viernes, 1 de agosto de 2014

Literatura

Juan Bosch o el rescate de lo nuestro-americano

Julio Carmona[1]

En principio, debo hacer la siguiente aclaración: que aun cuando me interesa mucho la narrativa, yo me siento más a gusto en el verso, en la poesía, como “el albatros” de Baudelaire, en el aire. Por eso no les aseguro (porque yo mismo no estoy seguro) que mi interpretación de la cuentísticaboschiana sea la más cercana a su exacta dimensión. Con todo –como dicen los toreros– allá voy.

Pienso que el tema esencial de lo que voy a decir se sintetiza en esta expresión que puede ser su título: Juan Bosch o el rescate de lo nuestro-americano. La expresión “nuestro-americano” se ha difundido por Internet en oposición a lo “norteamericano”, aunque los norteamericanos no sólo se han apropiado de Norteamérica, sino de toda América, y, así, se hacen llamar “americanos”. Pero yo entiendo que lo nuestro-americano opuesto a lo “norteamericano” no es una oposición maniquea sino de justicia o equidad; como ha dicho alguien, no es que seamos o nos sintamos más ni menos que ellos, ocurre que somos diferentes; lo que falta es que –como decía Brecht– estemos parados a la misma altura para saber quién es más grande.

1º Mi conocimiento de Juan Bosch data de mediados del siglo pasado. Recuerdo que allá por los años de 1965 ó 66 en algunas esquinas de las principales calles del centro de Lima, se ubicaron unos kioscos sui generis en los que se ofrecía una colección de libros en edición popular, bajo la denominación precisa de Populibros. Este proyecto editorial lo dirigía el gran escritor Manuel Scorza. Fue un gol. En muchos hogares de esa época se podía ver, con orgullosa ostentación, la colección creciente de Populibros, con atractivos títulos, de poca difusión y difícil acceso, pero cuya obtención tanto se ambicionaba.

Obviamente, esto ocurrió en mi hogar. Por entonces ya había adquirido yo el virus de la endemia literaria, y leía cuanto podía adquirir. La biblioteca de Populibros cumplió una función decisiva en esa afición o sed y hambre lectores. Entre esos importantes títulos figuraba uno: Trujillo: causas de una dictadura sin ejemplo, de Juan Bosch. De este autor, siempre creí que se trataba de un historiador o de un político. Pero lo novedoso era que ese texto no tenía la aridez o escueta presentación de los hechos que en este tipo de trabajos se suele dar, sino que presentaba los datos históricos con un atractivo dominio de la narración literaria. Unos años después, estudiando ya literaturas hispánicas en San Marcos me enteré que se trataba de un importante narrador de Nuestra América. Y pude leer, en antologías, dos de sus más difundidos cuentos: “La mujer” y “Dos pesos de agua”, que me hicieron pensar que se trataba sin lugar a dudas de un singular narrador. Pero recién ahora que, gracias a la Embajada de la República Dominicana, he tenido acceso a la mayoría de sus cuentos reunidos en dos títulos: Cuentos escritos antes del exilio (24), y Cuentos escritos en el exilio (12), puedo decir que mi primera impresión no sólo se ha ratificado sino que se ha ampliado, hasta considerar que los estudios literarios de nuestra América han sido injustos con él, considerándolo sólo como un representante de su país de la tendencia ruralista y/o indigenista: porque, realmente, se trata no sólo de un maestro del cuento, sino de un representante egregio de nuestro realismo literario, del realismo de Nuestra América.

2º Antes de entrar de lleno en la obra de nuestro autor, quiero hacer unas precisiones de carácter general. Digamos –con Wolfgang Kayser– que la estructura narrativa está conformada por “tres elementos creadores de mundo” que son: los actores o personajes, el escenario o espacio y el acontecimiento o historia, son las tres grandes dimensiones de la narración. Las tres se dan unidas. Aunque con el predominio de una, y la complementación de las restantes. Kayser pone como ejemplo de “narración de personaje” al Quijote, pudiéndose apreciar en él que tanto el espacio como la historia (o historias o aventuras) giran en torno al personaje, éste es el que predomina. Para el caso de la “narración de espacio”, la emblemática sería “El Infierno” de la Divina Comedia, en que tanto el personaje con el acontecimiento someten su prestancia a la imponente presencia del espacio. Y para el caso de la “narración de acontecimiento”, Kayser pone como ejemplo a la Ilíada, en que “la cólera de Aquiles” es el detonante, el sostén y la solución de la obra.

