sábado, 1 de octubre de 2016

Ciencias Sociales

El Racismo: Instrumento de Dominación Social
(Segunda Parte)

Santiago Ibarra


Las comunidades campesinas hoy

NO ES NINGUNA CASUALIDAD que a mediados de la segunda década del siglo XXI la sierra y las comunidades campesinas exhiban los peores indicadores sociales y económicos. El sometimiento de estas bajo el colonialismo español continuó por la casta criolla en la época republicana acentuándolo aún más. Y aunque desde la segunda mitad de la década de 1970 asistimos a la liquidación de la vieja forma feudal y semifeudal de dominio sobre la clase campesina, el estado peruano mantuvo a las comunidades campesinas andinas y amazónicas en el atraso, sin destinar a ellas una parte sustancial del presupuesto público. Al contrario, la prioridad para el estado ha sido siempre la agricultura a gran escala y, hoy en día, la agroindustria.

En términos sociales -como hemos mencionado en nuestro artículo “Sin el indígena no hay peruanidad posible”-, como resultado de este relegamiento, en la sierra son pobres una de cada dos personas, en tanto que en Lima metropolitana son pobres una de cada diez personas. Pero esto no es todo: el 82,3% de las personas que viven en la indigencia viven en el área rural.  

Desde luego, no es cierto, como pretende el sentido común reproductor del sistema, que la pobreza indígena, mestiza y negra sean un producto del poco esfuerzo, porque precisamente es este sector de la población el que presenta las mayores tasas de actividad económica: 79,3%, 75,9% y 70,4%, respectivamente (INEI, 2015).

La población indígena y mestiza en la ciudad de Lima y en el país

Como se sabe, desde mediados del siglo XX grandes oleadas de corrientes migratorias han reconfigurado las grandes ciudades de la costa y, especialmente, Lima. Esta ha pasado de contener a 645 mil habitantes a principios de la década de 1940, a cerca de diez millones de personas setentaicinco años después. Cerca de cien años después de que Mariátegui escribiera sobre la “cuestión indígena”, la población ha pasado a ser predominantemente urbana, alcanzando esta a constituir el 77% del total. Recordemos que en los tiempos de Mariátegui aproximadamente el 75% de la población peruana era rural. Tres cuestiones quisiera resaltar en esta oportunidad: 1) la persistencia de la alta correlación entre etnia, clase y precarización de la existencia, 2) la emergencia de una burguesía chola(1), y, 3) la proletarización de un sector de la población autoidentificada como blanca. En el presente artículo presentaremos algunas estadísticas acerca de la primera cuestión, dejando el análisis de las otras para otra oportunidad.   



A escala nacional, y de modo particularmente acentuado en Lima metropolitana, las desigualdades de ingreso afectan sobre todo, y en ese orden, al negro, al indígena y al mestizo. Ilustremos lo afirmado en el siguiente cuadro.  

Cuadro 1
Ingreso promedio mensual proveniente del trabajo, según etnia y ámbito geográfico, 2014 (nuevos soles corrientes)

Etnia/ámbito geográfico
Total
Hombre
Mujer
Total
1229,9
1399
984,2
Indígena(*)
976,3
1140,3
730,1
Blanco
1374,3
1572,6
1118,3
Mestizo
1383,3
1560,8
1131,2
Otro(**)
989,9
1173,6
676
Lima Metropolitana
1656,0
1903,8
1353,9
Indígena(*)
1394,8
1721,7
1046,6
Blanco
2038,2
2366,0
1666,5
Mestizo
1718,4
1948,6
1435,4
Otro(**)
1529,7
1838,3
1074,7
Rural
635,6
735,8
414,2
Indígena(*)
607,5
712,2
383,2
Blanco
569,9
694,6
318,6
Mestizo
737,4
825,7
522,2
Otro(**)
530,6
630,4
312,3
Fuente: INEI, Perú. Evolución de los indicadores de empleo e ingresos por departamentos, 2004-2014. Lima: INEI-Editora Diskcopy, agosto de 2015, p. 422.
(*) Incluye quechuas, aymaras y nativos de la amazonía.
(**) Incluye negro, mulato, zambo y afroperuano.

