sábado, 1 de abril de 2017

Política

Nota:

Publicamos a continuación la primera parte de un artículo de nuestro compañero Eduardo Ibarra que responde a un comentario de Miguel Aragón sobre el folleto El Partido de Masas y de Ideas de José Carlos Mariátegui.

Puesto que, dadas sus falsas acusaciones, sus sofismas, sus falacias y demás, el comentario de Aragón se cae por sí mismo, nuestro compañero no consideró una prioridad contestar al mismo.

Solo ahora, tres meses después, ha  escrito una respuesta con el ánimo de desarrollar algunos conceptos y poner en evidencia, una vez más, los métodos criollos de los liquidadores.

El lector puede complementar la lectura del artículo de nuestro compañero con la lectura de los artículos Contra el Liquidacionismo Histórico, La Reunión de Barranco y el Liquidacionismo Histórico, La Fullería de Miguel Aragón, Una Aclaración Necesaria, Nuevas Mentiras de Miguel Aragón y Mucho Más que Eso, El Desvarío de Miguel Aragón, Programa o Base de Unidad: Una Falsa Disyuntiva, de Eduardo Ibarra, y del artículo Minería y Fetichismo de la Mercancía (Respuesta a Miguel Aragón), de César Risso, todos publicados en las páginas de esta revista digital.

01.04.2017.

COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI (CRJCM)


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!


Acerca de un Caso de Escamoteo e Impotencia


Eduardo Ibarra


En el artículo Dos folletos y dos conmemoraciones (06.12.2016), Miguel Aragón ha comentado, dizque, mi folleto El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui, salido a luz en setiembre del año próximo pasado.

El contenido de este folleto es la defensa del partido de clase y de la filiación marxista-leninista de Mariátegui y el PSP, así como la crítica a los sofismas y a las falacias con las que los liquidadores niegan tanto el partido de clase como dicha filiación.

Sin embargo, escamoteando los términos concretos de mi exposición, Aragón ha pretendido descalificar la misma deslizándose hacia lo que él supone son sus presupuestos teóricos, con la nota particular de que, llevado por esta pretensión, ha intentado encontrar “coincidencias” entre Ramón García y yo.

De esta forma ha silenciado el profundo antagonismo existente entre las posiciones de García y las mías, antagonismo que se expresa sobre todo en relación al marxismo-leninismo y al partido de clase.

        En efecto, mientras García ha abjurado del marxismo-leninismo y del partido de clase, y, por esta vía, ha terminado falsificando la identidad doctrinal de José Carlos Mariátegui y la verdad doctrinal y orgánica del PSP (intentando, sin embargo, servirse de ambos como coartada y hasta como señuelo), mi adhesión al marxismo-leninismo y al partido de clase, así como mi defensa del marxismo-leninismo de Mariátegui y de la verdad histórica de su partido son cuestiones que se desprenden limpiamente de mis escritos.

Es decir, entre las posiciones de García y las mías hay un abismo insondable que, sin duda, expresa el antagonismo entre el revisionismo liquidacionista y el marxismo-leninismo.

Para silenciar esta realidad –conocida de todos– Aragón se ha inventado un diversivo: “la equívoca conclusión que (sic) las discrepancias entre Ibarra y García ‘son muy grandes’ y que  parecen ‘insalvables’”.

De esta forma: 1) elude el análisis concreto de los términos concretos de mi folleto; 2) encubre el liquidacionismo de García que él mismo suscribe; 3) intenta situarse fuera del alcance de mi crítica.

Esta burda maniobra, sin embargo, no impide ni puede impedir que se pueda reconocer que Aragón es un servil repetidor al noventa por ciento de las posiciones liquidacionistas de su mentor García.

Pues bien, puesto que, como se ha visto, Aragón ha comentado mi folleto sin comentarlo en sus términos concretos, bien podría yo poner punto final a las presentes notas, y, naturalmente, nadie podría reprocharme por ello.

Empero, en la medida en que la intención del comentarista ha sido fabricar una imagen falsa de mi texto y confundir así a los lectores, es menester desenmascarar su enfoque diversivo y, en general, sus métodos criollos, que, como ya debe haberse dado cuenta el lector, se revelan ya en la burda maniobra analizada arriba.

En su tendencioso comentario, Aragón pretende haber encontrado once “coincidencias” entre García y yo.

Esta fabulación le sirve para apuntar contra los presuntos presupuestos teóricos de mi texto.

Pues bien, de las once “coincidencias”, cuatro no tienen que ver con el contenido de mi folleto: la cuestión del frente unido, el debate Mariátegui-Haya, los “requisitos” para fundar un partido proletario, tesis anexas al programa del PSP.

Y, ya solo este hecho, demuestra la desorbitación de Aragón.

Ahora bien, no obstante que, como ya anoté, cuatro de las once cuestiones tratadas por Aragón están fuera de lugar, analizaré de todas maneras la totalidad de ellas, y, para facilitar el cotejo por el lector, lo haré en el mismo orden en que el comentarista las ha expuesto.

Desde luego, al analizar las aludidas presuntas coincidencias, hablaré exclusivamente de las mismas en cuanto pretendidos presupuestos teóricos de mi folleto.

Aragón dice: “Ibarra y García, en sus investigaciones y comentarios sobre el desarrollo del movimiento socialista peruano coinciden en no tomar en cuenta, en el desarrollo de las ideas, la influencia de las fluctuaciones de la evolución económica, ni tampoco la influencia de las fluctuaciones en el desarrollo de las luchas económicas y políticas del pueblo trabajador. Así, ambos coinciden en reducir la evolución del movimiento socialista peruano a la simple “evolución de las ideas”. Esa es la razón principal de sus otras incoherencias teóricas”.

Pero ocurre que mi folleto no es un análisis del “desarrollo del movimiento socialista peruano” ni del “desarrollo de las ideas”, sino que es una polémica viva, concreta, específica con el liquidacionismo de derecha.

Pertenece al estudio de la historia de las ideas el esclarecimiento de la trabazón de las mismas con “las fluctuaciones de la evolución económica” y “las fluctuaciones en el desarrollo de las luchas económicas y políticas del pueblo trabajador”, para decirlo con las palabras de Aragón.

Por eso, en su polémica con Haya, polémica viva, concreta, específica, Mariátegui no se refirió a las aludidas “fluctuaciones”.

Así puede verificarse en los escritos mariateguianos que dan cuenta de dicha polémica: carta del 16 de abril de 1928 a la célula aprista de México, carta colectiva escrita en abril pero fechada el 10 de julio del mismo año, carta  del 29 de setiembre del mismo año a Carlos Arbulú Miranda, carta del 19 de octubre del mismo año a Luis E. Valcárcel, carta del 31 de diciembre del mismo año a Eudocio Ravines, carta del 20 de junio de 1929 a Nicanor A. de la Fuente, carta del 28 de junio del mismo año a Mario Nerval, carta del 30 de julio del mismo año a Moisés Arroyo Posadas, carta del 25 de setiembre del mismo año a Esteban Pavletich (véase Correspondencia, t.II y Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t.II).

Así, pues, con su antojadiza acusación, Aragón no ha revelado ningún presupuesto teórico erróneo de mi folleto, como ha sido su oblicua intención.

Aragón dice: “Ambos [García y yo] coinciden en separar, reducir,  y rebajar  una parte importante del trabajo teórico a la simple condición de  “lucha ideológica”, o “construcción ideológica” como ellos lo continúan llamando, olvidando, o tal vez  desconociendo, que para la concepción materialista de la historia  “toda ideología es una visión deformada de la realidad”.

Esta alegre afirmación pone en evidencia que Aragón: 1) no entiende que mi crítica al liquidacionismo es una lucha necesaria para sentar las bases de la reconstitución del Partido de Mariátegui, y, por tanto, no es ni puede ser calificada de simple “lucha ideológica”; 2) silencia el hecho de que para la concepción materialista de la historia el vocablo ideología encierra también, a más del que él indica, el concepto de conciencia verdadera de la realidad, y que, por esto, Lenin habló de “ideología socialista” (en ¿Qué hacer?, por ejemplo) y Mariátegui señaló que Marx elevó “al socialismo al grado de disciplina ideológica” (véase Defensa del marxismo).

Por eso, expresando su concepción del proceso de constitución del partido del proletariado peruano, Mariátegui señaló: “En el prólogo de mi libro ‘La escena Contemporánea’, escribí que soy un hombre con una filiación y una fe. Lo mismo puedo decir de esta revista, que rechaza todo lo que es contrario a su ideología así como todo lo que no traduce ideología alguna” (Presentación de Amauta, en Ideología y política, p.238).

Excepto los liquidadores, nadie puede dudar de que, con aquello de “un hombre con una filiación”, Mariátegui se refirió a su marxismo-leninismo.

Por eso señaló finalmente: “‘Amauta’ ha sido, en estos dos años, una revista de definición ideológica, que ha recogido en sus páginas las proposiciones de cuantos, con título de sinceridad y competencia, han querido hablar a nombre de esta generación y de este movimiento”. “El Trabajo de definición ideológica nos parece cumplido” (Aniversario y balance, ibídem, p.247).

Una observación final: Mariátegui, como se sabe, preparó la publicación de un libro con el título de Ideología y política. ¡Qué barbaridad, Mariátegui utilizó en el título de uno de sus libros más importantes una palabra que expresa “una visión deformada de la realidad”!

Así, pues, con su antojadiza acusación, Aragón no ha revelado ningún presupuesto teórico erróneo de mi folleto, como ha sido su oblicua intención.

Aragón dice: “… ambos autores [García y yo] coinciden unánime y reiteradamente, en afirmar que Mariátegui promovió la formación de una supuesta “facción orgánica y doctrinariamente homogénea”.
“Tipo de facción imaginaria que nunca ha existido en toda la historia del movimiento socialista mundial, desde 1847(año en que  se constituyó la Liga Comunista dirigida por Engels y Marx)  hasta el presente”.

