viernes, 1 de mayo de 2015

Política

Nota:

Republicamos a continuación los textos divulgados en esta mismas páginas en oportunidad del primero de mayo de 2014, incluida la nota de presentación de entonces.

Además, publicamos un artículo de César Risso que se agrega a la reflexión sobre el Primero de Mayo y su relación con la lucha del proletariado por el poder.

01.05.2015.

Comité de Redacción

Nota:

Publicamos a continuación tres textos sobre el Día Internacional de los Trabajadores: uno de Manuel Gonzáles Prada y dos de José Carlos Mariátegui. De esta forma se puede constatar dos cosas: por un lado, que el marxismo de Mariátegui empalmó con la tradición de la política de la clase obrera peruana, y, por otro, que, precisamente sobre esta base, superó las limitaciones del socialismo reformista en sus distintas variantes.

Gonzales Prada escribió una conferencia y cinco artículos en conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores: Conmemorando el 1º de Mayo fiesta universal (1905); El intelectual y el obrero (conferencia dictada el 1º de mayo de 1905 en la Federación de Obreros Panaderos); El Primero de Mayo (1906); Primero de Mayo (1907); Primero de Mayo (1908); Primero de mayo (1908); Primero de Mayo (1909).

La conferencia El intelectual y el obrero forma parte del libro Horas de lucha (1908), mientras los artículos fueron publicados en la revista Los Parias, y más tarde incorporados al libro Anarquía.

José Carlos Mariátegui escribió dos artículos sobre el tema: El 1º de mayo y el frente único (1924) y Admonición del 1º de mayo (1929). El primero fue publicado en El Obrero Textil, Nº 59, y el segundo en Labor, Nº 8. Ambos aparecen actualmente formando parte del libro Ideología y Política.

Mientras Mariátegui era explícito en cuanto al frente unido de la clase (“El 1º de Mayo es, en todo el mundo, un día de unidad del proletariado revolucionario, una fecha que reúne en un inmenso frente único internacional a todos los trabajadores organizados”), y absolutamente claro en cuanto a su objetivo (“Para nuestra Vanguardia obrera, cada 1º de Mayo representaría muy poco si no señalara una etapa en su propia lucha por el socialismo”); el discurso de Gonzales Prada peca por momentos de retórica y es indefinido en cuanto al objetivo de la lucha proletaria, aunque, en honor a la verdad, hay que recordar que, en el artículo Conmemorando el 1º de mayo fiesta universal, no se presentó tan indefinido: “Lejos del socialismo depresor que, sea cual fuere su forma, es una manera de esclavitud o un remedo de la vida monacal; lejos también del individualista egoísta que profesa el ¡Dejar hacer, dejar pasar, y el cada uno para sí, cada uno en su casa”, divisamos una cumbre lejana donde leemos esta única palabra: ANARQUÍA”.

Entonces el anarquismo se consideraba una tendencia del socialismo, y por esto el propio Gonzáles Prada sostenía que “no hay socialismo sino muchos socialismos” (Conmemorando el 1º de mayo…).

Por eso, mientras en la tesis Antecedentes y Desarrollo de la Acción Clasista, José Carlos Mariátegui señaló que “Las primeras manifestaciones de propaganda ideológica revolucionaria son en el Perú, la que suscita, a principios del siglo actual, en pensamiento radical de Gonzales Prada”; en 7 Ensayos precisó que “De su tiempo fue el materialismo histórico. Sin embargo, el pensamiento de Gonzáles Prada, que no impuso nunca límites a su audacia ni a su libertad, dejó a otros la empresa de crear el socialismo peruano”.

La benemerencia de algunas tendencias del socialismo reformista peruano es cosa reconocida en la literatura mariateguiana –y en la nuestra, dicho sea de paso–, pero esto no obsta para reconocer al mismo tiempo que, por sus consustanciales limitaciones, tales tendencias dejaron a otros –a Mariátegui y su grupo– la empresa de crear el Socialismo Peruano.

Así, pues, Mariátegui y su grupo crearon los Fundamentos del Socialismo Peruano con su interpretación marxista de nuestra realidad concreta y la fundación del PSP y de la CGTP.

Entre el artículo de Gonzales Prada El primero de mayo, que publicamos aquí, y el artículo El 1º de mayo y el frente único de Mariátegui, mediaron quince años: período de decantación ideológica, de clarificación, de deslindes y alineamientos. Este proceso tuvo seis hitos: la pérdida de la hegemonía del anarquismo sindical en el movimiento obrero; la publicación de la revista Nuestra Época; la aparición del periódico La Razón; el comienzo, en 1923, de la interpretación marxista de nuestra realidad realizada por Mariátegui; la fundación del PSP en octubre de 1928; y la fundación de la CGTP en mayo de 1929.

De la afirmación mariateguiana sobre Gonzales Prada en 7 Ensayos, citada arriba, se desprende limpiamente que cuando el maestro habla de socialismo peruano, no está hablando del variopinto socialismo en general, sino del socialismo marxista en particular.

Esto da al traste con la oportunista pretensión de amalgamar tras el término socialismo peruano tanto al socialismo reformista de todo pelo con el socialismo marxista: marxista-leninista, para mayor precisión (ver el numeral 4 del Programa del Partido, en Ideología y Política, p.160).  
   
El frente unido del proletariado, peruano e internacional, es una necesidad absoluta. Pero esta unidad debe servir a la lucha por el socialismo. Esta era la convicción de José Carlos Mariátegui, y es también la nuestra.

Por eso nuestra celebración del 1º de Mayo no tiene un sentido de mera recordación de los mártires de Chicago, sino un sentido revolucionario. Esto explica el deslinde que contiene la presente nota.

Que el lector medite sobre los conceptos mariateguianos acerca del frente unido de los trabajadores y a propósito de su llamado a la lucha por el socialismo.

Comité de Redacción.



Primero de Mayo


Manuel González Prada.


SI LOS PROLETARIOS DE AMERICA y Europa se congregaran hoy para únicamente celebrar la fiesta del trabajo, merecerían ser llamados ingenuos, infelices y hasta inconscientes, pues no harían más que sancionar su miseria y su esclavitud. Examinando bien los hechos, sin dejarnos alucinar por la fraseología de sociólogos oficiales y oficiosos, ¿qué diferencia hay entre el esclavo antiguo (que era la propiedad o la cosa del amo) y el trabajador moderno que sigue siendo el autómata o la máquina del patrón? Vemos una sola diferencia: en la Antigüedad el vencedor esclavizaba al vencido, francamente, proclamando el derecho de la fuerza, sosteniendo que unos habían nacido para mandar y otros para obedecer, mientras en las sociedades modernas el letrado y el capitalista explotan al ignorante y al obrero, hipócritamente, predicando la evangélica máxima del amor al prójimo, hablando de libertad, igualdad y fraternidad.

El trabajo, tal como se halla organizado y tal como desearían conservarle los capitalistas, se reduce a la explotación de muchos por unos pocos, al sometimiento servil de la gran masa bajo la voluntad omnipotente de algunos privilegiados, a la eternización de un verdadero régimen de castas en que los de arriba gozan de luz y bienestar mientras los de abajo vegetan en la ignorancia y las privaciones. Ese trabajo manual (tan encarecido por los traficantes y los ociosos) no siempre dignifica y engrandece. Trabajar para recoger todo el fruto de su labor o hacerlo voluntariamente para transformar el Globo en una morada cómoda y salubre, concediéndose las horas necesarias al solaz, a la instrucción y al sueño, es digno del hombre; pero bregar y esquilmarse para que otros reporten los beneficios o hacerlo obligadamente para sólo dulcificar la vida de los amos, negándose el descanso indispensable, comiendo mal, durmiendo poco, vistiéndose de guiñapos y no conociendo más placeres que el trago de aguardiente y la procreación, es indigno del hombre.

No faltan desgraciados que merced a ese régimen degeneran al punto de transformarse en animales de tracción y de carga, con la circunstancia de tener menos descanso y menos pitanza que el asno y la mula. Pero (qué mula ni qué asno! Hombres hay convertidos en algo inferior a las acémilas, en verdaderos aparatos que sólo realizan actos puramente mecánicos. Han perdido todo lo humano y, primero que nada, el instinto de la rebelión. No les hablemos de reclamar sus derechos, de pedir lo suyo, de adquirir la dignidad de hombres: no entenderán nuestras palabras y se volverán contra nosotros para defender a su verdugo y a su Dios –el capitalista.

Felizmente la luz va penetrando en el cerebro de los proletarios y muchos comprenden ya que el 1 de mayo, para no ser una fiesta ridícula o pueril, debe significar algo más que la glorificación del trabajo. Se congregan hoy para recordar a los buenos luchadores que señalaron el camino y para reconocerse, estrechar las filas, cambiar ideas y acelerar el advenimiento del gran día rojo. Y decimos rojo, pues no incurriremos en la ingenuidad o simpleza de imaginarnos que la Humanidad ha de redimirse por un acuerdo amigable entre los ricos y los pobres, entre el patrón y el obrero, entre la soga del verdugo y el cuello del ahorcado. Toda iniquidad se funda en la fuerza, y todo derecho ha sido reivindicado con el palo, el hierro o el plomo. Lo demás es teoría, simple teoría.



El Frente Único y el Primero de Mayo


José Carlos Mariátegui


EL 1° DE MAYO ES, EN TODO EL MUNDO, un día de unidad del proletariado revolucionario, una fecha que reúne en un inmenso frente único internacional a todos los trabajadores organizados. En esta fecha resuenan, unánimemente obedecidas y acatadas, las palabras de Carlos Marx: "Proletarios de todos los países, uníos". En esta fecha caen espontáneamente todas las barreras que diferencian y separan en varios grupos y varias escuelas a la vanguardia proletaria.

El 1° de Mayo no pertenece a una Internacional: es la fecha de todas las Internacionales. Socialistas, comunistas y libertarios de todos los matices se confunden y se mezclan hoy en un solo ejército que marcha hacia la lucha final.

Esta fecha, en suma, es una afirmación y una instalación de que el frente único proletario es posible y es practicable y de que a su realización no se opone ningún interés, ninguna exigencia del presente.

A muchas meditaciones invita esta fecha internacional. Pero para los trabajadores peruanos la más actual, la más oportuna es la que concierne a la necesidad y a la posibilidad del frente único. Últimamente se han producido algunos intentos seccionistas. Y urge entenderse, un concretarse para impedir que estos intentos prosperen, evitando que socaven y que minen la naciente vanguardia proletaria del Perú.

Mi actitud, desde mi incorporación en esta vanguardia, ha sido siempre la de un fautor convencido, la de un propagandista fervoroso del frente único. Recuerdo haberlo declarado en una de las conferencias iniciales de mi curso de historia de la crisis mundial. Respondiendo a los primeros gestos de resistencia y de aprensión de algunos antiguos y hieráticos libertarios, más preocupados de la rigidez del dogma que de la eficacia y la fecundidad de la acción, dije entonces desde la tribuna de la Universidad Popular: "Somos todavía pocos para dividirnos. No hagamos cuestión de etiquetas ni de títulos."

Posteriormente he repetido estas o análoga palabras. Y no me cansaré de reiterarlas. El movimiento clasista, entre nosotros, es aún muy incipiente, muy limitado, para que pensemos en fraccionarle y escindirle. Antes de que llegue la hora, inevitable acaso, de una división, nos corresponde realizar mucha obra común, mucha labor solidaria. Tenemos que emprender juntos muchas largas jornadas. Nos toca, por ejemplo, suscitar en la mayoría del proletariado peruano, conciencia de clase y sentimiento de clase. Esta faena pertenece por igual a socialistas y sindicalistas, a comunistas y libertarios. Todos tenemos el deber de sembrar gérmenes de renovación y de difundir ideas clasistas. Todos tenemos el deber de alejar al proletariado de las asambleas amarillas y de las falsas "instituciones representativas". Todos tenemos el deber de luchar contra los ataques y las represiones reaccionarias. Todos tenemos el deber de defender la tribuna, la prensa y la organización proletaria. Todos tenemos el deber de sostener las reivindicaciones de la esclavizada y oprimida raza indígena. En el cumplimiento de estos deberes históricos, de estos deberes elementales, se encontrarán y juntarán nuestros caminos, cualquiera que sea nuestra meta última.

El frente único no anula la personalidad, no anula la filiación de ninguno de los que lo componen. No significa la confusión ni la amalgama de todas las doctrinas en una doctrina única. Es una acción contingente, concreta, práctica. El programa del frente único considera exclusivamente la realidad inmediata, fuera de toda abstracción y de toda utopía. Preconizar el frente único no es, pues, preconizar el confusionismo ideológico. Dentro del frente único cada cual debe conservar su propia filiación y su propio ideario. Cada cual debe trabajar por su propio credo. Pero todos deben sentirse unidos por la solidaridad de clase, vinculados por la lucha contra el adversario común, ligados por la misma voluntad revolucionaria, y la misma pasión renovadora. Formar un frente único es tener una actitud solidaria ante un problema concreto, ante una necesidad urgente. No es renunciar a la doctrina que cada uno sirve ni a la posición que cada uno ocupa en la vanguardia, la variedad de tendencias y la diversidad de matices ideológicos es inevitable en esa inmensa legión humana que se llama el proletariado. La existencia de tendencias y grupos definidos y precisos no es un mal; es por el contrario la señal de un periodo avanzado del proceso revolucionario. Lo que importa es que esos grupos y esas tendencias sepan entenderse ante la realidad concreta del día. Que no se esterilicen bizantinamente en ex confesiones y excomuniones reciprocas. Que no alejen a las masas de la revolución con el espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores. Que no emplean sus armas ni dilapiden su tiempo en herirse unos a otros, sino en combatir el orden social sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes.

