martes, 3 de febrero de 2026

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

Carlos Moreno Pretende Tapar el Sol con un Dedo 

(Tercera Parte) 

Eduardo Ibarra 

MORENO DICE:

 

A Ibarra le falta poco para burlarse de la afirmación de que "la reconstitución (sic) del partido de Mariategui (sic) se hará al calor de las luchas de nuestro pueblo". Con esta afirmación de ninguna manera se da a entender que esa reconstitución no es un proceso ideológico político y que  se presentará como caído del cielo como da a entender Ibarra atribuyendo esa creencia a Carlos Moreno. Aquí nuevamente Ibarra cae en el subjetivismo, supone cosas a partir de lo que lee literalmente. Cuando se dice que la reconstitución del PC se hará al calor de las luchas del pueblo, se está hablando dialecticamente (sic), es decir que esa reconstitución ya se inició y el propio grupo de Ibarra forma parte de ese proceso, como también lo forma el Comité Político Creación Heroica y quizá algún otro grupo que también plantea la reconstitución; pero este proceso tendrá que atravesar una etapa de debate ideologico (sic) y político y la confrontación con la práctica de cada una de las posiciones hasta lograr una unidad doctrinal homogénea de los más afines y seguramente en ese momento se hará realidad, se habrá culminado el proceso de reconstitución. Indudablemente algunos quedarán en el camino porque seguramente no coincidan con los puntos de las bases de unidad de la línea política. 

Pero sucede que la idea completa que Moreno expuso en “Breve respuesta al artículo de Eduardo Ibarra”, texto del cual se cita a sí mismo, es la siguiente: 


… el proceso tiene que ser de arduo debate político e ideológico y solo como resultado de este debate al calor de las luchas populares se decantaran (sic) los auténticos cc. de vanguardia que tomarán las banderas de un partido reconstituido solidamente (sic) afirmado en las banderas principistas de la doctrina del ML y armados de una teoría revolucionaria recogiendo y desarrollando el legado del Amauta. La reconstitución del partido de Mariategui (sic) tiene que hacerse, participando en las luchas reivindicativas y políticas del pueblo y de los trabajadores; en la forja de los frentes de masas y de los frentes políticos, única forma de enrumbar hacia un futuro frente unido del pueblo para la toma del poder dirigido por su vanguardia política. 

Moreno, pues, se cita a sí mismo incompletamente, porque  cree que de ese modo puede calumniarnos con alguna facilidad. Pero ocurre que, no obstante su intención, no puede engañar a nadie, pues, como acabamos de ver, la idea completa que expuso en “Breve respuesta…”, es aquella según la cual “como resultado” del  “debate”,  “se decantaran los auténticos cc. de vanguardia que tomarán las banderas de un partido reconstituido”. Es decir que, según nuestro liquidador, del debate “se decantarán los auténticos cc.”, y no resultará la reconstitución del partido precisamente. Por eso, hay que preguntarle: ¿y de qué proceso resultará el “partido reconstituido”, cuyas “banderas” “los auténticos cc” se limitarán a “tomar”? Moreno no da ninguna señal inequívoca acerca de esto y se pierde, como otras veces, en la más evidente ambigüedad. En consecuencia, no es que le imputemos que sostenga que la reconstitución es “un proceso” “que se presentará como caído del cielo”, sino que, en su propia argumentación, aparece como resultado de no se sabe qué. Pero, dada su ambigüedad, puede pensarse también que nuestro liquidador reduce la reconstitución a un “arduo debate político e ideológico”. 

       La actitud calumniosa de nuestro liquidador es irrefrenable. Así, dice: “[al señalar que el debate se hará al calor de las luchas del pueblo], de ninguna manera se da a entender que esa reconstitución no es un proceso ideológico político… como da a entender Ibarra atribuyendo esa creencia a Carlos Moreno”. 

