lunes, 2 de marzo de 2026

Internacionales

Bloqueo Económico de Estados Unidos contra Cuba

Santiago Ibarra

EL 29 DE ENERO Donald Trump firmó la Orden Ejecutiva 14380 que declara a Estados Unidos en estado de “Emergencia Nacional” porque Cuba representaría para la seguridad nacional y la política exterior de la primera potencia económica y militar del mundo una “amenaza inusual y extraordinaria”, por tener relaciones con adversarios de Estados Unidos, como China, Rusia, Irán y Corea del Norte.

La orden ejecutiva sanciona con un incremento de los aranceles a todo país que le venda petróleo a Cuba. Con esta medida, Estados Unidos busca hundir en el hambre al pueblo cubano, llevarlo a la muerte y la desesperación (como en Gaza) y provocar un cambio de régimen.

Como ha hecho siempre, Estados Unidos utiliza demagógicamente el discurso de la democracia, la libertad de expresión, el estado de derecho y el respeto a los derechos humanos como coartada para engañar y justificar su accionar imperialista frente a la población estadounidense y mundial, mientras que al mismo tiempo provoca genocidios en otras partes del mundo, viola la soberanía de los pueblos y reprime y persigue a los inmigrantes y a quienes piensan distinto dentro de su territorio.

En respuesta, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha aclarado que Cuba no representa para Estados Unidos y para nadie ninguna amenaza, ha afirmado que la rendición no es una opción para Cuba, que no habrá cambio de régimen, que hay mucho que defender en Cuba. Díaz-Canel ha remarcado que Cuba está dispuesta a dialogar con Estados Unidos, pero respetando la soberanía de su país.

Asimismo, Díaz-Canel ha llamado a los países del Sur Global a resistir conjuntamente la embestida de Estados Unidos. Precisamente, Estados Unidos despliega una guerra económica y militar contra países de América Latina, Irán y Palestina (a los que se suman Canadá y Groenlandia) para tener el control de sus mercados, sus rutas marítimas y sus recursos naturales y alejar a China de esos países. En el caso específico de Cuba, Estados Unidos busca el cambio de régimen por razones fundamentalmente ideológicas y políticas.

La Orden Ejecutiva 14380 es solo el último dispositivo legal aprobado por Estados Unidos para provocar la caída del gobierno y la revolución cubanos. El bloqueo económico contra Cuba lo inició Kennedy en 1960 y se prolongó con la Ley Helms Burton de 1996, la cual prolonga el embargo y establece que para levantar el bloqueo debe haber un cambio de régimen en Cuba.

El bloque económico contra Cuba busca impedir su desarrollo económico y social. El daño económico ocasionado a Cuba con el bloqueo se calcula en más de 2 billones de dólares. No hace mucho Lula se animó a decir que sin ese bloqueo ilegal Cuba sería una economía como la de Noruega o Suecia. Se estima que Cuba podría haber crecido el 2024 el 9,2% en lugar del decrecimiento cercano al 0,1% que tuvo lugar. El bloqueo económico estadounidense ha provocado consecuencias profundamente negativas en la economía y la sociedad cubanas.

No obstante, en estas duras condiciones Cuba ha logrado desde la Revolución de 1959 objetivos sociales y educativos que dejan muy atrás a otros países de Latinoamérica y aun potencias del mundo.

Así, por ejemplo, Cuba produce vacunas contra el Covid-19 y el cáncer de pulmón. Ha enviado 600 mil médicos a 165 países y miles de profesores a diferentes partes del mundo (el bloqueo de Trump incluye lamentablemente la prohibición a países latinoamericanos de tener en sus territorios a médicos cubanos).

Cuba ostenta una de las tasas más altas de médicos por habitantes: tenía 9.5 médicos por cada 1.000 habitantes hacia el año 2021, mientras que por esa misma cantidad de habitantes países como Argentina tiene 5.1 médicos hacia el 2023, Brasil solo 2.4 hacia el 2023, Corea del Sur 2,6 el 2022, Francia 3,3, y Noruega 5 médicos por cada 1.000 habitantes el 2023.

Cuba llegó a tener 1 maestro por cada 36 habitantes en el año 2007. Y la esperanza de vida en Cuba es de 78 años, una de las más altas de Latinoamérica, superior, por ejemplo, a la de Brasil, que es de 76 años.

Cuba es el país que más medallas ha conseguido en los juegos olímpicos: más de 240 en total, de ellas, más de 80 son de oro. Si revisamos el medallero olímpico, salta a la vista que los países que fueron colonialistas ocupan los primeros puestos, en tanto que los países que fueron colonizados ocupan los puestos más bajos del medallero, con la excepción de China, que ocupa el segundo lugar, gracias a la revolución de 1949. Lo de Cuba es altamente destacable porque siendo un país del Tercer Mundo, permanentemente bloqueado y asediado, ha logrado hazañas en diferentes campos del saber y el deporte. No es cierto pues, como se le ha ocurrido decir a alguno de los analistas que pululan en el medio, que también los países dependientes y subdesarrollados de América Latina (Chile, por ejemplo) han logrado las cosas que Cuba logró.

Estos logros se explican porque en Cuba la inversión en salud, por ejemplo, fue del 13.79% del PIB el año 2021, según la OMS. A diferencia de la mayoría de países latinoamericanos, que invierten muy poco en educación y salud, en Cuba esos temas son verdadera prioridad, aunque el bloque económico esté erosionando varias de esas conquistas.

Y no solo son los temas sociales en los que destaca Cuba, sino que además ha contribuido materialmente a la descolonización de países de África y a la lucha contra el apartheid en Sudáfrica.

El bloqueo económico estadounidense contra Cuba, además, no es el resultado del consenso en la comunidad internacional. La Asamblea General de las Naciones Unidas ha votado en 32 oportunidades contra el bloqueo económico a Cuba, sin efectos en la realidad. Estados Unidos impone su voluntad a la inmensa mayoría de países del mundo. Esto no impide que intelectuales que se reclaman demócratas agachen la cabeza y apoyen el bloqueo económico arbitrario de Estados Unidos.

Al contrario, el gobierno cubano se sostiene gracias al consenso que ha logrado en su sociedad. Pero no es solo el gobierno, sino la dignidad de todo un pueblo lo que está de por medio para los cubanos, su lucha sin cuartel por ser reconocidos como seres humanos libres con derecho a conducir su propio destino. Por eso el pueblo cubano seguirá resistiendo, como lo ha hecho durante 65 años.




¡ALTO A LA GUERRA DE ESTADOS UNIDOS E ISRAEL CONTRA IRÁN!*

Revcom, 28 de febrero de 2026

La madrugada del sábado, mientras la mayor parte de Estados Unidos dormía, Trump lanzó un ataque no provocado contra Irán. Trump llama a un cambio total de régimen y afirma que lo hace para ayudar al pueblo iraní y poner fin a lo que califica de agresión iraní contra Estados Unidos.

De hecho, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es criminal e injusta. El ataque no provocado de Trump significará muerte y sufrimiento para el pueblo iraní, y representa el peligro de una guerra regional más amplia que podría derivarse en una espiral que desemboque en una guerra mundial.

Nosotros ya no podemos darnos el lujo de permitir que estos imperialistas sigan dominando al mundo y determinando el destino de la humanidad. Y es un hecho científico que no tenemos que vivir así.
— Bob Avakian, líder revolucionario y arquitecto del nuevo comunismo

El ataque de Trump contra Irán no guarda ninguna relación con “liberar al pueblo iraní”. Las tonterías en boca de Trump para justificar esta guerra serían ridículas si no fueran tan peligrosas y estuvieran tan garantizadas para causar destrucción y horror. Decenas de mujeres jóvenes y niñas ya resultaron muertas en una escuela en la ciudad de Minab debido a las bombas estadounidenses. Trump ha llamado explícitamente a un cambio de régimen. Esta guerra es el capitalismo-imperialismo estadounidense, ahora liderado por un régimen fascista, que actúa para afianzar cualitativamente su dominación sobre el Medio Oriente y fortalecer su posición frente a sus rivales imperialistas: China —que importa más del 80% del petróleo de Irán— y Rusia, que mantiene estrechos vínculos con el régimen iraní.

