viernes, 1 de julio de 2016

Libros


Víctor Mazzi, Joven,  Afirma el Hamut’ay-yachay,  la Filosofía en el Tawantisuyo.



Roque Ramírez Cueva.


EL INDAGADOR INCANSABLE a quien en esta ocasión presentamos su última publicación, desde los tempranos años en que inicia su labor académica asume la dura y cabal tarea de dar respuesta a la inquietud que se tenía por el raciocinio, la reflexión epistémica, a veces de modo osado se mencionaba un pensamiento pre hispánico. Así lo entendió gran parte de indagadores y simpatizantes de nuestro “glorioso” e incógnito pasado pensante. Al joven profesor universitario de materialismo y dialéctica, no le fue indiferente esa interrogante sin resolver, con dudas y sin respuestas certeras.

Se conoce de su pasión inagotable por buscar fuentes que sustenten sus proposiciones, de sostener largas conversas con investigadores como Paco Carrillo Espejo, con la lectura casi total de las crónicas de autores indios, mestizos e hispanos, con el contraste de los filósofos universales paradigmas necesarios a la investigación; las lecturas de C. D. Valcárcel, de Guardia Mayorga, de J.C. Mariátegui y otros, aportaron a su basamento. De esas proposiciones surgen sus primeros textos donde muestra a un pensador narrado por el cronista indio Waman Puma (Mazzi, 1994); luego pondría a discusión el tema del mito y la racionalidad en el Manuscrito de Huarochirí (Mazzi, 1995), hasta ese momento a nadie se le había ocurrido sentar por escrito que entre los mitos del manuscrito Dioses y Hombres de Huarochirí -traducción de J. M. Arguedas- se hallaban más que atisbos de pensamiento racional, por ejemplo unidades reflexivas en el diálogo entre zorros, hipótesis que presenta en diversos congresos de filosofía latinoamericana y/o pensamiento andino, donde, ya avanzadas sus indagaciones, pone a debate la propuesta de un pensamiento autóctono y de autores que lo generaron en el mismo tiempo de los incas.

Y, por supuesto, sus temas no pasaron desapercibidos a pesar de la recia oposición que había contra cualquiera que manifestara opciones distintas al sacro pensamiento occidental nacido de raíces griegas. David Sobrevilla (filósofo de élite académica) lo menciona en su revisión de La filosofía contemporánea en el Perú (1996), lo hace señalando la solvencia de sus propuestas.

A lo largo de varios lustros, en un trabajo incesante ha ido cuajando, macerando, fabricando las cerca de cuatrocientas páginas de su libro cuyo título lo explica en síntesis, INKAS Y FILÓSOFOS. Posturas, teorías, estudio de fuentes y reinterpretación. Lima. Ediciones Autor-editor, impreso en Gráfica Rinconada EIRL, 2016. Sin duda con esta publicación se da un acertado homenaje y contribución al conocimiento de los cronistas Garcilaso Inka y Waman Puma y demás preservadores del pensamiento autóctono.

Ampliando el resumen del título del libro, decimos que es una investigación que resulta vital al proceso del filosofar peruano desde las orillas genuinas no occidentales –ampliaremos más adelante- y un desafío a los historiadores al obligarse a replantear ciertos aspectos temáticos de nuestra historiografía, por lo que los hallazgos de este trabajo significan a interrogantes también respondidas, hasta ahora, con dudas y evidencias poco convincentes; además de receptar a debate la fuente documental que Mazzi les proporciona. Sin temor afirmamos que es un libro desafiante sobre todo al orden académico establecido -ya se dijo- en tanto, primero, desbroza y muestra a la vez el camino y las huellas existentes de un filosofar distinto a la tradición griega (paradigma del pensamiento occidental predominante); segundo, confirma la existencia de un pensamiento racional y reflexivo que se generó en el mismo Tawantisuyo.

El libro con cerca de 400 páginas, caracteres de 10 puntos,  es longo y no alongado, a 12 puntos superaría las 500 páginas; consta de cuatro partes: posturas, teorías, estudio de fuentes y reinterpretación, señaladas en el subtítulo de la portada; y contiene pusaq -ocho- capítulos, un epílogo, y una detallada relación de fuentes consultadas. Y como bien dice Gustavo Flores Quelopana (1), en su crítica al libro, si éste no dijera cosas de sumo interés sería factible de ser abandonada su lectura en los primeros capítulos, lo cual no sucede con los que ya lo hemos leído.

