sábado, 5 de octubre de 2013

Política



Nota Explicativa:

El 7 de octubre del año en curso se cumple el 85 Aniversario de la fundación del Partido Socialista del Perú, la magna obra organizativa de José Carlos Mariátegui, materialización de la unidad de la verdad universal del marxismo-leninismo y nuestra realidad concreta.

Para conmemorar el importante acontecimiento, publicamos los documentos Acuerdos de la Reunión de La Herradura y Acuerdos de la Reunión de Barranco, no siempre de fácil acceso, y Principios Programáticos del Partido Socialista.

Tanto los Acuerdos de la Reunión de La Herradura como los Acuerdos de la Reunión de Barranco han sido tomados del libro de Martínez de la Torre Apuntes Para Una Interpretación Marxista de Historia Social del Perú, tomo 2, pp.397-398. El documento Principios Programáticos del Partido Socialista, ha sido tomado del tomo 13 de las Obras Completas de Mariátegui, pp.159-164.

Acerca de la Reunión de La Herradura, Martínez de la Torre anotó en su aludido libro: “(…) Fueron escogidos con detenida escrupulosidad los compañeros de más solvencia, de más responsabilidad, capaces de imprimir, desde el primer momento, una buena dirección al Partido que se trataba de fundar”. “Esta reunión se realizó a mitad del camino que conduce a la playa de la Herradura, el domingo 16 de setiembre de 1928. Eran siete los iniciadores: cuatro obreros: Julio Portocarrero, Avelino Navarro, Hinojosa y Borja; un empleado de seguros: Ricardo Martínez de la Torre; un vendedor ambulante: Bernardo Regman. José Carlos Mariátegui no pudo asistir, pero sus puntos de vista los presentó Martínez de la Torre” (p.397).

Sobre la Reunión de Barranco, apuntó en el mismo lugar: “La segunda reunión se efectuó el domingo 7 de octubre, en casa de Avelino Navarro, en el Barranco. Asistieron José Carlos Mariátegui, Avelino Navarro, Borjas, Hinojosa, Portocarrero, Martínez de la Torre, Regman, Luciano Castillo, Chávez León”.

A propósito de los Principios Programáticos del Partido Socialista, escribió: “A fin de unificar doctrinariamente el pensamiento y la acción de los grupos iniciales del Partido Socialista, Mariátegui elaboró los siguientes puntos programáticos que fueron remitidos a las células del país y del extranjero” (p.398).

Entre los acuerdos de las reuniones de La Herradura y de Barranco, es menester destacar los siguientes: 1) la afiliación de la “célula inicial” a la Tercera Internacional; 2) el nombre de Partido Socialista del Perú; 3) el Comité Ejecutivo del Partido debe estaría formado por la “célula secreta de los siete”; 4) constitución del grupo organizador del Partido; 5) creación de un partido de clase, basado en las masas obreras y campesinas organizadas; 6) frente unido del Partido Socialista y la organización sindical con movimientos de masas de la pequeña burguesía.

De las cuestiones planteadas en los Principios Programáticos…, es oportuno destacar las siguientes: 1) sólo el proletariado puede realizar las tareas de la revolución democrático-burguesa; 2) las comunidades campesinas y las grandes empresas agrícolas son elementos de una solución socialista de la cuestión agraria; 3) ni la proyección de la comunidad campesina ni el resurgimiento del pueblo indígena pueden significar una reconstrucción del socialismo incaico, pues el socialismo moderno presupone la incorporación de las conquistas de la civilización moderna; 4) cumplida su etapa democrático burguesa, la revolución peruana deviene revolución proletaria; 5) el Partido Socialista del Perú es la vanguardia del proletariado; 6) la definición de nuestra época (estadio, período, etapa en términos de Mariátegui) como la del imperialismo; 7) la definición del marxismo-leninismo como el método revolucionario de nuestra época (etapa en la terminología de Mariátegui); 8) la adopción por el Partido Socialista del Perú del marxismo-leninismo; 9) la ligazón del Programa General y el Programa Reivindicativo (“apropiarse de estas reivindicaciones y de esta doctrina”); 10) la libertad del Partido para actuar pública y legalmente.  

