miércoles, 13 de junio de 2012

Política



Notas sobre el Desarrollo del Marxismo


Eduardo Ibarra

I
Con el título de las presentes notas nos referimos al desarrollo universal del marxismo. Este desarrollo ha sido y sigue siendo motivo de controversia entre los marxistas y, por esto, su resolución es una absoluta necesidad.

En los años veinte, Stalin estableció un método para estudiar con fruto el leninismo. Este método es, en general, correcto, y sirve para comprender el desarrollo de la teoría proletaria. Este método tiene dos pilares: 1) el principio materialista de que el ser social determina la conciencia social; 2) la idea de que el desarrollo del marxismo hay que ir a buscarlo centralmente en la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, en la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular.

En el caso que nos ocupa, la ley según la cual el ser social determina la conciencia social se expresa como la determinación del desarrollo de la teoría proletaria por la aplicación del método marxista tanto a lo particular concreto como a lo universal concreto (1). En el desarrollo del marxismo, lo particular concreto ha sido siempre un país: Rusia en el caso del leninismo y China en el del pensamiento de Mao. Y lo universal concreto ha sido, como es obvio, el mundo como totalidad. Lenin no aplicó el marxismo únicamente a las condiciones particulares de Rusia, sino también a las nuevas condiciones generales del capitalismo (imperialismo) y de la lucha de clase del proletariado internacional (revolución proletaria mundial). Y, tanto por lo uno como por lo otro, su pensamiento apareció como la expresión teórica del contenido fundamental y de las tendencias fundamentales de nuestra época, y, al mismo tiempo, como la expresión teórica del contenido fundamental y de las tendencias fundamentales de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado. Del mismo modo, Mao no aplicó el marxismo únicamente a las condiciones particulares de China, sino también a las condiciones generales de nuestra época y de la lucha de clase del proletariado internacional. Y, tanto por lo uno como por lo otro, su pensamiento apareció como un desarrollo directo del leninismo. Es necesario anotar, sin embargo, que, tanto en el caso de Lenin como en el de Mao, el punto de partida fue la aplicación del marxismo a lo particular concreto de sus respectivos países. En este sentido, cada desarrollo del marxismo ha cubierto dos etapas: una primera que va de lo universal a lo particular (aplicación del marxismo) y otra que va de lo particular a lo universal (generalización de la nueva teoría adquirida).

Tanto en la naturaleza como en la sociedad y el pensamiento, el desarrollo se opera como complejización de las relaciones internas del sistema dado (como solución sucesiva de sus contradicciones internas), y este proceso cubre determinadas etapas (2). Por ejemplo la formación del sistema solar cubrió algunas etapas: condensación de la nebulosa de gas y polvo que dio lugar al nacimiento del sol, condensación de las nubes de gas y polvo que dieron lugar al nacimiento de los planetas y los satélites. Así también, la sociedad ha cubierto determinadas etapas, períodos, épocas, eras: por ejemplo la era de la comunidad primitiva, la época del imperialismo y de la revolución proletaria, el período de la Alta Edad Media, la etapa del capitalismo monopolista de Estado. Lo mismo ha ocurrido y ocurre con el pensamiento: tanto filogenética como ontogenéticamente, cubre las etapas del pensamiento sensorial y del pensamiento racional. El proceso de complejización de las relaciones internas de un sistema dado es una ley del desarrollo, y, naturalmente, la teoría proletaria no podía ser ajena a esta ley. Por eso, el marxismo y el leninismo aparecen como dos épocas en su desarrollo, cada una de las cuales es la expresión teórica del contenido fundamental y de las tendencias fundamentales de cada una de las épocas en que se divide la era del capitalismo: la del capitalismo preimperialista y de la preparación del proletariado para la revolución, y la del imperialismo y el asalto directo al capitalismo. Ciertamente las dos épocas del marxismo pueden, a su vez, ser divididas en etapas. Así, mientras el marxismo, entendido como el pensamiento de Marx y Engels, cubrió la etapa de su formación y la etapa de su madurez, el leninismo, entendido como el marxismo de nuestra época, cubre, hasta hoy, la etapa del pensamiento de Lenin y Stalin y la etapa del pensamiento de Mao. El desarrollo de la teoría proletaria se revela, pues, como un sucesivo enriquecimiento cuantitativo y cualitativo determinado por las nuevas condiciones históricas. Esta es una ley del desarrollo del marxismo, y, por tanto, es imposible no tenerla en cuenta al abordarse la cuestión de su denominación contemporánea.

