sábado, 1 de febrero de 2020

Política

Izquierda, Capitalismo y Elecciones

César Risso

LA EXPRESIÓN “IZQUIERDA” se ha convertido desde hace algún tiempo en una suerte de fetiche. Bajo esta denominación se pretende abarcar a las tendencias político partidarias y movimientos que cuestionan en general las consecuencias económico-sociales de las políticas que se han venido aplicando en nuestro país en las últimas décadas.

        La prueba más palpable de esta aseveración se encuentra en la evaluación que están haciendo los grupos de “izquierda” de las últimas elecciones al Congreso. Dicen, entre otras cosas, que si la izquierda se hubiese unido, hubiera tenido la más alta representación en el Congreso; que si hubieran aceptado la defensa conjunta de los votos, etc., les hubiera ido mucho mejor. En base a estas consideraciones, acusan a los líderes de las agrupaciones de izquierda que postularon al congreso separadamente, de egoístas, entre otras acusaciones.

        La evaluación de los resultados de las elecciones tiene que considerar las propuestas de cada agrupación e individuo, en el marco de su concepción de clase. Una característica notoria es que las propuestas han girado en torno a problemas concretos como: inseguridad ciudadana, reforma de la Constitución, etc. Algunos otros han realizado propuestas sobre el aumento de las remuneraciones, la reducción de la jornada laboral semanal, etc.

        Como se puede apreciar en las propuestas, la doctrina ha estado implícita. En este sentido, tanto la derecha como la “izquierda”, han desplegado sus propuestas en el marco del sistema capitalista. El cambio de la Constitución, por ejemplo, apunta a cambiar el llamado modelo neoliberal. Pero esto último aparece como una consigna aislada del contenido que se le había venido dando. Unos consideran que la actual Constitución promueve la depredación de nuestros recursos naturales; otros, que predispone a la destrucción del medio ambiente; y, finalmente, otros, que da carta blanca a la burguesía nativa e imperialista, para que a través del libre mercado explote a los trabajadores, e imponga precios de monopolio.

        En ningún caso el cambio de la Constitución, a través de cualquiera de las vías legalmente existentes, se ha propuesto para cambiar el actual sistema económico. Todas las propuestas apuntan a mejorar la actual constitución burguesa, o a retornar a la constitución de 1979.

        Se trata pues para estas agrupaciones de maquillar la explotación capitalista. La izquierda que ha venido participando en las elecciones es burguesa. Es el ala izquierda de la burguesía. De modo que no podemos contabilizar los votos de esta izquierda como si fueran votos por el socialismo. Son votos por un capitalismo moderado.

        Las propuestas más avanzadas han sido las del Frente Amplio y de Juntos por el Perú. Por la lectura de las propuestas, no se podría designar a otras organizaciones políticas que han participado en las elecciones al Congreso, como agrupaciones de izquierda. Entiéndase que estamos considerando a estas dos agrupaciones como organizaciones de izquierda en el sentido de ala izquierda de la burguesía.

        Los aspectos programáticos que presentaron estas dos agrupaciones, que pueden hacernos pensar que son de izquierda, son los siguientes:

Propuestas de Juntos por el Perú
·         Procesos transparentes para exoneraciones tributarias de empresas.
·         Acabar con los regímenes laborales.
·         Cambiar la constitución política del Perú.
·         Reducir la jornada laboral de 48 horas a 40 horas.

Propuestas del Frente Amplio
·         Nueva constitución y una asamblea constituyente que pueda hacer modificaciones de manera integral y articulada.
·         Cambio del modelo económico.
·         Promover la ley de ordenamiento territorial a fin de evitar la deforestación y minería ilegal.
·         Sueldos y pensiones dignos a los trabajadores.
·         Más rigurosidad para otorgar exoneraciones a las empresas.

Como se puede apreciar, además de la reducción de la jornada laboral, y de la mejora de las remuneraciones, que afecta directamente a la burguesía, porque vería reducida sus utilidades, los demás puntos muy bien pueden ser propuestos por la propia burguesía.

        Es como si estos partidos de izquierda fueran sindicatos. Su lucha se desenvuelve dentro de la empresa burguesa y, en el mejor de los casos, a nivel nacional.