Pero, por cierto, todo el que haya seguido nuestra polémica con Moreno y Lastra, tiene que saber que, desde el principio, planteamos que la Reconstitución tiene por base necesaria e insustituible la triple tarea de defender, actualizar y desarrollar el pensamiento de Mariátegui. Y, ¿qué significa esto sino enfatizar que la Reconstitución implica, entre otras cosas, un debate ideológico y político? Entonces, es claro que sostenemos que la reconstitución implica un debate: implica, es decir, encierra, conlleva, comporta, no que sea nada más que un debate. Pero, según muestran los hechos, a nuestro liquidador hay que enseñarle que b y a, es ba. 

Pero hay más. Como hemos podido ver, mientras nosotros planteamos en términos concretos la tarea que implica la Reconstitución, Moreno y Lastra se llenan la boca hablando en términos abstractos de un debate “ideológico y político”. ¿Cuál es el contenido de este debate? Puede suponerse que algo tiene que ver con Mariátegui por aquella afirmación según la cual “los auténticos cc.”, terminarán “armados de una teoría revolucionaria recogiendo y desarrollando el legado del Amauta”. Aquí, sin embargo –y  para empezar– hay que hacer una aclaración. En la VI Conferencia del Partido, Saturnino Paredes impuso rebajar el pensamiento de Mariátegui a la condición de legado. Solo en el II Pleno del CC (1972), el Partido pudo acordar el concepto de pensamiento como el correcto. Pero, como hemos visto, Moreno (y también Lastra) hablan de “legado”, precisamente cuando la Reconstitución hace necesario e ineludible defender, actualizar y desarrollar el pensamiento de Mariátegui. 

Entonces, está claro que el famoso “arduo debate” de Moreno no está argumentado concretamente como la lucha por la realización de la mencionada triple tarea, sino, como ya dijimos, planteado en términos abstractos, no obstante haber dicho nuestro liquidador que “los auténticos cc.”, terminarán “armados de una teoría revolucionaria, etcétera”, pues, no se sabe a ciencia cierta de dónde resulta esta “teoría revolucionaria”. ¿Del recojo y desarrollo del “legado de Mariátegui”? Como vemos, el concepto de retomar el pensamiento mariateguiano es suplantado por Moreno por el concepto de “recogerlo” (de “recoger” el “legado”, como si se tratase de un objeto cualquiera). Y esta suplantación encierra el hecho, demostrado en “El trasfondo de un artículo…”, que el grupo de Moreno no ha desarrollado en modo alguno el pensamiento de Mariátegui, sino que lo ha tergiversado. 

Así, pues, el fondo del asunto es que la cantinflesca argumentación de Moreno encierra una solapada oposición a la Reconstitución. 

En efecto, es de conocimiento general que el grupo de Moreno no ha aportado con nada de verdadero valor a la lucha por defender, actualizar y desarrollar el pensamiento de Mariátegui. Y que, en cuestiones tan fundamentales como la verdad universal del marxismo-leninismo y el contenido, la línea y el camino de la Reconstitución, no solo que no ha desarrollado nada sino que incluso mantiene posiciones que abonan un partido doctrinariamente heterogéneo, como precisamente lo intentó en agosto de 2024 (ver, a más del artículo “El trasfondo…”, el “Pronunciamiento” del COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI y los artículos “El falso marxismo-leninismo de Jaime Lastra” y “La tramposa reconstitución de Jaime Lastra”). 

