domingo, 1 de noviembre de 2015

LITERATURA


Un Teórico Que No Quiere Serlo
(Tercera Parte)
Julio Carmona

ADEMÁS, ES PERINENTE DESTACAR QUE en el estudio teórico-crítico que MV dedica a Gustave Flaubert dice: “Flaubert descubrió, hacia comienzos de 1854, la interacción de la teoría y la práctica de la literatura, es decir, que toda obra de creación contiene implícitamente, lo perciba o no su autor, una concepción general de la escritura y la estructura textuales y de las relaciones entre ficción y realidad. A los dos años y medio de estar trabajando en Madame Bovary escribió a Louise: « Chaque ouvre à faire a sa poétique en soi, qu’il faut trouver » (el énfasis es suyo.)” (B-1975: 82.) Una traducción aproximada —o literal— de la cita de Flaubert sería la siguiente: “Cada obra a hacer tiene su poética en sí, que es necesario encontrar.” Y siendo Flaubert el otro pater familiae de MV es también preocupante el que, contradictoriamente, sea reticente a que se llame teoría a sus propuestas (que él reduce a hipótesis), cuando en la cita relacionada con Flaubert está relevando “la interacción de la teoría y la práctica de la literatura” y, por lo tanto, si se trata de un trabajo de crítica literaria igualmente la interacción con la teoría es un imperativo. La explicación a esa reticencia puede achacarse a la situación generada por las observaciones de carácter teórico hechas por ÁR a sus propuestas de la misma índole, sintiendo MV que, en dicho terreno, perdía piso. Y es, en tal medida, que buscó mediatizarlas.

Pese a sus aprehensiones contra la teorización, y en la medida que el texto García Márquez: Historia de un deicidio (que, a partir de ahora, citaremos así: HD, más la página) es relevado por todos, como condensador de los postulados teóricos de MV, lo tomaremos como punto de partida para analizar dichos postulados. Es cierto que, en la década de los sesenta —antes de esta ‘condensación teórica’—, enunció algunas ideas de orden teórico en artículos periodísticos (Contra viento y marea 1), pero no menos cierto es que no sólo no conformaron un cuerpo orgánico sino que muchas de ellas después serían desechadas, imponiéndose las del trabajo aludido, que abarcan toda la década del 70 y que ha mantenido hasta ahora invariablemente. En dicho texto MV platea el siguiente apotegma:

... una ficción es, por su misma naturaleza -reflejo y negación de la realidad- algo cualitativamente tan complejo como el modelo debido al cual nace y contra el cual insurge. Su composición tanto material como formal, consta de elementos de origen muy diverso, que al reunirse en una estructura verbal pierden su carácter imaginario y adoptan otro, que depende de la función que cumplen como partes integrantes de esa ficción precisa. (HD: 137.)

Vemos, pues —con las propias palabras de MV—, que el problema no era tan simple. Ahí no sólo se refiere al descubrimiento de los puntos de partida de la ficción, de los cuales ésta es ‘reflejo’, el problema es que de esta “verificación” (realista, relativamente cierto: y que es una propuesta teórica, sin atenuantes) MV pasa a otra conclusión tajante: que la obra no sólo es ‘reflejo de la realidad’ sino, asimismo, ‘negación de la realidad’, puesto que —una vez compuesta, dice— la ficción narrativa pasa a convertirse en ‘un mundo aparte’, a ser un ‘ente con vida propia’, es decir, a adquirir una ‘autonomía absoluta’, y aquí está entrando en el otro dominio teórico: es decir, pasa a plantear la propuesta teórica del formalismo (también sin atenuantes.) Y, entonces, se ve que su ‘hipótesis’ no era tan hipótesis. En realidad, lo que está haciendo MV es la sustentación “vergonzante” de la teoría del reflejo del realismo “por debajo de cuerda” para “renegar de él públicamente” y admitir abiertamente la teoría contraria: la autonomía del formalismo.1

Lo problemático del caso es, entonces, que MV sí está incursionando en la “dimensión científica” de la literatura, o sea, de la ciencia literaria, que es la que se encarga del estudio de ésta, ya sea desde el punto de vista sólo teórico (que no es el caso) o de los puntos de vista crítico-teóricos (que sí es el caso.) Y lo censurable es que, al abordar esa dimensión científica de estudio literario, MV no opte por plantearse y plantear perspectivas científicas, sino emotivas o irracionales. Y esa es, al parecer, la crítica que le hace ÁR.2 Es por eso que, aunque MV declare —como hemos visto— que no se propone hacer “una definición ‘científica’ del novelista”, el producto final de su trabajo sí da por resultado esa pretensión, puesto que si se realiza el estudio crítico de un novelista, debe partirse de una visión teórica del novelista, aunque sea una visión personal. Pero siempre será una visión que responde a otra visión del mundo más general —es decir: ligada a la de otros que coinciden con él: y el mismo MV reconoce asumir la base teórica de otros autores— y es, por lo tanto, una visión social. Y las visiones del mundo personales son también sociales, responden a concepciones del mundo definitivamente sociales, y no sólo personales, porque el hombre piensa en la sociedad.3 Máxime si, en la obra criticada por ÁR, dice MV: “El origen de la vocación del novelista no es necesariamente un trauma particular; puede serlo un trauma general, sentido más profunda o más ciegamente por él, hasta el extremo de llegar a esa reacción excesiva: la negación de la realidad, el deseo de sustituirla.” (HD: 112.) Y en tal medida MV, aunque no lo crea o no lo quiera, está haciendo “una definición ‘científica’ del novelista”. Está planteando una concepción teórica, totalmente legítima, pero perfectamente censurable, opinable, controvertible.

Notas:
(1) La idea de ‘actitud vergonzante’ la tomamos de Federico Engels planteada en su Ludwig Feurbach y el fin de la filosofía clásica alemana; ahí dice: “Si los neokantianos pretenden resucitar en Alemania la concepción de Kant y los agnósticos quieren hacer lo mismo con la concepción de Hume en Inglaterra (donde no había llegado nunca a morir del todo), estos intentos, hoy, cuando aquellas doctrinas han sido refutadas en la teoría y en la práctica desde hace tiempo, representan científicamente un retroceso, y prácticamente no son más que una manera vergonzante de aceptar el materialismo por debajo de cuerda y renegar de él públicamente.” (Marx y Engels, E-1969: 641.)
(2) Lamentablemente, no he tenido acceso a los artículos de ÁR. Deduzco lo dicho, de la confutación que hace MV en sus artículos citados. (Esto lo escribí a comienzos del año 2004-. Y a comienzos de 2005 —estando prácticamente terminado el trabajo— me fueron proporcionados los artículos de Ángel Rama, C-1973, por mi amigo, el profesor Adolfo Venegas Jara —a quien reitero aquí mi agradecimiento—; mas debo también expresar mi desazón, porque algunas de las ‘mentiras’ y ‘metidas de pata’ que creí estar descubriendo en la obra de MV, ya habían sido detectadas por el insigne crítico uruguayo.)
(3) “Las teorías de un hombre sobre el lugar y la función de la poesía no son independientes de su visión de la vida en general.” (Eliot, E-1968: 131.)

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