viernes, 1 de agosto de 2014

Documentos

UNIÓN NACIONAL DE HISTORIADORES DE CUBA (UNIHIC)

RESOLUCIONES
CONGRESO PROVINCIAL DE HISTORIA
LA HABANA
16, 17 Y 18 DE ENERO DEL 2014

XXI CONGRESO NACIONAL DE HISTORIA

(Tercera Parte)


VIII
RESOLUCIÓN SOBRE LA PROPUESTA DE QUE El COLISEO DE LA CIUDAD DEPORTIVA DE LA HABANA LLEVE EL NOMBRE DEL TRICAMPEÓN OLÍMPICO DE BOXEO TEÓFILO STEVENSON LAWRENCE Y EL RECONOCIMIENTO AL VELOCISTA ENRIQUE FIGUEROLA CAMUÉ, QUIEN PROPORCIONÓ LA PRIMERA MEDALLA OLÍMPICA DEL DEPORTE REVOLUCIONARIO.

Por iniciativa de los representantes del Equipo Nacional de Historia del Deporte, el Congreso Provincial de Historia, acordó por unanimidad proponer a las autoridades de la capital y a la Presidencia del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), que el Coliseo de la Ciudad Deportiva de La Habana lleve el nombre del tricampeón olímpico Teófilo Stevenson Lawrence por los valores atléticos y humanos de mejor boxeador del país después del triunfo de la Revolución, que no solo brilló entre las cuerdas, sino que supo decir no a un cheque millonario para que pasara al profesionalismo, aduciendo que prefería el amor de su pueblo a todo el dinero del mundo. Ese mismo pueblo no lo dejará morir al mantenerlo presente en sus corazones.

El Coliseo de la Ciudad Deportiva, es una de las edificaciones de mayor relevancia de la ingeniería civil cubana, construido entre 1952-58, ubicado en la intersección de las avenidas Boyeros y Vía Blanca, en el Municipio Cerro en La Habana. Es la edificación central de un complejo deportivo de unas 26 hectáreas limitadas por las avenidas Vía Blanca, Rancho Boyeros, Santa Catalina y Primelles.

La Ciudad Deportiva como se le conoce, fue parte de las grandes obras de impacto urbanístico que planificó el dictador Fulgencio Batista Zaldívar, con el objetivo de convertir la capital en un destino del turismo estadounidense, y a la par dar la impresión de que el país progresaba y se modernizaba, mientras en las cercanías del lugar, en los barrios marginales de La Habana, y en el interior de la república, proliferaba la pobreza, la insalubridad y la más absoluta desatención a la vida y bienestar de la población. El primer programa oficial efectuado en la sede del Coliseo fue de Boxeo Profesional Popular y se celebró el jueves 11 de diciembre de 1952.

Al Triunfo de la Revolución, el 29 de enero de 1959, se produjo la primera visita del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, al Coliseo. Sus instalaciones fueron ampliadas y concluidas, y el 23 de febrero de 1961 fue dictada la Ley 936 por acuerdo del Consejo de Ministros, la cual creó al Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), con sede en esta bella instalación, que desde entonces ha sido el escenario de los más importantes eventos deportivos realizados en el país, así como de otros muchos acontecimientos de trascendencia histórica. En el Coliseo de la Ciudad Deportiva se efectuó en 1976, la multitudinaria vigilia del pueblo habanero, cuando el 6 de octubre de ese año, terroristas de la mafia cubano americana, realizaron un criminal atentado contra un avión de Cubana de Aviación en pleno vuelo, en las costas de Barbados, donde resultaron asesinados los 74 pasajeros y tripulantes, y entre estos los jóvenes del equipo nacional de esgrima.

Teófilo Stevenson Lawrence nació el 29 de marzo de 1952 en Puerto Padre, provincia de Las Tunas, en el seno de una familia humilde, radicada en las cercanías del Central Delicias (hoy Antonio Guiteras). Fue el primogénito del matrimonio formado por el inmigrante antillano Teófilo Stevenson Pearson, oriundo de San Vicente y la cubana Dolores Lawrence. Su primer combate ocurrió a los 14 años, en 1966. Andrei Chervonenko, entrenador de la Unión Soviética, que en ese entonces trabajaba con la preselección cubana de boxeo, se percató de las excepcionales condiciones de Stevenson y propuso incorporarlo al grupo elite que se preparaba para los principales compromisos internacionales. En 1970 comenzó el largo reinado nacional de Stevenson y un año después, obtuvo la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Cali 1971, Colombia, al perder por decisión dividida 3-2, ante el norteamericano Duane Bobick, conocido por la Esperanza Blanca. Doce meses después, en los Juegos Olímpicos de Múnich, Alemania; Teófilo se desquitó al derrotar a Bobick y coronarse Campeón Olímpico.

Stevenson llegó a obtener todos los títulos de la Asociación Internacional de Boxeo Aficionado, con tres coronas olímpicas: Múnich 1972, Montreal 1976 y Moscú 1980 e igual número en Mundiales, Campeonato Mundial de Boxeo La Habana 1974, Belgrado 1978 y Reno 1986. Se caracterizó por su modestia y entrega intransigente a la defensa de los valores del deporte revolucionario. Su negativa rotunda a venderse al profesionalismo y su opción –como lo reafirmó- por el cariño y respeto de los millones de cubanos y cubanas, lo convirtieron en un símbolo del patriotismo e integridad personal del ciudadano socialista. La Ciudad Deportiva fue escenario de sus victorias y luego de la labor constante como vicepresidente de la Federación Cubana de Boxeo, y miembro de la Comisión Nacional de Atención a Atletas Retirados y en Activo del INDER. Falleció repentinamente en La Habana en horas de la tarde del 11 de junio de 2012, a los 60 años de edad.

También a iniciativa de los colegas del Equipo Nacional de Historia del Deporte, el Congreso Provincial de Historia rindió un merecido homenaje como invitado de honor, al velocista Enrique Figuerola Camué ejemplar atleta y ciudadano, quien hace cincuenta años realizó la proeza de conquistar el subtítulo de los cien metros planos en la cita olímpica de Tokio, el 15 de octubre de 1964, con lo que se alcanzaba la primera medalla olímpica del deporte revolucionario cubano.

Figuerola fue elegido como el mejor atleta cubano durante la década 1961-1971. Nació en Santiago de Cuba en 1944 y a los 18 representó a la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad natal en pruebas de velocidad en las que resultó triunfador. Los especialistas consideraban al bólido santiaguero de los 100 metros planos como una figura excepcional, pues sus 1,67 metros de talla y 63 kilogramos de peso distaban mucho del físico ideal para un velocista. Primero fue finalista en los Juegos Olímpicos de 1960, en Roma, y cuatro años más tarde ganó la medalla de plata en Tokio, Japón, tras enconada porfía con el estadounidense Bob Hayes. El 17 de junio de 1967, Figuerola igualó el tope universal de diez segundos «flat», en la arcillosa pista del Neps Stadium de Budapest, Hungría. Al año siguiente integró la posta de 4x100 metros que alcanzó un histórico segundo lugar en los Juegos Olímpicos de México. Hoy es el vicepresidente de la Federación Cubana de Atletismo. Su mayor orgullo ha confesado es haber sido leal a la Patria que lo vio nacer.

