sábado, 1 de abril de 2017

Economía


Economía Capitalista y Desastres Naturales

César Risso

EN EL CAPITALISMO LA PLANIFICACIÓN es un contrasentido. Tarde o temprano la anarquía se impone. Temporalmente, alguien puede dirigir de forma organizada los negocios de la burguesía a nivel nacional, sobre todo la pequeña burguesía embriagada de nacionalismo, pero la competencia está siempre presente, aunque aparentemente subordinada. El reconocimiento del mercado es precisamente la expresión de que la anarquía es la regla de conducta, y que en este marco se da la ley del valor.

        Pero este libre mercado, está subordinado en la actualidad al dominio del monopolio, y en consecuencia a la competencia monopolista. Es lo que los teóricos llaman posición de dominio, situación en la cual los monopolios dominan el mercado, controlando el precio y la cantidad.

        La burguesía necesita de los medios de transporte, de una red vial, y de los medios que permitan reponer la salud de los trabajadores, para poder explotarlos, etc. Sin trabajadores en condiciones de laborar y de reproducir su clase, la burguesía no tendría a quien explotar. Pero esto no le interesa a la burguesía como burgués individual. Por ello el Estado como representante de la clase burguesa en su conjunto, vela por sus intereses y, en consecuencia, trata de generar a través de la inversión pública los medios que permitan, y faciliten, la explotación del trabajador asalariado.

        Mientras los pobladores afectados por los fenómenos naturales tratan de salvar sus vidas, y de recuperar en la medida de lo posible lo que han perdido, la burguesía calcula el valor de lo perdido para ver cuánto van a recibir de beneficios por realizar las obras. Así se transforma el desastre de cientos y miles de familias en el bienestar de determinados sectores de la burguesía.

        Aunque envuelto en gestos de solidaridad y apoyo a los damnificados, la burguesía está calculando el daño y por lo tanto cuánto debe invertir el Estado para restaurar la infraestructura afectada. Así, Macroconsult ha calculado en 3124 millones de dólares los daños. Esta es la cifra que como mínimo debe recibir la empresa privada que se agencie de las obras.

        En el mismo sentido, Julio Velarde, Presidente del BCR, calcula en 12400 millones de soles el costo de la reconstrucción de los puentes y carreteras afectados por el fenómeno del Niño.

        La tasa promedio de plusvalía entre los años 2007 y 2015 fue de 125%. Esto quiere decir que por cada sol que la burguesía invierta en trabajadores asalariados, la burguesía recibirá como utilidad un sol con veinticinco céntimos. Es decir, que si se requieren 20 mil trabajadores, con un sueldo promedio de 850 soles al mes, la burguesía obtendrá 21 millones 250 mil soles al mes, lo que al año da como resultado utilidades de 255 millones de soles. Esta es la plusvalía que va a extraer la burguesía en estos negocios que los desastres naturales y, sobre todo, el sistema capitalista con sus políticos a la cabeza, han provocado.

        Si calculamos la plusvalía total por la reconstrucción según los datos del BCR (12400 millones de soles), entonces la burguesía obtendrá cerca de 7 mil millones de soles.

        La desgracia de unos es la ganancia de otros, pues nada se puede hacer en el sistema capitalista, sin que genere ganancias para los burgueses.

        Los mismos gestos de solidaridad de la población generan el aumento de las compras, y estas significan el aumento de las ventas de las mercancías que son propiedad de las empresas capitalistas; mercancías que contienen tanto el trabajo remunerado como el trabajo no remunerado, es decir, la plusvalía, que en lenguaje burgués se expresa como ganancia. Es decir, además de las ganancias que la burguesía va a recibir por la reconstrucción de las zonas afectadas por los desastres naturales, están las ganancias que obtienen por los gestos de solidaridad para con los damnificados.

        Esto es inevitable. En una sociedad donde los propietarios de los medios de producción someten al trabajo asalariado, la producción es producción de mercancías, y la ganancia es trabajo no remunerado.

        Esto no nos debe sorprender, puesto que las armas que se producen por el complejo industrial militar mundial, tienen por finalidad generar plusvalía para los propietarios de estas empresas, para lo cual necesitan de las guerras, en las cuales mueren millones de seres humanos, para mantener repletas las arcas de la burguesía. De modo que aquello de la solidaridad, puede eventualmente calmar por un instante el alma del burgués, pero no hará que deje de explotar a los trabajadores, y provocar todos los males que genera su dominación económica y política como clase.

