lunes, 1 de febrero de 2016

Política


¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

“Principios Programáticos del Partido  Socialista” y el Programa del Frente Unido del Pueblo Peruano Hoy


Eduardo Ibarra


I
JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI redactó el proyecto de programa del PSP en 1928, el mismo que fue aprobado en primera instancia en la Reunión de Barranco. Luego, sobre su base, en algún momento del trimestre setiembre-diciembre de 1929, el Comité Ejecutivo del Partido aprobó el programa del Partido.

Por cuanto no ha llegado hasta nosotros el texto del programa aprobado, es necesario tener en cuenta Principios programáticos, base fundamental de dicho programa.

Principios programáticos fue, pues, el proyecto de programa del PSP, y no el programa del Frente Unido del Pueblo Peruano.

Sin embargo, por plantear dicho documento  reivindicaciones máximas y mínimas de cara al pueblo peruano (1), bien puede asumirse, hoy por hoy, como base para la construcción del programa del Frente Unido de nuestro pueblo. Precisamente aquí lo tenemos en cuenta en esta dimensión (2).

II

Puede leerse en Principios programáticos lo siguiente: “las masas trabajadoras de la ciudad, el campo y las minas y el campesinado indígena, cuyos intereses y aspiraciones representamos en la lucha política, sabrán apropiarse de estas reivindicaciones y de esta doctrina, combatir perseverante y esforzadamente por ellas y encontrar, a través de cada lucha, la vía que conduce a la victoria final del socialismo”.

Es claro, pues, que Principios debía ser propagandizado entre las masas trabajadoras. De otro modo no se entendería la afirmación según la cual aquellas masas “sabrán apropiarse de estas reivindicaciones y de esta doctrina”.

Pues bien, es expresivo que muchos puntos del proyecto de programa de Mariátegui fueran asumidos por la CGTP (ver Ideología y política, pp.137-155), y que, ligado a esto, en el mismo mes de mayo de 1929 (fecha de la fundación de la CGTP), el maestro sostuviera, en el artículo Admonición del 1º de mayo (publicado en Labor, al mismo tiempo que el Manifiesto a los trabajadores de la república lanzado por el Comité 1º de Mayo, documento que sentó la base de la fundación de la central del proletariado peruano), el inapelable juicio siguiente: “La lucha por el socialismo no se nutre de evocaciones dolientes o coléricas ni de esperanzas exaltadas. Es, antes que nada, acción concreta, realidad presente. Trabajan por el advenimiento de una sociedad nueva los que todo el año disciplinada, obstinadamente, combaten por el socialismo; no los que en ésta u otra fecha sienten un momentáneo impulso de motín o asonada” (ibídem, p.118).

Este cordón umbilical entre el PSP y la CGTP tiene su explicación en el siguiente Acuerdo de la Reunión de Barranco: “5º.- La organización sindical y el partido socialista, por cuya formación trabajaremos, aceptarán contingentemente una táctica de frente único o alianza con organizaciones o grupos de la pequeña burguesía, siempre que éstos representen efectivamente un movimiento de masas y con objetivos y reivindicaciones concretamente determinados” (Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú, t. II, p. 398).

La expresión “La organización sindical y el partido socialista” da la idea del frente político del proletariado, conformado por el Partido Socialista y las clases trabajadoras organizadas.

La expresión “aceptarán contingentemente una táctica de frente único o alianza con organizaciones o grupos de la pequeña burguesía”, da la idea de que tal frente político del proletariado debía ser la base de un frente más amplio, que incorporase a los sectores de la pequeña burguesía políticamente organizados, sobre la base, claro está, de “objetivos y reivindicaciones concretamente determinados”.

En la carta colectiva, señaló Mariátegui: "Los elementos de izquierda que en el Perú concurrimos a su formación [del Apra], constituimos de hecho -y organizaremos formalmente- un grupo o Partido Socialista, de filiación y orientación definidas que colaborando dentro del movimiento con elementos liberales o revolucionarios de la pequeña burguesía y aun de la burguesía, que acepten nuestros puntos de vista, trabaje por dirigir a las masas hacia las ideas socialistas" (ibídem, p.301).

De esta forma el maestro planteó el Frente democrático-nacional sobre la base de “objetivos y reivindicaciones concretamente determinados” y el derecho del proletariado de trabajar por dirigir a las masas hacia las ideas socialistas.

Ciertamente los objetivos y las reivindicaciones (para expresarnos con la distinción que hizo Mariátegui), eran precisamente los contenidos en Principios programáticos, concretamente determinados por nuestra realidad particular.

Entre los objetivos fundamentales es menester subrayar aquí los siguientes:

3º- El agudizamiento de las contradicciones de la economía capitalista. El capitalismo se desarrolla en un pueblo semi-feudal como el nuestro, en instantes en que, llegado a la etapa de los monopolios y del imperialismo, toda la ideología liberal, correspondiente a la etapa de la libre concurrencia, ha cesado de ser válida. El imperialismo no consiente a ninguno de estos pueblos semi-coloniales, que explota como mercado de su capital y sus mercaderías y como depósito de materias primas, un programa económico de nacionalización e industrialismo. Los obliga a la especialización, a la monocultura. (Petróleo, cobre, azúcar, algodón, en el Perú). Crisis que se derivan de esta rígida determinación de la producción nacional por factores del mercado mundial capitalista.

5º- La economía pre-capitalista del Perú republicano que, por la ausencia de una clase burguesa vigorosa y por las condiciones nacionales e internacionales que han determinado el lento avance del país en la vía capitalista, no puede liberarse bajo el régimen burgués, enfeudado a los intereses imperialistas, coludido con la feudalidad gamonalista y clerical, de las taras y rezagos de la feudalidad colonial.
      
El destino colonial del país reanuda su proceso. La  emancipación de la economía del país es posible únicamente por la acción de las masas proletarias, solidarías con la lucha anti-imperialista mundial. Sólo la acción proletaria puede estimular primero y realizar después las tareas de la revolución democrático-burguesa, que el régimen burgués es incompetente para desarrollar y cumplir.

