sábado, 8 de febrero de 2014

Economía

Explotación y “Sobrecostos Laborales”

Cesar Risso


La burguesía ha empezado el año 2014 con nuevos bríos[i], reiniciando la campaña para reducir o eliminar los beneficios laborales de los asalariados, aunque el intento no es nuevo. No contentos con haberse desprendido de la responsabilidad de los trabajadores a través de las empresas familiares, y habiendo provocado la informalidad, que ellos mismos critican, pero usándola como recurso para justificar la necesidad de disminuir los “sobrecostos laborales”, plantean reducir los derechos adquiridos por los asalariados. Explotan a través de las Mypes a familias enteras como si fueran un solo trabajador, no remunerando a la esposa ni a los hijos que trabajan para el “jefe” de hogar gratuitamente[ii].

Si pudieran reducir a cero la remuneración del trabajador, lo harían. Una de las diferencias entre la esclavitud y el feudalismo, de un lado, y el capitalismo de otro, es que este último no asume ningún cuidado del trabajador, dejándolo a su suerte. Mientras que los esclavistas mantenían a los trabajadores, claro está que en la condición de esclavos, y los terratenientes feudales entregaban porciones de tierra a los siervos, en el capitalismo los trabajadores son abandonados a su suerte, lo cual no revestiría mayor problema, si es que su suerte no estuviese ligada a los empleos que generan las empresas capitalistas en este sistema.

En la revista LA CÁMARA de la Cámara de Comercio de Lima, del mes de enero del año en curso, que lleva como título SOBRECOSTOS LABORALES, y como subtítulo Una carga que impide el desarrollo, se dice: “Mario Mongilardi, presidente del Gremio de Productos para la Salud y Ciencias Afines (Comsalud) de la CCL, refirió que los altos sobrecostos laborales siguen siendo uno de los principales problemas que debe enfrentar el empresariado peruano, de acuerdo con la actual legislación. Explicó que tanto en su sector como en otros rubros, asimilar los sobrecostos laborales hacen menos competitivas a las empresas y, por consiguiente, se les puede conducir a la quiebra y a la pérdida de puestos de trabajo. ‘Lo que aparentemente parece un beneficio laboral se convierte en un perjuicio para los trabajadores’, refirió. Asimismo dijo que estos sobrecostos perjudican al consumidor, pues en el sector salud se ve reflejado en el encarecimiento de los medicamentos en perjuicio de los pacientes de escasos recursos económicos. ‘El Ministerio de Salud y Essalud tienen que comprar a precios más altos debido a los sobrecostos. Consecuentemente, quien sale más perjudicado es el ciudadano que padece de alguna enfermedad y que precisamente tiene menos dinero y se atiende en estos establecimientos de salud”, señaló. [Negritas nuestras]

La cita anterior está plagada de inexactitudes. Llama la atención el esfuerzo mental que se hace para que los “sobrecostos laborales” aparezcan como la causa de todos los males y que en consecuencia sea una necesidad absolutamente racional reducirlos o eliminarlos. Fíjense las consecuencias que traen: i. Es la principal fuente de problemas de los empresarios peruanos; ii. Su existencia genera la quiebra de las empresas, lo cual produce despidos, perjudicando a los trabajadores; iii. En el caso de los medicamentos y, según esta lógica, en todos los productos, generan precios más altos, lo cual afecta a los ciudadanos que padecen alguna enfermedad.

Parece que los representantes de la burguesía han encontrado la solución a todos los problemas económicos. Si todas estas afirmaciones fueran ciertas, entonces al reducir o eliminar los “sobrecostos laborales” se elimina la fuente de los principales problemas de los empresarios peruanos; desaparece la quiebra de empresas; no habrán más despido de trabajadores; bajarán los precios de los medicamentos y de todos los productos, con lo cual las enfermedades se desvanecerán, etc.

