domingo, 1 de noviembre de 2015

CIENCIAS NATURALES


Las Razas Humanas

(Quinta Parte)


M.F. Niesturj



EL ORGANISMO DEL ANIMAL ESTÁ adaptado a las condiciones de la vida en el nicho ecológico determinado (nicho ecológico es el lugar ocupado por la especie en la biocenosis). La mayoría de sus particularidades tiene el carácter estrecho de la adaptación que le asegura la conservación. De aquí parte la relativa racio­nalidad adaptable con el tiempo, pero expresada manifiestamente en la estructura y actividad vital de los animales.

En el hombre, al contrario, al presente, no la mayoría de las particularida­des raciales, sino algunas tienen sólo el significado de adaptación. Sin embargo, en el hombre, las huellas de la adaptación se manifiestan claramente, por ejem­plo, en la pigmentación de la piel, desarrollo del pliegue del párpado superior, espesor de los labios, tejido adiposo celular consistente en la región de los pómu­los y algunos otros rasgos. Es verdad que ahora todas estas particularidades, en comparación con los medios artificiales de defensa, son de poca importancia para la lucha contra las condiciones desfavorables de la naturaleza. No se debe olvidar la dependencia del hombre de la influencia directa de las condiciones naturales, la cual disminuye cada vez, y que incluso, a veces desaparece. Actual­mente su influencia sobre las razas humanas se realiza no así como en los anima­les. Sin embargo, algunos rasgos hereditarios de la estructura de los hombres, y entre ellos, aquellos que caracterizan a la raza, pueden bajo la influencia de las condiciones del medio natural modificarse, incluso ahora, al mudarse a otros países.

Los procesos del metabolismo en los hombres que se encontraban en diversas condiciones vitales no eran iguales. De generación en generación, con la misma combinación de las condiciones del medio social y natural, el modo distinto de la alimentación influía sobre el desarrollo de unos rasgos raciales y el debilita­miento de otros.

Al parecer, el aislamiento geográfico debe haber reforzado la diferenciación de los grupos humanos, llevándolos por la vía de la transformación en las espe­cies. Pero eso no era así. La influencia del trabajo, la vida de la sociedad y la mezcla de los grupos nivelaron muchas diferencias que surgían como resultado de las acciones naturales e impedían la diferenciación racial de la humanidad. Esta borradura de las diferencias características para el desarrollo de las razas humanas es bruscamente distinta de la diferenciación dentro de las especies animales que se lleva a cabo sin obstáculos en la naturaleza.

Siendo el resultado de la marcha histórica, cualitativamente particular del desarrollo, las razas humanas se distinguen esencialmente de las especies o sub- especies de los animales (Ya. Roguinski, 1965). Los últimos se caracterizan por el complejo más o menos bruscamente expresado de las particularidades y la mutabilidad individual menor. Entre tanto, en los hombres las diferencias se hacen claras sólo comparando los grandes grupos, puesto que la mutabilidad individual es grande. Los rasgos raciales transgresan con intensidad, es decir, las oscilaciones de su mutabilidad entran una en otra. Por eso, el diagnóstico racial es aplicable, con frecuencia, al individuo en una medida limitada, y a ve­ces, no da ningún resultado.

Selección natural. El aislamiento geográfico en los hombres primigenios y neanderthalenses se combinaba con la acción de otros factores, en particular, de la selección natural. Por eso, nosotros llegamos a la necesidad de trazar el papel de esta última en la formación de las razas humanas. Unos autores suponen que la selección natural juega un papel muy grande en la evolución de la humanidad contemporánea. Esta opinión errónea está apoyada por los social-darvinistas y racistas que sermonean que en la base del desarrollo de la humanidad yace la lucha de las razas entre sí.

Otro grupo de autores tiene un punto de vista opuesto, negando por completo la influencia de la selección natural en el proceso de la evolución de la humani­dad a partir del momento del surgimiento de los primeros hombres (pitecántro­pos y sinántropos). Nosotros consideramos como errónea esta opinión extrema. Eliminando el factor de la selección natural del proceso de la formación del hom­bre, estos autores lo sustituyen muchas veces por el concepto del factor do la so- lección social, empleado ilícitamente por los social-darvinistas.

La selección natural, en la forma que se debilitaba sucesivamente, influía sobre la evolución de la humanidad antigua y sus grupos raciales. Indiscutible­mente que en cada estadio de la formación del hombre la acción de la selección variaba. Las condiciones naturales favorables y desfavorables influían sobre los hombres primitivos no sólo a través del medio social, sino directamente, en un grado mayor.

La actividad social laboral hizo singular la evolución humana, ya desde el principio, y la dirigió por otra vía, en comparación con la vía de evolución del mundo animal. Pero el trabajo y el medio social no de repente liquidaron la de­pendencia del hombre de las influencias naturales. No de una vez se creó el medio social que podría liquidar completamente la selección natural. Hay que tener presente, que en las etapas tempranas de la historia, la humanidad se encontraba en los eslabones primitivos del desarrollo social y tenía una cultura baja, poco desarrollada, del paleolítico inferior.

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