viernes, 1 de mayo de 2015

Historia


(Quinta Parte)


Emilio Choy


PARA EL BARÓN DE HUMBOLDT, el sobrino del Inca, Andrés Condorcanqui, hijo de una hermana unida a un fraile apellidado Noguera o Mendagure, influyó en el ánimo de Túpac Amaru de tal manera que éste amplió el sentido de la rebelión convirtiéndola en una guerra de castas (6).

La guerra de castas no podía desencadenarse en razón de un sim­ple consejo. La lucha de castas era el resultado lógico de la opresión que sufrían las masas indígenas, no sólo de parte de los españoles, sino también de los criollos y mestizos. Pero el Inca reveló estar mal orientado cuando pretendió identificar a la lucha por la independencia la destruc­ción del patrimonio económico de quienes habían estado de acuerdo en cooperar con él, antes de que ocurriera la rebelión. Que Túpac Amaru contaba con un amplio partido, inclusive en el sector criollo, es un he­cho; pero, las medidas adoptadas en el curso de la rebelión lo divorciaron de aquellos cuya ayuda era más necesaria. A todas luces las medidas a que hemos aludido beneficiaban en forma directa a los intereses de los comerciantes y los productores ingleses. No había tendencia a superar las formas de producción nacionales, sino a destruir las existentes. El movimiento podía crecer, pero sin encontrar salida. Esto fue lo que ocurrió.

La participación inglesa empujó al movimiento por la dirección que parecía más conveniente (porque los beneficiaba), pero era falsa y lo llevó al desastre. Las condiciones, a fines del siglo XVIII, no eran favorables para que el indígena pudiera destruir la propiedad de las haciendas, como dice el poema: "Casa, hacienda, ni esplendores / ninguno alcanzará honores".

Las probabilidades de triunfar que tenía Túpac Amaru eran enormes, de haberse consolidado la alianza con los criollos, pero el abismo que se creó entre el movimiento indígena y los propietarios de obrajes, terra­tenientes, mineros, fue de tal magnitud que impidió irremediablemente la formación de un bloque unido capaz de luchar con éxito contra el poder virreinal, a pesar de que los criollos estaban descontentos por los impuestos que había implantado Areche, medidas que afectaban las manufacturas y la agricultura, dictados por los cuantiosos gastos que tenía que realizar Carlos III para continuar la guerra que sostenía contra Inglaterra, como aliado de Francia y de la joven república norteameri­cana.

El descontento de un sector –los criollos– se exteriorizó en pasqui­nes y asaltos contra las aduanas que venían a arruinar a comerciantes y productores en general. En uno de ellos se decía que si "Túpac Amaru vencía era malo y si Areche triunfaba, era peor". Este punto de vista reflejaba los deseos de aquellos que eran partidarios de un virrey tole­rante, opuesto al alza de las alcabalas, como era Guirior. Este virrey, enemistado con Areche por cuestiones administrativas, comprendía que la elevación en un 50% del impuesto que tenía que abonar todo el que hiciera una venta (del 4 al 6%), afectaría las operaciones comerciales de todo el virreinato, y mantuvo la tasa de 4% por la influencia de sus amigos criollos, ricos hacendados. Los comerciantes también se oponían al aumento de la alcabala, por lo que Guirior, expresando el punto de vista de los comerciantes y hacendados nativos, hizo una representación a la corte que tuvo como respuesta una viva amonestación prohibiéndole meterse en asuntos que concernían al visitador Areche (7).

La creencia de que los británicos empujaban a los criollos, por otro lado, no era infundada. La sublevación de Arequipa a comienzos de 1780

"aparece dirigida secretamente, —dice J. Cornejo B.— por personas que pesaban en la cosa pública, de ahí ese bando mis­terioso de perdón, y la apatía de las autoridades, por lo menos, al comienzo de los desórdenes; además, se habló de ponerse bajo el asilo de la dominación británica, y esta medida implica vasta mira de acción en el porvenir" (8).

Que los partidarios de separarse de España para proclamarse súbditos británicos ejercieron notable influencia en los movimientos insurreccio­nales de diversas partes de América es visible, sobre todo en lo que respecta a ciudades como La Paz y Arequipa (9). En La Paz apareció un pasquín de carácter netamente separatista, el 4 de marzo de 1780, pasquín en el que puede encontrarse que la influencia de los descontentos jesuitas o los partidarios de éstos no estaba ausente. Porque, por una coincidencia que muy de vez en cuando  se repite en la historia de la humanidad, las corrientes religiosas obran contradictoriamente. Nadie hubiera imaginado que los hermanos de Loyola, que se organizaron para exterminar a los heréticos de la Reforma, trabajasen al servicio de una potencia como gran Bretaña, en contra de un gobierno católico como el de Carlos III; como ocurrió con algunos jesuitas que eran utilizados por el gobierno inglés para la realización de sus actividades separatistas en virtud del secreto ofrecimiento de restablecer la Orden, expulsada de América.

