martes, 1 de noviembre de 2016

Psicología

Algunos Problemas en la Lucha Contra el Psicoanálisis

(Primera Parte)

Joseph C. Clayton

LA PUBLICACIÓN DEL PRIMER VOLUMEN de la biografía de Freud por Ernest Jones ha dado ocasión para un nuevo estallido de glorificación del padre del psicoanálisis. Por otra parte, las auto­ridades burguesas han intentado establecer como una verdad re­conocida universalmente que, sea cual fuere la diferencia que exista, Freud permanece como "el Colón de la mente", "el Isaac Newton del mundo mental", etc.

Casi no es necesario en esta etapa, después de los muchos artículos y discusiones que han tenido lugar en los círculos marxistas y progresistas, repetir que los marxistas no están de acuerdo con tal opinión. Por el contrario, ellos rechazan el freudismo y el psicoanálisis como una teoría falsa, idealista y no científica.

¿Cómo se explica la creciente aceptación y difusión del psicoanálisis por la burguesía? Se debe a que esta teoría se presta como ninguna otra para servir los intereses de la clase dominante en el actual período de decadencia de su sistema. En una sociedad cuya decadencia y crisis progresivas producen creciente frustración, infe­licidad, confusión y aún grave transtorno mental, la preocupación de la gente por las causas y la curación de los estados mentales anormales es una preocupación muy práctica. La clase dominante da salida a este problema con su respuesta: el freudismo. A la gente se le dice en autorizados términos "científicos" que sus tras­tornos mentales no guardan relación con la sociedad enferma y corrompida en que viven, sino más bien que son causados por ciertos "instintos" bestiales, innatos, inmutables, determinados bio­lógicamente, reprimidos en sus mentes "inconscientes". Y en todas partes los que practican el freudismo, los psicoanalistas, afirman que la verdad de su ideología está probada por las "curas" que consiguen.

Pero aún más. Puesto que el psicoanálisis pretende ser la ciencia de la mente, la filosofía idealista predominante de la burguesía, prontamente se somete a la demanda del freudismo de proporcionar una explicación legítima de la Historia, organización social, conflictos humanos y del desarrollo cultural. Así llega a tener una gran arma ideológica contra la interpretación marxista de la Historia, contra el método de lucha de clases de la clase obrera y contra la perspectiva, basada en la ciencia —que comparten grandes sectores de la humanidad—, de que el camino para la solución de todos los grandes problemas reside en la reorganización de la sociedad, en el Socialismo y el Comunismo.

Ya hace algún tiempo que el movimiento marxista, tanto aquí como en el extranjero, ha llegado en general a un acuerdo en cuanto al carácter reaccionario del freudismo. Pero sólo en los últimos años —a medida que el freudismo extiende en forma cre­ciente su influencia, no sólo en los campos de la psicología y la psiquiatría, sino también prácticamente en cada sector de la ciencia social y de la cultura burguesas— ha comenzado a desarrollarse en nuestro Partido la conciencia de la necesidad de una lucha activa contra esta arma ideológica del imperialismo.

La amplia lucha contra el freudismo de las dos últimas déca­das ha dado algunas victorias. El punto más vulnerable, especial­mente para quienes trabajan en el terreno social, ha sido el extremo individualismo de las teorías de Freud. Este individua­lismo, particularmente, ha sido rechazado en muchos círculos. Como resultado, han aparecido nuevas escuelas de psicoanálisis neo-freudianas: los "culturistas" e "ínter-personalistas" como Horney, Sullivan, Fromm y Kardiner, que combinan la sumisión a la ideología freudiana con una preocupación aparente por factores culturales y sociológicos. Así pues, no basta hoy en día luchar solamente contra el freudismo clásico; también es necesario luchar contra los neofreudianos que han reganado, en el campo social, gran parte del terreno que ha estado perdiendo el psicoanálisis.

Finalmente, como el movimiento marxista esclarece cada vez más su oposición al psicoanálisis, subterráneamente aparece una tendencia (fenómeno ya familiar en la historia) que rechaza osten­siblemente toda vinculación con el psicoanálisis, pero que conserva sus conceptos básicos bajo una capa de frases marxistas. Es nece­sario luchar también contra tales deformaciones del marxismo.

* * *

La psicología humana está relacionada con el estudio de fe­nómenos mentales tales como sensaciones, percepciones, ideas, emo­ciones y actitudes; los fenómenos que en conjunto llamamos con­ciencia.