Tratemos de sentir cordialmente el lazo histórico que nos une a todos los hombres de la vanguardia, a todos los fautores de la renovación. Los ejemplos que a diario nos vienen de fuera son innumerables y magníficos. El más reciente y emocionante de estos ejemplos es el de Germaine Berthon. Germaine Berthon, anarquista, disparó certeramente su revólver contra un organizador y conductor del terror blanco por vengar el asesinato del socialista Jean Jaurés. Los espíritus nobles, elevados y sinceros de la revolución, perciben y respetan, así, por encima de toda barrera teórica, la solidaridad histórica de sus esfuerzos y de sus obras. Pertenece a los espíritus mezquinos, sin horizontes y sin alas, a las mentalidades dogmáticas que quieren petrificar e inmovilizar la vida en una fórmula rígida, el privilegio de la incomprensión y del egotismo sectarios.

El frente único proletario, por fortuna, es entre nosotros una decisión y un anhelo evidente del proletariado. Las masas reclaman la unidad. Las masas quieren fe. Y, por eso, su alma rechaza la voz corrosiva, disolvente y pesimista de los que niegan y de los que dudan, y busca la voz optimista, cordial, juvenil y fecunda de los afirman y de los que creen.



Admonición del 1º de Mayo


José Carlos Mariátegui


LA CONMEMORACIÓN DEL 1º DE MAYO, ha ido adquiriendo, en el proceso de la lucha por el socialismo, un sentido cada vez más profundo y preciso. Hace ya mucho tiempo que no se reduce a la conmemoración de los mártires de Chicago. Ese fue su punto de partida. Desde 1888 en que el Congreso de París instituyó esta conmemoración, el proletariado mundial ha recorrido una parte considerable del camino que conduce a la realización de sus ideales de clase. En este tiempo, se han sucedido, en su historia, muchas jornadas de luto y también muchas jornadas de gloria. La clase obrera ha entrado en su mayor edad. La crónica de su ascensión económica y política, registra siempre grandes acontecimientos, que impiden al proletariado limitar la significación del 1º de .Mayo a una sola efemérides. La experimentación, la actuación del socialismo ha empezado desde 1918. Quedan aún por ganar las más difíciles y largas batallas. Pero, en la lucha, la clase obrera acrecienta incesantemente su capacidad para crear un nuevo orden: el orden socialista.

El 1º de mayo, afirma todos los años la solidaridad internacional de los trabajadores. Es la fecha internacional, universal por excelencia. En su celebración coinciden las avanzadas del proletariado de los cinco continentes. En este hecho reside su mayor significación revolucionaria. Lo sienten bien los nacionalismos reaccionarios cuando, como el fascismo, en Italia, se empeñan en proscribir esta fecha del sentimiento de la clase trabajadora. Empeño inútil, porque nada dará un carácter más religioso y profundo a la conmemoración del 1º de Mayo en el espíritu de cada obrero, que la persecución y condenación reaccionarias. El fascismo está resucitando en Italia la edad heroica de las catacumbas. Este día transcurre hoy en Italia, sin comicios, sin huelga, sin himnos revolucionarios, sin banderas rojas; pero en mil hogares escondidos se jura, con más fervor y resolución que nunca, la fe en el socialismo.

Hay que desterrar del 1º de mayo, todo lo que en mucho ha tenido, y tiene todavía, el rito mecánico de simple efemérides. La lucha por el socialismo no se nutre de evocaciones dolientes o coléricas ni de esperanzas exaltadas. Es, antes que nada, acción concreta, realidad presente. Trabajan por el advenimiento de una sociedad nueva los que todo el año disciplinada, obstinadamente, combaten por el socialismo; no los que en ésta u otra fecha sienten un momentáneo impulso de motín o asonada.

Para nuestra Vanguardia obrera, cada 1º de mayo representaría muy poco si no señalara una etapa en su propia lucha por el socialismo. Año tras año, esta fecha plantea cuestiones concretas, actuales. ¿Cuáles han sido los resultados y la experiencia de la acción desarrollada? ¿Cuáles son las tareas del porvenir? El problema que hoy se presenta, en primer plano, es sin duda, un problema de organización. La vanguardia obrera tiene el deber de impulsar y dirigir la organización del proletariado peruano, misión que reclama un sentido de responsabilidad, al cual no es posible elevarse sino en la medida en que se rompa con el individualismo anarcoide, con el utopismo explosivo e intermitente de los que antes, guiando a veces las masas, se imaginaban que se les conduce hacia un orden nuevo con la sola virtud de la negación y la protesta. Reivindiquemos íntegra, absolutamente, el derecho de asociación de los trabajadores, su libertad de organización legal, en las ciudades, las minas y las haciendas. Y asumamos la tarea de que la reclamación de este derecho, sea la afirmación de una capacidad. He aquí la obra por cumplir; he aquí la misión por absolver. Que el 1º de mayo sirva esta vez para que, comprendiéndolo, afirmemos, sin inútil declamación, la voluntad y la aptitud de realizarlas.



La Comuna de París y el 1º de Mayo


Eduardo Ibarra


EL 18 DE MARZO DE CADA SE CONMEMORA el aniversario de la Comuna de París de 1871, primera revolución socialista de la historia. Aunque derrotada, la Comuna de París sirvió para descubrir la forma de la dominación política del proletariado. Por eso, en la Introducción que escribió para la tercera edición alemana de La guerra civil en Francia, de Carlos Marx (1891), Federico Engels escribió: “Ultimamente las palabras ‘dictadura del proletariado’ han vuelto a sumir en santo terror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡he ahí la dictadura del proletariado!”

La dictadura del proletariado es la forma de dominación política que, en un largo proceso histórico, viabilizará la extinción de las clases, la lucha de clases y el Estado, y por lo tanto la emancipación de la humanidad de toda explotación económica, de toda opresión política y de toda dominación ideológica del hombre por el hombre. Por eso la Comuna de París representa el Programa Máximo del proletariado, aunque, por razones conocidas, sus medidas económicas quedaran por debajo de lo que se espera de cualquier revolución socialista.

Así, pues, la dictadura del proletariado es una dictadura en extinción.

Pero, si la Comuna de París representa el Programa Máximo del proletariado ¿por qué el Día Internacional de los Trabajadores es el 1º de Mayo, y no el 17 de marzo?

Después de la derrota de la Comuna de París, el movimiento obrero vióse ante la necesidad de realizar una labor lenta de educación y organización, y, así, la Asociación Internacional de los Trabajadores se propuso luchar por una legislación que mejorara las condiciones de vida de los trabajadores: subsidios de desempleo, protección social, etcétera, y especialmente por la instauración de la jornada de ocho horas.

Mariátegui observa al respecto: “La función de la segunda Internacional fue casi únicamente una función organizadora. Los partidos socialistas de esa época efectuaban una labor de reclutamiento. Sentían que la fecha de la revolución social se hallaba lejana. Se propusieron, por consiguiente, la conquista de algunas reformas interinas”.

En noviembre de 1884 se había celebrado en la ciudad de Chicago el “IV Congreso de la American Federation of Labor“, en el que se propuso que a partir del 1º de mayo de 1886 se obligaría a las patronales a respetar la jornada laboral de 8 horas para todos los trabajadores, y se hizo un llamado a defender este derecho.

En 1886 la lucha de los trabajadores obligó al presidente Andrew Johnson a promulgar la ley “Ingersoll”, que reconocía la jornada laboral de 8 horas.

Sin embargo las patronales no acataron la indicada ley y amenazaron a los trabajadores con el despido si se negaban a cumplir las prolongadas jornadas que ellos decidían arbitrariamente. Entonces el gobierno se hizo el desentendido.

Pero los fortalecidos sindicatos se movilizaron ante semejante contubernio. Se convocó entonces una huelga general, y el primero de mayo de ese mismo año, los obreros paralizaron la producción en todo el país.

El gobierno desató entonces una brutal represión contra los movilizados trabajadores, y, después de varios días de enfrentamientos, el 4 de mayo, en medio de una huelga en la Haymarket Square de Chicago, una mano anónima arrojó una bomba contra las fuerzas policiales que intentaban disolver la manifestación por la fuerza, con un saldo de varios policías muertos.

Entonces el gobierno culpó a las principales dirigentes de la huelga, los que fueron sometidos a una parodia de juicio, calificándoseles de traidores al orden establecido y enemigos de la patria y finalmente condenados a muerte.

De los ocho obreros enjuiciados, August Spies, Albert Parsons, Adolph Fischer y George Engel fueron ahorcados el 11 de noviembre de 1887.

Entonces, el IV Congreso de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, acordó el 1º de mayo como el Día Internacional de los Trabajadores en homenaje a los mártires de Chicago.

El significado de esta fecha es que la clase obrera internacional tiene un común interés inmediato, de donde se desprende la necesidad de la solidaridad de clase. Mariátegui anotó al respecto: “Pertenece a los espíritus mezquinos, sin horizontes y sin alas, a las mentalidades dogmáticas que quieren petrificar e inmovilizar la vida en una fórmula rígida, el privilegio de la incomprensión y del egotismo sectarios”.

Por eso, en las notas preparatorias de su conferencia El fracaso de la Segunda Internacional, sustentada el 30 de junio de 1923, escribió: “… soy partidario antes que nada del frente único proletario. Tenemos que emprender juntos muchas largas jornadas. Causa común contra el amarillismo. Antes que agrupar a los trabajadores en sectas o partidos agruparlos en una sola federación. Cada cual tenga su filiación, pero todos el lazo común del credo clasista”.

Por otro lado, el acuerdo de la Segunda Internacional acerca del Día Internacional de los Trabajadores expresa la teoría marxista acerca del papel de las masas en la historia, y, específicamente, su posición contraria a todo egotismo sectario. El marxismo es la conciencia política del proletariado internacional, pero no todos los trabajadores son marxistas, y esto es algo que hay que tener en cuenta.

El 1º de Mayo representa, pues, la lucha reivindicativa de la clase obrera, y, precisamente por esto, su relación con el 17 de Marzo, aniversario de la Comuna de París, es la misma que existe entre el Programa Mínimo y el Programa Máximo del proletariado.

Por lo tanto, de lo que se trata es de ligar la lucha reivindicativa de la clase obrera a la lucha por el socialismo. Por eso Mariátegui señaló: “Para nuestra Vanguardia obrera, cada 1º de mayo representaría muy poco si no señalara una etapa en su propia lucha por el socialismo”.

El socialismo: he aquí el objetivo del proletariado internacional y de los pueblos del mundo.

Ciertamente solo el socialismo salvará a la humanidad, pues únicamente en sus condiciones económicas y sociales será posible crear poco a poco las premisas para la desaparición de las clases, la lucha de clases y el Estado.

Este es el camino abierto por la gloriosa Comuna de París, cuyos principios brillarán eternamente en la historia.

01.05.2014.



Lucha Reivindicativa y Lucha Revolucionaria

César Risso

LA LUCHA REIVINDICATIVA DEL proletariado peruano, que hacemos extensiva a la lucha de todos los trabajadores, sometidos bajo una u otra forma a la explotación de los capitalistas, ha sido sobrepasada  en estos últimos años por la confrontación con las actividades extractivas de las empresas transnacionales asentadas en nuestro país. Es el caso de los proyectos mineros Conga y Tía María, dos casos emblemáticos que están en curso.

        Esto pone en evidencia que la lucha reivindicativa está centrada actualmente no en la mejora de las condiciones de trabajo, es decir, en la lucha por la reducción de la explotación del trabajador bajo la forma asalariada por los capitalistas, sino en la lucha por la preservación del medio ambiente donde realizan sus actividades los pequeños agricultores, los comuneros de la sierra y los comuneros de la selva.

        Si bien es cierto esta situación permite organizar en frentes regionales a los pobladores para enfrentar a estas empresas y sus proyectos, uniendo a los obreros con los pequeños agricultores, con los comuneros de la sierra y de la selva, y con los diversos sectores de la pequeña burguesía; también es cierto que distrae al proletariado de la lucha directa contra el capital por la eliminación de la explotación de los trabajadores.

        Es necesario entonces hacer extensiva la crítica del capitalismo desde la situación de explotación del trabajador, por las bajas remuneraciones, por la ampliación de la jornada de trabajo, por la reducción de los derechos laborales, pasando por la crítica a la cultura burguesa en general, hasta la denuncia por la contaminación del medio ambiente, con el consiguiente envenenamiento de los trabajadores de las mismas empresas extractivas, y de los pobladores de las zonas donde se desarrollan estos proyectos.

        Tenemos la tarea de denunciar la ligazón que existe entre la explotación capitalista de los trabajadores y la contaminación del medio ambiente por parte de las empresas capitalistas. Esto debe dar como resultado la unidad de todas las luchas de los trabajadores, con el fin de enfrentar a la totalidad de la actividad capitalista en nuestro país, reconociendo que es justamente este sistema el que produce estos males.

        Esta responsabilidad del capitalismo en el deterioro del medio ambiente, que se expresa concretamente en la destrucción de los medios de vida de las comunidades nativas, así como de las comunidades campesinas, en la competencia por el recurso agua, etc., se da por la sed de ganancia de las empresas transnacionales de los países imperialistas: por la ley de la plusvalía.

        La lucha contra cada proyecto extractivo en particular, se transformará así en la lucha contra todos los proyectos extractivos en general, lo cual se transformará finalmente en la lucha contra todo el sistema capitalista, transformando la lucha reivindicativa en lucha revolucionaria.