        La solidaridad, no puede venir de la burguesía, puesto que lo que realmente sucede es que temporalmente, y a su antojo, se desprende de una ínfima parte de la plusvalía que les ha extraído a sus trabajadores, para aparecer ante el público con un halo de bondad.

        La explotación de los trabajadores al extraerles plusvalía, el hacerlos trabajar más de las horas establecidas legalmente, la remuneración que les pagan que como se sabe es inferior a la canasta básica familiar, las condiciones en los que los hacen trabajar, la subordinación a los que los tienen sometidos, haciéndolos sentirse como seres inferiores que dependen del propietario de los medios de producción; todo esto es parte del sistema de explotación capitalista.

        La prevención, al igual que la producción de mercancías en general, está sometida a la ley del valor. Lo que genera más ganancia atrae el interés de la burguesía, y lo que no, genera su desinterés.

        Aparte, los políticos burgueses tienen sus mecanismos de decisión. Todos sabemos que cuando están próximas las elecciones, los gobiernos locales comienzan a invertir en obras. En su mente este es un mensaje para sus electores de que están trabajando. Así puede llegar a la reelección (Nos referimos a años anteriores cuando había reelección inmediata). Además de esta demostración, difícilmente pueda haber obra pública sin coima.

        La “planificación” burguesa es la anarquía de la producción. Es decir, que esta es la forma que tiene la burguesía de asignar los recursos de la sociedad. Forma que consiste en la ley del valor. En la medida que hay actividades (negocios) que no son rentables, o que son menos rentables que otros, entonces se dejan temporalmente de lado; en tanto que otras actividades (negocios) que son rentables, o más rentables que otros, se realizan.

        Como se puede ver, esta forma de ordenar las actividades de la sociedad pasa por el interés privado del burgués. Pero resulta que este interés privado está cada vez más lejos y hasta en contra del interés social. Así pues, el progreso de la burguesía no equivale al progreso de la sociedad, pues su forma particular de resolver los problemas sociales ha demostrado que la explotación, la pobreza, la desigualdad, la destrucción masiva de seres humanos por medio de las guerras y de las crisis, son consustanciales al sistema capitalista.




El Agotamiento de la Fase Histórica Actual del Capitalismo


Gugliemlo Carchedi

UN ARGUMENTO CLAVE para la teoría de la historia y la revolución de Marx es que “Ningún orden social perece antes de que se han desarrollado todas las fuerzas productivas a las que puede dar curso” (Crítica de la Economía Política, Prefacio). Ahora, si el marxismo es una ciencia, debe ser verificable empíricamente. Pero esta verificación es también importante por otra razón. Como dice Gramsci, “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no acaba de nacer.” (Cuadernos de la cárcel, “La influencia del materialismo” y “crisis de autoridad”, Volumen I, tomo 3, pág. 311, escrito alrededor de 1930). El análisis empírico también nos permite comprender por qué y sobre todo cómo lo viejo muere.

En la fase actual de la historia – es decir, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad – el capitalismo se encuentra con un límite cada vez más insalvables debido a la contradicción entre el crecimiento de la productividad del trabajo por un lado y las relaciones de producción, entre el trabajo y el capital, por el otro. Esta contradicción es cada vez más fuerte y el capitalismo está agotando su capacidad para desarrollarse en el contexto de esta fase histórica. La forma concreta adoptada por esta contradicción, su creciente incapacidad para desarrollarse, son crisis cada vez más violentas.
El punto clave es la tasa de ganancia, el indicador clave de la salud de la economía capitalista. En el ámbito de una nación o grupo de naciones, lo que cuenta es la tasa media de ganancia. Consideremos en primer lugar la tasa promedio de ganancia de Estados Unidos, la nación que todavía es, con mucho, la más importante. Las estadísticas muestran que la tasa de ganancia de los EE.UU. está en un estado de caída irreversible. La caída es tendencial, es decir, a través de ciclos económicos ascendientes y descendentes. Sin embargo, la tendencia es claramente a la baja.
Gráfico 1. Tasa media de ganancia, EE.UU., 1945-2010 1