Ya en mi artículo El desvarío de Aragón (24.02.2016), escribí que al interpretar Aragón las diferencias de opinión entre Marx y Engels como negadoras de la homogeneidad doctrinal entre ambos fundadores, lo que estaba haciendo era deslizar la idea de que o bien Marx no fue comunista o bien no lo fue Engels.

        Expresivamente, en más de un año esta sencilla observación no ha podido ser contestada por el comentarista.

Pues bien, sobre la homogeneidad doctrinal del partido proletario, es suficiente señalar aquí lo que sigue.

La homogeneidad doctrinal del partido proletario es (precisamente es) la adhesión de sus militantes al marxismo-leninismo.

Es decir, la homogeneidad del partido está dada por la adhesión de sus militantes a una sola y misma doctrina.

Por eso, el partido es una unidad por su homogeneidad doctrinal, pero, como toda unidad, es una unidad de contrarios porque en su seno se procesan diversos tipos de contradicciones desde el momento mismo de su fundación.

Pero, como es obvio, estas contradicciones no deben extrañar a nadie, pues la dialéctica es la contradicción en el seno mismo de las cosas.

Las contradicciones en el partido expresan, por un lado, el mayor o menor dominio que cada militante tiene del marxismo-leninismo, y, por otro, la mayor o menor influencia que acusa de la ideología burguesa.   

Por eso puede decirse, en términos generales,  que tales contradicciones se desarrollan en el curso de la aplicación del marxismo-leninismo (lucha contra el empirismo y el dogmatismo) y de la lucha contra la influencia de la ideología burguesa (lucha contra el oportunismo y el revisionismo).

Por eso, las contradicciones en el partido no niegan ni pueden negar su homogeneidad doctrinal, pues lo mismo la lucha contra el dogmatismo y el empirismo como la lucha contra el oportunismo y el revisionismo, es la lucha por la defensa del marxismo-leninismo y su correcta aplicación, es decir, por la preservación de la  homogeneidad doctrinal del partido.

No obstante esta realidad, Aragón cree que al concebirse el partido como doctrinariamente homogéneo, se le está concibiendo como “una apacible y unánime academia”.

Es claro que esa lógica circular no tiene nada que ver con los hechos, con la dialéctica, con el marxismo.

Y hay que advertir que así razona quien, muy suelto de huesos, me acusa de olvidar “la ley del desarrollo desigual de la militancia” y la ley de la unidad y lucha de contrarios’”.

Aragón, pues, niega la homogeneidad doctrinal del partido, y, por esto, plantea una disyuntiva absurda: “¿Programa o base de unidad?” (véase mi artículo Programa o base de unidad partidaria: una falsa disyuntiva).

De esta forma postula una unidad no doctrinal, una unidad exclusivamente programática, pues, según dice (atacando por la espalda a Mariátegui), el programa del partido no debe incluir ninguna base de unidad doctrinal.

Digo “atacando por la espalda a Mariátegui”, pues, como todo el mundo lo sabe, en el Programa del Partido, escrito por el maestro y acordado por los fundadores, aparece la explícita adhesión del PSP al marxismo-leninismo (véase Ideología y política).

Pues bien, un partido heterogéneo en lo doctrinal, ¿cómo podría ser homogéneo en lo programático?

Como se comprenderá, el partido del proletariado no puede dejar de acordar en su programa su adhesión a la conquista del poder y a la dictadura del proletariado.

Estas dos cuestiones se encuentran, por ejemplo, en el Programa del Partido Socialista del Perú, y así lo entenderá cualquiera que no se confunda por el lenguaje y se centre en el concepto: “Cumplida su etapa democrático burguesa, la revolución deviene en sus objetivos y en su doctrina revolución proletaria. El partido del proletariado, capacitad por la lucha para el ejercicio del poder y el desarrollo de su propio programa, realiza en esta etapa las tareas de la organización y defensa del orden socialista” (Ideología y política, p.162).

Olvida pues Aragón que el carácter del programa está determinado por la doctrina del partido, y un partido-amalgama (es decir doctrinariamente heterogéneo) como el que pretenden los liquidadores en general, no podría acordar un Programa Máximo de carácter marxista-leninista.

Que Aragón niegue el carácter doctrinariamente homogéneo del partido, quiere decir que para él la adhesión de la militancia al marxismo-leninismo está demás.    

Pero no solo al marxismo-leninismo: también al “marxismo” a secas (léase “marxismo” antileninista) que trata de vender García en el mercado de los ingenuos.

Y, en general, según la lógica de Aragón, cualquier otra doctrina está demás como elemento unitivo de la militancia.

Pero ello, como es claro, quiere decir que el comentarista concibe el partido como que a sus filas pueden ingresar activistas de la más variada doctrina.

Esto quiere decir que, mientras García pretende un partido con un nivel orgánico secreto doctrinariamente homogéneo en torno a un marxismo antileninista y otro nivel orgánico doctrinariamente heterogéneo, Aragón hace extensiva esta heterogeneidad a todos los niveles orgánicos del partido.

Así, pues, Aragón lleva a sus últimas consecuencias la idea de un partido doctrinariamente heterogéneo.

Pues bien, en su comentario Aragón ha pretendido hacer creer que coincido con García en lo que a la homogeneidad doctrinal del partido se refiere.

Pero esta pretensión pone en evidencia que Aragón no es capaz de desembarazarse del tratamiento abstracto de la cuestión, y que, por esto, no es capaz de entender la diferencia radical entre la “homogeneidad” de García en torno a un “marxismo” antileninista y limitada a la dirección de su grupo, y la homogeneidad marxista-leninista que postulo para todos los niveles orgánicos del partido.

En efecto, García promueve un partido con dos niveles orgánicos doctrinariamente heterogéneos entre sí, y esto significa que no pretende un partido doctrinariamente homogéneo sino heterogéneo.

Por tanto, Aragón se equivoca de medio a medio cuando pretende que García promueve un partido doctrinariamente homogéneo (con la palabra facción Mariátegui hacía alusión al partido en general y a su partido en particular), y, por esto, su acusación de que coincido con García demuestra su incapacidad para entender concretamente la cuestión.

Aragón dice: “Pero ambos autores [García y yo] coinciden unánime y reiteradamente, en afirmar que Mariátegui promovió la formación de una supuesta “facción orgánica y doctrinariamente homogénea”. “Ambos, García e Ibarra,  confunden la crítica y denuncia que le hizo Mariátegui a Haya, de pretender convertir una parte del frente único de esos años en una “facción homogénea”, como si hubiera sido una propuesta afirmativa de Mariátegui”.

Así, pues, arrastrado por su punto de vista erróneo, Aragón falsifica el sentido de los términos con que el maestro polemizó con Haya.

Mariátegui señaló: “… no podemos, en virtud del sentido mismo de nuestra cooperación, entender el  Apra como partido, esto es, como una facción orgánica y doctrinariamente homogénea” (carta colectiva, en Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t.II, p.300).

En virtud del sentido mismo de nuestra colaboración, dice Mariátegui, como acabamos de ver, y, con esta afirmación, dio cuenta de que la colaboración de su grupo en el marco del Apra era entre la tendencia  marxista-leninista y otras tendencias de distinta filiación doctrinal, lo que marcaba la heterogeneidad doctrinal de dicho organismo.

Así, pues, en virtud del sentido mismo de la colaboración de Mariátegui y su grupo en el Apra, Mariátegui no podía entender este organismo como “una facción orgánica y doctrinariamente homogénea”

Pero, silenciando el sentido de la subrayada afirmación mariateguiana (“en virtud del sentido mismo, etcétera”), Aragón le achaca a Mariátegui la opinión de considerar que Haya pretendía convertir el Apra en “una facción orgánica y doctrinariamente homogénea”.

El propio Haya le confesó a Mariátegui: “El Apra es partido, alianza y frente” (ibídem, p.298).

Ciertamente Haya pretendía convertir el Apra en partido, pero, como se ve, no en un partido doctrinariamente homogéneo sino heterogéneo, no en un partido de clase sino pluriclasista, es decir, en un partido-amalgama, en un partido-alianza, en un partido-frente, semejante al que actualmente promueven los García y los Aragón.

Por eso el comentarista ha silenciado la citada afirmación del caudillo pequeño burgués.

En la misma carta colectiva, Mariátegui escribió: “Los elementos de izquierda que en el Perú concurrimos a su formación, constituimos de hecho –y organizaremos formalmente– un grupo o Partido Socialista, de filiación y orientación definidas…” (ibídem, p.301).

Partido Socialista de filiación y orientación definidas-facción orgánica y doctrinariamente homogénea.

Es sabido que Mariátegui utilizaba el término filiación para indicar su marxismo-leninismo. ¿Quién pues podría decir que, con la primera afirmación citada, Mariátegui no sostuvo lo mismo que con la segunda?

Entonces, es claro que, con aquello de facción orgánica y doctrinariamente homogénea, Mariátegui se refirió a su concepción del partido en general, y, en particular, a su propio proyecto de partido.

Desde luego, víctima del demonio del caudillismo, Haya aspiraba a planear soberanamente sobre un partido-amalgama, de la misma manera que, ahora, víctima del demonio del despotismo, García pretende planear soberanamente sobre un partido-amalgama  resultante, en sus fáciles cálculos, de la “dilución-integración” del PCP-U, el PSP-PR, el PCP-SL y demás organizaciones activas en la escena política nacional.  

Así, pues, Aragón presenta a Haya como promoviendo un partido doctrinariamente homogéneo y a Mariátegui promoviendo un partido doctrinariamente heterogéneo. ¡Ni más ni menos!

Aragón dice: “… no bien ellos [García y yo] terminan de afirmar que Mariátegui y Martínez, así como Mariátegui y Portocarrero, formaban una “facción  homogénea”, de inmediato pasan a despotricar, ya sea en contra de Martínez, o en contra  de Portocarrero, con lo cual la  “facción homogénea” imaginada por ellos, se desvanece como una “burbuja de jabón”. Ambos, no nos explican cómo fue posible que, si Mariátegui, Martínez y Portocarrero, supuestamente formaban una “facción homogénea”, ¿Por qué afloraron tantas discrepancias entre ellos en menos de un año?”.

