martes, 1 de agosto de 2017

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

De Cómo los Liquidadores Abjuran del Marxismo-Leninismo y Falsifican la Creación Heroica de Mariátegui

(Sexta y Última Parte)

Eduardo Ibarra

Conclusión

Desde fines de los años de 1960, el centro de la lucha en torno a la Creación Heroica de Mariátegui se desplazó al terreno de la organización partidaria. Así, el surgimiento y desborde del liquidacionismo de derecha de Saturnino Paredes fue seguido por el surgimiento y desborde del liquidacionismo de “izquierda” de Ramón García. Y si el primero intentó liquidar el partido suprimiendo su carácter clandestino, el segundo intentó lo mismo desactivando la organización y promoviendo el ocultismo. Así, ambos liquidacionismos se opusieron a la reconstitución del partido.

En los años ochenta, ya en las condiciones de la democracia burguesa, el liquidacionismo de “izquierda” de García devino liquidacionismo de derecha. Este liquidacionismo se caracteriza, fundamentalmente, por intentar suprimir el partido de clase a favor de un partido pluriclasista.

Recurriendo a la más cínica y burda sofistería, García ha negado el marxismo-leninismo y ha cometido la peregrina y monstruosa falsificación de la filiación doctrinal de Mariátegui y el PSP; además, ha tergiversado aspectos fundamentales dirimentes del pensamiento de Mariátegui.

Y si aquella negación es revisionismo, esta falsificación y esta tergiversación constituyen una abierta oposición a la Creación Heroica de Mariátegui, al Socialismo Peruano, al Camino de Mariátegui.

Como se sabe, García propone la acción legal municipal como pretendido camino al socialismo, lo cual encierra una concepción evolucionista vulgar y, por lo tanto, la idea de la transición pacífica.

Pero, naturalmente, como ya sugerimos arriba, el centro del liquidacionismo de García es su negación del partido de clase: no solo como verdad general, sino también como verdad particular. Desde hace décadas, García tergiversa la verdad histórica del Partido de Mariátegui, y, así, tergiversa también el proyecto mariateguiano de un partido de clase bajo la forma de partido de masas y de ideas, oponiéndole un partido pluriclasista, un partido-amalgama, un partido del nebuloso socialismo en general.

Es conocido el egotismo burgués con el que García ha intentado impresionar. Sin embargo, contrariamente a su intención, su huachafa conducta no ha cosechado venias más allá del estrecho marco de sus seducidos partidarios.

Este hecho demuestra que, en todos los casos, el egotismo le hace perder al egotista el sentido de la realidad.

Pero, como se sabe bien, no hay egotismo sin servilismo y, por esto, es un hecho el patético servilismo de los liquidadores respecto a García. Patético, porque resulta impresionante que ni uno solo de ellos fuera capaz de darse cuenta del engaño que significa la sofistería con que García pretende negar el marxismo-leninismo, la filiación doctrinal de Mariátegui, el carácter doctrinariamente homogéneo del PSP y el partido de clase, entre otras cosas.

Este hecho demuestra que, en todos los casos, el servilismo embrutece.

Tanto, que puestos los liquidadores a elegir entre la defensa de la verdad universal del marxismo-leninismo y abjurar de esta verdad, eligieron abjurar; puestos a elegir entre la verdad de la filiación doctrinal de Mariátegui y la falsificación que de ella hace García, eligieron la falsificación; puestos a elegir entre la defensa de la verdad histórica del PSP y la tergiversación que de ella hace García, eligieron la tergiversación; puestos a elegir entre la tesis marxista y mariateguiana del partido de clase y la tesis oportunista del partido pluriclasista, eligieron esto último.

Este es el “mariateguismo” de los liquidadores.

