lunes, 1 de mayo de 2017

Política

De Cómo los Liquidadores Abjuran del Marxismo-Leninismo y Falsifican la Creación Heroica de Mariátegui

(Cuarta Parte)



Eduardo Ibarra


La cuestión del partido del proletariado peruano
La frase mariateguiana de un partido de masas y de ideas encierra el concepto de un partido de clase (es decir adherido al marxismo-leninismo) bajo la forma organizativa de un partido de masas (es decir con una composición extensa de cuadros).

Pero ocurre que Abimael Guzmán llevó adelante una reconstitución cuyo contenido no tuvo que ver con el proyecto de partido de Mariátegui (partido de cuadros como opuesto al partido de masas, “reconstitución para la guerra popular”, etcétera).

        Por su parte, Ramón García pretende vender la idea de un partido de masas pluriclasista. Para ello empezó por abjurar del marxismo-leninismo para, sobre esta base, terminar falsificando la verdad doctrinal y orgánica del PSP, promoviendo una organización de dos niveles orgánicos doctrinariamente disímiles entre sí y renunciando a la Reconstitución.

Levantando como coartada y aun como señuelo la frase mariateguiana de un partido de masas y de ideas, García pretende, pues, liquidar el partido de clase.

Si en nuestro libro El pez fuera del agua. Crítica al ultraizquierdismo gonzaliano (2010) y en el artículo Comentario al libro “Memorias desde Némesis” por Abimael Guzmán (2014), hicimos la crítica de la falsa reconstitución el PCP-SL, en nuestro folleto El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui, salido a luz hace tres meses, así como en otros textos, hemos desenmascarado el plan liquidacionista de García, y toda esta labor de crítica era absolutamente necesaria por cuanto no había otra forma de defender la verdad histórica del PSP y del propio Mariátegui.

Como es obvio, el partido de clase sirve al proletariado; pero el partido pluriclasista que propone García, ¿a quién sirve?

Si en los años setenta (en sus tiempos de liquidador de “izquierda”), García sirvió a la burguesía disolviendo parte de la organización partidaria y promoviendo el   “ocultismo” (véase nuestro aludido Comentario al libro “Memorias desde Némesis” por Abimael Guzmán), actualmente (en su condición de liquidador de derecha) sirve igualmente a la burguesía promoviendo la liquidación del partido de clase en toda la extensión de la izquierda.

Siguiendo su costumbre burocrática de hacer depender la construcción orgánica de las efemérides, García ha impuesto a sus seguidores fundar su pretendido partido-amalgama en oportunidad del centenario de la revista Nuestra Época.

Pues bien, por un lado, la fecha escogida da cuenta de la intención de servirse de dicha revista como señuelo para consumar la idea oportunista de confundir deliberadamente el socialismo reformista y el socialismo marxista en un partido-amalgama; por otro, la celebración liquidacionista de dicho centenario será el punto final del fracaso anunciado de su proyecto.

El anuncio fue el fracaso del intento liquidacionista de fusionarse con el PCP-Unidad hace algún tiempo.

El proletariado peruano requiere un partido de clase bajo la forma organizativa de partido de masas. Esto implica la Reconstitución del Partido de Mariátegui, tarea a la que García ha renunciado formal y públicamente.

Con esta renuncia García se ha apartado de la médula de la Creación Heroica de Mariátegui, y, de esta forma, ha sentenciado su destino político. No solo el de él, sino también el de sus seguidores, a quienes, aprovechándose del servilismo que los caracteriza, les impuso con toda facilidad dicho apartamiento.

20.12.2016.


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!



Acerca de un Caso de Escamoteo e Impotencia

(Segunda Parte)


Eduardo Ibarra


Aragón dice: “Ambos autores, Ibarra y García,  coinciden y son dos convencidos en afirmar que ‘el partido siempre debe dirigir al frente’, y si en determinado momento, como por ejemplo ahora, no hay un partido efectivo, entonces para ellos simplemente ‘no existe el frente’. Así de simple, es su absurda conclusión subjetiva”.

