lunes, 1 de abril de 2024

Internacionales

La Derrota Diplomática de Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU No Persuade a Esta Potencia a No Continuar con el Genocidio

Santiago Ibarra

EL 25 DE MARZO EL CONSEJO DE SEGURIDAD de la ONU aprobó la resolución 2728 que exige a Israel el cese el fuego inmediato en la Franja de Gaza, hasta la conclusión del Ramadán. La orden de alto el fuego es apenas por dos semanas. Casi seis meses ha tardado el Consejo de Seguridad en sacar una resolución de alto el fuego y cuando al fin lo hace no ordena un cese el fuego permanente sino uno temporal y de muy corta duración.

La resolución exige también la liberación inmediata de los rehenes y que Israel permita que la ayuda humanitaria internacional llegue a los gazatíes. Centenares de gazatíes han muerto por hambre y centenares de miles más corren el riesgo de morir por la misma razón. Llevar a los palestinos a la muerte por hambre es una estrategia deliberada de Israel para obligar a los palestinos a abandonar su propia tierra y buscar refugio en Egipto.

La resolución es aprobada en el mismo momento en que Francisca Albanese, relatora especial de la ONU, publicita que este organismo ha publicado un informe en el que sostiene que “hay motivos razonables” para calificar de genocidio las acciones de Israel en Gaza. A la vez, amplios sectores de la comunidad internacional y ciudadanos de diferentes partes del mundo no han dejado de manifestar su repudio al accionar de Israel.

Por primera vez Estados Unidos no ha vetado una resolución que exige a Israel el cese el fuego inmediato. Tampoco la ha aprobado, solo se ha abstenido. ¿Significa esto que Estados Unidos busca ahora de alguna forma la paz en Gaza? ¿Significa esto que Estados Unidos ha tomado conciencia de la necesidad de ponerle un alto al sufrimiento de la gente en Gaza?

La respuesta a estas preguntas es negativa. Estados Unidos hizo a un lado la posibilidad de veto a la resolución básicamente por un cálculo político-electoral: las protestas al interior de los Estados Unidos en general y del Partido Demócrata en particular amenazan con restarle votos a Biden en las elecciones nacionales de noviembre de este año. Es un cálculo de costo-beneficios lo que ha empujado al gobierno de Biden a abstenerse en la votación del 25 de marzo y no alguna súbita conversión.

Por lo demás, la propia embajadora de Estados Unidos, Linda Thomas-Greenfield, ha manifestado que su país no ha variado su posición respecto a Israel. Pero la embajadora juega a la ambigûedad: por un lado afirma que les hubiera gustado aprobar la resolución, y de otro lado afirma muy cínicamente que la resolución no es vinculante (especialistas en derecho internacional, en cambio, afirman que sí lo es). La embajadora se opuso además a que la resolución llame a buscar un “alto el fuego permanente” y logró imponer la frase de un “alto el fuego duradero”.

Todos sabemos que Estados Unidos (conjuntamente con Alemania, Reino Unido, entre otros países) es el país que más ha contribuido a armar y a financiar a Israel para que cometa el genocidio contra el pueblo palestino de Gaza.

Se sabe también que Estados Unidos le ha quitado a la UNRWA, organismo de la ONU que asiste a los palestinos en condición de refugiados, el financiamiento, sin razones que justifiquen tal decisión. La intención es obviamente inducir a la muerte por hambre a la población palestina.

Y ahora se sabe por una publicación del 22 de marzo de The Washington Post que secretamente Biden ha aprobado el envío a Israel de más de 1.800 bombas MK84 de mil kilos y 500 bombas MK82 de 250 kilos, así como de 25 cazas F-35. Son estas bombas las que han provocado la muerte de más de 32 mil palestinos y la destrucción de más de 170 mil edificios en Gaza, según la BBC.

Mientras la embajadora de Estados Unidos finge en el Consejo de Seguridad que su país tiene el deseo de que esta guerra genocida se acabe, su gobierno continúa armando a Israel para prolongar la política de exterminio del pueblo gazatí.

¿Y cuál ha sido la respuesta de Israel a la mencionada resolución? El canciller Israel Katz ha dicho: "el Estado de Israel no cesará el fuego. Destruiremos a Hamás y continuaremos luchando hasta el regreso a su hogar de todos los rehenes". Por su parte, Netanyahu ha dicho el 31 de marzo que la ofensiva contra Rafah es inminente. Israel no acatará la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU y continuará con su ofensiva militar que destruye Gaza y lleva a la muerte y al sufrimiento a todo el pueblo gazatí.

