Nota:
El artículo que sigue es un esclarecimiento de la importancia fundamental de la asunción del marxismo-leninismo para la unidad ideológica –y no solo ideológica– del partido del proletariado, y en consecuencia para la reconstitución del partido de Mariátegui. Esta es una cuestión que hay que tener presente en todo momento, en particular contra el falso marxismo-leninismo y la oportunista afirmación de que, en relación a la verdad universal, “en lo esencial se tiene unidad” con los negadores del leninismo en tanto el marxismo de nuestra época, como hacen tanto el revisionismo de “izquierda” con su “marxismo-leninismo maoísmo” y un sector del revisionismo liquidacionista con su “marxismo” a secas.
01.01.2026.
Comité de Redacción.
¡Defender el
Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de
la Realidad Actual!
La Línea Ideológica del
Partido
Eduardo Ibarra
LA LÍNEA IDEOLÓGICA del Partido es la base de su línea teórica, su línea política y su línea orgánica. Sin una línea ideológica zanjada, el Partido no podría alcanzar su unidad en ninguno de sus otros ámbitos fundamentales. Es decir, no podría alcanzar su unidad como partido y convertirse en la máquina de combate que tendría que ser. Por eso, se suele decir que el Partido es la materialización en organización del marxismo-leninismo.
En la lucha por la Constitución, Mariátegui acordó el marxismo-leninismo como la base de unidad ideológica del Partido, aunque hay quienes pretenden negar esta verdad histórica. Este acuerdo –que de hecho venía desde los primeros esfuerzos por constituir el Partido en 1922-1923– se expresó en el trabajo de interpretación de la realidad peruana (Peruanicemos al Perú, 7 ensayos, etc.), el trabajo de propaganda (Amauta, Labor, etc.), el trabajo político de masas (CGTP, etc.) y la asunción de una posición esclarecida en el movimiento comunista internacional (Tercera Internacional). Así, Mariátegui y sus compañeros fundaron el Socialismo Peruano teniendo como fundamento el marxismo-leninismo. Todo esto es una verdad histórica indiscutible.
En la lucha por la Reconstitución, se
constatan algunos acuerdos relativos a la base de unidad ideológica del Partido
distintos al acordado por Mariátegui en 1928. Así, por ejemplo, en la V
Conferencia Nacional, se formuló la base de unidad ideológica del Partido como
“marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung”. En la Sexta Conferencia Nacional
(1969), esta formulación fue ratificada. Pero en la II Conferencia Nacional del PCP-SL (1982), se acordó que el marxismo-leninismo-maoísmo
es “la tercera etapa del marxismo”. Ya en el presente siglo, un grupo redujo la
verdad universal a solo “marxismo” (renunciando así al leninismo, o sea, al
marxismo-leninismo) y años después otro grupo renunció a su primigenio
“maoísmo” y se adhirió al “marxismo-leninismo” (aunque en la práctica lo
suplanta con el liberalismo burgués). Por otro lado, el COMITÉ DE
RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI (CRJCM) sostiene como base de unidad ideológica
el marxismo-leninismo (entendiendo esta formulación como la doctrina de Marx,
Engels, Lenin, Stalin, Mao), actualizando de este modo la base de unidad
ideológica del Partido acordada por Mariátegui en 1928. Esta base de unidad es asimismo
la base de unidad ideológica del COMITÉ DE COORDINACIÓN POR LA RECONSTITUCIÓN
DE PARTIDO DE MARIÁTEGUI (CCRPM).