Está probado que García es experto en métodos criollos, los mismos que, como está probado también, fueron asumidos y utilizados sistemáticamente por sus seguidores. Así, tanto en el terreno de la polémica como en el ámbito de sus relaciones externas y aun de sus relaciones internas, el liquidacionismo ha puesto en evidencia el tipo social y político que ha producido: falsario, calumnioso, insultador, cínico, maniobrero, manipulador, doble.

En suma, puede decirse que es así como los liquidadores han abjurado del marxismo-leninismo, han falsificado la Creación Heroica de Mariátegui y han pisoteado el estilo de trabajo mariateguiano.

Específicamente, es de ese modo como han renegado de la Reconstitución del Partido de Mariátegui, lo que no tiene que sorprender, pues, como se ha visto, más allá de su demagógico discurso, García se opuso siempre a la Reconstitución: primero, en sus tiempos de liquidador de “izquierda”, con la desactivación del Comité Regional de Lima del Partido y su ocultismo, y, ahora, como liquidador de derecha, con su partido doctrinariamente heterogéneo.

El revisionismo liquidacionista, el egotismo burgués, el servilismo, los métodos criollos, son cuestiones que expresan no solo la descomposición ideológica de los liquidadores, sino también, al mismo tiempo, su decadencia moral.

Precisamente esta decadencia es expresión de aquella descomposición.

Y si, como se ha podido constatar, los liquidadores no han sido capaces de reaccionar positivamente a las fundadas críticas a sus posiciones y a sus métodos, entonces es un hecho que cargarán por siempre con el oprobio de haber abjurado del marxismo-leninismo, de haber falsificado la filiación doctrinal de Mariátegui y el PSP y de haber tergiversado aspectos fundamentales dirimentes de la Creación Heroica de Mariátegui.

20.12.2016.

       


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!


Acerca de un Caso de Escamoteo e Impotencia

(Quinta Parte)

Eduardo Ibarra

ARAGÓN DICE: “Aunque no lo dicen textualmente, ambos autores llegan a insinuar que la fundación del  Partido Socialista del Perú ocurrió el 16 de setiembre (e incluso García, tratando de minimizar y ridiculizar un comentario mío de comienzos de 2015, llegó a insinuar que “el partido ya existía antes de abril de 1928”), con lo cual ambos reducen la trascendental Reunión de Barranco del 7 de octubre de 1928, a una simple comedia, algo así como una especie de reunión de “engaña muchachos”, en la cual, por un lado los miembros de “la célula secreta de los siete” engañaron y sorprendieron con “cartas ocultas dentro de la manga” a los otros dos asistentes presentes en esa reunión”.

Pero la verdad es que, en ninguna parte, he insinuado que el 16 de setiembre de 1928 (Reunión de la Herradura) se hubiera fundado el PSP. Lo que he sostenido es lo siguiente: “…la Reunión de la Herradura fue una preparación de la Reunión de Barranco en tres aspectos: en lo ideológico, con la adhesión a la Tercera Internacional, lo que se expresó luego en la adopción del marxismo-leninismo (véase el Programa del Partido); en lo orgánico, con el copamiento por la “célula secreta de los siete” del Grupo Organizador del Partido; en el trabajo masivo, con la constitución de la Secretaría Sindical”. “Este es el cordón umbilical entre la Reunión de la Herradura y la Reunión de Barranco, entre la preparación de la fundación del Partido y la fundación misma” (A propósito de algunas observaciones, 10.11.2013).

Con la frase “la trascendental Reunión de Barranco” y la acusación que me hace de considerar, según ha escrito, esta reunión “una simple comedia”, Aragón, a más de calumniarme, como acabo de probarlo, pretende presentarse como defensor de la importancia histórica de la reunión fundacional del PSP (o del “grupo organizador del Partido”, según su tendenciosa manera de ver).

        Pero documentemos su verdadera posición ante dicha reunión.