De esta forma Aragón niega que la Reunión de Barranco hubiera acordado, en principio, el marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP, es decir, niega su homogeneidad doctrinal.

El lector informado puede haber constatado ya que, en punto a la cuestión de la homogeneidad doctrinal del PSP, Aragón no tiene en cuenta los términos concretos con que he fundamentado tal homogeneidad.

Yo he sostenido –y sostengo–, que el PSP fue un partido doctrinariamente homogéneo dada la adhesión de sus militantes al marxismo-leninismo.

Pero Aragón no menciona absolutamente esta adhesión, seguramente porque hubiera tenido que explicar concretamente su negación del marxismo-leninismo de Mariátegui y su partido, cuestión que analizo sobre todo en el capítulo II de mi folleto. 

        Finalmente: la pregunta de Aragón sobre por qué en menos de un año “afloraron tantas discrepancias” entre los fundadores del partido, revela únicamente su completa incapacidad para comprender la naturaleza de estas discrepancias, su completa incapacidad para comprender que estas contradicciones fueron el resultado de diversos grados de asimilación del método marxista y de los distintos grados de la influencia de la ideología burguesa en los militantes, contradicciones que, como no podía ser de otro modo, tuvieron su solución precisamente sobre la base de defender la adhesión del partido al marxismo-leninismo, o sea, sobre la base de preservar su homogeneidad doctrinal.

        Una cuestión adicional, pero no sin importancia: toda la mala fe de Aragón se revela en el hecho de que con la palabra “despotricar” pretende desvirtuar la justa critica que he hecho a Portocarrero por la falsificación que cometió en la Conferencia Comunista de Buenos Aires de la concepción mariateguiana del PSP (véase El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui), y la igualmente justa crítica que he hecho a Martínez por ser el responsable de la “pérdida” del libro Ideología y política (véase mi folleto Mao y Mariátegui).

        ¿No tenía que haber hecho estas críticas? ¿No está de acuerdo con ellas Aragón?

En conclusión: el carácter de clase del partido del proletariado está determinado por su adhesión al marxismo-leninismo, y esta es una verdad incuestionable; por esto, plantear un partido con dos niveles orgánicos doctrinariamente disímiles entre sí o un partido sin ninguna base de unidad doctrinal,  es negar el partido de clase. Esto es lo que hacen los García, los Aragón, los Pérez.

Así, pues, con su antojadiza acusación, Aragón no ha revelado ningún error de concepción en mi folleto, como ha sido su oblicua intención.

16.03.2017.




Nota:

Publicamos a continuación tres capítulos del folleto Crítica al oportunismo de derecha de Jaime Lastra, de nuestro compañero Eduardo Ibarra, los mismos que, exactamente como los publicados en la edición del 1 de marzo de CREACIÓN HEROICA, dan cuenta de un derechismo que, una vez más, pretende incrustarse en el proceso de la Reconstitución del Partido de Mariátegui.

Como hemos señalado el 1 de marzo, “La Reconstitución supone un prolongado trabajo de esclarecimiento, crítica, toma de posición y deslinde en relación a la verdad universal, la Creación Heroica de Mariátegui, la política concreta y la cuestión del partido”.

Por eso preguntamos: ¿dónde está el esclarecimiento realizado por Lastra de los diversos aspectos del Partido de Mariátegui, de su proceso de constitución, del concepto de partido de masas y de ideas?

En ninguna parte.

¿Dónde está la crítica de Lastra a las diversas tergiversaciones con que el oportunismo –y especialmente el PCP-SL y el grupo liquidacionista que encabeza Ramón García– han mistificado la Creación Heroica de Mariátegui?

En ninguna parte.

¿Dónde está la toma de posición de Lastra a favor de La Creación Heroica de Mariátegui, si, como se sabe, confabulándose con los liquidadores, empezó por tergiversar el aniversario de dicha Creación, para terminar atacando sibilinamente la comprensión de Mariátegui del leninismo como el marxismo de nuestra época (coincidiendo con los oportunistas de izquierda y los liquidadores, aunque en su caso para pretender legitimar su falso marxismo-leninismo maoísmo); tergiversando la teoría mariateguiana del frente unido; asumiendo seguidistamente el reformista ”camino municipal al socialismo” que promueven los liquidadores; escamoteando la Reconstitución con su “compartimos la adhesión a la misma doctrina y construimos un proyecto común” con los liquidadores y otros oportunistas.

¿Dónde están, pues, los materiales del deslinde de Lastra con respecto al oportunismo en punto a los diversos aspectos de la Reconstitución del Partido de Mariátegui –y particularmente respecto al oportunismo de izquierda del PCP-SL y al liquidacionismo de García–, así como la necesaria defensa del contenido marxista-leninista de la Creación Heroica de Mariátegui?

En ninguna parte.

Como seguramente comprenderá el lector, convocar a una “conferencia política con miras a la reconstitución” (una “conferencia política”, pues, y no una simple una reunión de intercambio de ideas), sin sustanciales materiales de esclarecimiento, crítica, toma de posición y deslinde en relación a la verdad universal, la Creación Heroica de Mariátegui, la política concreta y la cuestión del partido, no solo revela una completa irresponsabilidad, un notorio aventurerismo, un evidente método criollo, sino también, al mismo tiempo, el triste resultado que ha cobrado Lastra por no haber tomado una posición de clase firme, no haber estudiado como debió hacerlo en sus más de treinta años de actividad política y haber perdido miserablemente el tiempo participando en el proyecto de liquidar el partido de clase.

Por lo expuesto, puede concluirse que, por su inclinación al entrismo, Lastra pretende incrustarse en el proceso de la Reconstitución del Partido de Mariátegui para imponer de alguna manera su oportunismo de derecha.

El lector puede complementar la lectura de los capítulos que siguen con la lectura (o relectura) de tres artículos publicados en el año 2014 en estas mismas páginas (Censura en el Socialismo PeruanoEgotismo en el socialismo peruano y El espíritu criollo de Jaime Lastra, siendo el segundo de este autor y los dos primeros de nuestro mencionado compañero).

De esta forma el lector tendrá la oportunidad de percatarse del autoritarismo de Lastra en el marco de sus relaciones con quienes él mismo consideraba sus compañeros de tendencia (en contraste con el espíritu blandengue que muestra respecto al oportunismo), los métodos criollos que utilizó en el debate (métodos tomados, en su inmensa mayoría, del grupo liquidacionista) y su mal disimulada impotencia teórica para debatir ideas.

Repetimos aquí lo que hemos sostenido el 1 de marzo: si Lastra quiere concurrir a la lucha por la Reconstitución del Partido de Mariátegui, todo lo que tiene que hacer es desembarazarse sinceramente y por completo de su oportunismo de derecha, de sus ideas erróneas, de su actitud copista (léase seguidista con respecto al liquidacionismo y otras corrientes oportunistas), de sus métodos criollos y otros vicios que ha puesto evidencia.

Por tanto, su destino político está en sus propias manos, y no en las de alguna otra persona.

Pues bien, aquellos activistas en cuya conciencia el amiguismo puede más que el marxismo, pueden ponerle el hombro a la intención de Lastra de realizar una “conferencia política con miras a la reconstitución” (léase con miras a abortar la Reconstitución), y demostrarse a sí mismos que, exactamente como nuestro derechista, tampoco entienden el contenido de la Reconstitución, su camino propio y su método de realización.

01.04.2017.


COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI (CRJCM)

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!


La Reconstitución y la Política Concreta III



E.I.


1. EN UN ARTÍCULO QUE ALGUNOS activistas deben recordar, Lastra recurrió a algunas falacias a fin de justificar su seguidismo con respecto a la tergiversación del aniversario de la Creación Heroica de Mariátegui que, en oportunidad de la existencia del mal llamado “Comité 80”, manejaba el grupo liquidacionista.

Decía en ese artículo nuestro articulista que era un aporte del suscrito haber identificado el primer escrito marxista de Mariátegui (El cisma del socialismo, marzo de 1921), pero que (con ese pero característico del ecléctico), en la medida en que las realizaciones más importantes del maestro son el PSP y los 7 Ensayos, entonces el aniversario de su Creación Heroica es en las fechas de la fundación de ese partido (octubre de 1928) y de la aparición de este libro (noviembre del mismo año), y, de esta forma, se sumó al coro tergiversador del grupo mencionado arriba, como consecuencia de lo cual aquello del “aporte” resultó apareciendo apenas como una frase con la que buscó estar bien con Dios y con el diablo (1).

En una nota a pie de página en el libro La poesía clasista. Poesía y lucha de clases en el Perú contemporáneo, Julio Carmona ha dejado escrito: “El conciliador, como el traidor, no sólo es vapuleado por sus copartidarios, también es visto con recelo por sus adversarios. De ningún modo el querer ‘estar bien con Dios y con el diablo’ ofrece garantía de fidelidad” (p.19).

Este es el caso de Lastra precisamente: por su afán acomodaticio, ecléctico, conciliador, ha sido criticado decenas de veces por sus copartidarios a fin de que se corrija (sin ningún resultado positivo sin embargo), y, al mismo tiempo, es recelado y hasta vapuleado por sus adversarios (sin ninguna razonable reacción de su parte).

Reconocer una fecha como el aniversario de la Creación Heroica de Mariátegui responde a la pregunta de cuándo comenzó esta Creación, y no, por supuesto, a la pregunta de cuáles son sus expresiones más altas. Esta es una verdad elemental al alcance de cualquier persona con dos adarmes de seso.

Pero no me extenderé aquí sobre esta cuestión (2).

2. En 2010, en plenas conversaciones sobre la organización de la facción, Lastra reveló, súbitamente, que hacía unos años atrás se había infiltrado en el grupo liquidacionista que encabeza Ramón García a fin de “sacar de allí algunos elementos”.

Como dicen los abogados, a confesión de parte relevo de pruebas.

Pues bien, el entrismo es vieja política oportunista de los Bakunin, los Trotski, etcétera. Precisamente esta política ha sido practicada por Lastra.