De hecho, la formulación “marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung” era una réplica de la formulación esgrimida entonces por el PCCh, y, así, presentaba dos aspectos: primero, al ubicar el pensamiento de Mao, aun bajo la forma en que se hacía, en el mismo nivel que el marxismo-leninismo, se esgrimía la teoría de “las tres etapas del marxismo”; en esta medida se negaba la cualidad de época del leninismo y del marxismo en el desarrollo del marxismo implicada en la definición de Stalin de la doctrina: “el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria”, es decir, se dejaba a un lado la cuestión de las raíces históricas del marxismo, del leninismo y del propio pensamiento de Mao y, en consecuencia, se negaba inopinadamente el método de Stalin en el estudio y la comprensión del desarrollo del marxismo. Este era su aspecto negativo. Segundo, no obstante lo anterior, la formulación en cuestión encerraba el reconocimiento del pensamiento de Mao como desarrollo del marxismo-leninismo. Este era su aspecto positivo, aunque mal expresado. He aquí la contradicción contenida en la formulación “marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung”, pero también en la formulación “marxismo-leninismo-maoísmo”.(1)
Con el marxismo-leninismo como base de su unidad ideológica, el Partido tiene el factor determinante de su unidad teórica, política y orgánica. En consecuencia, en la lucha por la Reconstitución aquella unidad ideológica se expresa o debe expresarse en la defensa, actualización y desarrollo del pensamiento de Mariátegui, y esta triple tarea se expresa o debe expresarse en el trabajo teórico, en el trabajo de propaganda, en el trabajo político de masas y en el esclarecimiento de nuestra posición con respecto a la problemática del movimiento comunista internacional.
Solo con una
adhesión auténtica al marxismo-leninismo (y, por lo tanto, en lucha contra toda
desviación del mismo), es posible construir la base teórica de la
Reconstitución, los cuatro trabajos señalados y, en general, la permanente
construcción del Partido.
Nota
[1]
Para un esclarecimiento detallado del significado de las distintas
formulaciones, puede consultarse el extracto que republicamos en esta edición
de CREACIÓN HEROICA de nuestro artículo “El falso marxismo-leninismo de Jaime
Lastra”.
El Falso Marxismo-Leninismo de Jaime Lastra
(Extracto)
E. I.
PUES BIEN, la reconstitución del partido de Mariátegui tiene una base ideológica insustituible: el marxismo-leninismo. Por eso, es insoslayable analizar esta cuestión teniendo en cuenta los argumentos de quienes postulan el “marxismo-leninismo-maoísmo” (PCP-SL, PCR,EU, otras organizaciones que fueron parte del MRI, etc.); de quienes reducen la doctrina a solo marxismo (grupo liquidacionista encabezado por Ramón García); y de quienes utilizan el término, pero vaciado de su contenido revolucionario (como hacen los revisionistas a lo Jruschov-Brezhnev y sus epígonos), pues fundamentar el nombre de la doctrina como marxismo-leninismo es un problema teórico que tiene que ver directamente con la Reconstitución y, como se comprenderá, el Partido reconstituido requiere de una teoría acerca del desarrollo del marxismo y su denominación.
Como se sabe, Mariátegui acordó el marxismo-leninismo como la base de unidad ideológica del Partido. Y, tanto en “Principios programáticos del Partido Socialista” como en Defensa del marxismo, encontramos una fundamentación suficiente de este acuerdo. En este libro se puede leer:
La revolución rusa constituye, acéptenlo o no
los reformistas, el acontecimiento dominante del socialismo contemporáneo. Es
en ese acontecimiento, cuyo alcance histórico no se puede aún medir, donde hay
que ir a buscar la nueva etapa marxista.
(p. 22; cursivas nuestras).
Con lenguaje bíblico, el poeta Paul Valery
expresaba así en 1919 una línea genealógica: “Y éste fue Kant que engendró a
Hegel, el cual engendró a Marx, el cual engendró a…”. Aunque la revolución rusa
estaba ya en acto, era todavía muy temprano para no contentarse prudentemente
con estos puntos suspensivos, al llegar a la descendencia de Marx. Pero en
1925, C. Achelin los reemplazó por el nombre de Lenin. Y es probable que el
propio Paul Valery, no encontrase entonces demasiado atrevido ese modo de completar
su pensamiento. (…) El materialismo histórico reconoce en su origen tres
fuentes: la filosofía clásica alemana, la economía política inglesa y el
socialismo francés. Este es, precisamente, el concepto de Lenin. Conforme a él,
Kant y Hegel anteceden y originan a Marx primero y a Lenin después -añadimos
nosotros- de la misma manera que el capitalismo antecede y origina al
socialismo (p. 39; cursivas nuestras).