Esta afirmación es una burda calumnia. En la primera mitad del año próximo pasado publiqué cinco artículos sobre el frente unido (Mariátegui y el frente unido, Mariátegui y los principios del frente unido, El frente unido del pueblo peruano, El frente unido de la izquierda peruana, Los “principios programáticos del Partido Socialista y el programa del frente unido hoy), y, como puede verificar el lector, en ninguno de ellos he afirmado que “el partido siempre debe dirigir al frente” (frase que Aragón entrecomilla para producir en el lector la impresión de que me pertenece), ni he sostenido que “no existe el frente” (frase que igualmente entrecomilla para producir la misma impresión).

Pero abordemos teóricamente la cuestión. Ciertamente la susodicha frase no es ninguna aberración, como cree Aragón. ¿Acaso el partido no debe dirigir el frente? Claro está que, en la actual situación de dispersión orgánica de la fuerzas marxista-leninistas, la mencionada dirección no puede ser entendida sino como que el frente debe ser dirigido por tales fuerzas, y no específicamente por una de ellas.

Por enésima vez, Aragón se regodea hablando de la dimensión orgánica del COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI. Con este barato recurso intenta desacreditar nuestra crítica a sus monumentales despropósitos. Ya en otro lugar hemos dado cumplida respuesta a este intento señalando que la verdadera dimensión de nuestro Comité está dada por nuestra intransigente lucha en defensa de la verdad doctrinal de José Carlos Mariátegui y la verdad doctrinal y orgánica del PSP. Ahora nos extenderemos un poco sobre esta cuestión.

La tendencia liquidacionista (a la cual pertenece Aragón) es, en efecto, una tendencia muy pequeña y seguirá siéndolo hasta su extinción, pues, con su abjuración del marxismo-leninismo, su falsificación de la Creación Heroica de Mariátegui, su acción legal municipal como pretendido camino al socialismo y su intención de liquidar el partido de clase en toda la extensión de la izquierda peruana, no representa ni puede representar a nadie, más allá, naturalmente, de aquellos elementos que, por su espíritu servil, hace tiempo fueron fáciles víctimas del engaño de García.

Por el contrario, con nuestra defensa del marxismo-leninismo, de la Creación Heroica de Mariátegui, de la táctica y estrategia revolucionarias y del partido de clase, es un hecho que representamos a un extenso sector de activistas (no importando la situación orgánica de los mismos), lo que da cuenta de una buena perspectiva.

Por supuesto, nuestro comentarista no es capaz de llegar a este fondo de la cuestión.

Aragón tiene la misma criolla costumbre de García de desenfocar las cuestiones en debate. Uno de sus recursos preferidos es presentarse como que está en el centro mismo de la lucha de las masas trabajadoras, mientras sus críticos no. Así intenta desautorizarnos, agregando ahora que consideramos que las luchas de las masas “no son válidas” porque no las hemos “dirigido personalmente” (estas afirmaciones Aragón las pone igualmente entre comillas, lo cual significa que en este caso también pretende embaucar al lector en el mismo sentido anotado arriba).

La verdad –que puede corroborar el lector– es que en ninguna parte hemos escrito las frases que nos imputa Aragón. Por tanto, se trata de otra burda calumnia.

Ahora veamos con qué posición participa Aragón en las luchas de las masas.

En el artículo Minería y fetichismo de la mercancía (respuesta a Miguel Aragón), César Risso señaló con toda razón lo siguiente:

“Las circunstancias actuales han conducido a que la forma en la que se está desarrollando la organización y la lucha del trabajador en general, contra la burguesía como clase, es a través de los frentes regionales contra las empresas extractivas, como las mineras, petroleras, etc. Y se trata de reorientar este movimiento real, vivo, y en desarrollo, hacia la destrucción del capitalismo y la construcción del socialismo”.