        Del socialismo, no se ha dicho nada en la campaña electoral de las diversas agrupaciones de izquierda.

        Es evidente que no se puede reducir la izquierda peruana a las agrupaciones que bajo este membrete postularon al congreso. La izquierda socialista proletaria, está presente en pequeñas agrupaciones dispersas a nivel nacional.

        Por ahora el tamaño de las organizaciones socialistas proletarias es lo de menos. Se trata de desarrollar una labor de difusión de las ideas socialistas. He aquí un déficit importante en este último proceso electoral. La situación era propicia para desplegar una difusión masiva de la doctrina socialista y de las propuestas para el Perú.

        Las campañas se han centrado en la crítica de los efectos negativos del capitalismo, y en la difusión de algunas de las reivindicaciones inmediatas del pueblo peruano.

        La propaganda socialista es necesaria en todo momento, pero en los periodos electorales permite una difusión masiva. De modo que lo que discurre lenta y parcialmente en cada lucha concreta, como medio para difundir el socialismo, se presenta en condiciones inmejorables en los periodos electorales.

        Si hubiese postulado al congreso una agrupación que representa al socialismo proletario, y hubiese hecho una campaña socialista, entonces los votos podrían contabilizarse como votos a favor del socialismo. Pero como las agrupaciones de izquierda que han postulado al congreso han hecho una campaña a favor de un capitalismo moderado, entonces los votos que estas agrupaciones han recibido no se pueden contabilizar como votos por el socialismo.

        El error de las pequeñas agrupaciones de la izquierda proletaria está en que han tratado de llegar al Congreso a través de las agrupaciones de la izquierda moderada, burguesa. Esto lo han hecho seguramente con la finalidad de tratar de no espantar al electorado con propuestas como la necesidad del cambio del sistema capitalista por el socialista. Es decir, han querido llegar al Congreso no como agrupaciones, sino como individuos.

        La participación individual de representantes de la izquierda proletaria, no puede hacerse siguiendo el juego del ala izquierda de la derecha. De haber existido representantes de la izquierda proletaria en las agrupaciones de izquierda que postularon al Congreso, habría que concluir que estos se camuflaron en estas agrupaciones, en lugar de plantear sus puntos de vista de clase.

        La política de frente en la campaña electoral debe seguir la pauta de que cada agrupación debe asumir su concepción de clase abiertamente y, en consecuencia, difundir su doctrina, pero asumiendo el programa de reivindicaciones inmediatas acordadas en el frente.

        Lo necesario en una campaña electoral de la izquierda proletaria es difundir un programa de reivindicaciones inmediatas, así como hacer propaganda por el socialismo. Esta es una labor permanente, pero como ya hemos señalado, en los periodos electorales la difusión es mucho mayor.

        De haber llegado algún genuino representante de la izquierda proletaria al Congreso, tendría varias labores que cumplir: denunciar permanentemente los males del país y de la situación precaria de los trabajadores, como consecuencia del dominio del sistema capitalista; proponer proyectos de ley que favorezcan a las clases trabajadoras; fiscalizar el uso de los recursos públicos; proponer proyectos de ley que tiendan a fortalecer las bases de una futura organización socialista de la sociedad peruana; promover la difusión del socialismo en general, y de las experiencias socialistas en el mundo, etc.

        El balance de la labor de la izquierda proletaria en este último proceso electoral arroja un saldo negativo. Lo primero, es que no se aprovechó este periodo para desarrollar una amplia campaña por las ideas socialistas. Lo segundo, es que no se ha sabido reconocer a las agrupaciones de izquierda como representantes del ala izquierda de la burguesía. Lo tercero, es que no ha habido ni la capacidad ni la voluntad de plantear una propuesta socialista para aglutinar a los pequeños grupos y tendencias proletarias a nivel nacional. En cuarto lugar, no se planteó una política de frente para la lucha electoral, que permitiera al pueblo identificar, en la izquierda proletaria, sus intereses de clase. Por último, se siguió el señuelo de la expresión “izquierda”, sin reconocer que en el periodo actual, es necesaria la unidad de la izquierda proletaria, alrededor del reconocimiento de las ideas fundamentales del socialismo, con el ánimo de forjar los instrumentos tanto materiales como espirituales que nos conduzcan a la concreción del socialismo en nuestro país.