Lenin nos prueba, en la política práctica, con el testimonio irrecusable de una revolución, que el marxismo es el único medio de proseguir y superar a Marx (p. 126; cursivas nuestras).
En el fondo de estas citas se encuentra la solución a tres cuestiones concomitantes que, por haber sido cuestionadas, en alguna forma, por ciertas tendencias oportunistas, continúan en debate: ¿posee el marxismo la capacidad intrínseca de desarrollarse como verdad universal?, ¿el leninismo es un desarrollo de valor universal del marxismo?, ¿el leninismo es el marxismo de nuestra época? Con el aludido acuerdo del Partido Socialista del Perú, Mariátegui respondió positivamente a estos interrogantes; así, desde un principio, el Partido contó con una teoría sobre el desarrollo del marxismo y su denominación contemporánea.
En la actualidad, la solución del problema de la denominación de la doctrina se presenta en términos que exigen, más que ayer, ir a la esencia del mismo. ¿Qué hay en el fondo de la formulación “marxismo-leninismo-maoísmo”? ¿Qué hay en el fondo de la formulación de la doctrina como “marxismo”, así a secas? ¿Qué hay detrás de la formulación “marxismo-leninismo” sin entender por la misma la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao?
Stalin definió el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, definición general de la que se desprende esta definición específica: “o más exactamente [el leninismo es] la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular”, definición que solo se comprende y tiene legitimidad en el marco de aquella definición general.
El leninismo es una época en el desarrollo del marxismo. Stalin no dice esto explícitamente, pero con su definición del leninismo, lo da a entender sin margen a dudas. ¿Cómo podría ser que el leninismo, marxismo de nuestra época, no sea una época en el desarrollo del marxismo? El leninismo es, pues, el marxismo de nuestra época y, por lo tanto, no solo comprende el pensamiento de Lenin, sino también el de Stalin y el de Mao y, en una mirada prospectiva, puede decirse que podría comprender asimismo cualquier otro pensamiento marxista de valor universal que pueda surgir en nuestra época: la teoría de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado es una teoría abierta y los nuevos problemas relativos al paso al comunismo que surgirán necesariamente, hacen razonable la hipótesis de una nueva etapa en el desarrollo del marxismo de nuestra época.
Que el leninismo es el marxismo de nuestra época quiere decir que sus raíces históricas son el imperialismo y la revolución proletaria. Precisar esta cuestión es absolutamente indispensable y, dadas las circunstancias, completamente ineludible en el debate sobre el pensamiento de Mao. Por eso, un maoísta delirante pero informado como Abimael Guzmán, ensayó una solución al problema de las raíces históricas de este pensamiento. En la recopilación Guerra popular en el Perú. El pensamiento Gonzalo, t. II, pp. 313-314, se lee:
El maoísmo es la aplicación del marxismo-leninismo a los países atrasados, de la ofensiva estratégica de la revolución mundial y de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado.
Sin embargo, ocurre que “los países atrasados”, la revolución proletaria mundial –que Guzmán creyó que en los años ochenta estaba a la ofensiva estratégica– y la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado, son realidades propias de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. No representan, pues, una nueva época histórica; por lo tanto, Guzmán se equivocó. Dadas sus raíces históricas, el pensamiento de Mao es un desarrollo directo del marxismo de nuestra época, del leninismo, y, por eso, un desarrollo del marxismo-leninismo. En consecuencia, el término leninismo abarca el pensamiento de Mao y, debido a esto, en la denominación de la doctrina no tiene lugar el término “maoísmo”; darle un lugar en este marco, es reducir el leninismo a simple etapa del marxismo y hacer lo mismo con el propio marxismo.
