martes, 1 de noviembre de 2016

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

La Creación Heroica de Mariátegui y el Liquidacionismo de Derecha

(Onceava Parte)


Eduardo Ibarra

La cuestión del partido del proletariado

Esta cuestión –que define el liquidacionismo de derecha de García– ha sido analizada en varios trabajos nuestros, y, por esto, aquí nos referiremos brevemente a algunos pocos aspectos del tema.

La liquidación del partido de clase se presenta en el grupo liquidacionista como la materialización de la abjuración del marxismo-leninismo.

Dicho de otro modo, como la negación de la independencia ideológico-política y de la autonomía orgánica del proletariado.

La abjuración del marxismo-leninismo y del partido de clase llevó a García a cometer una monstruosa falsificación de la filiación doctrinal de Mariátegui y el PSP.

Monstruosa, porque la filiación marxista-leninista de Mariátegui y el PSP es verdad manifiesta en el programa de este partido, lo cual agota la cuestión.

No obstante, García niega el marxismo-leninismo de Mariátegui y el PSP, cosa que sus parciales repiten servilmente.

Semejante negación no puede, pues, ser entendida sino como algo intencionado, premeditado, tramado a fin de suprimir el partido de clase a favor de un partido doctrinariamente variopinto.

Lo premeditado de la negación se expresa concentradamente en el hecho de que García falsifica completamente la afirmación mariateguiana de un partido de masas y de ideas; así, nuestro liquidador promueve un partido de masas doctrinariamente variopinto, es decir, un partido pluriclasista, siendo que el maestro proyectó un partido de masas marxista-leninista, es decir, un partido de clase.

La abjuración del marxismo-leninismo y del partido de clase y la negación de la filiación doctrinal de Mariátegui y el PSP, tiene, en el grupo liquidacionista, algunas grotescas expresiones en el plano de sus relaciones internas y en el plano de sus relaciones externas.

En el primer plano, es un hecho que, desde hace más de cuarenta años, García dirige a su grupo por correspondencia, y sin que sus posiciones sean debatidas democráticamente en reunión alguna.

Ese burocratismo y ese despotismo son absolutamente extraños al marxismo-leninismo, como lo puede entender cualquier marxista.

No es necesario extendernos en otras expresiones de semejantes deformaciones en el aludido plano (egotismo burgués-servilismo feudal; nivel secreto de dirección, secreto, en principio, respecto al resto de su propia membrecía; liberalismo burgués,  etcétera), para que cualquier marxista se percate de la descomposición ideológica imperante en el grupo liquidacionista.

En el segundo plano, son una realidad incontrovertible los métodos criollos que utilizan los liquidadores en su afán de embaucar a algunos elementos con vistas a fundar el nivel público de su grupo: falacias, trucos, insultos, calumnias, zancadillas, infamias, etcétera, etcétera, son recursos a los que los liquidadores han acudido frecuentemente tanto en el trabajo orgánico con otras tendencias como en el debate con sus críticos.

Ninguna moralina ni ninguna retórica han podido ocultar tales métodos criollos (54), y, por esto, está en la conciencia de decenas y decenas de activistas la doble moral de los liquidadores.

El liberalismo burgués es la ideología realmente existente en el grupo liquidacionista, y esta realidad no tiene por qué extrañar a nadie: la abjuración del marxismo-leninismo y del partido de clase y la oposición a Mariátegui (55), han determinado el desborde de relaciones antiproletarias en sus relaciones internas y el uso de los más grotescos métodos criollos en sus relaciones externas.

Por lo expuesto, es fácil darse cuenta de que el aislamiento político en que ha terminado el grupo liquidacionista es el resultado del repudio a sus posiciones oportunistas, revisionistas, liquidacionistas; el repudio a sus métodos criollos; el repudio a su egotismo burgués; el repudio a sus ambiciones desmesuradas (56).

Por eso sus afanes de liquidar el partido de clase a favor de un partido doctrinariamente heterogéneo, no es más que la crónica de una muerte anunciada (57).

La base social del grupo liquidacionista

El grupo liquidacionista tiene como base social la pequeña burguesía intelectual. Desde los años setenta, los “bolcheviques” -así autodenominados entonces–  constituyen un pequeño grupo de intelectuales sin ningún lazo orgánico con la clase obrera y, en general, con las clases trabajadoras.

En más de cuarenta años de actividad independiente (independiente del Partido), el grupo liquidacionista no ha superado ese clamoroso aislamiento de las masas trabajadoras.

Las deserciones de Ramón García

Después de haber sido batido en la lucha interna e inmediatamente después de la asonada del 5 de febrero de 1975, por interpósita persona García remitió al CC del Partido una carta solicitando una licencia por un año, plazo después del cual, sin embargo, no se reincorporó, por lo cual cualquiera puede entender que su solicitud de licencia fue nada más que una maniobra para encubrir por adelantado su deserción.

Esta deserción tiene su antecedente en el hecho de que, en el IV pleno del CC del Partido (1974), García capituló ante Guzmán votando a favor de sus posiciones y en contra de las suyas propias.

Este hecho expresa la debilidad de espíritu de García, lo cual volvió a ponerse de manifiesto algunos meses después con su deserción.

Puesto que al desertar García abandonó el país, su deserción del Partido significó, al mismo tiempo, una deserción de la lucha contra el régimen corporativo y una deserción de su propia facción, a la que abandonó a su suerte.

Pero además, con el tiempo, se hizo patente que desertó también de toda práctica política: nuestro liquidador lleva ya más de cuarenta años sentado en su foráneo pedestal de cristal, mostrando así, sin ruborizarse, su recalcitrante burocratismo.

En conclusión, García desertó del Partido, de la lucha contra el régimen corporativo, de su propia facción y de toda práctica política, perseguido únicamente por el fantasma de su propia impotencia y el fantasma de su propia cobardía (58).

Pero hay más: a partir de los años ochenta nuestro liquidador desertó de la lucha contra el revisionismo, del marxismo-leninismo, de la Creación Heroica de Mariátegui en punto a cuestiones fundamentales dirimentes, de la filiación marxista-leninista del maestro y el PSP, del partido de clase, de la Reconstitución, etcétera, etcétera.

El silencio de Ramón García y sus repetidores

Desenmascarado su revisionismo liquidacionista, sus métodos criollos y su egotismo burgués, García se ha sumido en el silencio.

Esta actitud no es de extrañar, pues el oportunismo de todos los tiempos ha procedido de forma semejante.

Así por ejemplo, Lenin recuerda que, “El ‘furioso’ ataque de Marx tuvo como consecuencia el que los oportunistas” en el Partido Socialdemócrata Alemán “se retiraran… y se ocultasen” (59).

Así también, desenmascarado, Haya se sumió en el silencio. En carta a Mariátegui del 19 de marzo de 1929, Ravines dio cuenta del hecho: “… ahora tenemos al camarada en cuestión, que se halla en Berlín, encerrado en el más impenetrable mutismo…” (Correspondencia, t.II, p.531).

García, o sea “Yo el Supremo”, desde su pedestal de cristal intentó devaluar nuestras críticas a sus posiciones oportunistas calificándolas de “murmullos”.

Pero esta burda maniobra fue rápidamente desenmascarada.

Por eso, después ha pretextado que, debido a que está “preparando” su partido antimariateguiano, el debate sobre Mariátegui y el PSP es “un tópico superado” (60).

La realidad de las cosas es, sin embargo, que, desenmascarado con argumentos irrefutables, ¿cómo podría nuestro liquidador defender su indefendible negación de las razones de Marx, Engels y Lenin sobre el nombre científicamente exacto del partido del proletariado, su indefendible negación de las razones de Mariátegui para titular Socialista a su partido, su indefendible abjuración del marxismo-leninismo, su indefendible falsificación de la filiación marxista-leninista de Mariátegui y el PSP, su indefendible falsificación de la verdad orgánica del PSP, su indefendible negación del partido de clase, su indefendible egotismo burgués, sus indefendibles métodos criollos, etcétera, etcétera?

Por eso, frente a nuestra crítica, García ha escondido la cabeza bajo el ala.

Pero el desenmascaramiento del revisionismo liquidacionista ha producido otro tipo de silencio: necesitados de servirse de Mariátegui como coartada y hasta como señuelo, algunos liquidadores escriben artículos (sobre la fundación del PSP o el natalicio de Mariátegui, por ejemplo), ocultando cuidadosamente su negación del marxismo-leninismo de Mariátegui y el PSP, su falsificación de la verdad orgánica de este partido, su proyecto de un partido-amalgama, etcétera, etcétera (61).

Es decir, los liquidadores no tienen el valor elemental de plantear francamente sus posiciones contrarias a Mariátegui y al PSP y su intención de liquidar el partido de clase.

De ese modo mantienen en el silencio sus posiciones y sus propósitos y, por esto, sus artículos aparecen como pura retórica dirigida a engañar a la muchachada (62).

