martes, 2 de diciembre de 2014

Política


Mariátegui y el Frente Unido



     Eduardo Ibarra

 
En las notas preparatorias de su tercera conferencia en la Universidad Popular Gonzáles Prada (UPGP), 30 de junio de 1923, Mariátegui escribió: "soy partidario antes que nada del frente único proletario. Tenemos que emprender juntos muchas largas jornadas. Antes que agrupar a los trabajadores en sectas o partidos agruparlos en una sola federación. Cada cual tenga su filiación, pero todos el lazo común del credo clasista" (t.8, p.33). Y en su Mensaje al Congreso Obrero, enero 1927, declaró: "El frente único de los trabajadores, es nuestro objetivo" (t.13, p.114).

Como se puede ver, Mariátegui habla del frente unido de la clase obrera, del frente de los trabajadores en cuanto trabajadores. Lo dice él mismo sin dejar margen a dudas: "Antes que agrupar a los trabajadores en sectas o partidos agruparlos en una sola federación".

Por supuesto, de suyo se comprende porqué Mariátegui luchó antes que nada por el frente sindical del proletariado. En su artículo El 1º de Mayo y el Frente Unico, 1924, declaró: "El movimiento clasista, entre nosotros, es aún muy incipiente, muy limitado (...) Tenemos que emprender juntos muchas largas jornadas. Nos toca, por ejemplo, suscitar en la mayoría del proletariado peruano, conciencia de clase y sentimiento de clase. Esta faena pertenece por igual a socialistas y sindicalistas, a comunistas y libertarios" (ibídem, p.108. Elipsis nuestra). Y en su ya citado Mensaje al Congreso Obrero, afirmó: "Extraviarse en estériles debates principistas, en un proletariado donde tan débil arraigo tienen todavía los principios, no serviría sino para desorganizar a los obreros cuando de lo que se trata es, justamente, de organizarlos" (ibídem, p.113).

Así, pues, la insipiencia de la conciencia y de la organización clasistas del proletariado llevó a Mariátegui a luchar antes que nada por el frente sindical de los trabajadores.

Durante seis años, de 1923 a 1929, Mariátegui luchó victoriosamente contra el mutualismo, el anarquismo, el anarco-sindicalismo y la desviación aprista y, de este modo, alcanzó a organizar el frente unido sindical del proletariado, la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP).

Este proceso de constitución del frente unido sindical de la clase obrera tuvo de espontáneo y de consciente al mismo tiempo. Esto quiere decir que la CGTP fue "formada de abajo para arriba, es decir por organismos nacidos en las fábricas, talleres, minas, empresas marítimas y terrestres, por los trabajadores agrícolas y campesinos, por las grandes masas de indios explotados" (ibídem, p.153), pero, en la medida en que Mariátegui y su equipo de colaboradores cumplieron en este proceso un papel especialmente importante, puede decirse que al mismo tiempo fue construida de arriba abajo.

En la revista Amauta y especialmente en el periódico Labor, pero también en Claridad, Bohemia Azul, El Obrero Textil y otras publicaciones, puede apreciarse la inmensa labor teórica de Mariátegui en punto a la organización clasista de los trabajadores. Y, en su participación personal en numerosas reuniones abiertas y cerradas, en eventos obreros y campesinos puede apreciarse su intensa actividad práctica con vistas al mismo objetivo.

El Partido Socialista del Perú se fundó el 7 de octubre de 1928 y la CGTP el 17 de mayo de 1929. La relación entre estos dos acontecimientos explica que, en su artículo Admonición del 1º de Mayo, 1929, prácticamente Mariátegui hiciera un llamado a luchar por el socialismo: "La lucha por el socialismo no se nutre de evocaciones dolientes o coléricas ni de esperanzas exaltadas. Es, antes que nada, acción concreta, realidad presente" (ibídem, p.118).

El cambio de apreciación es evidente. Mariátegui ha dejado atrás la consideración de que "Están demás todas las discusiones bizantinas sobre metas remotas. El proletariado de vanguardia tiene, bajo sus ojos, cuestiones concretas" (ibídem, p.114).

