jueves, 1 de enero de 2026

Filosofía

Marx y Engels y el Materialismo Dialéctico*

Jorge Plejánov

UNO DE LOS MAYORES méritos de Marx y Engels a propósito del materialismo, es el de haber creado un método justo. Concentrando todos sus esfuerzos en la lucha contra el elemento especulativo de la filosofía de Hegel, Feuerbach no había apreciado ni utilizado debidamente el elemento dialéctico. A este propósito Feuerbach declaraba:

“La verdadera dialéctica no es un monólogo del pensador solitario consigo mismo; es un diálogo entre el yo y el ”.

En primer lugar, la dialéctica no tenía en Hegel el valor de “un monólogo del pensador solitario consigo mismo”, y, en segundo lugar, la observación de Feuerbach definió de manera justa el punto de partida, pero no el método de la filosofía. Han sido Marx y Engels quienes han llenado esta laguna habiendo comprendido que, aun combatiendo la filosofía especulativa de Hegel, era necesario no ignorar su dialéctica. Algunos críticos afirman que desde los primeros tiempos que siguieron a su ruptura con el idealismo, Marx manifestaba una gran indiferencia ante la dialéctica. Pero tal opinión, que parece exacta a primera vista, se halla desmentida por el hecho señalado más arriba, de que ya en los Deutsch-französische Jahrbücher, Engels se ocupaba del método dialéctico como del alma misma del nuevo sistema.

En todo caso, la segunda parte de la Miseria de la Filosofía no deja ninguna duda sobre el hecho de que Marx, en la época de su polémica con Proudhon, apreciaba perfectamente el valor del método dialéctico y sabía servirse de él. En esta discusión, la victoria de Marx fue la de un hombre que sabía pensar dialécticamente sobre otro que no había sabido comprender la esencia de aplicar el método dialéctico al análisis de la sociedad capitalista. Y esta misma segunda parte demuestra que la dialéctica, que en Hegel tenía un carácter puramente idealista, que se conserva también en Proudhon en la medida en que éste la había asimilado habría sido colocada por Marx sobre un fundamento materialista.1

Mas luego, caracterizando su dialéctica materialista, Marx escribía: “Para Hegel, el proceso del pensamiento, al que él convierte incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo de lo real, y esto la simple forma externa que toma cuerpo. Para mí, lo ideal no es, por el contrario, más que lo material traducido y traspuesto a la cabeza del hombre”2. Esta característica presupone un acuerdo completo con Feuerbach, primero en cuanto concierne a la opinión sobre la “idea” de Hegel, y, después, en lo que se refiere a las relaciones entre el ser y el pensar. Sólo un hombre convencido de la verdad del principio fundamental de la filosofía de Feuerbach: no es el pensar el que condiciona al ser, sino el ser el que condiciona el pensar, era capaz de “poner sobre sus pies” la dialéctica hegeliana.

Mucha gente confunde la dialéctica con la doctrina de la evolución. La dialéctica es, en efecto, una doctrina de la evolución. Pero difiere esencialmente de la “vulgar teoría de la evolución”, que descansa fundamentalmente sobre el principio de que ni la naturaleza ni la historia dan saltos y que todos los cambios se realizan en el mundo gradualmente. Hegel ya había demostrado que comprendida así la teoría de la evolución era inconsistente y ridícula.

“Cuando se quiere representar la aparición o desaparición de alguna cosa [dice Hegel en el primer tomo de su Lógica] se las representa ordinariamente como una aparición o desaparición graduales. Sin embargo, las transformaciones del ser no consisten solamente en el cambio de una cantidad en otra, sino también en el de la cantidad en calidad, e inversamente; cambio que, al suponer la sustitución de un fenómeno por otro, constituye una ruptura de la progresividad”.

Y cada vez que hay ruptura de la progresividad se produce un salto en el curso del desarrollo. Hegel demuestra después por una serie de ejemplos con qué frecuencia se producen saltos en la naturaleza, lo mismo que la historia, y pone de manifiesto el error ridículo que sirve de base a la vulgar “teoría de la evolución”.