La concepción del mundo de Marx y Engels y los principios de la revolución proletaria establecidos por ellos trascienden los marcos de la época histórica en que surgieron, y, por esto, su desarrollo se verifica como el aporte de nuevos elementos que surgen de la generalización teórica de los nuevos descubrimientos en las ciencias naturales, de las nuevas condiciones históricas y de la práctica de la lucha de clase del proletariado.

El surgimiento y el desarrollo inicial del marxismo se expresan concentradamente en la obra de Marx y Engels, pero no se limitan a ella. Josef Dietzgen descubrió por sí mismo la dialéctica materialista y Lewis Morgan descubrió, también por sí mismo, la concepción materialista de la historia, aunque en uno y otro caso sin el grado de generalización y sistematicidad con los que Marx y Engels pusieron de pie la dialéctica hegeliana y expusieron el materialismo histórico. Estos hechos deben tenerse en cuenta en el estudio del surgimiento de la concepción comunista del mundo. Además, algunos seguidores inmediatos de Marx y Engels desarrollaron diversos aspectos del marxismo. Y lo mismo puede decirse del marxismo de nuestra época: Lenin lo desarrolló de una forma integral, pero numerosos marxistas de distintos países han desarrollado también el marxismo en diversas esferas. Uno de ellos es nuestro amauta José Carlos Mariátegui. Desde luego, la exposición de esta vasta realidad excede en mucho los marcos de las presentes notas.

En el Antidühring, Engels señaló que hay que “distinguir entre el método y los resultados con él alcanzados”. Esto implica que la contradicción inmanente fundamental del marxismo es aquella entre el método y la teoría, entre la dialéctica y la doctrina. En la época actual, los resultados alcanzados hasta hoy son fundamentalmente los aportes de Lenin, Stalin y Mao, y los mismos están lejos de ser los últimos. Por otro lado, hay que precisar que estos aportes comienzan con los propios fundadores que, al aplicar la dialéctica a las condiciones de la época preimperialista, aportaron elementos teóricos que resultaron constituyendo la economía política y el socialismo marxistas. Hay que subrayar, sin embargo, que la distinción engelsiana entre el método y los elementos teóricos alcanzados con su aplicación, pierde su razón de ser tan pronto estos elementos se incorporan al método: la concepción marxista no es una doctrina, es decir, una teoría, sino un método, “no es un itinerario sino una brújula en el viaje” (Mariátegui). Por eso, de la distinción de Engels se implica, dialécticamente, la ligazón entre el método y sus resultados, su interpenetración, su identidad. Esto quiere decir que el método se transforma en teoría y la teoría se transforma en método, es decir que, como en toda contradicción, aquí también la diferencia contiene identidad y la identidad contiene diferencia. 

Con la desaparición de las clases, la lucha de clases y el Estado, el marxismo permanecerá vigente como concepción del mundo. Esto quiere decir que la Dialéctica (con mayúscula, es decir, como ciencia filosófica, o sea, como Teoría del Conocimiento y como Lógica al mismo tiempo) aparece como lo fundamental del marxismo, como lo permanente, como lo imperecedero, como el método del hombre para avanzar en su humanización y en la humanización de la naturaleza (3).

