martes, 3 de febrero de 2026

Economía

La Economía y la Política Terrorista de la Burguesía Imperialista

Cesar Risso

LA ACTUAL LUCHA interimperialista que se da como consecuencia del auge del capitalismo chino y el declive del capitalismo norteamericano, es el resultado del avance de las fuerzas productivas en su aspecto científico y tecnológico. La finalidad de hacer máximas sus ganancias, conduce a la burguesía a invertir cantidades enormes de dinero, para hacer frente a los “desafíos” que enfrentan diversos sectores de la burguesía en el aspecto tecnológico.

Evidentemente no son las únicas contradicciones que se encuentran en curso en el periodo actual en la economía capitalista mundial. Pero el conflicto mencionado es el que marca la pauta en el accionar de los sectores más afectados de la burguesía, especialmente norteamericana.

La lucha por el dominio tecnológico, tiene como uno de sus aspectos centrales el abastecimiento de materia prima. Así, la confrontación se está dando por las materias primas críticas para la inteligencia artificial, la industria militar y la geopolítica global. Estos recursos son los metales estratégicos (litio, cobalto, tierras raras, níquel, cobre) y los semiconductores (silicio de alta pureza). Estas materias se han convertido en activos estratégicos, disputados por potencias como EE. UU. y China, porque son esenciales tanto para el desarrollo tecnológico como para la defensa.

La administración Trump, con su accionar, de empleo de la violencia reaccionaria y de las amenazas de invasión y latrocinio de países y recursos, así como de secuestros, busca recuperar el liderazgo perdido. Su política agresiva apunta contra quienes revisten algún interés por sus recursos, o por su ubicación estratégica para un eventual conflicto bélico, aun cuando sean países capitalistas y en algunos casos sus aliados. Estas operaciones muestran la desesperación de la burguesía imperialista norteamericana por recuperar por la violencia lo que ha perdido en la lucha científica y tecnológica.

Los estudios sobre la situación de las industrias tecnológicas dan cuenta del fondo del conflicto actual. Así, el Informe sector tecnológico Estados Unidos (IGAPE Miami, mayo 2025),1 destaca la necesidad de inversión en infraestructura, semiconductores y sostenibilidad, además de un ecosistema de innovación que asegure materias primas y talento; en tanto que, el Informe de mercado de tecnología de EE. UU. (pronóstico hasta 2032),2 identifica como factores críticos la disponibilidad de semiconductores, la inversión en defensa y la infraestructura digital, todos dependientes de materias primas estratégicas.

Este conflicto no es nuevo. En la década del 80, bajo la presidencia de Ronald Reagan, EE.UU. implementó el programa llamado “La guerra de las galaxias” (Iniciativa de defensa estratégica), que, aunque su finalidad era protegerse de una posible guerra nuclear contra la URSS, lo que hizo fue potenciar el avance tecnológico. En el caso de Europa, para hacer frente al programa de desarrollo tecnológico de EE.UU., se implementó el programa EUREKA. Es decir, la burguesía, parapetada en determinados territorios, como EE.UU. o Europa, o Asia, entre otros, ha llevado a cabo la competencia tecnológica utilizando ingentes recursos de sus respectivos Estados.

Se trata, pues, de la competencia por ganar cada vez más, manteniendo el dominio del capitalismo, y sosteniendo la defensa armada en los espacios geográficos donde se ubican las empresas de la burguesía imperialista.

La burguesía imperialista norteamericana ha hecho de los EE.UU. su “bunker”, en el que se fortifica, para enfrentar a la burguesía imperialista de otros países. Sin embargo, la situación ha ido cambiando desde hace varias décadas.

En su desesperación, la burguesía imperialista, pone a la cabeza del gobierno del Estado imperialista norteamericano, a un personaje desquiciado. En el frente externo, amenaza con imponer elevados aranceles a las importaciones; aunque muchas de las importaciones son chinas, pero de empresas norteamericanas que operan en dicho país.

Asimismo, Trump hace propaganda de nacionalismo, que en realidad es el intento de involucrar a gran parte de su población para respaldar sus políticas. Pero, lo que realmente pretende es tener una base social para fortalecerse y enfrentar con mayor respaldo su intento de recuperar el control de la economía mundial. La burguesía imperialista norteamericana no solo explota a sus trabajadores nacionales, sino a los trabajadores de todo el mundo. Por ello, su supuesto nacionalismo se presenta como una ridícula pretensión.

En el mismo sentido va la predica de la lucha contra los migrantes, la propaganda racista, etc.

Si bien es cierto, el fascismo es la dictadura terrorista de los sectores más reacciones de la burguesía, un elemento esencial es su carácter corporativo, que consiste en la organización del Estado, las empresas y los trabajadores, en corporaciones, sometiendo de esta forma a los trabajadores. Pero, además, el fascismo es la contrarrevolución armada. Pero, como se puede apreciar, no hay una revolución en curso en los EE.UU., ni en otros países. En consecuencia, ni el rasgo de Estado corporativo, ni el de contrarrevolución, se presentan en el escenario en que se desenvuelve la política de Donald Trump. Pero la violencia con la que actúa, es la política terrorista contra otros países que son controlados por otras burguesías imperialistas, y contra otros países que, como Venezuela y Cuba, mantienen regímenes de democracia popular, o por el acceso a los recursos; mientras que la dictadura terrorista al interior de EE.UU., tiene la finalidad de prevenir movimientos que pongan en peligro la dictadura que la burguesía imperialista ejerce a través de Trump.

La dictadura terrorista del imperialismo norteamericano en su propio país, se debe a las condiciones económicas en las que se encuentra. Así, la deuda pública norteamericana es de más de 38 billones de dólares,3 la misma que se financia en su mayor parte con bonos del tesoro, los que fueron adquiridos en gran parte por China. Sin embargo, en la actualidad, por la lucha interimperialista, China se ha deshecho del 11% de los bonos norteamericanos, India del 20%, Brasil del 26,6%, y México del 13%. Esto agudiza las dificultades económicas de los EE.UU., ya que sus bonos pierden valor, y los pone frente a una situación de colapso por la posibilidad de no pago de la deuda pública.

Otro aspecto negativo de la economía norteamericana es la devaluación del dólar. Internamente esta devaluación significa el incremento de los precios, en consecuencia, aumento de la inflación. Pero, externamente esto quiere decir que el euro se ha revaluado, lo cual encarece el precio de los productos europeos. Esto quiere decir que la balanza comercial de EE.UU. puede mejorar.

El aumento del precio del oro, que ha llegado al precio de más de 5 mil dólares la onza troy, por la mayor demanda como activo de refugio, significa la pérdida de valor del dólar, no solo con respecto al Euro, sino con respecto a todas las monedas.

Esto es lo que conduce a la burguesía imperialista norteamericana y a Donald Trump a aplicar el terrorismo. La desesperada situación en la que se encuentra, tanto por el lado de la situación económica, como por el lado de la falta de materias primas para las industrias de inteligencia artificial y de guerra.

La economía china no puede funcionar al margen de la economía mundial, incluida la norteamericana, puesto que la economía funciona como una suerte de fabrica mundial, dado su nivel de entrelazamiento. En consecuencia, las leyes de desarrollo del capitalismo afectan al conjunto de economías del mundo, incluida la economía china.

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(1) INFORME_SECTOR_TIC_-_MAYO_25-_VERSION_CASTELLANO.pdf

(2) Tamaño, participación y análisis del mercado de tecnología de los Estados Unidos - Informe 2032

(3) U.S. National Debt Clock : Real Time

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