Resueltas estas cuestiones y fundado el Partido Socialista, Mariátegui consideró oportuno sostener que la lucha por el socialismo es "acción concreta, realidad presente". De este modo hizo extensiva a las clases trabajadoras la tarea central del Partido, la tarea de luchar por la conquista del Poder.

Evidentemente, esto es ya plantear el frente político del proletariado. Y aunque entonces este frente no cobró una determinada forma orgánica, es un hecho que, en la conciencia de Mariátegui, comprendía a las clases trabajadoras representadas por la CGTP, otras organizaciones populares y al recién fundado Partido Socialista, como base del frente unido del pueblo peruano.
 
En el ciclo de charlas en la UPGP ofrecido al sector de vanguardia de la clase obrera de entonces, pueden apreciarse los primeros pasos de la inmensa labor de educación realizada por Mariátegui con vistas a la constitución del frente político del proletariado peruano.

He aquí, pues, las dos formas del frente unido del proletariado por los que luchó Mariátegui: la forma sindical y la forma política.

Paralelamente a esta labor de constitución del frente unido proletario, desde 1925 "los elementos de vanguardia del Perú", entre ellos Mariátegui, "aceptan, en principio, el Apra, que hasta por su título se presenta como una alianza o frente único" (ibídem, p.102). Este frente no era ya ni el frente sindical ni el frente político del proletariado; es, notoriamente, un frente que quería unir a todas las fuerzas unibles en la lucha común contra el enemigo común. Pero este frente en realidad "no pasó nunca de ser un plan, un proyecto, una idea" (t.13, p.210), y, además, la desviación aprista lo convirtió más o menos tempranamente en "Partido Nacionalista Libertador".

En tal circunstancia, Mariátegui se vio precisado a fundamentar teóricamente la irrenunciable independencia política de la clase obrera, la necesidad de un frente unido antiimperialista y antifeudal y la indispensable hegemonía del proletariado. Esta labor está contenida principalmente en las cartas del 16 de abril de 1928 y del 10 de julio del mismo año dirigidas a la célula de México, en su tesis Punto de Vista Anti-Imperialista y en el Acta de Constitución del PSP.

Precisamente en la carta colectiva Mariátegui afirmó que "Los elementos de izquierda que en el Perú concurrimos a su formación, constituimos de hecho -y organizaremos formalmente- un grupo o Partido Socialista, de filiación y orientación definidas que colaborando dentro del movimiento con elementos liberales o revolucionarios de la pequeña burguesía y aun de la burguesía, que acepten nuestros puntos de vista, trabaje por dirigir a las masas hacia las ideas socialistas" (Martínez de la Torre, Apuntes para unas interpretación marxista de historia social del Perú, t.II, p.301).
 
Y, consecuente con su método de que "nuestra praxis debe corresponder a la realidad que tenemos delante", puntualizó acerca del frente: "Como socialistas, podemos colaborar dentro del Apra o alianza o frente único, con elementos más o menos reformistas o socialdemocráticos -sin olvidar la vaguedad que estas designaciones tienen en nuestra América- con la izquierda burguesa y liberal, dispuesta de verdad a la lucha contra los rezagos de feudalidad y contra la penetración imperialista" (ibídem, p.300). Y subrayó: "La colaboración de la burguesía, y aún de muchos elementos feudales, en la lucha anti-imperialista china, se explica por razones de raza, de civilización nacional, que entre nosotros no existen. El chino noble o burgués se siente entrañablemente chino. Al desprecio del blanco por su cultura estratificada y decrépita, corresponde con el desprecio y el orgullo de su tradición milenaria. El anti-imperialismo en la China puede, por tanto, descansar fundamentalmente en el sentimiento y en el factor nacionalista. En indoamérica las circunstancias no son las mismas. La aristocracia y la burguesía criollas no se sienten solidarizadas con el pueblo por el lazo de una historia y de una cultura comunes. En el Perú, el aristócrata y el burgués blancos, desprecian lo popular, lo nacional. Se sienten, ante todo, blancos. El pequeño burgués mestizo imita este ejemplo (...) El factor nacionalista por estas razones objetivas... no es decisivo ni fundamental en la lucha anti-imperialista de nuestro medio. Sólo en los países como en la Argentina, donde existe una burguesía numerosa y rica, orgullosa del grado de riqueza y poder de su patria, y donde la personalidad nacional tiene por muchas razones contornos más claros y netos que en estos países retardados, el anti-imperialismo puede penetrar fácilmente en los elementos burgueses, pero por razones de expansión y crecimiento capitalista y no por razones de justicia social y de doctrina socialista como es nuestro caso" (ibídem, p.301).