En el artículo Acerca del aniversario 86 de la reunión de Barranco (publicado en partes entre el 22 y el 29 de enero de 2016), el comentarista sostuvo: “…una reunión clandestina y/o secreta realizada a espaldas de los militantes del socialismo peruano”. “En la reunión  clandestina y secreta  del  7 de octubre, solamente participaron ‘nueve militantes’ (tal vez lo correcto sería llamarlos ‘nueve aspirantes’), todos ellos del Comité de Lima, sin recibir las opiniones y las propuestas,  ni estar presentes  o representados los delegados de los comités  de otras ciudades del país, en las cuales ya se habían formado grupos de adherentes… Tampoco estuvieron representados  ni consultados  los comités ya formados en algunas otras ciudades del mundo…” (negritas en el original; elipsis mías).

Como vemos, Aragón descalifica la Reunión de Barranco y, de esta forma, sin disimulo acusa a Mariátegui de arbitrario, antidemocrático, despótico.

Es decir el pretenso defensor de la trascendencia histórica de la Reunión de Barranco, es, en realidad, un enemigo contumaz de la verdad histórica de esta Reunión, hasta el punto de, como se sabe, negar en redondo su condición de reunión fundacional del PSP.

Aragón dice: “Para ambos autores, la trascendental Reunión de Barranco del 7 de octubre de 1928, se desarrolló como una ‘unánime academia’, desconociendo y desinformando que ese día se confrontaron dos posiciones claramente precisas: por un lado Bernardo Regman, respaldado por Martínez. y obedeciendo a sugestiones ajenas, presentó la propuesta de “constituir la célula inicial del Partido”,  mientras que, por su lado, Mariátegui presentó la propuesta de “constituir el grupo organizador del partido”, como desarrollo y continuación dialéctica del trabajo del Comité de Propaganda iniciado en 1918”. “Esa es la real trascendencia de la Reunión de Barranco, pasar del Comité de Propaganda Socialista constituido en 1918 y cuyo trabajo se desarrolló durante una década (incluido la publicación  de la revista Nuestra Época, el periódico La Razón, la colaboración en la revista Claridad, la publicación de la revista Amauta, y la publicación de los libros La Escena Contemporánea y 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana), digo pasar del Comité de Propaganda al Grupo Organizador del Partido Socialista del Perú, que era el paso previo imprescindible para  la futura constitución del partido del proletariado peruano”.

La verdad, sin embargo, es que en ninguna parte he sostenido que la Reunión de Barranco “se desarrolló como una ‘unánime academia’”. En mis consideraciones sobre la Reunión de Barranco, me he limitado siempre a la documentación disponible relativa a los acuerdos tomados por esta reunión y a tener en cuenta algunas opiniones de algunos pocos autores, sea reconociéndolas como verdaderas o puntualizando su falsedad. Y tal documentación y tales opiniones no dan cuenta de discrepancias irreductibles en la Reunión de Barranco, por lo que se puede inferir, con razón, que los acuerdos fueron tomados por unanimidad, lo que, desde luego, no significa que no hubiera habido debate.

Que yo sepa, no existe ninguna documentación fiable sobre el debate habido en la Reunión de Barranco, y, por tanto, forzoso es recurrir a la inferencia. Y, por cuanto Aragón no respalda sus afirmaciones en ninguna documentación ni en ninguna razonable inferencia, es claro que las mismas no pasan de ser meras lucubraciones suyas.

Como hemos visto, Aragón dice que en la Reunión de Barranco, “Bernardo Regman, respaldado por Martínez y obedeciendo a sugestiones ajenas, presentó la propuesta de “constituir la célula inicial del Partido”, mientras que, por su lado, Mariátegui presentó la propuesta de “constituir el grupo organizador del partido”.

Esta conjetura significa que Aragón se enreda en sus propias falacias: ocurre que, según dice, ahora las “sugestiones ajenas” no son ya relativas al nombre del partido, que era, justamente, la discrepancia entre el grupo de Mariátegui y el Secretariado de la ISR (y que es lo que anotó el propio comentarista en su artículo Acerca del aniversario 86 de la reunión de Barranco), sino relativas a una cuestión orgánica: constitución de la célula inicial del partido o de su grupo organizador.