Pero esto no es todo, pues nos señalan que “Sin embargo, a pesar de que el empleo formal viene evolucionando positivamente, la informalidad laboral se mantiene en un nivel demasiado alto, según la OIT muy por encima de lo registrado en la región (47,7% de los trabajadores asalariados no agrícolas), por lo que el crecimiento económico resulta insuficiente para aminorarlo. Por esa razón la población percibe que los beneficios de dicha expansión no confluyen en un mayor bienestar. Y es que, precisamente, los elevados niveles de informalidad en el empleo y la alta concentración de trabajadores en sectores de baja productividad […] explicarían la precariedad del empleo generado en nuestro país, caracterizado por bajos ingresos y escasa o nula protección social”.

Vale decir que, si existen bajas remuneraciones es porque hay informalidad, que se debe a los “sobrecostos laborales”, la que impide que los asalariados, y las “clases populares”, o los “sectores vulnerables”, como denominan actualmente los intelectuales burgueses a los explotados y desempleados, que puedan disfrutar del prolongado crecimiento económico en el Perú.

Con esta afirmación nos dicen que todo el problema, generado por los “sobrecostos laborales”, es responsabilidad de los asalariados. Si el capitalista pierde, si se reducen sus ganancias, si quiebra, si los precios aumentan, etc., se debe a los trabajadores. Habría que ver, según este razonamiento, cómo hacemos para que los asalariados dejen de comer, de descansar, etc. Trasladan la responsabilidad de la obtención de plusvalía al “objeto” de su explotación.

El sostén teórico para este reclamo de la burguesía está dado por la “ciencia” económica. En este sentido nos dice que “La teoría económica establece que la empresa está dispuesta a contratar trabajo hasta el punto en que los costos adicionales producidos por contratar un trabajador (costo marginal) se igualan con los ingresos adicionales (productividad marginal); por lo tanto, la empresa no está dispuesta a contratar mano de obra si el costo marginal supera su productividad marginal, es decir los incrementos en las remuneraciones deben responder estrictamente a los incrementos en igual proporción de la productividad de las empresas”.

En el análisis microeconómico se considera que los costos tienen como una de sus partes el margen de ganancia. Esto quiere decir que, siempre teóricamente y en el marco de la propuesta neoclásica, la remuneración del trabajador no es sino la pugna entre la clase burguesa y la clase proletaria; que del nuevo valor, creado por la fuerza de trabajo, la burguesía se apropia todo lo que la lucha sindical le permita, entendiendo que del lado de la burguesía está el Estado y con él las fuerzas armadas, y que en consecuencia es un problema de poder.

Pero, qué es lo que consideran “sobrecosto laboral”. Al respecto nos “aleccionan” con lo siguiente: “La legislación peruana, dentro del régimen general, establece que los empleadores deben asumir el pago de dos gratificaciones al año, un mes de vacaciones al año, contribuciones al seguro de salud y el depósito de la CTS. En caso el trabajador cuente con carga familiar, se incluye la asignación familiar equivalente al 10% de la remuneración mínima. Esto quiere decir que además del pago por el trabajo efectivo, el empleador debe aportar adicionalmente el 59% de la remuneración para cumplir con lo establecido en la regulación laboral, lo que se convierte en un sobrecosto laboral”.

Pues bien, en primer lugar hay que decir que dentro del 59% de “sobrecosto laboral”, la burguesía considera el 7% que corresponde al “costo” del despido. Como pueden apreciar, la burguesía trata de victimizarse inflando lo que paga y aporta por trabajador. Así que para que todo mejore en el Perú, los trabajadores deben renunciar a sus dos gratificaciones, a las vacaciones, al pago por despido, etc. Renunciando a estos derechos su situación mejorará.

Evaluemos el cálculo de los intelectuales burgueses. Tomemos como ejemplo el año 2012. En este el total de remuneraciones en soles corrientes fue de S/ 116.533.756.000,00. Si calculamos la remuneración base, sin el 59%, obtenemos S/ 73.291.670.440,25, que es el importe que por concepto de remuneraciones la burguesía “debería” pagar. ¿Cuánto quedaría en sus manos? Tendría una ganancia adicional de S/ 43.242.085.559,75.