3º Otro elemento importante del arte narrativo es el tiempo: pasado, presente y futuro. La perspectiva narrativa de Juan Bosch, el admirable escritor dominicano, se ubica en relación con el pasado. Dentro de la tradición del famoso “había una vez”. Él quizá vislumbró esta metáfora del tiempo que creo haber leído en un trabajo del filósofo francés Alain y que describe al presente como “un reposo entre dos movimientos”, porque es efímero, como las aguas del río que no se detienen en el punto en que se fija nuestra mirada, porque –citando a un autor de la antigüedad oriental, I-ben-Jaldún– dice Juan Bosch: “Sabed que el pasado se parece al futuro como el agua se parece al agua”, y esta cita la complementa diciendo: “Y sin duda está llamado a parecerse mucho más si el pasado que ha producido un hecho social no es removido y ordenado en forma tal que la combinación de valores que él originó resulte de imposible reproducción.” Y aún agrega: “Debido a que no hemos sabido remover nuestro pasado, cada generación latinoamericana ha tenido que luchar contra más de una tiranía.” (Estas citas las he tomado del ensayo sobre Trujillo). Vale decir que nuestra existencia reposa entre esa acelerada acumulación de tiempo que va dejando de ser, y esa otra vertiginosa vorágine de acontecimientos que nos imponen su existir fugaz… ¿cómo hablar de un presente que, segundo tras segundo, ya es pasado? ¿Cómo hablar de un futuro que, por más lejano que lo ubiquemos, está condenado a convertirse en pasado? ¿No le pasó así al famoso “1984” de Orwell, que se veía tan lejano desde –digamos– “1950”? Como dice el mismo Bosch recreando la imagen del primer conquistador que llegó a La Española: “Este oscuro soldado de la conquista es incapaz de suponer que en sus bastas manos están danzando cinco siglos de historia.”[2] Pero el pasado –dice Bosch– “Ni siquiera podemos suponerlo, y eso nos duele. Desgraciadamente, somos tan sólo dueños, hasta cierto punto, del presente; pero el pasado no nos pertenece, puesto que el hombre no tiene acceso en esa eternidad donde se pierde, con sus acontecimientos, cada minuto que cruza ante nuestros ojos atónitos, camino del ayer.”

Pero también hay que aclararlo. Esa proyección hacia el pasado no debe ser reducida a la requisitoria reaccionaria de añorar lo viejo. Porque el pasado también conserva viva y joven la llama de la rebelión de los pueblos para saber de dónde vienen y caminar seguros hacia dónde van. Juan Bosch pudo haber dicho la siguiente frase: “El árbol que tiene sanas sus raíces alimenta bien sus flores”. Por eso los pueblos de la antigüedad se preocupaban por recuperar su pasado a través de la poesía. Y fue así que nacieron las grandes epopeyas de Homero y de todos los pueblos orientales (el Mahabarata, el Ramayana, el Gilgamesh, etc.). El mismo juglar que conservó la imagen del Cid, que encarna la lucha contra el invasor extranjero, le brindó al pueblo español un paradigma para rebelarse contra la invasión francesa, y les dio heroísmo para enfrentarse a las falanges nazi-fascistas. Obviamente no toda rebelión justa es triunfadora. Los pueblos saben que entre los avatares de una lucha justa se encuentran las posibilidades del triunfo y la derrota. Pero no será la derrota de su estrategia, si está basada en la justicia, será en todo caso la derrota eventual de algunas de sus tácticas.