Así que eso de “teoría revolucionaria” no pasa de ser una frase demagógica. ¿Qué clase de “teoría revolucionaria” puede ser la que suplanta el marxismo-leninismo con el liberalismo? ¿Qué clase de “teoría revolucionaria” puede ser la que presenta flagrantes tergiversaciones del pensamiento de Mariátegui, como son, por ejemplo, la retoma del planteo ravinista de “un Perú plurinacional” y la suplantación de la etapa de nueva democracia de la revolución peruana por uno de sus productos, el Perú Integral? ¿Qué clase de “teoría revolucionaria” puede ser la que socava la Reconstitución con la idea de amalgamar a liquidadores y marxistas? ¿Qué clase de “teoría revolucionaria” puede ser la que niega, con la palabra “alucinaciones”, y por lo tanto con total amoralidad, los hechos relativos a la intención de suplantar el partido de clase por un partido amalgama? ¿Qué clase de “teoría revolucionaria” puede ser la que a espaldas de algunos activistas intenta consumar la constitución de un organismo partidario doctrinariamente heterogéneo? ¿Qué clase de “teoría revolucionaria” puede ser la que promueve un trabajo frentista electorero y reformista? 

En su actividad partidista, mientras habla de marxismo-leninismo, de Mariátegui, de partido de clase, de Reconstitución, etcétera, Lastra se rodea de algunos elementos negadores del marxismo-leninismo, tergiversadores del pensamiento de Mariátegui, partidarios del partido amalgama, adversarios de la Reconstitución, etcétera,(3) y esta flagrante incongruencia entre lo que proclama y lo que hace concretamente no solo denuncia el liberalismo que lo caracteriza, sino que, al mismo tiempo, pone en evidencia que todos sus pasos lo conducen a negar el partido de clase, como cuando, arrastrado por su complejo de director de orquesta, creyó que Ramón García y nosotros correríamos detrás de su “invitación” para fundar “un núcleo de dirección” doctrinariamente variopinto.

Esta es, pues, la “teoría revolucionaria” del grupo liquidacionista de Lastra y Moreno, y en este caso sí puede saberse de dónde ha resultado: de la falta de una posición de clase, de la aplicación del liberalismo, del oportunismo liquidacionista y del conchabamiento con toda clase de revisionismo. 

Nota

[3] No descartamos que entre los que colaboran en los medios virtuales de Lastra haya algunos marxistas, pero en este caso hay que lamentar que los mismos se presten a ponerle las espaldas para que nuestro liquidador cabalgue sobre ellas introduciendo entre el público lector su falso marxismo-leninismo, su espurio mariateguismo y su tramposa reconstitución.



Nota:

 

Republicamos el Pronunciamiento del CRJCM escrito a raíz de la “invitación” del grupo de Jaime Lastra para participar en una “escuela” con temario preestablecido por dicho grupo y con el objetivo de constituir “un núcleo de dirección”, esto último a espaldas de los activistas que concurrirían a la aludida “escuela”, como pudimos enterarnos después. Como es de conocimiento común, este “Pronunciamiento”, publicado en setiembre de 2024, no fue contestado por el grupo de Lastra, y solo ante la publicación de nuestro artículo “La reconstitución del partido de Mariátegui y el liquidacionismo de derecha de Jaime Lastra” en febrero de 2025 (que republicamos en esta edición de CREACIÓN HEROICA), en el número 34 de la espuria Creación Heroica (15 de febrero del mismo año), Lastra publicó el artículo “Alucinaciones y desilusiones”, ocultándose cobardemente bajo la firma del CCH, y Carlos Moreno el artículo “Breve respuesta al artículo de Eduardo Ibarra”. Y si, con su artículo, Lastra mostró sus mediocres procedimientos polémicos, su incapacidad de sostener un debate de ideas, su método oportunista de intentar por lo bajo constituir un organismo de tipo partidario doctrinariamente heterogéneo en paralelo con el desarrollo de la “escuela”, es decir, sin el conocimiento de los que participaban en la misma y pisoteando sus prerrogativas y, finalmente, su falta de moral revolucionaria; con su artículo Moreno todo lo que pudo hacer fue poner en evidencia su espíritu servil y genuflexo.

 

Después de haber sido desenmascarado, desde las primeras entregas del texto “El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno”, los míseros recursos con los que infructuosamente intentó ocultar lo inocultable, Lastra se sumergió en un silencio impotente que dura hasta hoy mismo.  