Como es evidente, Mariátegui planteó allí el frente unido "con la izquierda burguesa y liberal". Y tuvo presente el factor raza, que, en el Perú, "se complica con el factor clase", y, de esta manera, llegó a la conclusión de que la burguesía nativa no tiene un sentimiento nacionalista que la convierta en un elemento de la lucha contra el imperialismo. Esta profunda observación de Mariátegui ha sido corroborada por más de setenta años de historia continental. Por último, señaló que en Latinoamérica el nacionalismo burgués puede prosperar en países donde la burguesía es comparativamente más vigorosa, pero, igual que en el caso del Kuomintang, la experiencia ha demostrado también cuán poco se podía confiar en este nacionalismo burgués.

En Punto de Vista Anti-Imperialista, Mariátegui retomó las ideas centrales de la carta colectiva y agregó otras en su irrenunciable propósito de "acomodar la acción revolucionaria a una apreciación exacta de nuestra propia realidad".

Estas ideas, suscintamente expuestas, son las siguientes: 1) con excepción de los países centroamericanos donde la intervención directa del imperialismo produjo un cierto sentimiento nacionalista en algunos sectores de la burguesía, en los países latinoamericanos las burguesías nativas no tienen predisposición a luchar contra el imperialismo; 2) el antiimperialismo no constituye por sí solo un programa político, un movimiento de masas que se basta a sí mismo y que conduce espontáneamente al socialismo; 3) el imperialismo utiliza el poder de la clase feudal en tanto clase dominante, pero sus intereses económicos no son los mismos; 4) la pequeña burguesía puede llegar a una alianza con el imperialismo en la lucha contra los resabios feudales y estorbar así la orientación clasista de las masas; 5) ni la burguesía ni la pequeña burguesía en el poder pueden hacer una política antiimperialista; 6) el socialismo encontraría su más encarnizado y peligroso enemigo en la pequeña burguesía afirmada en el poder; 7) el nacionalismo burgués que eventualmente puede darse en algunos países latinoamericanos, no anula el antagonismo de clases; 8) solo la revolución socialista opondrá al imperialismo una valla definitiva y verdadera; 9) somos revolucionarios porque oponemos al capitalismo el socialismo como sistema antagónico llamado a sucederlo.

En resumidas cuentas, Mariátegui planteó que en los países latinoamericanos que no conocen la intervención directa del imperialismo, el factor nacionalista no es decisivo ni fundamental en la lucha anti-imperialista (se refiere al nacionalismo burgués); en estos países (y no solo en estos países en la medida en que las burguesías latinoamericanas han demostrado no tener la potencia necesaria para cumplir la misión que históricamente les correspondía), los verdaderos factores de la lucha contra el imperialismo son más bien razones de justicia social y de doctrina socialista. En otras palabras, no es el nacionalismo burgués sino el nacionalismo proletario el verdadero sustento de la lucha contra el imperialismo.

Esta constatación es ya el planteamiento de la hegemonía del proletariado en el frente unido antiimperialista y antifeudal, planteamiento que cobra una forma más evidente todavía en los términos siguientes: “Sin prescindir del empleo de ningún elemento de agitación anti-imperialista, ni de ningún medio de movilización de los sectores sociales que eventualmente pueden concurrir a esta lucha, nuestra misión es explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera" (t.13, p.91).

En el Acta de Constitución del PSP, Mariátegui puntualizó: “La organización sindical y el partido socialista, por cuya formación trabajaremos, aceptarán contingentemente una táctica de frente único o alianza con organizaciones o grupos de la pequeña burguesía, siempre que éstos representen efectivamente un movimiento de masas y con o0bjetivos y reivindicaciones concretamente determinados” (Martínez de la Torre, Apuntes, t.II, p.398).

