jueves, 1 de octubre de 2026

Internacionales

Cuba Vencerá 

Atilio A. Boron 

PASAN LOS DÍAS y la autocracia trumpista en Estados Unidos persiste en su criminal política de endurecimiento del bloqueo en contra de Cuba. Desgraciadamente, lo hace ante la indiferencia de la mal llamada “comunidad internacional”, que si lo fuera debería haber reaccionado de inmediato exigiendo –y logrando- poner fin a esa política. 

Indiferencia compartida por los vasallos de Estados Unidos: la gran mayoría de los gobiernos europeos, de la Unión Europea (cuyos mandamases, Ursula von der Leyen y Kaja Kallas, son dos burócratas intoxicadas por su odio a Rusia y a todos los pueblos que resisten la dictadura imperial, de la cual ellas son incondicionales secuaces). Y también de Canadá, de Japón, de Corea. 

En suma, más allá de la geografía, de ese núcleo en avanzado proceso de pudrición que es el así llamado Occidente colectivo y sus instituciones, sumidas en una irreparable bancarrota. Pasividad, complicidad no solo con la agresión que sufre Cuba. También puesta en evidencia por su escandalosa insensibilidad ante el genocidio del pueblo palestino (y de Líbano, de Siria, de Cisjordania) perpetrado por el régimen sionista israelí, amén de su perpetua agresión en contra de Irán y los hutíes en Yemen. 

En suma, es todo el orden imperial que se ha venido abajo producto de la lenta pero inexorable putrefacción de sus fundamentos morales, dejando al desnudo su rapiña, sus intereses económicos y la monstruosa imagen del Leviatán imperial personificado en ese megalómano semisenil que habita la Casa Blanca y que se cree, o pretende ser, el dueño del mundo. 

En Asia se lo oye refunfuñar, pero sin mayores consecuencias prácticas. En África no se lo escucha. Peleado con sus peones europeos, ha reducido a las naciones de esa parte del mundo a la nulidad en materia de política internacional. Trump quiere, pero ya no puede, y eso lo enfurece e incentiva su agresividad. Pero todavía su presencia suena fuerte en Nuestra América, aunque no inspira el temor o la sumisión que antes lograba en el resto del mundo. 

La Argentina de Milei es un caso inigualable de prostibularia obsecuencia, de imposible generalización. El energúmeno de la Casa Rosada, antes furibundo partidario de la “autodeterminación” de los malvinenses, que deberían votar con sus pies si querían o no pertenecer a la Argentina, ahora habla de una “población implantada” que no puede imponerse por encima del principio de integración territorial que consagran las Naciones Unidas y que siempre defendió la Argentina. 

Por otra parte, nadie cree en lo que dice Milei, un bufón que no es sino un prescindible adminículo que Trump va a usar y luego descartar para renegociar el financiamiento británico de la OTAN. No en todos nuestros países, obvio, pero sí en varios hay una sorda rebeldía ante la prepotencia de Trump, rebeldía que a veces, en dependencia de qué tipo de gobierno hay en esos países, cuán organizado esté el campo popular y cuán profunda haya sido la labor de concientización antiimperialista realizada en el pasado, puede o no dar lugar a inesperadas reacciones populares. Creo firmemente que hay más pueblos antiimperialistas que gobiernos antiimperialistas en Latinoamérica y el Caribe, y también creo que esa ecuación en algún momento está destinada a revertirse. 

Retomando el hilo de nuestra argumentación, digamos que en este contexto global no podemos sino reclamar una solidaridad efectiva mundial con Cuba, no solo discursiva o retórica, sino concreta, traducida en ayuda material que le permita sobrevivir al vendaval del bloqueo al país más solidario del mundo. Necesitamos más gobiernos que tengan la audacia de desobedecer las órdenes del imperio, no solo por Cuba, sino también por interés propio, para evitar que el Leviatán desatado arrase con todo. 

Si logramos que cuatro o cinco de ellos organicen una caravana de tanqueros petroleros destinados a la ayuda humanitaria a Cuba, Washington tendría que hacer lo que ha hecho ya varias veces con Trump: tragarse sus amenazas. Ojalá aparezcan esos gobiernos. Por ahora y por razones tácticas, prefiero no convocarlos públicamente a esta empresa. Pero es “por ahora”, como decía Chávez.      

Termino expresando mi admiración por la notable resiliencia del pueblo y el gobierno cubanos, plantando cara a un sinfín de dificultades, privaciones e inconvenientes de todo tipo que están magníficamente retratados en la bella canción Un abrazo en medio del vendaval de María Isabel Perdigón Gutiérrez, que quiero compartir con ustedes. 

Cuba resiste y resistirá, pagando un precio exorbitante como lo hizo en su lucha por independizarse del dominio español en el siglo XIX. Pero lo hará una y mil veces por su honor nacional y su valentía; por ser la digna heredera de Martí y de Fidel. Es duro, y lo será tal vez más, pero tengo plena confianza en que esa isla indispensable para quienes queremos un mundo mejor saldrá victoriosa ante el desafío que le plantea, lo que para eterno desprestigio de Estados Unidos, el más criminal bloqueo jamás sufrido por pueblo alguno a lo largo de toda la historia de la humanidad.

 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/2026/09/07/cuba-vencera/

 

 

Cuba: Seis Décadas de Ataques Terroristas y Violencia Contra la Revolución 

Gabriel Vera Lopes 

AL CUMPLIRSE VEINTICINCO años de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez recordó las palabras pronunciadas por Fidel Castro aquel día, vinculándolas con la historia de los ataques terroristas que Cuba ha enfrentado durante más de seis décadas. 

“Creo que este hecho tan insólito debiera servir para crear la lucha internacional contra el terrorismo”, afirmó Fidel Castro aquel fatídico día. 