Los tres documentos brevemente presentados constituyen una valiosa fuente de ideas y su estudio permite comprender la concepción de José Carlos Mariátegui del Partido Socialista del Perú, concepción de indudable actualidad.

Publicamos también, como material adjunto, el séptimo capítulo del libro El Partido de Masas y de Ideas de José Carlos Mariátegui, del compañero Eduardo Ibarra.

Comité de Redacción. 


   
Acuerdos de la Reunión de La Herradura



1º- Constituir la célula inicial del Partido, afiliado a la III Internacional, y cuyo nombre será el de Partido Socialista del Perú, bajo dirección de elementos conscientemente marxistas.

2º- Ayudar a la célula de oposición sindical que Julio Portocarrero había organizado para realizar las tareas y directivas fijadas en el V Congreso de la I.S.R.

3º- El Comité Ejecutivo del Partido Socialista estará formado por la “célula secreta de los siete”.

4º- Convocar a una nueva reunión en la cual se incorporará a otros elementos.



Acuerdos de la Reunión de Barranco



1º- Dejar constituido el grupo organizador del Partido Socialista del Perú.

2º- Se nombró Secretario General a Mariátegui; Secretario Sindical, Portocarrero; Secretario de Propaganda, Martínez de la Torre; Tesorero, Bernardo Regman. Navarro e Hinojosa fueron agregados a la Secretaría Sindical.

3º- Se aprobó la siguiente moción de orden del día, redactada por Mariátegui:

“Los suscritos declaran constituido un Comité que se propone trabajar, en las masas obreras y campesinas, conforme a los siguientes conceptos:

1º- La organización de los obreros y campesinos, con carácter netamente clasista, constituye el objeto de nuestro esfuerzo y nuestra propaganda y la base de la lucha contra el imperialismo extranjero y la burguesía nacional.

2º- Para la defensa de los intereses económicos de los trabajadores de la ciudad y el campo, el Comité impulsará activamente la constitución de sindicatos de fábrica, de hacienda, etc., la federación de éstos en sindicatos de industria y su confederación en una central nacional.

3º- La lucha política exige la creación de un partido de clase, en cuya formación y orientamiento se esforzará tenazmente por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas. De acuerdo con las condiciones concretas actuales del Perú, el Comité concurrirá a la constitución de un partido socialista, basado en las masas obreras y campesinas organizadas.

4º- Para precaverse de represiones y persecuciones desmoralizadoras, los sindicatos obreros y campesinos gestionarán su reconocimiento por la Sección del Trabajo. En su estatuto, su declaración de principios se limitará a la afirmación de su carácter clasista y de su deber de contribuir a la fundación y mantenimiento de una confederación general del trabajo.

5º- La organización sindical y el Partido Socialista, por cuya formación trabajaremos, aceptarán contingentemente una táctica de frente único o alianza con organizaciones o grupos de la pequeña burguesía, siempre que éstos representen efectivamente un movimiento de masas y con objetivos y reivindicaciones concretamente determinados.

6º- El Comité procederá a la organización de comités en toda la república y de células en todos los centros de trabajo, con relaciones estrictamente disciplinadas.  


Principios Programáticos del Partido Socialista


José Carlos Mariátegui


El programa debe ser una declaración doc­trinal que afirme:

1º—El carácter internacional de la economía contemporánea, que no consiente a ningún país evadirse a las corrientes de transformación sur­gida de las actuales condiciones de producción.