        Esta lucha exige pasar de la organización local y regional de los trabajadores, a la organización nacional de los mismos. Si bien es cierto esta organización ya se ha dado, sin embargo no tiene la capacidad efectiva de dirigir a sus agremiados. Para ello es fundamental la propaganda socialista. Debemos entender la organización no solo como el organismo representativo burocráticamente de las masas trabajadoras, sino como la organización consciente, en el sentido de la asimilación del ideario clasista en la perspectiva de la transformación revolucionaria del capitalismo en socialismo.

        Debemos reconocer que la lucha contra todo el sistema capitalista para construir el socialismo exige la dirección proletaria. La pequeña burguesía no tiene la capacidad de dirigir la lucha contra el capitalismo debido a sus aspiraciones de clase, pero puede eventualmente significar un contingente, puesto en una situación de imposibilidad de desarrollar sus actividades por la agresión del capital imperialista, que tome conciencia de la necesidad de la derrota del capitalismo y de la construcción de un orden económico superior, sumándose así a la lucha directa contra el capital.

        La lucha, aparentemente espontánea, de las masas encabezadas por el proletariado, es el fruto de todo el trabajo previo de propaganda y organización, sin el cual estas luchas carecerán del objetivo histórico del proletariado: el derrocamiento del capitalismo y la construcción del socialismo.

        “Pasa, sobre todo, que a la revolución no se llega sólo por una vía fríamente conceptual. La revolución más que una idea, es un sentimiento. Más que un concepto, es una pasión. Para comprenderla se necesita una espontánea actitud espiritual, una especial capacidad psicológica.” (LA ESCENA CONTEMPORÁNEA. El Grupo Clarté. José Carlos Mariátegui)

        Para transformar el concepto, que expresa la necesidad de superación del capitalismo, en sentimiento, se debe desarrollar un arduo trabajo de educación socialista, de propaganda socialista. El sentimiento de las masas trabajadoras en la actualidad no es otra cosa que la interiorización de los conceptos desarrollados y propagandizados permanentemente en la lucha contra el capital. Y la “espontánea actitud espiritual”, y “una especial capacidad psicológica” son el resultado de las condiciones materiales de existencia de las clases explotadas en el sistema capitalista.

        Por ello J. C. Mariátegui afirma que “La premisa política, intelectual, no es menos indispensable que la premisa económica. No basta la decadencia o agotamiento del capitalismo. El socialismo no puede ser la consecuencia automática de una bancarrota; tiene que ser el resultado de un tenaz y esforzado trabajo de ascensión.” (DEFENSA DEL MARXISMO. Posición del Socialismo Británico. José Carlos Mariátegui)

        Para esto debemos ligar cada lucha concreta con el objetivo final. Y esta ligazón debe fundamentarse en la propaganda cotidiana en las diversas formas de lucha, haciendo conocido el socialismo.

        Los movimientos espontáneos de los trabajadores, no pasan de ser lucha defensiva, es decir, son la respuesta a una agresión de la burguesía, al aumento de la explotación capitalista. Para dar el paso fundamental en la superación definitiva del capitalismo, debemos desarrollar la lucha ofensiva, tomando la iniciativa en la lucha, en sus diversas formas; debemos organizar no solo el derrocamiento del capitalismo sino imaginar y desarrollar, en el programa de la revolución socialista en el Perú, las formas concretas en las que se llevará a cabo el ejercicio del poder de las amplias masas populares; las formas en las que se organizará la transición a la economía socialista, superando la explotación burguesa, y eliminando con ello toda forma de explotación del hombre por el hombre.

        José Carlos Mariátegui desarrolló de forma genial los mecanismos que conducen de la actitud individual y social a la lucha por un objetivo histórico, pero que a los hombres aparece como una labor práctica inmediata: “Para el hombre, como sujeto de la historia, no existe sino su propia y personal realidad. No le interesa la lucha abstractamente sino su lucha concretamente. El proletariado revolucionario, por ende, vive la realidad de una lucha final. La humanidad, en tanto, desde un punto de vista abstracto, vive la ilusión de una lucha final.” (EL ALMA MATINAL. La Lucha Final. José Carlos Mariátegui).

        “La muchedumbre, más aún que el filósofo escéptico, más aún que el filósofo relativista, no puede prescindir de un mito, no puede prescindir de una fe. No le es posible distinguir sutilmente su verdad de la verdad pretérita o futura. Para ella no existe sino la verdad. Verdad absoluta, única, eterna. Y, conforme a esta verdad, su lucha es, realmente, una lucha final.”

        “El impulso vital del hombre responde a todas las interrogaciones de la vida antes que la investigación filosófica. El hombre iletrado no se preocupa de la relatividad de su mito. No le sería dable siquiera comprenderla. Pero generalmente encuentra, mejor que el literato y que el filósofo, su propio camino. Puesto que debe actuar, actúa. Puesto que debe creer, cree. Puesto que debe combatir, combate. Nada sabe de la relativa insignificancia de su esfuerzo en el tiempo y en el espacio. Su instinto lo desvía de la duda estéril. No ambiciona más que lo que puede y debe ambicionar todo hombre: cumplir bien su jornada.” (EL ALMA MATINAL. La Lucha Final. José Carlos Mariátegui).

        Precisamente, en la actualidad, cumplir bien su jornada es luchar por el socialismo, convirtiendo así la lucha reivindicativa en lucha revolucionaria.

        Para esto tenemos la obligación de desarrollar un trabajo tenaz, permanente, y así “[…] las masas trabajadoras de la ciudad, el campo y las minas y el campesinado indígena, cuyos intereses y aspiraciones representamos en la lucha política, sabrán apropiarse de estas reivindicaciones y de esta doctrina, combatir perseverante y esforzadamente por ellas y encontrar, a través de cada lucha, la vía que conduce a la victoria final del socialismo” (IDEOLOGÍA Y POLÍTICA. Principios Programáticos del Partido Socialista. José Carlos Mariátegui).


Nota:

Publicamos la continuación del artículo de nuestro compañero Eduardo Ibarra y adjuntamos fragmentos de algunos artículos suyos a fin de que el lector se percate con precisión de qué ideas está criticando.

El fondo de la argumentación de Miguel Aragón es la negación del marxismo leninismo como el marxismo de nuestra época, el marxismo-leninismo del Partido Socialista del Perú y el marxismo-leninismo de José Carlos Mariátegui, triple negación que le fue impuesta por Ramón García.

Sin ninguna capacidad de desembarazarse de semejante posición antimariateguiana, todo lo que ha hecho Aragón hasta hoy es profundizar el liquidacionismo de derecha de su grupo: no solo agita la mencionada triple negación, sino que incluso ha llegado a negar la existencia histórica del PSP.

Precisamente de esa triple negación se deriva la negación del partido de clase, es decir, el liquidacionismo de derecha que define al grupo que encabeza Ramón García.

El artículo de nuestro compañero y los materiales adjuntos analizan diversos aspectos de la triple negación y su relación con semejante liquidacionismo.

01.05.2015.

Comité de Redacción.


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!


El Liquidacionismo Histórico y la Reunión de Barranco

(Tercera Parte)


Eduardo Ibarra


EL PROGRAMA DEL PARTIDO. Presentando el proyecto de programa escrito por Mariátegui, Martínez escribió en sus Apuntes: “A fin de unificar doctrinariamente el pensamiento y la acción de los grupos iniciales del Partido Socialista, Mariátegui elaboró los siguientes puntos programáticos que fueron remitidos a las células del país y del extranjero” (Apuntes, t.II, p.398). Y después, comentándolo, apuntó: “Sobre estos principios programáticos se inició, no sólo el trabajo práctico, sino el proceso de unificación ideológica, el proceso para la elaboración de una teoría y una acción conscientemente disciplinada y emprendedora” (ibídem, p.402).

Ciertamente en los Acuerdos de la Reunión de Barranco no aparece ninguno relativo a la aprobación del proyecto de Mariátegui. Pero de las palabras de Martínez se desprende limpiamente que, previo debate, la reunión tomó dos acuerdos relativos a dicho proyecto: 1) remitirlo a las células del país y del extranjero; 2) unificar doctrinariamente, sobre su base, el pensamiento y la acción de los grupos iniciales del Partido.

Unificar doctrinariamente el pensamiento partidario significaba concretar la adhesión de la militancia al marxismo-leninismo: “El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha”.

Unificar doctrinariamente la acción de los grupos iniciales del Partido significaba hacer que tal acción tuviera una neta base doctrinal a fin de “encontrar, a través de cada lucha, la vía que conduce a la victoria final del socialismo”.

Es razonable, por lo tanto, reconocer que la Reunión de Barranco aprobó, en primera instancia, el proyecto de Mariátegui, con cargo a que, con algunos aportes, fuera aprobado finalmente por el Congreso Constituyente, y que esto último sea la razón por la cual en los acuerdos de la Reunión no aparezca ninguna alusión a la mencionada inicial aprobación.

En conclusión: “el grupo organizador del Partido”, con Mariátegui a la cabeza, tuvo como base de su unidad el marxismo-leninismo.

En carta a Ravines del 18 de mayo de 1930, Juan Paiva apuntó: “El 7 de setiembre del año pasado, pocas horas de que me redujeran a prisión, el C.E. del P. discutía los puntos programáticos y, recuerdo que en esa ocasión no hubo una sola objeción sustancial en cuanto al fundamento teorético del programa” (Martínez, Apuntes, t.II, p.510). (13).

El 10 de marzo de 1930, Mariátegui le escribió a José Malanca: “Dígale a Seoane que no he sabido nunca si recibió la carta que hace varios meses le dirigí acompañándole copia de los puntos aprobados del programa del P.S.” (Correspondencia, t.II, p.738. Cursivas mías) (14).

Estos dos testimonios son suficientes para probar que el Comité Ejecutivo del Partido (CEP) discutió y aprobó el programa del PSP.

Así, pues, el CEP, al tener que adelantar el surgimiento público del Partido, hubo de adelantar primero la aprobación del programa, pues no hubiera sido posible la aludida fundación sin un programa que proponerle al pueblo peruano.

En consecuencia, puédese tener la certidumbre de que la decisión de adelantar la fundación pública el Partido debió tomarse con anterioridad a setiembre de 1929.    

Es una tarea particularmente importante ubicar el programa aprobado por el CEP. Pero, naturalmente, mientras esto no se consiga, a fin de aproximarnos a lo que pudo haber sido el contenido de tan importante documento, no existe otro medio que la ponderación de probabilidades.

Si, según parece, el debate sobre el programa tuvo como base los proyectos existentes a la sazón (15), entonces hay que reconocer de entrada que lo más probable es que lo aprobado recogiera algunos puntos de cada uno de ellos.

Ahora bien, por su amplio contenido y su consistente argumentación, puede suponerse que el proyecto de Mariátegui debió haber sido el documento base del debate (16).  

Pues bien, la afirmación de Paiva en el sentido de que “en esa ocasión no hubo una sola objeción sustancial en cuanto al fundamento teorético del programa”, permite presumir que lo primero que acordó el CEP fue la base de unidad ideológica (doctrinal, teórica) del PSP.

Este acuerdo se habría allanado rápidamente debido a que en el proyecto de Mariátegui el marxismo-leninismo aparece como la base de unidad ideológica del PSP y otro tanto ocurre en el proyecto del grupo de París: “La ideología que aceptamos es la del marxismo y la del leninismo militante y revolucionario, doctrina que aceptamos en todos aspectos: filosófico, político y económico-social” (Martínez, Apuntes, t.II, p.328) (17).

Por otro lado, es seguro que, por lo subrayado por Paiva, los ocho puntos restantes de la parte doctrinal del proyecto mariateguiano, así como los puntos 1, 2, 3 y 4 del proyecto de programa del grupo de París, no fueron motivo de desacuerdo (18).

Asimismo, por su corrección, la parte de reivindicaciones inmediatas del proyecto de Mariátegui no debió suscitar tampoco ninguna discrepancia (19).

Por otro lado, es menester recordar que el proyecto de programa del grupo de París era parte de las Tesis sobre la acción por desarrollar en el Perú, remitidas al Perú el 29 de diciembre de 1928, es decir apenas dos meses y pico después de la Reunión de Barranco, Tesis acerca de las cuales Martínez anotó: “… no fueron aceptadas en su totalidad por el grupo de Lima” (Apuntes, t.II, p.335).

Los puntos 5 y 6 del mencionado proyecto, dicen: “5º- Armamento inmediato de los obreros y campesinos y transformación del ejército y de la policía en milicia obrera”. “6º- Instauración de los municipios de obreros, campesinos y soldados, en lugar de la dominación de clase de los grandes propietarios de la tierra y de la iglesia” (Apuntes, t.II, p.421).

“Armamento inmediato…”, “Instauración de los municipios obreros, campesinos y soldados…”, es decir, municipios de activistas armados, lo cual revela una concepción ultraizquierdista, insurreccionalista e   inmediatista de la revolución, por lo que puede suponerse que los citados puntos fueron parte de aquellas cuestiones no aceptadas por el grupo de Lima.     

Asimismo, es necesario mencionar que, en relación al programa del grupo de París, Pesce escribió: “Ha sido aprobado en su contenido, con unas cuantas modificaciones formales. Sin embargo, hemos acordado redactarlo en forma más amplia, contemplando otras particularidades” (ibídem, p.484) (20).