La tasa de ganancia cae debido a la naturaleza específica de las innovaciones tecnológicas, el factor principal de su dinamismo. Las innovaciones, por un lado aumentan la productividad del trabajo, es decir, cada trabajador crea una cantidad cada vez mayor de mercancías con la ayuda de medios cada vez más avanzados de producción. Por otro, las innovaciones reemplazan a los trabajadores por medios de producción.
Gráfico 2. La productividad del trabajo y de los trabajadores por medios de producción


La productividad se incrementó de 28 de millones de dólares por trabajador en 1947 a 231 millones en 2010, mientras que los trabajadores por medios de producción se redujo de 75 en 1947 a 6 en 2010. Dado que sólo el trabajo produce valor, una hipótesis que puede demostrarse empíricamente, una mayor cantidad de producto siempre contiene una menor de valor.
Esto también se aplica al trabajo mental. Se habla mucho estos días de Internet como un nuevo horizonte del desarrollo del capitalismo. En un reciente artículo[2] analizo la naturaleza del trabajo mental y argumento que puede ser productivo de valor y plusvalía, al igual que el trabajo objetivo, equivocadamente llamado material. Sin embargo, incluso el trabajo mental está sujeto a las mismas reglas que determinan el trabajo en el capitalismo. Por un lado, las nuevas formas de trabajo mental dan lugar a nuevas y más terribles formas de explotación y nuevas posibilidades para aumentar aún más la tasa de explotación de los trabajadores mentales. Por otro lado, las nuevas tecnologías reemplazan el trabajo mental con medios de producción, al igual que sucede en el trabajo objetivo. A pesar de sus características específicas, el trabajo mental no es el elixir de la eterna juventud del capitalismo.
Consideremos ahora la economía mundial. La misma tendencia de la tasa de ganancia en los EE.UU. puede ser observada a nivel mundial.
Gráfico 3. Tasa de ganancia en todo el mundo y el G7, 1963-2008 (índice 1963 = 100)
Nótese la diferencia entre la tasa de ganancia del G-7 y el resto del mundo. Para comenzar desde los últimos años de la década de 1980, el G-7 ha sufrido una crisis de rentabilidad (tendencia negativa), mientras que la tasa de ganancia tiene una tendencia global positiva. Esto significa que otras naciones han desempeñado un papel cada vez mayor para mantener la tasa de ganancia en todo el mundo.
La siguiente tabla pone la fase actual de desarrollo capitalista en un contexto histórico más amplio.
Grafico 4. Tasa de ganancia media en los países principales, 1869-2010


Los gráficos 1, 3 y 4 muestran que la tasa de ganancia no cae en línea recta, sino a través de ciclos ascendentes y descendentes. Y la tendencia a caer es frenada y revertida debido contra-tendencias de forma temporal. Hay tres tendencias principales contrarias a la caída de la tasa de ganancia. Los tres son capaces de frenar esta caída sólo temporalmente.
La primera es que las innovaciones tecnológicas disminuyen el valor de cada unidad de producto. Esto también se aplica a los medios de producción. El denominador de la tasa de ganancia puede caer y la tasa de ganancia puede crecer. Esto es cierto en el corto plazo, pero en el largo plazo existe incertidumbre. Si la tasa de ganancia cae, el valor de los medios de producción debe crecer. Esto es lo que pone de manifiesto el siguiente gráfico.

Gráfico 5. Valor de los medios de producción (% del PIB), EE.UU., 1947-2010


En este gráfico se confirma lo que Marx anticipó en los Grundrisse: una sola máquina puede costar menos, pero la totalidad del precio de las máquinas que sustituyen a esa máquina aumenta no sólo en términos absolutos sino también en relación con el precio de salida. A la larga, esta contra-tendencia no ha funcionado.

La segunda contra-tendencia es el aumento de la tasa de explotación. Los trabajadores producen más valor y plusvalía si trabajan más tiempo y con mayor intensidad. Y cuanto más plusvalía producen, mayor es la tasa de explotación, mayor es la tasa de ganancia. Esto es lo que ocurrió a partir de 1986, con el advenimiento del neoliberalismo y el ataque salvaje a los salarios. La tasa de explotación se elevó a los niveles más altos de la posguerra, con la excepción de 1950.