“Pero Aragón no solo deja de lado el problema socio-económico, sino que además no sobrepasa las relaciones sociales de producción capitalistas; por ello se queda en la urgencia de reclamar crecimiento y desarrollo capitalista, en lugar del cambio de sistema, sin lograr ver la perspectiva proletaria”.

“Considera que como la minería será necesaria en el socialismo, hay que defenderla en el capitalismo. Pero justamente nuestra crítica a Aragón señala que este ha abandonado el concepto de clase social; ya que si lo hubiera tenido presente, tendría claro que la minería en el capitalismo explota, y en el socialismo libera”.

“Cuando Aragón dice que hay que continuar con el crecimiento económico, oculta o niega las contradicciones del capitalismo, y que estas se traducen en crisis económicas. O cree que la actual crisis económica de los países industrializados se debe a que no querían promover el crecimiento económico. Y de ser posible esta ilusión, ¿acaso el crecimiento económico ha llevado a los países industrializados al socialismo?”

“Tal vez Aragón diga: “son contradicciones más ideales que reales”, como afirma con respecto a la lucha contra la minería”.

“Pretende Aragón que los campesinos acepten racionalmente el progreso técnico, y digan “minas sí, oro sí”, reconociendo que esta actividad trae progreso, o que digan que como el 85 % del agua se usa para la agricultura y el 1% para la minería, es justo que la burguesía minera disponga de toda el agua que necesite. Seguramente piensa lo mismo en relación a la burguesía y el socialismo; de tal modo que la burguesía pueda reconocer que racionalmente el socialismo es mejor; y así alcanzar su socialismo edulcorado bajo la vía municipal. Todo es cuestión de que los campesinos, los burgueses y el “poblador peruano” entiendan que la propuesta de Aragón es más racional. Tenemos así una nueva versión del socialismo utópico, con la diferencia de que en el tiempo del socialismo utópico faltaban los descubrimientos hechos por Carlos Marx, y en consecuencia los utopistas no estaban en condiciones de conocer la esencia de la explotación capitalista, ni la solución correspondiente; mientras que Aragón tiene ante sí las herramientas, así como la experiencia de la construcción del socialismo, y por lo tanto su utopía se nos presenta teóricamente como revisionismo y políticamente como oportunismo”.

“Por lo tanto, la propuesta de Aragón trata de sustentar la reproducción, la copia, la repetición del desarrollo del capitalismo por la vía liberal, que es justamente lo que rechaza José Carlos Mariátegui, y que es uno de sus aportes al recusar este método. JCM planteó que el método liberal en el Perú había caducado, pues el capitalismo había dejado de coincidir con el progreso”.

“La defensa de Aragón de la minería capitalista, implica la defensa del hambre y la crisis, que son sus consecuencias, que lleva estos males a niveles de genocidio”.

“En el caso específico del proyecto minero Conga, Aragón deja de lado el origen del capital que explota los recursos mineros; es decir, si se trata de la burguesía nativa o de la burguesía imperialista, que por su diferente carácter, reviste una importancia de primera línea. Obviando que la lucha de los comuneros de Cajamarca contra la actividad minera y la explotación del oro, al usar y contaminar el agua, es la forma concreta en la que se expresa la lucha contra el capitalismo y contra el imperialismo”.

“Y así, defendiendo el crecimiento y el desarrollo del capitalismo, Aragón aparece como un apologista del capitalismo en general, y como un defensor de la minería capitalista en particular; como un admirador solapado de las propuestas del Partido Nacionalista en el gobierno”.

Este es el carácter político de la participación de Aragón en las luchas de las masas trabajadoras, participación, por tanto –y como puede verlo cualquiera–, extraña al marxismo y directamente oportunista.

Aragón dice: “Con esa conclusión de “que el partido siempre debe dirigir al frente” ambos están desconociendo y menospreciando, la acción de la recordada Asociación Internacional de Trabajadores (1864-1876), en la cual participaron de manera decisiva Marx y Engels. La AIT no era precisamente un “partido” comunista, sino una asociación de trabajadores con carácter de frente unido. En esos años, Marx y Engels no militaban en ningún partido político, pero si desarrollaron un amplio e intenso trabajo de frente único. (Recordemos que, años antes,  Marx y Engels propusieron en noviembre de 1852 la autodisolución de la recordada Liga Comunista (1847-1852), y posteriormente no propusieron la formación de ningún otro partido).