4º Luego de lo expuesto, podemos resumir que Juan Bosch opta por las dimensiones narrativas del pasado y del personaje. Lo dice expresamente en su reflexión teórica sobre el cuento, un ensayo que titula “Apuntes sobre el arte de escribir cuentos”, en la que destaca de manera reiterativa “El lado humano”. Y así vemos que el 99 % de sus cuentos inciden en la dimensión humana. Llega incluso a precisar que el mismo tema del cuento “ha de ser humano o humanizado” y dice que “el mismo infinito y la materia mensurable existen como reflejo del ser humano”.Ahora bien, la constatación fáctica de esta incisión lectora está dada por la parte más significativa de la obra de nuestro autor, que son sus cuentos (no pasemos por alto que esa obra está constituida también por novelas y ensayos). Y a la luz de ellos puedo decir, sin temor a equivocarme, que Juan Bosch es un maestro del cuento hispanoamericano; de ese cuento que puede bifurcarse en esas dos de sus grandes vertientes: rural y urbana, pero que aspirará siempre a ser un reflejo ternuroso de nuestra realidad, esa ternura que también puede limitar con el odio, en el sentido que le daba nuestro gran César cuando decía: “César Vallejo, te odio con ternura”.

5º Y en el ensayo que acabo de citar “Apuntes sobre el arte de escribir cuentos” nuestro autor presenta asimismo la gran disyuntiva en que se debate el arte literario, en general: la existencia de dos tendencias poéticas: el formalismo y el realismo. En dicho ensayo, refiriéndose al cuento, las menciona así: hermético/figurativo, subjetivo/objetivo, indirecto/directo, interno/externo, psicológico/físico. Y en la obra de Bosch se plasma la segunda opción, lo cual no quiere decir que deje de relevar la importancia de la forma, ésta –hay que subrayarlo– no es de uso exclusivo del formalismo. Por eso Bosch releva la importancia de la forma. Y tanto es así que alguna técnica suya ha sido asimilada por otro de los grandes de la narrativa nuestra-americana: Gabriel García Márquez. Invito a los lectores a comparar los cuentos: “El éxodo”, de Gabo, y “La desgracia”, de Bosch.

6º En esta disyuntiva también Bosch tiene una visión clara, aunque usa otras expresiones para referirse a dichos conceptos: objetivo/subjetivo, directo/indirecto. Y en este sentido se observa que los cánones predominantes en la cultura literaria hispanoamericana se inclinan más por la segunda opción. Y en ese extremo se comprende que las antologías le den preferencia a dos de sus cuentos que se inclinan por lo subjetivo o lo indirecto, es decir, que se acercan al formalismo: “Dos pesos de lluvia” y “La mujer”, respectivamente. No significa esto devaluarlos. Sólo los filiamos. En el primer caso, en el que se contradice al realismo, se incide en un elemento absolutamente subjetivo, irreal, como es el de las “ánimas del purgatorio”, que participan de manera decisiva en la resolución narrativa, es decir prestando su concurso para marcar la desgracia del personaje, dándole incluso un tono tragicómico y hasta de humor negro. Y en el segundo caso –contra la preeminencia del personaje– en que aparentemente la carretera es la que asume la función principal, lo cual de todos modos resulta ser aparente, porque incluso es humanizada (y se la da por “muerta”), y en la que la actuación de los personajes se diluye en un final ambiguo, que no desmerece al cuento. Su calidad es siempre positiva. Pero igual logro se observa en los otros cuentos en los que el realismo es el decisivo, y que, no obstante, no son tomados en cuenta por los antólogos.

7º Por haber centrado su trabajo artístico en esas dos dimensiones narrativas enunciadas: el personaje y el pasado, la crítica oficial ha encasillado a Juan Bosch dentro de lo que, con cierta conmiseración, se llama el ruralismo o, con cierta mala leche, indigenismo. Por eso aquí he preferido revalorarlo dentro de lo que se debe seguir impulsando: el nuevo realismo que tuvo grandes logros en autores americanos tan importantes como él en el siglo XX. Un nuevo realismo que sigue endeudado con el pasado, pero también con el presente y con el futuro de lo nuestro-americano.

Esa visión americanista, que enraíza en su pueblo, es lo que yo interpreto como lo característico del realismo de Bosch, pues a partir de lo particular (el pueblo dominicano) la tendencia es a abarcar lo general: lo nuestro americano. Retomando, pues, la idea que esbocé al comienzo de esta disertación, al explicar el sentido del título de la misma: “Juan Bosch o el rescate de lo nuestro-americano”. Es, pues, una visión americanista que, por último, se podría ilustrar con un pequeño poema humorístico del casi paisano mío Felipe Angel, “Sofocleto”, que dice:

Americanos son todos
Los que nacieron aquí;
No sólo los gringos, ni
Los que tienen gringos modos.
Hablar hasta por los codos
La lengua de Shakespier
No tiene nada que ver
Con llamarse americano
Que es, para todo peruano,
El derecho de nacer.