Gráfico 6. Tasa de explotación, EE.UU., 1945-2010


El gráfico a continuación relaciona la tasa de explotación con la tasa de ganancia.
Gráfico 7. Tasa de explotación y la tasa de ganancia, 1947-2010
Las dos tasas están estrechamente relacionadas. Esta tabla puede ser leída como si la tasa de ganancia estuviera determinada por la tasa de explotación: hasta mediados del decenio de 1980 cuanto más disminuye la tasa de explotación más baja es la tasa de ganancia. Por el contrario, a partir de los años 1980 a 2010, cuanto mayor es la tasa de explotación, mayor es la tasa de ganancia. La conclusión de cualquier economista neoliberal es que, para aumentar la tasa de ganancia debe aumentar la tasa de explotación, es decir, que tiene que recurrir a las políticas de austeridad (para el trabajo, no para el capital).
Ahora bien, es cierto que la tasa de ganancia aumenta cuando lo hace la tasa de explotación. Pero de ahí no se deduce que mejore la economía y que se pueda salir de la crisis aumentando la tasa de explotación. La tasa de ganancia media puede aumentar debido al aumento de la tasa de explotación, aunque, a diferencia de un capitalista individual, lejos de denotar una mejora de la economía, puede ocultar un empeoramiento. Es decir, puede ocultar una disminución de la producción de plusvalía por unidad de capital invertido y una mayor asignación a favor del capital. Pero sólo la producción de plusvalía (no su reparto) por unidad de capital invertido denota el estado de salud de la economía capitalista.
La medición de la tasa de ganancia determinada únicamente por el valor excedente producido se obtiene calculando la tasa de ganancia con una tasa de explotación constante.
Gráfico 6. Margen de beneficio con la tasa de explotación constante, EE.UU., 1947-2010
Como se muestra, la producción de plusvalía por unidad de capital invertido tiende a decrecer a lo largo de toda la fase histórica actual. Este gráfico se puede dividir en dos períodos, de 1947 a 1986 y desde 1987 a 2010. En ambos la tasa de ganancia cae.
Grafico 7.

Grafico 8.


En este período, la tasa de ganancia con una tasa de explotación constante también cae en el período comprendido entre mediados de la década de 1980 hasta la actualidad, y que es el del neoliberalismo. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad, el sistema es cada vez menos capaz de producir plusvalía por unidad de capital invertido, un hecho oculto por una creciente tasa de explotación, pero revelado si la tasa de explotación se mantiene constante. El aumento de la tasa de ganancia con una tasa variable de explotación desde mediados de la década de 1980 en adelante no denota una mejora de la economía, sino su deterioro, como lo demuestra la tendencia de la tasa de ganancia con una tasa de explotación constante. La torta disminuye, mientras que aumenta la parte que se apropia el capital.

Veamos ahora la tercera contra-tendencia. El aumento de la tasa media de explotación a nivel global y, por lo tanto, la compresión de los salarios, significa, de una parte, que el poder adquisitivo de las masas se reduce y, por otra, que el valor excedente producido no puede ser invertido en sectores productivos debido a que la tasa de ganancia cae en estos sectores. Por consiguiente, el capital emigra a sectores improductivos, como el comercio, las finanzas y la especulación. Los beneficios de estos sectores son ficticios, son deducciones de los beneficios obtenidos en la esfera productiva.

Gráfico 9. Beneficios reales y financieros, las ganancias de miles de millones de dólares, 1950-2010, EE.UU.


Mientras que en los años 1950 los beneficios financieros fueron del 3,1% de los beneficios reales, en 2010 se habían convertido en el 136,5%.
Implícito en este movimiento está el crecimiento de la deuda global. El crecimiento de las ganancias ficticias se produce a través de la creación de capital ficticio y la emisión de títulos de deuda (por ejemplo, bonos) y de ulteriores y sucesivos títulos de deuda sobre aquellos títulos de deuda. Así se ha creado una montaña de títulos de deuda interconectados debido a un crecimiento explosivo de la deuda global.
Gráfico 10. El dinero y la deuda como porcentaje del PIB mundial, 1989-2011 EE.UU.