Por otro lado, levantar un marxismo a secas es renunciar al leninismo y, por consiguiente, abjurar del marxismo-leninismo, pues encierra la idea de que el leninismo es un fenómeno exclusivamente ruso. El fondo de esta idea es la negación de la potencia generatriz del marxismo para desarrollarse como verdad universal y, por lo tanto, la idea de que solo puede desarrollarse como verdad particular. Esta idea fue puesta de manifiesto por un seguidor de García al escribir que “Lenin es para Rusia y Mao para China”. En cuanto a Mao, esta idea se encuentra en la literatura del revisionismo chino, cuyos representantes niegan el valor universal del pensamiento de Mao al definir el mismo nada más como “la integración de los principios universales del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución china” («Resolución» de la VI Sesión Plenaria del XI Comité Central del PCCh, 27 de junio de 1981).
Como es de conocimiento común, el revisionismo jruschoviano-brezhneviano no renunció formalmente a la denominación de la doctrina como marxismo-leninismo. Pero defenestró a Stalin y prácticamente congeló a Lenin. De esta forma su “marxismo-leninismo” solo le sirvió como diversivo, como tapadera, como engañabobos; así, los marxista-leninistas auténticos saben que el “marxismo-leninismo” jruschoviano-brezhneviano es revisionismo. Dada esta situación, es necesario explicar que, cuando es auténticamente asumido, el marxismo-leninismo da cuenta de la adhesión a la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao. Esto significa que esta denominación tiene un valor explicativo en relación a la denominación de la doctrina como marxismo-leninismo, pero, por cuanto este término representa el nombre políticamente exacto de la doctrina, la denominación de la misma según la nomenclatura de sus representantes no tiene una plena validez política independiente de su denominación como marxismo-leninismo.
Pues bien, como todos los que quieren saberlo lo saben, Lastra ha suplantado el marxismo-leninismo por el liberalismo burgués, ideología esta que norma toda su actividad partidista y frentista (ver nuestro artículo “El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno”). Por lo tanto, ¿cómo podría decirse que su marxismo-leninismo es auténtico?
En una Intervención en la Conferencia de Representantes de Partidos Comunistas y Obreros realizada en Moscú en noviembre de 1957, Mao señaló:
En realidad, hay diversos tipos de marxistas: marxistas en un 100 por ciento, marxistas en un noventa por ciento, marxistas en un 80 por ciento, marxistas en un 70 por ciento, marxistas en un sesenta por ciento, marxistas en un cincuenta por ciento, y algunos son marxistas sólo en un 10 ó 20 por ciento. (Obras escogidas, t. V, p. 562).
Puesto que desde hace tiempo Lastra se muestra partidario del liberalismo burgués y es uno de sus introductores entre las clases trabajadoras, puede decirse que es marxista solo al 10 o 20 por ciento, pero únicamente si se tiene en cuenta de manera relajada el lenguaje que utiliza.
Si se mira bien, la exposición de Lastra sobre el marxismo-leninismo es descriptiva y no analítica, razón por la cual no ha sido capaz de revelar la esencia del problema en cuestión. Así, se limita a decir que tal organización plantea tal cosa, tal otra organización plantea tal otra cosa y que lo correcto es lo que él dice solo porque él lo dice: “… la desviación ultraizquierdista… [cambió] la formulación de marxismo-leninismo, pensamiento Mao-tsetung por marxismo-leninismo-maoísmo” (“El trabajo por la reconstitución de la vanguardia”, artículo publicado en la edición 35 de la espuria Creación Heroica, p. 5); “Las tendencias de oportunismo de derecha (sic) procedieron a desconocer la BUP queriendo reducirla a la sola mención (sic) de ‘marxismo’” (ibídem); “consideramos que una formulación a la doctrina (sic) sería: adherir a la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao” (lugar citado, p. 6).