Notas
[6] B. Lewin, ob.cit. pág.199.
[7] "Encomendó el Rey al Visitador la extinción de los derechos de avería y otros impuestos que se pagaban en las aduanas del Perú, unificando todos ellos en una alcabala de 6% por lo que el nuevo sistema les resultaba gravoso; en cambio, los comerciantes que traficaban en efectos europeos se beneficiaban con el nuevo im­puesto, pues anteriormente debían cotizar hasta un 12%, y se les reducía así a la mitad... Cuando Areche trató de imponer la alcabala -también para los géneros del país, encontró en los propietarios aborígenes una oposición declarada..."
"Guirior se constituyó en valedor de los hacendados y sostuvo con éstos que el aumento de la alcabala del 4 al 6% no debía entenderse con los frutos del país..."
"El gobierno le reprendió vivamente, mandándole que no se mezclase en las cues­tiones que estaban encargadas al Visitador. Una Real Orden aclaratoria del 13 de agosto de 1779 volvió a ordenar que los frutos del Perú pagaran el 6% de alcabala en todas las ventas y reventas". (V. Palacio Atard.Areche y Guirior. Sevilla 1946, págs. 26-28).
[8] Jorge Cornejo Bouroncle. Túpac Amaru. Cuzco, 1949, págs. 92-93.
[9] Los británicos aprovecharon el descontento de los criollos, que se exteriorizó primero en pasquines y después en asaltos contra las aduanas que venían a arrui­nar a comerciantes y productores del país. La propaganda pasquinesca ejerció una vasta influencia en todos los sectores del virreinato. Conviene destacar que no sólo el pueblo hacía uso de ella. Para contestar un pasquín popular las autoridades replica­ban con otro. Así como se usaba de los libros para difundir, agitar en forma profunda las corrientes ideológicas, el pasquín era el medio de exposición de los partidos, o sea que todo pasquín era el reflejo de determinada tendencia, ya de las autoridades, de los religiosos o de los burgueses. Citaremos trozos de un pasquín rimado en el cual se refleja el tono favorable al Rey de Inglaterra:

Que el Rey de Inglaterra
es amante de sus basallos,
al contrario él de España
a lo del señor Dn. Carlos (Tercero).

En líneas anteriores decía:

   Ea nobles i plebeyos
   a quando pues esperamos
   que sin pérdida de tiempo
   todos nos lebantamos?
   Tras uno seguirán todos
   con esfuerzo unibersal
   Y dirán que viva el Rey
   y en su govierno muera el mal.

      (Palacio Atard, ob. cit. págs. 16-17)

En otro pasquín, los enemigos de la aduana, con expresiones conciliadoras piden la paz al Corregidor o Alcalde Mayor de Arequipa, Setmanat. Apareció probablemente después que se logró la rebaja de las alcabalas, y pertenece a un bando diferente al que defendía al Rey de Inglaterra:

   Hagamos la paz yá
   O prudente Setmanat,
   bajo de la calidad
   de no admitir más Aduana,
   pues esta sí que es patraña;
   y así la mejor azaña
   es no meter más cizaña
   para otra gran ladronera
   porque en aquesta moneda
   no se paga al Rey de España.

Setmanat, valiéndose del mismo medio de propaganda, respondió:

   Por un pasquín me han pedido
   de que conceda la paz,
   no viéndose en mí jamás  
   q’a nadie haya aborrecido
   Si yo he estado sentido
   por los hechos que se ven
   muy cerciorados estén
   q’con solo haberme hablado
   todo se hubiera acabado
   y lográndose por bien.

   La paz la he solicitado
   q’es mi anhelo y mi vivir
   pues q’no intento afligir
   ni aun al más desamparado,
   y así todo se ha acabado,
   q’esto es solo lo que quiero,
   como de Arequipa espero,
   que viva con paz y amor
   dando gracias al Señor
   y viva Carlos tercero.

   Solicite hablar conmigo
   el autor de este Pasquín,
   y sabremos con qué fin
   promete ser nuestro amigo.

      (L.A. Eguiguren. Crónica de Melchor Paz., t.I, Pág. 258)

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