La moneda real que es la representación del valor, del trabajo contenido en los productos.. Es llamada dinero-fuerza. Es una fracción muy pequeña comparada con las tres formas de crédito. Pero el crédito es deuda, no riqueza, y la deuda no es moneda, aunque puede cumplir algunas de las funciones del dinero.
El enorme aumento de la deuda y la crisis financiera que sigue a continuación son una consecuencia de la crisis en los sectores productivos, la caída de la tasa de ganancia con una tasa de plusvalía constante, y no su causa. Este enorme aumento de la deuda en sus diversas formas es el sustrato de las burbujas especulativas y de las crisis financieras, incluida la que está por venir. Aunque en este caso, el aumento de la tasa de ganancia debido a las ganancias ficticias alcanza su límite, desencadenando las recurrentes crisis financieras.
El capitalismo está en un curso de colisión consigo mismo. Las contra-tendencias siempre actúan menos y por eso:
(1) Los medios de producción son cada vez más caros, ya que requieren una proporción creciente del PIB, en lugar de ser cada vez más baratos;
(2) El aumento de la tasa de explotación aumenta la tasa de ganancia, pero este aumento es engañoso, ya que no indica un aumento del valor excedente producido sino su declive, junto con una mayor apropiación del mismo por el capital;

(3) El crecimiento exponencial del capital ficticio no hace más que inflar la burbuja especulativa hasta provocar su explosión. Este será el catalizador de la crisis en los sectores productivos.
Las señales de que se acerca la próxima crisis son claras: por un lado, la tendencia a la baja en el mundo, de forma irreversible, de la tasa de ganancia, aunque con espasmos debido a las contra-tendencias; de otro, los factores que serán los catalizadores de la crisis de rentabilidad, que son:
(1) Los primeros signos de guerras comerciales que, si se producen, reducen el comercio internacional y, por lo tanto, la realización de la producción de valor y de plusvalía.
(2) Los brotes de guerras, especialmente en las regiones ricas en petróleo que pueden ampliarse de repente en guerras entre las grandes potencias. El capital de las naciones productoras de armas aumentaría sus ganancias, pero las zonas en conflicto sufrirían una destrucción de capital y, por tanto, de su capacidad de producir valor y plusvalía. Este último sería el caso si el conflicto se desbordara más allá de las fronteras locales.
(3) El crecimiento de los movimientos de derecha y ultra-nacionalistas también alimentada por las políticas neoliberales y que constituyen un caldo de cultivo cultural propicio para aventuras militares.
Se podría argumentar que el capitalismo puede recuperarse si no en el mundo occidental, si en las llamadas economías emergentes. Este es un término ideológico para calificar a aquellas economías que, en la arena imperialista, han sido economías dominadas y cuya función es contribuir más que otras economías dominadas a la reproducción del sistema capitalista mundial. La falacia de este argumento es que las fuerzas productivas de las llamadas economías emergentes son las de los países tecnológicamente avanzados y, por lo tanto, chocan con los mismos límites, a saber, el aumento de la productividad del trabajo, por una parte, y la reducción continua de la fuerza de trabajo, por otra, provocando una caída tendencial de la tasa ganancia. Después de un período inicial de expansión, vuelve a surgir la tendencia a la caída de la tasa de ganancia, incluyendo el exceso de producción que resulta de esa caída. China, la India, los BRICS sufren la misma enfermedad que aflige al mundo occidental. Para poner sólo un ejemplo, el grado de dependencia tecnológica de la industria siderúrgica de China de la tecnología de los países avanzados varía de 65% para la producción de energía, el 85% para la fundición y procesamiento de productos semi-acabados, y el 90% para los sistemas de control, análisis, seguridad, protección del medio ambiente, etc.
También se podría argumentar que el capitalismo podría tener una nueva etapa de desarrollo gracias a políticas de redistribución keynesianas como producto de la inversión masiva del estado. En una situación en la que las políticas neo-liberales de carnicería social han fallado lamentablemente, la opción keynesiana vuelve al primer plano. Pero, ¿quién puede financiarlas? No los trabajadores, ya que en una situación de crisis, es decir, de estancamiento o disminución de la producción de plusvalía, unos salarios más altos significan menores beneficios. No el capital, porque la rentabilidad ya es tan baja, que las ganancias se reducen aún más. ¿El estado, entonces? Pero ¿dónde puede encontrar el dinero? No puede tomarlo ya sea del trabajo o del capital, por las razones alegadas. Por lo tanto debe recurrir a la deuda pública. Pero esta ya es alta y también contribuye al crecimiento de la burbuja. La respuesta keynesiana es que el Estado debe recurrir a la deuda pública temporalmente para financiar grandes proyectos de inversión pública. Las inversiones iniciales podrían favorecer otras inversiones, y estas otras más aún, en una cascada multiplicativa de empleo y creación de riqueza. En ese momento, los mayores ingresos del estado podrían ser utilizados para reducir la deuda pública. Este es el multiplicador keynesiano. Pero no funciona.
Después de las primeras inversiones realizadas por el Estado, los capitalistas que acometen las obras públicas deben hacer pedidos a otros capitalistas. Estos capitalistas son los que ofrecen los precios más baratos, los capitalistas cuyos trabajadores son más productivos y cuyo capital es más eficiente y, por tanto, los que emplean proporcionalmente más medios de producción que trabajo. Es decir, son los capitalistas que producen menos plusvalía por unidad de capital invertido. En cada paso de la cadena de la inversión, el trabajo aumenta en términos absolutos, pero disminuye en porcentaje, por lo que la tasa media de ganancia cae. Por otra parte, el mayor crecimiento del capital implica la desaparición de los capitalistas más débiles, los que proporcionalmente utilizan más trabajo que medios de producción. Cuando la cadena de inversiones se cierra, hay menos trabajadores empleados, se produce menos plusvalía y la tasa media de ganancia cae. El análisis empírico lo confirma: a un gasto público creciente corresponde una disminución de la tasa de ganancia.
Gráfico 11. El gasto público (% del PIB) y la tasa de ganancia con tasa variable de plusvalía, EE.UU., 1947-2010
La correlación es negativa (-0,8). Este gráfico muestra que hasta la década de 1980 el aumento de los gastos del estado no pudo frenar la caída de la tasa de ganancia. El argumento keynesiano falla. Desde la década de 1980 en adelante, la tasa de ganancia aumenta junto con el gasto público. Todavía crece, debido a que la tasa de explotación crece y no por que lo haga el gasto público. De hecho, si la tasa de plusvalía se mantiene constante, la correlación negativa se aplica a todo el período secular, incluido el período del neoliberalismo, de la década de 1980 en adelante.

