domingo, 1 de enero de 2017

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

De Cómo los Liquidadores Abjuran del Marxismo-Leninismo y Falsifican la Creación Heroica de Mariátegui

(Primera Parte)


Eduardo Ibarra


Sobre la verdad universal del proletariado y la filiación marxista-leninista de Mariátegui y el PSP

Ramón García dice: “… con la disolución de la Komintern, Profintern, Kresintern, toda la terminología subsidiaria también cayó en desuso. Y de las tres consignas básicas, precisamente las cuestionadas por JCM, sólo queda el Marxismo-Leninismo, pero cada vez más limitada a la URSS. Este término sólo se encuentra dos veces en la obra de JCM, y ambas indicando el método marxista, no la doctrina. Y menos como nueva época. No es casual que su obra se llame Defensa del Marxismo, a secas, y no, por ejemplo, Defensa del Marxismo-Leninismo” (El movimiento comunista).

Como se ve, García reduce el marxismo-leninismo a una simple “consigna” y, bajo esta consideración sesgada, dice que “de las tres consignas básicas, precisamente las cuestionadas por JCM, solo queda el Marxismo-Leninismo…”.

Así que, según nuestro liquidador, Mariátegui “cuestionó” el marxismo-leninismo. Cualquier persona que conozca la literatura mariateguiana tiene que reaccionar indignado ante el cinismo con que García falsifica la verdad histórica. ¡Mariátegui “cuestionó” el marxismo-leninismo, cuando precisamente fue él quien propuso y acordó el marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP, expresando así, al mismo tiempo, su propia filiación doctrinal!

Ya en otro lugar hemos dado al traste con la pretensión de García de intentar embrollar las cosas: Mariátegui habló del marxismo-leninismo como método, sencillamente porque consideraba que el marxismo “es un método”, de modo tal que con las expresiones “el método marxista-leninista” (Defensa del marxismo, p.123) y “El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios” (Ideología y política, p.160), no hizo abstracción del método dentro del sistema del marxismo, sino que definió el marxismo-leninismo como totalidad.

Sin embargo, falsificando la verdad de las afirmaciones mariateguianas, nuestro liquidador pretende negar el leninismo como una nueva época en el desarrollo del marxismo (“menos todavía como nueva época”).

También hemos demostrado en otro lugar, que García asume el método estadístico del renegado Kautsky para negar el marxismo-leninismo de Mariátegui y el PSP (“Este término sólo se encuentra dos veces en la obra de JCM”).

Por otro lado, hemos demostrado igualmente que, evidenciando su complejo adánico, nuestro liquidador escribió como si por primera vez se estuviera diciendo que Mariátegui utilizó muy poco el término marxismo-leninismo, cuando la verdad de las cosas es que algunos teóricos de lo que fue el PUM se le adelantaron en varios años, razón por la cual hemos sostenido asimismo que, respecto al punto, no tiene ni siquiera el mérito de la originalidad.

Ahora una observación linguística: García dice que “No es casual que su obra se llame Defensa del Marxismo, a secas, y no, por ejemplo, Defensa del Marxismo-Leninismo”. ¿”Por ejemplo”? Este término está demás en la afirmación de García, pues lo correcto hubiese sido escribir simplemente: “y no Defensa del Marxismo-Leninismo”.

Pero en este punto el fondo es el siguiente: puesto que Mariátegui acordó el marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP, se entiende entonces que, cuando en 7 Ensayos y en Ideología y política aparece declarándose “marxista-convicto y confeso”, lo que sostuvo, por economía de lenguaje, fue que era marxista-leninista convicto y confeso. ¿Acaso por la misma razón los marxistas-leninistas no emplean el término marxismo para indicar el marxismo-leninismo? ¿Acaso no utilizan el término marxismo para dar cuenta de su filiación marxista-leninista?

La afirmación de Mariátegui de que “El Partido Socialista del Perú… adopta [el marxismo-leninismo] como su método de lucha” (ibídem, p.160), agota absolutamente la cuestión de la filiación doctrinal del PSP y del propio Mariátegui.

Por eso, con su falsificación de dicha filiación, García ha puesto en evidencia su fisonomía mental, su temperamento criollo, su método antimarxista, su falta de ética, su oportunismo.