6º- El socialismo encuentra lo mismo en la subsistencia de las comunidades que en las grandes empresas agrícolas, los elementos de una solución socialista de la cuestión agraria, solución que tolerará en parte la explotación de la tierra por los pequeños agricultores ahí donde el yanaconazgo o la pequeña propiedad recomiendan dejar a la gestión individual, en tanto que se avanza en la gestión colectiva de la agricultura, las zonas donde ese género de explotación prevalece. Pero esto, lo mismo que el estímulo que se preste al libre resurgimiento del pueblo indígena, a la manifestación creadora de sus fuerzas y espíritu nativos, no significa en lo absoluto una romántica y anti-histórica tendencia de reconstrucción o resurrección del socialismo incaico, que correspondió a condiciones históricas completamente superadas, y del cual sólo quedan, como factor aprovechable dentro de una técnica de producción perfectamente científica, los hábitos de cooperación y socialismo de los campesinos indígenas. El socialismo presupone la técnica, la ciencia, la etapa capitalistas; y no puede importar el menor retroceso en la adquisición de las conquistas de la civilización moderna, sino por el contrario la máxima y metódica aceleración de la incorporación de estas conquistas en la vida nacional.

8º- Cumplida su etapa democrático-burguesa, la revolución deviene en sus objetivos y en su doctrina revolución proletaria. El partido del proletariado, capacitado por la lucha para el ejercicio del poder y el desarrollo de su propio programa, realiza en esta etapa las tareas de la organización y defensa del orden socialista.

(Ideología y política, p.159-161).

Como se puede ver, estos puntos conciernen a las dos tareas centrales de la revolución democrático-nacional y al paso de esta revolución a la revolución proletaria.

Ello quiere decir que en Principios programáticos Mariátegui estableció el principio táctico del frente unido (lucha común contra el enemigo común) y su principio estratégico (dirección del proletariado, lucha por el socialismo).

Por lo tanto, el Programa del Frente Unido del Pueblo Peruano debe retomar, mutatis mutandis, las aludidas cuestiones fundamentales de la propuesta mariateguiana si de verdad se quiere construir un frente para la emancipación material e intelectual de las clases trabajadoras.

Y acordar las otras reivindicaciones máximas que corresponden, así como las reivindicaciones mínimas, concretamente determinadas por la situación actual.

Como se sabe, la izquierda reformista, es decir, la izquierda de la derecha, ya ha hecho conocer sus programas, con los cuales han negado en redondo lo sustancial de Principios Programáticos en lo que concierne a las tareas fundamentales del pueblo peruano.

Ciertamente la izquierda mariateguiana no puede, bajo ningún pretexto, ir a remolque de tales programas reformistas; no puede, bajo ningún pretexto, ponerle el hombro a programas que no pasan de proponer el cambio de un modelo de desarrollo capitalista por otro modelo de desarrollo capitalista.

Por lo tanto, es tarea de la izquierda mariateguiana discutir y acordar un programa de frente unido con objetivos y reivindicaciones concretamente determinados, y que, por esto mismo, le permita al proletariado trabajar por dirigir a las masas hacia las ideas socialistas.

Como se ha podido ver, en el tiempo de Mariátegui el Programa del Frente Unido del Pueblo Peruano se encontraba en proceso de construcción, y solo la muerte temprana del maestro y el asalto del CC del PSP por la desviación de izquierda encabezada por Ravines, pudieron truncarlo.

 Ahora, el Programa del Frente se encuentra igualmente en proceso de construcción, y solo el egotismo sectario y corrosivo de los que niegan y de los que dudan podría truncar este proceso.

 En los últimos tiempos, se han producido algunos gestos de solidaridad de clase entre algunas tendencias de la izquierda mariateguiana, pero esto es muy poco todavía.

La izquierda mariateguiana requiere concretar un espacio para discutir y acordar un proyecto de programa del Frente Unido.

        Precisamente el presente artículo no tiene más propósito que contribuir a la creación de dicho espacio.

        ¿Será posible, ahora, darle una perspectiva cierta a la lucha común contra el enemigo común, a la lucha por el socialismo?

Notas
[1] Es menester recordar que, aprobado, sobre la base del proyecto mariateguiano, el programa del PSP en algún momento del último cuarto del año 1929, en marzo de 1930 se intentó la aparición pública del Partido con su programa aprobado.
[2] El documento mariateguiano es un programa de principios y un programa de reivindicaciones al mismo tiempo. El presente artículo no examina especialmente la primera dimensión del documento.

25.01.2016.




Nota:
Republicamos el siguiente artículo de nuestro compañero Eduardo Ibarra, pues la proximidad de las elecciones generales obliga a esclarecer el concepto de “izquierda de la derecha”, utilizado en algunos de nuestros artículos publicados en este mismo espacio a raíz del análisis de los frentes constituidos para dichas elecciones.

Así, con argumentos, contribuimos al debate de ideas y a la toma posición de marxistas y trabajadores.

01.02.2016.

COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI (CRJCM)
    

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

Izquierda y Derecha


 Eduardo Ibarra


I
LOS DOS TÉRMINOS que dan título al presente artículo han sido desahuciados por algunos intelectuales burgueses con el espurio argumento de que son anacrónicos. Según ellos, en el mundo no existe ya la contradicción entre capitalismo y socialismo, y, en consecuencia, en todos los países ha desaparecido la división de las fuerzas políticas en izquierda y derecha. Con esta burda falacia buscan borrar de la conciencia de las clases trabajadoras toda precisa demarcación entre revolución y reacción. Por otro lado, hay quienes, sin parar mientes, utilizan los mencionados términos de una manera abusiva, es decir, sin tener en cuenta su estricto significado. Por último, hay también quienes, so capa de su origen, pretenden expulsar ambos términos del lexicón marxista, o, cuando menos, descalificar el término izquierda como calificativo de las fuerzas revolucionarias.

Ciertamente estas son razones suficientes para intentar un esclarecimiento de la cuestión.