Contra esta superficial afirmación, se alza la verdad de que en la Asociación Internacional de Trabajadores, si bien no hubo partido en el sentido moderno del término (es decir como partido-aparato), en cambio sí lo hubo como posición ideológica y política: Marx y Engels y algunos otros luchadores representaban el partido del proletariado revolucionario. Pero esta realidad escapa a Aragón, pues es evidente que maneja un concepto de partido muy estrecho. Por otro lado, no es cierto que después de disolverse la Liga de los Comunistas (y no Liga Comunista, como ha escrito nuestro comentarista), Marx y Engels no promovieron la fundación de un partido, pues luego de dicha disolución fundaron el Club Comunista Alemán.

Aragón dice: “De igual manera, García e Ibarra, pretenden desconocer la historia del frente de trabajadores manuales e intelectuales, que comenzó a constituirse en Lima a partir de mayo de 1905, y se olvidan que Mariátegui reivindicó las  acciones de ese frente realmente existente,  como ‘antecedentes de la acción clasista’. Desde muy joven, Mariátegui se integró a las acciones de ese frente de trabajadores manuales e intelectuales. Así lo demuestran su participación en la revista Colónida, en la directiva el gremio de periodistas de Lima, así como su pase del diario La Prensa al diario El Tiempo en 1916, así  como también su columna periodística Voces, que son algunas expresiones de ese trabajo frente unitario (y es ampliamente conocido que, en esos años, Mariátegui no militaba en ningún  ‘partido’)”.

Esta afirmación contiene otra burda calumnia. Pero abordando el punto, es menester precisar la diferencia entre el frente unido inorgánico y el frente unido orgánico: mientras el primero se presenta como un movimiento espontáneo, como una acción conjunta eventual, sin una dirección estable, el segundo se presenta como un movimiento consciente, con una dirección estable, una actividad permanente y una orientación estratégica. Como se ha podido ver, Aragón se empeña en confundir ambos tipos de frente y, por esto, no puede entender el alcance del acuerdo del PSP, según el cual este partido reconocía “que dentro de las condiciones nacionales, la realidad nos impondrá la celebración de pactos y alianzas generalmente con la pequeña burguesía  revolucionaria. El P.S., podrá formar parte de estas alianzas de carácter revolucionario, pero, en todo caso, reivindicará para el proletariado la más amplia libertad de crítica, de acción, de prensa y de organización” (Martínez, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t.II, p.488).

Aragón dice: “Igualmente, el Comité de Propaganda y Concentración Socialista agrupado en  1918, se formó dentro del frente ya existente desde 1905. E igualmente, a su retorno de Europa en 1923, Mariátegui se reintegró a ese frente de trabajadores manuales e intelectuales, al sumarse a las acciones de la Universidad Popular Gonzales Prada, al colaborar con la revista Claridad, y vincularse con las organizaciones obreras e intelectuales ya existentes en Lima, todas las cuales desarrollaban un intenso trabajo frente unitario”. “De igual manera, es muy conocido que entre 1923 y 1928, Mariátegui, quien había regresado al país con ‘el propósito de trabajar por la organización de un partido de clase’,  priorizó el trabajo frente unitario, por encima del trabajo partidario que tenía en mente. Incluso la publicación dela revista Amauta, a partir de setiembre de 1926,  desde un comienzo fue ‘la voz de un movimiento y de una generación’, y no fue la voz de ‘un grupo’”.

