viernes, 1 de enero de 2016

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

El Frente Unido del Pueblo Peruano



Eduardo Ibarra


I
EN EL ARTÍCULO Mariátegui y el Frente Unido, publicado en la edición el 1º de diciembre del año que ha terminado, hemos reseñado algunos conceptos y algunos juicios mariateguianos fundamentales acerca del frente unido, así como algunos episodios de la lucha del maestro por la construcción del frente unido del pueblo peruano.

        Puesto que “nuestra praxis debe corresponder a la realidad que tenemos delante”, es menester puntualizar las características más importantes que diferencian la situación actual de las condiciones en la que actuó Mariátegui.

        En el marco general de un país capitalista semicolonial y con el problema de la tierra todavía irresuelto (1), nuestra clase obrera está lejos de la insipiencia organizativa de los años veinte, malgrado el hecho de que la mayor parte de ella no está sindicalizada. Existe actualmente la CGTP y, asimismo, el campesinado tiene un nivel superior de organización respecto a la que tenía en la década de 1920.

        Por lo tanto, nuestra labor frenteunionista no puede empezar por la organización sindical de las clases trabajadoras. Hoy es necesario otro tipo de labor en este marco, lo que merece tratamiento específico.

        Actualmente, el problema es construir el frente unido del pueblo peruano. Precisamente de esto trataremos aquí, aunque solo en sus líneas más generales.

II

Pues bien. ¿Cuál debe ser el contenido del Frente Unido del Pueblo Peruano? ¿Cómo construirlo?

Estas son dos cuestiones de fundamental importancia. Examinemos, aquí, la primera de estas cuestiones, y dejemos para otra oportunidad el examen de la segunda.

Como es obvio, el carácter de cualquier frente se deduce de su programa.

        En los últimos tiempos, se han constituido dos frentes en función de las próximas elecciones generales: el Frente Amplio y la Unidad Democrática.

En su “Plataforma Programática”, el Frente Amplio  plantea un “Modelo económico alternativo al neoliberalismo, que rompa con la matriz primario exportadora y nos permita alcanzar el desarrollo del agro, la industria y la descentralización del país”.

        Por su parte, la Unidad Democrática plantea en su  “Declaración de Programa”: “Proponemos una Economía Nacional de Mercado como alternativa al modelo económico neoliberal impuesto en el país en las últimas tres décadas” (negritas  en el original).

Pues bien, en el artículo Plataforma electoral de la izquierda reformista, publicado en nuestra edición anterior, César Risso ha esclarecido el contenido económico de los programas de ambos frentes, contenido que determina la naturaleza política de los mismos.

“En estos documentos está implícito que la explotación capitalista consiste en precios altos, bajas remuneraciones, explotación de nuestros recursos por parte del capital foráneo, exoneraciones tributarias al gran capital, etc.”

“Esto demuestra que estas propuestas tienen un error de partida, que es definitorio de la posición del Frente Amplio y de Unidad Democrática. Al ignorar, o escamotear, la esencia de la explotación capitalista, no pueden salir del marco del mismo capitalismo, y por lo tanto, sus propuestas se basan en reformas que únicamente proceden a maquillar esta forma histórica de explotación”.

Como se sabe, la ley económica fundamental del capitalismo es la plusvalía, y esta ley tiene curso sobre la base de la propiedad privada de los medios de producción. Esta cuestión fundamental no aparece considerada en los programas del Frente Amplio y de la Unidad Democrática.

        Ambos frentes postulan el cambio de una política económica por otra, el modelo neoliberal por un modelo desarrollista, un modelo de desarrollo capitalista por otro modelo de desarrollo capitalista.   
      
Por lo tanto, lo mismo la consigna política fundamental del Frente Amplio (“Poder y Gobierno Popular para un Nuevo Estado”), como la consigna política fundamental de Unidad Democrática (“un nuevo contrato social, político y económico, donde el poder se asiente en la voluntad de los ciudadanos”), se revelan como la envoltura estatal de una economía que no liquida los fundamentos del régimen capitalista.   