En la Convención Nacional francesa de 1791 se produjo el hecho fortuito de que los jacobinos, que luchaban por liquidar el feudalismo, ocuparon el lado izquierdo del foro, mientras los girondinos, que seguían el camino de la conciliación con la monarquía, ocuparon el lado derecho. De esta azarosa circunstancia se tomó la costumbre de llamar izquierda a los jacobinos y derecha a los girondinos. En consecuencia, ambos términos adquirieron un contenido político preciso: empezaron a designar las dos tendencias fundamentales de la burguesía francesa del siglo XVIII: la  tendencia revolucionaria y la tendencia oportunista, los jacobinos y los girondinos respectivamente.

Ahora bien, es evidente que la clase feudal era entonces la derecha por antonomasia. Así, pues, en la época de que tratamos, en el seno del pueblo eran de izquierda quienes luchaban por liquidar la sociedad feudal y establecer la sociedad capitalista, mientras eran de derecha quienes conciliaban con la monarquía. Esto quiere decir que, desde un principio, ambos términos definieron la posición de las distintas fuerzas políticas en el seno del pueblo por su posición ante al poder político. Y, precisamente en esto reside el quid de la cuestión.

En virtud de su adquirido contenido político, los términos izquierda y derecha cobraron carta de ciudadanía más allá de los marcos de la Francia dieciochesca y hasta acabaron trascendiendo los marcos de la lucha de la burguesía contra el feudalismo. Es decir que, en virtud de su transformación en verdaderos conceptos políticos, ambos términos se universalizaron y perduraron a través del tiempo.

Como no podía ser de otro modo, esta realidad -determinada históricamente- dejó su marca en el lexicón marxista. Así por ejemplo, entre 1901 y 1902, Lenin escribió: “La comparación de las dos tendencias existentes en el seno del proletariado revolucionario (la revolucionaria y la oportunista) con las dos corrientes de la burguesía revolucionaria del siglo XVIII (la jacobina -la Montaña- y la girondina)  fue hecha en el artículo de fondo del número 2 de Iskra (febrero de 1901). El autor de dicho artículo fue Plejánov. Los demócratas-constitucionalistas, los ‘sin título’ y los mencheviques gustan aún ahora de hablar del  ‘jacobinismo’ en la socialdemocracia rusa. Pero hoy día prefieren callar u... olvidar el hecho de que Plejánov lanzó por primera vez este concepto contra el ala derecha de la socialdemocracia” (Qué hacer. Cursiva y elipsis en el original).

Y en 1904 sostuvo: “De por sí el hecho de la división del Congreso (del partido) en ala izquierda y derecha, en ala revolucionaria y oportunista, no sólo no representa aún nada terrible ni nada crítico, sino ni siquiera absolutamente nada anormal” (Un paso adelante, dos pasos atrás). Así, pues, ya a principios del siglo XX los términos izquierda y derecha estaban consagrados en el lexicón marxista, y, como se ha visto, los mismos designan las dos tendencias fundamentales en el seno del proletariado (y por extensión en el seno del pueblo): la tendencia revolucionaria, que lucha por liquidar el capitalismo y reemplazarlo por el socialismo; y la tendencia oportunista, que lucha por atenuar algunas expresiones extremas del capitalismo pero no por liquidarlo como sistema económico-social. Este es el contenido que tienen en nuestra época ambos términos.

Con estos términos ha sucedido, pues, lo que Engels señaló con toda razón en su famoso Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana: las palabras valen no “lo que deberían denotar por su origen”, sino lo que “significan con arreglo al desarrollo histórico de su empleo real”.

II

Exactamente como ayer la clase feudal fue la derecha por antonomasia, hoy la clase burguesa es la derecha por antonomasia. Por consiguiente, en nuestra época cualquier fuerza política en el seno del pueblo se define como de izquierda o derecha en función de su posición ante al poder político de la burguesía.

Los gobiernos del Frente Amplio en Uruguay, del Partido de los Trabajadores en Brasil, del Partido Socialista Unificado de Venezuela, por ejemplo, son considerados por algunos como de izquierda. Pero la verdad es que ninguno de estos gobiernos (ni ningún otro como los nombrados) es verdaderamente revolucionario, pues no tienen más horizonte que hacer potable el capitalismo con algunas reformas.

No obstante, es un hecho que, con arreglo a su empleo real, el término izquierda ha cobrado una nueva acepción: designa también a las fuerzas políticas reformistas. Entonces, así las cosas, es necesario precisar que estas fuerzas son en realidad la izquierda de la derecha, pues objetivamente cumplen la función de sostener el sistema capitalista.

Existe, pues, una diferencia radical entre la izquierda que lucha por liquidar el capitalismo y la izquierda que lucha por maquillarlo, entre la izquierda revolucionaria y la izquierda reformista, entre la izquierda auténtica y la izquierda demagógica.

Por otra parte, hay quienes creen decir algo muy profundo con aquello de que el marxismo “no es de derecha ni de izquierda, sino de avance”. Con esto niegan que, con arreglo al desarrollo histórico de su empleo real, los mencionados términos encierran el concepto de avance (izquierda) y el concepto de conservación (derecha). Pero ocurre que el marxismo es la doctrina de izquierda por antonomasia, pues precisamente de su aplicación por el movimiento revolucionario dimana el avance histórico de la humanidad hacia su emancipación.

Contra la pretensión reaccionaria, hay que reivindicar los términos izquierda y derecha como conceptos políticos que dan cuenta del revolucionarismo y del conservadurismo respectivamente. Contra la maniobra oportunista de cubrirse detrás del término izquierda, hay que reivindicar su estricto significado. Contra la pretensión de descalificar ambos términos como adecuados para calificar las opuestas fuerzas políticas en el mundo de hoy, hay que reivindicar la acertada observación de Engels de que las palabras valen no “lo que deberían denotar por su origen”, sino lo que “significan con arreglo al desarrollo histórico de su empleo real”, pues el árbol del lenguaje vivo es siempre más verde que cualquier consideración etimológica.

30.03.05.