Notas
[54] En ocasión del affaire Eusebio Leyva, el jolgorio de los liquidadores fue tal, que no pudieron evitar que se les cayera la careta con la que pretendían ocultar su descomposición moral: todos a una (unos manifestándose abiertamente, otros otorgando con su silencio cobarde), publicitaron las páginas más roñosas que se hayan escrito en la historia de la izquierda peruana: desde García, que se apresuró en felicitarse a sí mismo, hasta Velásquez que terminó entrevistando a quien, de entrada, acusó de ser un agente policial.
[55] Sí, oposición a Mariátegui, pues negar su filiación doctrinal y la de su partido, falsificar el sentido de su proyecto de un partido de masas y de ideas, negar su tesis según la cual los cauces legales no pueden contener una acción revolucionaria, negar el carácter marxista-leninista del Socialismo Peruano, abjurar de la Reconstitución, etcétera, etcétera, es oponerse a Mariátegui.
[56] Como hemos señalado en otro lugar, el egotismo burgués y el servilismo feudal es rasgo característico de la vida interior del grupo liquidacionista; pero en sus relaciones externas este grupo actúa con un patético egotismo burgués: en ocasión de su fracasado intento de tragarse al PCP-U, Velásquez sostuvo que lo que había pasado era que este partido no “entiende todavía que tiene que autodisolverse” (cito de memoria). ¿Entiende el lector? El PCP-U, según Velásquez, no entendió que tenía que autodisolverse a favor de las posiciones del grupo liquidacionista, cuando en realidad lo que tiene que entender este grupo (cosa que no entiende todavía) es que su concepción kautskiana de la unidad de marxismo y revisionismo no prosperará jamás; por supuesto, la unidad de revisionistas liquidadores y revisionistas tradicionales no hubiera sido, huelga decirlo, la unidad de marxistas y revisionistas, sino apenas la unidad de dos matices del revisionismo, la unidad de quienes se llenan la boca hablando contra el partido surgido de la Reunión de mayo de 1930 y de quienes, precisamente, son herederos de ese vilipendiado partido.
[57] Debe tenerse en cuenta que, desde la segunda mitad de los años ochenta, el plan de García es la “disolución-integración” del PCP-U, del PCP-PR, del PCP-SL, del PCP-BR (entonces existente todavía),  etcétera, etcétera, bajo su línea revisionista-liquidacionista. En más de treinta años, este plan solo ha cosechado fracasos. Dicho sea finalmente: el método de construcción sobre la base de seminarios (concepción burocrática por donde se le mire), que García propuso desde los años setenta, en los últimos diez años ha experimentado su fracaso definitivo.
[58] Señalamos estos rasgos de la actuación y la sicología de García, solamente porque, en un intento por disimularlos, se autocalificó de “Duro de Matar”. Era pues necesario traerse abajo el infundado autoelogio.
[59] Prefacio a la traducción rusa de la “Correspondencia de J.F. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, Marx y otros con F.A. Sorge y otros”, en Contra el revisionismo, p.72). En el caso de que tratamos, retirarse y esconderse equivalió a sumirse en el silencio.
[60] Con el manto de esta frase García pretende eludir todo debate sobre sus flagrantes y groseras falsificaciones de la verdad doctrinal de Mariátegui y la verdad doctrinal y orgánica del PSP.
[61] Por ejemplo los artículos de Manuel Velásquez se destacan por dicho procedimiento oportunista. Pero no son los únicos.
[62] El único liquidador que todavía pretende dar pelea, es Miguel Aragón. Pero todos sus artículos donde exacerba las posiciones liquidacionistas (negación de la existencia del PSP, de la legitimidad de las reuniones de La Herradura y de Barranco, de la constitución del Comité Ejecutivo del PSP, etcétera) han sido oportuna y puntualmente rebatidos uno a uno.


Material Adjunto

Comentario al libro “Memorias desde Némesis” de Abimael Guzmán

(Extracto)

E.I.


(…) DE ESTAS CUESTIONES examinadas por Abimael Guzmán, es necesario destacar aquí las siguientes:

1) En los años setenta Ramón García pretendió aniquilar el Partido aislándolo de las masas y la lucha de clases;

2) consecuente con ello, desmontó la organización del Comité Regional de Lima, donde tenía influencia;

3) con el editorial de Bandera Roja Nº 44 planteó un plan programático-político diferente al del II Pleno;

4) redujo toda la actividad partidaria a “crítica y preparación”, constriñendo lo primero al estudio del desarrollo de las ideas marxistas en el Perú; y practicando lo segundo como separación de las masas y la lucha de clases;

5) fue practicante acérrimo del ocultismo y pregonero en corrillos de “basta línea”.

Puntualización especial merece la deserción de Ramón García y Manuel Montañez de las filas del Partido. En el artículo Las cinco caídas de yo el supremo, García se pavoneó sosteniendo que “fue expulsado, con pelos y señales, primero por el PC-U, segundo por el PC-BR, tercero por el PC-SL”. Pero ocurre que lo último no es cierto, y en su oportunidad se lo hicimos saber a los activistas del Socialismo Peruano.

La verdad del caso es la siguiente: “No hubo… sanción alguna, contra nadie, en el IV Pleno”; ni el V Pleno ni otro evento los expulsó, ni los sancionó; simplemente se registró su deserción” (Memorias desde Némesis).

Esta es, pues, la verdad histórica de los hechos que García intenta silenciar con la mentira de que fue expulsado del PCP.

En el mismo artículo –y enseguida de lo citado arriba– García siguió pavoneándose: “Ciertamente, ciertamente, el Supremo resultó también otro ‘Duro de Matar’”.

Pero la verdad es esta: “la Facción Roja llevó adelante exitosamente la sesión [el IV Pleno] y los acuerdos se tomaron por unanimidad” (ibídem).

Es decir, ¡el “Duro de Matar” capituló ante las posiciones de Guzmán y votó por ellas en contra de las suyas propias!

Y, después de ello y de la asonada del 5 de febrero de 1975, no solo desertó del Partido y de la lucha contra el régimen fascista, sino también de toda práctica política: en unos meses más cumplirá cuarenta años de inoperancia.

Por otro lado, es un hecho que, con su actual liquidacionismo de derecha, García está políticamente muerto. Y no por homicidio, sino por suicidio.

Para adelantarnos a cualquier malicioso reparo, transcribimos la siguiente afirmación de nuestro artículo A propósito de algunas “observaciones” (10.11.13):

mientras en 1967 García sostenía dos estructuras en el Partido, pero sin postular ninguna diferencia doctrinal entre ambas, ahora también sostiene dos estructuras, pero pretendiendo una diferencia doctrinal entre las mismas: el nivel secreto, restringido, debe ser doctrinariamente homogéneo, y el nivel público, masivo, debe ser doctrinariamente heterogéneo. De este modo ha pasado de una fórmula puramente orgánica a una fórmula marcadamente doctrinal, subastando así la independencia ideológica y organizativa del proletariado, es decir, intentando liquidar el Partido como partido de clase. Así, pues, de su liquidacionismo de izquierda de los años 1970, García ha pasado a su actual liquidacionismo de derecha. Esto es, como lo hemos señalado en otro lugar, revisionismo en cuestiones de organización.

Por su parte, Manuel Montañez “no concurrió al Pleno [al V] pese a ser citado y comprometerse a asistir, [y] comunicó su alejamiento por carta”. De esta forma expresó la misma impotencia de García.

Hay que agregar, respecto al punto, algo que posiblemente Guzmán no sepa. En el verano de 1975, con su liquidacionismo de “izquierda” bajo el brazo, García intentó levantar tienda propia, pero fracasó. Por lo tanto, en unas circunstancias en que el antagonismo con su liquidacionismo era orgánicamente tratado como contradicción no antagónica, su escisionismo aparece como escisionismo de un liquidador. Este es el fondo de la cuestión. Por eso su apelación a la idea de un “escisionismo positivo” para justificar su injustificable deserción, no pasa de ser una burda maniobra para consumo de incautos.

Por lo demás, los otros liquidadores desertaron también siguiendo así el mal ejemplo de sus cabecillas. Por eso Guzmán aclara en su libro: “Tampoco tiene fundamento alguno que se haya ‘expulsado a la mitad del Comité Regional 14 de junio’; y esto es así, sencillamente, porque tal Comité no tenía militancia organizada” (Memorias desde Némesis).

Así, pues, si en los años setenta Ramón García pretendió liquidar el Partido aislándolo de las masas, ahora pretende hacer lo mismo disolviendo su carácter de clase en una organización de masas doctrinariamente variopinta.

Pues bien, como se ha podido ver, el comentario del libro Memorias desde Némesis ha servido para esclarecer el papel cumplido por Abimael Guzmán en la vida partidaria de los años sesenta y setenta; para, al mismo tiempo, examinar sus errores de concepción relativos al proceso de la revolución peruana y a la reconstitución del Partido; para, finalmente, explicar un hecho actual como es el liquidacionismo de derecha de Ramón García, palingenesia de su liquidacionismo de “izquierda” de los años setenta: en el marxismo toda desviación es de derecha, pues las desviaciones de “izquierda” solo lo son en la forma.

22.05.2014.


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

Acerca de un Altercado


Eduardo Ibarra


ENTRE OTRAS COSAS, A RAMÓN GARCÍA y Miguel Aragón los une la negación del marxismo-leninismo y del partido de clase.

Sin embargo, entre ambos existe una diferencia básica: mientras el primero fue quien sistematizó el revisionismo liquidacionista, el segundo se limitó a asumirlo servilmente.

Embozado tras el membrete de un círculo, el 10 de marzo del año que corre García publicó el artículo Un tópico superado (1), que Aragón contestó el 16 de setiembre con el artículo Hacia el aniversario 87: ¿Un tópico superado?

Como en este caso el orden del análisis no altera el producto, empezaremos por analizar el artículo de Aragón para después hacer lo mismo con el de García.

I

De entrada, Aragón habla de “la trascendental  Reunión  de Barranco del 7 de octubre de 1928”. Pero esta frase se revela retórica, pues, como es de conocimiento general, su autor descalifica esta Reunión insinuando que fue inconsulta y no representativa, negando así, en consecuencia, el propio proyecto de partido de Mariátegui; niega que dicha Reunión hubiera aprobado, en primera instancia, Principios programáticos del Partido Socialista, negando así, en consecuencia, el marxismo-leninismo como la base de unidad del “grupo organizador”; por último, niega también que la aludida Reunión hubiera constituido el Comité Ejecutivo del Partido.

Como se ve, nuestro personaje tiene posición definida (2) respecto a la Reunión de Barranco, pero también respecto a otras cuestiones (3).