Puesto que las agrupaciones que conforman el Frente Amplio se reclaman seguidoras de Mariátegui, no podemos menos que tener en cuenta Principios programáticos del Partido Socialista, y de esta forma saber si las mismas cumplen realmente con sus reclamos.

Principios programáticos es un documento con el cual Mariátegui se dirigía al pueblo peruano a fin de construir su unidad con vistas a la lucha por el poder.

Obviamente, no es necesario analizar aquí todos los aspectos del documento mariateguiano, pero sí destacar aquellas cuestiones que marcan su carácter político.

Veamos cómo planteó Mariátegui algunas líneas maestras del programa. 

“3º- El agudizamiento de las contradicciones de la economía capitalista. El capitalismo se desarrolla en un pueblo semi-feudal como el nuestro, en instantes en que, llegado a la etapa de los monopolios y del imperialismo, toda la ideología liberal, correspondiente a la etapa de la libre concurrencia, ha cesado de ser válida. El imperialismo no consiente a ninguno de estos pueblos semi-coloniales, que explota como mercado de su capital y sus mercaderías y como depósito de materias primas, un programa económico de nacionalización e industrialismo”.

“5º- La economía pre-capitalista del Perú republicano que, por la ausencia de una clase burguesa vigorosa y por las condiciones nacionales e internacionales que han determinado el lento avance del país en la vía capitalista, no puede liberarse bajo el régimen burgués, enfeudado a los intereses imperialistas, coludido con la feudalidad gamonalista y clerical de las taras y rezagos de la feudalidad colonial”.
      
“El destino colonial del país reanuda su proceso. La  emancipación de la economía del país es posible únicamente por la acción de las masas proletarias, solidarías con la lucha anti-imperialista mundial. Solo la acción proletaria puede estimular primero y realizar después las tareas de la revolución democrático-burguesa, que el régimen burgués es incompetente para desarrollar y cumplir”.

“8º- Cumplida su etapa democrático-burguesa, la revolución deviene en sus objetivos y en su doctrina revolución proletaria. El partido del proletariado, capacitado por la lucha para el ejercicio del poder y el desarrollo de su propio programa, realiza en esta etapa las tareas de la organización y defensa del orden socialista”.

(Ideología y política, pp.159-162)    

Como se ve, Mariátegui definió claramente cuatro cuestiones: 1) nuestra época como la época del imperialismo; 2) la ubicación del Perú en el sistema imperialista; 3) la etapa democrático-burguesa como una etapa con perspectiva proletaria en el proceso general de la revolución; 4) la revolución peruana como parte de la revolución mundial.

Así, pues, el planteamiento de las tareas fundamentales de la actual etapa de la revolución (liquidación de la opresión imperialista y de la explotación semifeudal), explican el enlace de las dos etapas de la revolución, así como las Reivindicaciones Inmediatas consideradas en Principios programáticos.

En efecto, en el mencionado documento, Mariátegui explicó:

“Estas son las principales reivindicaciones por las cuales el Partido Socialista luchará de inmediato. Todas ellas corresponden a perentorias exigencias de la emancipación material e intelectual de las masas. Todas ellas tienen que ser activamente sostenidas por el proletariado y por los elementos conscientes de la clase media. (…). Los grupos estrechamente ligados que se dirigen hoy al pueblo, por medio de este manifiesto, asumen resueltamente, con la conciencia de un deber y una responsabilidad histórica, la misión de defender y propagar sus principios y mantener y acrecentar su organización, a costa de cualquier sacrificio. Y las masas trabajadoras de la ciudad, el campo y las minas y el campesinado indígena, cuyos intereses y aspiraciones representamos en la lucha política, sabrán apropiarse de estas reivindicaciones y de esta doctrina, combatir perseverante y esforzadamente por ellas y encontrar, a través de cada lucha, la vía que conduce a la victoria final del socialismo”.

(Ibídem, p.164; cursivas nuestras).