En la carta del 16 de abril de 1928, en la carta colectiva del 10 de julio del mismo año, en la tesis Punto de Vista Anti-Imperialista, en los artículos El 1º de Mayo y el Frente Unico, Admonición del 1º de Mayo y Mensaje al Congreso Obrero y en el Acta de Constitución del PSP se encuentra, pues, la fundamentación teórica de la necesidad del frente unido y la sustentación de sus principios básicos.

Pero todavía es necesario señalar que, con el Manifiesto de la "Confederación General de Trabajadores del Perú" a la Clase Trabajadora del País, Mariátegui dotó a las clases trabajadoras de una fundamentación teórica de sus reivindicaciones inmediatas, y que, con sus Principios Programáticos del Partido Socialista, dotó al entero pueblo peruano del factor fundamental para su unidad en la lucha por la conquista del Poder.

Del primer conjunto de materiales es necesario destacar estos conceptos: “El frente único no anula la personalidad, no anula la filiación de ninguno de los que lo componen. No significa la confusión ni la amalgama de todas las doctrinas en una doctrina única. Es una acción contingente, concreta, práctica. El programa del frente único considera exclusivamente la realidad inmediata, fuera de toda abstracción y de toda utopía. Preconizar el frente único no es, pues, preconizar el confusionismo ideológico. Dentro del frente único cada cual debe conservar su propia filiación y su propio ideario. Cada cual debe trabajar por su propio credo. Pero todos deben sentirse unidos  por la solidaridad de clase, vinculados por la lucha contra el adversario común, ligados por la misma voluntad revolucionaria, y la misma pasión renovadora. Formar un frente único es tener una actitud solidaria ante un problema  concreto, ante una necesidad urgente. No es renunciar a la doctrina que cada uno sirve ni a la posición que cada uno ocupa en la vanguardia” (t.13, pp.108-109).

En conclusión, es un hecho que Mariátegui estableció el principio táctico del frente unido, la lucha contra el adversario común, y, al mismo tiempo, su principio estratégico, la hegemonía del proletariado, es decir, la lucha por el socialismo.

Y solo un frente con este principio táctico y este principio estratégico puede llevar adelante las dos etapas de la revolución como un proceso único e indivisible.

Este es el legado que Mariátegui dejó al pueblo peruano en punto al frente unido. Y, por supuesto, en este legado hay que distinguir lo contingente de lo permanente. Y desarrollar esto último de manera que nuestra acción presente corresponda directa y exactamente a la realidad que tenemos delante.
 
10.08.03.

  

El Socialismo Heroico y Creador:
«Defensa del Marxismo»

(Décima Parte)

 
                                                                                                  Jorge Oshiro

 
Moral y Religión

 
Mariátegui continúa sus reflexiones en «Defensa del Marxismo» afirmando:

"Cien derrotas han sufrido en esos países (europeos) los partidos socialistas, las masas sindicales. Sin embargo, cada nuevo año, la elección y la protesta, una movilización cualquiera, ordinaria y extraordinaria, las encuentra siempre acrecidas y obstinadas".
 
Estamos otra vez en esta frecuente imagen de la persistencia moral de la clase obrera. Ya en «El hombre y el Mito» hablaba de Renán y su constatación de "la fe religiosa de los socialistas", constatando su inexpugnabilidad a todo desaliento.

"A cada experiencia frustrada, recomienzan. No han encontrado la solución: la encontrarán. Jamás los asalta la idea de que la solución no exista. He allí su fuerza"

decía el viejo novelista y pensador francés. Y en este texto que estamos analizando vuelve Mariátegui al literato francés:

"Renán reconocía lo que de religioso y de místico había en esta fe social".


La íntima relación entre los conceptos de religión y moral se manifiesta claramente en este pasaje. Y es tan íntima que es imposible reconocer los límites fronterizos entre una y la otra. De tal manera que se podría postular la identidad de estas dos categorías. Del momento que la moral para Mariátegui no es un código de Mandamientos ni una reflexión metafísica sino que emana del comportamiento de los obreros en la fábrica y en la lucha de clases y que esta moral lo define nuestro autor como la "elevación" de los obreros hacia comportamientos heroicos, esta fuerza o potencia moral es a la vez un fenómeno religioso tal como se manifiesta en el concepto de "ascetismo".