Pero ocurre que, conforme a la documentación disponible, la afirmación de Pesce, que data de junio de 1929, es negada por los hechos: 1) la no aceptación en su totalidad de las Tesis, mencionada por Martínez (no aceptación que posiblemente se puso de manifiesto a principios de 1929 y que comprendiera los puntos 5 y 6 del proyecto del grupo de París); 2) el debate del programa del PSP comenzó en setiembre de ese mismo año, es decir, tres meses después de la fecha de la afirmación de Pesce; 3) el grupo de Lima no estaba en grado de aprobar por separado el proyecto del grupo de París, pues el 7 de octubre de 1928 había aprobado el proyecto de Mariátegui; 4) en 1929 el espacio idóneo para aprobar el programa del PSP era el CEP, ampliado con la participación de otros militantes, tal como efectivamente ocurrió en la segunda mitad de este mismo año.

Mariátegui dejó constancia de que “los puntos aprobados del programa del PS” fueron remitidos a Seoane, a la sazón residente en Buenos Aires. Por eso, es seguro que fueron remitidos también a muchos otros activistas tanto en el extranjero como en el país, incluyendo, naturalmente, al propio José Malanca.

Por cuanto Paiva dio cuenta de una reunión de setiembre de 1929 donde, es de suponer, comenzó a debatirse el programa, y puesto que en marzo de 1930 Mariátegui señaló que hacía “varios meses” le había enviado a Seoane los puntos aprobados del programa del PSP, esta aprobación debió haber tenido lugar en algún momento del período setiembre-diciembre de 1929.

 En conclusión: el PSP aprobó su programa posteriormente a la Reunión de Barranco y previamente a lo que hubiese sido el Congreso Constituyente.

Ello quiere decir que, por la fuerza de los acontecimientos, la aprobación del programa se realizó de una manera distinta a la inicialmente concebida.

Pues bien, no obstante el hecho incontestable de que el PSP aprobó un programa, Aragón dice que “Mariátegui murió en abril de 1930, sin que se debatiera y acordara la propuesta programática que debía y debe unificar a los socialistas peruanos”. “En síntesis, la amplia Propuesta Programática desarrollada por Mariátegui no fue aprobada en la Reunión de Barranco, ni en ningún otro evento posterior. Su estudio, debate, revisión  y aprobación es una tarea que sigue pendiente” (negritas en el original).

       Por otro lado, a las diversas organizaciones de izquierda, nuestro personaje les espeta: “nunca se  tomaron el trabajo de estudiar, debatir y fijar una posición definida con respecto a la Propuesta  Programática dejada por Mariátegui”. Y agrega: “¿Con que derecho ellos se reclaman continuadores y seguidores de Mariátegui, si ignoran lo más sustancial de su legado: la propuesta de Programa?”.

     Cualquiera diría, pues, que Aragón se mueve acicateado por el celo revolucionario de defender el programa de Mariátegui.

     Pero ¿cuál es la verdad? Es decir ¿cuál es la “posición definida” de Aragón respecto a dicho programa?

      Como ha quedado demostrado, el proyecto de Mariátegui fue aprobado, en principio, por “el grupo organizador del Partido Socialista” el 7 de octubre de 1928, y, luego, entre setiembre y diciembre de 1929, el CEP aprobó el programa del Partido fundamentalmente sobre la base de dicho proyecto.


    Pero, como se ha visto, Aragón dice que el proyecto de Mariátegui “no fue aprobad[o] en la Reunión de Barranco, ni en ningún otro evento posterior” (21). 

      Frente a la verdad histórica del marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP establecida por Mariátegui, Aragón, siguiendo servilmente a Ramón García, ha renegado esta base de unidad.

     Esta es la “posición definida” de Aragón y, en general, de los liquidacionistas ante “lo más sustancial [del] legado” de Mariátegui (22).

     Así, pues, aquello de “tarea pendiente” y aquello “de estudiar, debatir y fijar una posición definida” respecto al programa de Mariátegui, tiene en Aragón y, en general, en los liquidacionistas, el adelanto de la negación de la base de unidad ideológica del PSP establecida por Mariátegui.

      ¿Con qué derecho, pues, Aragón y sus copartidarios podrían reclamarse continuadores de Mariátegui?

       En conclusión: el PSP aprobó un programa, pero, por cuanto no ha llegado a nosotros su texto, podemos y debemos asumir el programa de Mariátegui como base del debate programático. Por lo tanto, estamos ante la tarea ineludible de revisarlo y actualizarlo.

Notas
[13]  Obsérvese que Paiva habla de Comité Ejecutivo del Partido.
[14] Obsérvese que Mariátegui habla “de los puntos aprobados del programa del P.S”. Es decir que, por un lado, habla de Partido Socialista, y no de “grupo organizador del Partido”; y, por otro, de los puntos aprobados del programa, lo que demuestra de manera incontestable que el PSP aprobó un programa. No sería convincente la consideración de que la afirmación mariateguiana sugiere que el CEP aprobó únicamente algunos puntos, pues es improbable que se remitiera a los activistas algo que no fuera el programa completo. Además ¿cómo hubiera sido posible que el PSP intentara surgir públicamente con un programa incompleto?
[15] El de Mariátegui, el del grupo de París y acaso también el proyecto anónimo (¿de Luciano Castillo?) publicado por Flores Galindo en Pensamiento Comunista.
[16] Esto no debe haber significado la suma simple de los puntos de los diversos proyectos, sino la incorporación, con redacción renovada, de los puntos pertinentes del proyecto del grupo de París y del proyecto anónimo al texto del proyecto de Mariátegui, a fin, claro está, de preservar su unidad estilística.  
[17] Pretender ver, a estas alturas, una diferencia sustancial y no meramente formal entre el término compuesto marxismo-leninismo y los términos marxismo y leninismo ligados por la conjunción ilativa y, sería recurrir al criollo recurso, característico de la cabeza del grupo liquidacionista, de jugar con las palabras.
[18] El contenido de estos puntos es el siguiente: “1º- Expropiación, sin indemnización de los latifundios; entrega de una parte a los ‘ayllus y comunidades, prestando todo el contingente de la técnica agrícola moderna. Repartición del resto entre los colonos, arrendatarios y yanaconas”. “2º- Confiscación de las empresas extranjeras: minas, industrias, bancos y de las empresas más importantes de la burguesía nacional”. “3º- Desconocimiento de la deuda del Estado y liquidación de todo controlo por parte del imperialismo”. “4º- Jornada de 8 horas en la ciudad y en las dependencias agrícolas del Estado, y abolición de toda forma de servidumbre y semiesclavitud” (Martínez, Apuntes, t.II, p.421).
[19] No me referiré aquí a los puntos del proyecto anónimo, pues presentemente no cuento con él. Por eso, si en el futuro tengo la oportunidad de releerlo (después de más o menos treinta años), podría ampliar, si fuese necesario, la parte correspondiente de mi exposición.
[20] Obsérvese, por lo demás, que Pesce plantea las cosas como si el debate programático en el PSP se hubiese dado sobre la base del proyecto del grupo de París: “unas cuantas modificaciones formales”; “hemos acordado redactarlo en forma más amplia”. Este planteamiento no responde, sin embargo, a la realidad de las cosas.  
[21] Como en tantas otras cosas, en relación al programa del PSP Aragón tiene un embrollo en la cabeza. Por un lado, reivindica el carácter democrático de la actitud de Mariátegui: “Mariátegui nunca tuvo la intención de imponer autoritariamente su propuesta de programa, sino de escuchar otras propuestas, exponer su propia propuesta, debatirla, desarrollarla y enriquecerla,  con la participación y aportes  de todos…”. Sin embargo, por otro lado, reduce la cuestión del programa en los años 1920 al proyecto mariateguiano: “Mariátegui murió en abril de 1930, sin que se debatiera y acordara la propuesta programática que debía y debe unificar a los socialistas peruanos”. Más aún: Aragón reduce también el debate actual sobre el programa al proyecto de Mariátegui: “Su estudio, debate, revisión y aprobación…”. Olvidando, pues, el ejemplo mariateguiano, nuestro personaje no solo se muestra retrospectivamente sino también presentemente sectario. En realidad, el debate programático presenta actualmente tres condiciones: 1) los proyectos existentes en los años 1920 (pues no se conoce el programa aprobado por el CEP); 2) el programa de Mariátegui como el documento fundamental (pues apareció en esta calidad en el debate del programa del PSP); 3) la realidad actual (pues es necesario actualizar este programa).
[22] Específicamente, en el programa de Mariátegui “lo más sustancial” es la aplicación del método marxista-leninista, pues ello permitió una interpretación y una fundamentación correctas de los diversos puntos de su contenido. En otras palabras, el marxismo-leninismo aparece ahí como lo determinante y lo identificativo.

28.02.2015.
       


Notas Sobre Algunas Falacias de Ramón García


E.I.

EN EL ARTÍCULO EL PARTIDO DE MARIÁTEGUI, 1988, Ramón García escribió: “Pero también hay evidentes divergencias. Por ejemplo, la discusión hasta bizantina acerca de si la doctrina se denomina Marxismo-leninismo o Marxismo-leninismo-maoísmo. Así, la posición respecto al marxismo se entiende como la lucha por un guión más o un ismo menos. Y más marxista se considera quien se considere más marxista-leninista o más marxista-leninista-maoísta. Esta discusión podría obviarse si se considera que Marx y Engels fundaron la concepción marxista de la historia, Lenin y Stalin iniciaron la transformación socialista del mundo, y Mao y JCM universalizaron el marxismo en tanto doctrina y método. Así, los ismos están demás para el marxismo o cosmovisión marxista. Basta uno solo para abarcar con él a todos los maestros universales habidos y por haber”.

Cualquier lector se dará cuenta de que en la cita García se refiere a la cuestión de la denominación de la doctrina. En este marco, sin embargo, no habla en absoluto del desarrollo alcanzado por el marxismo con los continuadores, que es precisamente de lo que hubiera tenido que hablar para plantear científicamente la cuestión.

Engels señala que la concepción de Marx “No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación”.

Pero García –insisto– no hace ni la más mínima alusión a las conquistas teóricas alcanzadas por los continuadores a partir de los puntos de partida y el método que les ofrecía la concepción marxista del mundo.

Más aún: con la afirmación de que “Esta discusión [sobre la denominación de la doctrina] podría obviarse si se considera que Marx y Engels fundaron la concepción materialista de la historia, Lenin y Stalin iniciaron la transformación socialista del mundo, y Mao y JCM universalizaron el marxismo en tanto doctrina y método”, silencia el desarrollo universal del marxismo, pues lo que dice de Lenin y Stalin representa una conquista práctica y lo que dice de Mao y Mariátegui representa una conquista propagandística.

Por lo tanto, cuando dice: “Esta discusión podría obviarse”, de hecho está diciendo: “esta discusión podría obviarse porque no hay ningún desarrollo universal del marxismo”, o, en su defecto, “hay un desarrollo universal del marxismo, pero no es necesario reconocerlo partidariamente”.

Es claro, entonces, que, precisamente tratando la cuestión de la denominación de la doctrina, García reduce el marxismo a la concepción de Marx y Engels, y que esto le sirve para plantear alegremente que “los ismos están demás para el marxismo o cosmovisión marxista. Basta uno solo para abarcar con él a todos los maestros habidos y por haber”.

Aquí, sin embargo, la frase “abarcar con él a todos los maestros habidos y por haber” se revela engañosa, pues ¿qué maestros son esos que, con excepción de Marx y Engels, que “fundaron la concepción marxista de la historia”, los otros se limitaron a aplicarla y a propagandizarla?

En Los fundamentos del leninismo, Stalin señaló que “Lenin es marxista, y la base de su concepción del mundo es, naturalmente, el marxismo. Pero de esto no se desprende, en modo alguno, que la exposición del leninismo deba comenzar por la de los fundamentos del marxismo. Exponer el leninismo es exponer lo que hay de peculiar y de nuevo en las obras de Lenin, lo aportado por Lenin al tesoro general del marxismo…” (negritas nuestras).

Por consiguiente, está fuera de discusión que la concepción del mundo de los continuadores tiene por base la concepción del mundo de los fundadores, pero, al mismo tiempo, también está fuera de discusión que los primeros plasmaron aportes teóricos a partir de la concepción de los últimos.

Así, pues, el marxismo ha tenido un desarrollo de valor universal, Y ES ESTE DESARROLLO, PRECISAMENTE ESTE DESARROLLO, Y NINGUNA OTRA COSA, LO QUE DETERMINA SU DENOMINACIÓN CONTEMPORÁNEA.

Pero, como se ha visto, García silencia este desarrollo, y, de este modo, pretende hacer creer que la denominación de la doctrina es un asunto puramente formal (“un guión más o un ismo menos”).

Y tan torcido es su procedimiento, que imputa a los demás este formalismo (“la posición respecto al marxismo se entiende como la lucha por un…”), cuando la verdad pura y simple es que es justamente él quien entiende así el problema, poniendo de manifiesto, por lo tanto, su bizantinismo que, con igual torcido procedimiento, imputa también a los demás.

En conclusión, García escamotea el reconocimiento de los aportes de los continuadores, reconocimiento obligatorio para cualquier partido proletario, no sólo por la razón científica arriba señalada, sino también por la razón política de diferenciar marxismo de oportunismo, marxismo de revisionismo, tal como enseñó Mariátegui que tiene que hacerse.

Por supuesto, García sabe por qué y para qué silencia el desarrollo del marxismo, por qué y para qué  encubre la relación de este desarrollo con la cuestión de la denominación de la doctrina, por qué y para qué escamotea la obligatoriedad del reconocimiento del leninismo: tal cosa le permite hablar de un marxismo a secas, y este marxismo a secas le permite promover un partido doctrinariamente heterogéneo, o sea, un partido “marxista” no leninista, un partido no de clase, un partido-amalgama, un partido de “todos los elementos capaces de reclamarse del socialismo, sin exceptuar” toda suerte de detractores de los continuadores y, por esta vía, de los fundadores.