Notas:
[1]  Este es, propiamente, el esbozo de la intervención del autor en el ciclo de conferencias que organizó la universidad Ricardo Palma de Lima en coordinación con la Embajada de la República Dominicana al conmemorarse el centenario del nacimiento de Juan Bosch. Al momento de su lectura, se complementó con otras incisiones y también con la lectura o resumen de algunos de los cuentos aquí mencionados.
[2] Juan Bosch, Indios. Apuntes históricos y leyendas, Santo Domingo, Editora Alfa & Omega, 2000, p. 10.


Diario de Trabajo  (Guerra, Fascismo y Pequeña Burguesía)
Brecht se Abre a la Crítica de Hoy no Ayer

(Primera Parte)


Roque Ramírez Cueva


¿SE PUEDE ESCRIBIR UN DIARIO SIN ALUDIR a la vida íntima? El Diario de Ana Frank nos sedujo y nos indujo a leerlo a hurtadillas, de las miradas paternales que despistaos imaginamos severas, porque nos descubría detalles no púdicos, para ese tiempo, de una púber en su intimidad. José María Arguedas, en El zorro de arriba y zorro de abajo, narra hechos personales como públicos y políticos.

Bertold Brecht, dramaturgo y poeta alemán creador del teatro épico, escribe un diario con la decidida intención de sentar sus puntos de vistas sobre arte y política, las cuales le preocupan más que sus asuntos de existencia individual. Lo redacta barruntando la ideología, la suya, la de sus aludidos los fascistas y conservadores, de demócratas y “democratas”, la de los proletarios y de los burgueses.

En ese propósito no da concesiones. En la tercera página, etapa del exilio en Norteamérica (Diario de Trabajo, 1942-1944. Bs. As., ediciones Nueva Visión.1977) escribe sin ambages “El concepto de clase resulta hoy demasiado mecánico en su uso,…”, él concluye afirmando que la noción de clase social contiene una concepción económica aleatoria que se le deniega. El concepto de política ya no “supone una organización y ‘formas de estado democráticas’,  un ‘libre juego de fuerzas’ que la clase dominante puede dirigir”, ha sido manipulado por las arbitrariedades del fascismo. [8.1.42]

El mismo día comenta que el proletariado como fuerza productiva, obrero y trabajador, es quién sostiene las guerras. Afirma que una situación revolucionaria “sólo se presenta cuando, por ejemplo, la iniciativa del proletariado hace posible una guerra que le inspira simpatía”, según nosotros es el caso de la revolución  bolchevique y de la liberación de China por el ejército popular. Sigue Brecht, “o cuando la liquidación de una guerra perdida sólo puede quedar en manos del proletariado”, sería el caso de la liberación de Europa del Este por el ejército rojo soviético. [8.1.42]  p. 11.

El Diario de Trabajo es como un guión de cine con encuadres de planos, unos en primer orden, otros de fondo y en panorama. En plan intermedio su lectura nos obliga a una pregunta, ¿Cómo puede subsistir alguien, sin ser engullido ni deslucido por la voracidad y trivialidad capitalista, con pensamiento crítico al sistema?  En esa circunstancia, dice Brecht, se percibe la “verdadera utilidad de la dialéctica: permitirnos operar con unidades contradictorias” … ”La dialéctica lo obliga a uno a detectar el conflicto en todos los procesos, instituciones y conceptos…”. Claro que acompañada de principios y una ética insobornables. [22.1.42] p. 22.