La religión por lo tanto nada tiene que ver con alguna creencia más o menos pasiva y dogmática de algunos principios o personas sobrenaturales. Ya decía Mariátegui, valga la reiteración, que "los motivos religiosos se han desplazado del cielo a la tierra. No son divinos; son humanos, son sociales" («El hombre y el mito»). Por lo tanto la religión se da en este mundo y lo Absoluto tanto para Mariátegui como para Spinoza es una entidad del «Reino de este mundo».

Mariátegui es un pensador sustancialmente religioso. Pero él revoluciona el concepto mismo de Religión. Hace de ella un todo orgánico, integrado íntimamente con las otras actividades humanas.

Y al integrar íntimamente "El factor religioso" en lo humano, lo profundiza, lo intensifica, lo eleva. Pero para cumplir esta función tiene que desplazarse "del cielo a la tierra". "El factor religioso" tiene que hacerse moral, tiene que hacerse política, estética, etc. o como diría Unamuno, "tiene que hacerse carne" para poder existir.

El marxismo: determinismo de lo viviente.

Una crítica frecuente contra el marxismo es su pretendido "fatalismo". Mariátegui escribe al respecto:

"Otra actitud frecuente de los intelectuales...es la de exagerar interesadamente el determinismo de Marx y su escuela".

Esta afirmación de la "exageración" implica primeramente la aceptación de parte de Mariátegui del determinismo en Marx. El pensamiento marxista supone un determinismo. El problema está  en la cualidad y el sentido de este determinismo, lo cual implica el examen crítico de este concepto. La pregunta por lo tanto es: ¿En qué sentido es el pensamiento de Marx determinista y en qué sentido no lo es?

Por otro lado la "exageración" no es fortuita. Implica para Mariátegui una distorsión del marxismo para darle una investidura que no le corresponde, el cientifismo positivista. En otra palabra, convertirlo en

"un producto de la mentalidad mecanicista del siglo XIX".

Y de esta manera descalificarlo, considerando la decadencia del mecanicismo a comienzos de siglo XX. Pues en los momentos que escribía Mariátegui se consideraba, por parte de una vasta corriente de intelectuales europeos, como superada la visión mecanicista de la realidad y como se interpretaba al marxismo como una variante más del mecanicismo decimonónico, por esta via se afirmaba también su decadencia. Esta posición es retomada por De Man. Pero no en su forma abierta:

"Hay que constar" -declara- "que Marx no merece el reproche que con frecuencia se le dirige de ser un fatalista, en el sentido que negara la volición humana en el desarrollo histórico; lo que ocurre es que él considera esta volición como predeterminada".

Se aprecia ya que esta "defensa" que hace el socialista belga de Marx es solamente aparente, pues hablar de una volición "predeterminada" es implícitamente negarla, pues según el peruano en la concepción de Henri de Man sobre el pensamiento de Marx

"hay una volición social sometida a las leyes, la cual se cumple por medio de la lucha de clases y el resultado ineluctable de la evolución económica que crea la posición de intereses".

Estamos en medio de un problema delicado: la relación entre la voluntad y las leyes (económicas, sociales, naturales). En otras palabras: ¿Cuál es el estatus de la voluntad frente a las leyes "objetivas" (económicas, sociales, naturales)?

La repuesta de Mariátegui la encontramos casi al final de artículo, a través de una cita del crítico italiano Adriano Tilgher:

"la voluntad socialista no se agita en el vacío, no prescinde de la situación preexistente".

Y luego afirma nuestro autor:

"El carácter voluntarista del socialismo no es, en verdad menos evidente, aunque sí menos entendido por la crítica que su fondo determinista".

Como se aprecia en este texto, el voluntarismo y el determinismo "coexisten" en el marxismo, según Mariátegui, pero él no nos ofrece inmediatamente una explicación explícita de esta difícil relación; no nos dice cuál es el estatus de esta voluntad "en ese fondo determinista". Pero nos da una pista:

"Para valorarlo, basta, sin embargo, seguir el desarrollo del movimiento proletario, desde la acción de Marx y Engels en Londres, en los orígenes de la I. Internacional, hasta su actualidad, dominada por el primer experimento de Estado socialista:la URSS. En este proceso, cada palabra, cada acto del marxismo tiene un acento de fe, de voluntad, de convicción heroica y creadora, cuyo impulso sería absurdo buscarlo en un mediocre y pasivo sentimiento determinista" (Subr.JO).