 

El “Pronunciamiento” se refiere al falso “marxismo-leninismo- maoísmo” del grupo de Lastra. Entonces no teníamos conocimiento de que, sin ninguna autocrítica de por medio, había cambiado esa filiación por un “marxismo-leninismo” igualmente falso, como tuvimos oportunidad de demostrarlo en el artículo “El falso marxismo-leninismo de Jaime Lastra”, publicado en este blog.

 

01.02.2026.

Comité de Redacción.

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui contra toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 Pronunciamiento 

EL 17 DEL MES en curso nuestro compañero César Risso fue comunicado por un activista de cierta tendencia de la intención de realizar una “escuela” con el siguiente temario: 1) la coyuntura política y la necesidad histórica del partido del proletariado; 2) el proceso de reconstitución del Partido Socialista fundado por Mariátegui; y, 3) situación actual de la reconstitución. El primer tema sería desarrollado por Ramón García, el segundo por Eduardo Ibarra y el tercero por un activista de la tendencia proponente de la “escuela” y un miembro de nuestra tendencia. Según se le dijo a nuestro compañero, el objetivo de la “escuela” es “fortalecer un núcleo de dirección”. 

Al margen del dislate que es pretender “fortalecer” algo que no existe, debemos decir aquí que, hace dos años aproximadamente, escribimos que, en el fondo, el oportunismo de derecha (la tendencia proponente) plantea un partido amalgama. La propuesta de llevar a cabo una “escuela” con el liquidacionismo, un miembro del oportunismo de derecha y nosotros, es la mejor prueba de nuestro aserto. Pero esta constatación prueba que el derechismo ha devenido liquidacionismo. Solo personas que han renunciado al partido de clase, pueden creer que la constitución de “un núcleo de dirección” pro-reconstitución del partido de Mariátegui, es posible juntando en una instancia orgánica única a marxistas-leninistas y liquidadores. 

La Reconstitución es la defensa y el desarrollo de los Fundamentos del Partido de Mariátegui en lo Ideológico, Teórico, Político y Orgánico, y la materialización en organización de estos Fundamentos y de este desarrollo. 

Así, el abandono de la reconstitución por el grupo liquidacionista que encabeza García es el abandono de los Fundamentos del Partido de Mariátegui. En efecto, con su “marxismo” a secas, este grupo ha abjurado del marxismo-leninismo; con su idea de ser más peruanos que marxistas como la “orientación cardinal del socialismo peruano”, ha renegado del principio de integrar la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución peruana; con su silenciamiento del revisionismo, su “camino municipal al socialismo” y su lucha electoral como la forma principal de lucha, ha renegado cuestiones fundamentales de la línea política general y de la táctica de Mariátegui; y, con su partido de “dos niveles orgánicos” doctrinariamente heterogéneos y la consiguiente conculcación del centralismo democrático, ha renegado de la concepción marxista-leninista del partido proletario. 

Especial comentario requiere aquí aquello de “los dos niveles orgánicos”. Si uno de esos niveles es secreto (como está confesado) y está en plena actividad desde hace quince años, ¿cómo puede ser sensato creer posible “un núcleo de dirección” que tendría que ser soberano? Y si, fiel a sus métodos criollos, el grupo de García dijera que ha disuelto su nivel secreto, ¿cómo podría creer nadie en semejante afirmación, puesto que tal nivel es secreto? 

Por lo expuesto hasta aquí, la propuesta de constituir “un núcleo de dirección” expresa, por decir lo menos, una monumental ingenuidad política. 

La Reconstitución es la defensa y desarrollo de los Fundamentos del Partido de Mariátegui en lo Ideológico, Teórico, Político y Orgánico, y la materialización en organización de estos Fundamentos y de este desarrollo. 

Y ¿cuál es la defensa que han hecho las cabezas del derechismo de los Fundamentos del Partido de Mariátegui? ¿En qué han desarrollado tales Fundamentos? 

