jueves, 19 de septiembre de 2013

Metodología



Nota Explicativa:

Los trabajos aquí presentados fueron preparados para fines distintos, aun cuando es notoria la conexión entre ambos. El primero de ellos fue originalmente preparado para el Nº 4 de julio-agosto del 2003 de la revista ALMA MATINAL.

El objeto perseguido consistía en llamar la atención sobre los diversos factores que intervienen en el proceso de investigación. Según se enseña, aparentemente investigar es seguir una secuencia mecánica de pasos, que cumplidos al pie de la letra nos dará resultados maravillosos.

Pues bien, esto no es cierto. Investigar es poner en juego todos nuestros conocimientos y experiencia, en el proceso de crear, esto es, de descubrir las leyes de desarrollo de la parte de la realidad  que estamos estudiando.

Aun cuando no se desarrollan ampliamente los diversos aspectos de la investigación, se pone énfasis en aquellos que normalmente no se toman en cuenta, como son las fuentes de error.

El segundo trabajo fue elaborado originalmente para la conferencia a la que me invitara el grupo Centenario, el día 24 de febrero del 2005, en el local de la Confederación Campesina del Perú.

Ésta tenía por título “Crisis teórica del marxismo. Vigencia del método dialéctico”. No pude, como hubiera querido, tratar los aspectos precisos en los que la teoría marxista enfrentaba problemas, debido a que es un trabajo sumamente amplio. No tuve otra alternativa que tratar el tema en forma bastante general, apegándome más al método dialéctico que al cuerpo teórico del marxismo.

Espero contribuir de alguna manera a que la inquietud que tienen aquellos que no se contentan con puras expresiones académicas, no se quede anclada en lugares comunes, e inicien el viaje de la aventura intelectual en condiciones que les permita hacer frente con éxito a teorías que más bien los aleja de la verdad.

El autor.


Fuentes de Error en la Investigación Científica


César Risso

Resulta un lugar común en los textos sobre metodología de la investigación científica, desarrollar la secuencia de pasos a seguir, que constituye la parte formal, dejando de lado lo más importante.

Si bien es cierto estas etapas son necesarias, se requiere tener en cuenta que luego de conocerlas no estaremos en condiciones de investigar. Para ello se requiere, sobre todo, conocer las formas y métodos de pensamiento, sin los cuales la información empírica no superará el plano de lo fenoménico.

Una vez inmersos en el proceso mismo del pensamiento, como fase del conocimiento, nos enfrentamos a la posibilidad del error, el cual tiene más de una fuente, que puede ser gnoseológica, fisiológica o sociológica.

Ubiquémonos en la gnoseología como posible fuente de error. Desde el punto de vista del contenido, el concepto es la condensación, la suma de conocimientos alcanzados acerca de un objeto o fenómeno. Lo principal en el concepto es lo universal, puesto que así es como se manifiesta la esencia del objeto. Sin embargo, si hablamos del concepto árbol, sabemos que no existe el árbol en general, sino los árboles concretos. Lo que existe es el conjunto de propiedades que posee cada árbol. Lo universal tiene existencia concreta en lo singular, en los atributos o propiedades de los árboles reales.

Kopnin nos dice a este respecto lo siguiente: “El idealismo utiliza el carácter peculiar de los vínculos entre lo universal y lo singular en el concepto, su índole compleja y velada, para divorciar lo universal de lo singular y convertir el concepto en una esencia independiente, absoluta, separad de los objetos singulares de la vida real. El divorcio entre lo universal y lo singular en el concepto conduce a la separación de los conceptos del mundo exterior y constituye una de las fuentes gnoseológicas del idealismo.”[1]

Así, pues, al considerar lo universal como algo absoluto, dejando de lado la fuente real del concepto, caemos en el idealismo. Esto nos debe conducir, primero, a tener una clara posición filosófica. Sólo el materialismo dialéctico, en el sentido de concepción del mundo, asegura una correcta interpretación de la realidad. Absolutizar lo universal significa poner lo general como fuente de la realidad. Si no queremos ser presa de este tipo de error, que conduce al idealismo, tenemos que abordar el estudio de la filosofía como un aspecto necesario de la capacitación en la investigación científica.
Podemos señalar, además, que el estudio de la gnoseología, la lógica formal y la lógica dialéctica, tiene una importancia de primera línea en la investigación científica.