Ni las protestas en Estados Unidos y el resto del mundo ni la derrota diplomática en la ONU ni el informe de la ONU que afirma que hay “motivos razonables” para creer que el accionar de Israel es genocida persuaden a este estado para detener el genocidio. Israel continúa con su plan de apoderarse completamente de Gaza (y Cisjordania) y exterminar y liquidar al pueblo palestino como sujeto político.

El embajador de Israel, Gilad Erdan, afirmó en el Consejo de Seguridad que el atentado del 7 de octubre de 2023 originó la ofensiva israelí. Esta aseveración oculta lo siguiente: desde 1917 y especialmente desde 1948 Israel ha venido apoderándose de un territorio habitado por palestinos reduciendo a éstos a una minúscula parte de ese espacio físico. Lo poco que le queda a Palestina, como por ejemplo Cisjordania, también viene siendo ocupado por los israelíes mediante miles de colonos. En los últimos meses, en Cisjordania también se ha matado y apresado a palestinos y se ha destruido centenares de sus viviendas. Entonces, recurrir al atentado del 7 de octubre es solo un pretexto para hacer a gran escala y en poco tiempo lo que Israel viene haciendo desde hace décadas: despojar a los palestinos de sus tierras y riquezas naturales.

Para lograr el objetivo de derrotar a Hamás y de terminar de apoderarse del territorio palestino, Israel y su principal aliado, los Estados Unidos, no dudan en colocarse fuera del derecho internacional. Ambos estados, con la complicidad de sus aliados europeos, han impuesto unilateralmente un estado de excepción en el Medio Oriente, violando la soberanía de los estados y los derechos humanos de las poblaciones de esa región.

Luego de que la resolución fuera aprobada, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha llamado a los países del mundo a romper relaciones diplomáticas con Israel si éste no acata la resolución de la ONU. Es lo mínimo que se debe hacer (siguiendo los pasos de Bolivia), ahora que Netanyahu ha anunciado que de todas formas atacarán a Rafah. La derrota diplomática de Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU podría estar facilitando una decisión política de esta naturaleza por parte de la comunidad internacional.

¿Tomaría en cuenta Israel este nuevo contexto internacional para detener el genocidio? Para responder a esta pregunta no podemos seguir nuestros deseos subjetivos, sino las tendencias objetivas que se presentan en el escenario, y estas tendencias expresan la decisión de Israel de liquidar a Palestina de una vez por todas como sujeto político.

Pero de otro lado tenemos a una Palestina decidida a defender su tierra y su derecho a la existencia. Si se da la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel por parte de la comunidad internacional o de un sector de ésta el siguiente paso será, como ya lo han manifestado varios embajadores del Consejo de Seguridad, luchar por un alto el fuego permanente y la constitución de Palestina como un Estado soberano. Y como la lucha en las calles tiene un peso específico importante, éstas no pueden detenerse y deben ampliarse alrededor del mundo.




La Historia de Haití y la Revolución que con Tanta Urgencia Necesita Hoy

 

 

Primera parte: Con heroísmo, el pueblo haitiano tumbó al infierno de la esclavitud... sólo para salir atrapado y explotado por el imperialismo

 

Revolución

 

 

 

Nuestro artículo de la semana pasada (“La crisis en Haití clama por una revolución REAL”) desafió agudamente la opinión convencional de que “la salida” de la crisis actual es traer a ocupantes extranjeros armados y luego celebrar unas llamadas “elecciones libres”. Argumentamos que los problemas que enfrenta el pueblo de Haití —al igual que problemas similares que afectan a países de todo el mundo— son el resultado de la dominación del capitalismo y el imperialismo, y que no pueden “solucionarse” con un cambio de rostros en la cima. Y concluimos que “toda la historia de Haití manifiesta la realidad de que este tipo de revolución profunda, y nada menos, nada más, proporciona la única solución a la pesadilla que el imperialismo mundial ha configurado” — en Haití y en todo el mundo.

Este artículo comenzará a examinar algunos aspectos cruciales de la historia de Haití que ilustran y subrayan esta cuestión.

 

En 1492, Cristóbal Colón desembarcó en la parte occidental de la isla caribeña de La Española, conocida como Ayití (Haití) por sus nativos, y la reclamó para el imperio español.

 

Así comenzó el descenso de Haití a los infiernos. Los colonos españoles esclavizaron a los nativos taínos arawak para minar el oro. “En 50 años, alrededor de medio millón de arahuacos habían sido exterminados”1 y se agotó todo el oro. Los españoles continuaron extendiendo su dominio asesino por la mayor parte de América del Sur y Central.