Como es de conocimiento común, en algunas decenas de artículos hemos sustentado una serie de puntos de vista acerca de la realidad histórica del PSP, la personalidad doctrinal de Mariátegui, la Reconstitución, etcétera.

Por lo tanto, por parte y parte hay posiciones definidas (4).

Por eso cae por su propio peso la pregunta: ¿qué pretende Aragón con sus interrogantes que, como se puede percibir, sugieren que todo está por explicarse?

Pues dos cosas: primero, tender una cortina de humo alrededor de sus posiciones antimariateguianas y contrarias al PSP; segundo, meter duda sobre los argumentos de quienes defendemos la verdad histórica de este partido y de su fundador (5).

Varios meses después de haberse demostrado, con la publicación del artículo La Reunión de Barranco y el liquidacionismo histórico, que esta Reunión aprobó Principios programáticos y acordó la constitución del Comité Ejecutivo del Partido, Aragón pregunta: “¿Hubo debate [en la Reunión de Barranco]?, o tal vez ¿se acató sumisa y calladamente todas las propuestas presentadas por Mariátegui?”; “Los Principios Programáticos redactados por José Carlos Mariátegui, se presentaron, debatieron y aprobaron el 7 de octubre, o solamente fueron  presentados para ser debatidos a mediano plazo, para ser  aprobados posteriormente. De haberse leído y debatido ¿Cuánto (sic) tiempo duró el debate y quiénes intervinieron? De haber sido  aprobado, se aprobó todo el texto completo,  se aprobó por partes con algunas observaciones, o no se aprobó nada”. “Que (sic) se acordó constituir realmente en la Reunión de Barranco: el Comité Ejecutivo del Partido Socialista, o el grupo organizador del Partido Socialista del Perú” (puntos 24, 26 y 29) (6).

Pero, precisamente por eso, sugiere que en dicha Reunión los asistentes acataron “sumisa y calladamente todas las propuestas presentadas por Mariátegui”, y que “los” Principios programáticos solamente fueron presentados para ser debatidos a mediano plazo”.

Esto revela su oscura intención de presentar a Mariátegui como un dirigente antidemocrático, autoritario, como un “caudillo personalista”.

Es menester llamar la atención sobre el ridículo detallismo de Aragón: “cuándo se culminó la redacción del libro 7 Ensayos…,  cuando (sic) comenzó y cuando (sic) concluyó  la impresión y el empastado del libro,  cuando (sic) comenzó la distribución  del libro, y cuál fue, y como (sic) avanzó el plan de distribución del libro 7 Ensayos” (punto 6); Cuantos (sic) y quienes (sic) intervinieron en el debate [de la Reunión de Barranco]” (punto 24). “De haberse leído [‘Los Principios Programáticos’] y debatido ¿Cuánto tiempo duró el debate y quiénes intervinieron?” (punto 26). “Cuánto tiempo duró la Reunión de Barranco: ¿Todo el día?, ¿medio día?, o tal vez, ¿de dos a tres horas?” (punto 25).

De esta forma pretende pasar por meticuloso, pero, por cuanto cualquier respuesta a sus fatuas preguntas no permitiría explicar nada fundamental acerca de 7 ensayos, la Reunión de Barranco, del PSP, las mismas equivalen a estas otras: ¿quién compró primero 7 ensayos? ¿un obrero? ¿un intelectual? ¿en la Reunión de Barranco se hizo cuarto intermedio? ¿hubo café? ¿quiénes tomaron café?

Aragón habla de la “palabreja compuesta ‘marxismo-leninismo’” (punto 34).

Pero ocurre que dicha “palabreja” se encuentra en Principios programáticos, ni más ni menos.

Sin embargo, Aragón mira a otro lado (7).

De esta manera demuestra no tener la suficiente honestidad intelectual de reconocer un hecho tan notorio ni el suficiente coraje político de criticar a Mariátegui por haber adoptado la susodicha “palabreja”  (8).

A los conocidos sofismas esgrimidos por los liquidadores para renegar del marxismo-leninismo, Aragón ha agregado una nueva: “¿Actualmente el marxismo  sigue siendo válido, o ya ha sido superado por el tiempo, y debemos proponer ir “Más allá del marxismo” agregándole complementos a la denominación original?”.

Como se ve, nuestro liquidador cree que agregarle “complementos a la denominación original”, es “ir Más allá del marxismo”, es decir que, según él, el término marxismo-leninismo expresa que el marxismo ha dejado de ser válido (que “ha sido superado por el tiempo”).

Compare el lector este planteamiento anticientífico con el análisis científico que hizo Stalin del leninismo en Los fundamentos del leninismo, Cuestiones del leninismo, Entrevista con la primera delegación de obreros norteamericanos.

La riqueza cualitativa del marxismo se expresa, entre otras cosas, en el hecho de que, al mismo tiempo, es una concepción y una doctrina, un método y una teoría.

Si como concepción (como método) el marxismo es válido para todos los tiempos históricos, como doctrina (como teoría) está sujeto a los cambios de la realidad objetiva.

Por eso Stalin señaló: “En su desarrollo, el marxismo no puede dejar de enriquecerse con nuevas experiencias, con nuevos conocimientos, y, por tanto, algunas de sus fórmulas y conclusiones tienen forzosamente que cambiar con el tiempo, tienen forzosamente que ser sustituidas por nuevas fórmulas y conclusiones, correspondientes  las nuevas tareas históricas. El marxismo no reconoce conclusiones y fórmulas inmutables, obligatorias para todas las épocas y períodos. El marxismo es enemigo de todo dogmatismo” (El marxismo y los problemas de la lingüística, ELE, Pekín, 1976, p.51).

Así, pues, si Stalin demostró que el marxismo está vigente porque se ha desarrollado como leninismo, Aragón dice que no se puede hablar de marxismo-leninismo porque el marxismo no ha caducado.

Como se ve, exactamente como ocurre en los demás liquidadores, en el planteamiento del problema del leninismo la cuestión del desarrollo del marxismo no existe tampoco en Aragón (9).

En cambio, como se ha constatado, en el planteamiento de Stalin la cuestión del desarrollo del marxismo ocupa el lugar central. Por eso señaló: “la verdad entera del leninismo es que no sólo hizo renacer el marxismo, sino que dio un paso adelante, prosiguiendo el desarrollo del marxismo bajo las nuevas condiciones del capitalismo y de la lucha de clases del proletariado” (Los fundamentos del leninismo).

Y por eso concluyó: “El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria” (ibídem). 

Así, pues, la vigencia del marxismo se ha expresado en su desarrollo, en el surgimiento del marxismo-leninismo.

Por eso este término es completamente legítimo (10).

        No obstante, los liquidadores lo cuestionan aduciendo argumentos que son verdaderas tretas: el término marxismo-leninismo se derivó de la lucha interna en el partido bolchevique (Ramón García travestido de Eusebio Leyva); fue un producto del nacionalismo ruso (Aragón); fue Bujarin quien lo utilizó primero (Gustavo Pérez).

Por eso tienen por base ideológica suya un marxismo a secas (“marxismo” sin leninismo).

Intentando imponer en toda la extensión de la Izquierda Peruana ese marxismo sin leninismo, los liquidadores pretenden un partido-amalgama con toda suerte de detractores de Lenin, Stalin y Mao. Este es el fondo de su negación del marxismo-leninismo.

Para concluir con el presente apartado, es menester señalar que el artículo analizado hasta aquí, no desenmascara en absoluto la pomposa retórica de García, sencillamente porque Aragón no reúne las condiciones ideológicas para ello.

II

Como se ha visto, el título del artículo de García es una frase de Mariátegui.

        Manipulándola, nuestro personaje pretende que el debate sobre el PSP es una cuestión que ya no tiene caso.

De esta forma echa tierra a los ojos de sus partidarios, y, así, cree haber cerrado toda posibilidad de que algunos de ellos puedan tener la lucidez de criticar su falsificación de la verdad histórica del PSP.

Pero, obviamente, no puede hacer ni creer lo mismo en el marco del Socialismo Peruano, donde hace tiempo tal falsificación ha sido completamente desenmascarada.

Reseñemos la falsificación del PSP que comete García y analicemos la fraseología con la que intenta encubrir su proyecto de liquidar el partido de clase.

Dice nuestro liquidador: “la Preparación de la Organización del Socialismo Peruano, es la luz al final del túnel hacia el Cambio Social. Esta es la realidad y tarea actual del Socialismo Peruano”.

Pero ¿de qué “socialismo peruano” habla?

Rompiendo con su inicial socialismo a lo Araquistain, en la segunda mitad de 1920 Mariátegui se asimiló al marxismo-leninismo.

A poco de su regreso al país en 1923, deslindó explícita y terminantemente con toda suerte de socialismo no marxista (ver La crisis mundial y el proletariado peruano).

En setiembre de 1928, Amauta se afirmó  categóricamente marxista”: “En nuestra bandera, inscribimos esta sola, sencilla y grande palabra: Socialismo” (11).

En octubre del mismo año, Mariátegui señaló: “Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano” (Advertencia a 7 ensayos).

En el mismo mes, propuso –y acordó en primera instancia– el marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP.

Por lo tanto, es claro para cualquier persona pensante que el Socialismo Peruano de Mariátegui es el socialismo marxista, y no el nebuloso socialismo en general.

No obstante esta verdad, García utiliza el término para referirse al socialismo en general, y no concretamente al socialismo marxista.

Por eso su “socialismo peruano” es antimariateguiano, antimarxista, oportunista.

Por eso, mientras el PSP fue un partido doctrinariamente homogéneo, marxista-leninista, de clase, García pretende un partido con dos niveles orgánicos doctrinariamente disímiles, o sea, un partido pluriclasista (12).