Esta afirmación es tendenciosa, y solo es explicable por el inveterado frentismo de Aragón. No es cierto que Mariátegui “priorizó el trabajo frente unitario por encima del trabajo partidario que tenía en mente”. En la Presentación de Amauta, el maestro escribió lo que sigue: “Esta revista, en el campo intelectual, no representa un grupo. Representa, más bien, un movimiento, un espíritu” (Ideología y política, p.237); pero, en el mismo lugar, apuntó también: “En el prólogo de mi libro ‘La escena Contemporánea’, escribí que soy un hombre con una filiación y una fe. Lo mismo puedo decir de esta revista, que rechaza todo lo que es contrario a su ideología así como todo lo que no traduce ideología alguna” (ibídem, p.238).

¿A qué ideología se refirió Mariátegui? Obviamente, al marxismo-leninismo, al cual se había asimilado en algún momento de la segunda mitad de 1920. Es decir, desde un principio el maestro llevó adelante su revista como una revista de inspiración marxista-leninista, pero ejerciendo su función “en el campo intelectual”, es decir, en el campo del frente unido de las masas de arriba, y, por esto, no representaba “un grupo”, sino “un movimiento, un espíritu”.

Si en un documento escrito para filas partidarios (Antecedentes y desarrollo de la acción clasista), Mariátegui señaló que regresó de Europa “con el propósito de trabajar por la organización de un partido de clase”, y, en un texto escrito para el público en general (Presentación de Amauta), escribió que vino “de Europa con el propósito de fundar una revista”, cualquier persona tiene que darse cuenta de la relación entre la revista Amauta y el trabajo partidario de Mariátegui.

Por tanto, silenciar esta relación diciendo que con la revista Amauta Mariátegui (disculpe el lector que repita la cita de Aragón) “priorizó el trabajo frente unitario por encima del trabajo partidario que tenía en mente”, es creer que entre la mencionada revista y el trabajo de organización del partido del proletariado peruano, no hubo ninguna correspondencia. Con base en esta creencia, Aragón ha llegado a la absurda conclusión de que, entre 1923 y principios de 1928, el “trabajo partidario” el maestro solo lo tuvo “en mente”.

Las siguientes afirmaciones de Mariátegui confirman nuestra apreciación y dan al traste con la de Aragón: “‘Amauta’ ha sido, en estos dos años, una revista de definición ideológica, que ha recogido en sus páginas las proposiciones de cuantos, con título de sinceridad y competencia, han querido hablar a nombre de esta generación y de este movimiento”. “El trabajo de definición ideológica nos parece cumplido. En todo caso, hemos oído ya las opiniones categóricas y solícitas en expresarse. Todo debate se abre para los que opinan, no para los que callan. La primera jornada de ‘Amauta’ ha concluido. En la segunda jornada, no necesita ya llamarse revista de la nueva generación’, de la ‘vanguardia’, de las ‘izquierdas’. Para ser fiel a la Revolución, le basta ser una revista socialista”. “En nuestra bandera, inscribimos esta sola, sencilla y grande palabra: Socialismo. (Con este lema afirmamos nuestra absoluta independencia frente a la idea de un Partido Nacionalista, pequeño burgués y demagógico)” (ibídem, pp. 246 y 247). “‘Amauta’, en su nº17, el de su segundo aniversario, declara cumplido el proceso de “definición ideológica”, afirmándose, categóricamente, marxista” (ibídem, p.104).

En conclusión, la revista Amauta fue parte fundamental del trabajo desarrollado por Mariátegui para constituir el PSP. Para decirlo en otras palabras, en el trabajo de Amauta el maestro desarrolló buena parte de la lucha por la constitución del partido.

Por lo demás, hay que precisar que el Comité de Propaganda y Organización Socialistas (y no “Comité de Propaganda y Concentración Socialista”, como ha escrito Aragón), fue un frente de diversos matices del socialismo reformista, en cuyo seno Mariátegui fue parte de su ala izquierda.
  
Después de la fundación del PSP, Mariátegui expresó una óptica más precisa sobre el frente unido. Si en el Mensaje al congreso obrero (publicado en enero de 1927), el maestro sostuvo que "Están demás todas las discusiones bizantinas sobre metas remotas. El proletariado de vanguardia tiene, bajo sus ojos, cuestiones concretas" (Ideología y política, p.114), en el artículo Admonición del 1º de mayo (publicado en mayo de 1929), señaló  que "La lucha por el socialismo no se nutre de evocaciones dolientes o coléricas ni de esperanzas exaltadas. Es, antes que nada, acción concreta, realidad presente" (ibídem, p.118).