Agregando que “la lucha internacional contra el terrorismo no se resuelve eliminando a un terrorista por aquí y otro por allá; matando aquí y allá, usando métodos similares y sacrificando vidas inocentes. Se resuelve poniendo fin, entre otras cosas, al terrorismo de Estado y otras formas repulsivas de matar, poniendo fin a los genocidios, siguiendo lealmente una política de paz y de respeto a normas morales y legales que son ineludibles”. 

Al recordar aquellas palabras, Díaz-Canel denunció que actualmente Cuba sufre “un plan genocida para rendir por hambre al pueblo”, en referencia a la asfixia energética y a la ampliación de las políticas de guerra económica que el país enfrenta desde finales de enero de este año.      

“Cuba, que ha sufrido por más de 60 años ataques terroristas de diverso tipo, con un saldo de más de 3.400 muertos y 2.099 lesionados, hoy enfrenta un plan genocida para rendir por hambre al pueblo. Eso también es terrorismo, terrorismo de Estado”, afirmó el presidente cubano a través de sus redes sociales. 

Los ataques terroristas sufridos por Cuba 

Desde el triunfo de la Revolución, en 1959, Cuba debió enfrentar atentados, sabotajes e incluso incursiones armadas contra el proceso revolucionario. 

La explosión del buque francés La Coubre, en 1960; el incendio de la tienda El Encanto, en 1961; y la invasión de Playa Girón, ese mismo año, fueron algunos de los primeros episodios de una larga cadena de acciones violentas dirigidas contra la Revolución desde sus primeros años. 

Tras la derrota de las fuerzas mercenarias que intentaron invadir la isla por Playa Girón, Estados Unidos impuso el bloqueo como su principal política de agresión contra Cuba. A la vez, brindó apoyo, directa o indirectamente, a organizaciones contrarrevolucionarias asentadas principalmente en Estados Unidos, que durante las décadas siguientes llevaron adelante acciones armadas y atentados contra objetivos cubanos dentro y fuera de la isla. 

Uno de los episodios más graves ocurrió el 6 de octubre de 1976. Ese día, poco después de despegar de Barbados, dos bombas colocadas a bordo de un vuelo comercial de la aerolínea estatal Cubana de Aviación explotaron en pleno vuelo. Inmediatamente, las 73 personas que viajaban a bordo murieron. Entre las víctimas había 57 cubanos, entre ellos los 24 integrantes del equipo nacional juvenil de esgrima, además de 11 ciudadanos guyaneses y cinco ciudadanos norcoreanos. 

El atentado fue realizado por la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), una alianza clandestina de grupos paramilitares creada en junio de 1976 en República Dominicana, con el beneplácito de la CIA, con el objetivo de coordinar acciones armadas y atentados contra el gobierno cubano y sus representaciones en el exterior. 

Entre los principales dirigentes vinculados a la CORU estuvieron Luis Posada Carriles y Orlando Bosch. Bosch fue detenido en Venezuela tras el atentado, pero posteriormente recuperó su libertad. En 1990, el entonces presidente estadounidense George H. W. Bush le concedió un perdón administrativo, después de una intensa campaña de presión política impulsada por grupos de derecha en Florida. 

Bosch se estableció posteriormente en Miami, donde vivió durante años. Murió por causas naturales el 27 de abril de 2011, a los 84 años. 

Posada Carriles, por su parte, se trasladó a El Salvador y utilizó la identidad falsa de Ramón Medina mientras participaba en redes de abastecimiento vinculadas a la Contra nicaragüense durante el escándalo Irán-Contra. En la década de 1990 fue uno de los principales responsables de una serie de atentados con explosivos contra instalaciones turísticas en La Habana. 

Entre abril y septiembre de 1997, en pleno llamado Período Especial, Cuba sufrió una serie de atentados con explosivos contra instalaciones turísticas en La Habana. Por aquellos años, tras la caída de la Unión Soviética, el país había comenzado a desarrollar el sector turístico con el objetivo de obtener divisas. 

Los ataques tuvieron un claro propósito: aterrorizar al turismo para impedir que el país lograra consolidar esa industria. Los hoteles Copacabana, Capri, Nacional y Tritón, además del emblemático restaurante La Bodeguita del Medio, fueron algunas de las instalaciones que sufrieron atentados. En el Hotel Copacabana, una de las explosiones provocó la muerte del turista italiano Fabio Di Celmo y dejó cerca de una docena de personas heridas. 

La campaña de atentados estuvo organizada por una red de organizaciones de la derecha cubana en Miami, relacionadas con la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA), además de Posada Carriles, quien murió en Miami el 23 de mayo de 2018, a los 90 años, tras vivir impunemente durante años en el sur de Florida. 

El 25 de febrero de este año, poco después de que el gobierno de Estados Unidos amenazara con sancionar a cualquier país que “venda o suministre petróleo” a la isla, una unidad de las Tropas Guardafronteras de Cuba detectó una lancha rápida con matrícula del estado de Florida que navegaba ilegalmente en aguas territoriales cubanas. Al ser interceptados, los ocupantes de la embarcación abrieron fuego contra los efectivos militares cubanos. 

Como resultado del enfrentamiento en el mar, cuatro de los ocupantes de la lancha fallecieron y seis resultaron heridos, y posteriormente fueron detenidos y trasladados a centros de salud. La embarcación llevaba fusiles de asalto y de precisión, pistolas y cócteles molotov, así como diversos equipos de asalto y visión nocturna, bayonetas, ropa de camuflaje y munición de diferentes calibres, entre otros materiales. El gobierno cubano calificó el hecho como una “infiltración con fines terroristas”. 

 

Fuente: https://rebelion.org/cuba-seis-decadas-de-ataques-terroristas-y-violencia-contra-la-revolucion/

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