Mariátegui le Salvó la Vida al Presidente Leguía


Antonio Rengifo Balarezo


CUANDO EL APARATO REPRESIVO del dictador Leguía durante los meses de junio y julio de 1924 persiguió, encarceló, torturó deportó a dirigentes sindicales y profesores de la Universidad Popular González Prada; así como también clausuró órganos de prensa y allanó locales de los trabajadores; surgió, como conducta reactiva, la idea de asesinar al dictador, pensando con la simpleza de la desesperación:  muerto el perro, se acabó con la rabia.

A Enrique Cornejo Koster, estudiante de medicina y profesor de la Universidad Popular González Prada y a otros jóvenes compañeros les hicieron una invitación:

…dos anarquistas se acercaron a nosotros a presentarnos un plan: eliminar a Leguía en el hipódromo un próximo domingo. (…) Nos reunimos esa noche.  Éramos ocho los profesores que podíamos conocer ese asunto.  Cuatro votaron por la afirmativa y cuatro se opusieron

Habiendo empate y no sabiendo que hacer recurrimos a José Carlos, quien con lógica fría nos hizo ver lo inconveniente de un asesinato político sin tener nada preparado para tomar el poder.

Este plan es prematuro, nos dijo; la labor de ahora es de enseñanza y difusión.

Ese testimonio ha sido registrado por Guillermo Rouillon, el biógrafo de Mariátegui.  Pero ahí no queda el asunto.  Entre todos los cuestionarios que remitió Rouillon a los contemporáneos de Mariátegui, figura una carta de respuesta que pertenece a Francisco Amorós Arenas y que obra en su archivo. Para mí, un desconocido.  Amorós, solo figura de manera marginal y escueta en el segundo tomo de la biografía de Rouillon y nada más.

Entonces, me acordé de mi amigo Ricardo Melgar, investigador y docente de la universidad nacional autónoma de México. El es amplio conocedor del Oncenio de Leguía (1919/1930) y tiene fichada a la vanguardia obrera de esa época.  Es tan valioso su archivo que el Dr. Bernardo Fernández Oliva, Inspector General de Investigaciones del gobierno de Leguía, lo hubiera codiciado. Le trasmití el nombre de quien para mí era un desconocido: Francisco Amorós Arenas.  Gentilmente me respondió de inmediato con el currículo abreviado de dicho personaje. Por eso sabemos que fue obrero de construcción civil y dirigente sindical.

Vayamos al grano.  Les presento unos fragmentos de la breve respuesta de Francisco Amorós Arenas a Guillermo Rouillon:

Conocí a don José Carlos en la primera conferencia que diera en el antiguo palacio municipal del Paseo Colón; desde el primer momento me interesó su plan expositivo y más tarde por el hondo contenido socialista de sus conferencias.

(…) Tenía que estar en el velorio por afinidad ideológica.  Y porque reconocía que había dedicado su vida a una causa altamente humana.

(..) El año 1924 aún existía en Lima el Ring al aire libre.  Por esa época consideraba que se podía arreglar cualquier situación política con una onza de plomo o un cartucho de dinamita.  Fue con ese criterio absurdo y funesto que mandé decir a don José Carlos con Luis Heysen que al día siguiente iba a liquidar a Leguía, en el ring al aire libre a las dos y media de la noche.  Regresaba a Barranco Luis Heysen y me informaba que don José se oponía terminantemente ante mi decisión porque el hecho daría lugar a una reacción en forma irreversible y podía provocar el caos en el país.

La carta de Francisco Amorós Arenas está plagada de faltas de ortografía lo que indica su nivel de escolaridad; pero eso no tiene importancia, sino el contenido.  De las dos versiones para asesinar al presidente Leguía, Guillermo Rouillon únicamente registró en su libro el testimonio de Enrique Cornejo; mas no así el testimonio de Francisco Amorós. No sabemos cuál fue el criterio de Guillermo Rouillon. Pero, es indudable, en Lima se respiraba una atmósfera que incentivaba el asesinato del dictador.



 (1894/1930)

En suma, Mariátegui, desde su silla de ruedas le salvó la vida a Leguía; esta actitud de José Carlos es un indicio de la estrategia que se había trazado al retornar al Perú con la misión de constituir el partido de la clase obrera.  No cabe dudas, el magnicidio de los dictadores siempre es una tentación.

Finalmente, agradezco la gentileza de Armida Picón Vda. de Rouillon por haberme proporcionado la carta de Francisco Amorós Arenas; también mi agradecimiento a Ricardo Melgar por haber “fichado” a Francisco Amorós.

Lima, Unidad Vecinal N°3, Enero 19 del 2016.



El Pesimismo de
Juan Croniqueur

(Séptima Parte)
                                                           
                                                           
                                                         Jorge Oshiro


PAREJO A LA ACTIVIDAD de linotipista comenzó Mariátegui a tomar otras tareas como la de corrector de las pruebas de los escritos de los colegas pero también de colaboradores independientes, algunos de ellos de renombre. Mariátegui dirá más tarde recordando este periodo de su vida:
 
"La devoción que yo sentía por la inteligencia, desde niño, me hacía atribuir a todos los escritores, sin excepción, cualidades de sabiduría un poco exageradas. Todo hombre que podía publicar en un periódico  era para mí una especie de ser superior...Pero comencé a dudar de los escritores desde el día que me fue dado corregirles, en los talleres de imprenta, ciertas faltas imperdonables de gramática" (A. Bazán. «Biografía de JCM».citado por Rouillón).

Con este trabajo como lector y corrector de pruebas el joven aprendiz acrecentó considerablemente su horizonte cultural. Unos años más tarde comenzó él mismo a escribir para el periódico. El reconocimiento de la calidad de sus escritos no se hizo esperar. Pero también, tuvo desde el comienzo, una línea nítida de política cultural del periodismo:

"Es decir, que aún en la iniciación de su ejercicio periodístico, José Carlos Mariátegui reclamaba la utilización del diario como instrumento de información y de cultura social; y juzgaba que debía excitar la comprensión de los lectores mediante la novedad y la veracidad de la información, la ecuanimidad de los juicios, la claridad y la sencillez del estilo." (Alberto Tauro).