Trump amenazó con que “un régimen terrorista nunca debe poseer un arma nuclear”. Pero el mayor régimen terrorista en el mundo es el imperio estadounidense, armado hasta el cogote con armas nucleares y que ha matado literalmente a millones de civiles desde la Segunda Guerra Mundial, infligiendo más terror a la humanidad que el resto del mundo en su conjunto. Además, Israel, el perro de ataque de Estados Unidos desde hace mucho tiempo en el Medio Oriente, posee unas 200 armas nucleares — aunque nunca lo ha admitido. Esta guerra no provocada de parte de Estados Unidos e Israel —y, repitamos, eso es lo que es— no solo resultará en la muerte innecesaria de muchos de los 90 millones de habitantes de Irán, sino que intensifica exponencialmente el peligro de un conflicto global en diversos sentidos, un conflicto que podría involucrar a otras potencias imperialistas y, según la “lógica” de la guerra, con el tiempo podría conducir a una guerra nuclear total.

Al anunciar “importantes operaciones de combate” contra Irán, Trump contó una historia tergiversada de Irán que omitió el golpe de estado de 1953 contra el gobierno democráticamente elegido de Mohammad Mosaddeq y el sangriento gobierno de 25 años a manos del déspota que entonces instalaron para gobernar Irán, el Sha Reza Pahleví. ¿Y quién llevó a cabo ese golpe de estado? La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos. Miles de disidentes y revolucionarios fueron asesinados por el Sha y decenas de miles fueron arrestados y torturados en las temidas prisiones del Sha. Y, para repetir, ¿quién supervisó todo esto y suministró ayuda y asesores para llevarlo a cabo? La CIA. La historia tergiversada de Trump también omitió la guerra económica (“sanciones”) que ha hecho que la vida sea cada vez más insoportable para las masas ahí, así como el hecho de que Estados Unidos armó a ambos bandos en la guerra entre Irán e Irak de la década de 1980 para intensificar la masacre.

No cabe apoyar al actual régimen represivo en Irán. Se trata de un régimen completamente reaccionario, teocrático y brutalmente patriarcal que ha llevado a cabo una terrible represión contra el pueblo iraní. Irán mató a decenas de miles de personas en manifestaciones este invierno, en las protestas de 2022 bajo el lema “Mujer, Vida, Libertad”, y retiene a cientos de prisioneros políticos. Pero —una vez más— al fascista Trump, quien lidera un régimen fascista cristiano patriarcal, eso no le importa un comino. Los gánsteres imperialistas fascistas no pueden ser liberadores. Trump opera según lo que percibe como los intereses del imperialismo estadounidense y tiene muchas esperanzas de dominar a Irán si Estados Unidos gana.

La gente en Estados Unidos tiene una responsabilidad especial de parar los crímenes de “nuestro gobierno”. Debemos unirnos de inmediato de la forma más amplia posible para exigir: ¡ALTO A LA GUERRA DE ESTADOS UNIDOS CONTRA IRÁN!

El papel de Israel —que se ha unido a Estados Unidos en esta guerra— va más allá de asqueroso. Israel es en sí un estado colono ilegítimo con una historia verdaderamente sangrienta en la región —que abarca su genocidio continuo contra los palestinos en Gaza y, cada vez más, en Cisjordania— con el apoyo total tanto de Biden como de Trump. Pero esta no es una situación en la que Israel controle a Estados Unidos. La situación es la contraria: Israel cumple los intereses del imperialismo estadounidense en el Medio Oriente, a la vez que también considera que corresponde a sus propios intereses la destrucción del estado iraní y el azuzamiento de lo que espera sea el caos.

Esta guerra le dará a Trump un pretexto para intensificar la represión al interior de Estados Unidos y para adjudicarse aún más poderes a su régimen. Si bien las audiencias o la aprobación del Congreso para nada “validarían” esta guerra, el hecho de que este fascista ni siquiera se molestara en aparentar solicitar validación es un paso más hacia la consolidación del fascismo total. Esto hace que sea aún más irresponsable la noción absurda y muy peligrosa de que “Trump está perdiendo” y de centrar la atención y los esfuerzos en las elecciones de mitad de mandato. Lo que se necesita son protestas no violentas masivas, incesantes y sostenidas, en las calles para exigir la expulsión de este régimen fascista.

DE MAYOR IMPORTANCIA: Esta guerra surge de un sistema: el capitalismo-imperialismo. Mientras este sistema exista, en Estados Unidos y en todo el mundo, las personas serán explotadas, oprimidas, mantenidas en la ignorancia y conducidas a una masacre mutua, inútil y verdaderamente horrible en una guerra tras otra — incluso una que conduzca a la extinción total de la humanidad.

Una forma completamente diferente de vivir es posible: una manera completamente diferente de organizar la sociedad, con una radicalmente diferente base económica y sistema político, relaciones emancipadoras entre las personas y una cultura edificante — todo ello con la orientación de satisfacer las necesidades básicas y cumplir los intereses más elevados de las masas de personas”. — de la Declaración de los Revcom: Necesitamos y Exigimos: Una forma completamente nueva de vivir, un sistema fundamentalmente diferente

¡ALTO A LA GUERRA DE ESTADOS UNIDOS E ISRAEL CONTRA IRÁN!

¡QUE SE LARGUE YA EL RÉGIMEN FASCISTA DE TRUMP!

TODO ESTE SISTEMA ESTÁ PODRIDO E ILEGÍTIMO: NECESITAMOS Y EXIGIMOS UNA FORMA COMPLETAMENTE NUEVA DE VIVIR, ¡UN SISTEMA FUNDAMENTALMENTE DIFERENTE!

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(*) Tomado de https://revcom.us/es/alto-la-guerra-de-estados-unidos-e-israel-contra-iran

 



Stalin

Stalin. Historia y Crítica de una Leyenda Negra

(25)

Domenico Losurdo

Universalidad abstracta y terror en la Rusia soviética

En el análisis de Hegel, si el terror es resultado no de la situación objetiva, no de una ideología, debe imputársele en primer lugar al mesianismo anarcoide; al universalismo abstracto que, en su huida lejos de todo elemento articular y determinado, consigue expresarse sólo como «furia disolvente». En lo que respecta a la revolución bolchevique no se debe perder de vista el estado de excepción permanente, provocado por la intervención y asedio imperialista. El componente más propiamente ideológico del terror remite sin embargo al culto de la universalidad y de la utopía abstracta, que obstaculiza la acción del nuevo grupo dirigente y acaba provocando su fractura interna. Es interesante ver de qué modo a mediados de los años treinta Trotsky, dejando atrás las sabias críticas a Kollontai, se mofa de la rehabilitación estaliniana de la familia:

Cuando se esperaba confiar al Estado la educación de las jóvenes generaciones, el poder, lejos de preocuparse por defender la autoridad de los mayores, del padre y de la madre en especial, trató, por el contrario, de separar a los hijos de la familia para inmunizarlos contra las viejas costumbres. Todavía recientemente, durante el primer periodo quinquenal, la escuela y las Juventudes Comunistas solicitaban ampliamente la ayuda de los niños para desenmascarar al padre ebrio o a la madre creyente, para avergonzarlos, para tratar de "reeducarlos". Otra cosa es el éxito alcanzado. De todas maneras, este método minaba las bases mismas de la autoridad famíliar.309

Por su contribución al mantenimiento de las «viejas costumbres» y por tanto de la ideología y el particularismo del antiguo régimen, la familia es identificada como un obstáculo que la marcha de la universalidad está llamada a derribar o golpear. La denuncia de la «autoridad familiar» produce no una disminución, sino incluso un suplemento de violencia. El mismo resultado produce la condena de la Constitución y el derecho como instrumentos del dominio burgués. A partir de estos presupuestos es imposible realizar e incluso pensar en un Estado socialista de derecho. Naturalmente existe una contradicción entre el homenaje al ideal de la extinción del Estado y el recurso al Estado a la hora de intervenir también en el ámbito de las relaciones familiares, pero es la contradicción que constantemente se manifiesta entre la retórica libertaria del universalismo abstracto y las prácticas violentas que acaba por estimular.

