguientes artículos se extendieron hasta 1929.
[2] Avant propos. «Au delà du marxisme.1929:VII. "En tant que marxiste, je suis fils spirituel de cette Allemagne socialiste où je passai la majeure partie de mes années d'etudes".(Trad.JO)

[3] "Schreibe mit Blut -und du wirst erfahren, daß Blut Geist ist".(«Zur Psychologie des Sozialismus».(1926<1976>:1).
[4] "es verrät damit die Anmaßung des Verfassers, gelegentlich seine eigenen Erlebnisse für eine ihm ebenso wichtige Quelle zu halten" (op.cit.).
[5] Ver abajo el apéndice B el cap. correspondiente a Unamuno.
[6] La defensa de la religiosidad y la crítica al "clericalismo" es un tema reiterativo en los «Siete Ensayos». Por ejemplo: "El espíritu religioso en sí, a mi juicio, no fue un obstáculo para la organización económica de las colonias. Más espíritu religioso hubo en los puritanos de la Nueva Inglaterra".(1928:91)..."La organización anglosajona no necesitaba una organización eclesiástica. El individualismo puritano, hacía de cada pioneer un pastor: un pastor de si mismo"...(en la América española) "El elemento religioso quedó absorbido y dominado por el elemento eclesiástico. El clero no era una milicia heroica y ardiente, sino una burocracia regalona, bien pagada y bien vista"(1928:145)..."La lucha de la Independencia...descubrió que donde había aún religiosidad -esto es misticismo, pasión- era en algunos curas criollos e indios, entre los cuales, en el Perú como en México, la revolución liberal reclutaría algunos de sus audaces precursores y de sus grandes tribunos" (1928:147).
[7] Ver arriba nuestro 4. Ensayo. Cap.. 4.3. «La lucha final», 4.3.1. «La gran ilusión«: “Que la meta de hoy no será seguramente la meta de mañana (...)"El hombre llega para partir de nuevo. Ver también:  4.5.2. La relación “cuerpo-espíritu”. “La realidad es siempre provisoria, es siempre interina porque ella contiene "en sus entrañas, invariablemente, el germen de una forma futura” (pag.320)
[8] Veamos: «Le Procès de Socrate»(1889), «La Ruine du monde antique»(1898); «L'avenir des syndicats» (1898); «Saggi di critica del marxismo» (1902); «Introduction … l'economie moderne» (1903); «Décomposition du marxisme» (1906) y la obra más célebre: «Réflexions sur la violence»(1908).
[9] Recordemos someramente lo que ya se ha tratado en un capítulo anterior en referencia a nuestro análisis de «Alma Matinal». Allí decía nuestro autor que la filosofía evolucionista, historicista, racionalista, unía en los tiempos pre-bélicos, por encima de las fronteras políticas y sociales, a las dos clases antagónicas; que la humanidad parecía haber encontrado una via definitiva; que conservadores y revolucionarios aceptaban prácticamente las consecuencias de la tesis evolucionista. Y dentro de este contexto Mariátegui encuentra dos meritorias excepciones "a quienes esta chata y cómoda filosofía no lograba seducir ni captar"... "Jorge Sorel, uno de los escritores más agudos de la Francia pre-bélica, denunciaba por ejemplo, las ilusiones del progreso. Don Miguel de Unamuno predicaba quijotismo"(1950:18).
[10] "mit dem Marxismus, nicht mit Marx setze ich mich auseinander"(«Psychologie des Sozialismus":(1926:5).
[11] "Marxismus nenne ich das, was von Marx in der Arbeiterbewegung lebendig ist: die gefühlmäßige Wertungen, die sozialen Willensvorstellungen, die Aktionsmethode, die Grundsätze und Programme, die auf die Wirkung seiner Lehren zurückzuführen sind

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