Ahora puede comprender el lector que, cuando habla de “la Preparación de la Organización del Socialismo Peruano”, está hablando de una organización que representaría un socialismo variopinto, difuso, indefinido, ambiguo, es decir, de una organización-mezcolanza.

Y puede comprender, por lo tanto, que el “socialismo peruano” de García no tiene nada que ver con el Socialismo Peruano, y que la organización que prepara no tiene nada que ver con el Partido de Mariátegui.

En consecuencia: 1) su organización no sería más que la organización del liquidacionismo peruano; 2) por eso, su “preparación” apenas es “la tarea” del grupo liquidacionista; 3) por eso, no es ni puede ser “la luz al final del túnel hacia el Cambio Social”.

En conclusión, la examinada falsificación de García de la verdad histórica del PSP, constituye una ruptura fundamental con respecto a la Creación Heroica de Mariátegui.

Esta ruptura es la posición “neta y plenamente esclarecida” del grupo liquidacionista.

En la actualidad, es tarea del Socialismo Peruano llevar hasta el fin la Reconstitución del Partido de Mariátegui.

No obstante, como es de conocimiento general, García ha renegado abiertamente dicha tarea.

Nuestro liquidador tiene, pues, una posición definida contra el PSP: contra su verdad ideológica, contra su verdad orgánica, contra su reconstitución.

Pero, como ya señalamos, esta posición ha sido desenmascarada.

Por eso, los activistas del Socialismo Peruano saben perfectamente que el paso del grupo liquidacionista de la crítica de ideas a la Preparación de la Organización”, del que presuntuosamente habla García, no fue más que el paso de la abjuración del marxismo-leninismo, de la falsificación de la verdad histórica del PSP y de la tergiversación de la identidad doctrinal de Mariátegui, entre otras cosas, a su continuación lógica: la “preparación” de una organización pluriclasista, revisionista, antimariateguiana.

Mariátegui señaló que a Marx y Engels “Ni el análisis los llevaba a inhibirse de la acción, ni la acción a inhibirse del análisis” (Defensa del marxismo, p.118).

Es decir el análisis (el estudio, la investigación, el debate), no es contrario a la acción, salvo durante la lucha inmediata por el poder.

Y, obviamente, estamos muy lejos de una tal lucha.

Por su parte, Lenin señaló que investigar, propagandizar y organizar son tareas permanentes.

Tareas permanentes, pues, aunque, como es natural que ocurra, las condiciones particulares de cada período destaquen al primer plano el análisis o la acción, la propaganda o la organización.

Pero en cualquier caso, la tarea que no ocupa el primer plano no queda ni tiene por qué quedar “desfasada” (13).

Por eso, más allá de los marcos de su grupo, el ordeno y mando de García no paraliza ni puede paralizar la iniciativa intelectual de nadie.

A la conmemoración del 7 de octubre de 2008, auspiciada por su grupo a través del mal llamado “Comité 80”, nuestro liquidador la califica de “magno evento de profunda trascendencia para el Socialismo Peruano”.

Pero lo esclarecido hasta aquí basta para comprender que ningún evento auspiciado por el grupo liquidacionista puede ser trascendente para el Socialismo Peruano.

¿Acaso, por ejemplo, puede ser trascendente para el Socialismo Peruano que en 2008 dicho grupo pasara a preparar su partido-mezcolanza con el que pretende liquidar el partido de clase?

Falta saber, ahora, si la conmemoración a la que se ha referido nuestro liquidador, fue “magna”.

Durante toda la existencia del “Comité 80”, el grupo liquidacionista hizo uso de los más burdos métodos criollos en su afán de tragarse a las tendencias participantes.

Y la conmemoración en cuestión no estuvo exenta de tales métodos.

Por eso, cuando, igual que Haya de la Torre en enero de 1928, el grupo liquidacionista intentó convertir el frente en partido (el “Comité 80” en partido-mezcolanza), se ganó la protesta y el retiro de diversas tendencias participantes.

Así, pues, la conmemoración del 7 de octubre de 2008 por el “Comité 80”, no fue “magna” bajo ningún punto de vista.

Como se ha podido ver, para encubrir su falsificación del PSP y justificar su proyecto de liquidar el partido de clase, a García solo le queda el recurso de la más pura retórica.

Por eso es habitual que ornamente con frases más o menos efectistas los eventos de su grupo. Y no solo los eventos.   

Así por ejemplo, en el artículo que analizamos hay algo de brillo en algunas partes, pero ninguna verdad (14). 

El proyecto de nuestro liquidador es la disolución-integración del PCP (U), el PCP (PR), el PCP (SL), el PSP, el PST, etcétera, etcétera.

Pero ocurre que, después de “siete años” y a menos de tres del Centenario de la revista Nuestra Epoca (límite que, en su concepción burocrática y en su intención manipuladora, se ha propuesto el grupo liquidacionista para fundar su partido antimariateguiano), el empeño sigue reducido a su membrecía, pues no pudo tragarse a los grupos que participaron en el “Comité 80” y en los seminarios posteriores; particularmente, no pudo tragarse al PCP-U, partido con el cual organizó, al alimón, uno de tales eventos.

Pues bien, el descalabro de la ambición del grupo liquidacionista de tragarse al mencionado partido y a algunos grupos menores, es el anticipo de la bancarrota definitiva de su proyecto de fundar el 22 de junio de 2018 un partido-mezcolanza sobre la base de la disolución-integración de las organizaciones mencionadas arriba.

De hecho, el proyecto de García ya ha fracasado, sencillamente porque su negación del marxismo-leninismo, su falsificación de la verdad histórica del PSP, su tergiversación de la identidad doctrinal de Mariátegui, su tentativa de suprimir del partido de clase, su egotismo burgués, sus métodos criollos, etcétera, etcétera, no han tenido recepción en la Izquierda Peruana.

Los liquidadores más o menos se dan cuenta de ello. Por eso, con evidente hipocresía, desde hace tiempo en sus artículos ocultan sus verdaderas posiciones y sus reales intenciones.

Hace tres años, García se embozó tras el seudónimo de Eusebio Leyva a efecto de desahogar su impotencia y dar rienda suelta a su otro yo (15).

Este año, para replicar a Aragón, nuevamente se ha embozado.

Sin duda, tales hechos evidencian un rasgo sicológico muy suyo, rasgo no precisamente positivo.  

III

¿Existe alguna diferencia sustancial entre el liquidador inorgánico Aragón y el liquidador orgánico García, quien, como es de conocimiento general, se mantiene sentado en su foráneo pedestal de cristal desde hace más de cuarenta años?

        Si Aragón ha llegado a negar la existencia histórica del  PSP, García ha llegado a negar su verdad ideológica y su verdad orgánica.

        Es decir, se ha aderezado su propio PSP, y, así, tiene en la cabeza una imagen de este partido que en modo alguno corresponde al original.

En conclusión, García niega la verdad histórica del PSP.

Por lo tanto, en punto al Partido de Mariátegui, entre él y Aragón no hay ninguna diferencia sustancial.

Esto significa que el altercado entre los dos  liquidadores tiene términos absolutamente intrascendentes para el Socialismo Peruano.

Términos que, sin embargo, tenían que ser confutados de todos modos a fin de que no oscurezcan la conciencia de nadie.

En su artículo, García aparece como que reconoce que el PSP se fundó el 7 de octubre de 1928.

        Pero ¿cuál es su argumento? No presenta ninguno.

        Es decir que, respecto a dicha fundación, procede también con frases, pues se limita a repetir lo que por inercia mental tiene a la mano (16).

        Entre Aragón y García existe una diferencia más: mientras el primero firma con su nombre sus disparates, el segundo no tiene el coraje de firmar con su nombre su ponzoña.

Por eso, si en el marco de la Izquierda Peruana, la exacerbación de Aragón es la exacerbación del liquidacionismo (y no de su individualidad inorgánica), en el mismo marco (y en todos los marcos) el repetido embozo de García es la expresión más bochornosa de su impotencia.

Impotencia que, como se ha visto, trata de disimular con la más engañosa retórica.

Pero infructuosamente, pues su impotencia es la expresión individual de su impotente proyecto liquidacionista.

Impotente, porque lo hemos enfrentado y desenmascarado en todos sus aspectos, como correspondía hacerlo: sin cobardes miramientos.