“En la base de la doctrina de la progresividad [escribe] se encuentra la idea de que lo que surge existe ya efectivamente y permanece imperceptible únicamente a causa de su pequeñez. Lo mismo cuando se habla de desaparición gradual de un fenómeno, se supone que esta desaparición es un hecho cumplido y que el fenómeno que ocupa el lugar del precedente existe ya, pero que no son perceptibles todavía ni uno ni otro... Pero de esta manera se suprime de hecho toda aparición y toda desaparición. Explicar estas fases de un fenómeno dado, por la progresividad de la transformación es referir todo a una tautología engorrosa, puesto que es considerar como realizado de antemano (es decir, como ya aparecido o desaparecido) lo que está en vías de aparecer o desaparecer”3.

Marx y Engels han adoptado enteramente esta concepción dialéctica de Hegel sobre la inevitabilidad de los saltos en el proceso del desarrollo. Engels trata de ella de una manera detallada en su polémica con Dühring, y en esta ocasión la “pone sobre sus pies”, es decir, sobre una base materialista.

Así, por ejemplo, demuestra que el paso de una forma u otra no puede cumplirse sino por medio de un salto4. Encuentra, a este respecto, en la química moderna la confirmación del principio dialéctico de la transformación de la cantidad en calidad. En general, las leyes del pensamiento dialéctico son confirmadas, según él, por las propiedades dialécticas del ser. Aquí todavía, el ser condiciona el pensar.

Sin entrar en una caracterización más detallada de la dialéctica materialista (sobre sus relaciones con la que se puede llamar lógica elemental, paralelamente a la matemática elemental, ver nuestro prefacio a nuestra traducción del folleto Ludwig Feuerbach), recordaremos al lector que la teoría, que no veía en el proceso de la evolución más que modificaciones progresivas, y que dominó en el curso de estos últimos veinte años, ha comenzado a perder terreno aun en el dominio de la biología, donde era casi universalmente reconocida.

A este respecto, los trabajos de Armando Gautier y de Hugo De Vries parecen marcar una época. Basta decir que la teoría de las mutaciones de Vries no es otra cosa que la teoría de la evolución de las especies por saltos. (Ver su obra, en dos tomos, Die Mutationstheorie, Leipzig, 1901-1903; su informe Die Mutationen und die Mutationsperioden bei der Entstehung der Arten, Leipzig, 1901, así como sus conferencias en la Universidad de California, editadas en traducción alemana, con el título de Arten und Variatäten und ihre Entstehung durch die Mutation, Berlín, 1906).

Según la opinión de este eminente naturalista, el lado débil de la teoría de Darwin sobre el origen de las especies es precisamente la idea de que tal origen puede ser explicado por cambios graduales. Muy interesante y justa es igualmente la observación de De Vries cuando comprueba que la teoría de los cambios graduales que domina en la doctrina del origen de las especies ha ejercido una influencia desfavorable sobre el estudio experimental de las cuestiones de esta naturaleza.

Conviene agregar que en los medios naturalistas modernos, y muy particularmente entre los neolamarckianos, se observa una difusión rápida de la teoría de la materia animada, considerada por algunos como en oposición directa con el materialismo (ver, por ejemplo, el libro de R. H. Francé: Der heutige Stand der Darwin’schen Frage, Leipzig. 1907), que no representa, en realidad, si es comprendida de manera justa, sino la traducción en el lenguaje naturalista moderno, de la doctrina materialista de Feuerbach, de la unidad del ser y del pensar, del objeto y del sujeto5. Se puede afirmar con toda certidumbre que Marx y Engels habrían demostrado el más vivo interés por esta corriente que se manifiesta en las ciencias naturales, y que, a decir verdad, está todavía, por el momento muy insuficientemente estudiada.