Desde la introducción, Mazzi Huaycucho nos da a entender que este volumen denso en páginas resulta sólo un resumen para fundamentar la existencia de filosofía en el Tawantisuyu “enfocado desde la perspectiva de alteridad como posible filosofía intercultural”. Más no sólo se trata de la fundamentación de esta filosofía autóctona sino de otros aportes. Veamos, se afirma en el libro que las evidencias de cultores y de fragmentos del pensar en tiempo de los incas han quedado registrados en los khipu, no en cualquiera, en una clase de khipu que el autor denomina narrativos. ¿No que los khipu eran sólo registros contables de censos y de logística diversa?

Ello nos lleva a entender que la tipificación de los khipu es diferente a la común conocida. Entonces, ¿de qué nos habla Mazzi? ¿Qué son los khipu? ¿artefactos capaces de contener registro de textos narrativos, de discursos temáticos, de ideas base para entender el mundo conocido de la época, y no sólo un mero registro cuantitativo? La lectura de esta obra nos hará notar que la decodificación de los khipu permite conocer en su soporte de cuerdas un registro de canciones, descripciones diversas, hechos históricos e historias de vida de los Inkas.

Luego, la decodificación implica descifrar (valga el redunde) códigos que nos harán entender cierta información. Y si podemos decodificar información, sin duda que estaríamos haciendo algo similar a leer. ¿Leyendo? En verdad se estaría interpretando lo codificado, entonces es obvio que el autor está afirmando que los Khipus son un sistema comunicativo y registral diferente de la escritura alfabética conocida, mas sin duda alguna cumple dicho rol. Flores Quelopana la denomina “escritura tridimensional”. Este es el primer gran aporte de la obra Inkas y Filósofos. La sustentación de la existencia de un sistema de comunicación que permitió preservar información diversa obtenida de modo objetivo y subjetivo, en un medio y soporte no convencionales a la tinta y el papel sino compuesto de cuerdas y colores; este sistema estuvo bien complementado por las quellqa y tokapu.

¿Qué lleva a Mazzi Huaycucho a toparse con este peculiar y diferente sistema comunicativo y registral? Simple, la necesidad de sustentar la existencia de la filosofía en el  Tawantisuyo. Uno, era necesario ubicar las fuentes donde encontrar los textos que evidencien el ejercicio del filosofar en tiempo del Inka, el testimonio de los cronistas no bastaba, se requería sustentar lo que aquellos decían. Dos, los académicos de gabinete y los rigores de la Academia de la filosofía exigen no sólo una activación y la adecuación de un idioma propicio, también plantean el requisito de un sistema de escritura sólido que permita preservar las nociones reflexivas y su correspondiente divulgación, sin divulgar no es posible conocerlas, no se daría la confrontación de las dichas nociones epistémicas, gnoseológicas etc. El autor supo del runa simi pero no de lo que se debía conocer como su escritura, por ello ante una propuesta del ejercicio de filosofar con código diferente a lo establecido por los griegos, en un idioma no autorizado, con muestras reales de avanzada tecnología desconocida en occidente como la hidráulica, la de construcción, las del agro, etc.; se motivó con acierto a buscar un sistema comunicativo distinto que resultó ser el de los Khipu con soporte de cuerdas y signos de colores y nudos.

El otro aporte, el medular, ya se adelantó, es la fundamentación de la evidente existencia de una filosofía en el tawantisuyo, cuya “legitimidad del yachay de los hamut’aq resultó negada desde una premisa de superioridad de la cultura occidental”, según dice el autor en la introducción, refiriéndose al veto impuesto por las instituciones del estado colonial. Negación que se mantuvo en la República y mantenía hasta el pasado siglo XX, aduciendo que el único canon válido es la perspectiva heredada desde los griegos.

Justo, Mazzi Huaycucho aporta con lograr esa legitimación de la acción reflexiva de los hamut’aq al margen del canon filosófico occidental, mediante una investigación y una aceptación acerca de la proposición medular rigurosa y profunda que, para resolverlas, le ha implicado al autor formularse diversidad de interrogantes y variedad de contra proposiciones, las mismas que se hacen y harán sus lectores, tanto el especialista en filosofía como el lector lego e inquieto por lo mismo. Nuestra respuesta no es fácil de aceptar, pero el autor se plantea todo ese tipo de interrogantes necesarias para la fundamentación de sus hipótesis, no obvia una sola posibilidad de indagación hermenéutica. Y, sobre todo, tampoco deja a dichos lectores respuestas pendientes, de allí la labor acuciosa de su ensayo. Y aquello que debe continuarse y ajustarse para ser trabajado, no lo obvia, lo deja bien marcado.