        En nuestro balance no podemos asumir el pasivo de la izquierda que promueve un capitalismo moderado.

        En todo caso, es nuestra responsabilidad que el pueblo no haya tenido la opción de votar por la izquierda proletaria, por los representantes del socialismo.



Lineamientos programáticos

El Programa de la «Célula de París»


Eduardo Ibarra


Habiendo sido este proyecto de programa uno de los que sirvieron de base para la elaboración del programa del PSP en el último tercio del año de 1929, es necesario examinarlo tanto en su exposición doctrinal como en sus puntos específicos. Procedamos.

En una comunicación de la «célula de París» al «grupo de Lima», fechada el 29 de diciembre de 1928, se lee:

… hemos decidido constituir una célula del Partido Socialista del Perú, la que se halla actualmente en funciones.
La ideología que adoptamos es la del marxismo y la del leninismo militantes y revolucionarios, doctrina que aceptamos integralmente, en todos sus aspectos: filosófico, político y económico-social. Los métodos que sostenemos y propugnamos son los del socialismo revolucionario ortodoxo. No solamente rechazamos sino que combatimos y combatiremos en todas las formas, los métodos y las tendencias de la social-democracia y de la II Internacional. (Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, Martínez de la Torre, t. II, p. 328; en adelante, Apuntes).

Adjuntas a la comunicación, llegaron las Tesis sobre la acción por desarrollar en el Perú, cuyo contenido comprende: 1) una consideración del leguiísmo como expresión de la debilidad de la gran burguesía para realizar una verdadera «transformación económica», así como de su «transacción con los elementos feudales» (ibídem, p. 329); 2) una puntualización de «La batalla entre el imperialismo inglés y el yanqui [que] se desarrolla sin más hondas proyecciones, a causa de la imposibilidad material en que se encontraba entonces Inglaterra para contener a su nuevo rival, quien consolida en el Perú una de sus más fáciles victorias» (ibídem, p. 330); 3) la aserción de que el Perú se había convertido «en una semicolonia del imperialismo norteamericano»; 4) un listado de las clases que conforman la sociedad peruana (véase ibídem, p. 332); 5) la propuesta del frente unido de las clases oprimidas «contra el imperialismo y el feudalismo», con la especificación de que este frente unido debería estar integrado «por dos partidos: el Partido Nacionalista, cuyo programa está especificado en el Plan de México, y previas las modificaciones que exigimos, y el Partido Socialista del Perú»; 6) la idea del partido de clase, que se organizaría «legal o ilegalmente», y que, dadas ciertas condiciones, debería pronunciarse «sobre su adhesión y su afiliación dentro del movimiento internacional» (ibídem); 7) el planteamiento de que el Partido debería constituirse «como un Block obrero-campesino», con la indicación de que la militancia partidaria debe comprender también a soldados, marineros y elementos de la pequeña burguesía, estos últimos solo «en el caso de que renuncien a sus puntos de vista personales, y acepten la disciplina, el programa, los puntos de vista y las reivindicaciones proletarias»; y que, asimismo, artesanos, empleados, estudiantes y escritores podían ingresar al Partido, «siempre que acepten en todo momento someterse a la disciplina impuesta por los obreros, así como a la disciplina internacional» (ibídem, pp. 333-334).

Luego de esta declaración doctrinal, el documento pasa a exponer «Los puntos principales del programa del Partido» (ibídem, p. 334).

El punto 1, dice:

Expropiación, sin indemnización, de los latifundios: entrega de una parte a los ayllus y comunidades, prestando todo el contingente de la técnica agrícola moderna. Repartición del resto entre los colonos, arrendatarios y yanaconas (ibídem).

Este punto no requiere mayor explicación, pues se trata de la confiscación de la tierra de los terratenientes feudales a favor de las comunidades y de los campesinos pobres.

El punto 2, dice:

Confiscación de las empresas extranjeras: minas, industrias, bancos y de las  empresas más importantes de la burguesía nacional (ibídem).

Aquí se trata de la liquidación de la propiedad imperialista y de la «burguesía nacional» (con este término se designaba entonces a la gran burguesía intermediaria del imperialismo).