En lo relativo a la fuente fisiológica del error, ésta tiene como fundamento las características de los dos sistemas de signalización del cerebro. El primer sistema de señales está asociado a la sensación, percepción y representación, esto es, al conocimiento sensorial; en cambio, el segundo sistema de señales se asocia a la capacidad reflexiva, que tiene su forma acabada en el concepto.

Ahora bien, el concepto se forma por las impresiones pasadas y presentes, provocadas por los objetos y fenómenos, pero también por la posibilidad de una cierta independencia relativa del pensamiento respecto de estas impresiones. En palabras de E. Shorojova: “Gracias a la compleja actividad del cerebro humano, el hombre no sólo reproduce en su mente las impresiones experimentales en otros tiempos, sino que forma nuevas ideas y realiza nuevos descubrimientos. Si no se admite una cierta independencia en la actividad nerviosa superior, sería imposible imaginarse que en la mente humana pueda surgir algo nuevo y creador.”[2]

La evolución nos ha dotado de esta capacidad de transformar las impresiones, dejadas por la realidad objetiva a través de la actividad práctica, en conceptos. Al tener los conceptos como materia prima a la realidad objetiva, para ser elaborada idealmente esta tiene que asumir en el pensamiento la forma subjetiva apropiada, es decir, tiene que convertirse en una forma especial de “material” moldeable, para que a través del pensamiento pueda adquirir la forma de concepto. Este material moldeable no es otro que el lenguaje.

Es en este momento de actividad reflexiva, cuando la independencia relativa de la actividad nerviosa superior nos puede hacer presa de una desviación que conduzca al error.

Establezcamos ahora la fuente sociológica del error. Para ello tenemos que establecer qué sectores de la sociedad se encuentran más alejados de la actividad productiva. Este sector corresponde a la clase social que detenta el poder. Al imponer sus decisiones en los diversos ámbitos de la vida social, cae en el convencimiento de que su pensamiento y su voluntad determinan la realidad.

“En toda sociedad de clases, la separación entre el pensamiento ordenador y la producción material crea la ilusión, no sólo de la independencia del pensamiento, que planea por encima de la realidad material y de la acción práctica, sino también de la primacía del pensamiento.

“Para una clase que ya no está en contacto directo con las cosas, que actúa sobre el mundo a través de los símbolos del pensamiento y del lenguaje para concebir el trabajo, y mediante órdenes dirige su ejecución, el pensamiento es prisionero de la ilusión de ser la fuerza suprema y ordenadora del mundo.”[3]

Esta fuente de error será superada con el tramonto de la actual forma de sociedad; mientras tanto, tenemos que ser conscientes de lo que la división de la sociedad en clases provoca en el proceso del conocimiento, en el pensamiento mismo y, por lo tanto, en la investigación científica; pero además, hay que asociar la actividad de dirección con la actividad práctica productiva, combinando el trabajo manual con el trabajo intelectual. En otras palabras, “En el mundo moderno, la educación técnica, estrechamente ligada al trabajo industrial, aún el más primitivo y descalificado, debe formar la base del nuevo tipo de intelectual. El modo de ser del nuevo intelectual ya no puede consistir en la elocuencia motora, exterior y momentánea, de los efectos y de las pasiones, sino que el intelectual aparece insertado activamente en la vida práctica, como constructor organizador […].”[4]

En síntesis, una vez que hemos recogido y ordenado la información, tenemos que vérnosla con nosotros mismos, con nuestra capacidad de pensar; y he aquí donde empieza un tipo fundamental de limitaciones. Si no estamos habituados a pensar científicamente, el resultado de nuestro trabajo será pobre. Si no conocemos el proceso del conocimiento, ni las operaciones lógicas, ni las categorías del pensamiento, no podremos penetrar en la esencia de las cosas.