Llegados a este punto estamos obligados a hacer una consideración ulterior. La tendencia a ver en el particular en cuanto tal un elemento de perturbación o de contaminación de la universalidad se manifiesta más allá del grupo dirigente bolchevique. Piénsese en la desconfianza u hostilidad con la que Rosa Luxemburg contempla los movimientos nacionales, a los que se les reprocha el olvido de la causa internacional del proletariado. Después de la Revolución de octubre, la gran revolucionaria critica por un lado a los bolcheviques por su carencia de respeto por la democracia o incluso su liquidación activa, pero por el otro los invita a «sofocar desde su nacimiento, con puño de hierro, toda tendencia separatista» proveniente de los «pueblos sin historia», «cadáveres putrefactos que surgen de sus milenarios sepulcros.»310

Y ahora vemos de qué manera Stalin describe los efectos de la «revolución socialista» sobre la cuestión nacional:

Ésta, socavando los estratos más profundos de la humanidad y empujándolos a la escena política, le insufla nueva vida a toda una serie de nuevas nacionalidades, antes desconocidas o poco conocidas. ¿Quién habría podido pensar que la vieja Rusia de los zares representaría no menos de cincuenta naciones y grupos nacionales? Sin embargo, la Revolución de octubre, rompiendo las viejas cadenas y haciendo surgir toda una nueva serie de nacionalidades y pueblos olvidados, les ha dado nueva vida y desarrollo.311

Llegamos aquí a un resultado paradójico, al menos desde el punto de vista de los habituales balances históricos y de los estereotipos ideológicos hoy dominantes. Respecto a los pueblos que «emergen de sus milenarios sepulcros», según el lenguaje de Luxemburg, o los «pueblos olvidados» según Stalin, es Rosa Luxemburg quien manifiesta una actitud más amenazante o represiva.

Desde luego, en lo que respecta al juicio sobre aquel que realmente ha ejercido el poder, se tratar de ver si la praxis ha correspondido a la teoría, y hasta qué punto. Queda claro que es el universalismo abstracto de Luxemburg el que muestra potencialmente una mayor carga de violencia, ya que, en el transcurso de toda su evolución se ha mostrado inclinada a leer las reivindicaciones nacionales como una desviación respecto a la ruta principal del internacionalismo y el universalismo.

Alcanzamos un resultado comparable sí, siempre sobre la cuestión nacional, comparamos esta vez a Stalin y Kautsky. A la teoría formulada por el dirigente socialdemócrata alemán,  en base a la cuál con la victoria del socialismo en un sólo país o grupos de países, y ya desarrollada la sociedad  democrático-burguesa, se disolverían o tenderían a disolverse las diferencias y particularidades nacionales, el primero replica: tal visión, que ignora de manera superficial «la estabilidad de las naciones», acaba abriendo de par en par las puertas de la «guerra contra la cultura nacional» de las minorías o pueblos oprimidos, a la «política de  asimilación» y «colonización»; a la política preferida, por ejemplo, por los «germanizadores» y «rusificadores» de Polonia. También en este caso, es una universalidad incapaz de abrazar lo particular la que estimula la violencia y la opresión. Siempre dentro del contexto de la comparación entre las diferentes teorías, este universalismo abstracto le es más próximo a Kautsky que a Stalin.

Al igual que el dirigente socialdemócrata alemán, también Rosa Luxemburg critica duramente a los bolcheviques por su reforma agraria «pequeñoburguesa», que concede la tierra a los campesinos. A esta visión se puede contraponer la de Bujarin, según el cual en las condiciones de la Rusia de aquel momento, con el monopolio del poder soviético firmemente mantenido por los bolcheviques, precisamente eran los «intereses privados» y el impulso dado al enriquecimiento de los campesinos y otros estratos sociales los que habrían podido contribuir al desarrollo de las fuerzas productivas y, en última instancia, a la causa del socialismo y del comunismo312. Se ha producido un cambio significativo en  Bujarin: si en ocasión del tratado de Brest-Litovsk había dado pruebas de universalismo abstracto respecto a la cuestión nacional, sin embargo ahora, en relación con la NEP y la  cuestión agraria, para Bujarin el proceso de construcción de la universalidad está llamado a avanzar también a través de la oportuna utilización de intereses particulares Estamos en presencia de un proceso de aprendizaje y de una reflexión  autocrítica de extraordinario interés, que nos ayudan a comprender lo que en nuestros días ha ocurrido en países  como China y Vietnam. Así prosigue Bujarin:

Nos imaginábamos las cosas de la siguiente manera: alcanzamos el poder, lo tomamos casi todo en nuestras manos, ponemos en funcionamiento en seguida una economía planificada, no pasa nada si surgen dificultades, en parte las eliminamos, en parte las superamos, y la cosa concluye felizmente. Hoy vemos claramente que la cuestión no se resuelve así.

La pretensión de «organizar la producción por medio de órdenes, por medio de la coerción», lleva a la catástrofe. Superando esta «caricatura de socialismo», los comunistas se ven obligados por la experiencia a tener en cuenta la «enorme importancia del incentivo privado individual» con el objetivo de desarrollar las fuerzas productivas, «un desarrollo de las fuerzas productivas que nos conduzca al socialismo y no a la completa restauración del denominado capitalismo "sano"»313. Clamar, sin embargo, como hacían Trotsky y la oposición, por la «degeneración» de la Rusia soviética a causa de la persistencia de la economía privada en el campo y la «colaboración de clase» de los comunistas con los campesinos (y con los estratos burgueses tolerados por la NEP), habría llevado al fin de la «paz civil» y a una gigantesca «noche de San Bartolomé»314.

¿Lo que determinó la derrota de Bujarin, fue solamente la necesidad de acelerar al máximo la industrialización del país en previsión de la guerra, o bien contribuyó también la hostilidad irreductible hacia toda forma de propiedad privada y economía mercantil? Es un problema del que nos ocuparemos ulteriormente. Se puede ya desde ahora fijar un punto de referencia: el universo concentracionario alcanza su cénit tras la colectivización forzada de la agricultura y el puño de hierro contra las tendencias burguesas y pequeñoburguesas entre los campesinos, miembros por lo demás de los «pueblos sin historia», por usar el desafortunado lenguaje que Luxemburg retoma de Engels. Más allá de los errores o brutalidad de este u otro dirigente político, no hay dudas sobre el funesto papel desarrollado por un universalismo incapaz de subsumir y respetar lo particular.

Las páginas que hemos empleado de Hegel (el autor en el que Lenin descubre «raíces del materialismo histórico»315) son como la refutación anticipada de la explicación del "estalinismo" contenida en el denominado Informe secreto de 1956 pronunciado en ocasión del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. Sería desde luego desleal pretender que Kruschov estuviese a la altura de Hegel, pero es curioso que la tragedia y el horror de la Rusia soviética continúen imputándoseles a una única persona, y de hecho a un único chivo expiatorio, como si no hubiese existido nunca el extraordinario análisis que en la Fenomenología del espíritu dedica a la «libertad absoluta» y al «Terror».