Toda esta sofistería de Ramón García es revisionismo puro y simple, que, en el plano de lo orgánico, se revela como negación del partido de clase, es decir, como liquidacionismo de derecha.


El Partido de Masas y de Ideas de José Carlos Mariátegui

(Fragmento)

E.I.


GARCÍA HA SOSTENIDO QUE “El PSP tenía dos niveles: internamente funcionaba como ‘facción orgánica y doctrinariamente homogénea’ (como ‘célula secreta de los siete’); externamente aspiraba a ser ‘el primer gran partido de masas e ideas (sic) de toda nuestra historia republicana’” (64).

Pero decir que el primer nivel es una “facción orgánica y doctrinariamente homogénea”, equivale a decir que el segundo nivel no lo es. Y, un partido que no es doctrinariamente homogéneo tanto vertical como horizontalmente, es un partido doctrinariamente heterogéneo, es decir, no es ni puede ser un partido de clase.

La falsa interpretación de García de la concepción mariateguiana del PSP reduce, pues, lo doctrinariamente homogéneo (“marxismo” sin leninismo) a un nivel secreto, restringido, y lo masivo aparece como un nivel público formado por militantes doctrinariamente disímiles.

Esta antojadiza interpretación niega el hecho histórico de que el proyecto de José Carlos Mariátegui fue construir un partido ideológicamente definido, teóricamente realista y políticamente de masas, es decir, un partido marxista-leninista, o sea, un partido de clase bajo la forma de partido de masas, tal como ha quedado demostrado.

Con su arbitraria interpretación, García pretende, pues, la fundación de una organización con “todos los elementos capaces de reclamarse del socialismo”. De ahí su renuncia al leninismo. De ahí su intención de llamarla partido socialista. De ahí su expectativa en tendencias oportunistas y revisionistas. 

Pero ocurre que el partido del proletariado es doctrinariamente excluyente: acuerda el marxismo-leninismo como el aspecto general de su base de unidad, porque rechaza toda suerte de oportunismo y revisionismo.

Por eso la moción de afiliación a la Tercera Internacional, presentada por José Carlos Mariátegui a la reunión del 1 de marzo y aprobada en la reunión del 4 del mismo mes de 1930, señala: “El C.C. del partido adhiere a la Tercera Internacional y acuerda trabajar por obtener esta misma adhesión de los demás grupos que integran el partido” (65).

Y, por lo tanto, organizativamente, también es excluyente. Por eso otra moción aprobada por el CC, establece: “El P.S. es un partido de clase y por consiguiente repudia toda tendencia que signifique fusión con las fuerzas u organismos políticos de las otras clases” (66).

Generalizando su falsa interpretación del PSP, García ha escrito que “El problema que enfrentó JCM es el mismo que el proletariado enfrenta desde hace más de un siglo: cómo relacionar la teoría (Programa Socialista) con la práctica (Partido-Frente). Este es el gran dilema entre disolución (desintegración) o dilución (integración), que enfrenta todo partido proletario en el mundo entero”. “Si el Programa de acción está ligado al Programa Prospectivo, de hecho se logra la dilución” (67).

Pero, en realidad, José Carlos Mariátegui solucionó el problema del Partido de un modo distinto a como cree García. Esto ya ha quedado claro. Pero la afirmación de que el problema implicado en la relación teoría-práctica es uno que “enfrenta el proletariado desde hace más de un siglo”, encierra, ni más ni menos, la peregrina idea de que un partido doctrinariamente heterogéneo es la solución a este problema, y, por esto, constituye la completa negación de la concepción leninista del partido proletario, sustentada en el ¿Qué hacer?, libro que existe “desde hace más de un siglo”.

Como es de conocimiento general, en dicho libro Lenin dio solución a tres problemas fundamentales, a saber: 1) la relación entre la espontaneidad de las masas y la conciencia comunista; 2) entre la política tradeunionista y la política comunista, y 3) entre los métodos artesanos de trabajo y la organización revolucionaria.

De ese modo proporcionó al proletariado internacional la concepción del partido de clase como un partido doctrinariamente homogéneo y, por lo tanto, como un partido-vanguardia, como un partido dirigente. Esta concepción leninista del partido proletario tiene un valor universal. Y está vigente, no obstante la sibilina pretensión de negarla.

La dilución de la organización del Partido en el socialismo no está determinada por un partido doctrinariamente heterogéneo en el capitalismo.

En octubre de 1885, Federico Engels señaló: “Hoy, el proletariado alemán ya no necesita de ninguna organización oficial, ni pública, ni secreta; basta con la simple y natural cohesión que da la conciencia del interés de clase, para conmover a todo el imperio alemán, sin necesidad de estatutos, de comités, de acuerdos ni de otras formas tangibles” (68).

Evidentemente, el cofundador del marxismo se equivocó, pues, en las condiciones del capitalismo, el proletariado alemán (como el proletariado de cualquier otro país) tenía y tiene todavía necesidad de una organización política. Pero si la aserción de Engels no es válida para la sociedad capitalista, en cambio sí lo es para la sociedad socialista. En efecto, en las condiciones del socialismo, la organización del partido no es ya necesaria, basta con la simple y natural cohesión que da la conciencia del interés de clase para que el Partido, en el gran sentido histórico de la palabra, pueda dirigir la lucha por la realización del comunismo.

Por lo tanto, la dilución de la organización del Partido está determinada por las particulares condiciones del socialismo, y, por esto, hay que entenderla como desconcentración orgánica e integración de los elementos de vanguardia tanto en el nivel del Estado como en el nivel del movimiento revolucionario de las masas (69).

Por otro lado, en la medida en que la aplicación del programa depende absolutamente de la práctica de la militancia, un partido doctrinariamente heterogéneo como el que pretende García, es decir, un partido con una militancia mayoritariamente heterogénea en lo doctrinario, no es ni puede ser garantía de ligazón entre el Programa Mínimo y el Programa Máximo.

Notas
[64] La creación heroica de José Carlos Mariátegui, Editora Perú Nuevo, Lima, 2008, p.22. Esta idea ha empezado a concretarse con la constitución del nivel secreto. En una carta del 28 de octubre de 2009 a Luis Anamaría, Miguel Aragón reveló dicha constitución en los términos siguientes: “En toda esta confusión, que ellos han armado y en la cual se debaten, están entremezclando su intrascendente “Conferencia Consultiva Política”, con su llamamiento a crear un nuevo partido, o mejor dicho, a formalizar abiertamente, la constitución del partido que ellos ya formaron el 6 de febrero, en aplicación de la propuesta de Ramón [García] del partido de dos niveles: uno ‘secreto’, y otro ‘de masas y de ideas’. (Revisar folleto del 7 de octubre de 2008)”. “En la red hay abundante material, que confirma esta hipótesis, y es fácilmente demostrable, incluso identificando a quienes han incluido en el primer nivel y en el segundo nivel. Basta con revisar las direcciones a las cuales van dirigidos los mensajes que periódicamente envía… desde el mes de febrero. Los que estamos en esa relación (preparada expresamente por Ramón) de más de 20 nombres, según ellos, conformamos ‘el partido de masas y de ideas’, entre los cuales nos han incluido a ti y a mí, al lado de otros compañeros, la mayoría de los cuales son destinatarios de este mi comentario”. “¿Y quiénes conforman el partido secreto constituido el 6 de febrero? La respuesta es muy fácil deducirla, son precisamente los que No aparecen en esa relación de envios (sic), comenzando por…, seguidos de los sumisos peones ya conocidos. A… le han asignado la tarea de divulgar los documentos de Ramón entre lo que ellos consideran ‘el partido de masas y de ideas’, y a otra persona, le han encargado divulgar los mismos documentos, entre los miembros del ‘partido secreto’. En computación eso se llama ‘comandos por defecto’”. Pues bien, el tono de reproche de Aragón no puede impedir reconocer que sus declaraciones son toda una confesión de parte, sencillamente porque él es activista de la tendencia de García. Tenemos, pues, que el grupo liquidacionista cuenta ya con una instancia secreta desde el 6 de febrero de 2009. Esta instancia secreta es la dirección adelantada de la propuesta “organización de proyección nacional” y, de hecho, todos los eventos realizados desde entonces (seminarios, etc.), han sido promovidos por ella con el objeto de constituir el nivel público de tal organización. El hecho de que los miembros del grupo liquidacionista se esfuercen en hacer creer a los demás que tales eventos resultan de “una iniciativa de frente único”, da la medida del engaño a que someten a las diversas tendencias. A este respecto –y otros concomitantes–, el lector acucioso puede consultar nuestros artículos Acerca del Cuarto Seminario del Revisionismo Peruano y Acerca de la Demagogia de una Carta Abierta, publicados en la revista electrónica CREACIÓN HEROICA. Por razones obvias, en lo citado de Aragón hemos desagregado los nombres que él menciona.
[65] Martínez, Apuntes, p.512. Cursivas nuestras. Estas cursivas enfatizan que no sólo la adhesión al marxismo-leninismo fue una realidad en todas las instancias orgánicas del PSP, sino también su adhesión a la Internacional Comunista. Esto es una prueba más de que Mariátegui no concibió su partido como un partido de “dos niveles”. Sin embargo, contra esta realidad, en el libro La organización del proletariado, García escribió que “… todos estuvieron de acuerdo en constituir, dentro de la organización, los grupos secretos que velarían por el carácter bolchevique del Partido” (Ediciones Bandera Roja, Lima, 1967, p.197). Es evidente, por lo tanto, que todo lo que hace ahora el mencionado personaje, es darle continuidad a su falsificación de la verdad histórica del PSP. Pero sus antojadizas y torpes especulaciones se han venido abajo con la demostración de que el PSP fue un partido doctrinariamente homogéneo. Es un hecho iluminador que, a Mariátegui, observador zahorí, no se le pasara la lección del fracaso de algunas tentativas de formar un partido de dos niveles, como se había intentado en su tiempo en Panamá, Bolivia, Ecuador, Brasil y Colombia. 
[66] Ibídem, pp.511-512. Cursivas nuestras. No obstante las esclarecedoras afirmaciones de Mariátegui, citadas en el presente trabajo, desde hace años García y sus repetidores desenvuelven una campaña que tiene el doble objetivo de negar la verdad universal del marxismo-leninismo y el marxismo-leninismo de Mariátegui y el PSP. Así por ejemplo, Gustavo Pérez, operador furibundo de dicha campaña, en el artículo La formación socialista revolucionaria italiana de Mariátegui y la ortodoxia socialista rusa, intenta negar el leninismo sosteniendo, de entrada, que “Es una constatación práctica, que Mariátegui no se autodenominó ‘marxista-leninista’ y se declaró simplemente ‘Marxista convicto y confeso’…, que tituló solo ‘Defensa del marxismo’ a uno de sus mas (sic) importantes libros, escrito precisamente en defensa del marxismo revolucionario, y que solo hiciese dos (o 3) alusiones al ‘marxismo-leninismo’ en toda su obra, entre ellas las que figuran en el Programa del Partido Socialista del Perú, que el (sic) constituyese”. De este modo establece la premisa que pone en evidencia la intención con la cual, al final del artículo, cita la siguiente afirmación de Mariátegui: "Lenin no es un ideólogo sino un realizador. El ideólogo, el creador de una doctrina carece, generalmente, de sagacidad, de perspicacia y de elasticidad para realizarla. Toda doctrina tiene, por eso sus teóricos y sus políticos. Lenin es un político: no es un teórico". Pues bien, quienquiera que lea esta cita movido por la pasión de captar la verdad, tiene que darse cuenta de que los términos ideólogo y teórico no aparecen allí en su acepción habitual, sino en un sentido especial: designando a quien es “creador de una doctrina”. Así, en el contexto verbal dado, Marx es, obviamente, el ideólogo (“el creador de una doctrina”), y, como consecuencia, Lenin es, también obviamente, el político (el realizador de la doctrina de Marx). La afirmación mariateguiana encierra, pues, una verdad elemental: Marx fue el creador de la doctrina comunista, mientras Lenin fue un realizador de la misma. Pero, ¿acaso Marx no fue también, al mismo tiempo, un político, en el sentido habitual de la palabra? Y, ¿acaso Lenin no fue también, al mismo tiempo, un teórico, igualmente en el sentido habitual de la palabra? Entonces, la comprensión objetiva, correcta, honrada de la afirmación mariateguiana, no niega ni puede negar que, en el marco del sentido habitual de los términos teórico y político, Marx aparezca también como político y Lenin aparezca también como teórico. Obras del valor de Materialismo y empiriocriticismo, Cuadernos filosóficos, El imperialismo, fase superior del capitalismo, ¿Qué Hacer?, Un paso adelante, dos pasos atrás, Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, El estado y la revolución, entre otras, prueban que Lenin desarrolló el marxismo, precisamente realizando la doctrina de Marx. Esto es, asimismo, una verdad elemental. Ahora bien, la utilización dolosa que hace Pérez de la afirmación mariateguiana, está enderezada a silenciar el hecho de que, en el Programa del Partido, el maestro definió la identidad doctrinal del PSP y, por lo tanto, la suya propia. Esta definición aparece, pues, como es notorio, no en un artículo, donde, por lo general, Mariátegui evitaba la jerga partidaria, sino en un documento fundamental del Partido Socialista del Perú, donde, como es lógico, no le era posible ahorrarse un lenguaje doctrinalmente exacto. Esto es una constatación práctica. Así, pues, el silenciamiento que pretende Pérez tiene por destino manifiesto negar que el leninismo es “la nueva etapa marxista”, es decir, que “El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios” (Mariátegui). La utilización dolosa de la cita del maestro es, por cierto, un caso –entre otros– en que la tergiversación de una afirmación suya es enderezada a negar otra afirmación suya también. Es el truco de utilizar a Mariátegui contra Mariátegui. Es el truco de parapetarse detrás de su autoridad. Es el truco de utilizarlo como coartada. Ciertamente el padre de este truco es Ramón García, quien, utilizándolo sin ningún escrúpulo, ha impuesto en su grupo la negación de la identidad marxista-leninista de Mariátegui y el PSP. Esta negación (derivada de la negación del marxismo-leninismo) es un intento por sentar una base para un partido-amalgama. Ciertamente la actitud de García es de una clamorosa deshonestidad intelectual: achaca a Mariátegui sus propias posiciones revisionistas; intenta macular al maestro con tales posiciones; no tiene el valor elemental de plantearlas a nombre propio; no tiene el coraje de sostener, desde su posición revisionista, que Mariátegui se equivocó al adherir al marxismo-leninismo y al establecerlo como base de unidad del PSP. Respecto a estas cuestiones, en más de dos décadas García no ha hecho más que esgrimir falacias. Contra la feroz y torpe campaña antileninista y antimariateguiana del grupo liquidacionista, SE ALZA EL MARXISMO-LENINISMO DE MARIÁTEGUI Y EL PSP COMO UNA MONTAÑA INELUDIBLE.
[67] La creación heroica de José Carlos Mariátegui, p.23. Negritas en el original.
[68] Marx-Engels: Obras Escogidas en tres tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1980, t.III, p.201.
[69] Por lo tanto, el Estado socialista, es decir, el Estado en extinción, aparece como un Estado-Partido y el movimiento revolucionario de las masas aparece como un Partido-Movimiento. Y, en ambos casos, el Partido aparece como un partido en extinción.