Notas
[1] Quienquiera puede percatarse de que el autor de este artículo es García, pero, sabiéndolo, Aragón no lo desenmascara como corresponde, porque no tiene las agallas para ello (a pesar de que no se necesitan muchas).
[2] El término posición definida da cuenta de una posición expresada abiertamente, y no de su verdad o falsedad. Así, pues, la posición definida de cualquier persona acerca de cualquier cosa, puede ser verdadera o falsa.
[3] Por ejemplo, niega el marxismo-leninismo; falsifica la identidad doctrinal de Mariátegui; deslegitima la Reunión de La Herradura con la falacia de que se realizó “a espaldas de Mariátegui”; niega la propia existencia histórica del PSP; etcétera.
[4] El artículo de Aragón (así como el de García) implica a todos los que defendemos la verdad del PSP y de su fundador. Por eso intervenimos en el altercado entre los dos personajes.
[5] Sin embargo, puesto que Aragón ha publicitado ampliamente sus posiciones contrarias al PSP y a Mariátegui, puede decirse que es cosa evidente que cree “tener… respuestas válidas debidamente sustentadas, a la mayoría de los  tópicos… planteados” (elipsis mías). Pero en nuestro artículo La reunión de Barranco y el liquidacionismo histórico, hemos dado al traste con esa pretendida debida sustentación.
[6] De acuerdo a su estilo poco ortodoxo, Aragón, como se ha visto, se ahorra a veces los signos de interrogación.
[7] Exactamente como todos los liquidadores, incluido García, quien, agazapado tras el seudónimo de Eusebio Leyva, sostuvo: “Mariátegui es y se definió Marxista”, omitiendo así, con evidente sesgo, lo que el maestro dejó sentado en Principios programáticos sobre el marxismo-leninismo. Con anterioridad, sin embargo, había intentado desvirtuar con una treta la adopción del marxismo-leninismo por parte de Mariátegui y el PSP: este término, escribió, “solo se encuentra dos veces en la obra de JCM”, afirmación ésta que equivale a decir que tal término es  una “palabreja”. Pero, si García fuese consecuente con su treta, tendría que inhibirse de utilizar en su discurso la frase “partido de masas y de ideas”, pues ella aparece una sola vez en la literatura del maestro, y no precisamente en un documento de la importancia fundamental de Principios programáticos. Pero no es consecuente. Con su equívoco “dos veces”, García elude los verdaderos términos de la adhesión de Mariátegui y del PSP al marxismo-leninismo. Este procedimiento fue caracterizado por Lenin de “enfoque evasivo”, y, como es indiscutible, se trata de un procedimiento equívoco, confucionista, antimarxista, que, por esto mismo, expresa toda la deshonestidad intelectual y todo el oportunismo político de quienes lo utilizan.
[8] Esta deshonestidad y esta falta de coraje son generales en el grupo liquidacionista. La explicación de esto reside en el hecho de que sus miembros creen que de ese modo evitan meterse en el problema de poner en evidencia su antimariateguismo. Pero, aun sin que den dicho paso, su antimariateguismo es algo que cualquier persona capaz de pensar teóricamente puede captar con toda facilidad.
[9] En un marco más general, puede constatarse que hay quienes se muestran desorientados ante los ismos y, por esto, los maldicen. Pero los ismos se explican por la necesidad de distinguir el marxismo del oportunismo, tal como enseñaron Lenin y Mariátegui. Por eso aquella actitud ante los ismos no pasa de ser una evidente limitación personal.
[10] Para una mayor información sobre el tema, puede consultarse nuestro libro El desarrollo de la teoría del proletariado y el problema de su denominación.
[11] La primera cita es de la carta del 29 de setiembre de 1928 a Carlos Arbulú (Correspondencia, t.II, p.444). La segunda es del editorial Aniversario y balance (Ideología y política, p.246). Por ellas el lector se dará cuenta de que, en el aludido editorial, con la palabra socialismo Mariátegui se refirió al socialismo marxista, y no al socialismo en general.
[12] Si antes García sostenía que el PSP tenía dos niveles orgánicos, pero sin distinguirlos doctrinariamente: “todos estuvieron de acuerdo en constituir, dentro de la organización, los grupos secretos que velarían por el carácter bolchevique del Partido”; ahora dice que tenía dos niveles orgánicos doctrinariamente disímiles: “El PSP tenía dos niveles: internamente funcionaba como ‘facción orgánica y doctrinariamente homogénea’ (como ‘célula secreta de los siete’); externamente aspiraba a ser ‘el primer gran partido de masas e ideas (sic) de toda nuestra historia republicana’”. Esta flagrante mentira que difunde inescrupulosamente, es una abierta negación del carácter de clase del PSP y, al mismo tiempo, una también abierta promoción de un partido pluriclasista. En alguna parte García ha pretendido hacer creer que se ha autocriticado hablando de los “errores y horrores” del libro La organización del proletariado, que él compaginó y comentó en el prefacio y en las notas a pie de página. Pero si es seguro que se ha hecho consciente del horror que significó haber publicado la versión de Ravines de los Estatutos de la CGTP pasándola como de Mariátegui, en cambio en lo relativo a su falsificación de la verdad orgánica del PSP, no solo que no se ha autocriticado (ni siquiera en esa forma impersonal que egotistamente utiliza a fin de evitar autocriticarse en primera persona), sino que incluso la ha profundizado, tal como se ha visto. Esta profundización ha resultado del hecho de que ahora ha asumido completa la falsificación del PSP expuesta por Julio Portocarrero y Hugo Pesce en la Conferencia Comunista de Buenos Aires de 1929.
[13] En abril de 1928, Mariátegui señaló: “2º-Los elementos de izquierda que en el Perú concurrimos a su formación [a las formación del Apra]  constituimos de hecho –y organizaremos formalmente– un grupo o Partido Socialista…” (Apuntes para una interpretación marxista de Historia social del Perú, t.II, p.301). Puede tomarse, pues, esta declaración como que indica el punto de partida de la actividad organizativa directamente orientada a fundar el PSP, que, como es de conocimiento común, tuvo en las reuniones de La Herradura y de Barranco sus primeros hitos. En este período (abril-octubre de 1928), Mariátegui escribió, entre otros, los siguientes artículos: Henri de Man y la “crisis del marxismo”; La tentativa revisionista de “Más allá del marxismo”; Introducción al proceso de nuestra literatura; el proceso y el debate de la instrucción pública II; La crítica revisionista y los problemas de la reconstrucción económica; La filosofía moderna y el marxismo; Aniversario y balance. Además, remitió cartas a la célula de México (16 de abril); a Carlos Arbulú Miranda (29 de setiembre); a Nicanor A. de la Fuente (7 de octubre). Es decir que, conforme a su convicción de que a los marxistas ni el análisis los lleva a inhibirse de la acción, ni la acción los lleva a inhibirse del análisis, en plena actividad organizadora del PSP el maestro prosiguió su labor teórica y, específicamente, continuó sustentando los puntos de vista del grupo fundador contra el oportunismo pequeño burgués de Haya. Como sería razonable, el período considerado puede ser extendido hasta marzo de 1930 (cuando se intentó la fundación pública del PSP), y, así, como resulta obvio, la lista de los textos mariateguianos se vería incrementada. La aludida convicción mariateguiana está respaldada, además, por el caso ejemplar de Mao: casi toda su obra de mayor relevancia teórica la realizó este dirigente precisamente en las condiciones de la guerra popular. Sin embargo, al grupo de García el análisis lo lleva a inhibirse de la acción y la acción lo lleva a inhibirse del análisis: desde 1975 hasta principios del presente siglo, este grupo no tuvo ninguna actividad organizada de alguna importancia, y García como individuo lleva ya más de cuarenta años sin ninguna actividad práctica. Ahora que apuntan a la fundación de su partido-mezcolanza, los liquidadores entierran la cabeza en dicha actividad con el burdo pretexto de que están “en tiempos de organización”, pretexto que les sirve para eludir contestar nuestra crítica a sus posiciones.  Esta separación del análisis y la acción tiene el agravante de que lo primero, el análisis (“crítica de ideas”), significó el abandono del marxismo-leninismo y la falsificación del PSP y de Mariátegui; y que lo segundo, la acción (“preparación”), tiene el agravante de que el grupo liquidacionista ya liquidó el partido de clase en su propio marco y pretende ahora hacerlo en un marco más amplio. Por eso es bueno precisar: cuando Mariátegui planteó la relación entre el análisis y la acción en la actividad general de los marxistas, se refirió, como es claro, al análisis y a la acción marxistas, y no al análisis y a la acción oportunistas. Es demasiada manipulación pretender, como pretende García, utilizar aquello de “un tópico superado” y “un debate desfasado” para prevenir en el seno de su grupo cualquier crítica a su falsificación del PSP. Es demasiado egotismo creer, como cree García, que su persona marca el  punto de inicio y el punto final de los debates en la Izquierda Peruana. Por supuesto, es posible que entre sus serviles seguidores funcione su bastón de mando; pero, por razones evidentes, en el marco más amplio de la izquierda su palabra no tiene ningún peso político ni ningún peso moral.  
[14] Los liquidadores se encuentran cautivos de la fraseología de García, lo cual, como es evidente, les impide darse cuenta de lo que hay debajo de ella: la negación de la verdad universal del marxismo-leninismo; la falsificación de la verdad ideológica y orgánica del PSP; la tergiversación de la identidad doctrinal de Mariátegui; un “socialismo peruano” antimariateguiano; la negación del partido de clase; etcétera, etcétera. O, no obstante la aludida fraseología, se dan cuenta de todo esto, y entonces la cuestión tiene otros términos: o el servilismo les impide cualquier crítica a tales posiciones, o, en su defecto, su descomposición ideológica hace que las mismas les caiga como anillo al dedo. 
[15] Este hecho es de conocimiento de todos los liquidadores. Al principio de la tramoya de García, Manuel Velásquez denunció a “Eusebio Leyva” de ser un agente policial, pero, desenmascarado el embozo, todo servil se prestó a cumplir el triste papel de realizar dos entrevistas paralelas: una a García como tal García, y otra al mismo García como “Eusebio Leyva” (el agente policial). Creyeron, pues, los liquidadores que, respondiendo García como García con su fingida circunspección y como Eusebio Leyva con su estilo zumbón, camorrero, estridente, injurioso, podían persuadir a los lectores de que García no era Leyva. Pero la burda maniobra no tuvo ningún efecto. Está en la conciencia de los activistas del Socialismo Peruano que Leyva era García. Los bochornosos detalles del embozo y de la examinada maniobra, son expresiones vivas de los niveles de descomposición moral a que ha llegado el grupo liquidacionista. Es sabido, por lo demás, que García firma sus artículos con un acróstico, Ragarro, y no precisamente con su nombre. Como es obvio, tal acróstico opera prácticamente como seudónimo, pues más allá de algunas personas, nadie más sabe quién está detrás del mismo.
[16] García reemplaza el análisis concreto del problema concreto con frases. Así por ejemplo, para oponerse a cierta superficial afirmación de Aragón sobre la Reunión de Barranco, ha recurrido a la siguiente: “la última pepita encontrada en [su] veta rebuscada”. Pero de esta forma demuestra no tener realmente ningún argumento que respalde su posición sobre la fundación del PSP. La Reunión de Barranco constituyó “el grupo organizador del Partido”, porque este paso era congruente con el proyecto de partido de Mariátegui, que tenía por objetivo la fundación pública del Partido como partido de masas. Por lo tanto, hay que empezar por reconocer este hecho. Ahora bien, a causa de que el Partido no alcanzó la condición de partido de masas y en marzo de 1930 se intentó fundarlo como partido de cuadros, hay que considerar la Reunión de Barranco bajo la luz de esta realidad, y, por lo tanto, reconociendo que dicha Reunión formalmente constituyó “el grupo organizador”, hay que reconocer también, al mismo tiempo, que de hecho resulta siendo la Reunión Fundacional del PSP. Es una actitud antimarxista decir que la Reunión de Barranco fundó el PSP sin tener un argumento que sustente tal afirmación. Pues bien, lo que hemos planteado en la presente nota, es un argumento, es proporcionar un argumento. Pero, como se ha visto, García se limita a blandir una frase. ¿Será posible esperar que ponga a un lado su “pepita” y sostenga algún argumento que siquiera pueda llamarse serio?