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(309) Trotsky (1988), pp. 845-6 (= Trotsky, 1968, p. 141).

(310) Para el análisis dedicado en estas páginas a Rosa Luxemburg me remito a Losurdo (1997), cap. VII, § 2.

(311) Stalin (1971-73), vol. 7, p.  120 (= Stalin, 1952-56, vol. 7, pp.  159-60).

(312) Bujarin (1969a), pp. 160 y 168.

(313) lbid, pp. 159 y 161.

(314) Bujarin (1969b), p. 113 y Bujarin (1969a), p. 169.

(315) Lenin (1955-70), vol. 38, p. 313. Hegel (1919-20), pp.  896-7. 140.

Los intelectuales

Sobre los Intelectuales

(Primera parte)

Roger Garaudy

A. SITUACIÓN DE LOS INTELECTUALES

Las primeras formas de la división del trabajo, al separar la actividad manual de la actividad espiritual, hicieron del trabajo intelectual un privilegio de la clase dirigente.

Esto es lo que muestra la historia de todas las sociedades esclavistas de la antigüedad. Para los griegos, el trabajo manual es únicamente cosas de los esclavos, en tanto que el pensamiento es patrimonio de hombres libres. Cuando Platón describe su “República” ideal, que no es más que una trasposición idealizada de la realidad ateniense, distingue, por una parte, a los que dirigen y piensan, y, en el otro polo, a los que ejecutan materialmente los trabajos. En los dos, una fuerza armada garantiza la obediencia de los ejecutantes.

Esta oposición del trabajo manual y del pensamiento constituye la raíz social del idealismo. En toda sociedad de clases, la separación entre el pensamiento ordenador y la producción material crea la ilusión, no solo de la independencia del pensamiento que “planea” por encima de la realidad material y de la acción práctica, sino también de la primacía del pensamiento.

El régimen feudal no modifica para nada esta situación. El trabajo manual es ejecutado por los siervos o por los artesanos de las ciudades, y las funciones dirigentes e intelectuales son el privilegio de los dos “órdenes” dominantes, de la nobleza y el clero; la primera ejerce las funciones de jefes militares, de administradores, de jueces, y el clero, estrechamente vinculado a la clase feudal, ya que poseía, como ésta, la propiedad de la tierra y gozaba de todos los privilegios sociales emergentes de esa propiedad, ejerce, prácticamente a la vez que ejercía casi todas las otras funciones intelectuales: no solo el ministerio religioso, sino la enseñanza, el trabajo artístico, literario, científico. También aquí la dominación de clase, con el agregado de la primacía de la religión, aseguran el privilegio de las funciones intelectuales, de los “espiritual” por encima de toda otra actividad.

Solo en el régimen capitalista dejan los intelectuales, no solo de identificarse con la clase dirigente, sino incluso de formar una clase homogénea. Las funciones intelectuales se diversifican. Por empezar, como lo hacía notar Antonio Gramsci, están las categorías de intelectuales que el capitalismo crea como sus propios órganos y “segrega” en cierta medida en el curso de su propio desarrollo: el técnico y el ingeniero, el especialista en economía política, los juristas que, sobre la base del nuevo derecho, son los encargados de elaborar en doctrina y de perpetuar en la práctica las nuevas relaciones de clase; los funcionarios del Estado burgués, los creadores de la nueva cultura y los que están encargados de difundirla y enseñarla.

Estas categorías de intelectuales, engendrados por el capitalismo, se desarrollan naturalmente con él. Su número no cesa de crecer, no solo porque crecen las exigencias técnicas del capitalismo, sino porque la clase dominante, la que posee los medios de producción, se descarga cada vez más de sus funciones técnicas y las confía a especialistas asalariados.

Cuánto más aumenta el número de intelectuales, más dependientes se tornan esos intelectuales de la economía capitalista y con más fuerza se ven sometidos a sus leyes.

Esto no rige solo para los ingenieros, que son pagados por los patronos para realizar las tareas técnicas; no solo rige para los periodistas de la prensa o la radio, empleados de la gran burguesía para ejecutar las tareas políticas de justificación del régimen; no solo rige para los educadores, funcionarios del Estado de clase a quienes la burguesía exige, cada vez más, retaceándoles cada día sus libertades, que difundan la ideología de la clase dominante. También rige para los pintores, los escritores, los músicos, los actores, los sabios, a quienes cada vez les resulta garantizar su propia “independencia”, incluso en la forma artesanal, y que dependen cada vez en mayor medida de los vendedores de cuadros, de los editores, de los laboratorios de las grandes firmas, de los empresarios de espectáculos, y cuya condición es cada vez más próxima a la de los asalariados en la dependencia con respecto a sus patrones.

Cada vez más fuertemente integrados en el régimen mercantil y sometidos a sus leyes, los propios creadores, cuando crean “valores”, crean “valores” en el sentido económico del término, mercancías sometidas a todas las vicisitudes de la especulación y la explotación.

Marx analizó en forma minuciosa esa evolución de la idea misma que la economía burguesa se hace del intelectual. Al recordar las teorías de Adam Smith sobre el trabajo “improductivo”, subraya que “se trata del lenguaje de la burguesía revolucionaria, que todavía no ha sometido a toda la sociedad. Todas estas profesiones elevadas, las del soberano, los jueces, los oficiales, los sacerdotes, etc., son puestas, desde el punto de vista económico, al mismo nivel que las de los lacayos y los bufones mantenidos por los ricos ociosos… en cuanto los trabajos intelectuales entran al servicio de la producción capitalista, se produce un viraje, y la burguesía trata de justificar, desde su propio punto de vista económico, lo que ha combatido hasta entonces”.1

Desde el punto de vista estrictamente científico de la economía marxista, que llama trabajo productivo a todo trabajo que produce plusvalía para el capitalista,2 “un escritor es un obrero productivo, no porque produzca ideas, sino porque enriquece al librero-editor y por lo tanto es asalariado por el capitalista.”3

Esta situación se torna cada vez más difundida entre los intelectuales, a quienes se puede agrupar, desde el punto de vista económico, en tres categorías principales:

1°Los funcionarios, como por ejemplo los profesores de la enseñanza pública, que reciben una parte de la plusvalía;

2° Los asalariados al servicio de las empresas capitalistas, como los ingenieros, los periodistas, pero también los escritores, la mayoría de los artistas que trabajan para grandes empresas de edición o de espectáculos. Estos son productores de plusvalía;

3° Los que producen, sea “mercancías” en forma artesanal (por ejemplo el pintor, que vende sus telas sin pasar por el comprador de cuadros), sea “servicios”, como los médicos o los abogados. Esta es la única categoría que se mantiene, en cierta medida, al margen del circuito de la plusvalía y que es la categoría de los “improductivos”.

Estas características de las diversas categorías de intelectuales nos permiten antes que nada definir sus posiciones de clase, medir su dependencia en relación con la clase dominante y entender las razones de su unión, cada vez en mayor número, a la lucha del proletariado.

Pero a medida que se acelera la decadencia de la burguesía, ésta hace que su dominación resulte cada vez más insoportable; antes que nada por el maltusianismo económico que caracteriza su decadencia, y también por miedo del espíritu crítico que la lleva a sacrificar la enseñanza y la cultura a la policía y el ejército, deja que se vayan degradando las condiciones de trabajo y de vida de los educadores. El salario real de un profesor es hoy es inferior en más de la mitad a lo que era hace cincuenta años, y los locales y los materiales no han crecido al ritmo de las necesidades. Por lo tanto, en el plano material, existe un rencor en relación con el Estado.

A esto se agrega la cólera que nace de razones políticas, de muchas usurpaciones del Estado con respecto a las tradicionales “libertades universitarias” y de las pretensiones discriminatorias que chocan con el tradicional liberalismo de la universidad.

