miércoles, 1 de octubre de 2014

Literatura

Retorno y otros poemas, libro de Ana María Intili

                                                                                                                           Julio Carmona

Como se sabe, el verso es la herramienta del poeta. Y aunque su origen es desconocido, es decir, que no se sabe quién fue el primero en usarlo, al menos sí se sabe su significado primigenio. Se sabe que es una palabra de origen latino: versus. Y significa ‘surco’, ‘línea’ o ‘fila’, y como tal ofrece la imagen de que al final de cada surco, es decir, luego de trazada cada línea o fila por el arado, se da la obligación de girar o «dar vuelta», como ocurre con el final de cada trazo métrico. Y no perdamos de vista esta acepción de «dar vuelta», pues las variantes del «versus» latino son: «vert» (relacionada con vertebra, vertical, vértigo); «vertere» (girar, volver), y «versare» (dar vueltas), e indican la idea de movimiento y cambio. Creo que en ese sentido es que la usó Octavio Paz para poner título a su libro Vuelta.Y me atrevo a basarme en la misma creencia para interpretar el título del libro Retorno y otros poemas.

Ana María, es una mujer de una gran sensibilidad estético-literaria, lo cual unido a su profesión médica hace una fusión humanística muy singular, que me atrevo a decir es lo que da sustento a su obra poética y a sus convicciones políticas en defensa de las causas nobles de nuestros pueblos americanos. Por eso en uno de sus versos Ana María dice que tiene «una bandera y dos patrias», y yo interpreto el verso como‘la bandera de Nuestra América y las patrias de Argentina y Perú’, pueblos hermanos. De ahí deriva el profundo cariño que ella siempre manifiesta por lo peruano. Siendo ella de origen argentino, nosotros no tenemos por qué esperar a que sea el Estado peruano quien le otorgue la nacionalidad (aunque ya lo haya hecho), porque nuestro pueblo ya la tiene registrada en las más profundas fibras de su ser.

Porque las profundas fibras del sentimiento de Ana María han sabido sintonizar con nuestra idiosincrasia, con nuestros sufrimientos y esperanzas. Y es ese sentimiento que nosotros sentimos vibrar en su libro. Y que podemos ejemplificar con este poema: “Elegía a Huamachuco”:

¿Dónde van los hombres
cuando la silueta del hambre los alcanza?
¿dónde el trabajo que dignifica
dónde el amor que los une?
¿dónde la olla nutricia
dónde la mesa en mantel bordado para todos?
¿dónde la educación no vertida
dónde la que nos ilumina y libera?
¿dónde hermano los brazos abiertos
cruz de la vida/ de la muerte?
¿dónde mientras ellos entiendan?
verde es el peldaño de la esperanza

Pero detengámonos unos instantes en lo que podría constituir la concepción poética de Retorno y otros poemas.Como se sabe, el poeta deja a la interpretación de los lectores estos tópicos del mensaje y su sustento teórico. Y esa libertad lectora no necesariamente coincide con el origen de lo poético. Por tanto, adelanto, que mi opinión puede diferir de lo sentido y propuesto por la poeta que es, a su vez, intérprete de la vitalidad humana, por lo que tampoco debemos –como lectores– atribuir a circunstancias biográficas todo lo dicho por la poeta, porque en su acción vital han podido vibrar en perfecta consonancia las cuerdas de otras vidas. Y eso es lo que percibo en el siguiente poema que da al libro —a su vez— una parte del título, «Retorno»:

Dejo que la palabra se extienda
en verde manto
rio en solitario/ así lo quiero
hablo en las esquinas
sin sentir vergüenza
es la ternura que regresa
escondida entre sus pasos
es la mirada que dice
¡estás de vuelta!
disfruto su retorno de gigante
no cabe ya
en el centro de los dedos
vivo la alegría
-es breve expresión de gozo-
no dejo que se pierda

Es decir, ahí se ve graficado el «volver» etimológico que hemos adelantado. El poema es una revivificación de la palabra, cuya ternura —dice— «regresa/ escondida entre sus pasos/ es la mirada que dice/ ¡estás de vuelta!» pero ‘estar de vuelta’ puede identificarse con la postura teórico-poética que asume la poesía no como un invento desde la nada, sino como un reencuentro con el recuerdo, con la experiencia acumulada que —como leemos en la estrofa final del poema «Retorno»— es vivir «la alegría/ -es breve expresión de gozo-» la misma que no se deja «que se pierda». Una alegría que el poeta o la poeta nos devuelve no en su identidad sino en su sensitividad (valga el neologismo).

Y esa impronta de base se percibe desde el primer poema de Retorno y otros poemas, titulado muy significativamente: «Tan solo vuelva mis ojos». Dice así:

Tan solo vuelva
mis ojos
tornaré el canto
en canción de fuego palabra oculta
en bien preciado
caminaré hojas
dispararé luces
cocinaré tiempo
o quemaré las cartas
que ocultas lloran

Y el retorno está presente en todos los poemas de este libro, como lo está en todos los libros de poemas (aunque el poeta —o la poeta— no lo quieran o se resistan a creerlo). Porque a diferencia de quienes piensan que el poema es «hijo del olvido», es decir, que la palabra poética se plasma después que todo se ha olvidado, se puede contradecir ese paralogismo postulando la convicción de que «nada nace de la nada». De lo contrario, hay el riesgo de caer en la inconsciencia de la paloma que —según la parábola del filósofo Emmanuel Kant— renegaba en contra de la resistencia que le oponía el aire al momento de volar, y creía que en el vacío su vuelo sería perfecto. La realidad acumulada en la consciencia del ser humano para su poder de creación, es lo que el viento a las alas de la paloma para poder volar.

Es este sustento comprensivo de lo que es la poesía el que me dio la clave para entrar a ojos abiertos y libres en la poesía de Ana María Intili. Y lo propongo como clave para que quienes se animen a acercarse a ella tengan un punto de apoyo que no será, por cierto, el único, pues el derecho de todo lector es usar sus propias armas lectoras; pero no está demás conocer la logística ajena (más aun si esta no se postula como contagiosa tiranía). Y como, asimismo, es también derecho del lector adentrarse solo en el mundo poético que se le expone, no voy a cometer la impertinencia de transcribir aquí y menos de analizar todos los poemas que integran este excelente poemario de Ana María Intili. Solo solicito, por favor, se me permita transcribir otro poema del mismo libro, para ratificar lo dicho hasta aquí. Me refiero al poema titulado «Este poema habitará tu cuerpo» (que es, por lo demás, un título muy significativo). Dice:

Este poema habitará tu cuerpo
será ceniza/ cal/ aliento obrero
nos mirará de frente  nos agotará en sueños
renacerá en cada latido  en cada fragmento roto
del océano

surgirá en tus párpados   en todo desvelo
partirá montado en tus alas

mira la copa del árbol   allí también
nace la vida
en el brote tierno   en el gorjeo de las aves
nido construido de cosecha y llanto

no partas todavía
deja que la nave descanse aun
cobíjala del frío
llena los tugurios de cómodo equipaje
lleva siempre en tus manos la esperanza
no descuides tu cielo   no dejes de mirar las estrellas

que digan dónde está el sur
hay cien verdades en cada caminata
no olvides a tus deudos   presume tu linaje
hila cada día tu historia

los que vienen querrán saber
de dónde tanto coraje

no olvides dejarles una pista
será más hermosa la tarea

el cosmos no olvida
guardará toda tu historia
sabrán más de ti   más de mí

Tierra dentro de la tierra
manantial que regresa a la fuente


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