Alejandro Herzen dijo, con razón, que la filosofía de Hegel, considerada por muchos como conservadora, a primera vista, es una verdadera álgebra de la revolución. Sin embargo, en Hegel esta álgebra permanecía sin ninguna aplicación a las cuestiones palpitantes de la vida práctica. El elemento especulativo tenía necesariamente que introducir el espíritu de conservadurismo en la filosofía del gran idealista. Algo muy diferente ocurre con la filosofía materialista de Marx. El “álgebra” revolucionaria aparece allí en toda la potencia invisible de su método dialéctico. Marx dice:

“La dialéctica mistificada llegó a ponerse de moda en Alemania, porque parecía transfigurar lo existente. Reducida a su forma racional, provoca la cólera y es el azote de la burguesía y de sus portavoces doctrinarios, porque en la inteligencia y explicación positiva de lo que existe abriga a la par la inteligencia de su negación, de su muerte forzosa; porque, crítica y revolucionaria por esencia, enfoca todas las formas actuales en pleno movimiento, sin omitir, por tanto, lo que tiene de perecedero y sin dejarse intimidar por nada”6.

Si se considera la dialéctica materialista desde el punto de vista de la literatura rusa, se puede decir que ella fue la primera que suministró un método necesario y suficiente para la solución de la cuestión del carácter racional de todo lo que existe, cuestión que tanto había atormentado a nuestro genial Bielinsky. Sólo el método dialéctico de Marx, aplicado al estudio de la vida rusa, nos ha demostrado lo que había de real en esta última y lo que solamente parecía serlo.

___________

(*) Jorge Plejánov, Cuestiones fundamentales del marxismo, parte V. Tomado de http://www.abertzalekomunista.net. Alejandría Proletaria. Valencia, agosto de 2017. germinal_1917@yahoo.es

(1) [1910] Ver la Miseria de la filosofía, segunda parte, primera y segunda observación [Miseria de la filosofía, Editorial Aguilar, Madrid, 1971, páginas 154-162]. Hay que observar, sin embargo, que Feuerbach también había criticado la dialéctica hegeliana desde el punto de vista materialista. “¿Qué puede decirse [se preguntaba] de una dialéctica que está en contradicción con el origen y la evolución de la Naturaleza? ¿Cuál es, pues, su “necesidad”? ¿Cuál la “objetividad” de una psicología, de una filosofía que hace abstracción de la única objetividad categórica e imperativa, fundamental y sólida, la objetividad de la naturaleza física, y que va hasta situar la verdad absoluta, la perfección del espíritu, el fin de los fines de la filosofía en el alejamiento completo de la naturaleza física, en la subjetividad absoluta y no limitada por ningún “no yo” de Fichte, por ninguna “cosa en sí” de Kant.” (K. Grün, tomo I, página 399).

(2) [Carlos Marx, El Capital, Tomo I, FCE, México, 1972, página XXIII].

(3) En lo que se refiere a la cuestión de los “saltos” ver nuestro trabajo El infortunio del señor Tijomirov, San Petersburgo, edición de M. Malyj, páginas 6-14. [De próxima publicación en Alejandría Proletaria].

(4) [1910] “Pese a toda la paulatinidad, la transición de una forma de movimiento a otra es siempre un salto, una inflexión decisiva. Tal es el caso de la transición entre la mecánica de los cuerpos celestes y la de las masas menores situadas en uno de ellos; también la transición de la mecánica de las masas a la mecánica de las moléculas, la cual incluye los movimientos que estudiamos en lo que suele llamarse propiamente física: calor, luz, electricidad, magnetismo; así también tiene lugar la transición entre la física de las moléculas y la de átomos (la química), con un salto decisivo; y aún más visiblemente es éste el caso en la transición de la acción química común al quimismo de la albúmina, al que llamamos vida. Dentro de la esfera de la vida los saltos se hacen cada vez más escasos e imperceptibles. Otra vez es Hegel el que tiene que corregir al señor Dühring.” [F. Engels, Anti-Dühring, Editorial Grijalbo, México, 1968, página 54].

(5) Sin hablar de Spinoza, es necesario no olvidar que muchos materialistas franceses del siglo XVIII se inclinaban hacia la teoría de la “materia animada”.

(6) [Carlos Marx, El Capital, Tomo I, FCE, México, 1972, página XXIV].


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