sábado, 8 de febrero de 2014

Historia

Garcilaso Frente al Colonialismo Hispánico*

(Cuarta Parte)

                                         Emilio Choy


Dejo a la erudición de los lectores buscar en Gomara, Estete, Tito Cusi Yupanqui, Zárate, etc., el conocido rechazo que Atahualpa hizo del breviario sagrado. Negativa que de acuerdo con su siglo, era como rechazar la fe católica y la dominación del hijo de Juana la loca. La genialidad del cusqueño consistió en plantear las cosas bajo un nuevo ángulo, basado en el padre Blas Valera y mencionando el testi­monio de los quipucamayos de Cajamarca (Libro I Parte. Cap. XXV) II). Atahualpa no rechazó la dominación de Carlos V, ni arrojó el sagrado libro que le había ofrecido el capellán español. Garcilaso refutaba de golpe a un par de docenas, entre cronistas e historiadores, que habían escrito sobre este asunto. Estos escribían porque habían sido influenciados por los conquistadores de que "no se informase la verdad" (Cap. 25) y en "la relación de lo que pasó, quitando lo que fue en contra, y añadiendo lo que fue en favor, por no condenarse ellos mismos (los conquistadores), pues enviaban a pedir mercedes por aquellas hazañas que habían hecho; y es cierto que las hacían de dorar y esmaltar lo mejor que se piensen y pudiesen" (Cap. XXV). Aunque todos habían re­cibido orden de hacerlo, como versión más conocida logró imponerse hasta en Huamán Poma. A pesar de simpatizar con los conquistadores, Garcilaso, como indio, sintió la tragedia del impacto de la conquista y el precio que su pueblo estaba pagando para poder avanzar en la historia, progresar y hacer progresar. Para que se supiera en el futuro que no existió ninguna razón legal para llevar a cabo la matanza (genocidio que aún espera su dramaturgo), enfrenta con nue­vos datos la corriente histórica dominante de su época, que aún sigue siendo la más conocida aunque ahora se le mire con repugnancia por haberse debilitado el fanatismo de los siglos XVII y XVIII. Ello revela que la mayoría de los cro­nistas vio en la actitud mediadora de Valverde contra los in­dios coincidencia con la política católica hispana, que se había caracterizado como esforzada destructora de herejes, y también como los mejores saqueadores y masacradores de la población (como cuando atacaron Roma, llegando al extremo de encarcelar al papa y a los cardenales, vejándolos y exigiéndoles cupos por su libertad, en mayo de 1527). Sin embargo para los católicos españoles, ellos fueron provoca­dos por las víctimas a tener que atacar Roma y saquearla, nos dice a este respecto un destacado historiador español en nuestros días. Fernando Díaz Plaja, siglo XVI: "La Liga Clementina", de signo antiespañol, provoca el ataque o Roma y el "saco". Siguiendo esta modalidad de entender la his­toria, fueron los indios y su inca Atahualpa, los que con su negativa provocaron a los españoles a tener que "destruirlos por nuestras armas". Pero esta corriente no puede ser des­mentida adaptándonos a su manera de enfocar el problema. Tenemos que estudiar a "Garcilaso para comprender que se enfrentó a los que nos presentaban a un Valverde ordenan­do la matanza, como el portavoz de los intereses de la igle­sia, y cuya postura queda justificada dentro de los postula­dos de la institución a la que pertenecía”. "Lo legal de lo ilegal, La razón de la sin razón''. Que la conquista quedara es­tablecida por otros motivos, pero no por un principio legal. Para aclarar la historia, Garcilaso quitó a la conquista, a la dominación española, este asidero legal para su tiempo, y lo obtuvo defendiendo a Valverde.

No es de imaginar, refiere el Inca, "que un fraile cató­lico y teólogo, dijese tales palabras que de un Nerón se pue­den creer, mas no de un religioso, que por su mucha virtud y buena doctrina mereció ser obispo". A ningún católico se le había ocurrido condenar a Valverde por haber pronunciado esas palabras. Más bien, como era costumbre de la épo­ca, toda matanza que se hacia por defender los postulados católicos, estaba bien hecha. Es Garcilaso quien inventa la defensa de un ataque que le seria hecho no por el fanatismo político, sino por los que no lo eran y por católicos de épocas muy posteriores. Un racionalista como el cusqueño, si podía maquinar una crítica contra la actitud del clero, estaba conciente que su obra era para la gente innovadora de los siglos posteriores y, para el futuro necesitaba aclarar que los móviles de la conquista, además de los religiosos, eran fundamentalmente: el saqueo de los indios y su despiadada explotación, porque así lo exigía el progreso hecho bajo las normas de !a opresión colonial.