Finalmente, hay razones ideológicas. Cuando la burguesía decadente arroja por la borda el racionalismo, que es una tradición nacional; cuando pisotea, en guerras colonialistas o en abandonos de la soberanía nacional, los intereses y el honor de la nación, los educadores, que se determinan gustosamente por motivaciones ideológicas, adquieren, cada vez en mayor número, conciencia del hecho de que es urgente que la burguesía deje de ser la clase dirigente si se quiere proporcionar un porvenir a la nación y su cultura.

Para los intelectuales directamente asalariados por los patrones, los problemas se plantean en forma distinta. El caso límite es el de los periodistas. El ejercicio de la profesión de éstos depende enteramente del patrono, que solo los emplea en la medida en que defienden, por dinero, las ideas conformes a los intereses de clase del empleador.

La situación del ingeniero es distinta. Es empleado por el patrono, a la vez como especialista de una técnica y como dirigente del personal. Por consiguiente, por sus funciones, es un auxiliar y un instrumento del capitalista, que le confía, no solo la responsabilidad de un trabajo técnico, sino también el mando subalterno de los obreros. Esta dualidad de funciones del ingeniero engendra una mentalidad particular: el papel del jefe se confunde para él con el de técnico, y el ingeniero termina por creer que el aumento de la productividad, aunque sea en detrimento de la salud física y mental del trabajador, o que las economías realizadas, aunque sea a expensas de la seguridad, forman parte de sus tareas técnicas. Y esta confusión le hace adoptar, concientemente o no, el punto de vista de clase del capitalista. Esta solidaridad con el patrono es tanto más fuerte cuanto que la capa privilegiada de los ingenieros participa de algunos de los privilegios del conjunto de los patronos: un tren de vida similar al de éstos, el ejercicio del mando.

Pero, a la inversa, la situación del asalariado lleva en sí el germen de una oposición a la clase patronal, y entre los ingenieros que no son los oficiales de estado mayor del capital sino los oficiales de tropa, los contactos directos con los obreros, si bien viciados por la ambigüedad y el equívoco de la función, permite a muchos de ellos -a una minoría- entender las posiciones de clase del proletariado y a veces de adoptarla.

Para aquellos intelectuales que han conservado una especie de situación artesanal, como por ejemplo ciertos artistas (y es significativo que un gran número de ellos, pintores o escultores, hayan exigido beneficiarse del estatuto fiscal del artesano) sus relaciones con las demás clases sociales, con la burguesía y con la clase obrera, reflejan la ambigüedad de su condición, que es la de todas las clases medias. Sus condiciones de trabajo como “independientes” se asemejan a las de la burguesía, pero la inseguridad del mercado de “productos de lujo”, el hecho de que sean víctimas de la especulación de los empresarios o de los vendedores de cuadros, y el hecho de que los hiera la trivialidad de la burguesía y de su régimen, los conduce hacia la clase obrera. Por el contrario, los separan de ésta su individualismo, su tendencia a la anarquía, que es la reacción habitual de la pequeña burguesía contra el gran capital que la amenaza y la oprime. La obsesión del artesano o el tendero es la de que pueden convertirse en obreros, “perder su independencia” integrándose a los engranajes de la fábrica. En el Manifiesto del Partido Comunista Marx analizó esta contradicción de las clases medias: “…luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales capas medias. No son, pues, revolucionarias, sino conservadoras. Más todavía, son reaccionarias, ya que pretenden volver atrás la rueda de la Historia. Son revolucionarias únicamente cuando tienen ante sí la perspectiva de su tránsito inminente al proletariado, defendiendo así, no sus intereses presentes, sino sus intereses futuros, cuando abandonan su propio punto de vista para adoptar los del proletariado”4

Por lo tanto no resulta sorprendente que esta toma de conciencia haya sido más rápida en las ramas más fuertemente organizadas en empresas capitalistas, y principalmente en las carreras de la cinematografía, y que una gran cantidad de artistas se haya incorporado al combate de la clase obrera y de su partido.

Recíprocamente, en los sectores en los que ese movimiento es muy lento o no ha comenzado aún -en medicina, por ejemplo-, esa evolución es la más difícil. La medicina es una de las categorías de intelectuales que no solo no es engendrada por el desarrollo del capitalismo, sino que conserva caracteres particulares, tradicionales, de su situación anterior. Las antiguas vinculaciones de la medicina con la religión, con las misteriosas virtudes del exorcismo y el milagro, han conservado en la profesión un carácter de casta, agravado por el modo de reclutamiento, que hace de la medicina una carrera de la que están prácticamente excluidos los jóvenes de extracción proletaria. Pero aquí, una vez más, el desarrollo de la medicina social, de los dispensarios, de los médicos de fábrica, ha arrancado al médico al particularismo tradicional y lo ha integrado más estrechamente, posibilitando que un buen número de ellos adquieran conciencia de los problemas que son los de la clase obrera, y posibilitará cada vez más el nacimiento de nuevas solidaridades.

Así, pues, en todas las categorías de intelectuales, mientras la burguesía quiere hacer de ellos sus empleados para las funciones subalternas de la economía, de la política, de la ideología, se dibuja con creciente energía una corriente de comprensión, de simpatía y, finalmente, de solidaridad con la clase obrera, y ello por dos razones principales:

       -En primer lugar porque las condiciones de vida de muchos intelectuales tienden a aproximarse a las condiciones de vida de la clase obrera debido al maltusianismo intelectual de la burguesía decadente;

       -Luego porque los intelectuales, más sensibles que las otras capas de la clases medias a las condiciones ideológicas, adquieren con mayor facilidad conciencia de la bancarrota del pensamiento burgués, de la superioridad teórica del socialismo y del papel histórico de las luchas de la clase obrera.

Esto es lo que hacía notar Marx en el Manifiesto del Partido Comunista: “En los periodos en que la lucha de clases se acerca a su desenlace final, el proceso de desintegración de la clase dominante, de toda la vieja sociedad, adquiere un carácter tan violento, tan agudo, que una pequeña fracción de esa clase reniega de ella y se adhiere a la clase revolucionaria… Y así como antes una parte de la nobleza se pasó a la burguesía, en nuestros días un sector de la burguesía se pasa al proletariado, particularmente ese sector de los ideólogos burgueses que se han elevado teóricamente hasta la comprensión del conjunto del movimiento histórico”5.

¿Qué es entonces lo que puede frenar el paso de una gran cantidad de intelectuales al campo de la clase obrera y de su partido, cuando ese movimiento tiene fuentes objetivas tan profundas?

La corriente ya es poderosa, y ya ha pasado el tiempo en que los intelectuales solo adherían en forma individual al Partido Comunista y constituían excepciones. Hoy los profesores y los artistas, los abogados y los médicos, los sabios y los escritores son en gran número militantes del Partido Comunista francés. Ese número aumenta día a día, y no dejará de aumentar. La reciente creación de la Unión de Estudiantes Comunistas muestra qué atracción ejerce el comunismo sobre la juventud intelectual.

¿Pero cuáles son, en relación con este impulso histórico, objetivo, de los intelectuales en dirección del comunismo, los factores subjetivos que obstaculizan un movimiento aun más vasto?

Por empezar hay una razón común a todas las clases medias: el carácter híbrido, equívoco, de su situación de clase, que tiende a hacerlos oscilar entre los dos polos mayores de la sociedad: la burguesía y el proletariado.

Pero hay también razones propias a los intelectuales en cuanto tales.

Ellas provienen del hecho de que su situación misma les engendra ilusiones.

