lunes, 1 de agosto de 2016

Ciencias sociales

El Racismo: Instrumento de Dominación Social
(Primera parte)

Santiago Ibarra



Introducción

¿Es el racismo un lastre del pasado colonial predestinado irremediablemente a desaparecer bajo las condiciones del capitalismo? ¿Está la modernidad capitalista en una relación de oposición con el racismo o, por el contrario, el racismo sirve a esa modernidad y ésta, a su vez, hace uso de aquél para reproducirse? ¿Cómo debemos comprender el racismo, como un mero prejuicio mental o ante todo como una ideología que sirve a la dominación social?

En un artículo anterior, “Sin el indígena no es posible la peruanidad”, constatábamos la alta correlación existente entre clase, etnia, “raza” y la así llamada pobreza material. Decíamos, en particular, que la concentración de ésta en la población indígena, mestiza y negra, y en general, que la correlación entre clase, “raza” y etnia, es una herencia colonial.

Es importante ahora aclarar que esa herencia colonial es tal en cuanto es un elemento que arrastramos desde los tiempos del colonialismo español desde principios del siglo XVI, pero hablar de tal “herencia” no quiere decir en absoluto que se trate solamente de un elemento del pasado destinado a desaparecer paulatinamente, en el marco del capitalismo. Su verdadera solución sólo podrá conseguirse paulatinamente en el marco del socialismo, porque bajo el capitalismo sirve a la dominación económica y social, a la acumulación de capital, en tanto que el socialismo ofrece las condiciones materiales y espirituales para su superación.

Voy a remitirme primero a algunos pasajes de un trabajo de José Carlos Mariátegui de 1929, El problema de las razas en América Latina (1), con la finalidad de mostrar cómo él concibió el problema de la “raza” en su relación con la economía. Luego intentaré mostrar que hoy en día, con los cambios económicos y sociales producidos, el problema del racismo se mantiene, no a pesar, sino sirviendo a la modernización neocolonial que vivimos, sin, desde luego, pretender ni mucho menos agotar el tema.

En este sentido, nuestro planteamiento central es que el racismo no puede ser reducido a un mero prejuicio mental, como es común hacer, sino que es algo más que eso: una ideología colonial al servicio del poder económico y político; en el pasado, bajo el feudalismo y la semifeudalidad, en el presente, bajo el capitalismo mercantilista.

El problema de la raza es de la liquidación de la feudalidad

En el trabajo mencionado, José Carlos Mariátegui afirmó: “Económica, social y políticamente, el problema de las razas, como el de la tierra, es, en su base, el de la liquidación de la feudalidad.” Así, Mariátegui daba cuenta de que en la base del “problema de la raza” está la economía. Mariátegui planteó que el problema de la raza es el de la liquidación de la feudalidad porque en los años 1920 el 90% de la población indígena era campesina, y su condición laboral, servil. La reivindicación indígena pasaba necesariamente por la reivindicación de la tierra, por la reivindicación de la liquidación de la servidumbre y del latifundio.

El racismo como arma ideológica que legitima la opresión indígena

Mariátegui afirmaba: “El interés de la clase explotadora, -española primero, criolla después-, ha tendido invariablemente, bajo diversos disfraces, a explicar la condición de las razas indígenas con el argumento de su inferioridad o primitivismo. Con esto, esa clase no ha hecho otra cosa que reproducir, en esta cuestión nacional interna, las razones de la raza blanca en la cuestión del tratamiento y tutela de los pueblos coloniales.”

Mariátegui señalaba en otro lugar que con la conquista española fue destruida una civilización, muchos de cuyos elementos pudieron sobrevivir a lo largo de los siglos, entre ellos su alma colectivista. La conquista, el saqueo, el sometimiento de la población autóctona a los regímenes laborales más crueles, no pudo efectuarse sin una razón, la razón de la sinrazón: la idea de la superioridad racial blanca.

Y de ahí arranca la sobrevaloración de lo “blanco-europeo” y la desvalorización e inferiorización de lo indígena y negro. El cuadro ideológico construido proyectaba así una imagen falsa, distorsionada, tanto del blanco europeo, que no es superior, como del indígena, que no es inferior. Esta proyección ideológica, sin embargo, iría a justificar antes, y ahora de distintas formas, el sometimiento de las mayorías indígenas, mestizas y negras al dominio de las potencias extranjeras y al de la clase dominante local.

Consecuencias de la opresión colonial en las condiciones materiales de vida del indígena

Acerca de los efectos de la opresión colonial del indígena en sus condiciones materiales de vida, Mariátegui afirmó: “La colonización de la América Latina por la raza blanca no ha tenido, en tanto, como es fácil probarlo, sino efectos retardatarios y deprimentes en la vida de las razas indígenas. La evolución natural de éstas ha sido interrumpida por la opresión envilecedora del blanco y del mestizo. Pueblos como el quechua y el azteca, que habían llegado a un grado avanzado de organización social, retrogradaron, bajo el régimen colonial, a la condición de dispersas tribus agrícolas. Lo que en las comunidades indígenas del Perú subsiste de elementos de civilización es, sobre todo, lo que sobrevive de la antigua organización autóctona. En el agro feudalizado, la civilización blanca no ha creado focos de vida urbana, no ha significado siempre siquiera industrialización y maquinismo: en el latifundio serrano, con excepción de ciertas estancias ganaderas, el dominio del blanco no representa, ni aun tecnológicamente, ningún progreso respecto de la cultura aborigen.”