09.10.2015.

Nota:

REPUBLICAMOS UN EXTRACTO de un artículo de nuestro compañero Eduardo Ibarra donde refuta la pretensión de Miguel Aragón de negar el carácter doctrinariamente homogéneo del partido del proletariado.

La publicación de este extracto se explica porque, como se constata en una carta del 4 del presente dirigida a  César Risso a raíz de la presentación del Libro El Partido de Masas y de Ideas de José Carlos Mariátegui, de nuestro compañero, Aragón no ha terminado de entender que es un profundo error concebir como equivalentes los conceptos de partido doctrinariamente homogéneo y de partido como una apacible y unánime academia. 

Dice Aragón en la mencionada carta: “Yo no creo, ni le rindo culto, a eso que equívocamente algunos han dado en llamar “facción doctrinariamente homogénea”. Aberración de sello feudal (como la Santa Inquisición católica del pasado, o el actual califato  musulmán; o  el hayismo de sus años iniciales, o  el gonzalismo de los años 80), facción “homogénea” que nunca ha existido en los 170 años de la historia  del movimiento socialista mundial, ni en los 100 años del  movimiento socialista peruano”.

Aquí solamente es necesario precisar que fue Mariátegui quien, rebatiendo a Haya, señaló que el partido (cualquier partido) se distingue por ser una facción orgánica y doctrinariamente homogénea (adherida a una determinada doctrina), y por lo tanto aquello de “Aberración de sello feudal (como la Santa Inquisición católica del pasado, o el actual califato musulmán; o el hayismo de sus años iniciales, o el gonzalismo de los años 80)”, es venenosa afirmación que le cae a Mariátegui.

Pero esa misma afirmación expresa toda la actitud confusionista de Aragón: precisamente era Haya quien, como los liquidadores ahora, levantaba la tesis de un partido-frente (partido doctrinariamente heterogéneo) para oponerse al partido doctrinariamente homogéneo sustentado por Mariátegui (véase la carta colectiva, en Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t.II, p.299-302).

Si en el artículo Acerca del aniversario 86 de la reunión de Barranco, con poco disimulo Aragón acusó a Mariátegui de arbitrario, de antidemocrático, de verticalista, de caudillo personalista, ahora, en la carta que comentamos, lo acusa, ya sin el más mínimo disimulo, de haber ostentado el “sello feudal”, de haber sido equívoco, inquisitorial, califa.

Contra la verdad histórica, Aragón presenta, pues, a Haya como promotor del partido doctrinariamente homogéneo, y, de esta forma, pretende desacreditar el partido de clase.  

Asimismo, sabiendo que en la izquierda existe, desde distintos ángulos, un juicio muy crítico sobre Guzmán, lo menciona para igualmente desacreditar el partido de clase.

Pero semejantes artimañas pueden pasar entre los liquidadores, mas no, de ninguna manera, entre marxistas capaces de basarse en los hechos y de pensar teóricamente. 

El fondo de la posición de Aragón es la negación de la necesidad del partido de adherirse al marxismo-leninismo. Y, esta negación da cuenta de su liberalismo burgués.

Con el extracto que publicamos a continuación, Aragón quedó refutado en su momento; pero, ante su tozudez, la presente nota tiene el sentido de ser un anticipo de la exposición in extenso de nuestros puntos de vista sobre la unidad doctrinal del partido del proletariado.

10.10.2016.

COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI (CRJCM).


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

El Desvarío de Miguel Aragón

(Extracto)

E.I.


EN CARTA DEL 2 DE ENERO del presente a José Rejas, Miguel Aragón ha sostenido algunas falacias y me ha hecho objeto de algunas acusaciones gratuitas, falacias y acusaciones que, como no podía ser de otro modo, paso a esclarecer.

En la aludida carta se dice: “lo que más me sorprendió al revisar la voluminosa Correspondencia de Marx y Engels, fue la gran cantidad de discrepancias expresadas por ambos maestros, debate en el cual Marx no se comportaba como un autoritario  mandón, ni Engels como un sumiso seguidista. Todo lo contrario. El intercambio, entre ambos socialistas, era un intercambio democrático entre iguales. La correspondencia entre Marx y Engels es lo más distante que puede haber, de una supuesta “facción orgánica y doctrinariamente homogénea”, algo que nunca ha existido en ningún momento de la historia del movimiento socialista, desde 1844 hasta el presente”. “Considero que mis compañeros generacionales,  Ramón García y Eduardo Ibarra, se equivocan rotundamente cuando persisten testarudamente en proponer la formación de una “facción orgánica y doctrinariamente homogénea”. Para ellos las enseñanzas de la  historia no cuentan para nada” (negritas en el original).

Pues bien, polemizando con el hayismo, Mariátegui señaló: “Como socialistas, podemos colaborar dentro del Apra o alianza o frente único, con elementos más o menos reformistas o socialdemocráticos –sin olvidar la vaguedad que estas designaciones tienen en América– con la izquierda burguesa y liberal, dispuesta de verdad a la lucha contra los rezagos de feudalidad y contra la penetración imperialista; pero no podemos, en virtud del sentido mismo de nuestra cooperación, como partido, esto es, como una facción orgánica y doctrinariamente homogénea” (Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t. II, p.300; cursivas mías).

        Como se ve, Mariátegui no podía entender el Apra como una facción orgánica y doctrinariamente homogénea, es decir, no podía entenderlo como partido; por otro lado, se ve también que la frase que Aragón ha puesto en negritas y entre comillas, es de Mariátegui, y que su actitud ante la misma constituye un cuestionamiento del concepto que mantuvo el maestro del partido en general y del PSP en particular.

Esta es la primera cuestión que había que esclarecer.

Mariátegui, quien sostenía la concepción del partido proletario como doctrinariamente homogéneo, sostuvo la siguiente conclusión al comentar la expulsión de Trotsky del partido ruso: “El partido bolchevique… no es ni puede ser una apacible y unánime academia” (Figuras y aspectos de la vida mundial, t.II, p.213; elipsis mía).

Es decir que, como marxista consecuente, Mariátegui no veía contradicción entre el carácter doctrinariamente homogéneo del partido proletario y la lucha de ideas en su interior.

Esta lucha de ideas se procesa como lucha en dos frentes (contra el dogmatismo y el empirismo) y como lucha entre dos líneas (contra el oportunismo y el revisionismo).  

Así, pues, una cosa es la homogeneidad doctrinaria del Partido, y otra cosa es una apacible y unánime academia: mientras lo primero es una realidad que no niega la realidad de la dialéctica interna del Partido, lo segundo no pasa de ser una ilusión óptica.

Por lo tanto, creer que las diferencias de opinión entre Marx y Engels sobre algunas cuestiones niegan que haya habido homogeneidad doctrinaria entre ellos, es deslizar la idea de que, o bien Engels no fue adherente de la doctrina comunista, o bien no lo fue Marx.

Eso por una parte. Por otra, al pretender pasar tales diferencias de opinión como diferencias doctrinarias, lo que hace Aragón es intentar pasar como legítimo el partido doctrinariamente heterogéneo, el partido pluriclasista, el partido del socialismo en general.  

Aragón confunde, pues –por incapacidad o por deliberado propósito– partido “orgánica y doctrinariamente homogéneo” con “una apacible y unánime academia”.

Esta es la segunda cuestión que había que esclarecer.

Aragón dice: “Marx y Engels propusieron en noviembre de 1852, la AUTODISOLUCIÓN DE LA LIGA COMUNISTA, propuesta y acuerdo arribado en mayoría, que fue motivo para que Marx y Engels fueran denunciados como “liquidacionistas”, palabreja insustancial, que ahora Eduardo Ibarra pretende colocar en primer plano” (1).

Lenin señaló: “Luch dice que la tendencia hacia la liquidación del Partido, es decir, la disolución, la destrucción del Partido, la abjuración del Partido, es sencillamente una invención malintencionada. ¡Esto, dicen, lo han inventado los bolcheviques ‘fraccionalistas’ contra los mencheviques!” (La decisión de 1908, en Contra el revisionismo, recopilación, Editorial Progreso, Moscú, s/f, p.143).

Como se ve, el liquidador Aragón repite la misma treta de los liquidadores de ayer al objeto de encubrir su intención de liquidar el partido de clase. ¡El liquidacionismo no es más que “una invención malintencionada” de los bolcheviques! ¡No es más que una “palabreja insustancial, que ahora Eduardo Ibarra pretende colocar en primer plano”!

Pero, ¿acaso no es cierto que Ramón García falsifica la verdad histórica del PSP pretendiendo que este partido tuvo dos niveles orgánicos doctrinariamente disímiles entre sí, y que, sobre la base de esta falacia, promueve la liquidación del partido de clase?