Por lo tanto, de lo que se trata es de que el Frente del Pueblo Peruano sostenga, al mismo tiempo, como principio táctico, la lucha común contra el adversario común, y, como principio estratégico, la lucha por el socialismo, pues solo un frente con estos dos principios ligados entre sí puede llevar adelante las dos etapas de la revolución como un proceso único e indivisible.

Pero ocurre que las distintas medidas consideradas en los programas del Frente Amplio y de Unidad Democrática, no desbordan los marcos del régimen capitalista, y por lo tanto evidencian una táctica  meramente anti-neoliberal y la ausencia de una estrategia socialista.  

        Es decir, los dos frentes se revelan como reformistas, y los reclamos de adhesión al pensamiento de Mariátegui o de reconocimiento de sus “aportes”, en una cuestión tan fundamental y decisiva como es la cuestión del frente unido, no pasan, pues, de ser reclamos simplemente líricos y, en último análisis, engañosos.

Es deber de los continuadores de Mariátegui poner en el centro del debate su concepción del frente unido del pueblo peruano, que es como decir poner en el centro del debate sus Principios programáticos, cien veces mencionados y cien veces negados por tirios y troyanos.

Poner en el centro del debate el programa de Mariátegui significa dos cosas: 1) retomar sus principios vigentes (con excepción del marxismo-leninismo que pertenecía a la parte doctrinal del programa como programa del Partido Socialista), 2) desagregar aquellos puntos que, por desarrollo histórico, han perdido vigencia (como ocurre con algunas reivindicaciones  inmediatas y con el concepto de semifeudalidad que, por desarrollo histórico también, ha dado paso al concepto de supervivientes relaciones serviles).  

Por lo tanto, sobre dicha base, es deber de los continuadores de Mariátegui construir el Frente Unido del Pueblo Peruano que asuma la tarea de la realización de las tareas democrático-burguesas y de encontrar, a través de cada lucha, la vía que conduce a la victoria final del socialismo.

¿Cómo construir este frente? Como lo hemos sugerido arriba, en otro lugar esbozaremos nuestra contribución a la solución de este problema.


19.12.2015.



La Creación Heroica de Mariátegui y el Liquidacionismo de Derecha

(Segunda Parte)


Eduardo Ibarra


El liquidacionismo de derecha hoy

En la Rusia de 1908-1914, el liquidacionismo se presentó como la tentativa de reemplazar el partido clandestino por un partido legal. Por eso Lenin señaló que “Su esencia consiste en renegar de la ‘ilegalidad’, en liquidarla, en sustituirla por una asociación informe en el marco de la legalidad, a toda costa”. (Cuestiones en litigio. El partido legal y los marxistas, en Contra el revisionismo, Editorial Progreso, Moscú, s/f, p.142).

Pero, como también señaló Lenin, “El liquidacionismo no es solamente la liquidación del viejo Partido de la clase obrera; es también la destrucción  de la independencia de clase del proletariado, la corrupción de su conciencia por las ideas burguesas” (La decisión de 1910, ibídem, p.149).

Es decir el liquidacionismo no se presenta únicamente como la supresión del partido clandestino, sino también como la supresión de su condición de partido independiente de clase.

Por lo tanto, si destruir el carácter clandestino del Partido bajo la forma de una organización legal es liquidar el partido de clase, destruir su independencia ideológico-política y su autonomía orgánica bajo la forma de una organización doctrinariamente heterogénea también es liquidar el partido de clase.

Por eso, puede decirse que la quintaesencia del liquidacionismo es la supresión del carácter de clase del Partido.

Como se sabe, toda desviación del marxismo es resultado de la influencia burguesa sobre el proletariado.

Engendrado por la contrarrevolución, el liquidacionismo de “izquierda” intentó destruir el carácter clandestino del Partido, así como, ahora –y desde que devino liquidacionismo de derecha– intenta suprimir la independencia de clase del proletariado bajo la forma de un partido-amalgama.