2ºEl carácter internacional del movimiento revolucionario del proletariado. El Partido Socia­lista adapta su praxis a las circunstancias con­cretas del país; pero obedece a una amplia visión de clase y las mismas circunstancias nacionales están subordinadas al ritmo de la historia mun­dial. La revolución de la independencia hace más de un siglo fue un movimiento solidario de io­dos los pueblos subyugados por España; la re­volución socialista es un movimiento mancomu­nado de todos los pueblos oprimidos por el ca­pitalismo. Si la revolución liberal, nacionalista por sus principios, no pudo ser actuada sin una estrecha unión entre los países sudamericanos, fácil es comprender la ley histórica que, en una época de más acentuada interdependencia y vinculación de las naciones, impone que la re­volución social, internacionalista en sus princi­pios, se opere con una coordinación mucho más disciplinada e intensa de los partidos proleta­rios. El manifiesto de Marx y Engels condensó el primer principio de la revolución proletaria en la frase histórica: "¡Proletarios de todos los países, uníos!".

—El  agudizamiento  de las contradicciones de la economía capitalista. El capitalismo se desarrolla en un pueblo semi-feudal como el nuestro, en instantes en que, llegado a la etapa de los monopolios y del imperialismo, toda la ideología liberal, correspondiente a la etapa de la libre concurrencia, ha cesado de ser válida. El imperialismo no consiente a ninguno de es­tos pueblos semi-coloníales, que explota como mercado de su capital y sus mercaderías y co­mo depósito de materias primas, un programa económico de nacionalización e industrialismo. Los obliga a la especialización, a la monocultura. (Petróleo, cobre, azúcar, algodón, en el Perú). Crisis que se derivan de esta rígida determina­ción de la producción nacional por factores del mercado mundial capitalista.

4°—El capitalismo se encuentra en su estadio imperialista. Es el capitalismo de los monopo­lios, del capital financiero, de las guerras impe­rialistas por el acaparamiento de los mercados y de las fuentes de materias brutas. La praxis del socialismo marxista en este período es la del marxismo-leninismo. El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del impe­rialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha.

- La economía pre-capitalista del Perú republicano que, por la ausencia de una clase burguesa vigorosa y por las condiciones nacio­nales e internacionales que han determinado el lento avance del país en la vía capitalista, no puede liberarse bajo el régimen burgués, enfeuda­do a los intereses imperialistas, coludido con la feudalidad gamonalista y clerical, de las taras y rezagos de la feudalidad colonial.
  
El destino colonial del país reanuda su proceso. La emancipación de la economía del país es posible únicamente por la acción de las ma­sas proletarias, solidarias con la lucha anti­imperialista mundial. Sólo la acción proletaria puede estimular primero y realizar después las tareas de la revolución democrático-burguesa-burguesa, que el régimen burgués es incompetente para desarrollar y cumplir.

-El socialismo encuentra lo mismo en la subsistencia de las comunidades que en las gran­des empresas agrícolas, los elementos de una so­lución socialista de la cuestión agraria, solución que tolerará en parte la explotación de la tie­rra por los pequeños agricultores ahí donde el yanaconazgo o la pequeña propiedad recomien­dan dejar a la gestión individual, en tanto que se avanza en la gestión colectiva de la agricul­tura, las zonas donde ese género de explotación prevalece. Pero esto, lo mismo que el estímulo que se preste al libre resurgimiento del pue­blo indígena, a la manifestación creadora de sus fuerzas y espíritu nativos, no significa en lo absoluto una romántica y anti-histórica tenden­cia de reconstrucción o resurrección del socia­lismo incaico, que correspondió a condiciones históricas completamente superadas, y del cual só­lo quedan, como factor aprovechable dentro de una técnica de producción perfectamente científica, los hábitos de cooperación y socialismo de los campesinos indígenas. El socialismo pre­supone la técnica, la ciencia, la etapa capitalis­tas; y no puede importar el menor retroceso en la adquisición de las conquistas de la civiliza­ción moderna, sino por el contrario la máxima y metódica aceleración de la incorporación d­e estas conquistas en la vida nacional.

7°—Sólo el socialismo puede resolver el pro­blema de una educación efectivamente democrá­tica e igualitaria, en virtud de la cual cada miem­bro de la sociedad reciba toda la instrucción a que su capacidad le de derecho. El régimen educacional socialista es el único que puede apli­car plena v sistemáticamente los principios de la escuela única, de la escuela del trabajo, de las comunidades escolares, y en general de todos los ideales de la pedagogía revolucionaria contemporánea, incompatible con los privilegios de la escuela capitalista, que condena a las clases a la inferioridad cultural y hace de la instrucción superior el monopolio de la riqueza.