16.05.08.



Mariátegui y el Leninismo

(Fragmento)

E.I.


EN LA ENCUESTA A JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI, realizada por Angela Ramos y publicada originalmente en Mundial, el 23 de julio de 1926, el maestro señaló: “el dato no es sino dato. Yo no me fío demasiado del dato. Lo empleo como material. Me esfuerzo por llegar a la interpretación” (1).

No obstante, en un reciente debate sobre el tema que nos ocupa, hemos constatado las vueltas que han dado alrededor de los datos algunos de sus participantes, sin haber sido capaces de llegar a la interpretación. Esto vale especialmente para Miguel Aragón, quien, en carta a Jaime Lastra del 3 de febrero de 2008, dejó escrito: “La exposición de las razones, por las cuales considero que no es correcto afirmar ‘Mariátegui comunista’ o ‘Mariátegui marxista-leninista’, escapa a los límites de esta breve respuesta”. Y que, en carta a Santiago Ibarra de un día después, dejó anotado: “usted afirma: ‘En mi criterio, y como consta en documentos históricos, escritos por el propio Mariátegui, él fue marxista-leninista. Así de simple’”. “Bueno, pues, ese es su criterio, yo lo respeto. Ni yo, ni nadie, tenemos ningún derecho a prohibirle su opinión. Pero ese NO era el criterio de Mariátegui, salvo que usted presente pruebas documentales en las cuales Mariátegui se declara ‘marxista-leninista, con la misma precisión y claridad que se declaró ‘marxista convicto y confeso’ en los ‘7 Ensayos’ e ‘Ideología y Política’” (subrayados, negritas y mayúsculas en el original).


¿Comprende el lector? En negro sobre blanco, Aragón sostiene que no hay pruebas documentales de la filiación marxista-leninista de José Carlos Mariátegui. Ebrio de citas, se muestra, pues, incapaz de elevarse hasta la interpretación del pensamiento orgánico de Mariátegui sobre la teoría del proletariado, y, por esto, se refugia en el supuesto negado de que no hay prueba documental alguna de la filiación del maestro en el sentido indicado. Según su estrecha óptica, si Mariátegui no dijo en primera persona que era marxista-leninista, entonces no fue marxista-leninista; si dijo que era “marxista convicto y confeso”, entonces solamente fue marxista (2).

Pero, como al que no es capaz de elevarse al nivel de la interpretación y pide pruebas documentales, hay que darle pruebas documentales, lo remitimos al Programa del Partido, donde el propio Mariátegui estableció, con precisión y claridad, el marxismo-leninismo como la base de unidad de su partido y, por lo tanto, como lo hemos señalado arriba, como su personal filiación doctrinal. Este es el documento histórico al que Santiago Ibarra se ha referido, pero, por lo visto, Aragón, que pide pruebas documentales, sólo ve las que, interpretadas a capricho, convienen a su interesado punto de vista, no obstante haber proclamado que lee “con los dos ojos” y que busca “la verdad en los hechos”.

No es correcto, pues, empeñarse en negar la cualidad marxista-leninista de Mariátegui, levantando una declaración suya en primera persona que tiene su explicación en el hecho, anotado anteriormente, de que, con la palabra marxismo, hacía referencia a la teoría de Marx y a su desarrollo por Lenin, así como, si vemos el concepto y no la palabra, al titular Socialista a su partido estaba definiéndolo Comunista.

(…)

Ahora puede comprenderse que la tentativa de negar la adhesión de José Carlos Mariátegui al marxismo-leninismo, significa poner en tela de juicio su sinceridad, su coherencia, su integridad, pues si él mismo definió el carácter marxista-leninista del PSP, ¿cómo así pudo no ser marxista-leninista en su doble condición de fundador y Secretario General de dicho partido?

Sin duda, el argumento de Aragón es tan falaz como el de García, quien recurre a un argumento estadístico para negar el marxismo-leninismo de José Carlos Mariátegui (5).


Notas
[2] Es un hecho histórico que el marxismo-leninismo fue la base de unidad del PSP, pero Aragón lo niega sin más. ¿Y cuál es su argumento? Escamoteando los términos de la cuestión, dice que si aquello fuese cierto, entonces Mariátegui habría sido un militante inconsecuente, pues no hacía propaganda de dicha base ideológica. Se imagina, seguramente, que el maestro hubiera tenido que terminar sus escritos con un sonoro ¡viva el marxismo-leninismo! (“arengas de agitador”) o extenderse en discursos generales sobre el marxismo-leninismo (“sermones de catequista”). Es impresionante, pues, que, no obstante leer a Mariátegui desde hace más de cuarenta años, nuestro personaje no se haya percatado de su adhesión explícita al leninismo (Defensa del Marxismo, Programa del Partido), y, menos todavía, de la esencia de la cuestión: el desarrollo del leninismo concretado en su pensamiento.
[5] En verdad, a este respecto –como a otros– lo que hace Aragón es seguir ciegamente a García, quien, como se ha visto, niega el marxismo-leninismo como la verdad universal del proletariado, como la base de unidad del PSP y como la identidad doctrinal de José Carlos Mariátegui, en términos tan equívocos como los siguientes: “… de las tres consignas básicas [de la Revolución de Octubre], sólo queda el Marxismo-Leninismo, pero cada vez más limitada geográficamente a la URSS. Este término se encuentra dos veces en la obra de JCM, y ambas indicando el método marxista, no la doctrina. Y menos como nueva época. No es casual que su obra se llame Defensa del Marxismo, a secas, y no, por ejemplo, Defensa del Marxismo-Leninismo”. Esta sesgada negación del marxismo-leninismo y de la identidad doctrinal de José Carlos Mariátegui y el PSP, demuestra que lo que hace García, a su vez, es ir tras los talones de quienes, en el extranjero y en el país, llevan a cabo desde hace décadas una cruzada contra el leninismo.

06.02.08.



  
El Concepto Mariateguiano de Partido de Masas y de Ideas

(Fragmento)


E.I.


II
DESDE LA SEGUNDA MITAD DE LOS AÑOS 1980, Ramón García falsifica la identidad doctrinal de José Carlos Mariátegui y del PSP a fin de hacer pasar de contrabando su “marxismo” sin leninismo y su proyecto de un partido doctrinariamente heterogéneo.

Es decir le achaca a Mariátegui sus propias posiciones oportunistas y liquidacionistas, y, como es obvio, este criollo procedimiento lo pinta de cuerpo entero.

Puesto que el carácter de clase del Partido está determinado por su doctrina, es claro que un partido doctrinariamente heterogéneo no es ni puede ser un partido de clase (8).

Precisamente el proyectado partido del grupo liquidacionista es la materialización de un “marxismo” sin leninismo en su ya fundada instancia secreta, y, en su instancia pública por fundarse, sería la materialización de diversas posiciones doctrinales. Esto es lo que se llama partido-amalgama.

Esta amalgama doctrinal explica que los promotores de semejante partido quieran titularlo socialista (9).

Notas
[8] Precisamente es el caso del proyecto de un partido de dos niveles. Heterogéneo en lo doctrinal, este partido no podría reclamar para sí la condición de partido de clase: las diversas tendencias que concurrirían en su interior, representarían los intereses de distintas fracciones de clase y aun de distintas clases, y, por lo tanto, no representaría homogéneamente los intereses históricos del proletariado revolucionario. Esto es una verdad elemental. Sin embargo, en una carta abierta dirigida a Cesar Risso y al autor de estas líneas, Manuel Velásquez sostuvo que “La idea de realizar un seminario… tiene como objetivo… la constitución [de un] partido de clase” (elipsis nuestras). Ciertamente este es un clamoroso caso de demagogia, es decir, de política criolla.
[9] El nombre del Partido no es un problema formal sino un problema de gran importancia política. La insistencia del grupo liquidacionista en el nombre de socialista no es casual, pues este nombre le sirve para expresar el proyecto de un partido del variopinto socialismo en general.

12.07.13.


El Desmonte de una Conspiración Contra José Carlos Mariátegui y el PSP

(Fragmento)

E.I.


PUES BIEN, LO SEÑALADO HASTA AQUÍ da la pauta de la aviesa intención: mixtificar el contenido doctrinal del Socialismo Peruano, tergiversar la verdad histórica de su primera generación, disolver el socialismo marxista en el variopinto socialismo en general, negar el carácter marxista-leninista del PSP.

Todo ello, sin duda, ES UNA CONSPIRACIÓN CONTRA JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI Y SU PARTIDO.

¿Por qué contra Mariátegui? Porque, si bien el maestro utilizó el término socialismo tanto en su sentido elástico como en su sentido estricto de clase, cuando se refirió al tipo de socialismo que hay que crear heroicamente en América, y, particularmente, cuando, en la Advertencia a los 7 Ensayos, expresó su determinación de concurrir a la creación del Socialismo Peruano, se refirió, como es claro, al socialismo de clase, proletario, marxista-leninista, y no al socialismo en general.

Por consiguiente, considerar que el Socialismo Peruano comprende el variopinto mapa del socialismo en general, es renegar el concepto mariateguiano.  

¿Por qué contra el Partido de Mariátegui? Porque, al considerar a la antimarxista Magda Portal, a otros antimarxistas y a ciertos no marxistas, Aragón y García (y con ellos todos los que, por una causa u otra, se limitan a repetir acríticamente el engaño), buscan cuestionar el carácter de clase, marxista-leninista, del partido fundado por Mariátegui. Con su malhadada lista, los mencionados liquidacionistas intentan, pues, escamotear la decisión orgánica del grupo fundador del PSP.

¿Cuál decisión? La decisión de incorporar al Partido a unas personas, y no a otras.

Esta decisión expresó el rechazo de los fundadores al socialismo reformista. Así se comprende por qué algunos de los personajes que aparecen en la engañosa lista, no fueron incorporados al PSP.

Así se comprende, en un plano más general, por qué los socialistas reformistas que venían de las experiencias de la revista Nuestra Época, del Comité de Propaganda y Organización Socialistas y del diario La Razón, no fueron asimilados al partido marxista-leninista fundado el 7 de octubre de 1928.

Así se comprende que una cosa es la primera generación del socialismo reformista peruano y otra cosa es la primera generación del socialismo marxista peruano.

Estos hechos históricos prueban, pues, de un modo irrefutable, que el PSP fue un partido de clase, y no un partido del variopinto socialismo en general (4).

(…)

¿Por qué el aniversario de Nuestra Época no es el aniversario del Socialismo Peruano? Porque, el Socialismo Peruano, es tal en la medida en que es la fructificación de la verdad universal del marxismo-leninismo en nuestra realidad concreta (5).

Como se sabe, la asimilación de Mariátegui al marxismo data de su viaje a Europa, y, concretamente, del período julio-diciembre de 1920. Cualquier partidario consciente de la dialéctica sabe que esta asimilación comportó una ruptura con su inicial socialismo a lo Araquistain.

Precisamente esta ruptura se expresó en el artículo El cisma del socialismo, y, por lo tanto, puede entenderse que no fue casual que el maestro eligiese el tema de dicho artículo para, en un solo acto, expresar su ruptura con el socialismo reformista y su adhesión al socialismo marxista.

Asimismo, puede entenderse que tampoco fue casual que, dos años después, al regresar al Perú “con el propósito de trabajar por la organización de un partido de clase”, lo primero que hizo, ante un auditorio de obreros y estudiantes, fue reiterar su ruptura con el socialismo reformista y su adhesión al socialismo marxista (6).

Sin embargo de lo precisado, Ramón García intenta borrar de la conciencia de los marxistas peruanos (ya la borró de la conciencia de sus partidarios), la ruptura de Mariátegui con el socialismo reformista, y, así, sentar una base para su partido-amalgama.