Para hacer potable su proyecto liquidacionista, García utiliza a Mariátegui como coartada: por un lado, contra toda evidencia, pretende que Mariátegui y el PSP no fueron marxista-leninistas y, por otro, también contra toda evidencia, sostiene que este partido tuvo dos niveles orgánicos doctrinariamente disímiles entre sí (8).

De esa forma intenta sentar una base para consumar un partido pluriclasista, contrario en todo y por todo al Partido de Mariátegui.  

Mariátegui señaló: “El frente único no anula la filiación de ninguno de los que lo componen. No significa la confusión ni la amalgama de todas las doctrinas en una doctrina única. Es una acción contingente, concreta, práctica. El programa del frente único considera exclusivamente la realidad inmediata, fuera de toda abstracción y de toda utopía. Preconizar el frete único no es, pues, preconizar el confusionismo ideológico. Dentro del frente único cada cual debe conservar su propia filiación y su propio ideario. Cada cual debe trabajar por su propio credo. Pero todos deben sentirse unidos por la solidaridad de clase, vinculados por la lucha contra el adversario común, ligados por la misma voluntad revolucionaria, y la mima pasión renovadora” (Ideología y política, pp.108-109).

Y también señaló: “… no podemos, en virtud del sentido mismo de nuestra cooperación, entender el  Apra como partido, esto es, como una facción orgánica y doctrinariamente homogénea” (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t.II, p.300).

Facción doctrinariamente homogénea significa que el PSP estuvo homogeneizado por una sola y misma doctrina: el marxismo–leninismo.

En consecuencia, facción orgánicamente homogénea significa que el PSP no tuvo dos niveles orgánicos doctrinariamente disímiles entre sí (9).

El pluriclasismo es propio del frente unido, mientras el clasismo es característico de los partidos. Esta es una verdad elemental que todo marxista debe tener presente.

        Por eso, en términos inequívocos, Mariátegui reivindicó el derecho del proletariado a su independencia de clase: “tenemos la obligación de reivindicar el derecho de la clase obrera a organizarse en un partido autónomo” (Correspondencia, t.II, p.490).

Sin embargo, oportunista, Haya sostuvo: “El Apra es partido, alianza y frente. ¿Imposible? Ya verá Ud. que sí. No porque en Europa no haya nada parecido no podrá dejar de haberlo en América” (ibídem, p.378) (10).

Es decir que, mientras Mariátegui proyectó un partido de masas clasista (es decir homogeneizado por el marxismo-leninismo), Haya propuso un partido de masas pluriclasista (es decir doctrinariamente heterogéneo).

Así, pues, el Apra de los años 1920 aparece como fuente del proyecto de García de un partido-frente.

Ello quiere decir que, en el debate entre Mariátegui y Haya sobre la cuestión del partido, nuestro liquidador tiene posición a favor del segundo y en contra del primero.

Sin embargo, falaz como es, intenta encubrir esa realidad con una trampa: presenta el modelo de partido de Haya como si fuese de Mariátegui.

En la Conferencia Comunista de Buenos Aires de 1929, Portocarrero y Pesce tergiversaron el proyecto mariateguiano de partido  con un discurso acerca de un supuesto partido de dos niveles orgánicos doctrinariamente disímiles entre sí.

Esa tergiversación es otra fuente –y la más copiada, dicho sea de paso– del proyecto de García de un partido de “dos niveles” orgánicos doctrinariamente disímiles en sí.

En el debate en el seno del PSP, Castillo negó el marxismo-leninismo y, poco después, fundó un partido socialista, obviamente no en el sentido marxista-leninista del término.

Esa negación del marxismo-leninismo y ese uso oportunista del término socialismo es otra fuente del proyecto de García de un partido socialista.

En el XXII Congreso del PCUS (1961), el renegado Jruschov levantó la tesis de un partido “de todo el pueblo”, y de esta forma negó el carácter de clase del partido.

De hecho, el “partido de todo el pueblo” era el partido de masas pluriclasista de Jruschov (11).