El Congreso Provincial acordó por unánimemente dedicar el próximo VII Taller de Historia de la Revolución Cubana a realizarse en el mes de diciembre del 2014, a homenajear a esta gloria del deporte revolucionario. Así mismo hacer llegar a la Dirección Provincial de Deportes del Poder Popular y al INDER, la propuesta de desarrollar un programa de homenaje a través del cual se conozca en las escuelas y centros de trabajo la historia de vida de tan destacado atleta, y el estrecho vínculo que la misma tiene con las oportunidades que abrió la Revolución para la nación, en particular para los más excluidos sectores de la población pobre y negra.

ACUERDO

En interés de que se conozca esta resolución, se mandata al Secretariado Provincial de la UNHIC para que haga llegar la presente Resolución: A la Primera Secretaria del Comité Provincia del PCC y a su Oficina de Asuntos Históricos, a la Presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular, a las Direcciones de Cultura y Deportes, a la Presidencia del INDER, a todos los historiadores, maestros, museólogos y trabajadores de la capital, a los deportistas, profesores y trabajadores del INDER, a las organizaciones e instituciones habaneras. Asimismo, se mandata al Secretariado Provincial para dar a conocer esta Resolución en el XXI Congreso Nacional de Historia.

IX
RESOLUCIÓN QUE PROPONE EL ESTUDIO Y SOLUCIÓN DE LA PROBLEMÁTICA QUE AFECTA EL ACCESO A LA DOCUMENTACIÓN DE LA ETAPA HISTÓRICA DE LA REVOLUCIÓN EN EL PODER

Teniendo en cuenta la necesidad de potenciar el estudio, investigación, y divulgación de la historia más reciente de la Revolución, se hace necesario la revisión y actualización de las normas jurídicas y procedimientos vigentes, que regulan y/o posibilitan el acceso de los investigadores a los documentos históricos existentes en todos (los) archivos cubanos, con el objetivo de hacer más expedita la consulta y su utilización para la investigación histórica y científica en general.

La Historia de la Revolución Cubana, en tanto historia de la nación cubana es, además de un hecho de ciencia, cultura, educación y formación, una necesidad política e ideológica en función de la construcción prospectiva del proyecto país, cuyas líneas estratégicas se diseñaron en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), y la Primera Conferencia Nacional del PCC que le continuó. La investigación histórica del período y la develación del extraordinario aporte del proceso revolucionario a la transformación humana progresiva, la desenajenación y la felicidad de millones de cubanos y cubanas, y el aporte revolucionario que esto ha hecho a América Latina y el Caribe, y al curso regional y mundial del movimiento de descolonización y liberación nacional, deberá contribuir a hacer frente a las constantes campañas de tergiversación que sobre esta etapa se genera fuera de Cuba, y con las cuales se inunda el espacio mediático y académico internacional, como parte de la guerra ideológico-cultural dirigida contra la Revolución Cubana.

El propósito de la clasificación de documentos para proteger información que de ser usada podría afectar la Seguridad Nacional, es un hecho presente en la política gubernamental contemporánea, y cuestión de constante tensión entre los funcionarios gubernamentales encargados de proteger la información, y la comunidad científica.

En Estados Unidos, Gran Bretaña o Alemania, la ley marca un límite de 30, 50 o 75 años -en función de la sensibilidad del contenido- para desclasificar un documento. Otros países como España no establecen ningún plazo para la desclasificación y la decisión corresponde a un alto nivel gubernamental. Con alta frecuencia estos sistemas de medidas de protección gubernamentales de los países capitalistas, se utilizan para esconder a los pueblos las decisiones y acciones antiéticas y las políticas reprochables, que realizan los gobernantes, incluidas acciones ilegales y criminales. Así tales sistemas han devenido en mecanismos de engaño e impunidad.

Cuba no es ajena a la situación de la Clasificación sobre la documentación estatal y gubernamental, y en tanto a la manifestación de tensiones frente a la necesidad de los historiadores y otros especialistas y técnicos de diferentes ramas, de tener acceso a fuentes documentales que han sido protegidas. A diferencia de los objetivos de blindaje e inmunidad personal que intentan lograr los políticos de la mayoría de los países capitalistas, la dirigencia cubana ha tenido que actuar para hacer frente a una criminal política de agresión, que tiene por objetivo la destrucción del régimen político que la nación se ha dado soberana y democráticamente. Como plantea el DECRETO-LEY No. 199 SOBRE LA SEGURIDAD Y PROTECCIÓN DE LA INFORMACIÓN OFICIAL: Los servicios especiales extranjeros dedican cuantiosos recursos, medios sofisticados y fuerzas cada vez más preparadas en la obtención de informaciones de interés, lo que hace necesario fortalecer las medidas establecidas para la seguridad y protección de la información oficial que pudiera ser útil para los planes subversivos y agresivos contra la República de Cuba.

En respuesta a la multilateral operación de espionaje que se realiza contra el país, y desde la experiencia de cómo se concretan y manifiestan las acciones contra Cuba, el Estado ha tenido que proteger como Información Oficial Clasificada, un amplio rango de información cuyo conocimiento o divulgación no autorizada puede ocasionar daños o entrañar riesgos para los órganos estatales y gubernamentales o para el desarrollo político, militar, económico, técnico, cultural y social del país. Por similares razones la desclasificación de unos y otros documentos y fondos, aún de aquellos de fechas más lejanas, resulta una decisión política compleja, porque esencialmente no han desaparecido las razones de agresión que le dieron a la documentación su carácter clasificado.

El punto está en que si bien la situación actual ha garantizado la seguridad de la documentación en el interés mayor de la protección de Estado, la nación y su pueblo, la continuidad tal como se manifiesta hoy en el Sistema para la Seguridad y Protección de la Información Oficial, constituye un serio obstáculo para el desarrollo de los estudios sobre la Historia de la Revolución Cubana. Los historiadores ni siquiera tenemos acceso los listados de documentos, por lo que no se puede solicitar lo que no se conoce que existe. Se hace imprescindible una evaluación de esta situación en el seno del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, y en tanto, que se oriente a la Comisión Estatal para la Clasificación y Desclasificación de la Información Oficial, trabajar de conjunto para avanzar en las soluciones posibles y necesarias.

Además de lo normado en el DECRETO-LEY No. 199, en el DECRETO-LEY No. 265/2009 “DEL SISTEMA NACIONAL DE ARCHIVOS DE LA REPÚBLICA DE CUBA”, se da la potestad a la dirección de cada archivo de restringir el acceso a determinados documentos, atendiendo al estado de conservación, a la confidencialidad de la información que contienen, y a la protección de los derechos de las personas naturales y jurídicas refrendados legalmente (Artículo No. 7). Ello multiplica la cantidad de sujetos que tiene potestad legal para bloquear o impedir la consulta de documentos.