En este pasaje Mariátegui pone en claro que lo que a él le importa e interesa señalar en primera línea es la praxis histórica y no el desarrollo de una teoría. Lo que él nos ofrece es la explicación del desarrollo de los hechos históricos. Lo que señala, en otras palabras, es el estatus de la voluntad "en estado práctico" de los hechos reales.

Por otro lado es importante detenerse en la última parte del texto. En ella nuestro autor no habla de una "visión o concepción determinista"; dice explícitamente "sentimiento determinista", lo que no es igual ni intercambiable.

Lo que el revolucionario peruano acentúa es una "absurda" relación de causalidad: un "mediocre y pasivo sentimiento determinista" no puede impulsar "actos y palabras que tengan acento de fe, de voluntad, de convicción heroica y creadora".

Esta "convicción heroica y creadora" exige por lo tanto otra causalidad de diferente naturaleza, otro tipo de determinismo, diferente al determinismo cartesiano racionalista. Supone una visión específica de la naturaleza que rechaza el "pasivismo mediocre", dentro del cual cada elemento causal es puramente "causado" pasivamente sin tener la capacidad, la fuerza, la potencia de causar.

La visión cartesiana-mecanicista redujo a la naturaleza a esta dimensión de pasividad. Esta visión de la naturaleza no fue la de Marx ni la de Spinoza. Para ellos no podía reducirse la naturaleza a "objeto" pasivo del principio de actividad (la voluntad, la inteligencia, el espíritu humano).

Para el determinismo viviente que va de Spinoza y Marx Naturaleza es el mismo principio de la vida, o mejor, la Naturaleza se identifica conceptualmente con la vida. Para este determinismo cada elemento de la cadena infinita de causalidad es a la vez causada y causante, es activo y pasivo a la vez, es sujeto y objeto de la acción.

Pero hay que entender que todo este sistema de causalidad no es expresión de un principio único de inercia. La causalidad no es causalidad de inercia, sino de Potencia. Poder causar es expresión de Potencia natural. Y ser causado es recibir la potencia de un ser exterior a nosotros. Hablar de potencia o de fuerza es ya hablar de la posibilidad del cambio. Todo individuo en la naturaleza representa un determinado quantum de fuerza, de potencia. Esta fuerza, esta potencia es la fuerza de la persistencia en la existencia.

El hombre, individualmente o en grupo, también representa esta unidad de fuerza. Por otro lado, el hombre, a diferencia de los otros individuos de la naturaleza, tiene un conciencia reflexiva que le permite, a través de incontables prácticas, percibir el sentido y el orden de las concatenaciones causales.

Esta conciencia reflexiva (las ciencias) posibilita el cambio del sentido y dirección de determinadas cadenas de causalidad, sin eliminarlas. Pero la conciencia reflexiva no es el cambio mismo. La conciencia reflexiva hace posible el cambio, pero no es ella el cambio.

La voluntad debe entenderse como fuerza (natural) individual o de grupo unida a un cierto grado de conciencia reflexiva. Aquí encontramos la célebre fórmula de Hegel: "la libertad es la conciencia de la necesidad". Pero esta conciencia reflexiva no es suficiente, aunque es conditio sine qua non.

La libertad exige, además de la conciencia reflexiva, la fuerza vital de la afirmación de la existencia propia. La libertad y la voluntad son expresiones, entonces de dos presupuestos imprescindibles: la conciencia reflexiva (la ciencia, el marxismo) y la fuerza de afirmación de la propia existencia (conatus, el espíritu revolucionario). La unidad dialéctica de estos dos presupuestos forma lo que Mariátegui llama "convicción heroica y creadora".

Esta concepción determinista mariateguiana, donde conjuga el "carácter voluntarista del socialismo" con un "fondo determinista" corresponde a lo que al comienzo de este trabajo llamamos «determinismo de lo viviente» refiriéndonos a Spinoza y lo opusimos claramente al determinismo cartesiano, al determinismo de lo muerto, de lo inerte, al "mediocre y pasivo sentimiento determinista" según la expresión de Mariátegui.

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