Es decir, establece nociones que, mediante la criba de la confrontación de ideas con el procedimiento de comparabilidad, le llevan a afirmar acerca de semejanza de familias reflexivas las cuales “refieren la constitución de una unidad de pensamiento” manifestado a través de unidades de reflexión, ambas conexas y dialécticas. Pensamiento autóctono que tuvo cultores destacados como Sinchi Ruqa, el Inka Pachakuti y posterior al tawantisuyo Juan Yunpa, cuyas disquisiciones adquirían solidez a partir de la tradición sapiencial, cuyos “logros alcanzados permiten establecer la presencia de un tipo de pensamiento reflexivo autóctono” en el Tawantisuyo, el mismo que se encontró, también con otro recurso procedimental, el de la traducibilidad. Y ahí, en todo lo anterior dicho, reside el interés de esta obra cuyo aporte es, hoy, esencial  al espectro filosófico peruano.




RAMOS, Augusto:
J.D. Choquehuanca,
El Cantor de Bolívar
Los Caciques Chuquihuanca y sus testamentos

A.F.A. editores importadores S.A.
Edición actualizada. (Lima 2012) pp.  266.

YONHY LESCANO ANCIETA, representante de Puno ante el congreso de la república, Carlos Ramos Núñez, hijo del autor de la obra que nos convoca; estimada concurrencia:

La presentación del libro en el ámbito del Congreso de la República es pertinente porque es el recinto en donde se escuchara la voz combativa de eminentes parlamentarios puneños en defensa de los indígenas contra la prepotencia de los gamonales, entre ellos, Santiago Giraldo de Putina y José Antonio Encinas de Yanaque en la penísula de Chucuito. También me siento sumamente complacido que Augusto Ramos se haya fijado en mí para ser uno de los presentadores de su libro; junto con el notable sociólogo e historiador Nelson Manrique.  Quizá, ello se daba por mi cariño a Puno y por conocer algo de los movimiento campesinos que han ocurrido en esa tierra de hombres indómitos.

La región sur andina, representada por Puno, tiene una presencia continua en la historia del Perú.  Ramos describe la ocupación de Puno por Tupac Catari en el siglo XVIII.  Este episodio histórico trae a colación otro y de fecha reciente: El Frente de Defensa de los Recursos Naturales de la Zona Sur (FDRNZS), integrado por campesinos aimaras, inició una huelga victoriosa el 23 de mayo del año pasado y capturó la ciudad de Puno para preservar a sus dioses tutelares de la profanación y a sus aguas de la contaminación por la empresa canadiense Bear Creek Mining Company sucursal del Perú, conocida como Minera Santa Ana.

Ramos ha titulado a su libro: J.D. Choquehuanca, El cantor de Bolívar; puesto que una de las metáforas más difundidas de discurso alguno, pertenece a José Domingo Choquehuanca:

…Vuestra gloria crecerá como crece la sombra cuando el sol declina. …

El discurso de saludo al libertador Simón Bolívar fue pronunciado en el pueblo de Pucará, Puno, el 02 de agosto de 1825 a su paso hacia Bolivia.  El tiempo transcurre; pero la frescura del discurso permanece.  Por lo tanto, es una pieza oratoria clásica. Dicho discurso ha sido calificado como:

El más esplendido homenaje intelectual que en vida se tributó al libertador, según Ricardo Altuve Carrillo; quien fuera embajador de Venezuela y uno de los grandes estudiosos de J.D. Choquehuanca, El discurso de Choquehuanca figura en casi todas las biografías de Simón Bolívar.

Es imperdonable para el infatuado intelectual limeño que haya sido un Choquehuanca y en el pueblo de Pucará, en Puno, quién tenga esa gloria. Por eso desde Lima a J.D. Choquehuanca lo llamaban y lo llaman: curita oscuro y abogado de aldea. Tal sandez podría interpretarse como un infundio o ignorancia supina.

Pero, ustedes saben quien escribió tamaño despropósito?  Nada menos que Alan García Pérez.  Y como tal figura en la página 42 de su libro de reciente publicación: Pido la palabra. Por la Libertad, la Plenitud y el Éxito.

Y, ¿con qué motivo o en qué contexto calificó a J.D. Choquehuanca de curita oscuro y abogado de aldea? Fue para demostrar que hasta una persona insignificante puede llegar a ser un gran orador.

Pues, bien, contra tal despropósito se ha interpuesto Augusto Ramos Zambrano con su recia estampa de los hombres de la altiplanicie del Collao y su asombrosa fecundidad intelectual a sus 82 años de edad.  Esta vez con J.D. Choquehuanca, El Cantor de Bolívar.  Los Caciques Chuquiwanca y sus testamentos.  Es uno de los tantos aportes que nos ofrece en su obra.