Esa misma falsificación, por lo demás, encierra un agravio contra Mariátegui: de ella se desprende que el maestro habría sido marxista-leninista como militante y Secretario General del PSP, y únicamente “marxista” como individuo, es decir, que habría sido una persona marcadamente incoherente.

Detrás de la monstruosa falsificación de la filiación doctrinal de Mariátegui y el PSP que comete García, está el propósito de engañar y manipular a cuanto desprevenido exista a fin de fundar un partido-amalgama. Esta es su trastienda.

Pero, después de muchos años en el propósito, ha podido comprobarse que los únicos desprevenidos han sido sus copartidarios.

García dice: “todo el m.c.n. reconoce a Marx como el punto de partida del socialismo científico”, pero que “hay evidentes divergencias. Por ejemplo, la discusión hasta bizantina acerca de si la doctrina se denomina Marxismo-leninismo o Marxismo-leninismo-maoísmo. Así, la posición respecto al marxismo se entiende como lucha por un guión más o un ismo menos. Y más marxista se considera quien se considere más marxista-leninista o más marxista-leninista-maoísta”. “Esta discusión podría obviarse si se considera que Marx y Engels fundaron la concepción materialista de la historia, Lenin y Stalin iniciaron la transformación socialista del mundo, y Mao y JCM universalizaron el marxismo en tanto doctrina y método. Así, los ismos están demás para el marxismo o cosmovisión marxista. Basta uno solo para abarcar con él a todos los maestros universales habidos y por haber” (El partido de Mariátegui).

Así que, según nuestro liquidador, la discusión sobre la denominación de la doctrina, es una discusión “bizantina”. Pero ocurre que el fondo de esta discusión es la cuestión del desarrollo del marxismo: ¿el leninismo es un desarrollo del marxismo?, ¿el pensamiento de Mao es un desarrollo del marxismo-leninismo? Como se ha visto, García silencia estas cuestiones, y reduce todo el problema a cómo debe denominarse la doctrina, siendo que la discusión sobre esta cuestión tiene sentido solo después de resolverse el problema del desarrollo del marxismo: puesto que Lenin desarrolló el marxismo y Mao desarrolló el marxismo-leninismo, entonces la denominación de la doctrina debe expresar esta realidad.

Silenciando, pues, el fondo de la cuestión, García convierte el problema en algo bizantino y, no obstante, tiene el cinismo de acusar a los demás de creer que el problema es una cuestión de “un guión más o un ismo menos”. Sin embargo, como está claro, quien cree que así son las cosas, es él precisamente. La burda maniobra pinta de cuerpo entero a nuestro liquidador.

Por otro lado, García, como se ha visto, no se refiere absolutamente a las conquistas teóricas logradas por los continuadores sobre la base de los puntos de partida y el método que les ofrecía la concepción marxista del mundo.

Peor todavía: con la afirmación de que “Esta discusión [sobre la doctrina] podría obviarse si se considera que Marx y Engels fundaron la concepción materialista de la historia, Lenin y Stalin iniciaron la transformación socialista del mundo, y Mao y JCM universalizaron el marxismo en tanto doctrina y método”, nuestro liquidador silencia el desarrollo universal del marxismo, pues lo que dice de Lenin y Stalin apenas es una cuestión práctica y lo que dice de Mao y Mariátegui apenas es una cuestión propagandística.

Por lo tanto, con su referida afirmación, García pretende escamotear el reconocimiento del desarrollo universal del marxismo.

De esta forma García reduce el marxismo a la concepción de Marx y Engels, y esto le sirve para plantear alegremente que “los ismos están demás para el marxismo o cosmovisión marxista. Basta uno solo para abarcar con él a todos los maestros habidos y por haber”.

Aquí, por cierto, lo de “maestros habidos y por haber” resulta engañoso, pues ¿qué maestros son esos que, con excepción de Marx y Engels, que “fundaron la concepción marxista de la historia”, los otros se limitaron a aplicarla y a propagandizarla?

Así, pues, recurriendo a la más deplorable sofistería, García ha abjurado del marxismo-leninismo.

Y, la conclusión no puede ser otra: si en lo teórico la posición de García representa un evidente oportunismo, en lo ético expresa una absoluta deshonestidad.

20.12.2016.