Hay datos y procedimientos claves sobre los que deben existir reglas claras, que no dejen margen a la implementación de barreras adicionales: Tiempo de Clasificación, y fecha de Desclasificación, qué se clasifica y quiénes lo hacen. En tal tarea decisoria se deben establecer criterios de pertinencia, sobre lo que realmente resulta imprescindible proteger, pues la cantidad de actores que hoy actúan en este campo, y las tendencias al secretismo que han sido criticadas por la máxima dirección de la Revolución, introducen variables subjetivas que no ayudan a la solución de la problemática. La necesidad de que los listados de documentos y su clasificación, estén a la disposición de los investigadores independientemente de que a algunos no se pueda acceder, resultará en beneficio del trabajo historiográfico, de su planificación y desarrollo.

La situación que enfrentamos precisa de resolver otras problemáticas que rebasan el tema de la clasificación de los documentos.

El DECRETO-LEY No. 265/2009 “DEL SISTEMA NACIONAL DE ARCHIVOS DE LA REPÚBLICA DE CUBA”, de forma explícita libera a los ministerios de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, del Interior y de Relaciones Exteriores, de la entrega de su documentación. ¿Dónde pueden los historiadores acceder de manera sistemática a los fondos documentales de estas tres esferas fundamentales en la vida de la Revolución?

Los Ministerios y organismos, por Ley deben proceder según las normas de completamiento dictadas por el DECRETO-LEY 265, a enviar sus fondos desclasificados o con valor histórico a las instituciones del Sistema Nacional de Archivos, pero no tenemos seguridad de que esta disposición se cumple a cabalidad y con sistematicidad. Fuera de lo que ha procesado el Archivo Nacional de Cuba, no conocemos el universo real de documentación que se ha transferido a esta institución y a los archivos provinciales, y sobre todo carecemos de una evaluación profesional que precise si tal universo responde al volumen y la calidad de documentación que ordena la Ley.

En varios Ministerios hay archivos en las oficinas del Ministro y en otras dependencias centrales y/o estratégicas, que presumiblemente contienen documentación histórica, pero los historiadores carecemos de los listados de documentos y de la posibilidad de acceso.

El DECRETO-LEY 265 precisa que todas las personas naturales o jurídicas cubanas, sean o no fuente de completamiento, están obligadas a inscribir los documentos de valor histórico o permanente que posean, en el Registro del Fondo Estatal de Archivos, con sede en el Archivo Nacional de la República de Cuba o en los archivos provinciales o municipales correspondientes, según el caso (Artículo No. 34). Sin embargo no hay una información precisa de cómo se instrumenta esta decisión, y sobre todo no usufructuamos sus resultados. En general, quienes trabajan la Historia de la Revolución, no conocen cuál es el Fondo Estatal de documentos del período (Artículo 33, del Decreto Ley 265). Cuáles son aquellos fondos y documentos que se consideran de valor histórico o permanente, dónde se encuentran (la persona natural o jurídica que los posea) y las vías para su consulta.

Hay protagonistas históricos que conservan sus archivos personales, donde existen tanto documentos que pertenecen a las funciones partidistas, estatales y/o gubernamentales que desempeñaron, como aquellos que pudieran considerase personales, que sin lugar a dudas completan la visión de acontecimientos y decisiones, de debates internos, estilos y métodos, y tributan al conocimiento y el estudio de esas personalidades, a determinar su aporte concreto a la obra colectiva. No conocemos que existan inventarios disponibles sobre esos archivos. En más de una ocasión se han perdido documentos valiosos al morir sus poseedores, en otras quedan en manos de familiares que no siempre tienen una noción exacta de la importancia de la documentación, de sus derechos y deberes respecto a ese patrimonio. Consideramos que la Ley debe normar de manera explícita esta situación y proteger el patrimonio documental de la nación, sin por ello menoscabar los derechos de las personas sobre su documentación personal, incluida la obtenida por herencia. Consideramos que no debe continuar la laxitud legal de voluntariedad, y que tales archivos independientemente de la decisión de sus poseedores, deben integrarse al Sistema Nacional de Archivos de la República de Cuba,

Los documentos de la Revolución Cubana, en tanto testimonios materiales del acontecer histórico del pueblo, constituyen un universo que rebasa lo propiamente producido en las funciones estatales y gubernamentales, y esta realidad se expresa en el DECRETO-LEY No. 269. El objeto material de la Diplomática frente a una Revolución popular se abre de manera insospechada, abarcando documentos de las organizaciones revolucionarias, de los centros de trabajo y estudio, las asociaciones de la sociedad civil, las agrupaciones informales, las familias y las personas naturales. Pero no tenemos hoy por hoy, un estudio crítico de este universo documental, ni pautas organizativas. No existe en el país un sistema que realmente logre atesorar esos testimonios masivos, censarlos, procesarlos y ponerlos a disposición de los estudiosos.

No existe por demás una cultura sobre la importancia de valorar y preservar la vasta documentación existente. La población no conoce a dónde debe dirigirse para evaluar y registrar un documento, y en tanto si lo que posee debe ser objeto de conservación, por su valor administrativo, legal, fiscal, científico, económico, histórico, político o cultural. Hay quienes pueden temer que el Estado les confisque la documentación que poseen, y sería recomendable que toda persona que desee hacer donaciones o proponer ventas, sepa claramente dónde dirigirse. En esta dirección hay que avanzar en la educación colectiva, y esta no puede ser solo una tarea del Archivo Nacional de Cuba y el sistema de archivos. La UNHIC debe apoyar este propósito.

A los aspectos apuntados se suma el mal manejo y la irresponsabilidad en la destrucción de documentos y archivos. El DECRETO-LEY No. 269 solo coloca bajo la autoridad de la Comisión Nacional de Valoración Documental, los documentos de los archivos del Sistema Nacional de Archivos. Para este sistema es la referida Comisión la que autoriza las depuraciones. Hay un amplio espectro de actores institucionales y de asociaciones que no están directamente atendidos por el Sistema Nacional de Archivos, otros que en tanto incumplen la ley y no tienen ordenado sus sistemas internos, crean condiciones propiciatorias para las acciones depredadoras. Hay quienes se sienten en potestad de decidir destruir o enviar a materia prima, valiosas colecciones de documentos, y lo hacen con impunidad, sin que se les impida, y de cometer la depredación, se les sancione en magnitud al daño realizado al patrimonio colectivo.

Se debe añadir la necesidad de convertir la dinamización de los servicios de archivo, en un propósito de permanente renovación por parte del Sistema Nacional de Archivos. Hay que acercar el horizonte de la informatización, junto con la digitalización de los catálogos y fondos, su consulta y acceso en red, en primer lugar en la intranet nacional, lo que colocaría en igualdad de posibilidades a los investigadores para acceder a los archivos de la capital y las provincias, y ahorraría tiempo y recursos. En esta dirección resulta importante el poder acceder a los catálogos y listados existentes, para conocer si la institución posee fondos y documentos que meriten trabajar en esta. Un portal de servicios de documentación en red, pudiera convertirse en una fuente estable de recaudación financiera, para aliviar el presupuesto que a este fin destina el país.