Así, pues, el “partido de todo el pueblo” del revisionismo contemporáneo es otra fuente del proyecto de partido de García de un partido de masas pluriclasista.

Ello significa que, en el debate entre el marxismo-leninismo y el revisionismo contemporáneo sobre la cuestión del partido, nuestro liquidador tiene posición a favor del segundo y en contra del primero.

En la primera mitad de los años 1980, algunos teóricos del Partido Mariateguista Unificado plantearon un partido de masas pluriclasista (12).

Ese planteamiento es otra fuente del proyecto de partido de masas pluriclasista de García.

Como se ve, nuestro liquidador ni siquiera tiene el dudoso mérito de la originalidad: palabras más palabras menos, todo lo que hace es repetir viejas tesis oportunistas y revisionistas.

Más aún: tampoco es suyo el procedimiento: todo lo que ha hecho es asumir la treta “pumista” de colgarle a Mariátegui la paternidad de la tesis del partido pluriclasista (13).

Desde luego, tal procedimiento es típicamente oportunista y expresa toda la deshonestidad intelectual y política de quienes lo utilizan.

Hoy el debate tiene como centro la cuestión del partido. ¿Qué tipo de partido debe ser el partido del proletariado peruano? ¿Debe ser un partido “orgánica y doctrinariamente homogéneo” o, por el contrario, un partido con dos niveles orgánicos doctrinariamente heterogéneos entre sí?

García, como se sabe, ha contestado a esa disyuntiva reciclando el planteamiento de un partido orgánica y doctrinariamente heterogéneo.

De esa forma intenta liquidar la independencia de clase del proletariado, el carácter de clase del Partido.

Así, pues, en la presente etapa en que la oposición a la Creación Heroica de Mariátegui tiene lugar centralmente en el terreno orgánico, García intenta destruir el partido de clase.

Como ha quedado señalado arriba, el liquidacionismo surgió como engendro de la contrarrevolución y en oposición a la Reconstitución del Partido de Mariátegui.

Por eso no tiene por qué extrañar a nadie que, igual que Paredes, más allá del discurso García se haya opuesto a la Reconstitución, primero con su ocultismo, y, luego, desde la década de 1980, con su proyecto de un partido–amalgama. Su renuncia pública a la Reconstitución no ha sido más que el resultado natural de esta oposición de hecho.

Entre otras cosas, la Reconstitución implica: 1) la asunción del pensamiento de Mariátegui, 2) su materialización en el partido de clase.

Pero el liquidacionismo reniega cuestiones fundamentales dirimentes del pensamiento de Mariátegui y el carácter de clase del PSP.

Lo mismo en tiempos de contrarrevolución como en tiempos de régimen democrático, es interés de la burguesía liquidar el partido del proletariado. En tiempos de contrarrevolución, mediante la violencia, y, en tiempos de régimen democrático, mediante la corrupción ideológico-política de algunos elementos.     

Entre nosotros –y ahora mismo–, expresiones de esa corrupción son, por ejemplo, la abjuración del marxismo-leninismo, la oposición a cuestiones fundamentales dirimentes de la Creación Heroica de Mariátegui, la táctica que pretende que la acción legal municipal es el camino al socialismo, los métodos criollos, el egotismo burgués (14).

Por eso es claro que la tentativa de destruir la independencia de clase del proletariado bajo la forma orgánica de un partido-amalgama, es servir a la burguesía (15).

En conclusión: desde 1969 la burguesía y el  proletariado peruanos se enfrentan en el decisivo terreno de lo orgánico: abjuración del partido de clase o Reconstitución del Partido de Mariátegui.

He ahí la cuestión. He ahí el problema central y dirimente en esta etapa del proceso histórico de lucha ideológica en torno a la Creación Heroica de Mariátegui.

He ahí el problema que presentemente marca la divisoria entre marxistas y revisionistas. 

Como es obvio, el liquidacionismo de García está ligado, entre otras cosas, con su abjuración del marxismo-leninismo, con su oposición a cuestiones fundamentales dirimentes de la Creación Heroica de Mariátegui y con su oportunismo en cuestiones de táctica.

