domingo, 1 de noviembre de 2026

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

El Socialismo Peruano

y la Lucha Electoral 

(Cuarta Parte) 

Eduardo Ibarra 

Por su parte –y como hemos visto más arriba–, Ramón García dice que, “Dada la situación actual de aplastamiento de la forma superior de lucha, la tarea del momento es la movilización por una nueva República”. Así, pues, a diferencia de la indeterminación del PCP-PR, García señala puntualmente el fracaso de la lucha armada del PCP-SL (fracaso, y no “aplastamiento”, porque si esto último fue posible, se debió a causas internas a dicho partido, causas que tuvieron su fuente en una línea ultraizquierdista). Como tal “aplastamiento” tenía como objetivo la instauración de un Estado de nueva democracia, puede entenderse que la frase “la tarea del momento es la movilización por una nueva República” significa un rebajamiento con respecto al mencionado objetivo. Sin embargo, en lo que sigue en el artículo “Frente Unido, para qué”, hay afirmaciones que parecen dar a entender que la “nueva República” es lo mismo que la “revolución de nueva democracia”. En esta indefinición formal se mueve el planteamiento de “una nueva República” de García. 

Pues bien, en el año 2000, Abimael Guzmán planteó la lucha por objetivos menores en relación al programa de su partido; es decir, en cierto sentido se adelantó en diez años a García. En aquel año, el dirigente senderista planteó la “democratización de la sociedad peruana”, una “producción nacional y trabajo para el pueblo” y “luchar por derechos fundamentales, económicos y sociales” (“Notas tomadas de exposición del presidente Gonzalo”, 11 de noviembre de 2000) y, complementando todo ello, propuso, como es de conocimiento general, una “nueva Constitución”. 

Ciertamente el fracaso de la revolución cultural china (desde el punto de vista de sus declarados objetivos, no desde el punto de vista de haberse confirmado como la necesaria lucha que desbroza el camino de la realización del comunismo), el retroceso de la revolución mundial a la situación de defensiva estratégica, la fragmentación de la clase obrera a escala mundial, la dispersión del movimiento comunista internacional, el fracaso del proyecto político-militar del PCP-SL, la reducción del movimiento marxista nacional a su mínima expresión, son hechos que tienen que considerarse necesariamente en el análisis de la actual situación nacional. 

García dice: “si el objetivo del Partido de clase es un nuevo Estado, el objetivo del Frente de clases es una nueva República.” Así, el objetivo del programa del Partido queda disociado del objetivo del Frente Unido y la lucha por un Estado de nueva democracia queda disociada de la lucha por la República de nueva democracia. Sin embargo, –y como hemos visto más arriba–, en el pensamiento de Mao el “sistema de Estado” está intrínsecamente ligado a la forma política de la República y, por lo tanto, el objetivo del programa del Partido se manifiesta, concretamente, en el objetivo del programa del Frente Unido. Por eso, el jefe de la revolución china enfatizó: “el frente único antijaponés representa esta forma de Estado de nueva democracia.” 

¿Cuál es el contenido de la “nueva República” que propone García? Pues “un nuevo derecho, un nuevo municipio, una nueva democracia.” Analicemos estas cuestiones. 

García dice que “el derecho al trabajo es la base del nuevo derecho” y que “El nuevo municipio expresa el derecho a la vida digna, material y espiritual, física e intelectual.” Ocurre, pues, que, luego de más de dos décadas, García no termina de ponerse de acuerdo consigo mismo. En 2002 sostuvo que “el nuevo municipio es el “por dónde empezar” de la lucha por el cambio social” (Polémica, año II, nº 4, marzo-mayo, 2002; subrayados en el original). Es decir, entonces sostenía “el nuevo municipio” no como resultado del “cambio social”, sino como su premisa. Concomitante con esto, planteaba que el municipio o, más exactamente el “nuevo municipio”, tiene «que ser una corporación de trabajo, Legislativa y Ejecutiva a la vez», que «tiene que planificar su economía, asumiendo sus funciones de producción, administración y gobierno.” (Municipio y Estado, mimeo.) 