Gráfico 12. El gasto público (% del PIB) y la tasa de ganancia con una tasa constante de plusvalía, EE.UU., 1947-2010
Este gráfico muestra que durante toda esta fase histórica el crecimiento de los gastos del Estado no ha sido capaz de frenar y revertir la caída de la producción de plusvalía por unidad de capital invertido, es decir, la caída en la tasa de ganancia que mide la salud del capital, la tasa de ganancia a una tasa constante de plusvalía.
Este mismo resultado tiene lugar en cada crisis concreta: aumento de los gastos del gobierno un año antes de la crisis en todos los diez casos. No pueden evitar las crisis.
Gráfico 13. Diferencias en puntos porcentuales del gasto público a partir del año antes de la crisis hasta el año pasada la crisis
La falacia del razonamiento keynesiano es que no tiene en cuenta las consecuencias de las políticas de inversión del gobierno para la tasa de ganancia, que es la variable clave de la economía capitalista. La razón de la correlación negativa es, como acabo de decir, que con cada ronda de inversión, la inversión en medios de producción es, en porcentaje, más alta que en fuerza de trabajo, según lo predicho por la teoría marxista.
Pero las políticas de gasto público, si no pueden frenar la crisis, ¿puede ser el medio para salir de la crisis? La teoría keynesiana es válida sólo si el aumento del gasto público de los gobiernos el año posterior a la crisis incrementa la tasa media de ganancia. Con la tasa de ganancia con una tasa de explotación constante, la tesis de que la recuperación se debe a un aumento en el gasto del gobierno falla en los diez casos. Las políticas keynesianas no pueden aumentar la producción de plusvalía por unidad de capital invertido.
Gráfico 14. Diferencias en el gasto público (% del PIB) y en la tasa de ganancia con tasa constante de plusvalía desde el último año de la crisis hasta el primer año después de la crisis
En resumen, el aumento del gasto público a partir del año antes de la crisis hasta el año posterior a la crisis no puede evitar que la crisis estalle; y el aumento del gasto del gobierno el último año de crisis y el primer año posterior a la crisis no consigue reactivar la rentabilidad del sistema. Ambos resultados contradicen la teoría keynesiana.
Ante el fracaso tanto de las políticas económicas keynesianas como las neoliberales, no parece que haya otra salida que la que genera espontáneamente el capital mismo: una destrucción masiva de capital.