En atención a los temas tratados, consideramos que el XXI Congreso Nacional de Historia: 1) Debe pronunciarse por sugerir a todos los organismos implicados la revisión del cumplimiento y la pertinencia de la legislación existente; 2) y recomendar a la Asamblea Nacional del Poder Popular, el estudio de la problemática que referimos en su Comisión Jurídica, tenerlos en cuenta para proponer y votar una Ley que jerarquice, unifique y actualice los Decretos-Ley existentes.


3) En el interés de contribuir desde nuestras apreciaciones y necesidades a la solución jurídica y procedimental, proponemos que se mandate al Comité Ejecutivo Nacional de la UNHIC, para que al respecto cree una Comisión de Estudios, que precise los asesoramientos y coordinaciones pertinentes con el Archivo Nacional de Cuba, el Instituto de Historia de Cuba, la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, la Academia de la Historia de Cuba, la Unión Nacional de Juristas, el Registro Nacional de Bienes Culturales, y otras autoridades en la materia, y que redacte un documento con propuestas, y que estas se envíen a quienes rectoran el tema en el país, y a la mencionada instancia de la Asamblea Nacional.

Historia

La Burguesía Peruana en el Siglo XVIII*

Emilio Choy


Trataremos de presentar tres actitudes de la burguesía peruana a media­dos del siglo XVIII, dos de ellas favorables a la metrópoli y una que se yergue tímidamente, pero indicando sus necesidades, frente a la negativa política de la administración española.

Primera actitud

La primera actitud es la expresada en un escrito anónimo publicado en madrid, 1747: Estado Político del Perú. El autor de esta obra (dedicada al Ministro Carbajal y Lancaster) ha sido ubicado por el profesor Pablo Macera como el capitán don Victorino Montero (1). La importancia del es­tudio económico de Montero, aparecido a mediados del siglo XVIII, tiene primacía, aunque historiadores como Emilio Romero y estudiosos como Juan Dulanto Baltiérrez creen que el primer economista fue don Pedro Bravo de Lagunas. Los conocimientos de este economista eran superiores a los del autor del Estado Político..., sin embargo, esto no quita el orden de ubicación (2). Pertenece a Montero el mérito de haber realizado, aunque en forma restringida, un análisis de la situación económica del virreinato; refleja el punto de vista de una burguesía que realiza estudios con mi­ras no de mejorar lo nacional sino de condicionar la economía peruana para provecho y permanencia del poder peninsular; Montero pertenece al sector burgués adherido a los intereses de la Corona y se siente in­capaz de mirar la situación de la colonia de manera independiente; sus conveniencias la ligan a ella; es fiel a la metrópoli y si insinúa reformas, señalando lacras sociales, ellas tendrán como objetivo favorecer al go­bierno y al comercio peninsulares. El remedio que preconizaba Montero para los males del Perú consistía en establecer un banco y compañía de comercio que se organizaría con los capitales limeños, a los que se abonaría un cinco por ciento de interés anual, quedando el total de las utilidades para la compañía y dejando un margen superior de ingresos para los Borbones.

La compañía, que propugnaba Montero, ejercería el control total del comercio y la industria, la navegación y la minería, además de mono­polizar otros aspectos de la economía del virreinato peruano; tomaba como modelo el sistema que habían establecido los holandeses en su Compañía de las Indias Orientales. Ponía como ejemplo a la Compañía Guipúzcoana, que tanto provecho dio a los comerciantes peninsulares, pero con mayores capitales y atribuciones que ésta. El estudio de Mon­tero se escribió alrededor de 1740 y se publicó en 1746 (Madrid); tiene cierta semejanza con el informe que el Juez de Comisos, el vasco Pedro José Olavarriaga, redactó sobre la situación de la provincia de Venezuela en 1720, estudio que sirvió de base para que la burguesía vascongada es­tableciera, con la protección real, la opresiva Compañía Guipúzcoana (3); el mismo criterio económico primó en Montero, con la diferencia de que Olavarriaga era peninsular y el capitán era peruano de nacimiento, aunque su conciencia no correspondía a los intereses del país en que había nacido. Podríamos considerar a Montero nacionalista si miramos los problemas nacionales en función de la metrópoli, como lo hacen al­gunos historiadores al situar al autor del Estado Político... como a uno de los personajes que expresan la iniciación del sentir de la concien­cia nacional. Esta equivocada apreciación ignora el empeño que tuvo el capitán para crear una poderosa fuerza militar de ocho mil hombres para manejar a "los desgobernados genios" en la colonia y poder contener las repetidas desobediencias y

"levantamientos que se han experimentado en Oruro, Puno, Paraguay y Cochabamba, siendo de notar que el último levan­tamiento o conjura fue en el año 1738, en la villa de Oruro, por Juan Vélez de Córdova, que inflamando a los indios apellidaba la libertad e intentaba constituirse Rey, matando y destruyendo a los pocos españoles que habitan en las mencionadas ciudades".

"Dejo de ponderar —exponía Montero—, que el dicho Juan Vélez de Córdova era hombre humilde de los que llamamos mesti­zos por el mixto de español e indio, que de ello se valía para decir que procedía de la antigua sangre de los incas, y que intentaba la empresa sin fondos de caudales, no fomento firme de parciales y armas, solo fundado en un bárbaro rompimiento de la cruel­dad, que después de ejecutado y amontonados indios y mestizos, robando ciudades y minas".

Segunda actitud de la burguesía peruana

Como hemos referido, el oidor Pedro Bravo de Lagunas es nuestro se­gundo economista. Su obra capital, Voto Consultivo, que ofrece al ex­celentísimo señor don Joseph Antonio Manso de Velazco, Conde de Superunda, la escribe después de la actuación que realizó al reprimir el alzamiento de los caciques de Lima, en 1750. Este movimiento tuvo como objetivo tomar el Palacio de Pizarro y fue descubierto, como re­lata el Conde de Superunda, por encima del "sigilo de la confesión". El sacerdote que tal deslealtad demostró con sus obligaciones sagradas parece que no coincidía con las intenciones de los jesuitas, porque éstos hubieran demostrado más integridad, en vista de que estaban interesados en el triunfo de la insurrección de su patrocinado, que se desarrollaba en las montañas de Tarma, Jauja y Huánuco. Es evidente que hubo vinculación entre la rebelión de los caciques de Lima con el movimiento montañés de Juan Santos de Atahualpa; el mismo virrey lo afirma en su memoria:

"Algunos reos fueron desterrados a la isla Juan Fernández y presidio de Ceuta, y se publicó entonces, sin embargo, el indulto antes suspendido de que exceptuaron tres reputados, indignos de esta gracia: el uno, descubierto en el pueblo de Lambayeque, toleró la pena capital a que estaba sentenciado: los dos cuyos nombres y circunstancias constan de los autos, se han sustraído a las eficaces diligencias con que se ha solicitado, y convendrá no perderlos de vista uno supo delinear plan exacto de lo princi­pal de la ciudad; dibujar la invasión del palacio y sala de armas, previniendo las avenidas (con precauciones de un militar experi­mentado), y el otro acometió a incluirse en la montaña y ponerse de acuerdo con el indio rebelde (Juan Santos), y ofreció en el dis­fraz de mercachifle correr el Reyno y prevenir a sus caciques; y ambos vivieron con tal cautela, que frustraron el castigo y en su fuga no dejan ningún rastro, y su habilidad maliciosa en cualquier lugar y tiempo es de peligro" (4).