Pero, contrariamente a sus intenciones, no ganó a nadie y, por último, terminó siendo expulsado.

Como dicen los abogados, a confesión de parte relevo de pruebas.

Por cuanto tempranamente nuestro personaje marginó al CRJCM del proyecto orgánico que se inició en 2010, no pudimos criticarlo internamente de semejante acción.

Hoy, no tenemos más remedio que hacerlo públicamente, pues el entrismo es una práctica inadmisible en la izquierda peruana y en la izquierda de cualquier país del mundo.

El entrismo de Lastra es, pues –para decirlo con algo de justificada ironía– una expresión específica de sus afectos, de la construcción con los oportunistas de un proyecto común.

Todo lo expuesto hasta aquí, demuestra que, en último análisis, Lastra se encuentra definitivamente enredado en la contradicción existente entre su discurso y su práctica.

Y, el contenido de este enredo, analizado en el presente artículo y en otros publicados anteriormente, prueba que nuestro retórico personaje ha abandonado completamente la Reconstitución del Partido de Mariátegui.

3.  Pretendiendo justificar su frentismo, Lastra escribió: “¿Qué es dirigir en el sentido marxista-leninista-maoísta? ¿Cuál es la justa relación entre diferentes niveles de organización? Ustedes no resuelven bien estas interrogantes. Por ello opinan como queda escrito en el punto 4. Todavía tienen fuerte influencia del método y estilo de ‘correa de transmisión’ y de el (sic) método y estilo de ‘organismos generados’. Lo correcto, dadas las condiciones concretas que enfrentamos hoy, es proponer, sustentar y persuadir no solo con la palabra, sino sobre todo y fundamentalmente con el ejemplo. No podemos tratar a […] como si fuera un ‘organismo generado’ ni aplicarle la ‘correa de trasmisión’. Por eso, comprenderán ustedes que resulta totalmente fuera de lugar su convicción de que la decisión de lo que debe hacer o no […] se deba determinar en un organismo político superior. La decisión debe tomarse siempre en el espacio donde debe de asumir y afrontar las consecuencias de sus determinaciones y acuerdos (sic). Y sobre esa base cabe cumplir la función dirigente. Esto es, nunca debemos actuar impositivamente” (carta al CRJCM del 31.10.12).

Quienquiera que cale en la letra chica de la cita, puede percatarse de que ahí se niega la hegemonía del proletariado en el frente unido.

En efecto, Lastra reduce la relación partido-frente a la sola cuestión de las decisiones en el frente, y, confiando en que los lectores sean víctimas de prejuicio respecto a los dos tipos de organización que menciona, termina escamoteando la hegemonía del proletariado.

Es decir olvida, o pretende hacer olvidar, que la hegemonía del proletariado se expresa más bien en el hecho de que la línea del partido relativa a la lucha común contra el enemigo común, logra consenso en el frente.
 
Al mismo tiempo, olvida o pretende hacer olvidar, que los organismos generados, llamados también organizaciones propias, fueron una iniciativa del partido bolchevique para el trabajo de masas en determinadas condiciones, y que las correas de transmisión, llamadas también palancas, fueron parte del engranaje general de la dictadura del proletariado, y que ninguno de los dos tipos de organización fue concebido ni actuado como un espacio donde el partido pudiera actuar “impositivamente”.

Pues bien, como es obvio, en el frente no caben, bajo ninguna circunstancia, los métodos coercitivos sino los métodos democráticos. Esto es claro para cualquier marxista.

Pero, ¿qué dice Lastra al respecto? Pues que “Lo correcto, dadas las condiciones concretas que enfrentamos hoy, es proponer, sustentar y persuadir”.

“Dadas las condiciones concretas que enfrentamos hoy”, es decir que, según nuestro personaje, los métodos democráticos solo son legítimos en las condiciones actualmente dadas, y, en consecuencia, sugiere, sin querer queriendo, que en otras condiciones (y las condiciones siempre cambian), tales métodos perderían vigencia, y, por esto, tendrían que ser reemplazados por otros: obviamente, por los métodos antidemocráticos, pues los métodos democráticos no pueden ser cambiados por los métodos democráticos.

Este es el espíritu “democrático” de Lastra. Esta es su comprensión de la democracia en el frente unido. Este es su “nunca debemos actuar impositivamente”.

En el frente, cualquier decisión tiene que acordarse en el frente. Esto es una verdad de Perogrullo. Pero la línea del partido relativa a la lucha común contra el enemigo común, se acuerda en el partido. Esto también es una verdad de Perogrullo. Lastra, sin embargo, finge no saberlo.

Más aún. Cada tendencia participante en el frente establece internamente su línea relativa a la lucha común contra el enemigo común, y es en el espacio del frente donde estas líneas se confrontan, y donde, por lo tanto, una de ellas prevalece completa o relativamente. Esto es inevitable.

De manera que, en el frente puede darse la hegemonía del proletariado, entendida, claro está, como la hegemonía del marxismo-leninismo en lo relativo a los diversos aspectos de la lucha común contra el enemigo común (y no, por lo tanto, como la hegemonía de un grupo determinado), o, en su defecto, la hegemonía de alguna otra tendencia.

La “Universidad Socialista José Carlos Mariátegui” (USJCM), la revista Pizarra Socialista y la “Asamblea Nacional de los Pueblos del Perú y el Tawantinsuyu”, son espacios de frente unido.

Por eso, surge, naturalmente, la siguiente pregunta: ¿cuál tendencia ha alcanzado la hegemonía en esos espacios?

En los dos números publicados de Pizarra Socialista (vocero de la USJCM), se han publicitado, bajo expresiones específicas, la tesis de Ravines sobre la cuestión nacional y, además, han sido apoyados incondicionalmente los procesos reformistas que tienen lugar en algunos países suramericanos.

Es claro que ninguna de estas posiciones pertenece originalmente al grupo de Lastra, sino al grupo desprendido del PCP-Unidad.

La aludida tesis de Ravines fue publicitada en el primer número de Pizarra Socialista, y, como era lógico, los marxistas esperaban que en el segundo número esa tesis fuera rebatida con la tesis de Mariátegui sobre la cuestión nacional y el Perú Integral. Pero esto no ocurrió.

En la “Declaración del I Concejo de la Asamblea Nacional de los Pueblos del Perú y el Tawantinsuyu”, se presenta a nuestro pueblo como dividido en “pueblo peruano” y “pueblo tawantinsuyano”. Esto es una expresión específica de la tesis de Ravines.

Los marxistas, como es natural, esperaban que en el seno de la misma Asamblea se planteara una crítica sustentada de semejante punto de vista. Pero esto tampoco ocurrió.

Así, pues, el suscrito tuvo que realizar la crítica correspondiente, la cual fue publicada, en la edición de octubre de la revista digital CREACION HEROICA, como postscriptum del artículo Mariátegui y el “problema del indio”.

En el segundo número, dedicado centralmente a publicitar incondicionalmente los procesos reformistas de Venezuela y Ecuador, el grupo de Lastra apareció asumiendo tal incondicionalidad.

Frente a este hecho, en el artículo Socialismo proletario y socialismo pequeño burgués, publicado en la edición de noviembre pasado de la revista mencionada arriba, el suscrito hizo la crítica correspondiente. Esta crítica está referida a tres cuestiones: 1) la convivencia de los mencionados procesos, dizque revolucionarios, con la gran burguesía intermediaria del imperialismo; 2) el respeto supersticioso a la democracia burguesa que lleva a los dirigentes a exponer en una elección el destino de sus propios gobiernos; 3) la ilusión de un tránsito pacífico al socialismo.

Los hechos demuestran, pues, que en la USJCM, en Pizarra Socialista y en la “Asamblea Nacional de los  Pueblos del Perú y el Tawantinsuyu”, ha hegemonizado la línea del grupo desprendido del PCP-Unidad.

Si este grupo se siente con derecho a plantear sus posiciones partidarias en los indicados espacios de frente unido (cosa que no discuto aquí), la pregunta es por qué el grupo de Lastra no se siente con igual derecho a plantear lo que se supone son sus posiciones relativas a la cuestión nacional (cosa que sí discuto).

¿Dónde está, pues, el “proponer, sustentar y persuadir” de nuestro personaje?

En ninguna parte. Por lo tanto, se constata que si en política nacional ha abdicado ante la tesis de Ravines sobre la cuestión nacional, en política internacional ha abdicado ante el socialismo pequeño burgués y el nacionalismo pequeño burgués.

Así, pues, la hegemonía del grupo desprendido del PCP-Unidad en los espacios de frente mencionados arriba, ha sido facilitada por la política de conciliación-abdicación del grupo de Lastra.

En conclusión, Lastra reniega la hegemonía del proletariado no solo en la teoría, sino también en la práctica, y, por esto, su “proponer, etcétera”, no pasa de ser una cortina de humo con la que pretende ocultar su recalcitrante frentismo, su oposición a la hegemonía del proletariado, su prosternación ante el reformismo, su abdicación ante posiciones discrepantes peligrosas, su completo abandono del camino propio de la Reconstitución del Partido de Mariátegui (3).

La lucha teórica activa es la filosofía del proletariado, mientras “dejar hacer, dejar pasar” es típica filosofía burguesa.

En el terreno del trabajo frenteunionista, unidad y lucha es política marxista, mientras lucha sin unidad es oportunismo de izquierda y unidad sin lucha es oportunismo de derecha.

Este oportunismo de derecha es el sello de las ideas y la práctica de Lastra.

Pues bien, en un artículo de hace algunas semanas, Miguel Aragón escribió: “El frente unido no… es una ‘correa de trasmisión’…” (elipsis mía).

Es expresiva, pues, la coincidencia entre el derechista Lastra y el liquidador Aragón: con la misma monserga niegan ambos la hegemonía del proletariado en el frente unido: el primero silenciando que esta hegemonía es una cuestión de línea (partido) y consenso (frente); el segundo negando que actualmente sea necesario el partido, y, por esta vía, negando la dirección de los marxista-leninistas en el sentido señalado arriba.