En décadas, los aludidos no han sabido defender los Fundamentos del Partido de Mariátegui ni han sido capaces de desarrollar uno solo de ellos. Todo lo contrario. En lo ideológico, al asumir el “marxismo-leninismo-maoísmo” esgrimido por el revisionismo de “izquierda” encabezado por Abimael Guzmán, han renegado del marxismo-leninismo entendido hoy como la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao; al aplicar un menjunje de dudoso marxismo y verdadero revisionismo, han renegado del principio de integrar la verdad universal del proletariado con la práctica concreta de la revolución peruana; al asumir lo del “nuevo municipio”, la “democracia participativa”, la amalgama con el revisionismo y otros planteamientos del liquidacionismo, han renegado de la línea política general y de la táctica de Mariátegui; al asumir el partido mezcolanza, han renegado de la concepción marxista-leninista del partido proletario. 

Por lo tanto, ¿con qué autoridad política y con qué autoridad moral pueden las cabezas del derechismo convocar a una “escuela” o a cualquier otra cosa parecida con vistas a “impulsar la Reconstitución”? ¿Con qué autoridad, teórica y política a la vez, pueden proponer que se diserte sobre “la necesidad histórica del partido del proletariado”? ¿Con qué autoridad pueden plantear que se diserte sobre la “situación actual de la reconstitución”? 

No obstante, las cabezas del derechismo han procedido a convocar a una “escuela” con el equívoco temario apuntado arriba. Y, así han procedido, porque políticamente viven de organizar charlas, frentes, escuelas, “universidades”, movimientos, frentes y algunas publicaciones que, en la mayoría de los casos, mueren al primer número o a los pocos números, a efecto de producirles a sus parciales la sensación de que están “avanzando”. 

Pero la verdad es que desde hace décadas el derechismo se encuentra atascado en una práctica sin principios, en un pragmatismo profundamente nocivo. Es decir, ha olvidado que la Reconstitución es la defensa y desarrollo de los Fundamentos del Partido de Mariátegui en lo Ideológico, Teórico, Político y Orgánico, y la materialización en organización de estos Fundamentos y de este desarrollo. Y QUE, POR LO TANTO, SOLO SOBRE ESTA BASE ES POSIBLE LA RECONSTITUCIÓN. 

En resumidas cuentas, las posiciones del derechismo expresan una absoluta incomprensión del antagonismo existente entre el marxismo-leninismo y el revisionismo (el liquidacionismo es una forma específica de revisionismo); una absoluta incomprensión de lo que es la reconstitución del Partido de Mariátegui; una ignorancia supina del hecho de que el grupo liquidacionista ha renegado de la Reconstitución; una ignorancia supina de que el camino de la Reconstitución no es el eclecticismo, el conciliacionismo, el cóctel ideológico. 

En consecuencia, le decimos a las cabezas del derechismo: no somos partidarios de formar parte de ningún organismo doctrinariamente heterogéneo que desnaturalice la Reconstitución, de ningún organismo que, como el que se nos propone, sería como tirarle un salvavidas al liquidacionismo en sus dos matices. 

Obviamente, es posible que entre liquidadores puedan entenderse, no obstante que un matiz del mismo haya abjurado del marxismo-leninismo y otro matiz esgrima un falso maoísmo; que un matiz haya renegado del partido de clase no obstante su retórica y otro matiz hable por inercia de partido de clase; que un matiz haya renegado de la reconstitución del partido de Mariátegui y otro matiz se haya aderezado su propia reconstitución. 

En años de ardiente lucha, el COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI ha obtenido algunos resultados, de cuyo valor no hablaremos aquí. Nuestro aporte a la defensa de los Fundamentos del Partido de Mariátegui y a la solución teórica de los problemas actuales de la realidad y la revolución peruanas, así como de la Reconstitución, es conocido por los activistas del Socialismo Peruano. Pero, por cuanto no somos falsos modestos (así como tampoco verdaderos creídos) terminamos afirmando, sobriamente, que somos perfectamente conscientes de que hemos hecho y continuamos haciendo algo con contenido. 