En otras palabras, Mariátegui pasó de la valoración de las acciones conjuntas de las masas trabajadoras (y de la participación en alguna de ellas), a la acción concreta por el frente unido sindical como parte del frente unido del pueblo peruano. Expresión práctica de esto es  que contribuyó de manera decisiva en la fundación de la CGTP, frente sindical orgánico, con una dirección estable, una labor permanente y una orientación estratégica.

Pero además, las recientes citas de Mariátegui permiten entender la diferencia entre el trabajo frenteunitario antes del 15 de junio de 1923 (inicio del ciclo de conferencia en la UPGP) y después de esta fecha: mientras la participación de Mariátegui en el Círculo de Periodistas, en el movimiento Colónida, etcétera, constituyen episodios de la acción conjunta anterior a su acción marxista-leninista, su participación en la UPGP, en la revista Claridad, la fundación de la CGTP, de la Federación de Yanaconas, etcétera, son hitos de la acción concreta por el socialismo.

La acción conjunta anterior a junio de 1923 se inscribía en la lucha democrática sin perspectiva socialista cierta, mientras la acción conjunta posterior a dicha fecha se inscribe en la lucha por el socialismo en el sentido que tiene este término en Aniversario y balance.

Con todo y eso, la acción frenteunitaria anterior a junio de 1923 aparece como el antecedente histórico del frente unido del pueblo peruano que Mariátegui empezó a construir a su retorno al Perú.

Esta divisoria fue subrayada por el propio Mariátegui en términos que tienen un valor general: “Como órgano de la juventud libre, pero más exactamente de las U.P. comienza a publicarse en abril en 1923 ‘Claridad’. Su orientación es ‘clartista’; corresponde, sobre todo, al espíritu estudiantil. Deportado Haya de la Torre… Mariátegui asume su dirección. El Nº 5 señala el principio de un franco orientamiento doctrinario en el que ‘Claridad’ abandona el tono estudiantil. Desde ese número, ‘Claridad’ aparece como órgano de la Federación Obrera Local” (ibídem, p.101; elipsis mía).

Orientamiento doctrinario: con esta frase Mariátegui expresó la ruptura con el trabajo frenteunitario democrático burgués y la fundación del trabajo frenteunitario de nuevo tipo.

Pero esta distinción teórica y esta divisoria histórica son extrañas al entendimiento lineal, evolucionista, metafísico, no dialéctico de Aragón (y no solo de él).

En conclusión, las afirmaciones de Aragón relativas al frente y particularmente la forma en que enfoca la relación del frente con el partido, tanto histórica como teóricamente, revelan su confusión y su confusionismo, su prosternación ante el movimiento espontáneo, su frentismo antipartido, su liquidacionismo de derecha (exacerbado, por lo demás).


16.03.2017.



El Manual del Che: Apología a la Toma del Poder

Jan Lust

La guerra de guerrillas fue publicada un año después de la Revolución Cubana. El libro, como dice el Che, es un manual en donde se sintetizan las experiencias guerrilleras de la Revolución Cubana. Como el propio carácter de manual nos indica, el principal objetivo del libro fue la difusión de estas experiencias guerrilleras con la idea de propagar el desarrollo de la guerra de guerrillas como uno de los métodos para llevar a cabo un proceso que tendría que culminar en una revolución socialista, principalmente, en los países de América Latina.

        La guerra de guerrillas es un libro práctico que incluye todos los elementos que se necesitan saber, que se necesitan hacer y que se necesitan preparar, entre otros, para que este método de lucha no fracase ya en su primera fase, «una de las fases primarias de la guerra», y que el núcleo guerrillero tendrá la posibilidad de liderar, estimular y ampliar el proceso de cambio revolucionario, convirtiéndose en un ejército regular.