Es evidente que el clero no jesuítico fue uno de los aliados más poderosos que tuvo la Corona para sofocar el movimiento de los caciques limeños, y el hombre más caracterizado para castigarlo fue don Pedro Bravo de Lagunas y Castilla.

      El oidor de la Audiencia de Lima, cuyo celo para penar la conspira­ción independentista fue premiado con los honores del Supremo Consejo de Indias por S.M., posteriormente asumió la defensa de los terratenien­tes, conducta que algunos investigadores han calificado de nacionalista. Creemos que ni siquiera fue un nacionalismo dosificado, sino un calmante expedido por prescripción virreinal para aliviar la situación de los hacen­dados; y para atenuar cierto descontento social debido al rigor con que exigían el pago de los impuestos existentes y la creación de otros nuevos para sostener la guerra contra Inglaterra y mejorar los ingresos del alto clero, mediante el aumento de entradas por concepto de diezmos de los que éste participaba en una proporción.

      El libro que escribió Bravo de Lagunas se divide en ocho párrafos precedidos de una notable introducción, que revela conocimientos avanza­dos que coinciden con los economistas de la Península, tal como Ustaria; también en esta parte, repetidas veces, cita opiniones de Puddendorf, Grocio y Heinecio. La erudición del famoso oidor sirvió a los hacendados para disponer de un plazo para vender el trigo que producían e impedir que el grano chileno rompiese el turno o mita comercial que los virreyes habían establecido antes del Conde de Superunda. En estas circunstan­cias, si alguien debe de ser calificado de "primer nacionalista", sería el virrey que impuso el fomento de la producción triguera local. Pero la razón de este interés dista mucho de ser nacionalista; la explicación nos la da el citado Conde de Superunda:

"Aun cuando se ha tenido recelo de que algunos piratas y corsarios han pasado a este mar se ha estado en la precisión de permitir la salida de los navíos a todo riesgo, porque la ciudad no padezca carestía de pan, y consiguiera el enemigo la más fuerte hostilidad, cortando el comboy de aquella permisión: sin entera seguridad de que el mar se halle libre de este peligro, ha resul­tado que no solamente lograsen los corsarios la utilidad de las presas, sino adquirir noticias y proveerse de víveres, harinas y carnes recientes que faciliten su permanencia en estos mares: y si se tuvieran, cosechas de trigo en la tierra, con cerrar a la más leve sospecha el puerto del Callao, mantener los navíos al abrigo del fuerte que domina a la bahía, y retirar los ganados de las costas más expuestas, se practicará una defensa que convirtiera la hostilidad contra los enemigos, y se tomarían mejores y más se­guras medidas para perseguirlos, y ellos tuvieran menos luz para frustrarlas".

"Estas consideraciones y otras que miran al derecho de las partes (hacendados y navieros) influyeron en que se mandasen en años pasados mis antecesores en autos acordados que los trigos de la tierra se gastasen en igualdad que los de Chile".

Como manifiesta el virrey Manso de Velazco, la producción local se impulsó por motivos ajenos al nacionalismo, la semi-autarquía que se estaba pretendiendo en la producción de granos era para evitar que los enemigos dirigidos por el Almirante Vernon o Anson, o cualquier atacante, pudiesen beneficiarse con los víveres que se importaban de Chile. Los agricultores costeños llegaron a producir 50,000 fanegas, de un valor aproximado de 300,000 ps., estimulados por las autoridades, las mismas que impusieron límites a las importaciones de los comerciantes y navieros limeños, los que tuvieron que tolerar el expendio total del trigo local antes de poder vender el grano sureño, mucho más barato y de superior calidad según los panificadores.

      Lo que condicionó este singular proteccionismo y curioso naciona­lismo no fue la opinión del autor del Voto Consultivo. .. ; no obstante la magnífica erudición de que hizo gala, el alegato que encierra el libro de Bravo de Lagunas (por algún motivo se hicieron con protección virreinal hasta dos ediciones) estuvo destinado a tranquilizar, contentar en cierto modo, a los enojados comerciantes y navieros que eran no menos perua­nos que el grupo de los hacendados. La defensa que hacía el oidor, bajo las hábiles indicaciones del virrey, era aparentemente patriótica, si no se conociera el espíritu que animó a la Corona. La documentada exposición fue una necesidad que podemos calificar de demagógica, hábilmente en­cubierta con etiqueta patriotera. Si tenemos en cuenta que el territorio chileno formaba parte del virreinato peruano, más que lucha entre dos países rivales era fomentar la pugna entre dos víctimas del mismo amo, pugna que las conveniencias de la metrópoli procuraban estimular (como aún se hace en nuestros días, con el pretexto de la producción del cobre, cuando el destino de ambos países era y es su integración económica). En la división estaba la fortaleza del gobierno colonial.

      Creemos que el ardor del "nacionalismo" de Bravo de Lagunas era tan circunstancial como el supuesto temor de que podría cesar la llegada del trigo sureño. El Voto Consultivo... es un magnífico estudio económico y demográfico, para los intereses del clero; se anticipa a Malthus, soste­niendo el absurdo de la correlación entre los límites del crecimiento de la población y el problema de la inalterable producción de alimentos, doctrina que Bravo de Lagunas toma de tratadistas antiguos; es un regresivo mérito haberse anticipado a Malthus, porque los límites que estableció eran falsos, por lo tanto carecían de base científica. También es necesario tener en consideración que el oidor escribía presionado, no sólo por el temor de las amenazas de los enemigos externos sino por los movimientos independentistas, como el de los caciques de Lima (1750) que fue precedido por la conjura en la Villa de Oruro a la que se refiere Montero (1738-9) y, sobre todo, por la larga rebelión de Juan Santos de Atahualpa (1742-1755?). Si tomamos en consideración la pugna de clases entre las masas oprimidas y la dominación española llegaremos a comprender mejor el "nacionalismo" de Bravo de Lagunas, tan halagador para el virrey. Podemos, entonces, calificar al discutido economista de nacionalista sui generis y eficaz defensor de los intereses de la Corona, bajo la capa de protector de los hacendados de Lima y los valles vecinos.

