jueves, 1 de enero de 2026

Entrevista

Entrevista a Julio Carmona

(Segunda parte)

 

Creación Heroica: Muy esclarecedora tu respuesta a la primera pregunta. Ahora quiero cambiar de objeto. En 2007 publicaste el libro El mentiroso y el Escribidor. Teoría y práctica literarias de Mario Vargas Llosa, una crítica bien fundamentada de la narrativa y la ensayística del extinto escritor, es decir de su ficción y de los presupuestos teóricos de la misma. En este libro sostienes la tesis de que la literatura vargasllosiana se caracteriza por su naturalismo, no por el realismo que, por otro lado, explicas muy bien. ¿Puedes darnos algunos ejemplos de la manera en que las “reacciones mentales y respuestas” (para decirlo con una frase que utilizas en tu libro Vallejo para no iniciados. Una lectura de los heraldos negros), resultantes del impacto que la realidad produjo en Vargas Llosa y que se refleja en su narrativa, no permiten decir de la misma lo que has dicho en tu mencionado libro de la poesía vallejiana: que ella vincula el “impacto personal” recibido por el poeta de la realidad “con una intuida percepción humana extensiva”, pues en aquella narrativa se observa una percepción distinta y aun opuesta? 

Julio Carmona: Si se parte desde los principios marxistas, toda incisión que se haga en cualquier tema de las ciencias sociales y del arte en particular, no se puede prescindir del materialismo histórico y este, como dice Mariátegui, obliga a tratar esos temas «en relación con el hecho fundamental, la lucha de clases» (Ideología y política, p. 23). Para dirimir, entonces, la diferencia que hay (o que pueda haber) entre las formas de concebir el mundo y la literatura de dos autores, en el caso de la pregunta: Mario Vargas y César Vallejo, no puede dejar de tomarse en cuenta ese hecho fundamental: la lucha de clases. Y, como decía Lenin, para conocer a una persona, uno no puede dejarse llevar por lo que ella diga de sí misma ni por la ropa que viste sino por la forma en que actúa en su entorno social; y, en esa actividad, no pueden dejar de reflejarse sus intereses y sus inclinaciones clasistas.

Y, asimismo, al tratar temas de la literatura y el arte, no se puede soslayar el otro principio, imprescindible, que es la teoría del reflejo, principio básico de la filosofía marxista o el materialismo dialéctico. Y, aplicando ambos principios a la pregunta formulada, puedo decir que, en el caso de Mario Vargas, en su juventud, él empezó acercándose al materialismo participando en una célula del Partido Comunista, lo cual podría tomarse como aquello que decía arriba, de no aceptar lo que las personas digan de sí mismas, porque esa afiliación partidaria no es la que lo llevó a definirse como persona.

La concepción clasista profunda que dominaba en él era la de la burguesía, en tanto provenía de una familia de rango aristocrático, venida a menos y, como se sabe, la ideología aristocrática se mimetizó en la ideología burguesa; pero como, económicamente, esa aristocracia no puede acceder al estatus burgués como dueña de los medios de producción, entonces se refugia en el ámbito social, ideológico y cultural de la pequeña burguesía. Y, bien se sabe, la pequeña burguesía que no llega a asumir una posición clasista ligada con la ideología proletaria, siempre estará moviéndose en la cuerda floja haciendo equilibrio entre su máxima aspiración de lograr ascender a la riqueza de la clase burguesa o, en el peor de los casos, de descender a la pobreza de la clase trabajadora.

Y Mario Vargas Llosa es el caso típico del pequeñoburgués arribista que, sí, logró su objetivo social, de ser adulado por el orden establecido, y, asimismo, alcanzó su objetivo económico convirtiéndose en «dueño de su medio de producción» con su «empresa» de publicar libros por encargo, con el descalabro de su concepción de la vida y de su arte mismo. Los marxistas no creemos en profecías, pero asentando los pies en la realidad, bien podemos afirmar que esa obra de Mario Vargas, cada vez, se irá devaluando más y más, hasta que quede de él, solo un número en la lista de los premios nobel (tantos hay que ya nadie lee).

En el caso de César Vallejo la progresión de su desarrollo se dio en sentido inverso. Su ubicación social original también es pequeñoburguesa, pero de condición económica pobre, más cercana al campesinado. De ahí que su formación ideológica inicial esté ligada a una visión del mundo idealista; sin embargo, no alejada de los intereses y sufrimientos de los trabajadores, de los ofendidos y humillados (para decirlo con frase de Dostoievski). Eso le sirvió de base para mantener una posición de desconfianza respecto de los valores de las «clases altas», valores que otros miembros de la pequeña burguesía asumen como propios. Y eso no pasó en su caso. Él mismo describe esa actitud de la siguiente manera:

Permítaseme una nota personal: Yo estoy en el número de los escritores hispano-americanos no oficiales. Mi vida podrá ser todo lo modesta y lacrada de faltas que se quiera, pero procuro vivirla siempre honestamente, es decir, sin traicionarme ni traicionar a los demás. No es que yo desdeñe por sistema y a priori ese oficialismo. Lo desdeño porque, después de haberme asomado a él, cediendo a mi inquietud, lo he hallado desagradable, opuesto a mi manera de ser y, sobre todo, superior a mis fuerzas y aptitudes cortesanas. Los banquetes, los bailes, las reuniones con lecturas y té, violentan a tal punto mi sensibilidad, que antes que ello prefiero sufrir una epidemia, con todas sus consecuencias (Desde Europa: 191).

