lunes, 1 de mayo de 2017

Economía

El Empleo Temporal en el Perú es Abrumador

Santiago Ibarra Rosario

LA CUESTIÓN DEL EMPLEO ha adquirido en el Perú desde hace mucho un rostro de verdadero dramatismo, sumiendo a las familias en la desesperanza, en la lucha diaria por la sobrevivencia, en la ansiedad y la angustia por el futuro próximo, sin mayores posibilidades de planificar la vida individual, familiar y social.

        Actualmente más de dos tercios de la población ocupada asalariada tienen un empleo temporal. Esto es, dos de cada tres trabajadores asalariados no tiene estabilidad laboral y debe hacer un tortuoso recorrido por diferentes empresas o autoemplearse en el sector informal de la economía.

        Pero, ¿por qué el capital no contrata de forma permanente a los trabajadores? Porque de esa forma el capital busca reducir los costos salariales, al pagar un salario menor a los trabajadores; evitar el pago de  beneficios laborales, al no tener a esos trabajadores los doce meses del año y evitar el pago de una indemnización, que le corresponde al trabajador cuando es despedido con un contrato por tiempo indefinido. De esta forma, disminuyendo los costos salariales y no salariales, es decir, hundiendo a los trabajadores y a sus familias en la vida precaria, el capital incrementa sus utilidades, para luego presentarse como el héroe de la sociedad que impulsa el crecimiento económico del país.

        Esta es la realidad a la que nos han reducido los “pobrecillos capitalistas” a los que el estado debe garantizar las mejores condiciones de competitividad llevando hasta el suelo el costo de la fuerza de trabajo porque sin los capitalistas, supuestamente, no es posible sociedad ni modernidad alguna.

        Los trabajadores no cuentan para el capital como tales, es decir, como seres humanos, sino meramente como un factor de producción más, como trabajo agregado. Por eso la superexplotación de la fuerza de trabajo, que tiene lugar cuando el salario es igual a una suma de dinero inferior a lo necesario para que el trabajador y su familia puedan alimentarse, vestirse, alojarse, transportarse, educarse y curarse cuando se enferman, es la norma en el capitalismo periférico, no la excepción.

        El sistema mundial capitalista viene precarizando el empleo a niveles espantosos. Los trabajadores lo saben porque sufren sus consecuencias directamente. Falta, sin embargo, más organización entre los trabajadores: el sindicato ha sido reducido a su mínima expresión en el Perú. Y, a la vez, esas organizaciones sindicales deben constituirse y movilizarse bajo el principio de la independencia sindical respecto a la empresa.

        Que este primero de mayo sea una fecha de reafirmación en la lucha por los intereses inmediatos e históricos de la clase obrera.




La Economía de las Clases Trabajadoras

César Risso

LAS CIFRAS PRESENTADAS POR EL INEI, en relación al número de pobres, tratan de ocultar la explotación a la que son sometidos los trabajadores peruanos.

        Con una canasta básica familiar de 315 nuevos soles al mes por persona, que equivale a 1260 soles por hogar, en el Perú había, el año 2015, 6 millones 800 mil pobres.

        Si tomamos el dato del empleo, se tiene que, solo en Lima Metropolitana, existen 7 millones 560 mil personas en edad de trabajar, de las cuales pertenecen a la población económicamente activa 5 millones 186 mil personas. En este último grupo, se consideran a todas aquellas personas que por lo menos han trabajado una hora a la semana, en la semana previa a la encuesta. Evidentemente esto estaría ocultando un grado de desempleo.

        La diferencia entre población en edad de trabajar y población económicamente activa es de 2 millones 374 mil personas que están fuera del mercado laboral. Es decir, son personas económicamente inactivas. Lo cual evidentemente no es cierto, pues alguna actividad económica deben desempeñar para poder sobrevivir. Lo que sucede es que en este grupo hay personas que ya no buscan trabajo, pues han desistido debido a una serie de factores, y finalmente resuelven el problema de sus ingresos por medio de la informalidad y de otras actividades al margen del mercado laboral formal.

        Existen también los llamados trabajadores familiares no remunerados, los que, como ya hemos afirmado en más de una oportunidad, son parte de la mano de obra gratuita a la que tienen acceso las grandes y medianas empresas. Situación esta sumamente ventajosa que ha logrado la burguesía por medio del llamado emprendedurismo.

        También están los trabajadores que en su condición de comuneros de la sierra y de la selva (alrededor de 2 millones para el primer grupo y 300 mil para el segundo), se ven sometidos al circuito del capital, básicamente en la producción de alimentos para los trabajadores asalariados, es decir, en la producción de los bienes salario, contribuyendo a abaratar el valor de la fuerza de trabajo, con lo cual se beneficia a la burguesía.

        Igualmente, está el sector de los trabajadores en situación de esclavitud temporal, que se dedican a la extracción de oro.

        A todo esto hay que agregar a los trabajadores que laboran más de setenta horas a la semana, a pesar de que el número de horas semanales de trabajo es de 48 como máximo; y los trabajadores que ganan menos del salario mínimo legal.

        Esta es la situación en la que se encuentran los trabajadores en el Perú.

        Esta situación es obra de la burguesía nativa y de la burguesía imperialista. Además de la explotación a la que como país nos somete la burguesía imperialista, a través de la deuda externa, del comercio exterior, y de la inversión extranjera directa.

        Entre los años 2007 y 2015, la tasa de plusvalía (tasa de explotación) fue de 125%. Esto quiere decir que por cada 1912,50 soles que crea de valor un obrero, la burguesía se embolsa 1062,50 soles y el obrero recibe como remuneración 850 soles. Remuneración que está muy por debajo de la canasta básica familiar.

        Si comparamos esta situación con la actual Constitución vigente, y con cualquier otra Constitución burguesa, se tiene que mientras en la letra se protege al trabajador, en los hechos, a través de una serie de maniobras, el Estado burgués protege a la clase social a la cual representa.

        En el artículo 23 de la Constitución se dice que “Nadie está obligado a prestar trabajo sin retribución o sin su libre consentimiento”. Sin embargo, la ley ampara la existencia de trabajadores familiares no remunerados, y permite la existencia de la esclavitud temporal en la extracción de oro.

        El artículo 24 de la Constitución afirma que “El trabajador tiene derecho a una remuneración equitativa y suficiente, que procure, para él y su familia, el bienestar material y espiritual”. Pero, como ya hemos señalado, tanto en horas de trabajo excesivas, como en una remuneración por debajo del mínimo legal, que es menor a la canasta básica familiar, la burguesía sigue sobre explotando a los trabajadores sin que el Estado burgués aplique su propia ley.

        En el artículo 25 de la misma norma se dice que “Los trabajadores tienen derecho a descanso semanal y anual remunerados”. No obstante la burguesía reclama constantemente la eliminación de las vacaciones, o su disminución, argumentando que son sobre costos laborales, y que en consecuencia disminuyen la competitividad de las empresas peruanas frente al exterior.

        Estos y otros problemas son los que tienen que enfrentar las clases trabajadoras, que se ven afectadas en forma creciente por una situación de precariedad, que se irá agudizando conforme avance la crisis económica.

        La lucha reivindicativa tiene que partir de la organización de todos los trabajadores para la conquista de mejores condiciones de trabajo, ligando esta lucha de carácter nacional a la lucha por el derrocamiento de la burguesía como clase y la instauración del socialismo.

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