Tercera actitud: el incipiente nacionalismo burgués

Llano y Zapata, aunque no fue independentista, expresa en forma ro­tunda la necesidad de defender la producción de azogue de Huancavelica, refuta la urgencia de cegar la producción de la mina Santa Bárbara, que los funcionarios de la metrópoli se habían empeñado en conseguir para expandir el mercado de exportación del azogue español. Como portavoz de la burguesía minera frente a la peninsular, chocó con el grupo que re­presentaba el ministro Marqués de La Ensanada. No era de los hombres que se limitaban a estudiar o divulgar las riquezas de su país; también procuró, dentro de sus medios, defenderlas. Y creía que la mejor mane­ra de hacerlo era evitando que declinara la producción; en su obra hay pasión para su crecimiento, así concebía la idea de Patria; mientras que Juan y Ulloa, como representantes de los productores de la Península, en forma tendenciosa afirmaban que las vetas de la gran mina de mercurio de Huancavelica estaban casi agotadas, ya reducidas a un esqueleto", y que "la diligencia de los hombres" no puede remediar "la ínfima ley de sus metales". Nuestro historiador, al escribir sus Memorias Histórico- Fisicas, Critico-Apologéticas de la América Meridional, en los capítulos referentes a la minería peruana, lo hizo profundamente preocupado por la suerte de su tierra natal, que ciertos países trataban de menoscabar convirtiéndolo de país productor en importador de mercurio (como viene ocurriendo hoy día, en que poderosos intereses han convertido al Perú de país capaz de producir todo el petróleo y derivados para su consumo y para una gran exportación, en un angustiado importador de lubricantes y combustible residuales).

      La preocupación de los Borbones, por mejorar la producción de Al­macén, dio resultado; también trataron de exportarlo a las colonias como el Perú, para subordinarlo y empobrecerlo mejor. Llano y Zapa­ta, aunque trabajó para Carlos III, señaló en sus Memorias, que con el pretexto de "fraude que se reconoció en los quintos reales", se había para­lizado la explotación del azogue de Cuenca con el consiguiente perjuicio de Darién, Santa Fe, Popaván y Quito (5). Sobre Huancavelica, advertía que si se paralizaba la explotación de mercurio, como pretendió el virrey Santo Buono, "y como se ha pretendido en nuestros días, atendiendo a las exclamaciones; de los que con imprudencia solicitaban su conde­nación, y nuestras Indias hubieran llegado a tal decadencia que sería ahora irremediable su reparo". Llano y Zapata proponía, como remedio, la explotación racional de la mina, que la administración española estaba arruinando deliberadamente; con este motivo solicitaba solución al decir: "Ello no hay otro remedio que ministros celosos, exacto cumplimiento de la ley y pagas correspondientes a los trabajadores".

La actitud nacionalista del autor de las Memorias fue una traba para la publicación de sus estudios. No podía ser de otra manera: era de los hombres que consideraban que la investigación histórica y científica es para beneficio de su pueblo; por eso se identificó con la oprimida burguesía del virreinato peruano en lucha con la de la metrópoli, la que trataba de asegurarse "sus propios mercados nacionales". Este mercado es la primera escuela en la que la burguesía aprende a ser nacionalista. Es el verdadero nacionalismo, porque no se trató como en el caso del trigo chileno, de una lucha entre dos países dependientes, sino de la producción de una colonia frente a los intereses del gobierno del país opresor. Discrepamos del autor de Viejas Polémicas sobre el Nuevo Mundo, Antonello Gerbi, cuando cree que la obra de Llano y Zapata no se publicó debido a las desavenencias personales que existían entre éste y Jorge Juan, motivadas por ciertos celos quee sintió el funcionario español al no ser mencionado en las Memorias Histórico..., mientras que se citaba repetidamente el nombre de su compañero Antonio Ulloa. Tan superficial análisis no considera la lucha existente entre la producción española y la peruana, lucha que impregna las páginas más conocidas de "Noticias Secretas", sobre todo la condenación que hace de los obrajes del virreinato, a los que compara con el infierno de las galeras, y las críticas a las manufacturas peruanas; la dura explotación que se hacía con el obrero indígena y el mitayo eran motivadas no para lograr una mejora en las condiciones de trabajo, sino el cierre de los obrajes y trasladar a los obreros desocupados a las labores de la minería, que eran mucho más brutales. La producción de metales preciosos era de interés no sólo para los comerciantes peninsulares; era igualmente apetecido por los otros dos partidos que luchaban en el seno del gobierno español, disputando posiciones; los agentes de Francia e Inglaterra coincidían en presionar para reducir las manufacturas del Perú y, en cambio, estimular en lo posible la producción de oro y plata. Juan y Ulloa vinieron al Nuevo Mundo por encargo del Marqués de la Ensenada, el portavoz de los intereses comerciales y políticos de Versalles en la Corte de Madrid (6).

Con mayor claridad se podrá apreciar la lucha entre el autor de las Memorias y los funcionarios de la administración española, empeñada en mantener archivados los estudios que pudiesen lesionar la política de la metrópoli. En la carta que Jorge dirigió al Bailío Julián de Arriaga (29 de setiembre de 1762), indicó que

"no concibe la conveniencia de dar al público dicha obra bajo la protección de S.M. Puede ejecutarlo por si el propio autor; pero aun en esto es posible que V.E. encuentre reparo porque no todo lo que asegura se practica en América, ni todo lo que se desea se ejecuta [y] conviene al servicio del Rey".

El año siguiente el Consejo de las Indias fue más rotundo, porque el tribunal en pleno pidió que se guardaran los originales en el Archivo del Consejo, juntamente con todos sus borradores y, no contento con esto, en una consulta (19 de agosto de 1763) decía que no era conveniente otorgar al autor la licencia solicitada para imprimir la obra y que estimaba que debía recogerse cuanto hubiese escrito y que se pasase aviso al autor para que diera término a la parte que restaba escribir" (7).

Como hemos visto, la obra de Victorino Montero y la de Bravo de Lagunas están sumamente ligadas a las conveniencias del monarca y la burguesía española; en cambio los estudios de Llano y Zapata revelan que la corriente burguesa nacionalista, sino adquiría un tinte independentista como los movimientos indígenas y mestizos del siglo XVIII, indican la presencia de una conciencia nacional. El autor de las Memorias es el que mejor representa esta tendencia en su época. Si el crítico de Llano y Zapata, Antonello Gerbi, menciona como falta de "habilidad mundana" "...congraciarse con los poderosos", la conducta de este americanista, a nuestro juicio, es ejemplar en este aspecto, porque supo defender lo peruano, en relación con los intereses continentales, frente a la política de máxima explotación que realizaba la metrópoli.

Torre Revello, en documentado estudio que hizo sobre nuestro historiador, destaca que: "A través de los escritos que conocemos de Llano y Zapata se advierte un alto fervor americano. El alejamiento del suelo natal no entibió su amor hacia el mismo" (8); podemos añadir que, si­guiendo la ruta de Garcilaso y tantos otros que vieron la luz en el nuevo continente y, como ocurre con los patriotas de todos los tiempos, era de los que iban a la metrópoli, más que a servirla, a luchar contra su sistema. Así entendió este hombre de ciencia la peruanidad en función de lo americano.

Notas
[1] Pablo Macera, “Tres Etapas en el Desarrollo de la Conciencia Nacional”, págs.32-126, Ed. Fanal, Lima, 1956. 
[2] El primer economista, sin duda, es Pedro Peralta y Barnuevo que precede aun al mismo V. Montero. Será estudiado en artículo que publicaremos posteriormente. [Investigaciones posteriores alteran esta opinión].
[3] Eduardo Arcila Marías. Economía Colonial de Venezuela. F.C.E. págs. 170-80.
[4] Conde de Superunda, Memorias de los Virreyes, T. IV, pág. 97, Lima, 1859.
[5] Antonello Gerbi, Viejas Polémicas sobre el Nuevo Mundo, pág. 251, Lima, 1946.
[6] J. Ensebio Llano y Zapata, Memorias Histórico-Fisicas, Crítico-Apologéticas de la América Meridional, Lima, 1904
[7] Conde de Floridablanca, Colección de Obras Originales, Biblioteca de Autores Espinóles, Jorge Juan y Antonio de Ulloa, Noticias Secretas, 1953, Buenos Aires, pág. 9.
[8] Torre Revello, "Noticias sobre José Eusebio de Llano y Zapata, Historiador pe­ruano del siglo XVIII", pág. 16, en revista Historia de América, Nº13, dic. 1941.