 

Poco a poco, los colonos franceses comenzaron a establecerse y en 1696 España cedió el control de la parte occidental de la isla a Francia. (El este, lo que ahora es la República Dominicana, permaneció en manos españolas). Esto abrió el camino a 100 años de cruel dominio francés.

 

Francia “importó” cientos de miles de africanos secuestrados y esclavizados para trabajar —y morir— bajo el sol tropical de Haití. Trabajaban 12 horas al día, seis días a la semana, en plantaciones de café y cañaverales, desnudos o vestidos con harapos. Los crueles capataces azotaban a hombres y mujeres, niños y ancianos por igual si aflojaban.

 

Quienes se resistían o huían se toparon con torturas verdaderamente indescriptibles. Como informó el New York Times, los esclavos eran “mantenidos bajo control mediante el hambre, el agotamiento y los actos públicos de extrema violencia. Multitudes de colonos se reunieron en una de las elegantes plazas de la isla para ver cómo los quemaban vivos o los quebraban, hueso a hueso, sobre una rueda. Los castigos sádicos eran tan comunes que recibieron nombres como ‘cuatro postes’ o la ‘escalera’, señalan los historiadores. Había hasta una técnica de rellenar a los esclavos con pólvora para hacerlos estallar como balas de cañón, descrita como encender ‘un poco de pólvora en el culo’, según el historiador francés Pierre de Vaissière”2.

 

Acusado de torturar hasta la muerte a dos esclavas, un dueño de esclavos no lo negó, pero “justificó” su bárbaro crimen, escribiendo que lo único que evita que “el esclavo apuñale al amo” es “el poder absoluto que tiene sobre él”. El tribunal lo absolvió3.

 

La sangre y el sudor derramados por los esclavos produjeron enormes riquezas para los propietarios de esclavos en Haití Francia. Haití era la colonia más rentable del mundo, el mayor productor de azúcar y un importante productor de café4. Esta riqueza no sólo alimentó el apetito por lujos de los propietarios haitianos de esclavos y de la clase aristocrática dominante en Francia, sino que proporcionó gran parte de las bases para el nacimiento y crecimiento del capitalismo francés que estaba surgiendo en ese momento y tomó el poder por medio de la Revolución Francesa (1789-1799)5.

 

La primera rebelión triunfante de esclavos en el mundo

 

En 1791, se inició una rebelión masiva de esclavos, comenzando con esclavos armados con armas primitivas. Usando lo que tenían, se apoderaron y quemaron las odiadas plantaciones y derrotaron a las fuerzas armadas de los esclavistas. Luego, Gran Bretaña y España (las potencias coloniales que vieron en la rebelión de los esclavos una oportunidad para que pudieran echar a Francia y esclavizar a Haití para sí mismas) enviaron ejércitos a Haití; los esclavos revolucionarios derrotaron a ambas potencias. Finalmente, el general y líder francés más famoso, Napoleón, envió un ejército de cuando menos 23.000 soldados experimentados, recién llegados de conquistar gran parte de Europa. Ellos también fueron derrotados por los esclavos. El 1º de enero de 1804, Haití declaró su independencia y abolió la esclavitud, lo que representó la primera revolución triunfante de esclavos en la historia.

 

Este fue, y sigue siendo, una hazaña inspiradora. Pero ¿cuál fue la situación a la que enfrentaban los esclavos recién liberados? Su propio país había sido devastado por 12 años de guerra. Hasta un tercio de la población negra había muerto en la guerra. Casi toda la infraestructura básica (plantaciones, sistemas de riego, edificios, herramientas) resultó destruida y fue necesario reconstruirla.

 

En ese momento de la historia de la humanidad, no había manera de organizar una economía más que de una u otra forma de explotación: esclavitud, feudalismo o capitalismo6. Pero en realidad, incluso la opción de desarrollarse como un país capitalista independiente quedó cerrada. Haití no nació en un mundo de países en libre desarrollo, sino en un mundo ya dividido entre países oprimidos y opresores. Era un mundo dominado por el colonialismo europeo, que pronto se convertiría en el capitalismo-imperialismo.

 

Las potencias coloniales odiaban y temían lo que representaba Haití: el potencial de las personas oprimidas y esclavizadas —sobre las cuales se basaba el poder y la riqueza de dichas potencias— de levantarse en contra de esas potencias7. Al mismo tiempo, todas estas potencias ojeaban a Haití como un jugoso trozo de carne que querían incorporar (o en el caso de Francia, reincorporar) a sus imperios.