Sobre la democracia en USA, opina que no es sólida por circunstancias de su historia, una nación sin herencia medieval que combatir ni castas militares que obliguen a imponerla. Es una democracia sin sustentos ni principios, éstos le vinieron de fuera. Ello no significa que no se libre la lucha de clases a pesar del maquillaje, no tiene los gestos de ferocidad feudal sino el refinamiento del capitalista codicioso de Wall Street. En apariencia no hay clase -nobleza corrupta- por combatir, los burgueses conforman el estado, aceptan su condición de burgueses sin sonrojarse, aun el parlamento actúa como agencia capitalista de los banqueros, mas sí hay pugnas en las relaciones sociales. En EE.UU. la bronca se da entre los que controlan el poder económico internacional, entre los que sólo controlan la economía nacional, entre los que les sirven a los anteriores y entre los que acumulan centavos  para una sobrevivencia digna, etc.[7.2.42] - [18.2.42]  p. 31.

Pequeña burguesía y Fascismo

Brecht en su Diario de Trabajo define el empoderamiento de Hitler, a partir de analizar la actitud de las clases sociales en Alemania. De los grandes burgueses, en diversas páginas, indica que cedieron el poder por crisis que padecieron secuela de la anterior gran guerra. A la pequeña burguesía la concibe como un sector social dependiente de las dos clases antagónicas, el proletariado y la burguesía. Por supuesto, más inclinada a los burgueses, resultando así un instrumento social manipulable por la alta burguesía.

Pone como muestra a los social demócratas (pequeño burgueses) en el exilio, aferrados al accionar de las altas burguesías de Inglaterra y EE.UU., respecto de la guerra. Dichos exiliados no actuaban sin consentimiento de ellas. Da a entender que como sector social transicional, entre una clase y otra, aspiraron a ser, si es que no las podían reemplazar, una de esas dos clases sociales. Hitler, representante de “las exigencias de poder de la pequeña burguesía” ascendente y arribista, aprovechó las contradicciones sociales y se colocó –dice Brecht-, “dentro de los límites de las posibilidades…” de ser ese sector social dominante.

Y así fue, al presentarse y convertirse de facto en el caudillo conductor y salvador de Alemania, ante la zafada de cuerpo de los burgueses. Ahora bien, ni Hitler ni su séquito íntimo se convierten en burgueses, a éstos no los eliminaron como clase, los dejaron compartir el poder, pero el ex sargento no controló la economía sino que ésta fue potestad de los trust. Así, Hitler creyó pertenecer a nuevas altas esferas sociales, sin darse cuenta que fue manipulado por los dueños de dichos trust, quienes se interesaron por el gran negocio que se les presentó con la producción armamentista. [27.2.42]  p. 37.

Como los críticos y cuestionadores  de Hitler, de su tiempo y de hoy, no comprendieron las categorías de clase social, lo sobredimensionaron o lo tildaron de mero porta estandartes de las fuerzas armadas. Brecht en su Diario de Trabajo lo estudia desde el punto de vista histórico y social lo que ya vimos en el párrafo anterior, sin descuidar las necesidades propagandísticas que tuvieron burgueses y pequeño burgueses en ese fin de erigir su nuevo proyecto de estado basado en una política social corporativa, en máxima versión, el fascismo.

Brecht lo reafirma, Hitler asciende al poder cumpliendo el anhelo de la pequeña burguesía de ser parte de ese control. Para eso utiliza la política y manipula sus reglas y se impone con propuestas de ideas nacionalistas chauvinistas que la clase dominante le acepta. También se impone  porque tales clases burguesas de Alemania perdieron el dominio del estado y se vieron ante una situación inmanejable, cuya salida se la ofrece Hitler y sus huestes nacional socialistas sustentadas por el militarismo, ambos adoctrinados en el antisemitismo y la creencia de una raza aria superior.

Este patrioterismo chauvinista lo satiriza en Días de la Comuna, el francés “Thiers es enemigo de Bismarck [austríaco], pero antes que nada de los comuneros” en sus barricadas de París; el burgués “Soupeau enemigo de los alemanes pero antes que nada de las Simonas [francesas] que pretenden compartir sus bienes o quemarlos antes que entregarlos al enemigo”. Ante lo cual, nunca “debe olvidarse, por fin, que la guerra, la lucha de las naciones, [no] es más que la continuación de la lucha de clases”, indica André Gisselbrecht (Introducción a…Brecht. Bs. As. Edit. Pléyade. 1973, p. 24). En toda la nota, todos los corchetes [ ], son nuestros.