*El presente ensayo fue originalmente publicado en la revista Idea, artes y letras, Abril-junio de 1961, Año XII, nº 47, pp. 2-11. (Nota del Comité de Redacción)

Filosofía

Interacción de los Contrarios en el Desarrollo*

(Primera Parte)

S. Meliujin


1. Unidad de contrarios en los fenómenos
de la naturaleza

Además de leyes específicas concretas a las que está su­peditado el desarrollo, empezando por los núcleos atómicos y terminando por los gigantescos sistemas cósmicos, existen en la naturaleza leyes dialécticas generales de desarrollo, características de todos los sistemas y estados de la ma­teria.

Una de esas leyes dialécticas generales es la ley de la unidad y de la lucha de los contrarios. Esta ley afirma que en cada fenómeno hay aspectos y tendencias opuestas, in­disolublemente ligados entre sí. La lucha o la interacción de esos contrarios constituye el contenido interno del proceso del desarrollo, del tránsito del viejo estado cualitativo a otro nuevo. Así, pues, para comprender la verdadera fuente del desarrollo de los fenómenos es preciso poner al descu­bierto sus aspectos contradictorios y revelar el carácter de sus recíprocas relaciones. Lenin escribía: "La condición que permite conocer todos los procesos del mundo en su auto- movimiento, en su desarrollo espontáneo, en su vida viva, es el conocimiento de ellos como unidad de los contra­rios..."1

Al analizar el contenido de esta ley tropezamos, ante todo, con los conceptos de diferencia, oposición y contra­dicción, que deben ser explicados obligatoriamente.

El concepto de diferencia expresa la falta de identidad entre los objetos y fenómenos en relación con alguno de sus rasgos o propiedades, por insignificante que sea. La dife­rencia y diversidad de los fenómenos es la peculiaridad más general de todo lo existente. En la sociedad no existen dos seres absolutamente iguales; en un bosque resulta imposible encontrar dos hojas iguales en todo, y en el universo no hay dos mundos absolutamente idénticos. Esto se debe a que la materia es inagotable en profundidad y es infinito el número de posibles combinaciones de sus elementos. En cada caso concreto nos enfrentamos con diversas combina­ciones, que dependen de las conexiones específicas internas y externas de los cuerpos. Gracias a ello no puede haber entre ellos una identidad completa.

Es cierto que en la mecánica cuántica se expone la tesis de que las partículas elementales de un género son idén­ticas. Mas esa tesis no puede considerarse como absoluta. En la mecánica cuántica se entiende por identidad de par­tículas el hecho de que si en un átomo o en otro microsis- tema se sustituye uno de los corpúsculos, un electrón, por ejemplo, por otro tomado de fuera, este último se com­portará exactamente igual que el primero y no podrá ob­servarse ninguna diferencia entre ellos. Se supone, en este caso, que todas las propiedades de las partículas están de­terminadas exclusivamente por el carácter de los vínculos exteriores y que la historia anterior de la partícula no in­fluye para nada en su estructura; es decir, la partícula no "recuerda" en absoluto los sucesos anteriores.

Estrictamente hablando, semejante admisión tiene un carácter apriorístico, ya que las propiedades que definen la estructura interna de las partículas elementales no se mani­fiestan, por ahora, directamente en la experiencia. Y el hecho de que las partículas que se sustituyen aparezcan como idénticas en cuanto a las propiedades observables no significa de ninguna manera que el principio de identidad deba aplicarse a la profunda estructura de las mismas. Como toda micropartícula es inagotable, la multitud de diversas combinaciones de los elementos materiales que la componen es infinita; esto, por sí mismo, excluye por principio la plena identidad de todas las combi naciones de los elementos en dos partículas. Si esa identidad existiese, numerosas combinaciones no serían infinitas, es decir, entraríamos en contradicción con el principio de que el carácter de los microorganismos es inagotable.

Y si nos referimos a partículas que no se encuentran en las mismas condiciones dentro de un sistema, resulta del todo evidente la falta de identidad, entre ellas. Por ejemplo, los electrones que se encuentran en átomos de diverso nivel energético poseen una masa en reposo algo distinta, ya que se caracterizan por su distinta energía de enlace con el núcleo. Son también distintas las propiedades de los nu­cleones en los diversos núcleos atómicos, ya que en este caso es diferente la energía de enlace.

Una de las formas en que se exteriorizan las diferencias es la oposición. La oposición representa una forma de dife­rencia en la cual los fenómenos se excluyen o niegan recí­procamente en algunos de sus rasgos, propiedades o ten­dencias de desarrollo. Los fenómenos opuestos se excluyen, habitualmente, uno al otro, no en todas sus propiedades, sino en algunas, mientras que en otras pueden tener co­munidad, gracias a lo cual interactúan unos con otros y se encuentran en una determinada unidad.

La existencia de oposiciones en la naturaleza consti­tuye la base objetiva de las contradicciones. La contradic­ción viene a ser la interacción o la relación esencial entre las oposiciones en el marco de un fenómeno íntegro único. La contradicción no se produce en todos los casos de exis­tencia de las oposiciones, sino tan sólo cuando existe su unidad. En principio las oposiciones pueden existir en cua­tro variantes posibles: 1) en el marco de un sistema ín­tegro y simultáneamente; 2) en el marco de un sistema, pero en diversos períodos de tiempo, cuando una oposición existe y la otra ha desaparecido ya o no ha surgido aún; 3) en sistemas diversos y casi desligados entre sí, pero si­multáneamente, y 4) en distintos períodos de tiempo y en diversos sistemas, espacialmente alejados unos de otros. Es evidente que los casos 2, 3 y 4 excluyen la posibilidad de un vínculo íntimo entre las oposiciones y por ello no cabe hablar de su unidad. Tan sólo la existencia simultánea de las oposiciones en el marco de un sistema íntegro (primer caso) asegura la posibilidad de su unidad y constituye, así, la base de una contradicción objetiva.

¿Qué correlación existe entre los conceptos de contradicción y diferencia? Suele afirmarse que toda diferencia es una contradicción en una fase mayor o menor de su desarrollo. Sin embargo, no podemos estar conforme con ello. Los conceptos de diferencia y contradicción no son equivalentes y no se les puede identificar. En el mundo hay multitud de fenómenos distintos entre sí; a veces sus diferencias son muy esenciales, pero no hay contradicciones entre ellos. Por ejemplo, cualquier objeto de una habitación se diferencia de la galaxia de Andrómeda y, sin  embargo, es imposible encontrar entre ambos alguna contradicción. Y no se trata solamente de que no hay entre ellos relación directa. Existen numerosos objetos o propiedades que están directamente vinculados entre sí, pero, a pesar de ello, no se contradicen. El volumen de un globo está íntimamente relacionado con su diámetro, y se trata de propiedades completamente distintas, pero tampoco hay entre ellas ninguna clase de contradicción. Para que la diferencia se manifieste como una contradicción es preciso que las partes diferentes estén en oposición y existan en unidad orgánica y recíproca.   