Analicemos la primera cuestión.

Notas
[8] Ver La creación heroica de José Carlos Mariátegui. 80 aniversario, Editora Perú Nuevo, Lima, s/f, p.22.
[9] Ver el punto 4 de Lineamientos programáticos del Partido Socialista. Cualquier marxista de recta conciencia tiene que reconocer que el discurso de Portocarrero y Pesce en la Conferencia de Buenos Aires de 1929 significó una flagrante tergiversación del proyecto de partido mariateguiano. Secundado por Pesce, Portocarrero dijo allí: “El partido socialista se basa en nuestro Grupo, el cual es enteramente afín con la ideología de la Internacional Comunista” (Martínez, Apuntes, t.II, p.423). Si Mariátegui concebía el partido, cualquier partido, todo partido, como doctrinariamente homogéneo, entonces es claro que “la célula secreta de los siete” fue concebida como una instancia orgánica temporal y sin ninguna diferencia doctrinal respecto al resto de organismos del PSP, y que, por lo tanto, este partido fue un partido doctrinariamente homogéneo. Pero Portocarrero y Pesce tergiversaron esta realidad, y ahora, repitiendo servilmente a estos personajes, García hace lo mismo.  
[10] El planteamiento de Haya y el planteamiento de Portocarrero y Pesce en la Conferencia de Buenos Aires tienen la misma esencia: la idea de un partido doctrinariamente heterogéneo, de un partido pluriclasista, de un partido-frente. En efecto, lo que de hecho sostuvo Portocarrero fue que, con excepción de “nuestro Grupo”,  las otras instancias orgánicas del PSP no tenían afinidad con la ideología de la Internacional. Por eso, en esencia, lo que hace García es repetir a Haya, solo que vía Portocarrero. Por lo tanto, es correcto señalar que la polémica entre Mariátegui y Haya sobre la cuestión del partido se ha renovado hoy en la polémica entre los liquidadores que pretenden suprimir el partido de clase y los marxista-leninistas que lo defienden intransigentemente.
[11] En el  XXII Congreso del PCUS (1961), Jruschov sostuvo que el socialismo había triunfado en la URSS y que el PCUS se había convertido en el partido de todo el pueblo (ver Polémica acerca de la línea general del movimiento comunista internacional, ELE, Pekín, 1965, p. 472). Pero esta afirmación no fue más que una falacia, pues entonces en la sociedad soviética se procesaba una galopante diferenciación social y una enconada lucha de clases. Por eso, el “partido de todo el pueblo” no fue otra cosa que el reemplazo del partido de clase por un partido pluriclasista, la declaración formal que dio cuenta de la transformación del PCUS en partido  de la burguesía burocrática.
[12] Por las varias incursiones de la policía a mis archivos, no cuento ya con los materiales donde los “pumistas” argumentaban su partido pluriclasista, y, por lo tanto, no puedo citarlos. Sin embargo, tengo a la vista los folletos Mariátegui y el seudomariateguismo actual y Continuar el camino de Mariátegui, de Jorge del Prado y Alberto Moreno, respectivamente, que dan cuenta, en algunas de sus páginas, de la verdad de nuestra afirmación. Por lo demás, es pertinente anotar que, a efecto de encubrir su tergiversación de Mariátegui,  los “pumistas” se presentaban a sí mismos como “revindicadores”, como “rescatadores” del “verdadero” pensamiento de Mariátegui. No es distinto el lenguaje de los liquidadores: “reivindicar el partido socialista”, “[rescatar] las tesis originales de Mariátegui”, etcétera. Es decir los liquidadores no son originales ni siquiera en el criollo recurso de la maniobra.  
[13] Como se ha visto, décadas antes Portocarrero y Pesce ya habían planteado la idea de un partido pluriclasista, aunque es menester repetir aquí lo que hemos señalado en otro lugar: tal idea surgió en la Conferencia de Buenos Aires ante los reparos de algunos delegados al nombre de socialista del partido peruano. Después de esta Conferencia, Portocarrero y Pesce nunca más insistieron en su planteamiento.
[14] No obstante esas flagrantes posiciones oportunistas, nuestro liquidador hace protestas de fidelidad a la verdad universal y al pensamiento de Mariátegui, pero, igual que en Paredes, tales protestas no pasan de ser una treta.
[15] Las dos desviaciones más extremas del marxismo son el liquidacionismo (que busca destruir el partido del proletariado), y el socialchovinismo (que busca uncir al proletariado al carro de la  propia burguesía contra la burguesía de otro país). Es decir estas desviaciones son las dos expresiones más concentradas de la influencia de la burguesía sobre el proletariado, o sea, las dos formas más extremas de corrupción ideológica y política.