Destacamos que Mariátegui entiende el concepto de raza de un modo muy restringido, como un conjunto de rasgos fenotípicos, de ninguna manera como un concepto científico, capaz de explicar, por ejemplo, el grado de desarrollo de las fuerzas productivas ni los modos de organización económica y social de los seres humanos. El concepto de raza no sirve tampoco para explicar ninguna diferencia en el comportamiento biológico de las “razas”, simplemente porque tales diferencias No existen (2). El concepto de raza es una invención ideológica que sirve al dominio social.

Para Mariátegui, “En el agro feudalizado (…) el dominio del blanco no representa, ni aun tecnológicamente, ningún progreso respecto de la cultura aborigen.” No ve Mariátegui en el dominio blanco europeo o criollo un medio de progreso, sino que aquél, por el contrario, trajo “efectos retardatarios y deprimentes en la vida de las razas indígenas (…) que habían llegado a un grado avanzado de organización social”.

Mariátegui agregaba que el atraso cultural del indígena impuesto por el colonialismo, es decir, su alejamiento de la alfabetización y de los conocimientos científicos alcanzados en occidente, es efecto y a la vez palanca de la más extrema explotación colonial. Bajo la perspectiva de nuestra definitiva liberación y emancipación no podemos olvidar que España y las otras potencias colonialistas cometieron genocidio en Nuestra América y otros continentes.  

Mariátegui comprendía muy bien, pues, la ligazón entre racismo y empobrecimiento, depauperación, degradación del indígena. Pero a la vez apreciaba su historia de luchas anticoloniales, su riqueza cultural y sus enormes potencialidades de ascenso material y espiritual. 

El racismo de la burguesía peruana

Mariátegui afirmaba que la burguesía peruana se sentía solidaria con los imperialistas blancos, por razones de clase y de raza, lo que facilitaba la penetración de éstos en nuestros países. La burguesía nativa no tiene ningún sentido nacional. Así, sostenía Mariátegui que entre “el señor o el burgués criollo y sus peones de color, no hay nada de común. La solidaridad de clase, se suma a la solidaridad de raza o de prejuicio, para hacer de las burguesías nacionales instrumentos dóciles del imperialismo yanqui o británico. Y este sentimiento se extiende a gran parte de las clases medias, que imitan a la aristocracia y a la burguesía en el desdén por la plebe de color, aunque su propio mestizaje sea demasiado evidente.”

Mariátegui afirmaba así que la burguesía peruana ha heredado la ideología racista colonial. Sumados a sus intereses de clase, la ideología colonial racista llevaba a la burguesía nativa a crear un abismo entre “el señor o el burgués criollo y sus peones de color”, de un lado, y a ser “instrumentos dóciles del imperialismo yanqui o británico”, de otro lado (3).

Podemos decir entonces que la burguesía peruana -identificada con los intereses del gran capital monopolista extranjero, que no ha tenido nunca un verdadero interés en dar solución a la "cuestión indígena" ni al problema de la tierra, que no ha tenido interés en desarrollar el agro que emplea hoy en día a un tercio de la población peruana, que no ha tenido nunca un proyecto de industrialización del país ni mucho menos un proyecto de progreso para las amplias mayorías-, no representa la peruanidad y, por el contrario, se opone a ésta.

El Perú entraba a la modernidad capitalista bajo un estatus neocolonial. Económicamente, de un lado, la burguesía peruana se subordinaba a los intereses del imperialismo. De otro lado, la modernidad no trajo al Perú la igualdad formal de sus ciudadanos. A decir verdad, en el centro esa igualdad es también relativa –sobre todo ahora que ha aumentado la precariedad laboral y, en especial, el número de inmigrantes provenientes de los países periféricos, de América Latina, Asia y África-, pero, con todo, gracias a su posición de ventaja económica generada por el saqueo imperialista de sus colonias, sus estados nacionales son más compactos. Siempre hay que poner en cuestión  la ideología de la integración. En el Perú las desigualdades sociales vienen mucho más fuertemente aparejadas a la “raza” y a la “etnia”. La concentración de la "pobreza material" en la sierra y las comunidades indígenas amazónicas prueba nuestra afirmación.

Notas:

(1) Mariátegui, José Carlos, op. cit. Documento disponible en internet.
(2) Quijano, Aníbal, Qué tal raza. Artículo disponible en internet.  
(3) Ibarra, Eduardo, Nuestro mayor problema histórico. Texto disponible en esta misma revista.
   

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