Garcilaso se impuso la tarea de reproducir el sermón de la conquista, investigando los diversos textos que se conocían (Parle II. Cap. XXII). Esta meticulosidad del historiador, ausente en los demás que relataron lo matanza, al publicar la primera y segunda parte del sermón de Valverde, se debía a la necesidad de presentar, con claridad, el aspecto teológico y legal de la conquista.

Pero no se limita a esto. Su racionalismo lo empuja a plantear la contradicción entre el aspecto legal, que los cro­nistas se empeñaban en difundir, y la verdadera finalidad de los conquistadores con relación al sermón de Cajamarca, que era, como se ha dicho: saquear para enriquecerse, la acumulación del capital y la necesidad de matar para tener a los indios aterrorizados. Garcilaso lo dice claramente:

"no pudiendo sufrir la prolijidad del razonamiento, salie­ron de sus puestos y arremetieron con los indios, para pelear con ellos y quitarles las muchas joyas de oro, y de plata, y piedras preciosas (que como gente que venía a oír la embajada del monarca del universo) habían hechado sobre sus personas para más solemnizar el men­saje: otros españoles subieron a una torrecilla a despojar un ídolo que allí había, adornado con muchas plan­chas de oro y plata y piedras preciosas, con lo cual se alborotaron los indios, y levantaron grandísimo ruido".

A pesar de ello, el inca humildemente aceptó este vejamen, y aun dio la orden de "que no hiriesen ni ofendiesen a los es­pañoles, aunque prendiesen o matasen al mismo rey".

Garcilaso insiste en la extraordinaria mansedumbre de los  indios ante el mandato de su monarca, que Blas Valera atribuyó a un milagro de !a divinidad. Pero remachar tanto la apacibilidad de los indios tenía por objeto no provocar el mismo efecto en los lectores. Brilla en su obra la mansedum­bre idealizada de sus compatriotas, sobre los que se lanzan corno fieras las huestes católicas dominadas por codiciosos fines. A la filosofía de la conquista, opone la filosofía del conquistado, el que no debe aquietarse en un lamento eterno. Hábil sicólogo, insiste tanto en la humildad, que los domina­dores no se dieron cuenta a dónde iba. Tuvo que llegar mu­cho mas tarde un peruano renegado, como el obispo Moscoso, para denunciar a la FBI de esos tiempos, el doble filo de la mansedumbre que aparecía en los Comentarios. En la lectura donde el gobernante sólo podía captar sumisión, el indio con cara de mestizo con su dialéctica estaba fomentando la rebeldía. Y no es falsa su acusación:

"Si los Comentarios de Garcilaso no hubieran sido toda la lectura e instrucción del insurgente José Gabriel Túpac Amaru […] no hubieron tenido lo aceptación del traidor en lo mucho que en ella se vierte sobre la conquista no emprendería Tupa Amaro el arrojo detestable de su rebelión. Este se mantenía quieto en los confines del cortí­simo pueblo de Tungasuca, reducido a la labor de unos infértiles sembrados y sujeto al aparejo, y reata, en el tráfico de mulas; pero la incauta expresión de muchos imprudentes, y manejo de aquellos libros de que debían quemarse alentaron aquel espíritu para la  irrupción que experimenta el reino".

No olvidemos que la hispanidad que moviliza Garcilaso no es la que se rinde servilmente para entregarse y entregar las riquezas de su patria a la metrópoli. Túpac Amaru así comprendió a nuestro historiador y primer filósofo de nuestra historia. Es la hispanidad que al peruanizarse se preña de los elementos negadores del colonialismo, cuyos aportes culturales debían ser utilizados para la liberación de la casta más oprimida del Perú (7).

Notas
[7] Túpac Amaru no consiguió cumplir su política de liberar el Perú, por diversos errores tácticos derivados de su falta de experiencia, como he señalado en otros estudios. Pero ahora con los nuevos conocimientos que iluminan América, creemos que no está muy lejano el fin de los privilegios multicentenarios que la oligarquía terrateniente, apuntalada por el colonialismo yanqui, sigue gozando. Creemos que la tarea debe ser cumplida y superada en sus proyecciones sociales. La mansedumbre debido al peso de creencias religiosas, nativas y foráneas, basadas en el temor, fue combatida en forma indirecta en la obra de Garcilaso. Solo falta cumplir la unidad que el cusqueño demandaba, de “indios, mestizos y criollos” que debe hacerse en el plano de la dinámica de los días que se aproximan.

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