 

Así que, en su mayor parte, se unieron a los esfuerzos franceses para aislar y debilitar a Haití. Ningún país reconoció siquiera a Haití hasta 1815, y Estados Unidos no lo reconoció hasta 1862, ¡58 años después de su independencia! Esto tuvo un impacto real en Haití, limitando el comercio internacional que era necesario para la reconstrucción.

 

Todo esto hizo que la situación general de Haití fuera extremadamente frágil. En estas condiciones, la amenaza de una invasión extranjera, reconquista y nueva esclavitud era muy real. Por eso, la mayoría de los ya limitados recursos de Haití se canalizaron hacia la defensa militar, incluida una red de 30 fortalezas frente al mar cuya construcción requirió 10 años y decenas de miles de personas.

 

Dominación imperialista francesa: la deuda, una nueva forma de esclavización

 

Luego, en 1825, 14 buques de guerra franceses navegaron hacia las aguas de Haití. Su comandante exigió: Haití debe pagar 150 millones de francos por concepto de “reparaciones”8 por la “propiedad” perdida de Francia: ¡los esclavos! A cambio, Francia dijo que reconocería a Haití y abriría un comercio más amplio (con condiciones que harían que ese comercio fuera más favorable para Francia que para otros países).

 

Ante la perspectiva de otra guerra con una potencia importante, y la promesa de paz y un comercio internacional que se necesitaba desesperadamente, los gobernantes de Haití acordaron pagar la “deuda” que Francia afirmaba que “debían”.

 

La suma de 150 millones de francos era una enorme cantidad de dinero: casi el doble de lo que Francia cobró a Estados Unidos por comprar el territorio de Luisiana, que es 77 veces más grande que Haití. Se dividió en cinco cuotas, pero incluso la primera cuota de 24 millones de francos estaba mucho más allá de los medios de Haití. En 1831, los líderes haitianos le dijeron a Francia que no podían pagar a tiempo. ¡Francia amenazó con invadir con 500.000 tropas!

 

Luego Francia “generosamente” conectó a Haití con un banco privado francés, que le prestó 30 millones de francos... ¡pero le cobró una comisión de seis millones! Ahora Haití estaba profundamente endeudado con Francia con los bancos privados.

 

Así que esto no fue sólo un enorme robo de un solo golpe; era una forma de atrapar a Haití en un ciclo interminable de deuda sobre deuda, con la imposición de los pagos mediante la amenaza de guerra. El pago de esta deuda continuó y se multiplicó hasta bien entrado el siglo 20; en algunos años sumó el 40 por ciento de los ingresos del gobierno de Haití. ¡Entre 1825 y 1957, la deuda internacional absorbió en promedio casi una quinta parte de los ingresos anuales de Haití!9

 

Pensemos en las implicaciones de esto. En primer lugar, significaba que había poco o ningún dinero para las funciones que normalmente desempeñan incluso los gobiernos opresivos. No hay dinero para escuelas públicas; incluso hoy (al año 2010) hay 14.424 escuelas privadas en comparación con tan sólo 1.240 escuelas públicas, y casi el 40 por ciento de la gente es analfabeta. No hay dinero para carreteras que conecten las diferentes partes del país y conecten las zonas rurales con las ciudades; todavía hoy, sólo se puede llegar a vastas extensiones del campo a pie, en mula o a caballo.

 

Y así sucesivamente: no hay dinero para sistemas de riego, para la forestación y gestión forestal, para control de inundaciones. No hay dinero para hospitales. No hay dinero para redes eléctricas o sistemas de agua. Todos estos problemas agobiantes persisten al día de hoy.

 

La deuda también le dio a Francia (y con el paso del tiempo, a Estados Unidos, que se convirtió en un importante “prestamista” para Haití a finales del siglo 19) palancas para interferir políticamente en Haití. Los buques de guerra franceses y estadounidenses a menudo “visitaban” los puertos haitianos, cuidando de su “inversión”. Cada vez más, los imperialistas rivales respaldarían a diferentes partidos políticos y grupos armados (conocidos como Cacos) conectados a estos partidos como una forma de consolidar su propio control. Esto agravó la inestabilidad política crónica y la guerra entre facciones. Entre 1843 y 1915, Haití tuvo 22 gobiernos diferentes. Luego los imperialistas se dieron la vuelta y señalaron esta “inestabilidad” (la que estaban azuzando) como “prueba” de que “los negros no pueden gobernarse a sí mismos”. En 1915, “garantizar el pago de la deuda” fue una de las justificaciones que utilizó Estados Unidos ¡para invadir a Haití y ocuparlo durante 19 años!