8º- Cumplida su etapa democrático-burguesa, la revolución deviene en sus objetivos y en su doctrina revolución proletaria. El partido del proletariado, capacitado por la lucha para el ejercicio del poder y el desarrollo de su propio programa, realiza en esta etapa las tareas de la organización y defensa del orden socialista.

9º- El Partido Socialista del Perú es la van­guardia del proletariado, la fuerza política que asume la tarea de su orientación y dirección en la lucha por la realización de sus ideales de clase.

Reivindicaciones Inmediatas  

Reconocimiento amplio de la libertad de aso­ciación, reunión y prensa obreras.

  Reconocimiento del derecho de huelga para todos los trabajadores.

  Abolición de la conscripción vial.

  Sustitución de la ley de la vagancia por los artículos que consideraban específicamente la cuestión de la vagancia en el anteproyecto del Código Penal puesto en vigor por el Estado, con la sola excepción de esos artículos, incompati­bles con el espíritu y el criterio penal de la ley especial.

  Establecimiento de los Seguros Sociales y de la Asistencia Social del Estado.

  Cumplimiento de las leyes de accidentes del trabajo, de protección del trabajo de las muje­res y menores, de la jornada de ocho horas en las faenas de la agricultura.

  Asimilación del paludismo en los valles de la costa a la condición de enfermedad profesional, con las consiguientes responsabilidades de asistencia para el hacendado.

  Establecimiento de la jornada de siete horas en las minas y en los trabajos insalubres, pe­ligrosos y nocivos para la salud de los tra­bajadores.

  Obligación de las empresas mineras y petro­leras de reconocer a sus trabajadores, de modo permanente y efectivo, todos los derechos que les garantizan las leyes del país.

  Aumento de los salarios en la industria, la agricultura, las minas, los transportes maríti­mos y terrestres y las islas guaneras, en pro­porción con el costo de la vida y con el derecho de los trabajadores a un tenor de vida más elevado.

  Abolición efectiva de todo trabajo forzado o gratuito; y abolición o punición del régimen semi-esclavista en la montaña.

  Dotación a las comunidades de tierras de la­tifundios para la distribución entre sus miem­bros en proporción suficiente a sus necesidades.

  Expropiación, sin indemnización, a favor de las comunidades, de todos los fundos de conventos y congregaciones religiosas.

  Derecho de los yanaconas, arrendatarios, etc., que trabajen un terreno más de tres años conse­cutivos, a obtener la adjudicación definitiva del uso de sus parcelas, mediante anualidades no superiores al 60 por ciento del canon actual de arrendamiento.

  Rebaja, al menos en un 50 por ciento de este canon, para todos los que continúen en su con­dición de aparceros o arrendatarios,

  Adjudicación a las cooperativas y a los cam­pesinos pobres de las tierras ganadas al culti­vo por las obras agrícolas de irrigación.

  Mantenimiento en todas partes, de los dere­chos reconocidos a los empleados por la ley res­pectiva. Reglamentación por una comisión partitaria, de los derechos de jubilación, en forma que no implique el menor menoscabo de los estable­cidos en la ley.

  Implantación del salario y sueldo mínimo.

  Ratificación de la libertad de cultos y ense­ñanza religiosa, al menos en los términos del artículo constitucional y consiguiente derogato­ria del último decreto contra las escuelas no católicas.

  Gratuidad de la enseñanza en todos sus gra­dos.