Pero además, Aragón trastoca los hechos históricos. Como es de conocimiento común, “la célula inicial del Partido” fue constituida en la Reunión de la Herradura (véase Martínez, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t.II, p.397), y, por tanto, hubiese sido una estulticia que Regman y Martínez plantearan en la Reunión de Barranco constituir una instancia orgánica constituida ya con anterioridad. Regman y Martínez no eran estultos para proceder de manera tan absurda y, por tanto, la estulticia hay que buscarla en otra parte.

Es preciso subrayar que “la célula inicial del Partido” fue, justamente, “la célula secreta de los siete” (ibídem). También es preciso subrayar que “la célula inicial del Partido” y “el grupo organizador del Partido Socialista del Perú” no fue una y la misma cosa: ambas instancias orgánicas tuvieron funciones distintas, y, por tanto, no eran excluyentes entre sí.

Sin embargo, arrastrado por su conocida inclinación al confusionismo y la manipulación (inclinación común a todos los liquidadores que han participado hasta hoy en la polémica), Aragón pretende que en la Reunión de Barranco Regman y Martínez propusieron constituir la célula inicial del partido para, dizque, oponerse a la propuesta de Mariátegui de constituir el grupo organizador del Partido Socialista.

Como se ve, el comentarista tergiversa a su antojo la verdad histórica del PSP.

Aragón dice: “…Mariátegui presentó la propuesta de “constituir el grupo organizador del partido”, como desarrollo y continuación dialéctica del trabajo del Comité de Propaganda iniciado en 1918”. “Esa es la real trascendencia de la Reunión de Barranco…”.

El lector informado debe haberse dado cuenta ya de que Aragón ha dejado fuera de su discurso la relación de la Reunión de Barranco con el Comité de Génova, organismo este que, en su “acta constitutiva”, adhirió a los principios de la Tercera Internacional y formuló “la iniciativa” de constituir el partido del proletariado peruano.

Este silenciamiento y esta exclusión del Comité de Génova, son expresivos del intento de homologar el socialismo reformista del Comité de Propaganda al socialismo marxista-leninista del Partido de Mariátegui, cosa que no puede dejarse de percibir no obstante la afirmación general del comentarista según la cual la constitución del “grupo organizador del Partido Socialista del Perú” fue “el desarrollo y continuación dialéctica del Comité de Propaganda”.

El proceso de la lucha por la constitución del partido del proletariado peruano cubrió los siguientes momentos: 1) Comité de Propaganda; 2) Comité de Génova; 2) Reunión de Barranco.

Pero el Comité de Propaganda (conglomerado de los más variados matices del socialismo reformista), aparece solo como un antecedente indirecto del PSP en la medida en que su aludida condición fue negada ideológica, política y orgánicamente por la Reunión de Barranco que, como es de conocimiento general, constituyó un partido marxista-leninista. Antecedente indirecto, pues, y, además fallido, no tanto porque intentó infructuosamente convertirse en partido en un período que Mariátegui consideró entonces como impropio para la organización socialista, como por el hecho de que el socialismo reformista no podía haber representado al proletariado revolucionario.

        En cambio, el Comité de Génova (constituido en abril de 1922), aparece como el antecedente directo del PSP, pues ambos organismos estuvieron adheridos al marxismo-leninismo.

Por tanto, la relación entre el Comité de Propaganda, por una parte, y, por otra, el Comité de Génova y el PSP, fue una relación de índole antagónica.

En efecto, el Comité de Propaganda tuvo dos características fundamentales: su condición de conglomerado del socialismo reformista (cosa que ya he subrayado) y, como consecuencia de esto, su política reformista.