11.11.2015.



El Pesimismo de Juan Croniqueur

(Sexta Parte)

Jorge Oshiro

LA SALUD CORPORAL DEL NIÑO estaba ya determinada en el seno materno. Rouillón:

"El organismo desgastado de la madre, por el trabajo agobiante y por la anemia aniquiladora, se ha de proyectar en el niño que desde el claustro materno habría padecido de inanición y por ende, de una defectuosa formación biológica, Mariátegui nace, pues, como la mayoría de los infantes humildes, raquítico y endeble"[1].

En los primeros años de su desarrollo se fue manifestando con más claridad una cruel enfermedad, una artritis tuberculosa, que acompañó a nuestro autor durante toda su vida. Escribe su biógrafo:

"A la edad de seis años, cuando todo lo que le rodea era triste y misérrimo, empieza a manifestarse en José Carlos los síntomas de profunda debilidad".

El chico tenía constante fiebre, fatiga y dolores. Entonces vivía la familia en Lima. Se trasladaron entonces a Huacho, una pequeña localidad cerca de Lima, esperando que el cambio de clima favoreciera la salud del niño.

1901. José Carlos aparentemente restablecido pero siempre frágil y pálido asistió a su primer año de escuela. Ya sabía leer y escribir pues Guillermina, la hermana, le había enseñado. Un año después, en la escuela, jugando con sus compañeros se lesionó en una pierna.

Esta lesión se hizo cada vez más grave y el niño tuvo que ser internado en una clínica en Lima y luego operado. José Carlos permaneció casi cuatro meses en el nosocomio. Cuando el enfermo abandonó la clínica la familia se estableció en Lima y vivió en una casa en estado casi ruinoso.

En esta casa "insalubre y falto de luz el enfermo ha de continuar inmovilizado cerca de dos años por indicación médica" (op.cit.). El niño vivía prácticamente aislado del mundo exterior teniendo sólo como compañeros de juego a sus dos hermanos. Cuando José Carlos pudo abandonar la cama, cojeaba notoriamente. A causa de su débil constitución y de su estado enfermizo no regresó más a la escuela.

Había podido asistir todo el primer año y parte del segundo. Ya que no podía participar a una vida activa de un niño sano, se inclinó desde muy temprano a la lectura y a la meditación. Falto de escuelas y maestros, el joven se hizo  autodidacta y así aprendió el francés con revistas de moda que traía la madre que trabajaba en esos momentos como costurera en una tienda francesa.

El clima doméstico estuvo determinado por las preocupaciones diarias y por la religiosidad de la madre. La intensa atmósfera religiosa que se vivía en casa, acompañada por una pasión por la lectura, sobre todo de poesías, tuvo gran influencia en el desarrollo de la personalidad de nuestro autor.

Otro problema vino a influir en el desarrollo espiritual del muchacho: la ausencia del padre. Dejando de lado las cortas visitas que hizo el padre a la familia en su primera infancia el niño no conoció a su progenitor.

La madre había hecho de la ausencia paterna un tabú y no respondía a las frecuentes preguntas de su hijo, lo que motivó en él un interés aún más grande. De un tio se enteró que su progenitor pertenecía a la aristocracia limeña. La imagen del padre se volvió en una obsesión en la mente del niño creándole así un difícil y delicado problema de identidad, que al lado de su enfermedad fue uno de los problemas latentes en el desarrollo intelectual de nuestro biografiado.