Otro objetivo del libro es encontrar y difundir las leyes esenciales de la guerra de guerrillas. Como dice el Guerrillero Heroico: «[el libro trata de] encontrar las bases en que se apoya este tipo de lucha, las reglas a seguir por los pueblos que buscan su liberación; teorizar lo hecho, estructurar y generalizar esta experiencia para el aprovechamiento de otros».

La posibilidad de una guerra de guerrillas

Según el Che, en democracia un «brote guerrillero es imposible de producir por no haberse agotado las posibilidades de la lucha cívica». Es decir, cuando los «medios pacíficos» aún no están agotados no se debe llevar a cabo una guerra de guerrillas.
       
En términos generales estamos de acuerdo con esta posición del Che. Sin embargo, hay dos problemas con este punto de vista. En primer lugar no se puede determinar exactamente cuándo los medios pacíficos están agotados. ¿Qué significa que los medios pacíficos estén agotados? ¿Que no está permitido la organización de movilizaciones o que cada movilización está brutalmente reprimida? En segundo lugar, la democracia en una sociedad capitalista es una democracia muy limitada y sus alcances están, en última instancia, condicionados por la correlación de fuerzas de clase. ¿Qué niveles de democracia deben existir para que el brote guerrillero sea imposible de producir?

El guerrillero peruano Guillermo Lobatón del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) consideraba que también en democracia es posible llevar a cabo una guerra de guerrillas. Pensaba que «las mismas guerrillas pueden contribuir a desvelar definitivamente el carácter de los regímenes pseudos-democráticos, delimitar con toda claridad los campos enemigos, y obligar a la reacción a vestir su auténtica vestidura: la dictadura militar».

Es interesante ver que en otro trabajo el mismo Che parece haber empezado a dudar sobre el hecho de que en democracia no se puede llevar a cabo una guerra de guerrillas. En Guerra de guerrillas: un método decía que en condiciones donde la lucha popular es muy fuerte y que empieza a poner en cuestión el sistema democrático capitalista o la legalidad burguesa, la oligarquía debe violar la democracia. Entonces, «rompe sus propios contratos, su propia apariencia de “democracia” y ataca al pueblo, aunque siempre trate de utilizar los métodos de la superestructura que ha formado para la opresión». En esta situación, según el Guerrillero Heroico, la violencia de los explotadores debe ser respondido por la violencia de las masas.

El carácter de una guerra de guerrillas

La burguesía acusa a todos aquellos que usan las armas con el objetivo de ayudar a los pueblos explotados y oprimidos a tomar el poder de terroristas. La izquierda reformista, es decir, la izquierda que cree que se puede humanizar el capitalismo, piensa que la violencia revolucionaria ejercida por la vanguardia del pueblo o de los pueblos mismos es un método político completamente equivocado. La posición de la burguesía es entendible porque el objetivo de la lucha armada por parte de las organizaciones revolucionarias es justamente para quitarla el poder. En el caso de la izquierda reformista, su opinión es comprensible porque su objetivo no es tomar el poder sino hacer algunos ajustes en el sistema de explotación y de opresión.
       
La lucha guerrillera, como dice el Che, es una lucha de masas. Y solamente con el apoyo de las masas es posible que este método de lucha pueda triunfar. La «gran fuerza» de la guerrilla «radica en la masa de la población». En su Guerra de guerrillas: un método subrayó este carácter de la guerrilla. Decía que «pretender realizar este tipo de guerra sin el apoyo de la población, es el preludio de un desastre inevitable».

De acuerdo con el Che, el guerrillero es «un reformador social, que empuña las armas respondiendo a la protesta airada del pueblo contra sus opresores y que lucha por cambiar el régimen social que mantiene a todos sus hermanos desarmados en el oprobio o la miseria». Además, es de la interacción con el grupo armado y de su pueblo, que surge la necesaria de la radicalización del mismo pueblo y que «va acentuando las características revolucionarias del movimiento y le van dando una amplitud nacional».
       