II

Coincidiendo con Stalin, Mao señaló que “El leninismo es el marxismo de la era del imperialismo y de la revolución proletaria precisamente porque Lenin y Stalin han explicado correctamente estas contradicciones y han formulado la teoría y las tácticas correctas de la revolución proletaria para resolverlas” (4). Obsérvese que Mao consideró que el leninismo es lo que es precisamente porque Lenin y Stalin han explicado correctamente, etcétera. Esto quiere decir que Mao entendía por leninismo no únicamente el pensamiento de Lenin sino también el pensamiento de Stalin.

El pensamiento de Lenin es, pues, el pensamiento de Lenin, pero el leninismo, en una de sus acepciones, es el pensamiento de Lenin más los pensamientos de Stalin y de Mao. Por tanto, el leninismo se revela como una teoría en desarrollo: mientras no cambie la época histórica, continuará comprendiendo nuevos y nuevos aportes.

El hecho de que el desarrollo del marxismo esté determinado por las condiciones concretas confirma el principio materialista de que el ser social determina la conciencia social, y esto quiere decir que hablar de maoísmo como algo que se encuentra más allá de la época del leninismo, es escamotear el principio materialista.

Lejos de creer que el problema de la denominación de la teoría del proletariado sea un asunto semántico, el estudio de la cuestión nos remite de todos modos al terreno del lenguaje: concepción, método, ideología, doctrina, teoría, ciencia, ideario (en la definición del marxismo), fase, etapa, era, período, época, estadio (en la consideración del imperialismo), etapa, época (en la definición del leninismo y del pensamiento de Mao), son términos que exigen ser utilizados sin dejar margen a ambivalencias. Pero, sin duda, el análisis de este problema requiere tratamiento específico.


Notas:

[1]  Lenin señaló que el alma viva del marxismo es el análisis concreto de la situación concreta, y, como bien se sabe, lo concreto es lo opuesto a lo abstracto y no a lo universal. Sin embargo, en la literatura marxista no pocas veces el término concreto es utilizado como sinónimo del término particular, es decir como opuesto a lo universal, de manera que, inopinadamente, se considera lo universal como algo no concreto, como algo abstracto. Pero la verdad es que tanto lo particular como lo universal son realidades concretas, y, por tanto, puede y debe hablarse de lo particular concreto y de lo universal concreto. El uso de estos conceptos es necesario para comprender que la exigencia del análisis concreto de la situación concreta puede entenderse no sólo como la necesidad de analizar concretamente una situación particular, sino también como la necesidad de analizar concretamente una situación universal. Análisis concreto quiere decir analizar el objeto concreto en toda su esencialidad, en toda su multilateralidad, en todo su desarrollo. Por otro lado, el uso de los conceptos de particular concreto y de universal concreto es de particular utilidad en el estudio del desarrollo del marxismo.
[2] Mao señala: “La contradicción fundamental del proceso de desarrollo de una cosa y la esencia de éste, determinada por dicha contradicción, no desaparecen mientras el proceso no termina; sin embargo, en un proceso de desarrollo prolongado, la situación generalmente varía de etapa a etapa. La razón es que, si bien no cambia ni la naturaleza de la contradicción fundamental del proceso de desarrollo de la cosa ni la esencia del proceso, la contradicción fundamental se va agudizando a medida que pasa de una etapa a otra en este proceso prolongado. Además, de las numerosas contradicciones, grandes y pequeñas, determinadas por la contradicción fundamental o sujetas a su influencia, unas se agudizan y otras son temporal o parcialmente resueltas o atenuadas, y surgen algunas nuevas; es por esto que hay etapas en el proceso. Si no se presta atención a las etapas del proceso de desarrollo de una cosa, no se puede tratar apropiadamente sus contradicciones” (Sobre la contradicción, ibídem, pp.347-348. La cursiva es nuestra).
[3]  En cambio, mucho de la teoría marxista perderá su razón de ser en la sociedad comunista. Así por ejemplo, junto con el aparato del Estado, la teoría de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado acabará también, por razones obvias, en el museo de la historia.
[4]  Sobre la contradicción, ibídem, p.348.

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