1909. José Carlos tenía quince años cuando comenzó a trabajar en el diario limeño «La Prensa». Esta se había destacado en esos tiempos como un agudo crítico del gobierno de Augusto B. Leguía (1908-1912) y vivía en permanente peligro de ser atacado por gente del gobierno.

En ese clima de incertidumbre y de constante alarma hizo el joven aprendiz sus primeras experiencias en el mundo de los periódicos. Su día de trabajo era largo y su salario modesto, pero servía para aminorar las constantes preocupaciones económicas que pasaba la familia.

Rápidamente obtuvo responsabilidades más importantes por su espíritu inquieto y curioso, por su aplicación y gran deseo de aprender. Durante y sobre todo después del trabajo escuchaba atentamente las conversaciones y discusiones que sus colegas mayores llevaban a cabo con gran animación.

En aquellos momentos la influencia de los anarquistas era muy grande entre los obreros y empleados de los periódicos limeños y el joven aprendiz comenzó a escuchar sobre Reclus, Malatesta, Grave, Bakunin, Kropotkin Proudhon, etc. (Rouillón 1975:77). Y en aquellas conversaciones escuchó también el nombre de un poeta peruano, Manuel González Prada (1848-1918), también de filiación anarquista.

Prada era de origen aristocrático, de cultura humanista y enciclopédica que se había distanciado de su clase y se había acercado a la joven clase proletaria peruana. Escribía, además de sus poemas, ensayos políticos de gran contenido polémico y colaboraba con pequeños periódicos anarquistas y sus artículos eran muy temidos en las clases dominantes pero muy queridos y respetados por las clases laboriosas.

Él fue el primer intelectual peruano que se distanció de la vieja tradición española que después de la Guerra del Pacífico (1879-1893) se encontraba en una profunda crisis socio-económica y cultural.

Prada fue también el primero en buscar el contacto con las clases subalternas y se convirtió en uno de los maestros de la nueva generación a la cual pertenecía nuestro joven aprendiz de periodista. Como el tatarabuelo de José Carlos, Prada era ateo y masón, cosa que lo distanciaba del joven Mariátegui, pero,

"Para él bastaba que escribiera poemas para tenerle simpatía y disculparle, en cierta forma, su ateísmo y credo libertario".

Con el tiempo conoció al hijo del poeta, Alfredo Gonzáles Prada quien le abrió la inmensa biblioteca paterna; con esto y en las largas e intensas conversaciones con Alfredo, el joven aprendiz de periodista ensanchó notablemente su horizonte cultural. Fue también que frecuentando la casa del poeta que el joven Mariátegui va a conocer a la élite de la capa de intelectuales del Perú en esos momentos.

[1] Lo que se ha dicho hasta ahora sobre los precedentes al nacimiento de José Carlos Mariátegui será muy importante para la comprensión de su posterior pensamiento, pues lo ubica socialmente. La pobreza familiar, producto directo del abandono del padre, la permanente ausencia de éste y por esto la inestabilidad emocional de la madre, su depresión física y moral, su religiosidad intensa y fanática; el agotamiento corporal causado por el excesivo trabajo y mal nutrición serán los elementos de fondo que se deberá tomar en cuenta para posibilitar una correcta comprensión de la génesis y desarrollo del cuadro existencial que servir de base emocional a su pensamiento. Pero, en cuanto que esta suerte no fue ni es exclusiva de nuestro autor sino de millones de niños en el Perú y en todos los países pobres del mundo donde la miseria material y moral agravada frecuentemente por la irresponsabilidad del padre y el abandono que sufre la madre, por todo esto, esta biografía, en sus fundamentos condicionales, es ejemplar y representativas de millones. De allí la naturalidad de un pensamiento que se identifica muy rápidamente con las grandes masas de las clases subalternas.

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