        Por eso, no puede decirse que el PSP “continuó tales características, y, obviamente, tampoco que las “desarrolló.

        Lo que hizo el PSP fue superar tales limitaciones, propias de la democracia pequeña burguesa, por medio de una ruptura.
       
Veamos ahora una cuestión específica: de su experiencia personal en el Comité de Propaganda, puede decirse que Mariátegui continuó utilizando la palabra socialismo, pero, claro está, en el marco del carácter de su partido y el título del mismo, para dar cuenta del socialismo marxista-leninista.

De otro lado, al adherir a la concepción comunista del mundo, Mariátegui desarrolló su emoción social, su ética, su actitud de servir al proletariado, su capacidad de encontrar la verdad en los hechos, su actitud consecuente con las luchas de las clases trabajadoras.

Pues bien, lo anotado sobre la relación entre el Comité de Propaganda y el PSP, puede ser entendido perfectamente por toda persona que no tenga el deliberado propósito de tergiversar la verdad histórica a fin de engañar y manipular.
     
En conclusión, es obvio que la “real trascendencia de la Reunión de Barranco” no es “el desarrollo y continuación dialéctica del trabajo del Comité de Propaganda”, sino el hecho de que sus acuerdos significaron un categórico deslinde ideológico, político y orgánico con respecto a la experiencia del Comité de Propaganda, por un lado, y, por otro (y esto es lo fundamental), en el hecho de que significó la fundación clandestina del Partido Socialista del Perú, partido marxista-leninista y, por esto, vanguardia del proletariado peruano.

Como es evidente, la palabra dialéctica en los labios de Aragón apenas es un subterfugio verbalista, pues nunca ha sido capaz de exponer concretamente cómo así el PSP es la “continuación” y el “desarrollo” del Comité de Propaganda (y, por añadidura, de la revista Nuestra Época y del diario La Razón), perdiéndose siempre en frases sin ningún contenido objetivo, sin ningún contenido específico, sin ningún contenido verificable.

La revista Nuestra Época y el diario La Razón fueron algunas estaciones del socialismo a lo Araquistain de Mariátegui. Lo dice él mismo con sinceridad ejemplar: “De la Nuestra Época (julio de 1918) se publicaron sólo dos números, rápidamente agotados. En ambos números, se esboza una tendencia fuertemente influenciada por España, la revista de Araquistain, que un año más tarde, reapareció en La Razón…” (7 ensayos, nota al pie, p.246). Por supuesto, algo parecido puede decirse del Comité de Propaganda, acerca del cual, Mariátegui, ya marxista-leninista, esbozó una crítica en su tesis Antecedentes y desarrollo de la acción clasista, tesis en la cual, al mismo tiempo, remarcó la ruptura con la experiencia de dicho Comité (y por consiguiente con las experiencias de Nuestra Época y La Razón), al subrayar, con especial énfasis, lo siguiente: “’Amauta’, en su número 17, el de su segundo aniversario, declara cumplido el proceso de ‘definición ideológica’, afirmándose, categóricamente, marxista” (Ideología y política, p.104).

No poder o no querer ver esta definición ideológica en el proceso intelectual de Mariátegui, remarcada por él mismo, es caer en una concepción evolucionista vulgar y, de esta forma, negar la dialéctica marxista, que es lo que, repitiendo los sofismas de García, hacen todos los liquidadores, incluido el rebelde de rodillas Miguel Aragón.

Como es de conocimiento general, la ruptura de Mariátegui con su propio socialismo a lo Araquistain, data de la segunda mitad de 1920 (véanse mis artículos Notas sobre la Creación heroica de Mariátegui y Notas sobre la creación heroica de Mariátegui II).

Es pues imposible negar que precisamente esa categórica ruptura hiciera posible la fundación del PSP, y que, a partir de este acontecimiento, por primera vez en la historia al proletariado peruano se le abriera la perspectiva real de la lucha por el poder.

16.03.2017.

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