Y en esa forma escribía sus artículos: ágil, estimulante, entretenido, con gusto, pero también con seriedad y moderación. Tenía un talento innato al relato lleno de amenidad, el talento de hacer interesante una noticia, era, como dice Carnero Checa:

"Dueño de una prosa ligera, irónica, llamativa; buscando originalidad en los temas y en sus giros, escribe, nervioso "en cualquier parte y a cualquier hora“, como él mismo lo expresaría más tarde".

El joven y precoz periodista unía en sus artículos una gran espontaneidad del sentimiento con la profundidad del pensamiento. El no escribió solamente bien, sino también mucho. Según el historiador peruano A. Flores Galindo:

"Más de 700 textos escritos entre el 1 de enero de 1914 y el 22 de junio de 1918 lo ubican como un autor prolífico: prácticamente no hubo día -desde 1916 que no escribiera un texto".

El joven Mariátegui, continúa Flores Galindo,

"fue un escritor limeño y de muchas maneras compartió el espíritu de la ciudad incorporando en sus artículos ese humor satírico y burlón". Y con todas estas cualidades el joven Mariátegui, "era un escritor rodeado de cierta fama y no poco reconocimiento".

Y esta fama tuvo su asiento no solamente en sus numerosos artículos, sino también en sus cuentos, en dos piezas de teatro y también en sus poemas. Con el reconocimiento de sus colegas y del público mejoró también su situación material y social. Pero todos estos éxitos no lograron eliminar el otro aspecto de la personalidad del periodista, el poeta. En este sentido escribe Alberto Tauro en la Introducción a los «Escritos Juveniles»:

"Pero nada alteró su íntima tristeza, porque su impaciencia juvenil rechazaba las limitaciones impuestas a su habilidad; y sientiéndose detenido al comienzo del camino de la vida, percibiría tal vez la influencia roedora de la angustia, debido al doble temor de alcanzar sólo una existencia corta y no realizar su destino".

El pesimismo de Schopenhauer

Ya que esta relación entre ambos, el filósofo alemán y el poeta peruano es muy importante para la correcta comprensión de los presupuestos filosóficos fundamentales del pensamiento de Juan Croniqueur, nos sea permitido presentar una síntesis de algunos de los pensamientos capitales de Schopenhauer.

"El Mundo es mi Representación": con esta tesis comienza Schopenhauer su obra principal, «El mundo como voluntad y representación». En realidad esta tesis es una continuación de la doctrina de Kant sobre ‹las cosas en sí›  y los ‹fenómenos›.

El gran mérito de Kant, dice Schopenhauer, es la clara diferenciación entre ambos conceptos. Pero esta diferenciación no era nueva. Ya la encontramos en Platón y aún antes en los Vedas. En esa concepción, el mundo sensible-empírico es una aparición sin sustancia, es un velo, ilusión.

Según la doctrina de Kant el conocimiento de ‹la cosa en sí›  ('das Ding an sich') no es posible. Desde fuera (es decir partiendo de los fenómenos) es imposible introducirse a la esencia de las cosas.

"Compárese con un hombre que gira alrededor de una casa sin encontrar ninguna puerta de acceso, y que así percibe solamente la fachada. El único lugar que nos permite entrar al interior del mundo se encuentra en nosotros mismos, se encuentra en el individuo" (H.J. Störig. 1979:178). (Trad. del alemán: JO).

¿Cómo debemos entender ese ‹en nosotros mismos›. Para el filósofo alemán es el cuerpo humano. Y según él ‹la cosa en sí›

"...no se podría jamás encontrar si el mismo investigador no fuera otra cosa que un sujeto puro del conocimiento (una alada cabeza angelical sin cuerpo)"1.

La tradición filosófica (idealismo) había entendido la esencia del hombre en su pensamiento y en su conciencia. Para ella era el hombre un 'animal racional'. Schopenhauer:

"Este viejísimo y fundamental error sin excepción este 'proton pseudos' (este primerísimo paso falso)...es lo primero que se necesita superar".
       
Detrás del entendimiento consciente se encuentra la Voluntad consciente o inconsciente, una fuerza vital perseverante,  vida, la actividad original y fundante:

"La voluntad es la sustancia de los hombres, el intelecto su accidente. La voluntad es la materia, el intelecto, la forma, la voluntad es el calor, el intelecto la luz".

Nota:
[1] Compárese con el comienzo de la «Ideología alemana» de Marx y Engels: "El primer presupuesto de toda historia humana es naturalmente la existencia de individuos vivientes. El primer hecho a constatar es entonces la organización corporal (körperliche Organization) y su relación dada con el resto de la naturaleza".




¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual!

La Creación Heroica de Mariátegui y el Liquidacionismo de Derecha

(Tercera Parte)


Eduardo Ibarra


La abjuración del marxismo-leninismo

Es de conocimiento general que García ha abjurado del marxismo-leninismo.

También es de conocimiento general que, contra sus sofísticos argumentos, en varios artículos hemos defendido la verdad universal del proletariado, así como el marxismo-leninismo de Mariátegui y el PSP (16).

Por eso, aquí nos limitaremos a agregar algunos juicios y a señalar algunos antecedentes de la escandalosa abjuración.

Precisamente polemizando con el suscrito, pero oculto tras el seudónimo de Eusebio Leyva, García escribió:

“El marxismo antecede, abarca, supone el leninismo, el bolchevismo, el gramscianismo, el mariateguismo, los aportes de Rosa Luxemburgo, de los Plejanov y Kaustki antes de su desbarrancamiento como oportunistas, de Mella y Guevara, del Palmiro Togliatti en la época del fascismo y del George Sorel que leyó Mariátegui, de el Luckas de "Historia y Conciencia de Clase" añada usted lector lo necesario” (subrayado en el original).

Como es notorio, nuestro personaje  hace un uso indebido de la afirmación mariateguiana sobre la revolución latinoamericana (17).

Que el marxismo antecede al leninismo, es un hecho evidente, incontrastable, y señalar esta verdad de Perogrullo, no permite adelantar un solo paso en el planteamiento y la resolución del problema del leninismo.

Que el marxismo supone el leninismo tiene una explicación que no es la que sugiere García. Veamos esto.