A modo de conclusión diremos que la enseñanza de la investigación científica tiene que adicionar a la parte formal el proceso mismo del pensamiento, con lo cual podrán identificarse las fuentes de error, y en consecuencia estar en condiciones de evitarlos.

Las fuentes fisiológicas, gnoseológicas y sociológicas del error se refuerzan mutuamente, y nos conducen al idealismo. Por ello, el estudio del método científico debe comprender el aspecto correspondiente de la filosofía, la lógica y la teoría del conocimiento.




Vigencia del Método Marxista

César Risso

Si conceptuamos al marxismo en el doble sentido de cuerpo de principios y de teorías, podemos afirmar que los principios del marxismo no están en crisis. La teoría marxista tampoco podría estar en crisis. Esta explica el proceso concreto de desarrollo de las diversas formas de movimiento de la materia, y por ello mismo, le calza la expresión “el alma viva del marxismo es el análisis concreto de la situación concreta” (Lenin), lo que quiere decir que el desarrollo de la materia es inagotable y, por lo tanto, a pesar de la comprensión de este desarrollo el conocimiento de los nuevos hechos siempre estará en mora con la realidad. El reconocimiento de este hecho no desmerece en absoluto ni los principios ni el cuerpo teórico del marxismo, al contrario, es una de las pruebas de su vigencia.

Si la teoría está en mora con la realidad, porque esta última está en permanente desarrollo, no nos debe sorprender que en determinadas circunstancias la teoría marxista deja de corresponder con la realidad. Si Lenin se hubiera cogido a la letra del marxismo, asumiendo la teoría marxista tal como la desarrollaron Marx y Engels, sin el “análisis concreto de la situación concreta”, no se hubiese agregado al cuerpo teórico del marxismo el análisis del imperialismo, quedándose la teoría marxista en mora con la realidad.

Cuando usamos la expresión crisis teórica del marxismo, debemos entender por ésta que los representantes del marxismo no han logrado poner al día teóricamente el marxismo conforme el avance de la realidad, o lo que es lo mismo, que frente a una nueva realidad, los marxista continúen explicándola con la teoría propia de la fase o periodo inmediatamente anterior.

Es por ello que los marxistas hablamos de la verdad relativa y de la verdad absoluta. La verdad absoluta se compone de las verdades relativas. Lo que ahora es absoluto, mañana será relativo, pues la verdad tiene un carácter histórico, concreto.

La vigencia del método marxista, como parte de la crisis teórica del marxismo, requiere un tratamiento especial. Es necesario plantear la necesidad de dar tratamiento a este aspecto de medular importancia. Debemos para ello recordar la polémica sostenida por Federico Engels con Dühring, o aquella otra desarrollada por Lenin con los empiriocriticistas, o el debate desarrollado por José Carlos Mariátegui en “Defensa del marxismo”. En estas obras se defiende, por exacto, el método dialéctico, a la luz del avance científico y de la experiencia histórica del proletariado, en contraste con la interpretación teórica hecha por los representantes de la burguesía, ya sea en el campo de las ciencias naturales como en el de las ciencias sociales.

Comprender la dialéctica nos permite ser conscientes del proceso de desarrollo de la naturaleza, de la sociedad y del pensamiento, pues la dialéctica es justamente la ciencia de las leyes del desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento. Aquí nos referimos a la dialéctica como ciencia. La dialéctica como método se refiere al reflejo de dichas leyes en el pensamiento, proceso de apropiación de lo real, que se expresa en la teoría del conocimiento del materialismo filosófico acabado, que incorpora las categorías del pensamiento correspondientes.

Dicho esto, el problema es saber si el mundo se mueve dialécticamente o no. La confrontación en cuanto al método dialéctico se reduce a esto: a si el método dialéctico permite apropiarse subjetivamente de la realidad objetiva, esto es, reflejar el mundo de acuerdo a las leyes de su desarrollo. Negar la dialéctica como método es negar la dialéctica como ciencia. Negar la vigencia de la dialéctica es afirmar que el mundo no se mueve dialécticamente. Como es notorio, esta última negación choca con el desarrollo de las ciencias.