Y esa actitud es algo que se refleja en su obra primigenia (Los heraldos negros, Trilce). Por eso, cuando se imbuyó de la ideología proletaria esta encontró un terreno fértil para fructificar, no solo en su posición política sino en su creación artística, que es parte de la literatura que se insertará en la cultura del futuro que ya se está gestando y que, sin elucubración profética, será proletaria.

Ahora bien, llevado el cuestionamiento al nivel estrictamente literario, si se siguen —en este terreno— sus respectivas evoluciones, se ve que en el caso de Mario Vargas, tal vez influido por un estímulo partidario, decidió bucear en la realidad (movido también por la propia laceria económica de su familia) y sus primeras novelas son reflejo de esa confrontación, en las que, de todas maneras (como han precisado algunos críticos) él se mueve como «pez en el agua» (para usar una expresión suya) al desarrollar los personajes de la pequeña burguesía y hasta de la burguesía y sus ambientes, mientras que, en el caso de los sectores populares, son los menos tratados y, cuando esto ocurre, su reacción refleja no es la más incisiva (y esto ya no se diga de sus últimas producciones, después de sus cuatro primeros libros). Por eso, se puede decir que él recurrió a una parafernalia realista, mas no por convicción sino por necesidad. De ahí que su desarrollo literario devino naturalista, es decir, superficial, un realismo de hojarasca. Como dice Mariátegui, refiriéndose al naturalismo de Zola que sigue unido al realismo burgués anterior a él, solo que desde una perspectiva pequeñoburguesa; y, coincidiendo con Bertolt Brecht, llega a decir que «el primer deber de la nueva literatura es negarse a todo retorno. Lo mismo al retorno a Zola que al retorno a Stendhal» (El artista y la época, p. 157).

Como contrapartida, César Vallejo, desde su inicial idealismo o, justamente, por este, trata de experimentar, especialmente en su narrativa, con formas fantásticas o metafísicas. Lo que no ocurre, totalmente, en su poesía de Los heraldos negros, en la que destaca su acercamiento a la realidad. Y en Trilce que, no obstante su carácter experimental en la forma, no se arroja al vacío puramente formalista, y se mantiene fiel a la realidad (lo cual no quiere decir que la copie fotográficamente) sino que no se enajena de ella. Trilce es, también un libro realista. Y en su etapa última (en los años treinta, ya cercano a su muerte) retoma ese realismo que no abandonó nunca, llevándolo a un nivel superior.

 

Creación Heroica: ¿Qué conceptos te suscitan los artículos “Autopsia del surrealismo” de Vallejo? ¿y los artículos “El grupo suprarrealista y «Clarté»”, “El balance del suprarrealismo” y “El suprarrealismo y el amor” de Mariátegui? ¿Encuentras coincidencias y diferencias entre el texto de Vallejo y los de Mariátegui?

Julio Carmona: Voy a invertir el orden de la pregunta. Comenzando por el primer gran artículo de José Carlos Mariátegui, «El grupo suprarrealista y Clarté», publicado el año 1926, es decir, a dos años de fundada la escuela vanguardista, el suprarrealismo (1924). Es un texto laudatorio no solo por su importancia literaria sino también por las firmas que le dan sustento: André Breton, Luis Aragón, Paul Eluard. Pero se nota que esa euforia del Amauta tiene que ver con la proyección política que ha asumido, elevándolo JCM de escuela a movimiento. Dice: «un movimiento y una doctrina. (…) Por su espíritu y por su acción se presenta como un nuevo romanticismo» (es decir lo eleva casi casi a nivel de tendencia, como ocurrió con el romanticismo en relación con el clasicismo). Y aun agrega: «Por su repudio revolucionario del pensamiento y la sociedad capitalistas, coincide históricamente con el comunismo en el plano político» (op. cit: 43). Es esta asunción política de los miembros del grupo la que Mariátegui releva, y, por eso, en otro momento, destaca que el suprarrealismo no destruye al realismo, sino que lo renueva.

