miércoles, 1 de enero de 2020

Política


Lineamientos programáticos


El Método en la Elaboración del Programa de la Revolución

(Quinta y Última Parte)


Eduardo Ibarra


El PROGRAMA SEÑALA:

8.- Cumplida su etapa democrático-burguesa, la revolución deviene en sus objetivos y en su doctrina revolución proletaria. El partido del proletariado, capacitado por la lucha para el ejercicio el poder y el desarrollo de su propio programa, realiza en esta etapa las tareas de la organización y defensa del orden socialista (ibídem, p. 162).

Esta afirmación requiere una explicación. En la nota Del autor, Mariátegui escribió sobre su labor teórica:

Prepara actualmente un libro sobre política e ideología peruana, que será la exposición de sus puntos de vista sobre la Revolución Socialista en el Perú… (ibídem, p. 15).

En otro lugar, subrayó:

La revolución latino-americana, será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente, la revolución socialista. A esta palabra, agregad, según los casos, todos los adjetivos que queráis: “anti-imperialista”, “agrarista”, “nacionalista-revolucionaria”. El socialismo los supone, los antecede, los abarca a todos (ibídem, pp. 247-48).

Es de observar que Mariátegui no niega la etapa democrático-burguesa de nuestra revolución, sino que afirma que esta etapa es una parte de nuestra revolución socialista. Y de esta forma sostiene que la revolución peruana es una revolución socialista con dos etapas.

Congruente con esta visión, el Programa, como se ha visto, precisa que «Cumplida su etapa democrático-burguesa, la revolución deviene en sus objetivos y en su doctrina revolución proletaria.»

Para evitar confusiones, es pertinente esclarecer qué sostuvo Mariátegui con la frase «Cumplida su etapa democrático-burguesa». Esta frase es una perífrasis de participio que equivale a decir: «luego de cumplirse su etapa democrático-burguesa, la revolución deviene…».

Esta forma lingüística es empleada por Mariátegui en otros casos también, por ejemplo cuando escribió: «Abatida la feudalidad latifundista, el capitalismo urbano carecerá de fuerzas para resistir a la creciente obrera» (ibídem, p. 33).

En conclusión, no es que el Programa sugiera que la revolución democrático-burguesa hubiera tenido lugar en algún momento anterior a 1928 (cuando se elaboró el Programa del Partido), sino que sostiene que, después de llevarse a cabo la etapa democrático-burguesa de nuestra revolución, ésta deviene revolución proletaria.

El Programa sostiene:

El partido del proletariado, capacitado por la lucha para el ejercicio del poder y el desarrollo de su propio programa, realiza en esta etapa las tareas de la organización y defensa del orden socialista (ibídem, p. 162).

De hecho, con la frase «ejercicio del poder», Mariátegui se refiere a la dictadura del proletariado. Así lo demuestra la idea de que, ya en el poder, el Partido desarrolla «su propio programa», es decir, «realiza… las tareas de la organización y defensa del orden socialista.»

Teniendo en cuenta que al respecto no debe caber ninguna duda, sería mejor que en el Programa del Partido aparezca el término dictadura del proletariado y se defina el concepto que encierra.

El Programa dice:

El Partido Socialista del Perú es la vanguardia del proletariado, la fuerza política que asume la tarea de su orientación y dirección en la lucha por la realización de sus ideales de clase (ibídem).

Esta afirmación es sumamente importante y, en nuestro tiempo –en el cual hay quienes niegan el vanguardismo marxista– hay que destacarla suficientemente: desde la segunda década del siglo veinte, para ser vanguardia el partido debe adherir al marxismo-leninismo (que hay que entender como la ideología de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao) y enraizarse en la clase y el pueblo. Pero desde que el Partido adhiere al marxismo-leninismo, es ya vanguardia: lo ideológico es el factor determinante de su cualidad de vanguardia, y su enraizamiento en las masas populares es una cuestión derivada, aunque, por supuesto, políticamente necesaria.

Ahora bien, si, como señala el Programa, el Partido «asume la tarea de [la] orientación y dirección en la lucha por la realización de sus ideales de clase», entonces se entiende que el Partido es necesario en la construcción del socialismo, o sea, en la lucha por la realización del comunismo.

En el acápite Reivindicaciones inmediatas, el Programa considera una serie de reivindicaciones que en los años veinte del siglo pasado estaban en la orden del día, reivindicaciones correspondientes tanto a lo económico como a lo social y a lo educacional, tanto a la clase obrera como al campesinado y a la pequeña burguesía. Presentemente el Programa debe considerar también las reivindicaciones que emanan de la situación concreta.

Entre las reivindicaciones consideradas por el Programa del PSP, la cuestión de «la libertad de cultos y enseñanza religiosa» merece el siguiente apunte: en el Programa a elaborarse, debe considerarse –aunque no como reivindicación inmediata sino máxima– la separación de la iglesia del Estado.

Por otra parte, en el Programa debe destacarse el derecho al trabajo, reivindicación que actualmente aparece en numerosos programas del país y el mundo. ¿Por qué hay que destacar este derecho? Analicemos la cuestión.