  Estas son las principales reivindicaciones por las cuales el Partido Socialista luchará de in­mediato. Todas ellas corresponden a perentorias exigencias de la emancipación material e inte­lectual de las masas. Todas ellas tienen que ser activamente sostenidas por el proletariado y por los elementos conscientes de la clase media. La libertad del Partido para actuar pública y legalmente, al amparo de la Constitución y de las garantías que ésta acuerda a sus ciudadanos, pa­ra crear y difundir sin restricciones su prensa, para realizar sus congresos y debates, es un derecho reivindicado por el acto mismo de fun­dación pública de esta agrupación. Los grupos estrechamente ligados que se dirigen hoy al pueblo, por medio de este manifiesto, asumen resueltamente, con la conciencia de un deber y una responsabilidad histórica, la misión de de­fender y propagar sus principios y mantener y acrecentar su organización, a costa de cualquier sacrificio. Y las masas trabajadoras de la ciu­dad, el campo y las minas y el campesinado indígena, cuyos intereses y aspiraciones repre­sentamos en la lucha política, sabrán apropiarse de estas reivindicaciones y de esta doctrina, combatir perseverante y esforzadamente por ellas y encontrar, a través de cada lucha, la vía que conduce a la victoria final del socialismo.





¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

El Concepto Mariateguiano de Partido de Masas y de Ideas


Eduardo Ibarra


I

En el primer capítulo hemos señalado que, en carta a Moisés Arroyo Posadas, Mariátegui se refirió a su proyecto de fundar “una agrupación definida, realista, de masas”, y que, en carta a César Vallejo, subrayó su “empeño de dar vida a un partido de masas y de ideas.

Pero, como lo hemos señalado también, desde abril de 1922 hasta el 6 de octubre de 1928, Mariátegui mantuvo el concepto de partido de clase (1), y, desde el 7 de octubre del mismo año hasta marzo de 1930, señaló explícitamente el carácter de clase del PSP (2).

Es decir, antes y después de las mencionadas cartas, el maestro se propuso un partido marxista-leninista, de clase, y no un partido de todos aquellos que se reclamaban, por sí y ante sí, del socialismo (3).

Partido de clase significa partido adherido a la verdad universal del marxismo-leninismo. Y partido de masas significa: 1) militancia masiva de obreros y campesinos; y, 2) dirección efectiva sobre las amplias masas populares.

Si el carácter de clase del Partido está determinado por su adhesión al marxismo-leninismo, su forma de masas o de cuadros está determinada por las condiciones objetivas de operatividad (4).

El partido de masas se distingue por el hecho de que la inmensa mayoría de sus militantes no son revolucionarios profesionales, pero que, en relación a las amplias masas populares, tiene, de todas formas, la condición de dirigente. De otro modo se borraría la diferencia entre vanguardia y masas.

Así pues, sólo en el marco de la relación entre los conceptos de partido de clase y partido de masas, es posible entender realmente el concepto de “partido de masas y de ideas” (5).

Entre el partido de cuadros y el partido de masas no existe una barrera infranqueable. El partido bolchevique, por ejemplo, fue un partido de cuadros y de ideas en sus primeros años, pero después se transformó en un partido de masas y de ideas.

El mismo PSP fue, de hecho, un partido de cuadros y de ideas, aunque en el proyecto mariateguiano fuese concebido como un partido de masas y de ideas, que es en lo que hubiera tenido que convertirse (6).

En páginas anteriores hemos señalado en qué consiste la condición de partido de ideas en el proyecto mariateguiano. Pues bien. ¿Qué relación existe entre esta condición y la forma de masas o de cuadros del partido?

Marx señaló que la teoría deviene fuerza material una vez que prende en las masas. Por eso el partido de clase deviene vanguardia cuando está dirigido por una teoría de vanguardia, sea que se presente como partido de cuadros o de masas.

Esta es la relación existente entre el concepto de partido de ideas y el partido de cuadros o de masas.

Si nuestro libro tiene el título que tiene, es porque era urgente revelar, en el pensamiento de Mariátegui, la interpenetración de lo clasista y lo masivo en punto al PSP.

El resultado de ello ha sido que, se reconozca o no, el proyecto de Mariátegui fue el de un partido de clase bajo la forma de partido de masas.