 

Mientras los gobiernos y los bancos imperialistas constantemente les pisaban el cuello, en gran medida el gobierno haitiano se convirtió en una “estación de bombeo”: succionando todo lo que las masas tenían más allá de las necesidades de supervivencia mediante impuestos exorbitantes, cargas aduaneras y otros medios, y luego lo canalizaban todo hacia las arcas del imperialismo (además de una parte que fue a parar a los dirigentes políticos y a las clases dominantes haitianas).

 

Y esto a su vez tiene consecuencias políticas. Por un lado, esta nueva forma de esclavización requiere, al igual que el antiguo sistema esclavista, un alto nivel de represión a las masas de personas a las que se les está robando hasta dejarlas en calzoncillos. Y, por otro lado, engendra corrupción en el gobierno, incluso entre los empleados de bajo nivel cuyos salarios tienen que ser “complementados” con sobornos para poder mantener a sus familias. Y en los niveles superiores, el poder del gobierno depende de cuánto se puede sacar de estas transferencias masivas de riqueza nacional10.

 

Así que, para resumir, el problema fundamental de Haití es la realidad de que durante 200 años ha estado atrapado en una red de opresión imperialista, lo que ha distorsionado a toda la sociedad (la economía, el sistema educativo, el gobierno, etc.) para adaptarla a las necesidades del imperialismo. Por eso volvemos a decir que nada menos que una revolución REAL y profunda (…) puede desencadenar y dirigir a las masas a desarraigar este viejo orden, de raíz y de rama, y reemplazarlo con un sistema basado en las necesidades del pueblo de Haití y de la humanidad en su conjunto, y defender esta nueva sociedad contra sus enemigos dentro y fuera de Haití.

 

Nuestro próximo artículo examinará la dominación estadounidense de más de un siglo de duración en Haití.

 

NOTAS:

 

1. Papa Doc, Baby Doc: Haití y los Duvalier, James Ferguson, 1987, Basil Blackwell Ltd., p. 1.

2. “The Ransom—The Root of Haiti’s Misery: Reparations to Enslavers”, Porter, Méheut, Apuzzo, Gebrekidan, New York Times, 26 de mayo de 2022.

3. “The Ransom”.

4. Damming the Flood: Haiti, Aristide and the Politics of Containment, Hallward, 2007, Verso Press, p. 9.

5. Carlos Marx —el fundador del comunismo— escribió en 1867, con amargo sarcasmo: “El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: son todos hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista”. Marx se refiere a la riqueza que proporcionó el “capital de arranque” para la rápida expansión de la industria capitalista en Europa en el siglo 18.

6. Únicamente con el mayor desarrollo en Europa de la industria capitalista (con todos sus horrores); el crecimiento de una clase de trabajadores desposeídos; y del mayor desarrollo de la ciencia y el método científico surgiría la base para la revolución comunista, con su objetivo de abolir todas las formas de opresión y explotación. Marx y su camarada Federico Engels publicaron El Manifiesto Comunista en 1848. La primera revolución comunista triunfante (en Rusia) no se produjo hasta 1917, más de un siglo después de la independencia de Haití.

7. Estados Unidos, aunque todavía no era una potencia colonial o imperialista, era una sociedad supremacista blanca en la que el crecimiento del capitalismo estaba entrelazado con la esclavitud en el Sur y dependía de ella. Los gobernantes estadounidenses estaban horrorizados y aterrorizados por la rebelión de los esclavos. Thomas Jefferson, ese símbolo de la “libertad”, describió a los esclavos rebeldes como “caníbales de la terrible república” y ofreció a los franceses que “nada será más fácil que dotar a su ejército y a su flota de todo y reducir [el ejército de los esclavos] a morir de inanición”.

8. Posteriormente, la cantidad se redujo a 90 millones de francos cuando los franceses se dieron cuenta de que la cantidad anterior estaba completamente fuera del alcance de Haití.

9. “The Ransom”.

10. Es importante enfatizar que todos los estados burgueses (capitalistas) facilitan e imponen la opresión de “su propia” población por parte de las clases explotadoras. Y en los países dominados por el imperialismo, como Haití, todos los gobiernos sirven o al menos se adaptan a las necesidades de los imperialistas y al robo de “su propio” país. Así que Haití no es de ninguna manera único, pero es un ejemplo muy extremo de opresión imperialista. Incluso en comparación con países vecinos como la República Dominicana, Jamaica o El Salvador, que también están amargamente oprimidos por el imperialismo, la situación del pueblo haitiano es dramáticamente peor.

 

 

Fuente: revcom.us


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