31.09.2024.

 

COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI (CRJCM).




Nota:

A seis meses de la original publicación del artículo del cual insertamos en esta edición de CREACIÓN HEROICA un extracto, se constata la obcecación de Lastra en insistir en una evidente tergiversación del pensamiento de Mariátegui. Esto demuestra lo que en el curso de nuestra crítica a su liquidacionismo de derecha hemos sostenido: su arrogante renuencia pequeño burguesa para la autocrítica, que demuestra, a su vez, que lo que le importa es su persona, y no Mariátegui.  En el blog que dirige, en el blog del que es productor, en sus artículos y en los de sus copartidarios, siguen sonando las consignas sin base teórica, confusionistas y peligrosas que hace tiempo esgrimió por insolvencia teórica o directamente por oportunismo, pero que, sin embargo, impresionan a algunos, seguramente por aquello de que en el país de los ciegos el tuerto es rey. 

01.02.2026.

Comité de Redacción.

 

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual! 

 

El Concepto Mariateguiano de un Perú Integral 

(Fragmento) 

E. I. 

Adenda 

En algunos casos el concepto de «Perú Integral» es considerado como sinónimo del concepto de «revolución de nueva democracia», la misma que, a su vez, no es entendida como una etapa de nuestra revolución socialista. Esto se constata, verbigracia, en la consigna: «¡Por un Perú integral rumbo al socialismo!», así como en la consigna de luchar por un «Perú integral, plurinacional y de nueva democracia, con rumbo al socialismo». Para peor, en la segunda de estas consignas se plantea, como se ve, un Perú «plurinacional» (o multinacional), negando así la tesis mariateguiana sobre el Perú como una nación en formación, pues esta tesis implicaba la integración de las cuatro tradiciones (andina, hispánica, republicana, socialista), integración en curso aun ahora, después de la constitución de la nación peruana. En consecuencia, aquello de un «Perú plurinacional» es una negación de la tesis de un Perú Integral. Además, no es lo mismo luchar «por un Perú plurinacional» que «por un Perú integral», pues no es lo mismo nacionalidad que nación: mientras la nacionalidad expresa una unidad étnica, la nación expresa una unidad territorial, económica, lingüística y cultural. Plantear, pues, un Perú plurinacional, es tomar por naciones las nacionalidades existentes en nuestro territorio y, en consecuencia, proponer un «Perú integral», y al mismo tiempo «plurinacional”, es un completo despropósito. El Perú Integral resultará de la plena integración de sus cuatro tradiciones,(1) como no pudo resultar, por razones obvias, del camino seguido por el proceso que terminó en la formación de la nación peruana. La tesis mariateguiana de un Perú Integral apunta a un Estado socialista unitario, no a un Estado plurinacional, tipo de Estado este último propuesto en los años veinte por Ravines(2) y en los años cuarenta por Martínez,(3) propuesta retomada en nuestro tiempo por algunos grupos. Ciertamente, esta propuesta constituye una nueva embestida contra el pensamiento de Mariátegui. Esta embestida se constata muy claramente en la revista Pizarra Socialista y en el folleto «Lecciones del proceso electoral. Tareas de la izquierda peruana», publicado bajo la firma del «Comité Creación Heroica» (CCH). Precisamente, en este folleto puede encontrarse un entendimiento erróneo del concepto mariateguiano de un Perú Integral. Así, por ejemplo, en la página 37, se dice: 


… el mayor problema histórico del país: la dualidad cultural nacida de la conquista… 

Ocurre, sin embargo, que el problema de nuestra dualidad histórica no es una cuestión exclusivamente cultural, pues, de acuerdo a la teoría mariateguiana del problema, nuestra dualidad presenta, asimismo, una dimensión económica y una dimensión política, como ya vimos en el capítulo V de este libro. Por eso Mariátegui dejó sentado que 


la dualidad de la historia y del alma peruanas, en nuestra época, se precisa… como un conflicto entre la forma histórica que se elabora en la costa y el sentimiento indígena que sobrevive en la sierra… (I: 1988e: 89). 