1° La primera de tales ilusiones es la abstracción. Debido a la división entre trabajo manual y trabajo intelectual, el intelectual, por lo general, no está en contacto directo con las cosas, sino solo con los símbolos de las mismas, y ya hemos hecho notar, desde el comienzo mismo, que ello crea condiciones favorables para el nacimiento de ilusiones. Por lo demás -también lo hemos visto- la ambigüedad de la situación del intelectual entre las diversas clases le proporciona el sentimiento de que no lo empuja ningún interés de clase y de que solo se determina en función de sus conocimientos. De ahí la ilusión de que las ideas que lo animan son independientes de las relaciones de clase y de que él, por encima de las clases, es el representante del interés general y de una moral independiente de las fuerzas económicas y de los antagonismos de clases. Gramsci hacía notar: “Los intelectuales se creen independientes y autónomos. Croce se cree más vinculado a Aristóteles y Platón que a sus contemporáneos”. En Francia esta ilusión ha encontrado su expresión más sistemática en la obra de Julien Benda, La trahison des clercs. Una interpretación idealista de la significación y el papel de los intelectuales franceses en vísperas de la revolución, y que tendía a hacer de ellos los representantes de una verdad absoluta frente al mundo feudal y al oscurantismo religioso, refuerza esta creencia en la autonomía del pensamiento y en su función de dirección social. Este pensamiento, separado del trabajo manual y de las relaciones concretas con lo real, es cautivo de la ilusión de ser la fuerza suprema y el ordenador del mundo. Ello se traduce en la práctica, ya sea por una evasión del mundo real, ya sea por la creencia en la posibilidad de solucionar por medio del pensamiento todas las contradicciones y de sustituir así la lucha brutal por la conciliación intelectual y la evolución pacífica. Este sesgo del espíritu predispone fácilmente al oportunismo. Ya hay en él la fuente de una negación del comunismo, por una parte, porque esta concepción de una moral independiente de las relaciones de clase y de un “objetivo” abstracto se encuentra en las antípodas del materialismo histórico; por otra parte, porque los métodos del oportunismo conciliador se encuentran en contradicción radical con la concepción revolucionaria de la lucha de clases y de la dictadura del proletariado.

2° La segunda ilusión es la del individualismo. En un estudio sobre Franz Mehring que escribió en 1903, en Neue Zeit, Karl Kautsky analizó notablemente las raíces de ese individualismo: el intelectual no está en oposición económica con respecto al proletariado. No es un capitalista. E incluso, si se lo compara con otras clapas de las clases medias, artesanos o agricultores pequeños y medianos, la cuestión de la propiedad de los medios de producción representa para él un papel prácticamente insignificante. Por lo demás, está obligado a vender el producto de su trabajo, y a menudo su fuerza de trabajo, aunque es cada vez más frecuente que sufra la explotación de los capitalistas.

Pero también es cierto que sus condiciones de vida son, en general, mucho más próximas a las de la burguesía que a las del proletariado, y sobre todo que sus condiciones de trabajo no son las del proletariado.

“El proletariado -escribe Kautsky- no es nada mientras sigue siendo un individuo aislado. Toda su fuerza, todas sus posibilidades de progreso, todas sus esperanzas, las extrae de la organización, de la acción concertada con sus camaradas. Se siente fuerte cuando forma parte de un organismo fuerte… el proletariado libra la lucha con la más grande abnegación, como un elemento de una masa anónima, sin tener en cuenta ventajas personales, glorias personales, cumpliendo con su deber en el puesto -sea cual fuere- en que se lo ubica y sometiéndose voluntariamente a una disciplina que penetra todos sus sentimientos y todos sus pensamientos.

“Otra cosa sucede con el intelectual.

“No lucha entregando su fuerza, sino con la ayuda de sus argumentos. Sus herramientas son su saber personal, sus aptitudes personales, sus convicciones personales. Solo puede adquirir alguna importancia si hace valer sus cualidades personales. La plena libertad de expresar su individualidad se le aparece como la primera condición de éxito de su trabajo. Solo se somete con esfuerzo a un objetivo determinado, y se somete a él por necesidad, y no por impulso personal. No reconoce la necesidad de la disciplina para la élite, pero sí para la masa, y por supuesto que se clasifica dentro de la élite.”6

Y Kautsky explica así la influencia ejercida por la concepción nietzcheana del “superhombre” sobre una gran cantidad de intelectuales. Esa visión del mundo reflejaba sus propias aspiraciones llevadas a sus últimas consecuencias. El doctor Stockman, en El enemigo del pueblo, de Ibsen, encarna también, en una forma típica, esa actitud fundamental del intelectual.

Al referirse a esos estudios de kautsky, Lenin, en Un paso adelante, dos pasos atrás, señalaba las características políticas de los intelectuales: “Lo que caracteriza en forma general a los intelectuales en cuanto capar particular en las sociedades capitalistas contemporáneas es… el individualismo y la ineptitud para la organización. Esto es lo que, entre otras cosas, distingue desventajosamente a esta capa social del proletariado; esto es también lo que explica la blandura y la inestabilidad de los intelectuales, cuyas consecuencias tan a menudo ha palpado el proletariado. Y esta particularidad de los intelectuales está íntimamente vinculada con las condiciones ordinarias de su vida, con sus condiciones de trabajo, que se asemejan en muchos sentidos a las condiciones de existencia de la pequeña burguesía (trabajo individual o en muy pequeñas colectividades, etc.)”7.

Y agregaba: “He aquí cómo el proletariado que ha pasado por la escuela de la fábrica puede y debe dar una lección al individualismo anárquico. El obrero conciente ha abandonado sus pañales hace tiempo; ya ha pasado el momento en que huía del intelectual en cuanto tal. El obrero conciente sabe apreciar ese más rico bagaje de conocimientos, ese más vasto horizonte político que encuentra entre los intelectuales socialdemócratas. Pero a medida que se forma entre nosotros un verdadero partido, el obrero conciente debe aprender a distinguir entre la psicología del combatiente del ejército proletario y la psicología del intelectual burgués que exhibe la frase anarquista. Debe aprender a exigir el cumplimiento de las obligaciones que incumben a los miembros del partido, y no solo a los simples adherentes, sino también a ‘los de arriba’”8.

Este individualismo es la fuente de todas las vacilaciones del intelectual. Por empezar, frena su paso al campo del proletariado, su adhesión al Partido Comunista, y lo hace oscilar largo tiempo sobre las posiciones del “intelectual de izquierda”, que ha adquirido conciencia de que la vida intelectual se torna imposible en el mundo de la burguesía, pero que todavía guarda distancia en relación con la clase obrera y, sobre todo, en relación con la organización de combate de la clase obrera, en relación con el partido. E incluso cuando da el paso, cuando el intelectual ha adherido al partido, ese individualismo lo persigue aún durante mucho tiempo, lo hace respingar contra las necesarias disciplinas del combate y le inspira recaídas en el idealismo, en contra de las exigencias concretas de la lucha de clases, en contra de los “medios” de esa lucha o del “tono” de las polémicas.

Y sin embargo, a través de todas esas vacilaciones, y luego de las inquietudes, crece una certidumbre cada vez más profunda en el intelectual que quiere romper valientemente con la esclavitud espiritual de la burguesía decadente. Es que ningún desarrollo auténtico de la cultura y la nación es ya posible sin la clase obrera y contra ella, y no se puede ya esperar un renacimiento de esa cultura y esa patria, si no es por la victoria política de la clase obrera.

Ese es el sentimiento profundo de Jaurés, cuando escribe: “Ahora ya no hay más que una clase que pueda proporcionar al pensamiento una fuerza social: el proletariado. Él, que, según la frase de Marx, no tiene nada que perder, más que sus cadenas, no teme verdad alguna, porque toda verdad le sirve, toda libre crítica que disgregue las concepciones anticuadas y falsas, prepara su advenimiento… La verdadera clase intelectual es la clase obrera, porque no necesita de mentira alguna”.