En carta a Sombart del 11 de marzo de 1895, Engels esclareció: “toda la concepción de Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación”.

Y en Anti-Dühring, llamó la atención sobre la necesidad de “distinguir entre el método y los resultados con él alcanzados” (18).

Es decir sobre la necesidad de distinguir entre la concepción (método) y la doctrina (teoría); entre el método marxista y las conclusiones teóricas alcanzadas con su aplicación.

Por eso, en Los fundamentos del leninismo, Stalin distinguió entre la concepción marxista y los fundamentos del leninismo, y, en Entrevista con la primera delegación de obreros norteamericanos, expuso esta distinción como una distinción entre principios (principios generales) y elementos (elementos teóricos).

Por lo tanto, el leninismo tiene por base los principios establecidos por Marx y Engels. Esto es indiscutible.

Por eso, Stalin señaló: “Lenin es marxista, y la base de su concepción del mundo es, naturalmente, el marxismo”.

Pero, en el plano del tesoro general del marxismo, el leninismo es algo nuevo en relación a la teoría proporcionada por Marx y Engels. Esto también es indiscutible.

Por eso, Stalin señaló: “Exponer el leninismo es exponer lo que hay de peculiar y de nuevo en las obras de Lenin, lo aportado por Lenin al tesoro general del marxismo y lo que está asociado a su nombre de modo natural”.

Así por ejemplo, la teoría leninista del imperialismo no es precisamente una teoría que se encuentre en la obra de Marx y Engels, por la sencilla razón de que Lenin aplicó el marxismo a las condiciones del capitalismo monopolista que, por razones obvias, los fundadores no alcanzaron a analizar.

En general, Lenin aplicó a las condiciones de nuestra época los puntos de partida y el método de Marx y Engels, y de esta forma restauró los principios marxistas abandonados por la Segunda Internacional, así como, al mismo tiempo, fecundó la teoría de los fundadores con nuevos elementos, probando así que “el marxismo es el único medio de proseguir y superar a Marx” (Defensa del marxismo, p.126) (19).

Así, pues, del mismo modo como “no es posible separar el leninismo del marxismo” (Stalin), tampoco es posible suponerlo existente en el cuerpo teórico del marxismo. El leninismo, desarrollo del marxismo, no existió sino hasta el momento en que empezó a existir: principios del siglo XX.

Lo que del marxismo hay en el leninismo es el método, pero el leninismo es un cuerpo de nuevas conclusiones teóricas aportadas por Lenin y otros teóricos marxistas (entre estos, señaladamente Mao) (20).

García escribió:

“Sin duda ni discusión alguna Lenin hizo un aporte valiosísimo al aplicar el método marxista a la realidad de la Rusia a principios del siglo XX” (sic).

“José Carlos Mariátegui aplicó esa misma ciencia, ese mismo instrumental… al conocimiento e interpretación de nuestra realidad peruana…” (elipsis nuestras).

“Lo mismo que decimos de Lenin y de Mariátegui  en relación al marxismo podemos decirlo de otras figuras señeras que han contribuido a enriquecerlo”.

“Lo que nos legó V.I. Lenin fue pues su vastísima experiencia revolucionaria producto de la aplicación del método marxista a la realidad concreta y específica de la Rusia… Así ‘hizo marxismo’ (cursivas y subrayado en el original; elipsis nuestra).

Estas afirmaciones comportan una apreciación demasiado gruesa, pues, por un lado, no distinguen entre el desarrollo del marxismo plasmado por Lenin y el concretado por otros teóricos del proletariado, y, por otro, reducen el leninismo a la condición de aplicación del marxismo a las condiciones rusas.

        El leninismo es un desarrollo integral del marxismo (de sus tres partes integrantes); y, al mismo tiempo, lleva el sello de nuestra época en el sentido más pleno del término (expresa más amplia y profundamente su contenido fundamental y sus tendencias fundamentales, así como el contenido fundamental y las tendencias fundamentales de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado).

En efecto, Lenin desarrolló la teoría del imperialismo; la teoría de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado; la estrategia y la táctica de la revolución; la teoría del partido proletario; la teoría de la cuestión nacional y colonial; la teoría de la hegemonía del proletariado; la fundamentación teórica del materialismo dialéctico y el materialismo histórico.

 Obras de valor universal como ¿Qué Hacer?, Un paso adelante, dos pasos atrás, Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, Materialismo y empiriocriticismo, Cuadernos filosóficos, El estado y la revolución, La bancarrota de la Segunda Internacional, El imperialismo, fase superior del capitalismo, La revolución proletaria y el renegado Kautsky, La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo, entre otras, prueban el leninismo como el marxismo de nuestra época.

Así, pues, el peso específico del leninismo es comparativamente mayor al de cualquier otro teórico marxista contemporáneo (21).

Esta conclusión no tiene por qué extrañar a nadie. Analizando el aporte de Marx y el suyo propio en la creación de la nueva concepción del mundo, Engels señaló: “la parte más considerable de las principales de las directrices, particularmente en el terreno económico e histórico, y en especial su formulación nítida y definitiva, corresponden a Marx. Lo que yo aporté –si se exceptúa, todo lo más, dos o tres ramas especiales– pudo haberlo aportado también Marx aun sin mí. En cambio, yo no hubiera conseguido jamás  lo que Marx alcanzó. Marx tenía más talla, veía más lejos, atalayaba más y con mayor rapidez que todos nosotros juntos. Marx era un genio; nosotros, los demás, a lo sumo, hombres de talento. Sin él la teoría no sería hoy, ni con mucho, lo que es. Por eso ostenta legítimamente su nombre” (Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, en OE en tres tomos, Editorial Progreso, 1980, t.III, p.380, nota al pie).

De tal forma, pues, el cofundador del marxismo proporcionó la pauta para discernir los ulteriores aportes de los distintos teóricos marxistas tanto a escala de cada país como a escala mundial.

En el Perú, por ejemplo, Mariátegui no es, por cierto, el único que ha aplicado el marxismo a nuestra realidad, pero no cabe ninguna duda de que es quien con más amplitud, profundidad, coherencia, talento, ha contribuido a darle una forma nacional, y, por esto, el camino de la revolución peruana es conocido legítimamente como el Camino de Mariátegui.