Por qué si esto es tan cierto se considera que el método dialéctico es obsoleto. Esto se debe a que los epistemólogos burgueses han desarrollado algunos aspectos metodológicos que pretenden erigir en métodos universales.

Esto nos lleva a esclarecer lo siguiente. El método dialéctico ha sido considerado por los marxistas como el único método científico. Sin embargo, surge la pregunta siguiente: cómo es que antes de la aparición del método dialéctico las ciencias se desarrollaron. La respuesta es que la dialéctica es el único método científico en el sentido de método universal de conocimiento. Desde este punto de vista, el único otro método universal de conocimiento es el metafísico. Mientras que la riqueza refleja el mundo en toda su riqueza y desarrollo, como algo vivo, el método metafísico lo refleja unilateralmente, como algo inerte.

La dialéctica surgió en la Grecia clásica, donde los filósofos la asumían espontáneamente, pues veían más que las cosas, el movimiento de las cosas. Cuando se empezó a estudiar en detalle y por separado la naturaleza, pasando el método de investigación del estudio de la naturaleza al campo de la filosofía, el método metafísico se convirtió en método universal de conocimiento. Esto significa que en determinado periodo histórico el método metafísico, en tanto método particular, como método de investigación de la naturaleza, fue una necesidad, pero cuando se universalizó se convirtió en anticientífico.

Veamos en qué consiste el proceso del conocimiento. La primera fase del conocimiento es la sensorial. Esta consiste en que a través de uno de los sentidos captamos la realidad. La siguiente etapa de la fase sensorial se denomina percepción, en la que el objeto o fenómeno se capta a través de varios sentidos a la vez, por lo cual se tiene mayor riqueza en el conocimiento de la realidad. La tercera y última etapa del conocimiento sensorial es la representación; en esta ya no se está en contacto con el objeto o fenómeno, consistiendo esta etapa en la imagen mental o recuerdo del objeto. A pesar de ya no estar en contacto con el objeto se considera a la representación como parte del conocimiento sensorial pues los datos registrados corresponden al uso de los sentidos.

La segunda fase del conocimiento se denomina racional. Esta comprende el proceso de elaboración de conceptos, juicios y razonamientos. Aquí ya no se está en contacto directo con la realidad, sin embargo se elabora el contenido de estas categorías con toda la infinita gama de aspectos, detalles, datos, etc., captados sensorialmente, que constituyen la puerta de entrada para pasar de lo superficial a lo profundo, de lo unilateral a lo multilateral, del fenómeno a la esencia.

La comprobación de los conocimientos adquiridos se da a través de la práctica. El conocimiento parte de la práctica y vuelve a ella. Se parte de lo concreto real para llegar a lo concreto representado a través de la abstracción. Es el proceso que se conoce como ascenso de lo concreto a lo abstracto, y ascenso de lo abstracto a lo concreto. El proceso del conocimiento es dialéctico, pues la dialéctica refleja las leyes objetivas del proceso del conocer, y por ello el método consciente de conocimiento también es dialéctico.

Cuando nos quedamos en la fase sensorial del conocimiento, cuando no continuamos con la fase racional, estamos asumiendo el empirismo. En cambio, cuando soslayamos la fase sensorial del conocimiento, asumiendo únicamente el conocimiento racional, estamos asumiendo el racionalismo o dogmatismo. Ambas desviaciones del conocimiento inducen a error.

No sólo se trata de desarrollar el método dialéctico de conocimiento sino también de elaborar las categorías que nos permitan penetrar profundamente en los fenómenos para llegar a su esencia.
A este respecto es ilustrativo lo que señala Marx en la primera tesis sobre Feuerbach: “El defecto fundamental de todo el materialismo anterior –incluido el de Feuerbach– es que sólo conoce las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de  contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo. De aquí que el lado activo fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero sólo de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal.”