        El punto 3, dice:

Desconocimiento de la deuda del Estado y liquidación de todo control, por parte del imperialismo (ibídem).

De esta forma el Programa obedecía a la necesidad de desconocer la creciente deuda del Estado que, a la altura de 1928, tenía ya como principal acreedor al imperialismo yanqui, al cual seguían el imperialismo inglés y por último algunos otros países.

El punto 4, dice:

Jornada de 8 horas, en la ciudad y en las dependencias agrícolas del Estado y abolición de toda forma de servidumbre o de semi-esclavitud (ibídem).

La jornada de 8 horas era una reivindicación de la clase obrera alcanzada el 15 de enero de 1919, pero incumplida en algunos sectores urbanos y que en el campo simplemente brillaba por su ausencia, pues ahí imperaba la semifeudalidad. Por eso el punto plantea la abolición de toda forma de servidumbre.

Pues bien, en sus Apuntes, Martínez de la Torre da cuenta de que las Tesis sobre la acción por desarrollar en el Perú, «no fueron aceptadas en su totalidad por el grupo de Lima» (p. 335), pero no puntualiza en qué precisamente no fueron aceptadas.

        Esta circunstancia exige, por tanto, una contrastación detallada de los proyectos de programa del «grupo de Lima» y de la «célula de París», de resultas de la cual pueden evidenciarse algunas discrepancias que pasamos a examinar.

El punto 5 del proyecto de la «célula de Paris», dice:

Armamento inmediato de los obreros y campesinos y transformación del ejército y de la policía en milicia obrera y campesina (ibídem, p.334).

Ciertamente aquí se constata una concepción inmediatista de la revolución. Además, el punto encierra la creencia de que el aparato del ejército y el aparato de la policía pueden ser transformados en su contrario, cuando la experiencia de la revolución mundial enseñaba, ya entonces, que los aparatos del Estado burgués no contienen una acción revolucionaria. Este debe de haber sido uno de los puntos no aceptados por el grupo de Lima.

        El punto 6, dice:

Instauración de los municipios de obreros, campesinos y soldados, en lugar de la dominación de clase de los grandes propietarios de la tierra y de la Iglesia (ibídem).

Aquí también se constata la creencia indicada arriba, de manera que se oscurece la necesidad de crear, en la lucha directa por el poder, organizaciones revolucionarias al margen del Estado y que precisamente ejerzan violencia contra el Estado a fin de tumbarlo (soviets, ejército del pueblo, etc.). Puesto que Mariátegui, cabeza del «grupo de Lima»  y redactor del proyecto de programa aprobado en principio por la Reunión de Barranco del 7 de octubre de 1928, había expresado, tempranamente, que «los cauces legales no pueden contener una acción revolucionaria» (Temas de nuestra América, p. 143), salta a la vista que el punto que comentamos debe de haber sido otra de las cuestiones no aceptadas por el grupo de Lima.

        Pero hay más. Hemos visto que en la declaración doctrinal del proyecto de programa de la «célula de París», se sostiene que el frente unido debería estar integrado por el Partido Socialista y el Partido Nacionalista. Puesto que la Moción, presentada por Mariátegui y aprobada por la Reunión de Barranco, mantiene en su numeral 5 que «La organización sindical y el partido socialista, por cuya formación trabajaremos, aceptarán contingentemente una táctica de frente único o alianza con organizaciones o grupos de la pequeña burguesía, siempre que éstos representen efectivamente un movimiento de masas y con objetivos y reivindicaciones concretamente determinados», y puesto que, después de la polémica con Haya, los seguidores de este personaje cabían en un sofá, se puede inferir con toda razón que la aludida propuesta de la «célula de París» debe de haber sido otro de los puntos no aceptados por el «grupo de Lima».(2)

        Existen en el Programa otras formulaciones que probablemente no fueron aceptadas por el «grupo de Lima», pero las principales son las examinadas.

Pues bien, después de exponer los seis puntos de su programa, Eudocio Ravines dejó apuntado: «El programa puede ser, como es natural, ampliado por ustedes.» (Apuntes, p. 334).(1)

        Veamos ahora las coincidencias entre el programa de Mariátegui y el programa de Ravines.