¿De qué manera el nacional socialismo acaudillado por el deslucido Hitler, ofrece una salida a los burgueses alemanes? La única posible era la guerra. Brecht lo manifiesta claro en su obra Madre Coraje, “es que la guerra ‘satisface todas las necesidades’; la principal la de hacer negocios, dice un personaje  de la Novela de dos centavos: “Es usted un soldado. Cuando los hombres de negocios agotan sus recursos, llega en su auxilio un soldado”. La guerra además, te libera de problemas de conciencia, por eso “el sargento Fairchild en Hombre por Hombre”, exclama: ‘el reglamento de servicio nos permite desafiar a Dios con toda impunidad’. Concluye A. Gisselbrecht (ídem pp. 22, 23).

Con la toma del poder político y militar –continúa Brecht en su diario- los pequeños burgueses nazis desplazan a la clase que dominaba pero le dejan el control económico, así los junkers (alta burguesía) forman trust, y uno que otro acepta puestos en la alta oficialidad militarista; es decir los mantiene en el campo militar y de la industria, particularmente la armamentista. [28.2.42]  pp. 38 -39

Llega a esbozar un retrato de este “salvador” pequeño burgués que encandiló y desplazó a la burguesía alemana, ofreciéndole una guerra de rapiña que ella gustosa nunca rechazó. Lo traza como un Napoleón de caricatura, “un feto de él”.

Los Tory (burguesía inglesa), los aliados e intelectuales antifascistas

Avanzando en las páginas del diario, nos enteramos de la sagaz capacidad de Brecht para leer los sucesos políticos del momento. Observa minucioso también a los aliados, sus estrategias y errores como los de permitir que se filtren buques de guerra alemanes en el Canal de La Mancha, lo cual impidió una ayuda activa y pronta de los soviéticos ese año de 1942.

En esta parte, nos sorprende la intuición o la certera información que poseía Brecht, sobre las posibles futuras invasiones que planificaban los ejércitos aliados a las costas europeas, considerando que el desembarco, del llamado día D a Normandía, era un secreto bajo siete llaves. Por otro lado, señala el error del partido conservador Tory, de persistir en mantener los dominios ingleses en la India, lo cual obliga a abrir dos frentes a Inglaterra, en momentos que se necesita su total concentración para enfrentar a Hitler. [8.3.42]

Brecht llega a entender  entonces, con suma claridad, que los intereses y puntos de vista conservadores del partido de los Tories, complotan indirectamente a favor de las huestes hitleristas. Lo cual parecía empujar a los norteamericanos a establecer tratos con los soviéticos –URSS- para invadir Europa y expulsar a los alemanes.

Pero los jefes norteamericanos y su estado tienen sus miedos, sus debilidades, y trasgreden sus ¿principios? democráticos. Han creado una oficina de Enemy Aliens donde deben registrarse los exiliados alemanes, italianos y japoneses. A fines de 1942, recluyen a cerca de cien mil japoneses en un campamento de prevención. Temen que sean informantes o arietes del ejército japonés aliado de Alemania. Y les implantan, al igual que a los alemanes exiliados, un toque de queda de 8 p.m.  a  6 a.m.

El autor de Diario de Trabajo pugna por poner en debate la distinción entre la alemania hitleriana y Alemania. Lo cual es difícil de sustentar, en tanto los cientos de batallones del ejército nazi fueron conformados por hijos de la clase obrera, que han sido encandilados y engañados. No hay manera de entender aquello de que “el ser social determina la conciencia”, sino a partir del hecho que la pequeña burguesía alemana aprovechó bien la efervescencia política del momento para confundir a los obreros con el antisemitismo y nacionalismo.

Aparte que le suprime sus instituciones y sindicatos en los cuales dichos trabajadores podían reflexionar la coyuntura, y los reúne en torno a ligas comunitarias pro nazis. Intimidando a los dubitativos y eliminando a los de espíritu crítico con el terror político y económico. Por lo cual resume, en otra página del diario: “el fascismo es una forma de gobierno por la cual se puede someter a un pueblo hasta el punto de lograr que [éste] se preste para someter a otros pueblos”. [15.5.42]  pp. 104 -105.