En el cuadro anterior puede observarse que las diferencias de ingreso entre indígenas y blancos en Lima metropolitana son mayores que las que existen entre ambos grupos étnicos a escala nacional, alcanzando esa diferencia la suma de 645 soles; a escala nacional, en cambio, la diferencia es menor: de 398 soles. De otro lado, las diferencias salariales entre blancos y mestizos son de 319.8 soles en Lima Metropolitana, en tanto que la diferencia entre ambos grupos étnicos a escala nacional es solamente de 9 soles a favor de los mestizos, posiblemente por el menor peso demográfico de los blancos en el país. Asimismo, si a escala nacional la menor remuneración promedio la reciben los indígenas, 976,3 soles mensuales promedio, en Lima Metropolitana la menor remuneración mensual la reciben los negros: 1529,7 soles mensuales. Entre tanto, en el área rural la diferencia de ingreso más notable se da entre indígenas y mestizos, de 129.9 soles a favor de los últimos.    

Estos son algunos de los rasgos fundamentales que toma el mercado laboral nacional, y de modo marcadamente especial, el mercado laboral limeño, que fuera centro del colonialismo español, un mercado laboral fuertemente segmentado según la etnia a la que se pertenece o la persona se adscribe, y según el sexo.

        En el siguiente cuadro presentamos las diferencias de acceso a un “empleo adecuado” según la etnia a la que se pertenece o se adscribe.

Cuadro 2
Perú: Tasa de empleo adecuado, subempleo y desempleo, según etnia, 2014
(Porcentajes)

Etnia
Tasa de empleo adecuado
Tasa de subempleo
Tasa de desempleo
Mestizo
56,7
39,1
4,3
Blanco
50,4
45,4
4,2
Indígena(*)
39,5
58,4
2,1
Otro(**)
42,5
53,5
4,0
Fuente: INEI, Perú. Evolución de los indicadores de empleo…op. cit. p. 62.
(*) Incluye quechuas, aymaras y nativos de la amazonía.
(**) Incluye negro, mulato, zambo y afroperuano.

Destaca, como se observa, que la tasa más baja de empleo adecuado la tienen los autoidentificados como indígenas (39,5% frente a un 50,4% de la población blanca), así también los indígenas son quienes exhiben la tasa más alta de subempleo (58,4% frente a un 45,4% de la población blanca). Si el indígena presenta la tasa más baja de desempleo posiblemente se deba a la mayor participación económica de sus familias, lo que no expresa necesariamente bienestar.

En cuanto al empleo informal, de acuerdo al INEI, “cumple las siguientes condiciones, según la categoría de ocupación del trabajador: i) los patronos y cuenta propia cuya unidad de producción pertenece al sector informal, ii) los asalariados sin seguridad social financiada por su empleador, iii) los trabajadores familiares no remunerados, independientemente de la naturaleza “formal” o informal de la unidad productiva donde labora” (INEI, 2015: 105)

Cuadro 3
Perú: Población ocupada en empleo informal por etnia y sexo, 2014
(Porcentaje)

Etnia
Hombre
Mujer
Total
Indígena(*)
28,6
32,6
30,4
Blanco
4,7
5,1
4,9
Mestizo
50,6
46,5
48,7
Otro(**)
9,2
8,3
8,8
Fuente: INEI, Perú. Evolución de los indicadores de empleo…op. cit. p.110
(*) Incluye quechuas, aymaras y nativos de la amazonía.
(**) Incluye negro, mulato, zambo y afroperuano.

El empleo informal, en el que menos ingresos se obtiene y en el que más se carece de derechos laborales, como podemos ver en el cuadro 3, está copado mayoritariamente por indígenas, mestizos y negros: en un 30,4%, un 48,7% y 8,8%, respectivamente.

La situación de la mujer en el mercado laboral y al interior de cada grupo étnico

En el conjunto del país y dentro de cada grupo étnico la mujer es la que está en peor situación. El siguiente cuadro grafica lo afirmado.
  
Cuadro 4
Ingreso promedio mensual proveniente del trabajo de hombres y mujeres, según etnia, 2014
(En nuevos soles corrientes)

Etnia
Mujeres
Hombres
Blanco
1118,3
1572,6
Mestizo
1131,2
1560,8
Otro(*)
676
1173,6
Indígena(**)
730,1
1140,3
Fuente: INEI, Perú. Evolución de los indicadores de empleo… op. cit. p. 134.
(*) Incluye negro, mulato, zambo y afroperuano
(**) Incluye quechuas, aymaras y nativos de la amazonía.

