lunes, 6 de enero de 2014

Internacionales



Sudáfrica: Lo que Cambió… y lo que no Cambió*



¿POR QUÉ, A RAÍZ DE TODO EL SACRIFICIO Y VALOR que suponía la lucha contra el apartheid, se ha dado tan poquito cambio de las terribles condiciones básicas de la gran mayoría de los negros en Sudáfrica? No se debe a que no es posible cambiar las cosas en lo fundamental. No se debe a que la humanidad está atrapada en este mundo de explotación, opresión y desastre ambiental. Pero existen lecciones urgentes y cruciales que deben de sacarse de dicha experiencia en los tiempos de hoy en los cuales millones de personas están enfrentadas a la pregunta: ¿es posible que cambien las cosas en lo concreto?

El apartheid era un sistema instituido por la descendencia de los invasores europeos para acaparar la tierra y los recursos en manos de unos pocos propietarios ricos y mantener al país bajo el control del imperialismo yanqui. Millones de africanos negros sufrían una vida aplastadora, horrenda, extremadamente desigual, de privaciones y miseria.

De 1990 a 1994, se eliminó el apartheid abierto. Sin embargo hoy, la tierra y los recursos abundantes encima y debajo de la superficie permanecen en manos de los propietarios ricos blancos y los imperialistas los que colectivamente detentan concretamente el poder en Sudáfrica, aunque pueda que se elijan a unos miembros del Congreso Nacional Africano a la presidencia y aunque ahora a una élite negra le toque un botincito del saqueo. Las condiciones de las masas populares, de los africanos del país, de los agricultores sin tierras o en tierras yermas, de los mineros y de millones más que a duras penas viven en cinturones de miseria sin ningún empleo, pues sus condiciones no se han mejorado o incluso se han empeorado. La violencia contra las mujeres y los inmigrantes crece desenfrenada. Hace diez años la autora india Arundhati Roy dijo que el nuevo régimen había "aumentado… las terribles disparidades entre el rico y el pobre. Más de un millón de personas han perdido el empleo... Diez millones de sudafricanos, casi un cuarto de la población, no tienen acceso al agua potable ni electricidad. Dos millones fueron desalojados. Mientras tanto, la pequeña minoría blanca que se ha privilegiado históricamente mediante siglos de la explotación cruel, es más segura que nunca... Eso es el apartheid con la conciencia limpia. Y que se lleva el nombre de la democracia".

Los mismos hechos fundamentales siguen en vigor hoy, como demuestra, por ejemplo, el artículo "How Mandela Shifted Views on Freedom of Markets" (Cómo Mandela cambió de opinión sobre la libertad de los mercados), de Andrew Ross Sorkin, en el New York Times, Sección de negocios, del 9 de diciembre de 2013. Sorkin detalla que Mandela había prometido, al ser liberado de la prisión, que "la nacionalización de las minas, los bancos y las industrias monopolistas es la política del CNA y es inconcebible cambiar o modificar nuestro punto de vista al respecto". Sin embargo lo "convencieron" a cambiar su punto de vista en una conferencia anual en Davos, Suiza, donde se reúnen los políticos y capitalistas financieros importantes cada año.

Según el artículo, fueron los líderes de China y Vietnam quienes lo convencieron. Si eso es cierto, es apropiado, ya que esos líderes, al igual que el Partido Comunista de Sudáfrica con el cual Mandela al menos estuvo alineado, eran y son revisionistas: es decir, son unas fuerzas políticas que se autodenominan "comunistas" y "revolucionarias" pero en los hechos sólo aprovechan esa denominación como una forma de credibilidad y legitimidad para acomodarse con el capitalismo y practicarlo. De cualquier modo, Mandela dirigió al CNA a descartar sus promesas de nacionalización, las pocas que hacían, y a abrir a Sudáfrica al imperialismo más que nunca.

Desde ese entonces se ha aumentado la brecha entre los sudafricanos blancos y negros. El porcentaje de la población que vive por debajo del umbral de pobreza de $2 al día ha sido cerca del 50% o más durante los últimos 20 años. El índice oficial de desempleo es del 25%, y para los hombres jóvenes negros, el índice oficial es casi el 50% (y es muy probable que estos números representen subestimaciones). Los salarios son tan desiguales como siempre: $1.900 al mes para el blanco, $250 al mes para el negro. Y ese cálculo de la brecha ni siquiera toma en cuenta la clase de capitalistas, latifundistas y financieros que se ceban de gigantescas cantidades de dinero mediante inversiones.

Bob Avakian ha dicho lo siguiente: "...La revolución significa nada menos que derrotar y desmantelar el estado opresor existente, el que le sirve al sistema capitalista imperialista —y en particular los organismos de represión y violencia organizada, incluyendo las fuerzas armadas, la policía, las cortes, las prisiones, las burocracias y el poder administrativo— y el reemplazo de dichos organismos reaccionarios, esas concentraciones de coacción y violencia reaccionaria, por organismos revolucionarios de poder político y otras instituciones y estructuras de gobierno revolucionarias…" con la participación "de un pueblo revolucionario de millones y millones de personas, que cuente con la dirección de una vanguardia comunista revolucionaria y esté consciente de la necesidad del cambio revolucionario y esté resuelto a luchar por el mismo" (de Lo BAsico 3:3). Si bien millones de personas en Sudáfrica en los años de 1980 deseaban una revolución, la dirección no era en realidad revolucionaria. Así que en Sudáfrica no se dio una revolución, o sea, una verdadera revolución, ni se intentó.

Y hasta que se haga una verdadera revolución, continuará, detrás de todas esas historias edificantes banales y de las figuras negras en altos cargos, elegidas debidamente en ritos electorales que le ponen el sello de legitimidad a la opresión en el mundo de hoy, nada más salvo "el apartheid con la conciencia limpia. Y que se lleva el nombre de la democracia".

*El presente artículo ha sido tomado del periódico Revolución, 16 de diciembre de 2013. (Nota del Comité de Redacción).
   

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