Y, échese el acucioso a buscar quién ha copiado a quién.

4.   Lastra dice: “Este punto nos lleva a deslindar con el estilo sectario en el trabajo político. Pero antes, ¿cómo determinar si una participación es correcta o incorrecta? ¿Es una cuestión meramente principista o es una cuestión de estrategia y táctica política donde los principios se aplican dialécticamente? La experiencia del marxismo-leninismo-maoísmo indica que es  lo segundo. Esto en general, por supuesto. Respecto del trabajo político sectario tenemos suficiente experiencia nacional que vano sería redundar en ello. Solo invito a que no se olvide esta experiencia de trabajo político sectario, que generalmente se daba bajo el pretexto de realizar un trabajo político purista, con lo cual la aplicación de la política de frente único quedaba solamente en  cliché. Recordemos como Guzmán llamaba durante toda la década del 70 a no participar de los “Paros Nacionales revisionistas” porque eran convocados por el PCP-U revisionista. Recordemos como la izquierda legalista condenaba los “Paros Armados” porque eran convocados por el infantilismo-terrorismo. Veamos como el Magisterio tiene tres sindicatos en uno: SUTEP, CONARE dentro del SUTEP y un nuevo CONARE dentro de CONARE-SUTEP.  “Razones ideológicas” no les falta a ninguna de las tendencias que promueven estas divisiones. Nuestra tendencia no puede reproducir estas prácticas erradas del trabajo político. Claro, el seminario que promueve la tendencia derechista-revisionista no tiene el impacto de los ejemplos anotados. Ustedes también tienen sus “razones ideológicas” que los lleva a poner la participación o no en ese seminario como una cuestión de vida o muerte; es decir, cismática. ¿POR QUÉ? Analicen y se verán en una posición que lleva el estilo sectario en el trabajo político. IMAGINENSE ustedes sustentando el punto 5 de su posición sectaria ante el reducido público que asiste a ese seminario: “no voy porque ese seminario es revisionista”. Simplemente quedarían en ridículo. Un seminario es un espacio de debate no vinculante orgánicamente. Así lo entiende cualquier público sensato. Si la tendencia derechista-revisionista cree que con eso va a fundar su partido amalgama ESE ES SU PROBLEMA.  A  lo más que puede ser útil usar ese espacio, sería para reafirmar nuestra superioridad ideológica, teórica, política y orgánica, desinflando mucho más de lo que se encuentra ya desinflado el proyecto revisionista. Lo contrario de participar en ese seminario sería boicotearlo. ¿Eso es lo que podrían proponer, acaso? Toda abstención contradice la política revolucionaria del m-l-m” (ibídem).

Como se ve, Lastra habla de un “trabajo político sectario” y de un “trabajo político purista”. Como él no es, según cree, ni sectario ni purista, porque “La experiencia del marxismo-leninismo-maoísmo”, doctrina a la que dice estar asimilado, le enseña, según cree también, que los activistas de todas las tendencias de la izquierda peruana tienen que participar en todos los eventos y en todas las acciones de todas las tendencias sin excepción, ha llegado a la absurda conclusión de que “Toda abstención contradice la política revolucionaria del m-l-m”, y, con este absurdo, quiere convencerse a sí mismo de que estuvo bien su participación en el seminario revisionista que tenía como objetivo exclusivo y excluyente liquidar el partido de clase.

El vocablo cismático da cuenta de la separación de alguien de una autoridad reconocida. En consecuencia, es claro que, si Lastra sugiere que los que no asistimos a dicho seminario procedimos como cismáticos, es porque él, asistente inútil (inútil para el proyecto de reconstituir el partido de clase de Mariátegui), le reconocía al grupo liquidacionista autoridad sobre su persona.

¡El “marxista-leninista–maoísta” Lastra le reconocía autoridad al grupo que quería y quiere liquidar el partido de clase!

Es necesario recordar, por lo demás, que quien nos acusa de cismáticos en relación al grupo liquidacionista, en 2011 marginó al CRJCM causando así un cisma en la tendencia, y, en el trabajo frenteunitario como era Ediciones Creación Heroica, causó otro cisma en 2013 al censurar el libro El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui.

Más aún. Por cuanto Lastra calificó de boicoteadores a quienes no asistimos al seminario revisionista, diciendo que “Lo contrario de participar en ese seminario sería boicotearlo”, hay que recordar también que en 2010 pretendió boicotear la publicación de la revista digital CREACIÓN HEROICA (4).

¡El bo¡coteador de una revista que entonces él mismo consideraba de su tendencia, se pasó alrededor de una década poniéndole el hombro al proyecto de liquidar el partido de clase!

Finalmente, es necesario recordar también que Lastra no asistió al quinto seminario del grupo liquidacionista, y, así, según su propia lógica, se reveló ¡como un cismático, como un boicoteador!

El CRJCM tiene poderosas razones ideológicas que le han permitido mantener su independencia en todo orden de cosas respecto al grupo liquidacionista. Por eso jamás le ha reconocido a este grupo ninguna autoridad, y, por esto, mal puede Lastra calificarnos de cismáticos.

Como se sabe, cuando la mayoría del Grupo de Propaganda y Organización Socialistas pretendió convertirse en partido, Mariátegui no sólo que planteó una justa crítica, sino que además se apartó, y, no apuntaló con su presencia ninguna reunión con dicha pretensión.

Cuando Haya de la Torre intentó convertir en partido al frente llamado Apra, Mariátegui deslindó posiciones con el intento de manera resuelta y definida, y, no apuntaló con su presencia ninguna reunión de los hayistas.

¡Qué sectario había sido Mariátegui! ¡Qué cismático! ¡Qué boicoteador!

Pues bien, ¿por qué el “mariateguista” Lastra, después de que el grupo liquidacionista pretendió convertir en partido el frente mal llamado “Comité 80”, participó en el cuarto seminario revisionista que tenía exactamente el mismo propósito de liquidar el partido de clase?

Porque, según dice, “Un seminario es un espacio de debate no vinculante orgánicamente”. Un espacio de debate, pues, pero, ocurre que Lastra no debatió, es decir, no criticó precisamente lo que hubiera tenido que criticar: la intención del seminario de liquidar el partido de clase. Por lo tanto, al no hacer esto, su participación resulta incomprensible. Por eso, durante las primeras sesiones del seminario, su persona apenas apareció como un aderezo funcional al objetivo liquidacionista.

De esa forma puso en evidencia su incomprensión del antagonismo entre marxismo y liquidacionismo, su debilidad de espíritu ante el proyecto de liquidar el partido de clase, su irresistible propensión a ponerles buena cara a los oportunistas.

En fin, si, por una parte, su demagógico discurso le sirve para hacer creer que no es sectario ni cismático ni boicoteador, y que, por el contrario, es muy amistoso, tolerante y unitario, por otra parte, su práctica lo desenmascara más bien como un ecléctico, un conciliador, un mero frentista respecto al oportunismo de todo matiz y, al mismo tiempo, como un sectario, un cismático, un boicoteador con respecto a la tendencia de la cual se reclama.

5.  Lastra dice: “Reconocerse ser parte de una tendencia, grupo, partido o secta no es que sea negativo por el solo hecho del significado de esas palabras. Lo valorativo está en la praxis política del integrante y de su colectividad, que puede ser positiva o negativa. Por ejemplo, no es MALO ser “marxista”, “marxista-leninista”, “marxista-leninista-maoísta”; tampoco lo es ser “guevarista”, “mariateguista”, “trotskista”, “fidelista”, etc. Lo positivo y negativo de cada colectividad se verá en su praxis política. Los antecedentes son solo una referencia a tener en cuenta. Con toda la importancia y consecuencias que esos antecedentes puedan significar, lo decisivo es el comportamiento actual y las perspectivas de esas tendencias, grupos, partidos y sectas políticas” (artículo, sin título que conozcamos, pero fechado el 10 de octubre de 2011 y publicado en el blog Camino Socialista dos días después).

Lastra dice, pues, que la filiación doctrinal de las diversas tendencias no es algo negativo. Por eso precisa que no es malo ser, por ejemplo, “marxista”, “trotskista” o cualquier otra cosa.

Es claro que, con el término “marxista”, Lastra se refiere, concretamente, al grupo liquidacionista de derecha que, como bien se sabe, se autoproclama “marxista”, así a secas (5).

Así, pues, resulta que, según su óptica, ser liquidador no es nada negativo, pues “Lo valorativo (sic) [del liquidacionismo] está en [su] praxis política”.

Pero ocurre que “la praxis política” del liquidacionismo es, precisamente, liquidar el partido de clase, y esto, obviamente, es algo profundamente negativo, decididamente antiproletario y completamente contrarrevolucionario.

Sin embargo, Lastra, con su “no es que sea negativo”, pretende silenciar dicha realidad.

En Aniversario y balance, Mariátegui señaló que las “designaciones” de las diversas tendencias “distinguen prácticas y métodos”. Distinguen prácticas, es decir, cada tendencia tiene prácticas diferentes, derivadas, precisamente, de sus distintas filiaciones doctrinales.

Pero, en el colmo de la inepcia, Lastra cree que la filiación doctrinal de las diversas tendencias es cosa del pasado (sus “antecedentes”, dice), y que, por esto, tienen la misma práctica política (“lo decisivo es el comportamiento actual”), y, así, sin ningún escrúpulo, ha levantado la falacia con la que pretende justificar su política de paz con las desviaciones del marxismo.

Así, pues, desde el ángulo de esa política de paz, resulta incomprensible la lucha de Mariátegui contra todas las expresiones ideológicas, políticas y orgánicas no proletarias, y, en general, la lucha más que centenaria de los marxistas de todo el mundo contra todas las desviaciones de izquierda y de derecha.

Lastra ha puesto, pues, al desnudo su absoluta incomprensión de la relación entre filiación doctrinal y práctica política, y, así, ha puesto en evidencia que ha renegado el aserto mariateguiano de que las diversas tendencias tienen diferentes prácticas y métodos.