Como hemos dicho, y como hemos visto en los cuadros presentados, el mercado laboral nacional y urbano está fuertemente segmentado en función de la etnia y el sexo. Quienes están en la cúspide de la pirámide social son en general blancos, mientras que mestizos, indígenas y negros, en este orden, están más abajo. Los hombres están por encima de las mujeres en términos de capacidad adquisitiva y de condiciones laborales, y esta jerarquización se repite al interior de cada grupo étnico. De manera que la mujer negra, indígena y mestiza es la que sufre las peores condiciones de existencia y de trabajo.

La renovada acumulación primitiva de capital deteriora aún más las condiciones de vida de los indígenas

De otro lado, es fundamental dirigir la mirada al proceso de acumulación primitiva de capital que renovadamente desde fines del siglo XX ha despojado y despoja aún a campesinos e indígenas amazónicos de sus tierras, para la explotación de petróleo, gas y minerales, la producción agroindustrial y la explotación de los bosques. Los campesinos e indígenas que resisten la embestida del capital extranjero y nativo son motejados de “antimodernos”, “salvajes” o “terroristas mineros”. Desde luego, en oposición a ellos, están colocados el capital y el estado, considerados modernos.    

Como consecuencia tenemos no solo la expansión del gran capital sobre las tierras de los campesinos e indígenas, sino además el asesinato de indígenas y campesinos por las fuerzas represivas del estado cuando aquellos defienden sus tierras y los recursos que estas les proveen para su reproducción biológica y social. El caso más sonado ha sido la masacre de Bagua, en 2009, durante el gobierno de Alan García, que dejó treintaitrés muertos -diez nativos y veintitrés policías (2)-, y doscientos heridos, en el que indígenas amazónicos y pobladores de la región bloquearon la carretera F. Belaúnde durante cincuentaicinco días como protesta contra un decreto que permitía a las transnacionales explotar petróleo, gas y minerales. Otros casos sonados son Conga, en Cajamarca, con un saldo de cinco muertos el 2012; el de Tía María, en Arequipa, con un saldo de cuatro muertos en cuatro años de protestas, entre el 2011 y el 2015, y Las Bambas, en Apurímac, con un saldo de cinco muertos.

El racismo: un modo de clasificación social

Así, la igualdad de los individuos más allá de su origen social, étnico o de sexo, proclamada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos y por la Constitución Política del estado, cae en saco roto. Pues bien, existen ideologías que justifican esas desigualdades de distintos modos. Una de esas ideologías es el racismo.  

El racismo es una ideología que clasifica socialmente a las personas en función del color de su piel. De acuerdo a esta ideología el indígena es pobre porque es indígena en tanto que el blanco está en una situación económica mejor porque es blanco. El racismo, consiguientemente, justifica las desigualdades sociales en función del color de la piel.

Sin duda, el racismo continúa siendo uno de los pilares ideológicos que contribuyen a mantener el orden social actual, sus desigualdades sociales, las relaciones de dominio de una etnia hacia otra. Justifica la situación de pauperismo de las mayorías nacionales, la de la sierra y la de las comunidades indígenas amazónicas, y justifica o es indiferente frente al uso de la fuerza (incluso masacres) contra esas personas y comunidades para expropiarles sus tierras y desarrollar proyectos mineros, petroleros y agroindustriales contaminantes y hasta antieconómicos al mediano y largo plazo, en nombre siempre del progreso y el desarrollo.

Desde la segunda mitad de la década de 1970 la servidumbre como forma dominante de control del trabajo fue sustituida por otra forma de control del trabajo, como el asalariado, la que coexiste con la producción de subsistencia y la producción mercantil. En los tiempos en que la servidumbre era el modo principal de controlar a la fuerza de trabajo en el campo, el discurso dominante explicaba las desigualdades sociales y económicas por supuestas desigualdades de origen natural: la humanidad del indígena era negada y éste era objeto de los peores vejámenes. El sueño del pongo de José María Arguedas describe con claridad esta situación, así como el anhelo de liquidación de ese mundo, el deseo de rebelión y hasta de venganza.  