La guerra de guerrillas no es una apología al terrorismo sino una apología a la toma del poder. Sin embargo, el Che no estaba completamente contra el uso del terrorismo pero se debe «tener mucho cuidado en la adopción de medidas de este tipo y analizar las consecuencias generales favorables que pueden traer para la revolución». Además, el uso del terrorismo, que no es igual al sabotaje, puede «volcar a un pueblo en contra de determinado movimiento revolucionario» y traer «una pérdida de vidas entre sus actuantes muy superior a lo que rinde de provecho». También dice -y pensamos que esto es clave para el análisis del accionario de los grupos revolucionarios en armas-, «el atentado y el terrorismo ejercitados en forma indiscriminada, no deben emplearse. Muy preferible es el trabajo sobre grandes concentraciones de gente donde se pueda inculcar la idea revolucionaria e ir haciéndola madurar, para que, en un momento dado, apoyadas por las fuerzas armadas puedan movilizarse y decidir la balanza hacia el lado de la revolución».
       
La guerra de guerrillas es un libro revolucionario, no porque propone la lucha armada o que considera el sabotaje como una herramienta de la lucha revolucionaria, sino porque propone la toma de poder, relacionando la vanguardia revolucionaria con el pueblo. Como decía en su trabajo Táctica y estrategia de la revolución latinoamericana, «el poder es el objetivo estratégico sine qua non de las fuerzas revolucionarias, y todo debe estar supeditado a esta gran consigna».

La vigencia de La guerra de guerrillas

La toma del poder es el hilo que podemos encontrar en muchos de los trabajos del Che. Aunque el Guerrillero Heroico consideraba la lucha armada imprescindible para la toma del poder, eso no significa que él creía obsoletas todas otras formas de lucha. Según el Che, aunque el foco insurreccional tiene la capacidad de crear «condiciones para la revolución, no todas ellas se vayan a crear por el impulso dado a las mismas por el foco guerrillero». En La guerra de guerrillas, el Che hablaba, por ejemplo, también sobre la importancia revolucionaria de la organización civil en el frente interno y externo.

        El Che planteaba que la guerra de guerrillas no es un método de lucha que se impone desde un organismo fuera de la lucha de masas, sino es el producto mismo de la lucha de masas. Y aunque consideraba que no había una vía pacífica al socialismo, según él, siempre había la posibilidad de llegar al poder a través de un método no violento. Sin embargo, como decía en su Táctica y estrategia de la revolución latinoamericana, cuando se llega de esta forma al poder, «lo más que se lograría sería la captura formal de la superestructura burguesa del poder». Entonces, el transito al socialismo «deberá hacerse también en medio de una lucha violentísima contra todos los que traten, de una manera u otra, de liquidar el avance hacia nuevas estructuras sociales». Como decía el Ejército de Liberación Nacional del Perú en su programa de 1965: «en ninguna parte del mundo y en ninguna época las transformaciones económicas, políticas y sociales se llevaron a cabo pacíficamente». El guerrillero peruano Luis de la Puente del MIR pensaba que «sin capturar el poder, sin llegar al gobierno revolucionariamente, no es posible transformar las infraestructuras de la sociedad».

Actualmente, iniciar una guerra de guerrillas en América Latina como una vía para la toma del poder parece un camino equivocado. Inclusive los históricos guerrilleros colombianos, apoyados y estimulados por el mismo Gobierno cubano, y en primer lugar por Fidel Castro, firmaron un acuerdo de paz en 2016 con el Gobierno colombiano. Entonces, ¿La guerra de guerrillas es ahora un libro obsoleto?

        Pensamos que el manual del Che mantiene su vigencia revolucionaria en la América Latina de hoy porque estimula el debate sobre el camino hacia la revolución, sobre las condiciones objetivas y subjetivas de un proceso revolucionario. En otras palabras, La guerra de guerrillas mantiene en la agenda de la izquierda revolucionaria el debate sobre la estrategia y la táctica de la revolución socialista.

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