El concepto de partido de masas y de ideas no tiene un valor exclusivamente nacional, como creen algunos, sino un  valor universal en la medida que, en cualquier país del mundo, la revolución no es posible sino a condición de ser dirigida por un partido de masas con una teoría de vanguardia.

Lo expuesto hasta aquí da cuenta del concepto mariateguiano de partido de masas y de ideas.

Es este concepto, precisamente, el que deben asumir los continuadores de Mariátegui si quieren llevar hasta el fin la Reconstitución.

II

Desde la segunda mitad de los ochenta, Ramón García falsifica la identidad doctrinal de José Carlos Mariátegui y del PSP a fin de hacer pasar de contrabando su “marxismo” sin leninismo y su proyecto de un partido doctrinariamente heterogéneo.

Es decir le achaca a Mariátegui sus propias posiciones revisionistas, y, como es obvio, este criollo procedimiento lo pinta de cuerpo entero.

Puesto que el carácter de clase del Partido está determinado por su doctrina, es claro que un partido doctrinariamente heterogéneo no es ni puede ser un partido de clase (7).

Precisamente el proyectado partido del grupo revisionista es la materialización de un “marxismo” sin leninismo en su ya fundada instancia secreta, y, en su instancia pública por fundarse, sería la materialización de diversas posiciones doctrinales. Esto es lo que llamamos partido-amalgama.

Esta amalgama doctrinal explica que los promotores de semejante partido quieran titularlo socialista (8).

García ha escrito: “La propia experiencia, la propia lucha enseñó a través de la investigación de continuadores, que la Reconstitución se hundía en un círculo vicioso”. “La ‘reconstitución’ ha devenido fiasco en el país” (9).

De esta forma renunció a la tarea de la Reconstitución, y, en reemplazo de ella, ha levantado su proyecto de “una organización de proyección nacional” (10).

Esta “organización de proyección nacional” es concebida como el producto de la “dilución-integración” del PCP (U), el PCP (PR), el PCP (SL), el PSP, el PST, etcétera, etcétera (11).

¿Y qué ideas centrales propone como línea de esa pretendida organización?

Pues las siguientes: 1) marxismo a secas; 2) falsificación de la identidad doctrinal de Mariátegui; 3) falsificación del contenido que tienen en la literatura mariateguiana sobre el Partido los conceptos de socialismo, socialismo peruano, partido de masas y de ideas; 5) falsificación de los conceptos de Creación Heroica y Camino de Mariátegui; 5) suposición de que la acción legal municipal es el camino al socialismo; 6) tergiversación de la verdad doctrinal y organizativa del PSP; 7) partido de dos niveles orgánicos (negación del partido de clase; abandono de la Reconstitución; empirismo bajo la idea de “dilución-integración”; conculcación de la independencia ideológica, política y organizativa del proletariado) (12).

Lo expuesto hasta aquí expresa el vaciamiento que ha hecho García del concepto que encierra en Mariátegui el término partido de masas y de ideas (13).

Vaciamiento que ha significado embutir la frase mariateguiana de un concepto oportunista.

Y, luego de imponer en su grupo semejante tergiversación, ahora pretende imponérsela a la izquierda peruana, lado a lado con las posiciones recapituladas arriba.

Porque para García y sus repetidores, la “organización de proyección nacional” es posible únicamente bajo sus posiciones (14).

Pero, por cierto, después del egotismo burgués de Abimael Guzmán (que en 1988 se autoproclamó “el más grande marxista-leninista-maoísta viviente”), el egotismo burgués de Ramón García (que en 2007 se autoproclamó “Yo el Supremo”), es cosa que difícilmente podría sorprender al conjunto de la izquierda.