Comprobadamente, pues, Lastra se limita a describir y, encima, tiene la desfachatez de decirle al lector: “[nosotros] consideramos que…”, sin explicar absolutamente porqué considera lo que considera.
Es decir, también aquí Lastra juega a ser Dios: cree que basta su palabra, y que, puestos de hinojos, los lectores tienen que creer en ella.
Veamos una cuestión más. Ya hemos adelantado que el nombre políticamente exacto de la doctrina proletaria es marxismo-leninismo, y que, en relación a este nombre, la denominación de la doctrina como la de “Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao”, tiene un valor explicativo. Pero sucede que, como hemos visto, Lastra autonomiza esta denominación al mismo tiempo que hace a un lado la denominación políticamente exacta de la doctrina.
Lastra dice:
El debate de (sic) una justa y correcta denominación de la doctrina continuará, pero evitando rupturas por formalismos, cuando en lo esencial se tiene unidad.(1)
Aquí Lastra muestra, una vez más, que suele repetir al liquidador Ramón García, quien, falseando los términos del correcto planteamiento del problema de la denominación de la doctrina, muy suelto de huesos llegó a esgrimir este sofisma:
… la discusión hasta bizantina acerca de si la doctrina se denomina Marxismo-leninismo o Marxismo–leninismo-maoísmo. Así, la posición respecto al marxismo se entiende como la lucha por un guion más o un guion menos” (“El partido de Mariátegui”, artículo publicado en la red).
Esta necedad fue desmontada hace mucho por nosotros (ver nuestro artículo “Acerca de algunos sofismas”, republicado hace poco en este blog).
Es claro, pues, que, quienes postulan un pretendido “marxismo-leninismo-maoísmo”, lo que hacen es negar el leninismo como el marxismo de nuestra época; y quienes reducen la denominación de la doctrina al solo término marxismo, lo que hacen es negar la potencia intrínseca del marxismo de desarrollarse como verdad universal. Y, obviamente, ambas posiciones no son precisamente marxismo.
No obstante, Lastra cree que el problema de la denominación de la doctrina es nada más que un “formalismo”, y, además, que este “formalismo” no impide la “unidad” (partidaria, se sobreentiende, pues aquí se trata de la doctrina), porque, según agrega, “en lo esencial se tiene unidad”. En consecuencia, se impone esta pregunta: ¿qué es, en la frase citada, “lo esencial”? Lastra no dice absolutamente nada acerca de esto. Por eso, hay que subrayar: el conjunto que hacen las diferentes denominaciones de la doctrina, encierra precisamente estas cuestiones esenciales: 1) potencia intrínseca del marxismo de desarrollarse como verdad universal; 2) el leninismo es una época en el desarrollo del marxismo; 3) el pensamiento de Mao tiene las mismas raíces históricas que el leninismo; 4) por lo tanto, basta el término leninismo para expresar el marxismo de nuestra época. Entonces, las discrepancias en torno a la denominación de la doctrina no son ni pueden ser un simple “formalismo”, sino una cuestión teórica de primera importancia. Por lo tanto, ¿cómo hablar de unidad partidaria, como hace Lastra, con quienes niegan las esenciales cuestiones propias del marxismo-leninismo que acabamos de reseñar? ¿Cómo puede decirse que “en lo esencial se tiene unidad” con los negadores del marxismo-leninismo? ¿Cómo? Es evidente, pues, que, hasta cuando trata de una cuestión tan básica en la construcción del Partido, tan determinante en la lucha por la Reconstitución, como precisamente es la cuestión de la doctrina marxista-leninista, Lastra no puede sofrenar su liberalismo burgués ni su proclividad a la conciliación, a la metafísica, a la adulación, a la amalgama. De esta forma promueve la unidad partidaria de los marxista-leninistas con sus negadores (revisionistas de “izquierda” a lo Guzmán y revisionistas liquidadores del grupo de García). Por consiguiente, cualquiera que mantenga su sano juicio marxista, no puede dejar de ver que, con aquello de que “en lo esencial se tiene unidad” con los negadores del marxismo-leninismo, Lastra promueve un partido doctrinariamente heterogéneo.(2)
Por otro lado, hay que anotar que en los textos “El trabajo por la reconstitución de la vanguardia”, “¿Reafirmación o reformulación de la base de unidad partidaria?” y “Debate sobre marxismo-leninismo-maoísmo (Parte 1)” (pésimamente escritos, dicho sea de paso), hay un verdadero cúmulo de equívocos, incoherencias, ambigüedades, absurdos y hasta frases ininteligibles, como por ejemplo la que sigue: “unidad ideológica doctrinalmente homogénea” (“El trabajo por la reconstitución…”, p. 5).