La Legitimación y Deslegitimación de la Violencia Revolucionaria en el Perú: Una Evaluación de la Justificación de la Violencia Revolucionaria por Parte de la Izquierda Revolucionaria Armada de las Décadas de 1960 y 1980

(Séptima Parte)


Jan Lust



La década de setenta-ochenta

Al comienzo de la década de ochenta no existía una crisis dentro de la clase dominante. De hecho, durante las elecciones presidenciales de 1980 la mayoría de la población votaba por los partidos de la derecha.

La situación económica de la mayoría de la población se empeoró radicalmente a partir de 1978. Entonces, podríamos decir que se cumplió la segunda condición de Lenin.

Desde el inicio de la dictadura militar la lucha de clases estaba en aumento. Las huelgas de los trabajadores y también la lucha del campesinado evidencian un incremento de la actividad política de las masas. Sin embargo, a partir de 1984 esta lucha se estaba disminuyendo. Parece que la tercera condición de Lenin también se cumplió antes del 1984.

Se podría argumentar que había condiciones subjetivas para la revolución. En la década de setenta y al comienzo de ochenta las masas habían adquirido muchas experiencias. Eso muestra claramente los resultados electorales para la Asamblea Constituyente de 1978 y el hecho de que en 1984 Alfonso Barrantes, el candidato de una confluencia de fuerzas de izquierda (Izquierda Unida), fue elegido alcalde de Lima. Sin embargo, como veremos abajo, no podemos decir que existía un alto nivel de conciencia de clase entre las masas.

Al final de la década de setenta y al comienzo de la década de ochenta existían muchas vanguardias. No había una organización con una clara hegemonía. Y aunque es cierto que la izquierda legal logró unificarse en la organización Izquierda Unida, la izquierda no fue capaz de convertir esta organización en un frente revolucionario de masas. La Izquierda Unida fue un frente electoral y nada más. Según el PCP-SL, la izquierda legal y el MRTA fueron parte del campo de enemigo. La izquierda legal no consideró el MRTA como enemigo, pero tampoco estaba dispuesto a convertirse en el brazo legal del MRTA o, por ejemplo, juntarse en una nueva organización.

En el Perú no existió una situación revolucionaria si analizamos estrictamente las condiciones de Lenin. Por lo tanto, el uso de la violencia revolucionaria como medio para llegar al poder no fue legítimo.

En el caso de la década de sesenta la situación política y económica en el Perú era muy clara. No existió una situación revolucionaria. Sin embargo, al final de la década de setenta y al comienzo de la década de ochenta la situación era más complicada. Entonces, debemos ver con más detalle los elementos políticas de las condiciones objetivas para llegar a una apreciación correcta.

El hecho de que no existía una crisis en la clase dominante no significa que esta crisis no fue latente. Una lucha de masas que se combina con una lucha armada podría generar la crisis. Sin embargo, al comienzo de la década de ochenta no existía una crisis latente. A pesar de que el Gobierno de Belaúnde introducía políticas económicas que no fueron favorables para el capital nacional, éstas políticas no causaron fricciones elementales dentro de la burguesía. Y aunque el Gobierno tenía problemas económicos, estos problemas fueron la consecuencia de la crisis internacional y no (directamente) causada por el “frente interno”.

En los años 1977 y 1978 sí había una crisis dentro de la burguesía. La lucha de masas fue su catalizador principal. La clase dominante logró solucionar eso con la convocatoria a un Asamblea Constituyente y elecciones presidenciales. El Gobierno de Belaúnde continuó, en general, las políticas del gobierno militar anterior. Es decir, no había una ruptura política y económica real.

La lucha del campesinado en la década de setenta fue en aumento pero no fue (directamente) causado por sus propias organizaciones o por las organizaciones de izquierda, sino fue el resultado de la Reforma Agraria de 1969. Además, en general, la lucha del campesinado era una lucha para obtener la propiedad de un pequeño pedazo de tierra. Entonces, no se debe sobreestimar el nivel de conciencia de clase del campesinado.