Notas:
[1]  En abril de 1922, Mariátegui, César Falcón, Palmiro Macchiavello y Carlos Roce organizaron en la ciudad italiana de Génova un Comité, que, según señaló el segundo de los nombrados, formuló la iniciativa de fundar el partido del proletariado peruano y consensuó un “acta constitutiva” donde se consignó la adhesión “a los principios de la Tercera Internacional” (Anuario Mariateguiano, Nº2, 1990, pp.23-32).
[2]  Mariátegui señaló: “La lucha política exige la creación de un partido de clase, en cuya formación y orientamiento se esforzará tenazmente [el Comité] por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas. De acuerdo con las condiciones concretas actuales del Perú, el Comité concurrirá a la constitución de un partido socialista, basado en las masas obreras y campesinas organizadas” (Moción aprobada por la reunión del Grupo Organizador del PSP el 7 de octubre de 1928, en Martínez, Apuntes, t.II, p.398). “El P.S. es un partido de clase, y por consiguiente, repudia toda tendencia que signifique fusión con las fuerzas u organismos políticos de las otras clases. Condena como oportunista toda política que plantee la renuncia momentánea del proletariado a su independencia de programa y de acción, que en todo momento debe mantenerse íntegramente” (Moción aprobada por la reunión del CC del PSP del 4 de marzo de 1930, ibídem, p.487). “El socialismo no puede ser actuado sino por un partido de clase; no puede ser sino el resultado de una teoría y una práctica socialistas” (OC, t.12, p.69).
[3]  Este “por sí y ante sí” tiene el mismo sentido crítico de la siguiente observación de Mariátegui sobre el Comité de Propaganda y Organización Socialistas: “El grupo tiende a asimilarse a todos los elementos capaces de reclamarse del socialismo…” (t.13, p.99). Como se sabe, este Comité no tenía una definida base de unidad, y, por esto, la incorporación a sus filas dependía de la simpatía del aspirante por el socialismo en general. Pues bien, sin darse cuenta del sentido crítico de la frase mariateguiana, el grupo revisionista la ha parafraseado: en ocasión de su cuarto seminario, ha hecho un llamado a “los que se reclaman del Socialismo Peruano”. Cualquiera puede darse cuenta, sin embargo, que, con esa frase, dicho grupo se refiere al socialismo peruano de Ramón García, con su marxismo a secas, su Mariátegui tergiversado, su reestructuración del Estado burgués en sus bases municipales y su partido doctrinariamente heterogéneo, y no, por supuesto, al Socialismo Peruano de Mariátegui, con su marxismo-leninismo, su unidad de la verdad universal y nuestra realidad particular, su táctica y su estrategia revolucionarias y su partido doctrinariamente homogéneo. A esta burda maniobra el grupo revisionista le llama “poner los pies sobre la tierra”.
[4] Lo cual significa que lo que determina el carácter de clase del Partido, es un factor interno, intrínseco a sus militantes: su ideología; mientras lo que determina su condición de masas o de cuadros es un factor externo, extrínseco a sus militantes: las condiciones objetivas. En términos generales, puede decirse que, en condiciones de dictadura abierta de la burguesía, el partido no puede asumir sino la forma de partido de cuadros. Esto tiene un valor relativo. Y, en condiciones de dictadura democrática, el partido puede y debe asumir la forma de partido de masas. Esto tiene un valor absoluto.
[5] Tanto el partido de cuadros como el de masas expresan un algo tercero: su carácter de clase.
[6] Si a la altura de abril de 1930, o sea a año y medio de su fundación, el PSP no alcanzó una militancia masiva (su escasa militancia campesina es una expresión de esto), en cambio alcanzó una importante influencia entre las masas trabajadoras: CGTP, Federación de Yanaconas. El PSP fue, pues, un partido de cuadros con una influencia ciertamente importante entre las masas.
[7]  Precisamente es el caso del proyecto de partido de dos niveles. Heterogéneo en lo doctrinal, este pretendido partido no puede reclamar para sí la condición de partido de clase: las diversas tendencias que concurrirían en su interior, representarían los intereses de distintas fracciones de clase, y no los intereses históricos del proletariado revolucionario. Esto es una verdad elemental. Sin embargo, en una carta abierta dirigida a Cesar Risso y al autor de estas líneas, Manuel Velásquez sostuvo que “La idea de realizar un seminario… tiene como objetivo final… la constitución [de un] partido de clase” (elipsis nuestras). Ciertamente este es un clamoroso caso de demagogia, es decir, de política criolla.