La psicología debe, como cualquier otra ciencia, utilizar un método objetivo de investigación. En otras palabras, debe basarse en el estudio del material, fenómenos objetivos y, a partir de este estudio, descubrir las leyes objetivas de la conciencia, de lo subjetivo. La conciencia en sí misma es un reflejo de la realidad. Lenin dice:

"La distinción fundamental de los materialistas y los adherentes al idealismo consiste en el hecho de que la sensación, la per­cepción, la idea y la mente del hombre en general es conside­rada una imagen de la realidad objetiva."1

Esta imagen subjetiva de la realidad externa es producida por el funcionamiento de los centros cerebrales superiores, la corteza cerebral, que Lenin llamaba "la base material de los fenómenos mentales: los procesos nerviosos."

Stalin resume el problema como sigue:

"En oposición al idealismo, el cual afirma que sólo nuestra conciencia tiene una existencia real y que el mundo material, el ser, la naturaleza, sólo existen en nuestra conciencia, en nuestras sensaciones, en nuestras percepciones, en nuestros conceptos, el materialismo filosófico marxista parte del criterio de que la ma­teria, la naturaleza, el ser, son una realidad objetiva, existen fuera de nuestra conciencia e independientemente de ella, de que la ma­teria es lo primario, ya que constituye la fuente de la que se derivan las sensaciones, las percepciones y la conciencia, y la con­ciencia lo secundario, lo derivado, ya que es la imagen refleja de la materia, la imagen refleja del ser; el materialismo filosófico marxista parte del criterio de que el pensamiento es un producto de la materia que ha llegado a un alto grado de perfección en su desarrollo, y más concretamente, un producto del cerebro, y éste el órgano del pensamiento, y de que, por lo tanto, no cabe, a menos de caer en un craso error, separar el pensamiento de la materia."2

El estudio científico de lo subjetivo debe, en consecuencia, ba­sarse en las leyes objetivas de la base material de la conciencia: la interacción entre las condiciones de vida del individuo y el fun­cionamiento de su corteza cerebral. La base para el desarrollo de una verdadera ciencia de la psicología es diferente de la que en­contramos en otras ciencias. Otras ciencias, ya sean físicas o socia­les, estudian fenómenos materiales tales como átomos, moléculas, células vivas, la producción y el intercambio de mercancías, etc. Las leyes objetivas en estas ciencias pueden por eso ser descubiertas y formuladas directamente en términos de los fenómenos estudiados por la ciencia. La psicología, por el contrario, estudia lo subjetivo, fenómenos que no tienen la calidad de una existencia independien­te, autodeterminada debido a su naturaleza derivada, secundaria. Como resultado, las leyes objetivas de la psicología no pueden ser descubiertas y formuladas en términos de lo subjetivo, sino indi­rectamente, a través del estudio de su base material.

Los psicoanalistas, por otra parte, encaran el estudio de la vida mental, de lo subjetivo, sobre una base enteramente diferente. Sus "leyes" del funcionamiento de la mente no están basadas en procesos materiales primarios, sino en la acción de hipotéticos im­pulsos instintivos, determinados biológicamente, de los cuales se supone que se expresan a través de las emociones, actitudes e ideas del individuo. Aunque el freudismo sostiene que descansa en una teoría biológica, en la práctica descansa en el idealismo subjetivo. Esto se debe a que interpreta el funcionamiento de la mente sobre la base, no de entidades materiales primarias, sino de entidades subjetivas —emociones, ideas, etc.—, que son solamente reflejos de la realidad. Los freudianos van aún más lejos al interpretar, no sólo la vida mental del individuo en función, de fuerzas subjetivas, sino también las enfermedades físicas, el arte, la ciencia, así como la sociedad. ¡Es un subjetivismo vengativo! Lo que es secundario —lo subjetivo— se hace primario; y lo que es primario —la reali­dad social externa— se hace un reflejo de lo subjetivo.

En concordancia con su enfoque subjetivo, los psicoanalistas ignoran completamente la fisiología de la corteza cerebral. Sepa­ran la materia del pensamiento lo más completamente que pueden, y frecuentemente se jactan de ello.

Repitamos: el estudio de lo subjetivo no es lo mismo que el idealismo subjetivo. Por el contrario, el estudio de lo subjetivo (de los procesos mentales) puede y debe ser desarrollado científi­camente tal como el estudio de los átomos, las células vivas, la producción de mercancías o cualquier otro fenómeno de la natu­raleza y de la sociedad. Sin embargo, cuando los fenómenos men­tales son tratados como primarios en vez de como reflejos de la realidad exterior, y son separados de su base material (los centros cerebrales superiores), esto se transforma en un planteamiento idea­lista subjetivo.

***

El extremo idealismo subjetivo del freudismo se muestra no sólo en su teoría, sino también en las técnicas de la práctica tera­péutica del psicoanálisis.