La lucha sindical en la década de setenta fue fenomenal cuando revisamos las estadísticas sobre la cantidad de huelgas, los trabajadores involucrados en estas huelgas y de las horas-hombre perdidas. Las grandes huelgas de 1977 y 1978 eran netamente huelgas económicas. Para eliminar el potencial política de la huelga de 1977, el Gobierno de Morales convocó a elecciones. El hecho de que en las elecciones presidenciales la población votó en mayoría por los partidos de la derecha no puede atribuirse simplemente al hecho que la izquierda se había dividida. El voto por la derecha expresa también que no existió una conciencia de clase consolidada. Una conciencia economicista dentro de la clase trabajadora fue dominante.1

Las medidas neoliberales del Gobierno de Belaúnde al comienzo de la década de ochenta causaron un nuevo ascenso de la lucha sindical. Pero estas luchas eran principalmente defensivas. Además, no lograron revertir las medidas políticas económicas del Gobierno.

Se podría argumentar que la lucha sindical tenía un alto componente político porque durante las elecciones municipales de 1984 la izquierda logró obtener la alcaldía de la municipalidad de Lima como de múltiples otros municipios en el país. Sin embargo, igual como en el año 1979, el movimiento huelguista empezó a disminuirse con la prolongación de la crisis económica y el miedo a ser despedido. Además, en vez de buscar soluciones colectivas de sus problemas, la masa trabajadora empezó a solucionar sus problemas individualmente. Eso está expresado en el aumento del sector informal y en el incremento de los trabajadores que laboraban por su propia cuenta (“independientes”).

Podemos decir, con el MRTA, que existió una situación prerrevolucionaria porque no se cumplieron todas las condiciones de Lenin. También se puede argumentar con el PCP-SL que existió una situación revolucionaria en desarrollo. Entonces, como ellos manifiestan, se puede usar la violencia revolucionaria como método para llegar al poder. En este sentido, el MRTA y el PCP-SL seguían lo que decía Hart Dávalos: una guerra popular puede crear “situaciones revolucionarias”.

Cuando revisamos los textos del MRTA y del PCP-SL llegamos a la conclusión que el concepto prerrevolucionario como también el concepto de situación revolucionaria en desarrollo no necesariamente pueden justificar el uso de la violencia política. Incluso, en el caso del PCP-SL, podemos encontrar que han usado el concepto situación revolucionaria incorrecto. A continuación nuestros argumentos.

El PCP-SL ha justificado el uso de la violencia política porque existía una situación revolucionaria en el país. En relación con su concepto situación revolucionaria en desarrollo decían que “una situación así no puede ser base nunca para centrar la actividad política del pueblo en procesos electorales pues éstos, en circunstancias como las que vivimos, lo desorientan de su camino revolucionario”. Según la organización, la situación revolucionaria debería convertirse en violencia revolucionaria.

Las condiciones subjetivas eran determinantes para cambiar una situación revolucionaria estacionaria en una situación revolucionaria en desarrollo. Parece que la situación estacionaria es similar al concepto situación prerrevolucionaria del MRTA.

El PCP-SL refería solamente a dos condiciones objetivas de Lenin en vez de tres para argumentar que existía una situación revolucionaria en el país. Consideraba que la tercera condición (el movimiento de las masas) es el resultado de las primeras dos condiciones (crisis en la burguesía y el empeoramiento de la situación socio-económica de las masas). No negamos que Lenin dice que “como consecuencia de las causas mencionadas, hay una considerable intensificación de la actividad de las masas”, sin embargo, la tercera condición debe existir para determinar si hay una situación revolucionaria.2

El análisis del PCP-SL de las primeras dos condiciones es muy escueto. Dice que la explotación y la opresión se agudizan más pero no muestra la diferencia entre, por ejemplo, 1980 y 1977. Es decir, no explica al fondo lo que ha cambiado cualitativamente entre el inicio de la guerra popular en mayo de 1980 y en los años anteriores.

El PCP-SL consideraba que existió una crisis en “los de arriba”. Decía que la constitución de 1979 (la “nueva Constitución”) es una prueba de la crisis en la clase dominante. Sin embargo, justamente esta constitución solucionó la crisis dentro de la clase dominante en los años anteriores.