Debemos preguntarnos no obstante si la liquidación de la servidumbre ha significado para los trabajadores del agro y para los indígenas citadinos un mejoramiento de su situación social. Es necesario discutir esta cuestión. Para su consideración debemos tener en cuenta la falta de tierras, de capital dinero y de tecnología en las comunidades campesinas; la concentración de la pobreza y de la extrema pobreza en la sierra del país; el deterioro del salario real; el gran porcentaje de personas (aproximadamente el 50%) que gana menos de un salario mínimo; la amplitud del empleo informal; la paulatina liquidación de derechos laborales para las mayorías del país; la mayor participación económica de la población, especialmente femenina, y la sobrecarga laboral. 

Ciertamente amplios grupos de la población peruana y limeña van asimilando el discurso de la igualdad. Millones de personas provenientes especialmente de la sierra hacen mayoría en la ciudad de Lima. Lima -¿hace falta recordarlo?- no es una ciudad de blancos. Limeños son indígenas, cholos, mestizos, blancos y negros,  así como los descendientes de chinos, japoneses y de otras nacionalidades. Pero continúa siendo la población indígena, chola, mestiza, negra, principalmente, la que es víctima del racismo. Pues ahora en el centro económico y político del país el cuestionamiento al racismo no viene ya solo desde unos pequeños grupos de intelectuales, sino que manifiesta o latentemente está presente en un sector considerable de la población, a través de la música andina tradicional y contemporánea (por ejemplo, mediante el enaltecimiento del elemento humano y de los valores indígenas y la reivindicación de la relación armónica entre hombre y naturaleza, propia de la milenaria cultura andina), el arte en sus múltiples manifestaciones, la producción intelectual, la denuncia y el activismo en grupos políticos y culturales.

Sin embargo, este cuestionamiento apunta al racismo visto solamente como un prejuicio mental, como una mera deficiencia de la educación recibida en las familias y las escuelas; no se observa la conexión del racismo con las desigualdades étnicas en torno al salario, la educación, la salud, etc. No se observa la relación de funcionalidad del racismo con respecto al capitalismo.

        Hemos intentado mostrar que el racismo no puede abordarse ni comprenderse cabalmente si partimos de la premisa de que se trata solo de un prejuicio mental; hemos intentado mostrar que el discurso racista (no necesariamente procesado intelectualmente, sino sobre todo pensado, sentido, hablado y actuado) ancla sus raíces en las estructuras materiales del mundo y del país, en el capitalismo realmente existente, en la superexplotación de la fuerza de trabajo, que es más acentuada en los negros, indígenas y mestizos. El racismo entronca con la alta correlación entre clase y etnia, entre ricos y pobres y grupo étnico al que se pertenece o se adscribe. De ahí que no es suficiente con criticar el racismo como una mera cuestión de prejuicio mental. Y de ahí que el racismo solo podrá ser atacado fructuosamente sino cuando se ataquen sus raíces materiales.      

El racismo continúa no obstante siendo fomentado desde las familias, los medios de comunicación, las instancias estatales, los partidos políticos de derecha.

Mencionemos, a modo de ejemplo, algunos casos de conocidos políticos, quienes se han manifestado con expresiones y comportamientos racistas en diferentes oportunidades. Entre otros, tenemos los casos del dictadorzuelo Alberto Fujimori, quien, en declaraciones al Neue Kronen Zeitung de Viena, 05.10.96, afirmó que "los peruanos son ociosos e incapaces de gobernarse por sí mismos" (http://cavb.blogspot.pe/2011/04/fujimori-los-peruanos-son-ociosos-e.html), o el caso de la fujimorista Martha Hildebrandt, quien, con ínfulas de sabihonda se oponía a la oficialización de todas las lenguas y dialectos hablados en el país en un debate congresal el año 2007, con lo cual mostró su ignorancia, pues en el Perú diez millones de personas tienen como lengua materna un idioma que no es el castellano y aprenden éste después, en tanto que dos millones de personas solamente hablan un idioma nativo que no es el castellano (https://www.youtube.com/watch?v=5JL4A9N5IC0; https://www.youtube.com/watch?v=8ahn-tidVwU); el del aprista Alan García, quien, en una caminata presidencial, en actitud prepotente le propinó una patada a un trabajador: no lo habría hecho con una persona blanca vestida con saco y corbata (https://www.youtube.com/watch?v=ShqFj8UHKVU), y quien en una charla con banqueros internacionales asoció la supuesta “genética” (¡sí, señores, genética dijo Alan García!) del mundo andino con la tristeza, al tiempo que cortejaba a esos mismos banqueros (https://www.youtube.com/watch?v=56Ea1qjiB0s). Más recientemente tenemos el caso del último candidato presidencial por Acción Popular, Alfredo Barnechea, quien en un acto proselitista le devolvió agresivamente su sombrero a un trabajador que se lo ofreció (https://www.youtube.com/watch?v=xnXW_lxbjoU). Y así por el estilo, los ejemplos abundan en la esfera estatal.  