En conclusión, es Lastra –y no sus amigos oportunistas– quien ha dejado en el pasado la filiación que parecía tener (marxismo-leninismo-maoísmo y mariateguismo), y solo de este modo puede entenderse su eclecticismo y su conciliacionismo con toda forma de oportunismo y revisionismo (incluido el liquidacionismo, forma extrema de revisionismo).

6.   Lastra dice: “Yo jamás trataré de forma infraterna a nadie con el que polemice. O sea, polemizaré desde los afectos, más aún, si son compañeros con los cuales compartimos espacios de trabajo común, pero que divergimos en otras cuestiones. Tanto más será mi afecto si compartimos la adhesión a la misma doctrina y construimos un proyecto común” (carta al CRJCM del 31.10.2012).

        Como se ve, Lastra confiesa, sin avergonzarse, que comparte la misma doctrina con oportunistas, revisionistas, liquidadores (“Tanto más será mi afecto si compartimos la adhesión a la misma doctrina”).

Así, pues, por arte de birlibirloque, Lastra convierte en “marxista-leninista-maoístas” a los activistas de tales tendencias. O más bien al revés: se convierte, él, en “marxista”, “marxista-leninista”, “guevarista”, “trotskista”, “fidelista”, todo en uno o en cada cosa según sea la circunstancia.

Como se ha podido ver, la afirmación que comento data de octubre de 2012, y esto permite señalar que, a pesar de sus reclamos favorables al partido de clase, Lastra participó del cuarto seminario liquidacionista porque suponía que, hombro a hombro con los liquidadores, estaba construyendo “un proyecto común”.

En relación a los oportunistas, Lastra se muestra, pues, muy afectuoso, aunque, en puridad de verdad, lo que hace es nada más que mostrarse muy zalamero, muy melifluo, muy lagotero.

Lagotero es el que hace zalamerías para congraciarse con alguien o lograr algo. A Lastra le gusta congraciarse con todo tipo de oportunista a fin de lograr aparecer como “unitario”, como “el hombre del frente unido”.

Pero, como en otros casos, aquí también es necesario comparar su discurso con su práctica.

En cuanto a los oportunistas, ya hemos señalado arriba la doble moral de Lastra.

Ahora resta subrayar su actitud respecto a quienes considera, de la boca para afuera, sus compañeros de tendencia.

En su última explosión contra el suscrito (ha tenido varias), Lastra se gastó estas afectuosas expresiones: “egotista”, “jactancioso”, “obtuso”, “¡Puf!”, “cháchara jactanciosa”, etcétera.

Esta es su polémica “desde los afectos”. Este es su “jamás trataré de forma infraterna a nadie con el que polemice”. Este es su “Tanto más será mi afecto si compartimos la adhesión a la misma doctrina”.

Así, pues, su polemizar “desde los afectos” no pasa de ser, por un lado, una frasecilla con la que pretende justificar su actitud aduladora respecto a los oportunistas, y que, por otro lado, no le alcanza para ocultar su actitud injuriosa con respecto al suscrito.

De Marx a Mao y de Mariátegui a sus actuales continuadores, los marxistas no polemizan “desde los afectos”, SINO PRECISAMENTE DESDE EL MARXISMO.

Lastra, pues, antepone lo sentimental a lo doctrinal, o sea, al marxismo le antepone sus afectos por los oportunistas, con quienes, como se ha visto, se siente en unidad doctrinal y comprometido en un proyecto común.

Y ese proceder no dice poco de la fisonomía mental de Lastra, de su recalcitrante derechismo.

Notas
[1] Después, en uno de sus clásicos bandazos, Ramón García reculó y fechó el aniversario del Socialismo Peruano en julio de 1918. Así Lastra se quedó solo con su peregrina idea, tan peregrina como la de García.
[2] Pueden verse, a propósito de esta cuestión, mis artículos Notas sobre la Creación Heroica de José Carlos Mariátegui y Notas sobre la Creación Heroica de José Carlos Mariátegui, ambos publicados en las páginas de CREACIÓN HEROICA.
[3] En frente unido puede ser concebido y actuado como un instrumento de lucha contra el enemigo común (es así como proceden los marxistas), pero también como un frente-amalgama; por esto Mariátegui anotó: “El frente único no anula la personalidad, o anula la filiación de ninguno de los que lo componen. No significa la confusión ni la amalgama de todas las doctrinas en una doctrina única. (…) No es renunciar a la doctrina que cada uno sirve ni a la posición que cada uno ocupa en la vanguardia” (Ideología y política, pp. 108 y 109). Pero, como se ha visto, Lastra, en su afán de aparecer como muy “unitario”, renuncia a sus propias posiciones a favor de posiciones reformistas y antimariateguianas (exactamente como procede el oportunismo).
[4] Es decir intentó boicotear la autonomía de nuestro trabajo de propaganda, y precisamente procurando promover los medios de propaganda del grupo liquidacionista. ¡Ni más ni menos!
[5] Por lo tanto, según Lastra, “no es malo” haber abjurado del marxismo-leninismo, “no es malo” haber negado el leninismo como un desarrollo de valor universal del marxismo, “no es malo” haber defenestrado el leninismo de la base de unidad ideológica de proletariado peruano, “no es malo” haber asumido una posición antileninista.

11.02.2015.


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!



La Reconstitución y el Trabajo Orgánico


E.I.


EL PROCESO DE CONTITUCIÓN DEL PSP dio cuenta de dos estilos en el trabajo orgánico del Grupo Organizador del PSP: el de José Carlos Mariátegui, y el de otros militantes como Julio Portocarrero, Hugo Pesce, etcétera.

I

A modo de introducción al tema, es necesario reseñar algunos hechos correspondientes al debate entre José Carlos Mariátegui y Haya de la Torre, pues entonces se expresaron tanto el correcto estilo de trabajo orgánico del primero como los métodos criollos del segundo.

Como se sabe, en enero de 1928, Haya intentó convertir al Apra en el Partido Nacionalista Libertador del Perú. Entonces Mariátegui señaló: “Por mi parte, siento el deber urgente de declarar que no adheriré de ningún modo a este partido nacionalista peruano que, a mi juicio, nace tan descalificado para asumir la obra histórica en cuya preparación hasta ayer hemos coincidido. Creo que nuestro movimiento no debe cifrar su éxito en engaños ni señuelos. La verdad es su fuerza, su única fuerza, su mejor fuerza. No creo con Uds. que para triunfar haya que valerse de ‘todos los medios criollos’. La táctica, la praxis, en sí mismas son algo más que forma y sistema. Los medios, aun cuando se trata de movimientos bien adoctrinados, acaban por substituir a los fines” (Martínez, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t.II, p.297).

Martínez comentó años después: “La transformación del Apra de ‘alianza’ en ‘partido’, encontró en Mariátegui y los que lo acompañaban, una desaprobación sincera y explícita. Cerraba toda posibilidad de colaboración. Con una ‘alianza’ era posible entenderse. Con un ’partido’, no”. (p.295). Y agregó: “Hasta entonces, Mariátegui había tenido una actitud de espera. Deseaba que la actividad de Haya de la Torre se aclarara, se definiese. La algazara hecha en el extranjero en torno al Partido Nacionalista Peruano, que se hacía aparecer, como hemos visto, como organizado en el Perú, decidió a Mariátegui a encarar una situación falsa y llena de peligros” (ibídem, p.296).

Con fecha del 10 de julio de 1928, el maestro envió a los diversos grupos que formaban el Apra una carta colectiva en la que se lee: “2º-Los elementos de izquierda que en el Perú concurrimos a su formación [del Apra], constituimos de hecho –y organizaremos formalmente– un grupo o Partido Socialista, de filiación y orientación definidas…” (ibídem, p.301).

Martínez señaló posteriormente: “Mientras el grupo de compañeros que trabajábamos silenciosamente al lado de Mariátegui, analizaba objetivamente la situación, sin apasionamiento personal, sin vanidades egotistas…” (ibídem, p.298). Y agregó: “Haya de la Torre no podía aceptar la discusión en el plano en que la situaba el grupo de Lima. Sabía que no podría defenderla. Esta fue desviada a otro terreno. Apeló al gastado método de acusar al grupo de Lima de obedecer órdenes de Moscú, que le atacaba en vista de no hacerse comunista. Que Mariátegui le tenía envidia. Que Martínez de la Torre traía contra él, en el terreno político, resentimientos de familia. Lo que era un debate sobre teoría, táctica y estrategia, como lo demuestran los documentos reproducidos, se desviaba al campo personal” (ibídem, 302).

Puestos ante el debate los diversos grupos, uno vacilaba y otro asumía posiciones oportunistas, pero la “célula de París” se situó en el terreno del debate de ideas y tomó una posición definida y resuelta por el proyecto de Mariátegui: “La célula de París, por ejemplo, ha tomado, en general, una posición marxista. La de Buenos Aires nos presenta desviaciones de derecha (…) La de México se ha caracterizado por una oscilación permanente, repetidas veces oportunista y demagógica” (ibídem, p.326).

En 1948 Martínez dejó señalado que, después del debate con Haya, “Mariátegui [llegó] a la conclusión de que todo acuerdo era imposible, procediendo, en consecuencia, a realizar los trabajos preparatorios para la fundación del partido de clase proletario” (ibídem, p.396). Y agregó: “Discutió este proyecto con los camaradas más allegados a él” (ibídem).

Así, los elementos de izquierda, aludidos por Mariátegui en la carta colectiva, se reunieron finalmente en La Herradura el 16 setiembre de 1928 y en Barranco el 7 de octubre del mismo año y, de este modo, quedó fundado el PSP.

La Reunión de La Herradura fue una reunión preparatoria de la fundación clandestina del PSP. En esta Reunión, Martínez “presentó” los “puntos de vista” de José Carlos Mariátegui (ver ibídem, p.397), que se expresaron en los Acuerdos de la Reunión de La Herradura y, luego, en los Acuerdos de la Reunión de Barranco. Esto quiere decir que, en “la célula inicial del Partido”, se actuaba entonces con probidad.