[8]  El nombre del Partido no es un problema formal sino un problema de gran importancia política. La insistencia del grupo revisionista en el nombre de socialista no es casual, precisamente porque dicho nombre expresa el proyecto de un partido-amalgama.  
[9] Organización: contenido y forma. Cursiva en el original.
[10] No obstante esta renuncia, el grupo revisionista hizo aparecer el término reconstitución en su Propuesta de plan 2012-2018: “reconstitución del PS”, “El Partido Socialista Peruano reconstituido”. Esto es otro caso de clamorosa demagogia, es decir, de política criolla.
[11] Con respecto a esta cuestión, cabe señalar que, en caso de que los partidos mencionados y los implícitos en los etcéteras, no se autodisuelvan para integrarse en una organización bajo las posiciones de Ramón García, se habría consumado un nuevo fracaso del proyecto de partido del grupo revisionista.
[12] Esto demuestra que García se ha aderezado su propio marxismo; su propio Socialismo Peruano; su propio camino al socialismo; su propio concepto de partido de masas y de ideas. El resultado de todo esto ha sido que, en lo ideológico, al marxismo-leninismo de Mariátegui le opone su marxismo a secas; en lo teórico, al Socialismo Peruano de Mariátegui le opone su propio “socialismo peruano”; en lo político, a la táctica y estrategia mariateguianas le opone su reestructuración de las bases municipales del Estado burgués; y, en lo orgánico, al modelo mariateguiano de partido doctrinariamente homogéneo le opone su proyecto de un partido de dos niveles, doctrinariamente heterogéneo. Todo esto significa que, al Camino de Mariátegui, García le opone su propio camino. Esto es lo que el grupo revisionista llama “renovarse”. Por otro lado, queremos señalar que, conforme a nuestra convicción dialéctica, no tenemos ningún complejo de reconocer algunos aciertos de García relativos a puntos específicos, pero esta cuestión la examinaremos en otro lugar. Por ahora solo es menester subrayar que dichos aciertos no justifican ni pueden justificar ninguna asimilación de nadie a sus posiciones oportunistas y revisionistas.
[13] A fin de negar el marxismo-leninismo de Mariátegui y el PSP, García escribió: “Este término se encuentra dos veces en la obra de JCM, y ambas indicando el método marxista, no la doctrina” (El partido de Mariátegui). Pues bien, la frase partido de masas y de ideas aparece en la literatura mariateguiana una sola vez, y no precisamente en un documento de la importancia de Principios programáticos del Partido Socialista, sino en una carta a César Vallejo. Por lo tanto, si García fuese consecuente con su argumento estadístico, es decir, con su lógica estadística, no hubiese tenido que asumir aquella frase. Pero la ha asumido, aunque, como ha quedado demostrado, vaciada de su contenido. El hecho, pues, de que, en este caso, no haya aplicado su aludida lógica, demuestra que la misma no pasa de ser un dudoso recurso enderezado a negar el marxismo-leninismo de Mariátegui. Si del marxismo-leninismo se trata, “¡solo se encuentra dos veces en la obra de JCM, solo se encuentra dos veces!”. Pero, si de utilizar la frase mariateguiana de un partido de masas y de ideas se trata, “¡no importa que se encuentre una sola vez en la obra de JCM, no importa que se encuentre una sola vez!”. Esta doble contabilidad es prueba irrefutable de los métodos criollos de García.   
[14] De esto ya tienen experiencia algunos activistas. Por otro lado, hay que anotar que la dirección del grupo revisionista se califica a sí misma de “roja” (programa máximo), mientras a aquellos con quienes pretende fundar el nivel público de su partido-amalgama, los califica de “verdes” (programa mínimo). Esto demuestra que, palabras adulantes aparte, a los activistas de las otras organizaciones y tendencias los tiene en muy poca estima (ver Ramón García, Organización: nombre posible).

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