Este conocimiento como actividad sensorial humana que reclama Marx implica la introducción de categorías como esencia y fenómeno, causa y efecto, forma y contenido, realidad y posibilidad, etc., para lograr conocer el mundo. Estas categorías vienen a ser algo así como herramientas de la actividad sensorial humana, que permiten traducirla en pensamiento, en conocimiento, esto es, en representación científica de la realidad. Fueron los idealistas quienes introdujeron estas categorías; claro está que la filosofía idealista concibe la realidad como enajenación de la idea.

No es la introducción de cualquier categoría lo que permite conocer profundamente las cosas. Por ejemplo, Thomas Khun introdujo la categoría paradigma, hoy profusamente utilizada, pero que no permite explicar exactamente la estructura de las revoluciones científicas, como se propone el autor. Lo que logra más bien es oscurecerla.

Karl Popper en una serie de trabajos como La lógica de la investigación Científica, La sociedad abierta y sus enemigos, Conjeturas y refutaciones, etc., desarrolló el método hipotético-deductivo y la llamada teoría de la falsación. Esta última consiste en que la ciencia está constituida por teorías susceptibles de ser demostradas falsas. Ya que cualquier hecho puede tornar una teoría en falsa, a pesar de que muchos hechos la confirmen, se trata para él de buscar más bien la falsación de la teoría.

En cuanto al método hipotético-deductivo, o infiere de David Hume. Este último afirma que “del hecho de que un fenómeno precede a otro no puede deducirse que el primero es la causa y el que le sigue, el efecto. Ni siquiera la repetición más frecuente del nexo de los acontecimientos en el tiempo nos proporciona el conocimiento de la fuerza oculta en virtud de la cual un objeto produce otro” (Diccionario filosófico Rosental). Señala al respecto que las teorías no son producto de las observaciones sino de la imaginación, de las conjeturas. Con esto Popper se rebela contrario al método inductivo y partidario del método deductivo.

Cabe señalar lo siguiente acerca de los métodos inductivo y deductivo. Estos son métodos particulares, a diferencia de los métodos dialéctico y metafísico, que son universales. La universalidad del método dialéctico consiste en su carácter absoluto, esto es, en que se presenta en toda situación, en cada una de las fases del conocimiento o de la investigación, pues va de lo unilateral a lo multilateral, de lo superficial a lo profundo, de lo simple a lo complejo, etc., haciendo uso de las categorías que nos permiten conocer la realidad en un momento dado. Los métodos particulares, en cambio, sólo se aplican a determinados procesos u objetos, con un grado de generalidad inferior al de la dialéctica. Esto quiere decir que la dialéctica incorpora a todos los métodos particulares y singulares de conocimiento, y que en la aplicación de estos dos grupos de métodos la dialéctica no sólo está presente como orientación o estrategia, sino además en cada detalle de la investigación.

Volviendo a Popper. Lo que este pretende hacer al general el método hipotético-deductivo es convertir en universal un método particular de conocimiento.

Lo mismo sucede con Imre Lakatos, discípulo de Popper. Lakatos pretende desarrollar a su maestro, negando que las teorías queden refutadas a través de la falsación, al plantear que lo que se falsea es un aspecto o hipótesis de la teoría pero no la teoría misma. Este plantea lo que se denomina programas de investigación científica. Estos tienen la forma de un núcleo de teorías y dos cinturones de hipótesis que protegen el núcleo de las teorías.

Tanto para Popper como para Lakatos, el objetivo de la ciencia no es la búsqueda de la verdad sino el incremento de la verosimilitud.

En 1924 José Ortega y Gasset publicó un artículo titulado “El sentido histórico de la teoría de Einstein”. Se afirma en este trabajo que hay “una maravillosa justificación de la multiplicidad armónica de todos los puntos de vista”. En otras palabras, hay tantas verdades como puntos de vista. Está pues, la verdad del burgués cuando explota y reprime, como la verdad del obrero cuando protesta y se subleva. Con esto la verdad pierde su carácter científico.