¿Cuál es la forma histórica que se elabora en la costa? Pues el capitalismo. ¿Cuál es el sentimiento «indígena» que sobrevive en la sierra? Pues el colectivismo, empezando por la propiedad comunal de la tierra. Aquí tenemos, claramente, la dimensión económica de nuestra dualidad histórica. 

Mariátegui subrayó también: 


La política peruana –burguesa en la costa, feudal en la sierra– se ha caracterizado por su desconocimiento del valor del capital humano. (Ob. cit., p. 93). 

Esta cita da cuenta de la dimensión política de nuestra dualidad histórica. Hoy, desde luego, la dicotomía señalada por Mariátegui ha sido superada por la liquidación del gamonalismo y la formación del mercado interno, lo que ha permitido la generalización de la política burguesa en todo el territorio nacional, aunque en la forma minusválida en que puede darse dicha política en un país semicolonial como el nuestro. 

Asimismo, en la página 60 del citado folleto del «CCH», se puede leer: 


… la revolución en la primera etapa tendrá su solución con un Perú integral. (…) no se puede pasar a ese Perú socialista sin resolver la dualidad cultural y el problema de la tierra, como cuestión previa en la revolución democrática; así el Perú integral es el período de transición entre las dos etapas de la revolución peruana, porque a la vez que contiene la solución de la etapa democrática, une a esta con la realización de la etapa socialista. 

Si en la primera afirmación de esta cita el concepto de Perú Integral prácticamente suplanta al concepto de revolución de nueva democracia (como precisamente ocurre en la consigna «por un Perú integral rumbo al socialismo»), en la siguiente afirmación dicho concepto aparece, un poco oscuramente, como una parte del concepto de la mencionada revolución. Esta incoherencia se convierte, finalmente, en un completo absurdo, cuando se dice que «el Perú integral es el período de transición entre las dos etapas de la revolución peruana.» Según esta consideración, el Perú Integral no es ya la revolución de nueva democracia ni una parte de ella, sino «un período» de «transición» entre esta revolución y la revolución socialista proletaria, es decir, un período intermedio entre ambas revoluciones. Así, según se puede colegir de la cita, el Perú Integral es prácticamente una nueva etapa de la revolución peruana, la segunda, y, en consecuencia, la etapa socialista proletaria sería la tercera. A este absurdo final conduce aquel otro absurdo señalado arriba. 

Sin embargo, como todo el mundo sabe, Mariátegui no presentó nunca el concepto de un Perú Integral como la primera etapa de la revolución y tampoco como un «período de transición» entre las dos etapas de la misma. Como hemos visto ya, Mariátegui sostuvo que, «Cumplida su etapa democrático-burguesa, la revolución deviene… revolución proletaria». En esta concepción del proceso general de la revolución peruana, no aparece, como es obvio, el concepto de un Perú Integral. ¿Por qué? Porque el Perú Integral será nada más –pero también nada menos– que un producto de la revolución democrático-burguesa. Pero sucede que, en la consigna «¡Por un Perú integral rumbo al socialismo!», la primera etapa de la revolución peruana es suplantada por el Perú Integral, y en la consigna de luchar por un «Perú integral, plurinacional y de nueva democracia, con rumbo al socialismo», la confusión de conceptos llega al extremo. Así, pues, las consignas en cuestión no tienen ningún asidero teórico, o sea, son consignas erróneas, improcedentes, confusionistas, peligrosas. 

Por otro lado, ya está dicho que aquello de un Perú «plurinacional» constituye una desvergonzada asunción de la propuesta antimariateguiana de Ravines y Martínez. 