Para los intelectuales limeños ignaros y desdeñosos les resultará inadmisible que en Puno hayan surgido hombres como J.S. Choquehuanca e, incluso, ahora, un notable historiador como Augusto Ramos Zambrano. Cuya filiación está en el campo de las reivindicaciones sociales.

Augusto Ramos ha sido rector de la Universidad Nacional del altiplano, abogado de profesión y apasionado historiador. Digo apasionado, en el sentido mariateguiano, de ponerle sangre a las ideas.  De arranque, con pruebas documentales –como buen abogado- pulveriza la añosa leyenda de la oligarquía limeña: curita oscuro y abogado de aldea”. Puesto que J.D. Choquehuanca no fue curita ni oscuro; tampoco Pucará fue una aldea. (Ver pp. 61/63).

La fuente que dinamizó a Ramos en sus pesquisas fueron: Amor a su pueblo, tenacidad para vencer obstáculos y tener conciencia que estaba realizando Historia; porque es la Historia la que le da sentido a la vida y cohesión al pueblo.

Ramos investigó la estirpe de los Choquehuanca de Azángaro que se remota en su origen al Inca Huayna Capac. Y podemos apreciar en el transcurso de las generaciones de los Choquehuanca, que la sociedad se mueve por el conflicto, por las contradicciones sociales y por el papel que representa la personalidad en la historia.

Como sabemos, el control social en el virreinato fue posible por los Caciques, los Corregidores y los Curas. “El Cacique histórico” como llamó Ramos al opulento cacique Diego Chuquiwanka de Azángaro  fue él que combatió con más ahínco la subversión de Tupac Amaru.  Por su fidelidad al Rey, perdió a dos de sus hijos Blas y José.  Y no pudo impedir que Tupac Amaru tomara Azángaro y repartiera sus tierras entre los indígenas insurrectos.

El otro Choquehuanca relevante fue José Domingo, El Cantor de Bolívar cuya biografía está documentada en el libro ya  mencionado.  El último de los Choquehuanca notables ha merecido especial esmero por parte de Ramos.  Ha registrado con estupendas pinceladas el cuadro biográfico de Francisco Choquehuanca Ayulo, abogado y militante de las reivindicaciones indígenas.

Francisco nació el 24 de junio de 1877 y falleció en Lampa el 10 de abril de 1957.  Fue excomulgado por el obispo Valentín Ampuero, la fachada de su casa dinamitada, agredido, destituido, etc. Escribió en diversas publicaciones, entre ellas, en Amauta la célebre revista de Mariátegui.  Sugiero que el  capítulo del libro correspondiente a Francisco Choquehuanca debería publicarse en edición de bolsillo para que tenga amplia difusión. (Ver pp. 153/184)

Ramos escribe sobre los movimiento sociales en Puno y desde Puno como ya lo observara el brillante historiador Alberto Flores Galindo en 1990 al prologar el libro Tormenta altiplánica.  Augusto Ramos Zambrano es descendiente de una antigua e ilustre familia de Pucará; razón por la cual, la memoria familiar converge con la memoria histórica.

El gran esfuerzo para hallar y transcribir los testamentos de la estirpe de los Choquehuanca, muestra la habilidad de Augusto en la pesquisa de valiosos documentos; y, a la vez, su generosidad para ponerlos a disposición de los investigadores de su querida región.

Finalmente, confieso ante ustedes que tengo un prejuicio y es el siguiente:

Cuando un extranjero nos hace conocer nuestra historia me parece un aporte necesario. Pero, siento una gran satisfacción cuando una investigación sobre mi país es de autoría de un compatriota; como en este caso, de Augusto Ramos.  Sin embargo, mi satisfacción es aún mayor cuando este autor es puneño.

Muy agradecido por la atención prestada.

Antonio Rengifo Balarezo
rengifoantonio@gmail.com
Lima, 17 de agosto del 2012.

NOTA.- El comentario a J.D. CHOQUEHUANCA: el cantor de Bolívar. Los Caciques Choquehuanca y sus testamentos, fue preparado para la presentación del libro programada para el 17 de agosto del 2012 en la sala Grau del Congreso de la República, cuya organización estuvo a cargo del parlamentario puneño Yonhy Lescano Ancieta. Dicha presentación se frustró por el fatal accidente que le ocurrió al Dr. Augusto Ramos Zambrano el día miércoles 15.

Una de las maneras de rendirle homenaje a su memoria y de estimular la investigación histórica sería la publicación de Fuentes documentales para la historia de Puno; es decir el valioso archivo personal de Augusto Ramos Zambrano.

Su hijo, Carlos Augusto Ramos Núñez, jurista e historiador, es autor de la monumental obra: Historia del Derecho Civil Peruano en siete tomos. E-mail: cramos@pucp.edu.pe

(A.R.B.)

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