Así, pues, lo anotado hasta aquí basta para mostrar que el artículo de Lastra sobre la verdad universal no es ninguna contribución a la reconstitución del partido de Mariátegui, sino, todo lo contrario, una argumentación que abona la propuesta de un partido doctrinariamente heterogéneo.
Así las cosas, llegado el momento de la amalgama Lastra se vería en un verdadero aprieto para expresar en una formulación única la “unidad” de todos los amalgamados: los que niegan el marxismo-leninismo con aquello de las “tres etapas” del marxismo, los que lo niegan con aquello del marxismo a secas (a los que pueden agregarse aquellos que esgrimen un marxismo-leninismo a lo Jruschov-Brezhnev).
Como vemos, si el “marxismo-leninismo-maoísmo” de Lastra fue falso, ahora su “marxismo-leninismo” también es falso, pues el liberalismo burgués continúa siendo el patrón que guía toda su divagación pretendidamente teórica, toda su actividad partidista, toda su actividad frentista. No darse cuenta de esta realidad, es incapacidad; y tratar de encubrirla con un poco de fraseología, es servilismo.
Es preciso subrayarlo: con los textos producidos en el
COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI, la lucha por la Reconstitución
cuenta con una teoría desarrollada sobre la verdad universal del proletariado y
el problema de su denominación.
Notas
[1] La
frase “evitando rupturas por formalismos” es sumamente expresiva, pues quiere
decir que Lastra se siente en una situación de unidad ideológica con los
negadores del marxismo-leninismo y, es por esto que quiere evitar una ruptura
con los mismos. ¡Esta es la misteriosa
“esencia” de la que habla nuestro confundido y confusionista liquidador! ¡Este
es su “marxismo-leninismo”!
[2] Sin embargo,
expresando sin querer su oportunismo, en el artículo “El trabajo por la
reconstitución…” Lastra se llena la boca hablando de la base de unidad
partidaria: “adherir a la BUP, hoy en proceso de reformulación”; “sobre esta
reformulación habrá que ir precisando y aterrizando mediante la coordinación y
cooperación ante los requerimientos de las masas en resistencia y lucha contra
la clase dominante”. Como vemos, sin precisar en qué consiste, concretamente,
esa “reformulación”, Lastra habla de las masas para encubrir su insolvencia
teórica, cosa que hace a menudo. Cuando Stalin escribió Los Fundamentos del Leninismo y Cuestiones
del leninismo, lo que hizo fue desplegar la lucha teórica contra el
oportunismo que negaba o tergiversaba el leninismo, y lo que resultó fue la
fundamentación, insuperada, del leninismo como el marxismo de nuestra época.
Sin embargo, Lastra procede de manera completamente contraria: con el pretexto
de que “en lo esencial se tiene unidad” con los negadores del
marxismo-leninismo, pretende abonar un partido doctrinariamente heterogéneo.
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