Sin embargo —después de seis años de la fundación (1924) de la escuela que estimuló su primera expectativa— en 1930, Mariátegui publica su «Balance del suprarrealismo», justo en el mismo año que César Vallejo también publica su «Autopsia del superrealismo». Hay que observar la diferencia en la denominación: de suprarrealismo a superrealismo. Es evidente que quien estaba más al tanto de la evolución (e involución) del mencionado grupo era César Vallejo. Y lo más probable es que el Amauta leyera el artículo de Vallejo (lo publicó en Amauta), pues en el balance morigera su primer entusiasmo y llega a decir que en algunas frases del «Segundo manifiesto» escrito por André Breton, hay algunas que son —dice— de «una entonación infantil que, en el punto a que ha llegado históricamente este movimiento, como experiencia e indagación, no es ya posible excusarle», es decir, el Amauta también le extendió su certificado de defunción, que es lo que César Vallejo, a su vez, hace en su artículo «Autopsia del superrealismo», que, en realidad, no solo atañe a él sino que alcanza a todos los movimientos de vanguardia aparecidos en las dos primeras décadas del siglo veinte.

Pero el movimiento surrealista (es así como se redujo el nombre) es el que más sobresalió, y esto es justamente lo que Vallejo toma en cuenta. Y ocurrió esa relevancia generalizada (como lo precisa Vallejo y es por lo que lo valora Mariátegui), porque dio un salto cualitativo respecto de los otros, al adherirse (de palabra) al marxismo. Aunque esto fue fugaz, porque su punto de partida era la enemistad que tenían sus miembros contra el sistema capitalista, íntimamente ligado con la ideología burguesa.

Y ese aversión a la burguesía (que, además, era compartida, por algunos miembros de los otros grupos) los llevó a centrar sus ataques no, propiamente, con los planteamientos del marxismo que pone como objetivo principal: prepararse para hacer la revolución que acabe con el dominio social, económico, cultural del capitalismo, sino que enfilaron su puntería contra el arte clásico que la burguesía había entronizado como canon insustituible, es decir, como dice Mariátegui, «un arte que corteje y adule su gusto mediocre» (op. cit.: 12).

Las escuelas de vanguardia, y entre ellas el surrealismo (finalmente, los mismos mentores de la escuela, sintetizaron así este apelativo y a su revista la titularon La revolución surrealista) le dieron más énfasis a la experimentación formal que acabase con el arte figurativo y meramente decorativo en que había devenido el clasicismo, que había tenido dos opositores previos: el barroco al iniciarse el siglo XVII y el romanticismo de comienzos del siglo XIX, de tal suerte que el movimiento vanguardista no es dueño de la experimentación formal ni de la ruptura estética, es decir que estas, experimentación y ruptura, no son de su exclusiva pertenencia. Por eso cuando algunos críticos le niegan a Vallejo su propia capacidad experimental, y revoluciona la poesía en lengua española, quieren encasillarlo dentro del vanguardismo, solo porque uno y otro actuaron en la misma época, lo que deberían revisar con más asiduidad son sus conocimientos de historia literaria.

Lo más interesante de todo esto es que Vallejo y Mariátegui coincidieron en sus prescripciones realistas, llegando a oponer a la tendencia formalista el impulso de un nuevo realismo que, en ambos casos, no llegó a consolidar en un trabajo específico de teoría literaria. Y esta es tarea para los mariateguistas que nos movemos en ese ámbito del arte y la literatura.


Creación

Un Poema de Thiago de Mello*

La Vida Verdadera

(fragmento) 

 

En las aguas de mi infancia

perdí el miedo al remolino.

Por eso avanzo cantando.

Estoy al centro del río,

en el medio de la plaza.

Pongo los pies en la tierra,

sé que estoy en mi lugar,

como la olla en el fuego,

la estrella en la oscuridad.

 

¿Lo que ha pasado, no cuenta? indagarán

las bocas desprovistas.

Nunca deja de valer.

Lo que pasó nos enseña

Con su miel y con su garra.

Por eso es que ahora voy así

en mi camino. Públicamente andando.

No, no es nuevo mi camino.

Lo que de nuevo yo tengo

es la manera de andar.

Aprendí

(lección del camino)

a recorrerlo cantando

como me conviene a mí

y a los que van conmigo.

 

Pues ya no camino solo

Aquí tengo pues mi vida:

hecha a la imagen del niño

que sigue y sigue cruzando

por los campos generales

y que reparte su canto

como su abuelo

repartía el cacao

haciendo de la cosecha

la isla del Buen Socorro.

 

Hecha a la imagen del niño

pero semejante al hombre,

con todo lo que hay en él de primavera

de valiente esperanza y rebeldía.

 

Vida, casa encantada,

Vivo en ella, vive en mí.

Te quiero así verdadera,

oliendo a mango y jazmín.

Que me seas deslumbrada

como ternura de mujer

rodando por la campiña.

 

Vida, limpio mantel,

vida sobre la mesa,

vida brasa vigilante,

vida piedra y espuma,

trampa urdida de amapolas,

sol dentro del mar,

estiércol, rosa de amor:

la vida.

 

Pero hay que merecerla.

 

*Nació en 1926 en Bom Socorro, Brasil. Obras: Silencio y Palabra (1951); Narciso Diego (1952); La Leyenda de la Rosa (1955); Canción del Amor Armado (1966). Ha sido traducido al castellano por Pablo Neruda y Enrique Lihn, entre otros poetas. (Nota de la Redacción).

 

CREACIÓN HEROICA