Como la plusvalía obtenida el 2012 fue de S/ 340.141.962.000, entonces la cuota de plusvalía o de explotación fue de 292%. Descontando el 59%, la plusvalía subiría a S/ 383.384.047.559,75. Con este resultado, la cuota de explotación subiría a 593,09%.

Así, más utilidades para la burguesía, y menos capacidad de consumo para los trabajadores, permitirían sortear los problemas que impiden nuestro desarrollo. Sin embargo, este sueño pronto se volvería pesadilla, cuando la disminución del consumo como consecuencia de las bajas remuneraciones y de la lógica del capital, nos lleven a una nueva crisis. Entonces, volverán a exigir menores remuneraciones para los trabajadores, planteando la eliminación del salario mínimo.

Los “sobrecostos laborales” no son otra cosa que el nombre con el que los intelectuales burgueses designan una parte de los beneficios laborales, que son creados como nuevo valor por la fuerza de trabajo, con la finalidad de apropiarse de una parte adicional de este nuevo valor.

Notas:



El Rol del Estado en el Desarrollo Capitalista


Santiago Ibarra


1. La teoría económica liberal sostiene que el crecimiento económico de los países periféricos es posible solamente si adoptan políticas de “libre mercado”, esto es, si el estado (y cualquier otra institución social; por ejemplo, el sindicato) queda fuera de la actividad productiva y de la regulación del precio de la fuerza de trabajo, de los bienes y de los capitales.

2. Este discurso se levanta contra los hechos históricos. Cualquiera puede constatar, por ejemplo, que el crecimiento económico de China de los últimos veintitantos años, a una tasa promedio anual del 10%, ha tenido lugar sobre la base de una fuerte intervención estatal, hecho que, de otro lado, no puede ser entendido sin tomar en consideración la Revolución China de 1949, con Mao a la cabeza, a partir de la cual el estado toma el control de la acumulación en su espacio interior.

También es cierto que el crecimiento económico de los Estados Unidos, Europa occidental y Japón tuvo en el estado a una palanca fundamental de sus propios procesos de acumulación interna. Para el caso de América Latina, resulta pertinente hacer mención del hecho de que la tasa anual media de crecimiento económico que alcanzó en la década de 1990 fue del 3,3%, por debajo del 5,5% logrado entre 1950 y 1980, precisamente durante el período histórico dominado por el estatismo.

3. Las políticas neoliberales empiezan a imponerse desde fines de la década de 1970 y principios de la de 1980, en América Latina, y progresivamente en el resto del mundo. Pues bien, un hecho que debe tenerse en cuenta de estos años es que el mundo transitaba hacia un cambio en la correlación de fuerzas entre las clases sociales. El bloque socialista ya había entrado en crisis desde hacía más de dos décadas atrás; luego, hacia fines de la década de 1980 colapsaría el bloque del llamado “socialismo real”. A su vez, en la economía y en los procesos productivos capitalistas se producían transformaciones que irían a debilitar fuertemente a la clase obrera mundial, que, hasta entonces, desde el siglo XIX, había vanguardizado muchos procesos de democratización en diferentes partes del mundo. Y, finalmente, desde la década de 1980 el propio Estado de bienestar en Europa occidental, que no expresaba sino el pacto entre el capital y el trabajo, iría a ser paulatinamente erosionado mediante el recorte de los derechos laborales de los trabajadores. Así, el triple sistema que caracterizaba a la Segunda Posguerra (el Estado de bienestar en Europa occidental, el “socialismo real” de parte de Asia y Europa del Este, y los estados desarrollistas de América Latina) era resquebrajado, erosionado y finalmente liquidado.