La principal lección del debate entre Mariátegui y Haya es que el primero centró los términos del debate y, de esta forma, contribuyó al esclarecimiento de los activistas, mientras el segundo desvió el debate a un terreno extraño a las ideas en conflicto y de este modo intentó meter confusión.

II

En mayo de 1929, antes de salir las delegaciones al Congreso Constituyente de la Confederación Sindical Latino Americana y a la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, “se verificó una reunión de las mismas con Mariátegui y Martínez de la Torre, en las que se estudió detenidamente la situación del país y los puntos de vista del Comité Organizador del Partido Socialista” (ibídem, p.402).

Pero, como se sabe, en la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, Julio Portocarrero y Hugo Pesce tergiversaron “los puntos de vista del Comité Organizador del Partido Socialista”, es decir, “el proyecto de Mariátegui respecto a la formación del Partido Socialista”, para decirlo en términos utilizados por Martínez (ibídem, p.409).

Así, mientras en el Programa del Partido Mariátegui señaló que “El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha” (ibídem, p.399), Julio Portocarrero, con la complicidad de Pesce, decía en la mencionada Conferencia: “El partido socialista se basa en nuestro Grupo, el cual es enteramente afín con la ideología de la Internacional Comunista” (ibídem, 423). Y también: “¿El Partido Socialista es la expresión de nuestro pensamiento, de nuestra línea? El partido socialista lo hemos constituido como táctica, como medida de ligazón con las masas. No venimos a decir que el partido socialista es la expresión profunda de los que luchamos por los intereses del proletariado” (ibídem, p.422).

Peor todavía: el Programa del Partido, redactado por Mariátegui en octubre de 1928, fue reemplazado por la delegación peruana por el programa preparado por Ravines a nombre de la “célula de París” (ver ibídem, p.484).

Estos hechos demuestran que, en el trabajo orgánico del PSP, Portocarrero y Pesce y, no mucho después, otros militantes también, empezaron a recurrir a métodos criollos.

Así, pues, la principal lección, por ejemplo negativo, de la participación de Portocarrero y Pesce en la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, es su deslealtad con respecto a los acuerdos del Comité Organizador del Partido Socialista.

III

Como hemos visto, cuando Haya pretendió convertir al Apra en partido, Mariátegui desarrolló una consecuente crítica al intento oportunista, y de este modo esclareció los términos del debate permitiendo la toma de posición de los diversos grupos que formaban el APRA: entonces los hayistas quedaron tan aislados que cabían en un sofá.

Ahora bien, cuando el grupo que encabeza Ramón García intentó convertir en partido el frente mal llamado “Comité 80”, el Comité de Reconstitución José Carlos Mariátegui (CRJCM) desarrolló una consecuente crítica al intento liquidacionista, y de esta forma esclareció los términos del debate: entonces empezaron a madurar las condiciones que finalmente llevaron al grupo de García al aislamiento (1).

Pero, mientras el CRJCM luchaba contra la forma extrema de revisionismo como es el liquidacionismo, desenmascarando su negación del marxismo-leninismo; su tergiversación de la historia de la Creación Heroica de Mariátegui; su falsificación de la identidad ideológica de José Carlos Mariátegui, de su Creación Heroica, del Partido Socialista del Perú; su reformista “camino municipal al socialismo”; su negación del partido de clase y su falsificación del concepto mariateguiano de un partido de masas y de ideas; su egotismo burgués y su servilismo; sus métodos criollos y su doble moral; Lastra participaba alegremente en los eventos del grupo liquidacionista que tenían como propósito destruir el partido de clase; copiaba muchas de sus posiciones; pretendía diluir el trabajo de nuestra tendencia en un falso trabajo frenteunitario; no se pronunciaba contra el egotismo burgués, el servilismo y la doble moral que caracterizan a los liquidadores, y, finalmente, no desenmascaraba sus métodos criollos, llegando incluso a justificar algunos de ellos y aun a utilizar otros contra el suscrito.

Pero además, pisoteaba los acuerdos tomados para dar curso a la organización de la facción; ocultaba documentación (las cartas que ahora publicamos completas y otros escritos) (2); eludía y sofocaba el debate de ideas; se negaba, sin contestar siquiera a la invitación, a colaborar con la revista digital CREACIÓN HEROICA; etcétera, etcétera.

Criticado, entonces, con toda razón, recurrió a los más burdos métodos criollos. Entre ellos hay uno que, como verá el lector en las cartas adjuntas, lo pinta de cuerpo entero como un elemento inescrupuloso: tituló como “Propuesta unitaria de Jaime y Eduardo” o como “Documento unitario de los 10 puntos”, un documento no consensuado en absoluto, es decir, un documento de su exclusiva y excluyente autoría, y, de esta forma, engañó y manipuló a los miembros del grupo en proceso de organización.

Mariátegui señaló que Lenin ganó su autoridad por la superioridad de su pensamiento; Lastra, en cambio, como se ha podido ver, ganó su condición de cabeza orgánica del grupo por la utilización de métodos criollos: la mentira, el engaño, la manipulación, la imposición, la marginación del CRJCM.

Pero además, aventureramente planteó que “entre abril-junio 2011 debe realizarse una Conferencia Nacional que selle la unidad alcanzada bajo lineamientos básicos” (sic) y que “el mes de octubre de 2011 deberá ser la fecha propicia para el V Congreso” (sic) (carta al suscrito del 02.11.10). (3).

¿Comprende el lector? Ciertamente el “humilde” Lastra acariciaba la ambición de ser el Secretario General (o tal vez el Presidente) del Partido. ¡Jaime Lastra jefe del Partido de Mariátegui Reconstituido!

Pues bien, la desesperación de Lastra por realizar eventos para los cuales no reúne, aun ahora, ni de lejos las condiciones teóricas necesarias, expresa su absoluta incomprensión de lo que es la Reconstitución.

Como es su costumbre, ante mi crítica nuestro personaje desvió el debate al diversivo terreno de la fraseología: “¡Qué bien conocer tus puntos de vista!”; “es bueno saber de las opiniones tuyas” “¿Jugamos al gran bonetón?”; “¿Qué guardo silencio?”; “¿Qué no contesto?”; “en mi bandeja solo tengo dos correos tuyos fechados el 28 de setiembre y el 10 de octubre del 2010”; “mi actitud de trabajar la propuesta colectivamente”; “nadie impone a nadie”; “no hay que confundir presunciones con realidades”.

Esta fue toda su respuesta al contenido de mis cartas, que, como también verá el lector, comprendía la crítica de no pocas cuestiones  puntuales.

En conclusión, nuestro personaje hizo a un lado el estilo de debate y el estilo de trabajo orgánico de Mariátegui, y, así, exactamente como  Haya, desvió el debate, y, exactamente como Portocarrero y Pesce, procedió con deslealtad respecto a los acuerdos tomados.

La principal lección de esta práctica es que ningún colectivo marxista puede depositar su confianza en un elemento arbitrario, inescrupuloso, autoritario en las propias filas y, en un marco más amplio, conciliador con respecto al oportunismo.

Pero reseñemos algunos hechos más a fin de que el lector perciba con mayor profundidad la conducta ramplona y la rabiosa oposición al CRJCM de Lastra.

1. En el colmo del servicio a los oportunistas, el aludido llegó a decir en un artículo –los activistas de su grupo deben recordarlo perfectamente– que siendo las ideas lo más importante, se inhibía de mencionar a los autores de los planteamientos que estaba criticando, excusándolos así de la responsabilidad de introducir ideas nocivas al seno del pueblo. Para no extenderme sobre el punto, invito cordialmente al lector a leer el adjuntado fragmento del artículo La impotencia del grupo revisionista.

2. Pasando por encima de su grupo, participó por decisión personal en el cuarto seminario del revisionismo peruano, lo cual, además de significar una conculcación del centralismo democrático, ilustra una práctica que tiene como fondo la necedad de que el frente dirige al partido (4).

3. Retórico como es, en carta al CRJCM del 31.10.12 (carta con plétora de criollos recursos polémicos, y por esto mismo fácilmente desmontable), dio este singular ejemplo de su conocida actitud demagógica: “A lo más que puede ser útil usar ese espacio [el quinto seminario del revisionismo peruano], sería para reafirmar nuestra superioridad ideológica, teórica, política y orgánica, desinflando mucho más de lo que se encuentra ya desinflado el proyecto revisionista”.

¡”Reafirmar nuestra superioridad”! ¡“Desinflando mucho más de lo que se encuentra ya desinflado el proyecto revisionista”! Pero ¿cuál es la realidad de las cosas? Veamos esto.

No existe ni puede existir ninguna superioridad ideológica del oportunismo de derecha que representa Lastra sobre el liquidacionismo de derecha que representa Ramón García.

Puesto que Lastra ha llegado incluso a la desvergüenza de copiar un montón de posiciones del grupo liquidacionista, tampoco no existe ni puede existir ninguna superioridad teórica suya con respecto al mismo.

Al mostrarse ecléctico, conciliador y promotor del frentismo más burdo, igualmente no existe ni puede existir ninguna superioridad política suya sobre el grupo de García, que, como bien se sabe, con su administración municipal de la economía capitalista, promueve el reformismo.

¿Superioridad orgánica? Pero si, como lo sabe todo el que quiere saberlo, Lastra ha empobrecido a su grupo imponiéndole una línea oportunista de derecha, y esto tampoco comporta ni puede comportar ninguna superioridad sobre el grupo de García, empobrecido también por su liquidacionismo de derecha.

Finalmente: ¿la participación de Lastra en los eventos liquidacionistas, significó, por casualidad, así sea en mínima medida, que se desinflara el proyecto de partido que se procesaba en dichos eventos?

Es un hecho que la mencionada participación no contribuyó en absoluto a desinflar el aludido proyecto, sencillamente porque Lastra nunca fue capaz de desarrollar una solvente crítica al mismo en los planos ideológico, teórico, político y orgánico, limitándose, por el contrario, a asumir posiciones eclécticas, conciliadoras, encubridoras, blandengues con respecto al liquidacionismo y a los liquidadores (5).