¿Acaso no es cierto que, poniendo en evidencia los fardos que García le colgó en las espaldas, Aragón propone un partido del variopinto socialismo en general para “cuando su existencia sea realmente necesaria”?

Por lo tanto, es claro que lo mismo el primero que el segundo intentan anular, suprimir, destruir, liquidar el partido de clase  

Todo lo que hace, pues, Aragón con su frasecilla “palabreja insustancial”, es expresar su nerviosa necesidad de encubrir la legitimidad de la palabra liquidacionismo, la realidad del liquidacionismo de su tendencia (2).

Ocurre, sin embargo, que la palabra liquidacionismo encierra un concepto que tiene toda la sustancia que le proporcionó el hecho ideológico-político de que entre 1908 y 1914 el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia debió luchar contra el intento de convertirlo en una “asociación informe” (Lenin), es decir, en un partido no de clase.

Y tiene, ahora y aquí, toda la sustancia que le proporciona el hecho de nuestra lucha contra el intento de los García y los Aragón por liquidar el partido de clase.

En conclusión, con su mencionada frasecilla, nuestro liquidador no ha hecho más que cometer una inútil maniobra.

Esta es la tercera cuestión que había que esclarecer.

Aragón dice que García propone “la formación de una ‘facción orgánica y doctrinariamente homogénea’”.

Pero con ello todo lo que expresa es su incapacidad para calar en los sibilinos argumentos con los que García promueve la liquidación del partido doctrinariamente homogéneo (3).

Esta es la cuarta cuestión que había que esclarecer.

Notas
[1] Mayúsculas en el original. Como es su costumbre, Aragón no presenta ninguna prueba de su afirmación según la cual Marx y Engels fueron acusados de liquidacionistas por la disolución de la Liga de los Comunistas. Peor aún: presenta esta disolución como algo que, según insinúa, merecería de nuestra parte el calificativo de liquidacionismo. Pero esta insinuación no es más que una burda maniobra y, por esto, hay que desenmascararla. Procedamos. La Liga de los Comunistas fue disuelta porque, como organización de clase, la forma de su existencia (secreta, conspirativa) había cumplido su papel y, por lo tanto, tenía que dar paso a otra forma de organización de clase, como que, efectivamente, dio lugar al Club Comunista Alemán.  Aquí, por cierto, no hay liquidacionismo. El liquidacionismo es  la abjuración, bajo la forma que sea, del partido de clase. Por ejemplo García ha abjurado del partido de clase e intenta liquidarlo promoviendo un partido doctrinariamente variopinto, cosa que Aragón ha asumido servilmente. Entonces, es claro que nuestro liquidador ha pretendido engañar, confundir, manipular a su destinatario.
[2] La actitud de Aragón de pretender descalificar las críticas a sus posiciones o, en general, a las posiciones de su tendencia, con alguna palabra o alguna frase, es, por cierto, bastante torpe. Es de conocimiento general que, para cuestionar la teoría leninista del imperialismo, calificó esta palabra de “palabreja”; para renegar la realidad del revisionismo, calificó también esta  palabra de “palabreja”; para renegar el marxismo-leninismo, calificó igualmente esta palabra de “palabreja”; ahora, como se ha visto, dice que la palabra liquidacionismo también es una “palabreja”. Así, con el solo uso de esta palabra, de la palabra palabreja, pretende descalificar palabras que encierran conceptos de profunda verdad teórica, y que, por esto, le producen a nuestro liquidador verdadero escalofrío.
[3] El proyecto de García es de un partido con dos niveles orgánicos: uno secreto, restringido, “marxista” no leninista (existente desde hace siete años); y otro público, masivo, doctrinariamente variopinto (no fundado todavía oficialmente). En apariencia, pues, el primer nivel sería una facción doctrinariamente homogénea. Pero quienquiera que tenga la capacidad de ir al fondo de las cosas, tendrá que reconocer que esa homogeneidad no es precisamente la homogeneidad de la que hablamos los marxistas, es decir, la homogeneidad dada por el marxismo-leninismo. La homogeneidad dada por un “marxismo” sin leninismo es, precisamente, la forma de renegar de la doctrina proletaria que tiene el liquidacionismo y, por esto, la base doctrinal de su propósito de destruir el partido de clase. De manera que esta homogeneidad del liquidacionismo en el nivel secreto, no puede ser considerada como un caso de facción orgánica y doctrinariamente homogéneo en el sentido marxista-leninista del término.       

24.02.2016.
Eduardo Ibarra


La Legitimación y Deslegitimación de la Violencia Revolucionaria en el Perú: Una Evaluación de la Justificación de la Violencia Revolucionaria por Parte de la Izquierda Revolucionaria Armada de las Décadas de 1960 y 1980

(Quinta Parte)


Jan Lust

El MRTA

El MRTA fue fundado en 1982. Aunque la organización comenzó a operar oficial y públicamente en 1984, en el periodo 1982-1984 ejecutó diferentes acciones y organizó sus militantes política y militarmente.

La organización habría contado de 1.000 a 10.000 militantes (Sterr, 1997: 252; Strong, 1992: 218; Polay, 2007: 127). Cuando en 1992 su líder Víctor Polay fue capturado, las acciones de la organización disminuyeron drásticamente. La ley del arrepentimiento, promulgada en mayo de 1992 y que otorgaba beneficios a los militantes encarcelados que proporcionaron información que ayudaba a desarticular la organización, debilitó considerablemente al MRTA (Renique, 2015: 149-150; Sterr, 1997: 255).1
En diciembre de 1996 el MRTA asaltó la residencia del embajador de Japón en Lima. Durante cuatro meses los militantes de la organización guerrillera ocuparon la residencia, tomaron 72 personas como rehenes, entre congresistas, empresarios, policías, diplomáticos japoneses y otros. En abril de 1997, comandos peruanos de las Fuerzas Armadas atacaron la residencia, liberando todos menos uno de los rehenes quien murió en la acción. Los 14 guerrilleros murieron, algunos liquidados con sólo una bala en su cabeza. El ataque fue mortal para el MRTA.

El MRTA consideraba el Perú como un país capitalista en el cual la clase obrera “no sólo juega un rol clave en nuestra economía, sino que políticamente ha pasado a ser la fuerza principal de la revolución” (MRTA, 1990b: 21). El Estado peruano fue considerado una maquinaría de opresión” de la clase dominante (MRTA, 1990c: 23).

En el documento “El camino de la revolución peruana”, aprobado en la segunda reunión del Comité Central Unificado del MRTA en 1988,2 la sociedad peruana se caracterizó de la siguiente manera (MRTA, 1988: 20-26):

1) El Perú estaba dominado por el imperialismo y fue una semi-colonia. El país fue política, económica y militarmente controlado por el imperialismo.

2) Los sectores capitalistas de la economía fueron los sectores más importantes. Aunque en el sector agrícola era posible de encontrar formas de relaciones de producción feudales, la importancia de este sector había disminuido.

3) Un pequeño grupo de corporaciones, de carácter monopólico”, determinaba el curso de la economía. Según el MRTA, sólo el “6% de las empresas que emplean más de 100 trabajadores y cuyos propietarios constituyen la burguesía intermediaria y la gran burguesía: tienen casi la mitad de los trabajadores de la industria; producen cerca de las dos terceras partes del valor agregado y poseen casi las tres cuartas partes de la capacidad instalada en máquinas y equipos”.

4) La mayoría de las empresas empleaban entre 5 y 19 trabajadores, a pesar de que su contribución al empleo total estaba alrededor del 20%.

        Además decía, “podemos decir que la nuestra es una sociedad capitalista, dominada por el imperialismo bajo formas neocoloniales. Subordinados a este modo de producción predominante, se encuentran formas semifeudales, comunitarias y primitivas de producción que han sido integrados y supeditadas a la acumulación del capital” (MRTA, 1988: 29).

El objetivo del MRTA fue “la captura del poder y la construcción del socialismo” (MRTA, 1988: 38). Con el fin de tomar el poder, las fuerzas políticas-militares tuvieron que ser construidas. Esto, de acuerdo con el MRTA, sólo era posible a través de la guerra revolucionaria. MRTA (1988: 39): “El proceso de construcción de esta fuerzas político-militar popular es la guerra revolucionaria del pueblo, esto es, el complejo e integral proceso de entrelazamiento de diversas formas de lucha y organización que ordenándose en torno al eje estratégico de la lucha armada, permite la generación de una nueva correlación de fuerzas entre las clases y la derrota de la contrarrevolución. Por eso es que definimos la estrategia de la revolución peruana como la de la guerra revolucionaria del pueblo”. Y esta guerra revolucionaria debería mantenerse, fundamentalmente, por “el pueblo en armas, organizado en milicias urbanas y rurales, y en el ejército regular revolucionario, que es donde se concentra la fuerza y la técnica militar” (MRTA, 1988: 41).

El MRTA (1988: 39) pensó que la lucha por el poder no solamente se “despliega en todos los planos de la lucha de clases”, sino también “se sintetiza en la construcción de los órganos de poder popular”. Se creía que los “órganos del poder popular” podrían desarrollarse más rápidamente en el campo, “sustentados en la fuerza militar revolucionaria”. Los nuevos órganos del poder asumirían “funciones de Estado expulsando a los órganos locales del poder burgués”.