Brecht en su Diario de Trabajo nos da entender que en el exilio no ha llevado ni le ha interesado una vida cómoda, él cada día ha pugnado por desnudar  y denunciar la esencia del fascismo hitlerista. Lo ha hecho desde la producción y creación de su teatro épico y en su activa participación pública junto a otros intelectuales antifascistas con el objetivo que los aliados y el ejército rojo soviético den fin a la guerra, derrotando a Hitler.  En esta perspectiva, debatía que las hordas del gris ex sargento podían ser derrotadas. Ante la idea difundida y aceptada del ecónomo pro fascista Pollock, que creía en una economía planificada de la burguesía alemana, Brecht sustentaba que el fenómeno fascista “no era más que una economía de guerra superficial, con muy poca coordinación auténtica, una intervención [corporativa] muy voluble del estado en la economía”. [28.7.43]  pp. 250.

En otro encuadre del diario, delibera acerca de que “los grandes delitos sólo son posibles gracias a su inverosimilitud”. La gente sensible y con sentido común dice Brecht, “se indigna ante la idea que los estadistas sean ladrones” como un vulgar cuatrero, de que los generales sean estafadores como los especuladores de negocios. El razonamiento es así de sencillo, ¿cómo puede ser ladrón un caballero de corbata y saco, alto militar o empresario? Por eso, al no ser creíbles de delito, dichos señores roban con siútica elegancia.  [24.8.43]  p. 263.

Al respecto, en su obra Opera de los dos centavos, a través de su personaje Mackie Messer, Brecht se plantea una interrogante ¿¡Qué es el asalto a un Banco comparado con la fundación de un Banco!? Se infiere que las operaciones de los bancos son dolosas ante sus clientes. ¿Alguien se imagina que los banqueros estén asaltando a sus clientes?, casi nadie. Por cierto, ese tal Mackie Messer resulta siendo un importante banquero apellidado Macheath. Por lo mismo, Mackie se inclinó por el crimen “en grande” porque “resulta impune”, acota A. Gisselbrecht (ídem, pp. 25,26).

El 25 de septiembre de 1943, registra en su diario una noticia esperanzadora que causa alborozo a los antifascistas del mundo y que compartieron los exilados, se ha producido la toma de Smolensko por parte del ejército rojo de los soviéticos, liderado, no se olvide aunque no agrade a unos, por Joseph Stalin. Lo cual cambia radicalmente la situación de la guerra, en favor de las fuerzas aliadas, de los soviets, de los países y pueblos sometidos, y en contra de Hitler y sus horadas nazis.

No obstante, ante la inminente victoria de las fuerzas antifascistas y la cercana derrota del ejército nazi, muchos se preguntaban ¿por qué los soldados alemanes siguieron en combate, ofreciendo su esfuerzo y sus vidas a la “máquina destructora”? Cierto que no combatían por dignidad o por pasión que inicialmente los hechizó al abrazar la maquinación de un nacionalismo antisemita. Combaten, Brecht lo precisa con lucidez, “porque la clase dominante sigue dominando”.  [15.8.44]  pp. 330.

Por lo mismo, en su ensayo “Cinco dificultades para quien escribe la verdad” (blog www.forocomunista.com/t24488-las-cinco-dificultades-), Brecht se hace una pregunta inevitable,  ¿de qué sirve decir la verdad sobre el fascismo que se condena sino se dice nada sobre el capitalismo que la origina? Antes reafirma, “el fascismo es la entrada de una fase histórica del capitalismo, y, por consiguiente, algo a la vez muy nuevo y muy viejo. En un país fascista el capitalismo existe solamente como fascismo. Combatirlo es combatir el capitalismo, y bajo su forma más cruda, más insolente, más opresiva, más engañosa.”

Para acabar esta primera parte, concuerdo que Brecht redacta el Diario de Trabajo, por las mismas razones con que presenta su ensayo de las Cinco dificultades, etc.: “El que quiera…escribir la verdad… Tendrá que tener el valor de escribir la verdad aunque se la desfigure por doquier; la inteligencia necesaria para descubrirla; el arte de hacerla manejable como arma; saber a quien confiarla y tener la astucia indispensable para difundirla.”  (blog www.forocomunista.com, ídem).

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