Esta afirmación de José Ortega y Gasset ha conducido a la negación en redondo de la existencia del método, como en el caso del Paul Feyerabend. Este escribió un libro titulado Contra el método. Afirma que no ha habido ni hay método científico. Plantea que a nivel de la investigación “vale todo”.

¿Qué hay de común en todas estas corrientes metodológicas que he comentado y que están siendo usadas o aplicadas en todas las ciencias? ¿Qué es lo que las identifica como métodos metafísicos? Ninguna de estas corrientes pretende explicar la esencia de las cosas; a lo más aportan parciales aspectos técnicos en una u otra fase del proceso de investigación, pero que al tratar de generalizarlos desbordando el estrecho marco que les corresponde configuran el método metafísico.

Tenemos que apropiarnos subjetivamente de lo concreto real (“lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto unidad de lo diverso”. Carlos Marx), es decir, de las múltiples determinaciones, de todos los aspectos. Para esto debemos aplicar todos los métodos y técnicas que nos permitan dicha apropiación. Aquí la dialéctica se manifiesta en la necesidad de la consideración de esta multiplicidad. Tenemos que llegar a lo concreto representado, para lo cual debemos descubrir las leyes de desarrollo de las cosas. De modo tal que debemos aplicar los métodos que nos permitan descubrir estas leyes. Por último, debemos expresar lo concreto representado de tal forma que reproduzca la realidad dialécticamente, esto es, al nivel más alto de representación, o, lo que es lo mismo, al nivel de la cúspide de la representación humana. Este nivel más alto de representación se logra cuando expresamos los resultados de la investigación a través del método dialéctico, con el uso de las categorías de la dialéctica materialista, cuya esencia es la unidad de lo objetivo y lo subjetivo. Tanto en una fase como en otra, la dialéctica tiene que hacer uso, o mejor aún, incorporar todos los métodos y técnicas que nos permitan cumplir con la adquisición de la información así como con la reproducción ideal de la realidad objetiva.
Es pues un despropósito, con fines políticos, declara obsoleto el método dialéctico, pues este es una de las herramientas más elevadas alcanzadas por el pensamiento humano, que nos permite conocer las cosas de tal forma que la reproducción ideal de éstas adquiere una exactitud superada únicamente por la realidad.

Los métodos que la burguesía promueve como novísimos, lo que hacen es hipertrofiar una u otra fase del conocimiento, logrando restar capacidad de conocimiento de la realidad, lo cual les resulta útil para alcanzar el objetivo que persiguen: ocultar el carácter transitorio y explotador del capitalismo, y con ello restar sustento teórico a la transformación revolucionaria del mundo.

Pero los teóricos de la burguesía olvidan que “El impulso vital del hombre responde a todas las interrogaciones de la vida antes que la investigación filosófica. El hombre iletrado no se preocupa de la relatividad de su mito. No le sería dable ni siquiera comprenderla. Pero generalmente encuentra, mejor que el literato y que el filósofo, su propio camino. Puesto que debe actuar, actúa. Puesto que debe creer, cree. Puesto que debe combatir, combate. […]”. (El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy. J. C. Mariátegui). En otras palabras, por más que la burguesía nos imponga sus falsas especulaciones, la propia realidad, en sus diversas manifestaciones, hace aflorar siempre a la superficie su esencia, ya sea desfavorable a la especie humana como el capitalismo imperante, o favorable a nuestra especie como en el caso del socialismo.



[1] Kopnin, P. V. 1966. Lógica Dialéctica. Editorial Grijalbo, México. P. 235.
[2] Shorojova, E. 1963. El problema de la conciencia. Editorial Grijalbo, México. P. 221.
[3] Garaudy, Roger. 1980. Introducción al estudio de Marx. Ediciones ERA, México. 4ta edición en español. Pp. 50-51.
[4] Gramsci, Antonio. 1985. Educación y sociedad. Ediciones TAREA, Lima. P. 45.

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