Así, los problemas de los intelectuales nacen de su misma situación.

Para escapar a las consecuencias espirituales de la decadencia burguesa, con sus mistificaciones, sus falsificaciones y sus mentiras, no hay otro camino, para los intelectuales, que el de unirse a las posiciones ideológicas del partido de la clase obrera.

No hay un “tercer camino”. Las tesis del XIV Congreso del Partido Comunista francés lo recuerdan con firmeza: “Es imposible conciliar la concepción capitalista del mundo y la concepción socialista” (Tesis núm. 45).

De ahí nacen los problemas de los intelectuales. Para escapar al fracaso de la burguesía que los ha formado, se ven obligados a apropiarse de un punto de vista que contradice fundamentalmente la abstracción y el individualismo que constituyen la herencia más tenaz de su formación burguesa. Superar esta contradicción, en todas sus formas, es el problema central de su vida, y el más angustioso.

 

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(*) Garaudy, Roger, Humanismo marxista (Cinco ensayos polémicos), parte IV, Sobre los intelectuales. Ediciones Horizonte, octubre de 1959, Buenos Aires, Argentina.

(1) C. Marx: Historia de las doctrinas económicas, II, págs. 186 y 188.

(2) Id., pág. 194.

(3) Id., pág. 13.

(4) “Manifiesto del Partido Comunista”, en Marx-Engels: Obras escogidas, B. Aires, 1957, pág. 21.

(5) Id., pág. 20.

(6) Karl Kautsky: “Franz Mehring”, en Neue Zeit, XXII, I.S., págs. 101-102, 1903, núm. 4.

(8) Lenin: Un paso adelante, dos pasos atrás, Obras escogidas, Ed. Problemas, B. Aires, 1946, t. I, pág. 402.

 

Literatura

Criticando al Crítico

Julio Carmona

EN ESTA OPORTUNIDAD, voy a tratar algunos temas propios de la literatura peruana, con el único afán —si se quiere, didáctico— de aclararlos, desde los puntos de vista del marxismo. Y nada mejor que hacerlo con alguien que durante toda su vida declaró estar ligado a él, y que ocupa un lugar relevante dentro de aquella. Me refiero a Miguel Gutiérrez Correa (Piura, 1940; Lima 2016). Todo lector o estudioso de la literatura peruana (entre los estudiosos incluyo a los estudiantes universitarios relacionados con ella) seguramente tiene un conocimiento mínimo de la obra y de la vida de Miguel Gutiérrez Correa (MG, en adelante) y están enterados, por supuesto, de ese vínculo político aludido. Aunque lo más probable es que pocos se habrán enterado de que en sus últimos años zanjó esa relación autodenominándose como un heterodoxo del marxismo, es decir, que ponía en salmuera algunos principios que son —o deben ser— inconmovibles para quienes lo adoptan como su «guía para la acción». Y el ver cómo se manifiestan esas defecciones es lo que me propongo hacer, después de haber leído un libro suyo titulado Vallejo narrador.1 En este, MG relaciona el poema «La araña», del libro Los heraldos negros, de César Vallejo, con un tema parecido presente en el cuento «Muro noroeste» (del libro Escalas, del mismo autor). Dice MG:

el único “suceso” de “Muro noroeste” es la matanza casual de una araña, bicho al que Vallejo le había dedicado un bello poema en LHN (p. 23).

Cuando MG se refiere a «la matanza casual de una araña», del cuento, lo que hace es referirse a una araña no específica, pues el artículo «una» indica indeterminación; pero luego agrega que es «bicho al que Vallejo le había dedicado un bello poema en LHN.» O sea que pasa a considerar a esa araña como que es el mismo bicho de otro texto (LHN); pero ambas arañas como sujetos específicos de cada uno de los textos, de ninguna manera, pueden ser el mismo bicho; en principio, porque el mundo imaginario del texto narrativo es la celda de una cárcel, y, en el texto lírico el mundo imaginario no tiene una definición precisa, dándose a entender que son dos muertes diferentes; porque, aunque se pueda suponer que la araña de la realidad —si la hubo— y pudo servir de base para ambas creaciones literarias, no se puede decir que haya sido el mismo «bicho». La elucidación de esto solo sería potestad del autor, César Vallejo, porque, incluso, esa muerte puede ser solo producto de su imaginación. Además, el mismo MG, más adelante (p. 27), dice que la araña del cuento es «otra araña (…) a la cual se refiere el narrador como una tranquila tejedora»; o sea que se ha hecho una mescolanza de apreciaciones que no vienen al caso. Y, en la misma p. 27, vuelve a tratar el asunto, y dice:

Uno de los temas constantes de Vallejo, es la oposición humano/animal, cuya primera manifestación, si no yerro, fue el hermoso poema de LHN «La araña» (…)

Lo primero que se expresa en esta cita es una generalización que resulta, por decir lo menos, exagerada, sobre la oposición humano/animal como temas constantes de Vallejo, porque afirmar eso, es una «constancia» que debe sustentarse con ejemplos, no plantearla al desgaire, pues un lector no iniciado en la obra de Vallejo puede hacerse la idea de que es un tema que está presente en la mayoría de (si no en todas) sus obras. Y este riesgo de confusión se amplía cuando líneas después agrega que «en la obra de Vallejo abundan los animales de toda especie como insectos y bestezuelas hasta el megaterio al que se alude en “La cabeza y los pies de la dialéctica” de Contra el secreto profesional.» Y ese lector aludido arriba puede hacer este cuestionamiento: ‘Además de la araña, ¿cuáles son los otros «insectos», y qué otro ejemplo hay de «bestezuelas» y, también, de «megaterios»?’ Aunque, para paliar su exageración y falta de pruebas, acota que «se han escrito tesis sugestivas sobre la zoología poética de Vallejo»; sin embargo, aparte de ser, esta, otra exageración: que hay varias tesis no especificadas, resulta que en la poética de Vallejo hay todo un zoológico, porque no otra cosa se entiende con eso de «zoología poética»; y lo peor es que si se retrocede a la cita aludida, en su primera línea, se ve ahí que la relación de Vallejo es de «oposición», entre él, como humano, y lo animal; textualmente dice MG: «uno de los temas (…) es la oposición humano/animal», y no me parece el término «oposición» el más pertinente, tal vez mejor hubiera sido decir vínculo (o como dice Marco Martos: «Vallejo se hermana con el caballo»)2, porque como en el caso de la «araña», lo que hay es identificación o solidaridad con su sufrimiento, igual ocurre —tomando el ejemplo sugerido por Martos— con el caballo del poema LVIII de Trilce, en el que el locutor poético dice ayudar al caballo que se ha herido una pata, a la que él llama pie (como igual lo hace con la araña) dice: «espumoso pie contra tres cascos», el cuarto casco es el pie herido del caballo, e, igualmente, en el poema LXI, en el que hasta se unimisman, caballo y jinete, pues este dice que el caballo «estornuda, cual llamando también, el bruto; / husmea, golpeando el empedrado.», al unísono que el jinete toca la puerta (es decir, no hay oposición entre ellos, sino complementación).