4. Como puede observarse, es bajo una correlación de fuerzas ampliamente favorable al gran capital y ampliamente desfavorable para los trabajadores, que el estado será efectivamente excluido de la actividad productiva, la empresa estatal transferida a manos privadas, y las funciones sociales del estado considerablemente recortadas (reducción del gasto público en educación, salud, beneficios laborales). Pero esta nueva situación no quiere decir que el estado desaparece del proceso de acumulación de capital. De ahí en adelante el estado adopta nuevas funciones para favorecer los intereses del gran capital transnacional y del gran capital local. El estado privatiza, vende muchas veces las empresas estatales a un precio muy por debajo de su precio real, esto es, palanquea y pilotea la acumulación por desposesión. Para alcanzar esta meta, el estado atacó al movimiento popular, en especial al movimiento obrero, que representaba a las fuerzas de democratización, descabezándolo, dividiéndolo, cooptándolo. Finalmente, el estado apertura las fronteras nacionales al gran capital transnacional, transformando las condiciones materiales y jurídicas internas para atraer la inversión privada extranjera. 

5. El estado siempre estuvo presente en el proceso de acumulación de capital. En general, puede afirmarse que el estado interviene en la esfera productiva y cumple con sus funciones sociales en la medida en que la correlación de fuerzas es más favorable para las clases populares. Y a la inversa: cuando la correlación de fuerzas es desfavorable a las clases populares, el estado tiende a abandonar sus funciones sociales y a desaparecer de la esfera productiva. Pero, paradójicamente, como advierte Samir Amin, el capitalismo funciona mejor cuando la correlación de fuerzas es más favorable a las clases populares y le impone al capital lógicas distintas a la suya.

6. En cualquiera de los dos casos el estado no deja de ser capitalista. El estado tiene, pues, una naturaleza de clase, como ejemplarmente insistió Lenin en El Estado y la revolución. En los dos casos el estado está al servicio de la reproducción del capitalismo. Ahora bien, el fin supremo de la izquierda radical es el socialismo, un nuevo estado, una nueva sociedad, el hombre nuevo. Para alcanzar esta meta, esta izquierda debe elaborar una estrategia de poder, concordante con el momento que le toca vivir. 

7. Desde hace poco más de diez años una nueva correlación de fuerzas empezó a configurarse en el mundo, y tiene en América Latina a su epicentro. Por mencionar solamente algunos hitos, que desde luego no son más que la punta del iceberg, en 1998 triunfa Hugo Chávez en las elecciones generales de Venezuela, en diciembre de 2005 triunfa Evo Morales en Bolivia y el 2006 triunfa Rafael Correa en Ecuador. Estos gobiernos imprimen al estado un rol más importante en la actividad productiva, en el control y la distribución del excedente económico en el espacio interior. A su vez, el estado retoma sus funciones sociales, alcanzando en el plano social algunos logros, al mismo tiempo que en el plano internacional se oponen a ciertas políticas del imperio estadounidense (firma de tratados de libre comercio con este país, etc.).  

8. Pero, evidentemente, ni el estado ni las sociedades de estos países han dejado de ser capitalistas. Es la nueva correlación de fuerzas, producto de un nuevo ascenso de los movimientos sociales, la que le ha devuelto al estado su función social, sin dejar por ello de ser capitalista, más allá de cualquier retórica. Y habrá que observar todavía que al parecer la clase dominante como tal se ha visto ampliamente favorecida desde el punto de vista económico.

9. Hoy en día el Estado de bienestar en Europa occidental ha entrado en su fase de liquidación total. El estado en estos países es fundamental para favorecer la acumulación de los grandes bancos y empresas, impidiendo su bancarrota, e imponer un conjunto de políticas públicas para descargar la crisis en las espaldas de los trabajadores. Mientras que en Europa los derechos de los trabajadores son liquidados, en América Latina tiende a ocurrir lo contrario. Dentro de este marco de análisis, Europa retrocede, América Latina avanza. Pero el avance de América Latina contiene una contradicción: de un lado expresa más o menos activamente la nueva correlación de fuerzas entre las clases sociales, más favorable a las clases populares; de otro, le permite una salida al capitalismo, lo robustece, lo reafirma. Es evidente que hoy no existe un proyecto revolucionario, de superación del capitalismo. Al contrario, el estado palanquea el desarrollo del capitalismo, y la izquierda radical debe buscar ir más allá de la situación actual.    


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