Importa señalar que en la filosofía materialista-dialéctica el concepto de contradicción se emplea en un sentido algo distinto que en la lógica formal. En lógica formal se entiende por contradicción la existencia en los razonamien­tos de juicios que se excluyen recíprocamente. Al mismo tiempo, una de las leyes fundamentales de la lógica dice que si afirmamos algo sobre el objeto del pensamiento, no debe afirmarse algo directamente opuesto sobre ese mismo objeto en las mismas condiciones. Por ejemplo, si decimos que el libro está sobre la mesa, no puede afirmarse, a ren­glón seguido, que el libro no está sobre ella. Este tipo de contradicciones en los juicios demuestra su inconsistencia interna y constituye un grave defecto en los razonamientos lógicos.

Así, pues, la lógica formal exige la exclusión de las con­tradicciones en los juicios.

¿Es compatible esa exigencia de la lógica con la tesis del materialismo dialéctico sobre la objetividad de las con­tradicciones en la naturaleza? Por extraño que parezca, concuerdan entre sí. En efecto, toda teoría científica no debe contradecirse lógicamente, pues en caso contrario no po­dría reflejar adecuadamente la realidad.

Esta tesis no siempre se comprende bien. Algunos autores suponen que como las contradicciones existen objetivamen­te en la naturaleza, la teoría que las refleja debe incluir, asimismo, esas contradicciones. Con este motivo denigran por todos los medios las exigencias de la lógica respecto a la no contradicción de los juicios, acusándola de metafísica. Sin embargo, semejante razonamiento carece de base. Las contradicciones objetivas pueden y deben concebirse como no contradictorias desde el punto de vista lógico. Toda con­tradicción en los juicios sobre un mismo tema demuestra su falta de validez y debe ser eliminada. En efecto, la con­tradicción objetiva es la interrelación de las oposiciones. Una teoría científica debe reflejar correctamente la esencia de cada oposición y su anexión recíproca. Pero si consigue un reflejo efectivamente adecuado, no expondrá juicios que se excluyan recíprocamente, ya que si existen dos juicios, uno de los cuales es absolutamente verdadero, el otro, que se refiere al mismo objeto y afirma algo diametralmente opuesto, ha de ser falso a todas luces. Toda teoría conse­cuentemente científica debe explicar de un modo completo y no contradictorio lógicamente los fenómenos que estudia.

¿Cómo puede compaginarse, en este caso, la exigencia de la lógica con la tesis de la dialéctica sobre el carácter objetivo de las contradicciones? Las leyes de la lógica for­mal son reglas para razonamientos consecuentes, y la propia lógica formal cumple la función de una gramática de juicios correctos. En virtud de eso, el cumplimiento de sus exigen­cias tiene una importancia primordial en la esfera de las demostraciones científicas. Pero la lógica formal no se ex­tiende a las relaciones objetivas y a las propiedades de los objetos, es decir, no tiene una validez ontológica.

Las propiedades y relaciones objetivas se subordinan a leyes dialécticas, y su expresión teórica son las leyes de la lógica dialéctica. Esto significa que la lógica dialéctica, la lógica objetiva y la teoría dialéctica del conocimiento, por su contenido, coinciden en grado considerable entre sí. La lógica dialéctica comprende todas las leyes y exigencias fun­damentales de la lógica formal, en cuanto reglas del razo­namiento científico. Además, incluye en sí tesis y leyes que se salen del límite de la lógica formal y caracterizan las propiedades del propio mundo objetivo.

No es muy satisfactorio, ciertamente, que la teoría ma­terialista dialéctica y la lógica formal empleen, a veces, los mismos términos, aunque lo hagan en diferente sentido. Eso se refiere, ante todo, al concepto de contradicción. En la lógica formal se entiende por contradicción la incompatibi­lidad entre la significación de los juicios, mientras que para el materialismo dialéctico es el proceso de interacción de las oposiciones objetivas.

Examinemos concretamente qué contradicciones y opo­siciones existen en la esfera de la naturaleza inorgánica.

Notas
[1] V. Lenin, Cuadernos filosóficos. En Obras completas, t. 38, pág. 3.

*Este escrito, a publicarse en varias partes, es el capítulo II del libro Dialéctica del Desarrollo en la Naturaleza Inorgánica, Editorial Grijalbo, México, 1963, pp.101-140. (Nota del Comité de Redacción).

Creación

Un Poema de Juan Gelman

Gaza...

Abu Salah murió, su mujer murió,
Abu Tawfiq murió,
su hijo murió, su mujer también.
Mohammed Ibrahim
murió, su madre murió, la mujer de
Nael Samouni murió, mucha gente
murió a 20.000 kilómetros de aquí.
Hay muchos muertos que callan a 20.000 kilómetros de aquí.
Mujeres muertas callan a 20.000 kilómetros de aquí.
Los niños muertos callan a 20.000 kilómetros de aquí.
Muchos que hablan nada dicen.
Ellos no hablan. Dicen. 
A 20.000 kilómetros de aquí.


Un Poema de Julio Carmona

Todos Somos Palestinos

Ha caído una bomba en mi destino
En mi cráneo en mis pies en mi intestino
Ha caído de la mano de un dios fino
Una bomba de hondo odio asesino
Al minuto de andar por mi camino
Me ha caído un balazo clandestino
Una espada del Damocles más porcino
Asida a un puño vil luciferino
Yo me sentí peruano ruso chino
Alemán canadiense argentino
Chileno japonés francés marino
Todas las sangres y todos los vinos
Sentí de todo el mundo herido el trino
Hoy por hoy todos somos palestinos


Un poema de Dante Castro

Quisiera detener los tanques con mis manos,
doblegar sus cañones, digerir sus balas
y asfixiar el aliento de sus motores.
Quisiera detener la sangre con mis manos,
que brota de las heridas de los que yacen conmigo.
Quisiera detener las lágrimas de mi madre,
porque sabe que jamás volveré a correr
por un parque que, como yo, ya no existe.
Quisiera detener el genocidio y la mentira
para decirle al mundo que nos están exterminando.
Pero el mundo no escucha nuestros lamentos
o será que enmudecimos bajo los escombros
de lo que hasta ayer eran nuestras casas.
Quisiera decirte a través de la pluma de un poeta
que aún quedan nuestros dispuestos a levantar
de las ruinas una nación que se niega a perecer.
Quisiera que escuches el silbido de las bombas,
vomitando los gases entre pedazos de concreto,
buscando a los tuyos, contando a los que quedan,
para que no llames terrorista a quien defiende
el hogar con un lanzacohetes al hombro.
CREACIÓN HEROICA