Ahora mismo, García dice: 


Lograr paso a paso un 5, 10, 15, 20 % y más, de la representación municipal, es mostrar el nacimiento, crecimiento, potencialidad de la soberanía popular de la nueva República. De la progresión cuantitativa surge el cambio cualitativo, la conciencia de la necesidad del cambio social. (“Frente Unido, para qué”) 

Es decir, en el planteo de García el “nuevo municipio” cubre un proceso en el cual cada vez alcanza a más municipios hasta imponerse en la mayoría de ellos y, de este modo, surgirá “la necesidad del cambio social”. 

       Por eso, redondea su argumentación en los términos siguientes: 


Menospreciar la elección municipal por la elección regional, parlamentaria, presidencial de la vieja República (parlamentaria) es menospreciar la naciente representación de la soberanía popular. Es seguir con la oposición protestataria. (…) Los gobiernos municipales, reunidos formarán la Asamblea Popular. Y esta Asamblea Popular de la democracia participativa (nueva República) hace innecesario por obsoleto y anacrónico el Parlamento Nacional de la democracia representativa (vieja República).  La elección municipal es la vía que conduce de la legalidad a la legitimidad del Cambio Social. (Ibíd.) 

Aquí se observa una concepción evolucionista, una concepción no revolucionaria de la lucha de clases que, como sabemos, se desarrolla en espiral, no en línea recta, no como un proceso constante, incontenible y tranquilo como un proceso de la naturaleza. Peor aún: este proceso así concebido debe desembocar, como hemos visto, en la formación de una “Asamblea Popular” que haría innecesario el “Parlamento Nacional”; es decir, la legalidad de la labor del “nuevo municipio” conduce, como por un tubo, a la “legitimidad del Cambio Social”. Es decir, el “cambio social” recorre la vía del trabajo legal hasta el reemplazo del “Parlamento Nacional” (“vieja República”) por una “Asamblea Popular” (“nueva República”). Así de sencillo. En el fondo, se trata de una argumentación que sostiene, sibilinamente, la tesis revisionista de la “transición pacífica”. En efecto, al decir García que, “Dada la situación actual de aplastamiento de la forma superior de lucha, la tarea del momento es la movilización por una nueva República”, no solo está rebajando el objetivo de la lucha de clases del proletariado, sino que al mismo tiempo está proponiendo el pacífico “camino municipal al socialismo”. 

Así, la lucha directa de las masas (que es directa precisamente porque, predominantemente, no es legal), queda por fuera de la propuesta de García. No solo eso: la tesis mariateguiana según la cual “la praxis marxista… propone precisamente la conquista del poder político como base de la socialización de la riqueza” (Defensa del marxismo) es puesta de lado, y la democracia directa es reemplazada por la “democracia participativa”, que puede ser muy participativa, pero que, como es obvio, en las condiciones del capitalismo no puede servir sino para reproducir las relaciones capitalistas de producción y distribución. 

Así, huelga decir que cuestiones como el “trabajo emancipado”, “la vida digna material y espiritual”, etcétera, quedan sin base real que las haga posibles en el régimen capitalista. 

El municipio es parte del aparato del Estado burgués y, por lo tanto, la afirmación de Mariátegui que sigue es irrefutable: “los cauces legales no pueden contener una acción revolucionaria” (Temas de nuestra América). 

En conclusión, la “nueva República” no equivale a la revolución de nueva democracia y, así, teniendo en cuenta la lucha de clases tal como objetivamente tiene lugar, es un hecho que el planteamiento de García se limita a reestructurar el Estado burgués en sus bases municipales. 

       Es notorio que, con su artículo “Frente unido, para qué”, tenemos una vez más una muestra del método formalista de exposición de nuestro liquidador: coherencia interna formal que deja por fuera los hechos que contravienen su esquema previo. 

Es oportuno recordar que hace algunos años García intentara fusionar su grupo con el PCP-Unidad, uno de los partidos representativos de la “oposición protestataria”, y, además, que, en una elección de hace ya un tiempo, propagandizara votar por Kuczynski, representante de la “vieja República”. 

Desde el Informe al VII Congreso del PCP-PR a la fecha, han pasado veintiséis años, y desde el artículo de García “Frente unido, para qué”, han transcurrido veintitrés años.  Cabe, entonces, la pregunta: ¿dónde está la lucha por una “nueva República”? En los resultados de las elecciones generales de este año está la respuesta. 

Naturalmente, el análisis del contenido de la acción que debe desarrollar el proletariado consciente en el actual período, exige un artículo aparte.

 

17.08.2026.


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