sábado, 1 de agosto de 2015

Historia

Sobre la Revolución de Túpac Amaru

(Octava Parte)

Emilio Choy



Pensemos por un momento en lo que hubiera hecho Washington, como criollo de Virginia, si los franceses y españoles, en lugar de ayudarlo directamente, hubiesen empujado a los iroqueses u otras tribus indígenas a proclamar un rey y hubiesen destruido haciendas y manufacturas de los colonos que se habían sublevado contra la dominación de las Islas. Existían ataques de los indígenas instigados por los ingleses. Pero de haberse organizado un movimiento de indios norteamericanos, paralelo a la revolución norteamericana, instigado por franceses y españoles, esto hubiera debilitado la causa de la independencia de los criollos de los Es­tados Unidos y, posiblemente, hubiese empujado a Washington a pactar con las fuerzas de la metrópoli.

Pero de parte de la Ilustración francesa y fuertes sectores del pen­samiento español hubo el propósito firme de contribuir al triunfo de los ideales republicanos de los norteamericanos. En cambio, los ingleses, empujados por la fiebre de su industria modernizada, por la revolución introducida por los adelantos técnicos, poseían una concepción de al­cances más profundos. Como un titán que se esforzaba en dominar al mundo entero no iba a cometer la ingenuidad de ayudar a los criollos de Hispanoamérica para crear otra república más que con el tiempo podía convertirse en una rival, cuando empleando la astucia diplomática y política no era difícil hacer de las colonias españolas dependencias de las que se podrían extraer materias primas y asegurar un mercado para exportación de productos de las Islas (16).
La ayuda inglesa en la orientación y en mantener la vasta vinculación continental de las luchas revolucionarias fue más bien un obstáculo y se convirtió en uno de los tantos factores que atrasaron la independencia del Perú. Fuertes grupos de criollos que habían pretendido ayudar a Túpac Amaru tuvieron que luchar contra éste. Si los criollos que simpatizaban con él hubiesen acaudillado el movimiento, las probabilidades del triunfo hubiesen sido enormes. La desventaja del campesinado era que de su seno no podía salir una dirección hábil. En vano Túpac Amaru dirigía mensajes a los criollos y mestizos, cuando las masas habían sido lanzadas contra éstos. Las fuerzas que debieron marchar juntas se encontraban en bandos opuestos. Es que Túpac Amaru creyó que el odio de los criollos a los españoles europeos sería un motivo suficiente; pero con los sucesos que desencadenó la insurrección había despertado en los criollos y mestizos de las ciudades miedo y odio a los sectores indígenas, unificando a los que debió dividir.
Se ha creído, por algunos historiadores, que Túpac Amaru cometió un error al no entrar al Cusco después de la batalla de Sangarara. No sólo Markham y Lewin, sino también Melchor Paz, en su crónica, cita una relación en que expone este criterio (17). Hay mucha razón, aparente, para considerar como una equivocación el no haber tomado el Cuzco, cuando las mejores fuerzas de la ciudad habían sido aniquiladas en el templo de Sangarara, y más si se tiene en cuenta que frente a las vacilaciones del Inca para asaltar la Ciudad Imperial, las masas indígenas comenzaron a protestar y a abandonarlo. Pero el caudillo comprendió que tomar el Cusco con las fuerzas que contaba hubiera sido una medida equivocada para sus planes monárquicos, por el hecho de que la ciudad debería serle entregada por sus partidarios, que operaban dentro de ella, y consolidar la alianza entre criollos, indígenas y mestizos. Pero sus partidarios, que en un momento constituían la mayoría del Cusco, no pudieron entregarle la ciudad. El temor a la destrucción de la población por el ejército indio, más bien los empujó a rivalizar en la defensa de la capital de los Incas.

Notas
[16] En 1778, en un folleto citado por Diego Barros Arana, aparecía este reproche británico contra Luis XVI, aliado de Carlos III, por ayudar a los colonos de la América del Norte: "¡Monarca imprudente! Armáis vuestros ejércitos para sostener la inde­pendencia de América y las máximas de su congreso. Existe una potencia que hoy se levanta sobre leyes: es la de los razonadores ambiciosos: ella conduce a una revolución en América, y quizá prepara otra en Francia. Los legisladores de América se anuncian como los discípulos de los filósofos franceses: ellos ejecutan lo que éstos han soñado. ¿Los filósofos franceses no aspiraron también a ser legisladores en su país? ¡Cuánto peligro no hay en poner la flor de vuestros oficiales en comunicación con hombres entusiastas por la libertad! Lo comprenderéis demasiado tarde, cuando oigáis repetir en vuestra corte los axiomas vagos y especiosos que ellos habrán medido en los salones de América. ¿Cómo después de haber derramado su sangre por una causa que se llama de la libertad, harán respetar vuestras órdenes absolutas? La Inglaterra quedará demasiado vengada de vuestros propósitos hostiles cuando vuestro gobierno sea examinado, juzgado, condenado según los principios que profesan en Filadelfia y que se aplauden en vuestra capital". (B.Lewin. Los movimientos de emancipación, pág. 40).

[17] B.Lewin. Túpac Amaru, pág. 226; L.A. Eguiguren. Crónica de Melchor Paz, pág. 273.

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