Precisamente en la nota titulada Por qué creación heroica, 12.08.10, el mencionado personaje evita toda referencia a dicha ruptura que, como se sabe, marcó un hito trascendental en el proceso ideológico de Mariátegui, y que, por sus consecuencias en la práctica, marcó un hito igualmente trascendental en la historia del proletariado peruano (7).

Es un hecho fuera de discusión que la Creación Heroica de Mariátegui no hubiera sido posible sin su asimilación al marxismo-leninismo. Del mismo modo, es un hecho igualmente indiscutible que sólo con el socialismo marxista el proletariado peruano alcanzó conciencia de su misión histórica y de las condiciones de su realización (8).

Notas
[4] Ciertamente hay que saber leer a Mariátegui. El editorial Aniversario y balance (setiembre de 1928) y la fundación del Partido Socialista del Perú (octubre del mismo año), guardan una relación intrínseca y, por esto, esclarecedora. En el editorial, se puede leer: “En la lucha entre dos sistemas, entre dos ideas, no se nos ocurre sentirnos espectadores ni inventar un tercer término. La originalidad a ultranza, es una preocupación literaria y anárquica. En nuestra bandera, inscribimos esta sola, sencilla y grande palabra: Socialismo. (Con este lema afirmamos nuestra absoluta independencia frente a la idea de un Partido Nacionalista, pequeño burgués y demagógico)” (Ideología y política, p.247). ¿Qué significado tiene aquí la palabra socialismo? Para contestar esta interrogante, hay que tener en cuenta este juicio del propio Mariátegui: “‘Nueva generación’, ‘nuevo espíritu’, ‘nueva sensibilidad’, todos estos términos han envejecido. Lo mismo hay que decir de estos otros rótulos: ‘vanguardia’, ‘izquierda’, ‘renovación’. Fueron nuevos y buenos en su hora. Nos hemos servido de ellos para establecer demarcaciones provisionales, por razones contingentes de topografía y orientación. Hoy resultan ya demasiado genéricos y anfibológicos. Bajo estos rótulos empiezan a pasar gruesos contrabandos. La nueva generación no será efectivamente nueva sino en la medida en que sepa ser, en fin, adulta, creadora” (ibídem, p.248). Como se ve, lo citado da cuenta de que Mariátegui trazaba una línea demarcatoria entre la “nueva generación”, así a secas, que, en su momento, había representado “una nueva actitud espiritual”, y “la nueva generación”, “adulta, creadora”, marxista-leninista, es decir, entre la primera generación del socialismo reformista en sus diversas vertientes y la primera generación del Socialismo Peruano. Así, pues, al declarar Mariátegui, en el número 17 de Amauta, que, “Para ser fiel a la Revolución, le basta ser una revista socialista”, estaba señalando que su revista se declaraba categóricamente marxista. En la nota 23 del Cap. I del presente libro, hemos copiado la afirmación mariateguiana que prueba esta verdad. Por lo tanto, es claro que ese proceso de definición ideológica sirvió para deslindar, categóricamente, con los diversos matices del socialismo reformista, y principalmente con la tendencia aprista. Por eso, un mes después, en el Programa del Partido, Mariátegui estableció el marxismo-leninismo como su base de unidad. Así, pues, tanto en Aniversario y balance como en el Programa… y, aun más, en el propio título del Partido, el término socialismo tiene el significado de socialismo marxista-leninista, y no el de socialismo en general. Esto es una verdad elemental, y no tenemos la culpa de que, en pleno debate ideológico, sea necesario todavía explicarla.
[5] En la carta a Samuel Glusberg del 10 de enero de 1928, Mariátegui sostuvo: “A mi vuelta al Perú, en 1923, en reportajes, conferencias en la Federación de Estudiantes y la Universidad Popular, artículos, expliqué la situación europea e inicié mi trabajo de investigación de la realidad nacional, conforme al método marxista” (Correspondencia, t.II, p.331. Cursivas nuestras). ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que dicha investigación marcó una ruptura con respecto al “trato de Mariátegui con los tópicos nacionales” (Ideología y política, p.16), anterior a su regreso de Europa, pues, como él mismo señaló, entonces “carecía para enjuiciarlos de puntos de vista sistemáticos” (ibídem), es decir que, tal trato con dichos tópicos no fue, como es obvio, “conforme al método marxista”. No obstante esta realidad, la capacidad del maestro de buscar la verdad en los hechos y su consecuencia con las luchas populares, lo llevó, ya en el bienio 1918-1920, a sostener ideas y posiciones correctas que, por lo tanto, aparecen como los antecedentes de su Creación Heroica y, en algunos casos, como asimilables a esta Creación, tal como lo hemos señalado en otro lugar. Pero, hablando con propiedad, la Creación Heroica de Mariátegui tiene su punto de arranque en marzo de 1921, con la escritura del artículo El cisma del socialismo, el primer escrito netamente marxista del maestro. Así, pues, sostenemos que es importante celebrar el centenario de la revista Nuestra Época, por la sencilla razón de que es una excelente oportunidad para dilucidar el punto de partida del proceso intelectual que finalmente llevó a José Carlos Mariátegui a asumir el marxismo-leninismo como el fundamento ideológico del Socialismo Peruano.  
[6] En la primera conferencia en la UPGP, el maestro señaló: “Una parte del socialismo se ha afirmado en su orientación social-democrática, colaboracionista; la otra parte ha seguido una orientación anticolaboracionista, revolucionaria. Y esta parte del socialismo es la que, para diferenciarse netamente de la primera, ha adoptado el nombre de comunismo”. “Aquí, como en Europa, los proletarios tienen, pues, que dividirse no en sindicalistas y socialistas –clasificación anacrónica– sino en colaboracionistas y anticolaboracionistas, en reformistas y maximalistas”. “Yo participo de la opinión de los que creen que la humanidad vive un período revolucionario. Y estoy convencido del próximo ocaso de todas las tesis social-democráticas, de todas las tesis reformistas, de todas las tesis evolucionistas” (Historia de la crisis mundial, EEA, Lima, 1985, pp.21 y 22). Habría que ser muy poco perspicaz para no darse cuenta de que, cuando Mariátegui sostiene que aquí, como en Europa, los proletarios tienen que dividirse en reformistas y maximalistas, está diciendo que tienen que dividirse en socialistas (reformistas) y comunistas (maximalistas). Sólo porque entendía que en su tiempo la degeneración del socialismo no se había producido aún en nuestro medio, y, por lo tanto, la vieja y grande palabra conservaba todavía su grandeza, evitó el término comunismo, que, sin embargo, está implícito como concepto en los términos anticolaboracionistas y maximalistas. Dicho en otras palabras, en el Perú de su tiempo Mariátegui entendió y utilizó el término socialismo como sinónimo del término comunismo, sinonimia que, en la Europa de ese tiempo, había perdido vigencia, pues allí la degeneración del socialismo había impuesto, después de la guerra, designaciones específicas. En consecuencia, en relación a esta realidad, en el Perú de los años veinte el término socialista como título del Partido apareció también como una designación específica.
[7] En dicha nota, García se salta a la garrocha del año 1919 hasta el año 1923, es decir, elude completamente la estadía de Mariátegui en Europa, o sea, omite el período durante el cual el maestro se asimiló al marxismo. Esta deliberada omisión basta como prueba de la torcida intención de su autor.
[8] Lo mismo como conciencia real que como conciencia posible.

01.09.12.


Contribución a la Teoría de las Generaciones del Socialismo Peruano

(Fragmento)


E.I.


La mistificación de las generaciones del Socialismo Peruano

Con su definición de la primera generación del Socialismo Peruano, Mariátegui subrayó la independencia de la primera generación del socialismo marxista con respecto a la primera generación del socialismo reformista. Lo subrayó expresamente y, además, basta saber leer la praxis mariateguiana, para entender que también lo subrayó, como lo hemos indicado arriba, con el establecimiento del marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP.
       
Pero ocurre que Miguel Aragón, Ramón García, etcétera, amalgaman ambas generaciones, y las amalgaman porque no parten de lo ideológico-político sino de la intención de borrar toda demarcación entre el socialismo marxista y el socialismo reformista.

De tal forma sus generaciones resultan siendo generaciones del variopinto socialismo en general, y no, concretamente, del socialismo marxista. Y, así, diluyen este socialismo en el mapa del socialismo en general, y, por lo tanto, liquidan su independencia ideológica y política.

  Por otro lado, es un hecho que García ha levantado el concepto de generación para silenciar el concepto de lucha entre dos líneas (43). De esta forma escamotea la esencia del proceso interno del Socialismo Peruano: la lucha del marxismo-leninismo contra el oportunismo y el revisionismo.

Así, pues, en el examen del proceso del Socialismo Peruano, García prioriza el fenómeno sobre la esencia, lo descriptivo sobre lo analítico, lo cuantitativo sobre lo cualitativo, lo cronológico sobre lo ideológico-político.

El resultado de ello es que 1) niega el concepto mariateguiano de generación del Socialismo Peruano; 2) silencia el carácter de clase del PSP; 3) intenta reemplazar el Socialismo Peruano de Mariátegui por su propio “socialismo peruano”; 5) pretende sentar una base para un partido del variopinto socialismo en general.

La presencia de Magda Portal, Ciro Alegría, Luis Valcárcel, Pedro Zulen, Dora Mayer y Castro Pozo en el listado de la “Primera Generación 1920-1945”, dizque del Socialismo Peruano, preparado por Aragón y publicitado por García en un libro suyo, es prueba irrefutable de nuestro aserto (44).

Dicho listado da, pues, la pauta de lo que pueden ser los listados de las generaciones posteriores, una vez que Aragón se anime a completarlas. 

Conclusión

Tiene razón el marxista italiano Antonio Melis cuando, en el artículo Clase, generación y pueblo en el pensamiento de José Carlos Mariátegui, señala: “[El mito de la nueva generación] pertenece a la obra Defensa del Marxismo, escrita para refutar el célebre panfleto de Henri de Man Au-delà du marxisme… Se trata de una significativa denuncia de las coartadas generacionales, que pertenece a un momento histórico preciso de la polémica marxista, pero que no me parece excesivo y forzado considerar de discreta actualidad en el momento en que se advierte la tendencia, a falta de otros méritos, a presentar la partida de nacimiento como testimonio de fe revolucionaria. Contra todo alarde juvenil, de exaltación indiscriminada y a menudo instrumental de los nuevos alistamientos, el autor afirma la prioridad de la opción clasista, que destruye las frágiles unidades registrales y separa, frente a las elecciones calificadoras, “la paja del grano”, según el propósito de Amauta” (45).

A la coartada de García y sus repetidores de presentar, en cierto marco, la partida de nacimiento como testimonio de pertenencia al Socialismo Peruano, le oponemos la pertinencia del criterio de clase, que separa la paja del grano, el socialismo reformista del socialismo marxista, el marxismo a secas del marxismo-leninismo, el oportunismo y el revisionismo de la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao.


Notas
[43] Prueba nuestro aserto el hecho de que desde hace más de dos décadas ha desaparecido de su literatura el concepto de lucha entre dos líneas. Lo prueba también su intención de tomar el centenario de la revista Nuestra Época como el centenario del Socialismo Peruano, siendo que el centenario de dicha revista es una cosa y otra cosa es el centenario del Socialismo Peruano, es decir, del Marxismo-Leninismo Peruano.
[44] Adónde va el Perú, Editorial Perú Integral, Lima, 2001, p.61. Un análisis detallado de la impertinencia oportunista de considerar a Magda Portal como representante de la primera generación del Socialismo Peruano, se encuentra en el libro inédito El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui, así como un análisis igualmente detallado de los otros casos se encuentra en el libro La creación heroica de Mariátegui y el socialismo peruano. Planteamiento de la cuestión, también inédito. Por lo demás, cabe subrayar en estas líneas que el concepto de generación que maneja el grupo revisionista es una verdadera camisa de fuerza: primera generación de 1920 a 1945; segunda generación de 1945 a 1970; tercera generación de 1970 a 1995; cuarta generación de 1995 a 2020. Es decir, es un concepto meramente cronológico, que, utilizado como es utilizado, le sirve a dicho grupo para escamotear la esencia ideológico-política del proceso interno del Socialismo Peruano.
[45] Leyendo Mariátegui 1967-1998, Empresa Editora Amauta, Lima, 1999, p.280.

10.03.13.




El Socialismo Heroico y Creador:
«Defensa del Marxismo»

(Décimo Quinta Parte)


                                                           Jorge Oshiro


Gramsci hace en este pasaje una diferencia de mucha importancia para su comprensión de Marx. El acentúa el adverbio "normalmente". Y así "normalmente" requiere la formación de la voluntad colectiva de un largo proceso de "filtraciones capilares". En esta perspectiva sigue escribiendo:

          "Por eso normalmente, los cánones del marxismo registran la realidad, la coge y las hacen evidentes y distintas. Normalmente y a través de la lucha de clases siempre más intensificada; es a través de esto que las dos clases del mundo capitalista crean la historia" (Subr.en el orig.).

        Es en esta "normalidad" que descansan las previsiones científicas. Las ciencias necesitan para su contrucción conceptual (siempre provisorios) de la normalidad de los fenómenos, es decir, de la regularidad de sus apariciones, sean éstas naturales o sociales. El objeto del trabajo de Marx en El Capital es científico, sus análisis y sus previsiones son científicas. Por lo tanto estas previsiones descansan en la "normalidad" del desarrollo histórico. Pero Gramsci dirá  más tarde, la historia no es

    "un calcolo matematico; no esiste en essa un sistema metrico decimale...".

Y en ese sentido escribirá:

        "Cada fenómeno histórico es "individuo".