Así salió de la crisis de 1933 sólo mediante la Segunda Guerra Mundial. Sí salió de la crisis no fue porque el capital físico fuese destruido. Si el capital es ante todo una relación de producción, una relación entre el capital y el trabajo, la guerra provocó la destrucción y la regeneración del capital como una relación de la producción. Con la economía de guerra, se pasó de la esfera civil, plagado de un alto desempleo, con un bajo nivel de utilización de los medios de producción, y una tasa de ganancia descendente, a una economía militar caracterizada por el pleno empleo tanto de la fuerza de trabajo como de los medios de producción, con la realización garantizada por el estado del material militar, con altos niveles de beneficios y de rentabilidad y altos niveles de ahorro.

Después de la guerra tuvo lugar la reconversión de la economía militar en economía civil. El gasto del gobierno como porcentaje del PIB se redujo de alrededor del 52% en 1945 al 20% en 1948, es decir, en la llamada edad de oro del capitalismo. Los altos niveles de ahorro garantizaron el poder adquisitivo necesario para absorber los nuevos medios de consumo, que a su vez requirieron la producción de nuevos medios de producción. Se aplicó toda una serie de invenciones originadas durante la guerra para la producción de nuevos productos. En los EE.UU., el aparato productivo estaba ileso. Pero en los demás países beligerantes se produjo una inmensa destrucción de medios de producción y fuerza de trabajo. El capitalismo fue revitalizado para un cuarto de siglo. Pero ¿a qué precio? Un cuarto de siglo de reproducción ampliada costó decenas de millones de muertes, sufrimientos atroces e inmensas miserias. Así es como los trabajadores, además de financiar la guerra, tuvieron que pagar para revitalizar el sistema.

Después de la llamada Edad de Oro, que sin embargo no estuvo libre de la caída de la tasa de ganancia (ver gráficos 1 y 6 arriba), el sistema ha entrado en un largo declive que dura ya cerca de medio siglo, sin que se vea luz al final del túnel. ¿Vamos hacia un colapso inevitable que ponga fin al capitalismo?

No creo que el capitalismo se autodestruya. No está en la naturaleza de la bestia. El capitalismo saldrá de la crisis, pero sólo después de una destrucción suficiente de capital, tanto financieros como en la esfera productiva. Pero es difícil imaginar en este punto la forma que adoptará esa destrucción de capital. La forma en que se destruirá el exceso de capital determinará la forma que tomará la capital, siempre y cuando supere esta fase histórica. Desde la crisis de 1929 solo se salió con la Segunda Guerra Mundial.

Un principio fundamental de la teoría marxista es la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción. La fuerza productiva es la productividad del trabajo; las relaciones de producción son la relación capital / trabajo. La contradicción es la siguiente: cuanto más aumenta la productividad del trabajo, más trabajo expulsa el capital. La caída de la tasa de ganancia es la expresión concreta de esta contradicción. Esta contradicción es una piedra angular del sistema capitalista y, por lo tanto, también de su etapa actual de desarrollo. La característica específica de la presente fase histórica es que esta contradicción se hace más difícil de resolver y es cada vez más explosiva. La capacidad de supervivencia de la actual fase histórica se está agotando, el capitalismo tiende a morir. Pero no puede morir sin ser reemplazado por un sistema superior y, por lo tanto, sin la intervención de la subjetividad de la clase. Sin esa subjetividad, se renovará y entrará en una nueva fase en la que su dominio sobre el trabajo será aún mayor y más terrible. Una condición para que esto no suceda es que las luchas sacrosantas de los trabajadores por una mayor inversión estatal para reformas y mejores condiciones de vida y condiciones de trabajo se lleven a cabo en la óptica de la oposición irreconciliable entre el capital y el trabajo, y no en la perspectiva keynesiano de la colaboración de clases.
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Notas:
1) Los datos están deflacionados y se refieren sólo a los sectores productivos de valor.
2) Carchedi, 2014, ‘Old wine, new bottles and the Internet’, Work Organisation, Labour & Globalisation, Vol 8, No 1.

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