La organización maoísta trató de aplicar el concepto situación revolucionaria en desarrollo de Mao a la situación concreta en el Perú. Mencionó 11 elementos que deberían dar evidencia que en el Perú existía una situación revolucionaria en desarrollo. Había contradicciones entre los países imperialistas, entre el Gobierno y las masas, entre el imperialismo y la industria nacional, entre la burguesía y la clase obrera, y entre los terratenientes y el campesinado. Todas estas contradicciones existían antes del inicio de la guerra e, incluso, en cierta forma, hasta hoy existen. El partido no demostró si estas contradicciones habían llegado a un nivel más alto en comparación con un periodo anterior.

En la lista de elementos de una situación revolucionaria en desarrollo hay también elementos que deben mostrar que la situación socio-económica de la población se empeoró. Los comerciantes y los productores independientes “se ven empujados cada vez más a la quiebra,” el hambre se extiende por todo el país, las grandes masas campesinas y pobres apenas pueden subsistir, los estudiantes no pueden continuar sus estudios y falta de empleo.

La aplicación del concepto de una situación revolucionaria en desarrollo por parte del PCP-SL no es convincente ni cuando se acepta que una situación revolucionaria existe cuando se cumple las primeras dos condiciones objetivas de Lenin. Que la situación de las masas se ha empeorado es evidente. Las políticas neoliberales del Gobierno de Belaúnde apuntaban al aumento de la tasa de explotación. Sin embargo, no está mostrado que realmente existía una crisis dentro de la clase de burguesía.

Según el PCP-SL las protestas a finales de la década de setenta mostraron que ellos tenían toda la razón en su aplicación del concepto de situación revolucionaria en desarrollo. La situación revolucionaria en desarrollo estaba “expresada en la evidente creciente protesta popular”. Sin embargo, como hemos visto arriba, el nivel de la conciencia de las masas no era alto y sus protestas fueron defensivas. Las luchas de masas no lograron revertir las medidas anti-laborales del Gobierno.

El MRTA no definió lo que era una situación prerrevolucionaria sino describió sumamente breve algunos factores que consideró como elementos de una situación prerrevolucionaria. Hablaron sobre “una crisis profunda de las clases dominantes”, pero no detallaron en qué consistió esta crisis. Parece que el MRTA confundió la crisis económica con una crisis dentro de la clase burguesía. Además, cuando dice que la burguesía no está capaz de manejar el descontento de las clases intermedias, no explica en qué consistió esta incapacidad.

En su documento “El MRTA y las tareas en el periodo pre-revolucionario” decía que la burguesía era incapaz de solucionar los “problemas fundamentales para el desarrollo del país”. Desde el punto de vista marxista o, quizás mejor, desde el campo de la izquierda socialista, siempre se argumenta que la burguesía no sabe solucionar los problemas fundamentales del país. Es decir, este ‘factor’ no diferencia cualitativamente la situación al comienzo de la década de ochenta con por ejemplo la situación en 1976.

El MRTA escribía que la clase obrera y las masas populares estaban demostrando sus cualidades combativas y mostraban sus “experiencias de conducción popular”. Como hemos argumentado arriba, estas luchas fueron defensivas. Parece que el MRTA confundió las expresiones de la realidad de la lucha con lo que estaba motivando la lucha. Recordamos lo que decía Castro: “[...] los factores subjetivos son los que se refieren al grado de conciencia que el puebla tenga”.

El concepto de la situación prerrevolucionaria podría ser muy útil para caracterizar un país que estaba en camino hacia una situación revolucionaria. Sin embargo, un adecuado uso del concepto urge en primera instancia una definición del mismo concepto. Esta definición debe indicar la diferencia con una situación revolucionaria y con una situación antes de una situación prerrevolucionaria. Es decir, debe definir claramente las diferencias cualitativas. En segunda instancia, se debe aplicar la definición de una situación prerrevolucionaria a la situación concreta diferenciando las expresiones de la realidad de las tendencias o desarrollos estructurales, subyacentes.
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Notas
(1) Hay que recordar lo que decía Mao. Si los objetivos políticos de la guerrilla “no coinciden con las aspiraciones de la gente”, no se pueda ganar su simpatía, su cooperación y su apoyo. La guerra de guerrillas “se deriva de las masas y se apoya en ellos”.

(2) Como hemos podido leer en la sección 5, según el PCP-SL todas las organizaciones que consideraban que las tres condiciones de Lenin forman un conjunto para determinar si existía una situación revolucionaria o no, no quieren desarrollar la violencia revolucionaria.

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