Es decir, el desarrollo histórico no sigue nunca un modelo único, siempre se particulariza, se hace "individuo", lo cual es el total rechazo a cualquier tipo de interpretación mecanicista de la realidad histórica. 

        Así en Rusia, dice Gramsci: 

"...la guerra ha servido de espoliadora de la voluntad".

Esto es: los tres años de guerra produjeron prácticamente el efecto del desarrollo histórico largo en situaciones de "normalidad". A través de los sufrimientos acumulados en tres años, la carestía enorme, el hambre inaguantable, la muerte golpearon con fuerza inaudita a millones de personas. Y así:

"...la voluntad (colectiva:JO) se puso al unísono, mecánicamente al comienzo, activamente, espiritualmente después de la primera revolución (de febrero, nota del editor) (subr.JO)

       El paso del momento "mecánico" al momento "activo-espiritual" es el quid de la cuestión. ¿Cómo las masas adquieren esta voluntad colectiva? ¿Cómo superan el estado de alienación inicial?, ¿Cómo superan el "caos-popolo"del punto de partida?

        El minucioso análisis del papel de los «Massimalisti russi» dará  respuesta a esta pregunta. Dentro del contexto estrecho de esta introducción no podemos detenernos en ella. Daremos solamente los resultados de este examen. Las masas pueden superar este caos inicial porque han logrado formar sus vanguardias:[1]

"Al comienzo son pocos individuos los que vibran bajo la impresión de las corrientes ideales que la gran masa no acoge todavía: los pocos se multiplican, se diseminan en el gran espacio del mundo civil; impresionan grupos y partidos. Comienzan a aparecer oscilaciones de opiniones hasta que todo un estrato social, una clase...se eleva a la comprensión, elabora ella misma una idea. Se revelen relaciones nuevas entre las ideologías y la economía”.
  
          El proceso del crecimiento y la vigorización de la "voluntad colectiva" es un fenómeno que aparece y se desarrolla dentro de una región social más propicia: las grandes fábricas. Es allí donde las posibilidades históricas concretas están más desarrolladas. Es la fábrica y toda su lógica de producción la que crea las condiciones materiales de esta voluntad y no en otras regiones sociales, como el campesinado, que se caracterizan por el desperdigamiento de las fuerzas de producción en zonas bastante amplias.

        Por esto decía Mariátegui que mientras las fábricas son los lugares propicios para el colectivismo, el campo lo es la propiedad privada. La alianza o bloque histórico entre la clase obrera y el campesinado no es por lo tanto una relación "exterior" de estas dos clases que se encuentran "puntualmente" en determinados programas "comunes" en su lucha, sobre todo electoral. Esta alianza tiene que ser "interna", es decir, debe ser resultado de la "hegemonía" del proletariado. Gramsci:

            "Los comunistas turineses se plantearon concretamente la cuestión de la "hegemonía del proletariado", o sea de la base social de la dictadura proletaria y del Estado obrero. El proletariado puede convertirse en clase dirigente y dominante en la medida en que consigue crear un sistema de alianzas de clase que le permita movilizar contra el capitalismo y el Estado burgués a la mayoría de la población trabajadora".





[1] Importante a considerar en esta delicada relación entre las masas y las vanguardias, es decir la parte más avanzada de la propia masa son los siguientes puntos: (1). Que entre la "vanguardia" y la "masa" no hay una relación de "Espíritu" y "Materia", tal como lo concebían los neohegelianos, "Bruno Bauer y consortes", a los que critican Marx y Engels en la «Sagrada Familia». La vanguardia no es el Principio de Actividad, ni la masa el Principio de Pasividad. (2). Que la vanguardia no es un elemento que viene del "exterior" de las propias masas, ella es parte de las masas. Esta es la gran diferencia entre la Revolución Francesa y la Revolución Rusa. En Rusia no hubo jacobino, dice con fuerza nuestro autor. (3). Que la dialéctica "vanguardia-masa" representa solamente el primer estadio del proceso de cambio. (4). Que en un estadio más avanzado del proceso revolucionario, la masa "absorbe" la vanguardia en cuanto que la masa eleva su consciencia y con ella voluntad colectiva en el seno de la masa. Por lo tanto: (5). Que en la dialéctica "vanguardia-masa", el peso o grado de importancia lo tiene la vanguardia en su fase inicial y luego paulatinamente va pasando a la misma masa, en cuanto que ella va descubriendo su identidad y eleva su potencia.(6). Que Gramsci, al dar el peso estratégico a las masas en el desarrollo histórico, da al mismo tiempo, y como consecuencia, el peso estratégico a lo social (las masas) frente a lo político (la vanguardia, el partido), es decir a la sociedad (la masa organizada) sobre la política (Estado) en otras palabras, a la sociedad civil sobre la sociedad política. (No debemos olvidar que en una sociedad sin clases la sociedad política es superflua.




La Clase Media y la Máscara de 

Agrupaciones Estadísticas

Jan Lust

En la última década, la evolución económica del Perú no sólo ha provocado discusiones sobre la sostenibilidad del modelo de desarrollo basado en la extracción de los recursos minerales del país, sino también ha generado debates sobre la clase media. Se considera que el crecimiento económico de la década pasada se ha traducido en el crecimiento y fortalecimiento de la clase media peruana.

Los debates actuales sobre la clase media no son discusiones sobre el concepto de la clase media, sino, más bien, en dónde poner los límites de clase con el fin de determinar su tamaño. Estas discusiones no nos ayudan a entender cómo la estructura social peruana ha cambiado como resultado de las fuerzas de desarrollo capitalista desatadas durante la última década. Es más bien un factor en la lucha de clases ideológica entre las fuerzas de la resistencia al modelo de desarrollo actual y las clases en el poder.

Determinar la estructura social de la sociedad en base a la relación del individuo con el ingreso podría ser útil para describir las diferencias en las condiciones sociales de los diferentes estratos de la población, y tal vez con el fin de construir políticas para aliviar los problemas sociales como la pobreza, sin embargo, no nos permiten llegar a la raíz estructural de estos problemas. Una definición de la clase media en base a las categorías de ingresos hace que sea posible sostener que el Perú se ha transformado, en parte, en una sociedad de clase media. Además, mediante la definición de la clase media sobre la base de las categorías de ingresos, los hacían posible “eliminar” la clase capitalista, la clase obrera y el campesinado y sustituirlas por las categorías de la clase baja (pobres), la clase vulnerable (no pobres y no de la clase media), la clase media y la clase alta. Como consecuencia de ello, no hay más conflictos sobre la posesión de los medios de producción y la explotación se ha convertido en un concepto anticuado.

Una definición de la clase media en base de los ingresos tiene la desventaja de que los límites de clase sucumben a la arbitrariedad como no existen criterios objetivos y generalmente aceptados para determinar dónde poner los límites de clase. Los diferentes puntos de vista que existen actualmente sobre el tema de la clase media son precisamente aquellos en dónde poner los límites de clase, calculado en base de categorías de ingresos.

Como un ejemplo de la falta de idoneidad para definir la clase media sobre la base de los límites de ingresos, analizamos los límites de clase propuestos por los autores peruanos Gamero y Zeballos en su trabajo “Presentación” en Perú Hoy. La clase media ¿existe?, publicado por Desco (2003), y el texto de Adriánzen “Caída de las clases medias y autoritarismo” en el mismo libro de Desco. Antes de desarrollar nuestros argumentos, presentamos dos tablas sobre la Población Económicamente Activa (PEA) y la remuneración promedia de la misma.

Tabla 1: PEA total ocupada y EAP según tamaño de la empresa (en porcentajes de la PEA total ocupada): 2003-2013

Individuos empleados
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
2012
2013
PEA total ocupada (x1000)
12836.7
13059.8
13120.4
13683.0
14197.2
14459.2
14757.7
15089.9
15307.3
15541.5
15683.6
1-10
78,2%
78,0%
76,9%
76,1%
75,2%
74,0%
73,2%
73,5%
72,5%
70,9%
70,9%
11-50
6,8%
6,6%
7,1%
6,8%
7,0%
7,6%
7,7%
7,4%
7,2%
7,6%
7,8%
51 y más
13,9%
14,4%
14,9%
16,0%
16,7%
17,3%
18,0%
17,8%
18,8%
19,7%
20,0%
No especificado
1,1%
1,1%
1,1%
1,0%
1,1%
1,1%
1,1%
1,3%
1,5%
1,8%
1,3%

Tabla 2: La remuneración promedio de la PEA ocupada según tamaño de la empresa: 2001-2012 (en nuevo soles)

Tamaño de las empresas en personas empleadas
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
2012
1-10
458.9
487.1
482.4
465.2
471.0
488.8
551.6
624.3
657.1
698.1
775.4
824.3
11-50
862.9
1059.0
966.3
946.4
931.3
1014.9
1030.1
1081.2
1213.1
1229.6
1342.6
1347.5
51 y más
1250.0
1342.6
1574.3
1363.2
1326.8
1426.5
1516.6
1660.7
1786.7
1748.0
1798.1
1937.4

Gamero y Zeballos determinaron los límites de clase de las familias de clase media en el año 2003 entre los umbrales de 1482 y 4258 nuevos soles. De acuerdo con la remuneración promedio de la PEA ocupada en el año 2003, sólo las personas que trabajaban en empresas que empleaban a 51 personas o más obtuvieron un ingreso suficientemente alto como para ser consideradas como clase media, es decir, el 13,9% de los ocupados. El resto de las personas que trabajaba no contaba como clase media. ¿Entonces, qué fueron? ¿Ellos fueron los casi pobres, los trabajadores pobres?

Los límites de la clase propuestos por Adrianzén hacen más difíciles de encontrar individuos que pertenecen a la clase media. En este caso, los límites son 1864 y 3322 nuevos soles. La remuneración promedio en 2003 de las personas que trabajaban en empresas que empleaban a 51 o más personas no era lo suficientemente alto como para contar estos individuos como pertenecientes a la clase media. Entonces, ¿quiénes formaron parte de la clase media?

En el caso del límite inferior de Gamero y Zeballos, solamente a partir de 2007 las personas que trabajaban en empresas que empleaban a 51 o más individuos se consideraban como parte de la clase media. En el caso del límite inferior de Adrianzén esto sucedió en el 2012. En términos generales, esto significa que en el periodo 2007-2012 entre el 16,7% y el 19,7% de la PEA ocupada, o entre 2.370.932 y 3.061.675 personas, pertenecieron a la clase media. ¿Y a qué clase perteneció el resto de las personas que trabajaba? ¿Ellos formaban parte de la clase trabajadora porque ganaban menos que la clase media? ¿Ellos fueron campesinos? Pero ¿quiénes fueron las personas que ganaban más que la clase media? ¿Ellos fueron los dueños de los medios de producción?

        En su trabajo Gamero y Zeballos se refieren a las familias que pertenecen a la clase media. Debe ser obvio que en los hogares que tienen más de un sostén es posible que individualmente estas personas no pertenezcan a la clase media e incluso podría ser considerado como pobre. Esto es, por supuesto, la muerte de cualquier análisis que propone contribuir a la comprensión de la estructura social de la sociedad.

Los debates sobre el tamaño de la clase media son discusiones sobre la clase media como una agrupación estadística. Aunque se presentan estos debates como herramientas para iniciar a comprender la evolución de la estructura social, en realidad, estas discusiones confunden más que clarifican. Además, mediante el uso de las categorías de ingresos para determinar la clase media es política y sociológicamente posible eliminar la clase obrera. Por supuesto, esto también hace posible la eliminación de la clase capitalista y, como consecuencia, la eliminación de la necesidad de la lucha de clases para cambiar las estructuras sociales de la sociedad.

Para que las clases dominantes puedan utilizar el espectro de la clase media como un instrumento político e ideológico, los límites de clase deberían ser fijados en éstos niveles que permitan aumentar sustancialmente la clase media. Existen varios artículos de los intelectuales de la burguesía que tienen justamente eso como objetivo. Hay autores que consideran la clase media en desarrollo como trabajadores que ganan entre US $4 y US $13 por día (en paridad de poder adquisitivo). En el caso del Perú, esto significa que todo el mundo que actualmente gana el salario mínimo está considerado como clase media. Sobre la base de la remuneración promedio de 2012 es posible concluir que el conjunto de la PEA ocupada puede considerarse como clase media.

Concluimos que los debates actuales sobre la clase media ayudan a eliminar cualquier discusión sobre los fundamentos sociales y económicos que han causado el surgimiento de la estructura social particular de la sociedad. Como tal, estos debates contribuyen a ocultar las realidades sociales y económicas detrás de esta estructura.

Al considerar la estructura de la sociedad como el conjunto de agrupaciones estadísticas particulares, ya no es posible determinar lo que ha causado que las personas se encuentren en las agrupaciones estadísticas A, B, C, D y E. Esto es muy conveniente para las clases en el poder ya que contribuye a difundir una práctica reformista entre las clases y capas sociales que podrían ser consideradas como las fuerzas para el cambio transformacional, es decir, hacia el socialismo.

Pensamos que una definición de la clase media en base a criterios tales como la propiedad sobre los medios de producción, el control sobre los medios de producción, el control sobre la fuerza de trabajo y el papel de los individuos en la producción y la reproducción del sistema capitalista es superior al definir la clase media sobre la base de las categorías de ingresos. Al mismo tiempo que estos criterios contribuyen a la comprensión de la estructura social de la sociedad, también ayudan a crear la conciencia de la necesidad de derrocar el sistema capitalista. Exactamente esto es lo que la práctica para definir la clase media sobre la base de las categorías de ingresos trata de evitar.


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