Y, sin embargo, aquellas consignas han hecho carrera en el Movimiento Nacional Renovemos. Por ejemplo, en el documento «Ideas fuerza para el cambio social» (2021), puede leerse lo que sigue: 


La propuesta de trabajar por construir un Perú integral rumbo al socialismo, fue planteado por José Carlos Mariátegui cuando afirmó: «He constatado la dualidad nacida de la conquista para afirmar la necesidad histórica de resolverla. No es mi ideal el Perú colonial ni el Perú incaico sino un Perú integral. Aquí estamos (…) los que queremos crear un Perú nuevo en el mundo nuevo.» (p. 11). 

Es notorio que el autor de esta cita interpreta el concepto de «un Perú nuevo» como equivalente al concepto de Perú Integral. Y, de esta forma, implícitamente sostiene que toda la idea que tenía Mariátegui de la revolución de nueva democracia se reducía a la solución de nuestra dualidad histórica. Pero, como ya quedó claro, la primera etapa de nuestra revolución socialista no se limita a la solución de nuestra dualidad. En la arbitraria interpretación de la frase mariateguiana, es decir, en la interpretación según la cual el concepto de «Perú nuevo» equivale al concepto de Perú Integral, se constata: 1) la negación del entendimiento de nuestra revolución como socialista con dos etapas («… rumbo al socialismo»); 2) la reducción de la primera etapa de nuestra revolución a uno de sus productos («Por un Perú integral…»). En esta negación y en esta reducción se basan las consignas que hemos analizado, las mismas que, por lo tanto, constituyen una flagrante tergiversación del pensamiento de Mariátegui. 

Y, desde luego, no es difícil saber quién es el autor de esta tergiversación. 

Notas

[1] En la teoría socialista, integración no significa absorción, sino la fusión de los elementos pasibles de ser históricamente continuados. Los principales elementos de la tradición andina son la comunidad campesina con sus formas de reciprocidad en el trabajo productivo como en la vida social y, naturalmente, los idiomas nativos; de la tradición hispánica, el castellano y el cabildo; de la tradición republicana, la función revolucionaria de los principios liberales, función que ha pasado al socialismo y, al mismo tiempo, el municipio (continuación del cabildo); de la tradición socialista, el pensamiento de Mariátegui, su desarrollo, los elementos de cultura socialista existentes en nuestro medio.

[2] En el artículo «El problema indígena en América Latina», Ravines dice: «La solución posible [“del problema indio como un problema de minoría nacional”] es la que la Unión Soviética ha dado de una manera admirable a los problemas de las nacionalidades: en esta solución, todo está respetado: lengua, tradición, interés moral (sic), ideas. Pero ya sabemos que esas medidas no son aplicables en los sistemas que nos gobiernan. Para ello será necesario, indispensablemente, el cambio del sistema social actual. Bajo el Capitalismo, bajo el yugo del imperialismo, el problema indígena, desde todos sus puntos de vista: económico, educacional, cultural racial (sic), continuará sin solución. Solo el régimen del Proletariado revolucionario, bajo un sistema comunista, es capaz de encontrar solución a una cuestión tal como el problema indígena.» (II: 1980: 38). Es decir, Ravines planteaba la solución de nuestra cuestión nacional en términos de un Estado multinacional (o plurinacional), como en la Unión Soviética.

[3] En el ensayo «El Perú ¿una nación?», Martínez sostiene: «Nunca estará el Perú más firmemente unido y solidario que cuando todas sus nacionalidades se encuentren libremente unidas, ligadas por los lazos fraternales de la federación. De este modo, el nuevo Estado multinacional del Perú, será un Estado constituido por nacionalidades igualmente soberanas, en que ninguna oprima o domine a las otras, en que todos los privilegios nacionales y estatales hayan sido abolidos.»  (I: 1974b: 145). Huelgan comentarios.

[4] Pero es posible que el espíritu superficial, demagógico y refractario a la autocrítica, persista en consignas sin ninguna base teórica, solo porque las mismas le gustan por su sonoridad.

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