sábado, 8 de marzo de 2014

Literatura

Las Conquistas Románticas de Rubén Darío
                    
Roque Ramírez Cueva.


EN UN PROGRAMA DE TELEVISIÓN DE TVPERÚ, atiendo el diálogo sobre Azul, el libro de poesía de Rubén Darío, donde los escritores invitados concuerdan en señalar que dicha obra significó un antes y un después para la literatura americana, la cual ingresaba al ámbito universal con la espada y pluma del adalid que la condujo a la palestra de las letras hispanas, plena de modernidad y autonomía sin influencias paternales.

Cierto, por el año de 1888 en que se publica  azul, se inician las conquistas románticas de Rubén Darío, y no hablo de amoríos sino de heroísmos e ideales americanistas vindicados. Como bien señaló Octavio Paz  (Los Hijos del Limo), el modernismo fue para América morena el proceso romanticista que décadas atrás se gestó en Europa, “el modernismo insurgía  como respuesta al vacío de fe, a la falta de ideales en las sociedades americanas”

Por aquellas décadas de fines del siglo XIX, la sociedad española, incluidas sus letras y artes, sufre un período de decadencia, uno de los motivos, entre varios, es la extinción definitiva de su imperio a causa de las luchas de independencia de Cuba lideradas por el poeta modernista José Martí, lograda en 1898, el año clave de la primera insurrección literaria latinoamericana.

Antes de 1888, las letras y artes americanas, en opinión de Tamayo Vargas, se mantenían en un ambiente de grosera imitación  de los moldes letrados europeizantes. Imitan a esa España de escritores decadentes o también hacen la imitación que de la literatura francesa hicieron algunas plumas hispanas de la época, pues sus glorias imperiales de antaño se habían opacado por la emancipación independentista de América.

Sin embargo, este panorama cultural del entorno que precede al inicio del modernismo fue variando, y cambia por la renovación de poderes en algunos países que inician su proceso de industrialización. Los terratenientes o latifundistas perdían piso y tierras, ante el control del Estado, administrado por ascendentes burguesías nacionales.

 Por la década de 1890, un sector de las letras americanas aún dirige su mirada al naturalismo y parnasianismo europeo, el propio Darío con Prosas profanas (1896). Y por otro lado, recobran vigencia e importancia las ideas positivistas que son el sustento del proyecto liberal decimonónico, y las ideas americanistas de emancipación y libertad, todas ellas se enarbolan y son la fuente que saciará la sed de lauros nacionales no sólo de los guerreros independentistas sino de sus poetas.

 Es en esta escena donde insurge el modernismo. Con el dinamismo y auge de la industrialización  mundial e innovación técnica la información en los periódicos y radios se expande y difunde a más sectores sociales y más rápido, en las bibliotecas universitarias de nuestro continente  se llega a conocer todo el glorioso pasado de la cultura universal, aportada por el exotismo de las grandes civilizaciones orientales de Egipto, Babilonia, la India, Japón y  China.

Obviamente, inventos como el telégrafo, teléfono, trasatlánticos, trenes, aviones, la energía eléctrica, la radioemisora, etc. aportan nuevas terminologías que pasan a ser uso corriente en las calles y que luego incrementarán los diccionarios. Pero, la literatura engalanada por rígidas letras de molde clásico no les da importancia, y esa es la virtud visionaria de los modernistas, incorporar en sus obras estos vocablos para incluirlos en la tradición poética universal.

Circunstancias estas que, explícita e implícitamente, y como complemento de factores socio- económicos, contribuyeron a generar un ambiente cultural conveniente y acondicionado para la renovación e insurgencia de las letras latinoamericanas, a partir de Azul.

Es así que estas artes y letras, con el desbrozar de José Martí y el protagonismo de Rubén Darío, ingresan a su primer momento de gloria, pues se trata que suscribieron para la historia una etapa diferente e inédita. Como dice Amado Alonso, “ es la primera vez que América asume la dirección poética en la lengua española. España se incorpora al movimiento americano…”

Esta propuesta literaria, la podemos entender mejor desde el testimonio del propio Darío, en un comentario que nos ofrece sobre la obra de uno de los iniciadores del modernismo, el héroe combatiente por la libertad de Cuba, el poeta José Martí:

“…Yo admiraba altamente el vigor general de aquel escritor único a quien había conocido por aquellas formidables líricas correspondencias que enviaba a diarios hispanoamericanos…Escribía una prosa confusa, llena de vitalidad y de color, de plasticidad y de música. Se transparentaba  el cultivo de los clásicos españoles y el conocimiento de todas las literaturas antiguas y modernas”

Opinión  que resume los rasgos característicos de la escuela modernista, muy aparte de que el comentario sobre Martí no sea certero respecto a su prosa, hoy bien conocemos que la lucidez  martiana fue de ideas vanguardistas, sobre todo visionarias. Rasgos éstos que además asumió el propio Darío, en su segunda etapa en que evoluciona y da pie a transitar hacia la vanguardia en libros como Cantos de Vida y Esperanza (1905)  y El Canto Errante (1907).

Los modernistas originales han recibido injustas acusaciones de emitir cantos de cisne con voces de cristales musicales nada más. Eso lo hicieron sus seguidores. Sus plumas de avanzada, Darío, Martí, Gonzáles Prada, Herrera Reisig, quisieron ser y fueron universales, quisieron por entereza desvincularse de yugos imperialistas y devolvieron ese período oscuro de la invasión con una conquista de luces, la creación poética americana imponiéndose en el viejo continente.

En lo que respecta solo a Darío, veamos de modo breve esa transición suya hacia la vanguardia en uno de sus libros menos difundidos y que este año cumple cien años de salido de las imprentas, El Canto Errante, cuya poesía se mantiene vital. S. Yurkievich postula que la poesía última de Darío es iconoclasta, no sólo de denuncia sino también cuestionante de los grandes poderes, con un lenguaje renovado exento de galas.

Veamos dos de sus poemas. En el poema “A Colón” se presenta el asombro nativo y el espanto en piel de ovejas invasoras que significaron los hechos a partir del 12 de octubre de 1492, versos en cuyo trasfondo se percibe un canto de loores cargados de vindicaciones por la identidad continental de una América cobriza y morena.

 En el poema “A Rooselvelt” canta a protagonistas inéditos en la poesía latinoamericana: los obreros y trabajadores negros y latinos, mostrando su función de constructores virtuales pero marginados por la sociedad industrial  Anglosajona. Sobre todo advierte del peligro de las garras que afila el águila imperial norteamericana.


Cierto no es una poesía propia de la mejor vanguardia pero en su universalidad cruzó sus fronteras y se aproximó bastante a ella. Lo cual nos confirma que a los genios de la literatura universal resulta inútil encasillarlos en rígidas tendencias.

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