Como no puede ser de otro modo, el derecho al trabajo está ligado al concepto de «trabajo digno». ¿Qué es el «trabajo digno»? Es el que, según todo juicio, satisface las necesidades básicas del trabajador y su familia: vivienda, alimentación, educación, salud, transporte, recreación. Es decir, el «trabajo digno» es el que otorga al trabajador un «salario justo».

Pero sucede que, «en las actuales condiciones sociales, el más justo de los salarios corresponde inevitablemente a la más injusta distribución del producto del obrero, por cuanto la mayor parte de ese producto va al bolsillo del capitalista y el obrero debe conformarse con la parte indispensable para conservar su capacidad de trabajo y para propagar su especie» (Engels).

Por tanto, no hay «salario justo» y, por tanto, no hay «trabajo digno» y, por tanto, desde el punto de vista marxista, en el capitalismo el derecho al trabajo no es verdaderamente realizable.

        En efecto, el capitalismo semicolonial que caracteriza a nuestra sociedad, no tiene la capacidad de hacer que la paga cubra las anotadas necesidades de todos y cada uno de los integrantes de la masa laboral.

Al mismo tiempo, en el capitalismo el trabajo es trabajo enajenado, incluso si satisficiera las aludidas necesidades básicas. Precisamente en los Manuscritos económico-filosóficos de 1848, Marx expuso las cuatro formas fundamentales del trabajo enajenado, y no hay que perder de vista esta exposición.

        En consecuencia, todo marxista debe tener muy presente estas realidades explicadas aquí brevemente, pues de otro modo corre el riesgo de creer que el derecho al trabajo, el «trabajo digno» y el «salario justo», son realizables en el capitalismo.

Sin embargo, no obstante lo esclarecido, el derecho al trabajo es una bandera irrenunciable, y es un factor de agitación de primer orden.

Apuntemos, al respecto, dos cuestiones.

Primera cuestión: el derecho al trabajo es el centro del conjunto de las reivindicaciones inmediatas, pues todas ellas guardan con él una relación directa o indirecta.

Segunda cuestión: el derecho al trabajo es la reivindicación que relaciona el Programa Mínimo con el Programa Máximo, pues «detrás del derecho al trabajo está el poder sobre el capital, y detrás del poder sobre el capital la apropiación de los medios de producción, su sumisión a la clase obrera asociada, y por consiguiente, la abolición tanto del trabajo asalariado como del capital y de sus relaciones mutuas» (Marx).

Detrás del derecho al trabajo está el poder sobre el capital, porque, como hemos subrayado arriba, como regla el capitalismo no está en grado de resolver el problema del trabajo pleno (así como tampoco de proporcionar un trabajo que no sea trabajo enajenado), y menos lo está en un país de incipiente capitalismo como el nuestro, de manera que las clases trabajadoras pueden percibir perfectamente que el derecho al trabajo solo puede ser alcanzado realmente a condición de que se apropien de los medios de producción, o sea, de que conquisten el poder político, centro del Programa Máximo.

        Así pues, la lucha reivindicativa revela su ligazón intrínseca con el Programa Máximo, el derecho al trabajo su ligazón con la cuestión del poder, el «trabajo digno» su ligazón con el socialismo.

        No actuar la lucha de clase del proletariado conforme exige esta relación, hace que el derecho al trabajo sea asumido con una concepción meramente reformista.

Conclusiones

Como hemos visto a lo largo de la exposición, el Programa del PSP, redactado por Mariátegui, es un ejemplo de dialéctica: resuelve en términos correctos la relación entre la estructura económica y la superestructura de nuestra sociedad, entre la realidad nacional y la realidad mundial, entre la verdad universal del marxismo-leninismo y nuestra realidad concreta, entre el nacionalismo y el internacionalismo proletarios, entre la lucha por las reivindicaciones inmediatas y la lucha por el poder(5), entre el Partido por una parte y la clase y las masas por otra, entre lo «indígena» y lo occidental en nuestra sociedad, entre el Perú y la civilización occidental, etcétera, etcétera.

He ahí el método que Mariátegui puso en juego en la elaboración del Programa del PSP, cuyo contenido, por otra parte –y tal como hemos procedido– hay que asumir con beneficio de inventario.

Así, el Programa del Partido, cuestión en debate o que debe ser debatida, debe partir necesariamente del Programa del PSP, pero en el entendido de que debe basarse también, a un tiempo mismo, en la situación actual del Perú y el mundo.

El Programa del Partido no es el Programa del Frente Unido del Pueblo Peruano, pero puede ser su fuente de inspiración. Como se comprenderá, el tratamiento de esta cuestión excede en mucho los límites del presente escrito.

Notas
[5]    En el Programa del PSP, esta relación está expresada en la siguiente afirmación: «Los grupos estrechamente ligados que se dirigen hoy al pueblo, por medio de este manifiesto, asumen resueltamente, con la conciencia de un deber y una responsabilidad histórica, la misión de defender y propagar sus principios y mantener y acrecentar su organización, a costa de cualquier sacrificio. Y las masas trabajadoras de la ciudad, el campo y las minas y el campesinado indígena, cuyos intereses y aspiraciones representamos en la lucha política, sabrán apropiarse de estas reivindicaciones y de esta doctrina, combatir perseverante y esforzadamente por ellas y encontrar, a través de cada lucha, la vía que conduce a la victoria final del socialismo.» (Ideología y política, p. 164)

21.05.2019.

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