Repetimos, pues, no es ninguna casualidad que las comunidades campesinas no hayan sido objeto de políticas de desarrollo, ni que las grandes mayorías que conforman las ciudades del país, indígenas, mestizos y negros, queden socialmente relegados.

El racismo debe ser visto como una ideología funcional al capitalismo. Al lado del universalismo, existe el particularismo del racismo. La igualdad es una norma, pero el racismo también lo es. Como afirma Immanuel Wallerstein (2010), es una norma negativa, pero no es disfuncional al sistema capitalista: todo lo contrario. Wallerstein apunta así que el racismo no es una anomalía en el “sistema-mundo capitalista.”

A la crítica del racismo debe unírsele entonces la crítica del capitalismo. La “cuestión de las razas” es fundamentalmente un problema social. A la crítica del racismo debe unírsele, en particular, la lucha por las reivindicaciones indígenas-populares: desarrollo de la economía agraria, elevación del salario real, empleos con derechos laborales, derecho a la educación en todos sus niveles, derecho a la salud, derecho a una pensión de vejez digna, derecho de la mujer indígena a un trato igualitario, derecho al agua potable, etc.   

A la vez, el estudio y la reflexión sobre el racismo no pueden quedar por fuera de la teorización y la praxis del movimiento contestatario del país. Hace falta estudiarlo más y vincularlo con la reproducción del sistema social en su conjunto. A la crítica del capitalismo y del imperialismo debe unírsele entonces la crítica de los particularismos, como el racismo, la xenofobia, la ideología patriarcal, el eurocentrismo y toda clase de culturalismos. Es decir, debemos superar radicalmente el reduccionismo clasista y desentrañar la lógica y los mecanismos de funcionamiento de los particularismos en el país y el mundo. Considero que este enfoque ayudaría mucho en la construcción de una estrategia de lucha adecuada contra el sistema-mundo capitalista. Porque si de lo que se trata es de construir una nueva racionalidad, eso no es posible si todo lo reducimos a un problema de clases y a la toma del poder estatal –ambas cuestiones insoslayables, fundamentales-, ni tampoco es posible si no hacemos un esfuerzo por renovar nuestros enfoques teóricos.   

Notas

(1) Conversación con el psicoanalista André Gautier.
(2)Sobre las acusaciones contra los indígenas como perpetradores de la muerte de los veintitrés policías, véase, “Caso Bagua: 10 razones por las que no deben ser condenados”, anónimo, publicado en el muro del facebook del poeta Juan Cristóbal, el 22 de setiembre del año en curso. Véase también la reciente absolución por la Corte Superior de Justicia de Amazonas de los 52 indígenas acusados de ser los perpetradores del asesinato de los veintitrés policías. El proceso continuará en la Corte Suprema de Justicia, en Lima. En cambio, no existe proceso judicial contra los responsables políticos de las matanza, como Mercedes Cabanillas, entonces Ministra del Interior; Yehude Simon, ex -Primer Ministro y Mercedes Aráoz, entonces Ministra de Comercio Exterior y segunda vicepresidenta del actual gobierno, quien afirmaba por entonces que si se derogaba el decreto no se firmaría el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Véase: https://www.servindi.org/noticias/22/09/2016/bagua-lee-la-sentencia-completa-del-caso-curva-del-diablo y https://www.servindi.org/actualidad-producciones-audios-resumen-peru-radioteca-audios/25/09/2016/mundo-indigena-peru-el.

Bibliografía citada

ANÓNIMO (2016), “Caso Bagua: 10 razones por las que no deben ser condenados”, publicado en el muro del facebook del poeta Juan Cristóbal.
INEI (2015), Evolución de los indicadores de empleo e ingresos por departamentos, 2004-2014. Lima: INEI-Editora Diskcopy.
WALLERSTEIN, Immanuel (2010), Análisis de sistemas-mundo. Una introducción. México-Argentina-España: Siglo XXI Editores.

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