En general, tales coincidencias son evidentes hasta el punto de que hacen ociosa su explicación. Sin embargo, hay dos que, por su especial relieve y su particular significación, merecen ser puntualizadas a efecto de dar cuenta de la comunidad ideológica entre ambos programas.

        En el programa del «grupo de Lima», puede leerse lo siguiente:

        El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha.

Y en la comunicación que introduce a las Tesis, puede leerse lo que volvemos a copiar:

        La ideología que adoptamos es la del marxismo y la del leninismo militantes y revolucionarios, doctrina que aceptamos integralmente, en todos sus aspectos: filosófico, político y económico-social.

Cualquiera que sea capaz de penetrar en la esencia de la cuestión y no se pierda en lucubraciones de carácter formalista, tiene que convenir en que ambos proyectos de programa muestran la misma filiación ideológica: el marxismo-leninismo.

        Por otro lado, en el programa del PSP se lee:

        El Partido Socialista del Perú es la vanguardia del proletariado, la fuerza política que asume la tarea de su orientación y dirección en la lucha por la realización de sus ideales de clase. (Ideología y política, p. 162).

Y, en la declaración doctrinal del proyecto de programa de la «célula de París», se lee lo que también volvemos a copiar:

        Nosotros sostenemos y sostendremos, a todo evento, la independencia del proletariado, dentro de su propio partido de clase. (Apuntes, p. 333).

Como es evidente, en punto a la cuestión fundamental del partido, ambos programas revelan su comunidad ideológica.

        Pues bien, en algún momento del período setiembre-diciembre de 1929, el Partido Socialista del Perú aprobó su programa sobre la base de los proyectos de Mariátegui y Ravines.

Por eso, el 10 de marzo de 1930, el primero de ellos le escribió a José Malanca:

Dígale a Seoane que no he sabido nunca si recibió la carta que hace varios meses le dirigí acompañándole copia de los puntos aprobados del programa del P.S. (Correspondencia, t. II, p. 738).

Por eso también, en carta a Ravines del 18 de mayo de 1930, Juan Paiva apuntó:

El 7 de setiembre del año pasado, pocas horas antes de que me redujeran a prisión, el C.E. del P. discutía los puntos programáticos y, recuerdo que en esa ocasión no hubo una sola objeción sustancial en cuanto al fundamento teorético del programa. (Apuntes, p. 510).

Infortunadamente, el texto del Programa aprobado por el PSP no ha sido encontrado, no obstante que fuera remitido a algunos activistas.

Notas
[1] Esta afirmación podría estar dando cuenta de que los miembros de la «célula de París» nada sabían de la existencia del programa aprobado en principio por la Reunión de Barranco, y, probablemente, de que tampoco sabían nada de la realización de esta Reunión. La comunicación y las Tesis están firmadas por Eudocio Ravines, en calidad de Secretario General de la célula; Armando Bazán; Juan J. Paiva; Jorge Seoane; Demetrio Tello; César Vallejo.
[2] Por cuanto esta propuesta trata la cuestión del frente al mismo tiempo que la cuestión del partido de clase, resulta pertinente examinar de pasada cómo concebía José Bustamante y Ballivián la relación entre ambos tipos de organización. Esta persona, que no militaba en la «célula de París» pero que en algún momento participó del debate en condición de cabeza de algunos elementos, se oponía al frente unido compuesto por el P.S y el P.N., pero con el argumento de que «el Frente Unico se organizaría como un Partido Unico, en cuyas filas estarían los elementos proletarios del Partido Socialista, quienes defenderían en el seno del P. N. sus principios y sus puntos de vista socialistas», y «que en tal forma, el proletariado tiene la ventaja de hallarse organizado en su partido independiente y al propio tiempo la de controlar la marcha de un partido, en el que la gran masa militante tiene que estar formada por la pequeña burguesía y el campesinado.» (Apuntes, p. 333). La pertinencia de llamar la atención sobre este planteamiento reside en el hecho de que sirve para relevar la adhesión de la «célula de París» al partido de clase y la distinción que hacía entre organización partidaria y frente unido. Ciertamente estas notas no son el lugar adecuado para analizar en todos sus aspectos y en todas sus consecuencias el punto de vista de Bustamante.

23.06.2019.

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