La lucha armada fue considerada como el principal elemento de la estrategia. “La guerra”, como escribe el MRTA (1988: 41), “es la única forma de ir constituyendo, en la lucha misma, la fuerza político-militar del pueblo y volcar la correlación de fuerzas entre las clases”. Sin embargo, no descartó otras formas de lucha. MRTA (1988: 40-41): “La guerra revolucionaria del pueblo es la vía estratégica por la que se abre paso la revolución peruana. La entendemos como el complejo proceso en el que se entrelazan diversas formas de lucha y organización que se articulan en torno al eje estratégico de la lucha armada. Esto permite la acumulación de fuerzas político militar del pueblo generando la correlación de fuerzas que ha de permitir la victoria revolucionaria.”3 Además planteaba la necesidad de desarrollar un Frente Unido de la Revolución. Este frente, debería levantarse “a partir de las organizaciones sociales, políticas y culturales que el pueblo ha gestado a través de sus luchas” (MRTA, 1988: 41).

Al comienzo de la década de ochenta el MRTA definió la situación política en el Perú como una situación prerrevolucionaria.4 En Nuestra Posición”, un documento publicado por los precursores del MRTA en 1981, se puede leer lo siguiente: “Estamos en la antesala del recrudecimiento de los factores objetivos que signaron el periodo pre-revolucionario. Nuestra impotencia como izquierda nos llevó a su desaprovechamiento y a que las clases dominantes impusieron su opción electoral. Esta perspectiva nos indica que aparte de la construcción del destacamento de vanguardia, se requiere en este periodo iniciar la acumulación de la fuerza militar como instrumento inherente en la lucha por el poder.” (MRTA, 1990c: 27)

El MRTA no definió lo que es una situación revolucionaria sino proporcionó una descripción general de los elementos que llevó el MRTA a concluir que existía una situación prerrevolucionaria en el país.5 En el documento “El MRTA y las tareas en el periodo pre-revolucionario” del segundo Comité Central de febrero de 1985, la organización mencionó algunos elementos “por los que sustentamos el periodo pre-revolucionario”. Enumeraba factores internacionales como “la crisis más profunda del capitalismo”, “la persistencia de la crisis y el estancamiento y/o retroceso en algunos casos de las economías” en América Latina, “la proletarización de las masas campesinas y de la pequeña burguesía funcionaria, creando favorables condiciones para una alianza entre estas clases”, “la consolidación de la revolución cubana y los avances de Nicaragua”, y “la profundización del ascenso de masas y el fortalecimiento de la lucha anti-dictatorial y democrática en el cono sur”. Cuando se refirió al Perú mencionó, en términos generales, “una crisis profunda de las clases dominantes”, “no existe capacidad dirigente entendida como una clase o sector con proyecto alternativo”, “la burguesía está incapacitada para resolver los problemas fundamentales para el desarrollo del país”, la “clase obrera y masas populares que vienen demostrando sus cualidades tanto combativas como importantes experiencias de conducción del poder popular en los frentes de defensa”, y el “descontento de las llamadas capas intermedias también se produce en estos periodos y la burguesía se encuentra incapacitada para seguir manejando estos sectores” (MRTA, 1990d: 69-70).

La primera reunión del Comité Central en enero de 1984 consideraba que las condiciones objetivas de la revolución se aceleraban (MRTA, 1990f: 54). En la segunda reunión del Comité Central la organización confirmó que “[…] la situación económica y política ha empeorado para las masas. Se ratifica en consecuencia la validez y la vigencia del periodo pre-revolucionario prolongado y que la forma de acumular fuerzas es mediante la lucha armada de manera prioritaria […]” (MRTA, 1990a: 47). El MRTA debería contribuir a que la situación prerrevolucionaria se transformara en una situación revolucionaria (MRTA, 1990d: 70).

En el periodo prerrevolucionario era necesario que se acumulara las fuerzas revolucionarias. MRTA (1990d: 69): “El avanzar en el terreno estratégico implica la incorporación del pueblo al proceso de guerra que vive el país. Es decir, organizar la violencia revolucionaria de masas.” Además decía que “en un periodo pre-revolucionario la tarea de los revolucionarios es madurar este periodo hacia una situación revolucionaria. En nuestro país sólo es posible mediante la lucha armada. En esa perspectiva lo fundamental de nuestra actividad debe estar centralizada en el desarrollo de la lucha político-militar” (MRTA, 1990d: 69).6

En un documento de la segunda reunión del Comité Central Unificado de 1988, se puede extraer la siguiente:Estamos en un periodo pre-revolucionario en que las condiciones para la revolución se van dando, las masas se encuentran en un estado paupérrimo, van adquiriendo creciente combatividad y autonomía ideológica a cuyo calor se va forjando una dirección revolucionaria con la incorporación de sectores de vanguardia a la guerra revolucionaria.”7 (MRTA, 1988: 70)      

La principal razón para el uso de la violencia revolucionaria fue la situación prerrevolucionaria. Sin embargo, en relación con la situación prerrevolucionaria había otras razones. A continuación presentamos estos motivos:

1) Los medios legales para la lucha revolucionaria se habían agotado. MRTA (1990g: 74): “[…] teniendo en cuenta que se han agotado de manera fundamental los medios legales de la lucha en la búsqueda de lograr satisfacer las necesidades esenciales del pueblo trabajador, y que la democracia formal se ha convertido en un círculo vicioso que envuelve y arrastra en su dinámica al conjunto de los partidos burgueses y reformistas perpetuando indefinidamente la explotación imperialista y la opresión de las masas populares […].”

2) La pérdida de legitimidad por el gobierno de Belaúnde (1980-1985) ante las masas. Según el MRTA (1990c: 28), “[…] el cierre sistemáticos de libertades burgueses ante la presión del movimiento popular” activará la combatividad popular como también el aumenta de la represión. Entonces, “[...] se perfilan más nítidamente las condiciones para el uso de la violencia revolucionaria”.8

3) El desarrollo de la lucha armada podría generar una conciencia revolucionaria. MRTA (1990c: 27): “Es asimismo real que no generaremos conciencia socialista en las amplias masas en base a la propaganda oral o escrita. Se requiere, necesariamente, la incorporación de nuevos métodos de acción revolucionaria; la incorporación, entendida como proceso, de la violencia organizada en la lucha de las masas.”

4) Para la toma del poder se debe organizar la violencia revolucionaria. MRTA (1990d:56): “Asegurar el futuro de la revolución es asegurar primero la salud revolucionaria de las masas. Qué significa: evitar que la derroten, que la desvíen o la ilusionen con prédicas reformistas; pero todo esto se logra con la incorporación de nuevas formas de lucha y nuevas formas de organización. Cuando hablamos de nuevas formas de lucha nos referimos específicamente al uso de la violencia organizada. Se justifica no sólo del punto de vista de la defensa ante la brutalidad policial, sino porque debemos difundirla y masificarla como forma fundamental de lucha de la población por la toma del poder.”

5) La militarización del país al comienzo de la década de ochenta. Polay (2007: 183, 212): “[…] no veíamos otra posibilidad que ese proceso de militarización, y que decíamos que el pueblo y la izquierda debían estar preparados […] En cuanto a la línea militar, entendíamos que frente a la violencia del Estado y la militarización creciente de la sociedad peruana, frente a la agresión constante de las Fuerzas Armadas ante la población civil inerme, como lo ha determinado la Comisión de la Verdad ─esos han sido años muy difíciles donde las desapariciones, genocidio, tortura, eran como el pan de cada día─, el MRTA debía avanzar y organizar una contraviolencia popular […].”9

6) La “ilegalidad” del gobierno de Belaúnde. Polay: “[…] en el primer manifiesto que lanzamos al país hicimos en nombre de la Constitución de setenta y nueve, nosotros insurgimos levantando el derecho de insurgencia porque entendimos que este Gobierno había dejado de ser legítimo, un Gobierno que tenía el privilegio de haber desarrollado la guerra sucia en el Perú […], había dejado de ser legal […].”
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Notas
(1) También el PCP-SL se vio afectado por esta ley: sofocó sus bases, privándolo de su apoyo logístico ya que la ley contribuyó a que el Estado pude llegar a sus militantes de “nivel bajo” (Burt, 2011: 303).
(2) En diciembre de 1986, el MRTA y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria - Voz Rebelde (MIR-VR) se unificaron; de ahí la denominación Comité Central Unificado.
(3) “La vía estratégica para la Revolución Peruana es la Guerra Revolucionaria de todo el pueblo (G.R.P.); en ella se entrelazan diversas formas de lucha, articuladas por la lucha armada” (MRTA, 1988: 55).
(4) “[…] desde nuestro punto de vista, nosotros veíamos que el Perú vivía un periodo prerrevolucionario y avanzaba hacia una situación revolucionaria […]” (Polay, 2007: 300).
(5) Según Polay (2007: 300-301), el MRTA estaba convencido de que el Perú se encontraba en una situación prerrevolucionaria “porque sentíamos que por el lado del movimiento popular, donde teníamos trabajo, había una gran demanda por iniciar una actividad político-militar, distinta en el país”.
(6) Durante el proceso de formación del MRTA, los precursores de la organización política-militar, el MIR-El Militante y el Partido Socialista Revolucionario-Marxista-Leninista, coincidieron “que el periodo pre-revolucionario de carácter prolongado no había cambiado porque sus causas eran estructurales y que implicaba la preparación para la guerra revolucionaria. El acuerdo básico de esta unidad es que en el Perú estaban dadas las condiciones para la lucha armada” (MRTA, 1990a: 15).
(7) La relación entre un empeoramiento de la situación económica de la población en relación con un proceso hacia una situación revolucionaria también ha sido formulada enHiperinflación-recesión y militarización: Las dos caras del proyecto contrarrevolucionario del gran capital”. De acuerdo con el MRTA (1990e: 183), el empeoramiento de la situación política y económica de las masas aumentaría el espíritu de lucha de la población.
(8) Ver también, MRTA (1990h: 106).

(9) MRTA (1990f: 57): “El actual clima de violencia represiva tiene que ser enfrentado. No es posible que la policía siga ensañándose impunemente con la población indefensa.”

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