Estas técnicas de los psicoanalistas están necesariamente determinadas por los objetivos que se proponen alcanzar. Estos objetivos reciben diferentes denominaciones, tales como "hacer el inconsciente consciente", "autocomprensión", eliminación del "conflicto interior"; pero en esencia todos ellos envuelven intentos de manipulación y reordenación del estado subjetivo del paciente. Por contraste, una psicoterapia materialista establecería como ob­jetivos obtener cambios en la práctica del individuo, cambios orien­tados de tal modo que su conciencia reflejara la realidad exterior con más precisión y mayor profundidad.

Las técnicas básicas de los psicoanalistas, todas las cuales reflejan su posición idealista, comprenden la asociación libre, el énfasis en la relación paciente-terapista, y la preocupación por la interpretación de los sueños sobre una base subjetiva. Se le dice al paciente que debe hablar espontáneamente sin atención a la lógica, la coherencia o la relación. Si hace esto, es decir, si "asocia libre­mente", entonces sus palabras comenzarán a revelar la tierra pro­metida de los freudianos, "el Inconsciente". En verdad es lógico que el psicoanalista, a quien no le preocupa la realidad objetiva, esti­mule en sus pacientes este tipo de procesos mentales llamados aso­ciaciones libres, en las que el reflejo de la realidad exterior es más confuso, tenue y obscuro. Un cultivo y estimulo prolongado de este tipo de pensamiento en el paciente puede llevar solamente a una extrema preocupación por sí mismo y a dejar de lado los problemas reales del mundo real.

El psicoanalista instiga al paciente a alejarle más aún de sus problemas reales, envolviéndolo en forma intensa en consideraciones respecto a la relación paciente-terapista. El psicoanalista insiste en que esta relación es muy especial y le da un rótulo distintivo: "la transferencia". Asegura al paciente que el éxito del tratamiento depende de cómo él intervenga en esta relación. De este modo, el paciente es mucho más apartado de sus problemas reales en el mundo exterior al verse envuelto en los problemas de esta relación única y, en muchos aspectos, artificial. La relación paciente-terapista está ciertamente muy lejos de la actividad productiva del pa­ciente y de sus demás relaciones en la sociedad. Así pues, no puede ser un factor decisivo en cuanto a aumentar la comprensión por parte del paciente, del mundo en que vive, incluyendo la naturaleza de sus relaciones con otras personas.

Volviéndonos al asunto de los sueños, encontramos que los psicoanalistas han desarrollado una estructura muy elaborada de interpretación de este fenómeno. Pero toda esta estructura descansa en una base subjetiva: cómo el "inconsciente reprimido" se expresa en los sueños, cómo opera un censor mítico, cómo el sueño expresa un deseo disfrazado, etc. Se ignora totalmente el hecho objetivo básico de que en el sueño el funcionamiento de la corteza cerebral se modifica, de modo que estudiar el sueño científicamente significa, en primer término, conocer cómo funciona la corteza cerebral du­rante el sueño.

Finalmente, esta orientación básica de los psicoanalistas a apartarse de la realidad objetiva se expresa en el modo cómo se conduce el tratamiento. El paciente habla tendido en una camilla, con el psicoanalista oculto de sus ojos. Este método es la cima de la artificialidad y de la irrealidad, muy lejos de la conducción corrien­te de las relaciones humanas. Está concebido —y triunfa en su propósito— para que el paciente considere su problema en una atmósfera irreal, de aislamiento, en la que ocupa el primer plano su estado subjetivo, abstraído de la realidad externa.

En resumen, la actitud de los psicoanalistas ante el tratamien­to de los trastornos mentales descansa en una teoría extremada­mente idealista subjetiva, el freudismo. Sus técnicas terapéuticas reflejan esta actitud y tienden a influir a sus pacientes en el sen­tido de preocupaciones subjetivas, centralizadas en si mismas, individualistas, y a apartarlos de cualquier actitud objetiva, activa ante sus problemas reales en el mundo real. Los pacientes trata­dos de este modo pueden, en ciertas ocasiones, experimentar una mejoría en cuanto a los síntomas que los llevaron al psicoanalista en busca de tratamiento. Esta clase de alivio puede alcanzarse con cualquier procedimiento que disminuya los reflejos subjetivos de problemas y conflictos objetivos. En cierto sentido lo hace la religiosidad; en otro sentido, el uso de drogas y narcóticos y el psicoanálisis lo consigue mediante su elaborada técnica propia. Pe­ro, ¿es ésta una curación? En aras de un aminoramiento del trastorno mental, el sujeto se aísla aún más de sus problemas reales, deja de lado aun el intento de afrontar subjetivamente sus problemas reales y sacrifica la posibilidad de aumentar su conoci­miento y de profundizar su conciencia del mundo en que vive.

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Notas

(1) V. I. Lenin, "Materialismo y empiriocriticismo".
(2) J. Stalin, "Historia del PC (b) de la URSS". (Ediciones Anteo, 1947), p. 114.

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