En el mundo, es un hecho que, sin la creación heroica de Lenin, el marxismo de nuestra época no sería, ni con mucho, lo que es, y, por esta razón, dicho marxismo lleva legítimamente su nombre.

Sin embargo, como se ha visto, García nivela el peso específico del leninismo al de otros dirigentes marxistas.

Por otro lado, reduce el leninismo a la condición de un fenómeno puramente ruso.

Pero ocurre que, como se ha visto también, Lenin desarrolló el marxismo aplicándolo no solo a Rusia, sino igualmente a las nuevas condiciones del capitalismo mundial y de la lucha de clase del proletariado.

Así, pues, debido a lo uno y lo otro, el leninismo es el marxismo de nuestra época.

No obstante, con su definición unilateral, reduccionista, arbitraria del leninismo, García niega tal verdad.

Compárese dicha definición con esta otra de Stalin: “El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. Más exactamente: el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular” (Los fundamentos del Leninismo, en Cuestiones del leninismo, recopilación, ELE, Pekín, 1977, p.3).

Como se ve, esta definición pone de manifiesto las raíces históricas del leninismo, su carácter internacional y su ligazón orgánica con el marxismo.

En cambio, con su definición, García afirma equívocamente la ligazón del leninismo con el marxismo, niega tendenciosamente sus raíces históricas y escamotea deliberadamente su carácter universal.

Puesto que el leninismo es un desarrollo del marxismo, es, pues, marxismo, pero marxismo enriquecido, marxismo desarrollado, marxismo de nuestra época.

Nuestro liquidador dice: “[Lenin] Aplicó esta herramienta [el marxismo] para interpretar una nueva fase que se abría en el capitalismo”.

De hecho la cita alude al valor internacional del leninismo. Sin embargo, tal alusión se disuelve en la opinión de que el leninismo solo tiene un valor particular relativo a Rusia.

Como se comprenderá, la definición del leninismo debe dar cuenta, necesariamente, de los aportes de Lenin y, al mismo tiempo, del carácter de los mismos. En otras palabras, de lo que entendemos por leninismo.

Precisamente así ocurre en la definición de Stalin: por un lado, se da cuenta ahí de que “el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular” (aportes); por otro lado, se precisa que “El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria” (carácter universal de los aportes).

En cambio, en la definición de García, el desarrollo del marxismo plasmado por Lenin está referido exclusivamente a Rusia, y, así, aquello de que Lenin aplicó el marxismo “para interpretar una nueva fase que se abría en el capitalismo”, no aparece expresado en absoluto.

Así, pues, García niega el carácter universal del leninismo.

Por eso su citada afirmación sobre la interpretación leninista del imperialismo y otras por el estilo, se revelan como pura tapadera.

La afirmación de un seguidor suyo en el sentido de que “Lenin es para Rusia y Mao para China” (afirmación no controvertida en ninguna forma en el marco del grupo liquidacionista), expresa sin ambages la posición de García frente al leninismo y al pensamiento de Mao: el marxismo, verdad universal, no tiene, según nuestro liquidador, un desarrollo de carácter universal, sino únicamente diversos desarrollos de valor particular.

Mao señaló que el análisis del leninismo realizado por Stalin “nos ofrece un modelo para comprender la particularidad y la universalidad de la contradicción y su interconexión” (Sobre la contradicción, en OE, t.I, ELE, Pekín, 1972, p.352).

No obstante, como se ha visto, García levanta el leninismo como verdad particular para negar su carácter universal, y, de esta forma burda, escamotea la interconexión entre lo particular y lo universal en el leninismo.

Esta negación del desarrollo del marxismo como verdad universal es el fondo de la cuestión.

En conclusión, García reniega el carácter universal del leninismo; por lo tanto, la necesidad de reconocerlo como una nueva época en el desarrollo del marxismo; por lo tanto, como parte de la verdad universal; por lo tanto, la obligatoriedad, para todo partido proletario, de reconocer el marxismo-leninismo.

Cualquier marxista informado sabe que el marxismo es una verdad universal, y que esto significa la universalidad de su método y de su teoría (particularmente aquella relativa a la revolución proletaria y a la dictadura del proletariado).

Por eso el marxismo es aplicable a cualquier particular concreto y a cualquier universal concreto, y, por esto, encierra la necesidad inmanente (la tendencia, la propensión, la potencia) de desarrollarse como tal verdad universal (22).

Pero, al negar el carácter universal del leninismo (y este mismo carácter en el desarrollo del marxismo-leninismo plasmado por Mao), García reniega de hecho la aludida necesidad inmanente, intrínseca, esencial del marxismo.

Esta negación de la potencia generativa del marxismo para desarrollarse como verdad universal, es el trasfondo de la cuestión.

Así, pues, el antileninismo de García (negación de  su carácter universal, negación de su condición de nueva época en el desarrollo del marxismo) (23), implica la negación de aquella potencia generativa del marxismo.

En otras palabras, el antileninismo de García encierra una posición contraria al propio marxismo.

En el plano teórico y político, dicho antileninismo se expresa en la negación de la concepción de Lenin de nuestra época, de su táctica respecto al oportunismo, de su tesis según la cual la revolución no es posible por la vía de las instituciones burguesas, de su teoría del partido de clase,  etcétera (24).