No obstante no haber realizado ninguna crítica de conjunto del liquidacionismo de derecha, y, por el contrario, haberse colgado de muchas de sus posiciones, en un artículo fechado el 10.10.2011 y publicado en el blog Camino Socialista, Lastra, todo embaucador, afirmó: “Debemos deslindar los campos de manera resuelta y definida sí, naturalmente, por supuesto”.

Pero, naturalmente, por supuesto, la sumaria reseña hecha en el presente apartado basta para ver en qué consistió su deslinde resuelto y definido con relación al grupo liquidacionista.

En conclusión, puede decirse que las afirmaciones de Lastra analizadas suficientemente, no pasan de ser, todas a una, un caso de autoadulación que revela su creídismo.

4. En ocasión de la presentación del folleto Mao y Mariátegui, nuestro derechista se empeñó en hacer participar en la mesa a uno de los elementos más descompuestos del grupo liquidacionista, enemigo deslenguado del suscrito, quien, además, hacía poco había denostado contra el folleto y agraviado a su autor (y que, además, presentaba el antecedente de haber aprovechado la presentación del libro El pez fuera del agua, del suscrito, para calumniarlo cobardemente). Pero, por supuesto, César Risso y Daniel Chumpitaz se opusieron con firmeza a la proterva intención, y, en consecuencia, Lastra se quedó con los crespos hechos.

5. No me extenderé sobre la actitud de Lastra de recurrir al método burgués de la censura y de hacer a un lado el método proletario del debate de ideas (cosa que puso en evidencia al impedir, en el año 2013, la publicación del folleto El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui), pues basta señalar que esta expresión de medianía intelectual y política, mostró a nuestro personaje como funcional al revisionismo.

6. La deshonestidad de Lastra es un hecho de conocimiento común. Su recalcitrante renuencia a la autocrítica –lo cual viene de siempre– es una expresión de ello. Entre muchísimas otras, una expresión más o menos reciente de lo mismo, es su artículo Egotismo en el socialismo peruano, el cual, como han podido ver todos los que tienen ojos para ver, está colmado de mentiras, maniobras, trucos, calumnias, diversivos, insultos, etcétera, recursos todos desmontados en el artículo El espíritu criollo de Jaime Lastra.

Pues bien, el silencio en el que Lastra se ha sumido a partir de la publicación del último artículo mencionado, no es otra cosa que expresión, por un lado, de su incapacidad para sostener un debate de ideas, y, de otro, de su secreto sentimiento de que de aceptar el debate, lo único que conseguiría es hundirse aún más ante los ojos de la izquierda.

IV

Ciertamente en el trabajo orgánico se expresa más netamente que en cualquier otro plano la ideología realmente existente en la cabeza de los activistas. Así, pues, la apretada reseña realizada aquí del estilo de trabajo orgánico de Lastra –y por añadidura de su estilo de debate y de su estilo de relaciones externas– demuestra que la ideología que realmente tiene en la cabeza es una ideología extraña al marxismo.

Y, como es claro, la Reconstitución del Partido de Mariátegui solo es posible poniendo al mando el marxismo-leninismo y el pensamiento mariateguiano, y erradicando los métodos criollos tanto en las relaciones internas como externas.

Notas
[1] Aislamiento con respecto a las tendencias que pretendió tragarse, incluido el PCP-Unidad, con el cual realizó un seminario a fin de fusionarse con él en un solo partido, obteniendo, sin embargo, un resultado negativo. Al aislamiento del grupo liquidacionista con respecto a las masas (hecho que viene de hace décadas), se suma ahora su aislamiento respecto a otros organismos políticos del pueblo, resultante del repudio a su abjuración del marxismo-leninismo, su falsificación de la Creación Heroica de Mariátegui y su intención de liquidar el partido de clase en toda la extensión de la izquierda peruana.
[2] Estas cartas, del 15 y 29 de enero de 2011, fueron publicados en la red en el año 2014.
[3] Programar la realización de eventos partidarios según el calendario revolucionario, es una concepción burocrática que Lastra ha copiado de Ramón García, quien, como es de conocimiento general, es el padre de esta concepción por cuanto concibe la construcción de su partido (fundación, etcétera) en función de las efemérides y no del desarrollo de la lucha de clases. Hasta en esto, pues, Lastra copia a García.
[4] Desde luego, este no es el único hecho que ilustra semejante barbaridad. Así por ejemplo, en ocasión de la presentación de uno de los libros del suscrito, cocinó las condiciones de la misma en un organismo de frente unido y después trató de imponerlas a la facción.
[5] El único artículo de deslinde teórico de cierto mérito escrito por Lastra es aquel en el cual defendió el partido de clase: Lenin, el ¿Qué hacer? y el partido de clase. Sin embargo, puede constatarse una limitación del mismo: Lastra no logró hacer avanzar ni un milímetro la fundamentación de la concepción mariateguiana del partido del proletariado peruano, siendo que precisamente la Reconstitución exige desarrollar esta concepción.

10.01.2015.


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!


Conclusión

E.I.


EN 2010 JAIME LASTRA TUVO la oportunidad de cumplir un cierto papel positivo en la organización de un grupo que asumiera el papel de contribuir a la Reconstitución del Partido de Mariátegui.

Sin embargo, en lugar de actuar limpiamente, desde un principio recurrió a los más burdos métodos criollos: 1) imposición de sus erróneas ideas y de posiciones copiadas del grupo liquidacionista de derecha (ver cartas del suscrito del 15 y 29 de enero de 2011); 2) marginación del Comité de Reconstitución José Carlos Mariátegui; 3) intento de realizar, sin ninguna preparación seria, el “Quinto Congreso” a fin de convertirse en el Secretario General del Partido de Mariátegui Reconstituido (ver las aludidas cartas).

De semejante forma frustró un proyecto que, llevado adelante honradamente, pudo haber tenido un curso correcto y un destino promisorio.

De hecho, Lastra concibió la Reconstitución del Partido desde el frente, y no el frente desde la Reconstitución del Partido.

Por eso lo que practicó fue una desviación del camino propio de la Reconstitución y, al mismo tiempo, la sustitución del frente de clases por el frente de tendencias.

Es así como perdió el tiempo y el camino.

Entre los años 2010 y 2013, sus ideas erróneas, primero, y, luego, sus posiciones de derecha, fueron criticadas una y otra vez por diversos compañeros. Sin embargo, a pesar de haber escrito, en su Propuesta de 2010, que “[hay que practicar] permanentemente el método de la crítica y autocrítica”, durante todo el tiempo se mostró permanentemente reacio a la autocrítica.

De esta forma reveló ser un elemento retórico, un caso de soberbia pequeño burguesa, un ejemplo del más chato creídismo.

Las críticas aludidas arriba tuvieron lugar, en primera instancia, en un ámbito grupal (hasta los últimos meses del año 2011), y, luego, en un ámbito de labor frenteunitaria en el plano editorial (hasta fines de 2014).

Pues bien, al censurar el folleto El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui, Lastra clausuró toda posibilidad de continuar con la crítica interna de su derechismo, y, por lo tanto, obligó a continuarla públicamente.

El contenido de su derechismo es el siguiente:

1. En lo ideológico, la negación del leninismo como el marxismo de nuestra época a fin de presentar el maoísmo como una tercera etapa del marxismo, tesis tomada de Abimael Guzmán, y que en Lastra no tiene ninguna base argumental que al menos pueda llamarse seria. En relación a este punto, el derechismo de Lastra aparece disfrazado de izquierdismo. Digo “disfrazado”, porque, como se ha visto a lo largo de la crítica de sus posiciones, su “marxismo-leninismo-maoísmo” es completamente falso.

2. En lo teórico, la tergiversación de algunos puntos de la Creación Heroica de Mariátegui, el abandono de otros y el hecho grosero de haber fabricado una frase acerca del partido e intentado pasarla como del maestro.

3. En lo político, la “unidad sin lucha” que practica en el trabajo dizque de frente, por una parte, y, por otra, la servil adhesión al reformista “camino municipal al socialismo”.

4. En lo orgánico, la conculcación del centralismo democrático y los métodos criollos.

De este conjunto, lo central es la “unidad sin lucha” y el “camino municipal al socialismo”.

De suyo se comprende que un derechista no es ni puede ser la persona idónea para conducir a un grupo que se propone contribuir a la realización exitosa de la Reconstitución.

De suyo se comprende también que un elemento que utiliza los métodos criollos no es ni puede ser la persona idónea para dirigir a un grupo que tiene tan alto propósito.

De suyo se comprende asimismo que un elemento sin el nivel teórico necesario, no es ni puede ser la persona capaz de dirigir a un grupo que asuma una tarea tan compleja.

Henri Bergson decía que “hay que actuar como hombre de pensamiento y pensar como hombre de acción”, y Mariátegui señalaba que la revolución rusa había “producido un tipo de hombre pensante y operante”, con lo cual subrayó dos características fundamentales del militante del Partido.

Pero ocurre que Lastra no actúa como hombre de pensamiento, simplemente porque no tiene ningún pensamiento (ningún pensamiento teórico). Sus ideas son un revoltijo de cosas tomadas de aquí y de allá, y, cuando ha intentado poner algo de su cosecha en algún tema importante, ha llegado incluso al disparate (ver La reconstitución y la verdad universal del proletariado).

Por la misma razón, stricto sensu, tampoco es operante (su práctica no es marxista-leninista, sino oportunista).
 
Así, pues, con su oportunismo de derecha, sus métodos criollos y su insolvencia teórica, el esforzado Lastra terminó desbarrancando miserablemente el proyecto de un grupo dispuesto a contribuir a la Reconstitución del Partido de Mariátegui.

Por eso, desde hace un tiempo, la responsabilidad de encabezar orgánicamente la lucha por contribuir al  cumplimiento de la Reconstitución, está vacante.

En estas líneas apenas me limito a dejar constancia de esta realidad, y a expresar mi optimismo de que más temprano que tarde los continuadores de Mariátegui encontrarán, in situ, la solución.


21.02.2015.

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