Notas
[16] Ver El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui, Mariátegui y el leninismo, Mariátegui y la base de unidad del Partido, El concepto mariateguiano de partido de masas y de ideas, El pez por la boca muere, capítulos II y V del libro El desarrollo de la teoría del proletariado y el problema de su denominación, etcétera.
[17] Indebido, porque, como se sabe, nuestra época es la del imperialismo y de la revolución socialista. Por lo tanto, allí donde la revolución democrática no se produjo en su momento, ella aparece, en nuestra época se sobreentiende, como parte de la  revolución socialista mundial y, por lo tanto, antecedida por ella; por esto, precisamente, la revolución socialista supone la revolución democrática. Como puede entenderse, este no es el caso de la relación entre el marxismo y el leninismo.
[18] La afirmación de Engels no significa en modo alguno que el marxismo sea dualista. En el libro El desarrollo de la teoría del proletariado, escribimos sobre el punto: “[En el marxismo] la teoría se transforma constantemente en método, es decir, adquiere valor metodológico, y a la inversa, el método se transforma, también constantemente, en teoría. El Capital, por ejemplo, es una teoría del modo de producción capitalista, pero en Plan de la dialéctica (lógica) de Hegel, Lenin señaló con toda razón: ‘Si Marx no nos dejó una ‘Lógica’ (con mayúscula), dejó en cambio la lógica de El capital, y en este problema debería ser utilizada a fondo’” (p.17). “La comprensión engelsiana y mariateguiana de la concepción marxista del mundo da cuenta de la indisoluble unidad de concepción y método, aspectos diferenciables únicamente por medio de la abstracción” (ibídem).
[19] García ha escrito: “José Carlos Mariátegui lo califica [a Lenin] como el restaurador más enérgico y fecundo del marxismo”. “Esta palabra es para reflexionar: ‘restaurador’". Es notorio que con estas afirmaciones, nuestro personaje intenta concentrar la atención del lector exclusivamente en la palabra restaurador, ignorando así la palabra fecundo. Si de reflexionar se trata, entonces hay que comenzar por reconocer que la primera palabra no se entiende sino en su relación con la segunda: la restauración de la que habló Mariátegui está referida al hecho de que Lenin restauró los principios marxistas abandonados por el revisionismo de la Segunda Internacional (lo que omite señalar García), y que, justamente sobre la base de esta restauración, y, por consiguiente, de la aplicación de dichos principios a las nuevas condiciones, fecundó el marxismo con nuevos elementos teóricos, con nuevas conclusiones teóricas que significaron un desarrollo del marxismo (cosa que García deja fuera de su argumentación). Como se ve, con base en una visión dialéctica, Mariátegui llegó a la conclusión de que “el marxismo es el único medio de proseguir y superar a Marx”, es decir, de que Lenin desarrolló a Marx y Engels, o sea, de que es en la Revolución Rusa “donde hay que ir a buscar la nueva etapa marxista” (Defensa del marxismo, p.22). Así, pues, la tergiversación que comete nuestro liquidador de la visión mariateguiana del leninismo, aparece como un enfoque deliberadamente unilateral, y, como se sabe, la unilateralidad –deliberada o no– es polarmente contraria a la dialéctica.
[20] La negación del leninismo como desarrollo de carácter universal del marxismo y su exclusión de la base de unidad ideológica del proletariado traen aparejadas esa misma negación y esa misma exclusión del pensamiento de Mao.
[21] Esta realidad no comporta ninguna subestimación de los otros teóricos marxistas, sino simplemente un reconocimiento objetivo del lugar que tienen en el universo del marxismo de nuestra época.
[22] Como que así ha ocurrido, efectivamente, con el surgimiento y el desarrollo del leninismo. Para evitar malos entendidos, reiteramos aquí lo que hemos señalado, hace mucho, en otro lugar: por marxismo-leninismo entendemos la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao.
[23] Los forzados elogios a Lenin que García repite de diversas formas a lo largo de su discurso (“Lenin fortaleció como nadie la ciencia del marxismo”; “La gigantesca e imparangonable producción intelectual revolucionaria de Lenin”; “el genial discípulo de Marx y Engels”; “conocía mejor que nadie el inmenso legado intelectual de Carlos Marx”, etcétera, etcétera), no le alcanzan para disimular su antileninismo. Tampoco al revisionismo jruschoviano le alcanzaron los múltiples elogios a Lenin y la edición de millones de ejemplares de sus obras, pues al mismo tiempo que así procedía, levantaba sus antileninistas “tres pacíficas” (transición pacífica, coexistencia pacífica, emulación pacífica) y “dos todos” (partido de todo el pueblo, dictadura de todo el pueblo). El antileninismo de García (basado en falacias y tretas, como se ha visto y seguirá viéndose más adelante), reside en la suplantación del marxismo-leninismo por un marxismo a secas, en la exclusión del leninismo de la base de unidad ideológica del proletariado, en la negación de la obligatoriedad de la adhesión al marxismo-leninismo. Esta suplantación, esta exclusión, esta negación, encierran el negro designio de liquidar el partido de clase, como también veremos más adelante.
[24] En el artículo Las cinco caídas de yo el supremo, García sostuvo: “es necesario precisar términos como… período, etapa, estadio… pues tienen connotación diferente” (elipsis y cursivas nuestras). Apelando, pues, a la connotación de los mencionados términos fuera del contexto verbal donde se encuentran, nuestro liquidador escamotea la connotación unívoca con que Mariátegui utilizó los mismos en Principios programáticos del Partido Socialista, donde, sin excepción, aparecen designando la época del imperialismo y de la revolución proletaria. Pero, engañoso como es, García insinúa que con el término estadio el maestro dijo una cosa distinta a lo que dijo con los términos período y etapa, y, con base en esta grosera tergiversación, reniega el contenido de nuestra época, a más de insinuar que Mariátegui era un tonto. Tonto es quien no es capaz de darse cuenta de la cínica tergiversación, con la cual, de otro lado, García ha puesto en evidencia, una vez más, su oportunismo y su catadura moral. Como es sabido, nuestro personaje pretende “una organización de proyección nacional” con el concurso de toda clase de oportunismo y revisionismo (lo cual no extraña, pues él mismo mantiene una posición revisionista). Es conocido también el planteamiento de García de reestructurar el Estado burgués en sus bases municipales como supuesto camino al socialismo, con lo cual contraría el leninismo. En ¿Qué hacer? y otros escritos, Lenin fundamentó el partido de clase como la materialización de la doctrina, pero García reniega esta verdad y, aún mas, pretende liquidar el partido de clase en nuestro medio (con su marxismo sin leninismo ya lo liquidó en el marco de su grupo). Obviamente, podríamos sumar otros ejemplos de la posición antileninista de García y demás liquidadores, pero, por ahora, la presente reseña es suficiente.

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