Para tratar otro tema, ligado a la estética, retrotraigo aquí las dos primeras citas referidas al poema «La araña», en las que MG usa dos términos para calificarlo: «un bello poema en LHN» y «el hermoso poema de LHN». Estas expresiones me hacen recordar que en un libro mío trato sobre la posición estética de MG3, y ahí digo que, a partir del nuevo siglo, empezó a declarar de manera explícita una posición esteticista, hedonista, y no asume como propia la tendencia estética realista que es lo que debe hacer un escritor marxista (y él siempre dijo no haber dejado de serlo), y una prueba de esa desviación se da en el texto cuyos párrafos estoy analizando, pues, por lo leído hasta aquí, en el abordaje que MG hace de la obra de Vallejo, pesa más su inclinación esteticista, ya que reduce su apreciación del poema «La araña» a solo los adjetivos «bello» y «hermoso», sin sugerir una interpretación de fondo. A pesar de que, al referirse al cuento de Kafka, «Informe para una academia», que trata sobre la conversión de —dice MG— «un ex chimpancé convertido en hombre» (cursiva mía), tiene una interpretación más profunda y dice que:

el lector se olvida de la improbabilidad fáctica de las historias para centrarse y pensar en el drama de los protagonistas que en realidad constituyen metáforas de la marginalidad y la soledad de los seres humanos (pp. 28-29. Cursiva mía).

Pero, antes de continuar con este tema de lo estético, voy a hacer una incisión en la frase «un ex chimpancé convertido en hombre», debo decir, primero, que, en el cuento de Kafka, en ningún momento aparece la expresión ex chimpancé. Es más, el personaje principal que es quien narra su historia, nunca la menciona para sí mismo; él usa solo el término “simio”, y, más aun, en un momento dice que descubre una rendija entre las tablas de su jaula, y fue algo que lo entusiasmó, pero, asimismo, lo desilusionó, porque por ella no podía meter ni su cola, y bien se sabe que el chimpancé no tiene cola. Y, en todo el cuento, la palabra chimpancé se menciona solo dos veces, una al comienzo para hacer referencia a ‘un pequeño chimpancé’ (que no es el protagonista) y al final del cuento cuando el narrador protagonista dice que llega a su casa donde lo espera un chimpancé hembra, no humanizada. O sea que el simio (cuya especie no se especifica, y pudo ser un gorila) no es un «ex chimpancé», y aun cuando se dijera que ese era su origen genético, no tenía por qué ser «ex», él hubiera seguido siendo chimpancé, solo que humanizado. Además, el no haber perdido su condición de simio es lo que él más hubiera deseado, pero libre en su hábitat original; sin embargo, piensa que es un logro lo que ha alcanzado: una especie de enajenación de la que es consciente, y es, en última instancia, el mensaje para todos los enajenados sociales.

Ahora bien, volviendo a lo estético, cuando se lee lo siguiente: «el lector se olvida de la improbabilidad fáctica de las historias», se tiene que decir lo siguiente, que ningún lector literario se va a preocupar por lo probable o improbable de las historias kafkianas (ni siquiera por las cervantinas de El Quijote de la Mancha), porque lo evidente es que se lee algo que no es verificable en la realidad; pero ese lector, sí, tiene que tratar de explicarse esos casos insólitos, y entonces, como sí lo hace en este caso MG (aunque no al tratar el poema de la «araña»), y así es como dice que el lector se desentiende de esa

improbabilidad fáctica (…) para centrarse y pensar en el drama de los protagonistas que en realidad constituyen metáforas de la marginalidad y la soledad de los seres humanos,

y lo resaltado es interpretación (no obstante ser términos muy abstractos: marginalidad y soledad) y no solo solazarse y contentarse con decir que es un bello poema o un hermoso poema. Esto es puro esteticismo y hasta impresionismo. Y, volviendo a lo estético, MG agrega:

… no resulta forzado afirmar que Vallejo y Kafka comparten la obsesión por lo animal y las metamorfosis (ambos [¿Vallejo y Kafka?] desean convertirse en seres pequeños, nonatos y aun en cosas), no obstante los dos difieren en sus respectivas estéticas. Pero si en el arte narrativo Vallejo no puede competir con Kafka, es sin duda su par en el territorio de la poesía.

Aquí voy a analizar esta expresión: «… no resulta forzado afirmar que Vallejo y Kafka comparten la obsesión por lo animal y las metamorfosis (ambos desean convertirse en seres pequeños, nonatos y aun en cosas)» (p. 28). Y, en verdad, sí creo que resulta forzado (y hasta descabellado) que tan insignes y geniales autores sean psicoanalizados (de manera tan desaprensiva) para decir que «comparten la obsesión por lo animal y las metamorfosis». En principio, padecer una obsesión ya es referirse a un caso clínico; lo obsesivo ya no es una simple preocupación pasajera, la misma que termina cuando la causa que la motiva también cesa; pero como patología, por el solo hecho de ser reiterativa en los escritos de un autor cualquiera, no ha de devenir como caso clínico; si no resultaría que a muchos autores se les podría aplicar como propio lo expresado en sus textos, como es el caso del mismo Vallejo, de quien algunos críticos dicen que padeció de angustia (a pesar de que esta palabra no abunda en sus poemas4, y, así por el estilo, podría pasarse a una generalización de obsesiones en otros autores como, por ejemplo: el incesto, si un autor lo repitiera en varias de sus obras (particularmente, pienso que no debe hacerse ese vínculo: tema/autor).

Para establecer esta separación, el mismo Vallejo escribió en uno de sus versos «me han confundido con mi llanto».5 Sobre el particular, pues, se tiene que convenir que MG ha incurrido en un desface inaceptable en el ámbito de la crítica literaria: atribuir a los autores las incidencias planteadas por ellos en sus textos. La crítica, desde ya hace varias décadas (se puede decir que desde mediados del siglo XX), postula la separación del autor respecto de los avatares de sus personajes. Pongo el ejemplo de un texto publicado en 1957: «Un hecho de no difícil comprobación en la literatura narrativa de nuestros días, es el de la progresiva desaparición del autor, como tal, de las páginas de sus libros. Este hecho se acentúa a medida que avanza nuestro siglo, hasta llegar un momento en que se consigue la total objetividad narrativa y con ella la eliminación radical de la presencia del autor en sus obras»6. Y esta apreciación se hace mucho más lapidaria, aplicada a esta otra infeliz proposición de MG: «ambos desean convertirse en seres pequeños, nonatos y aun en cosas», esto, de ninguna manera, puede (y no debe) ser aplicado a Kafka y a Vallejo (por favor).

Después de lo último comentado, MG escribe lo siguiente: «no obstante los dos [Kafka y Vallejo] difieren en sus respectivas estéticas. Pero si en el arte narrativo Vallejo no puede competir con Kafka, es sin duda su par en el territorio de la poesía». Y sobre esto debo decir que, en primer lugar, en varios momentos de las incisiones que MG hace sobre la obra de ambos autores, incide en sus recursos literarios realistas. Ejemplo:

… en el Perú predomina la narrativa realista (p. 20) (que puede aplicarse a Vallejo).

En la primera parte el viaje está presentado desde una perspectiva lógico realista con descripciones muy precisas del lenguaje (p. 26).

… «Más allá…» prefigura ya la estética del realismo mágico (Ibid.).

… los dos acontecimientos son absolutamente inverosímiles, por la objetividad desprovista de adjetivos de su escritura y por la profusión de detalles realistas… (p. 28).

La historia solo puede tener lugar en este escenario y atmósfera urbanos que el autor ha creado con trazos realistas (p. 29).

Con esa muestra (aunque de pasada) no cabe otra clasificación de la estética de ambos que la del realismo; por lo tanto, es inapropiado decir que «difieren en sus respectivas estéticas», pues, entonces, debió verse obligado a decir cuáles son esas estéticas respectivas, en cada caso. Y esa misma obligación de pruebas es exigible para la siguiente afirmación: «no quiere decir que Vallejo no haya escrito algunos poemas flojos o versos de gusto discutible (p. 16, y, bueno, siempre se debe recordar que «en gustos y en colores» los críticos sí son discutibles).

Sobre el particular, lo que pasa es que MG —como otros tantos críticos— confunde estéticas con técnicas poéticas. De ahí que, de esa proposición, pase a decir que ‘Vallejo no puede competir con Kafka en el arte narrativo’, lo que corresponde advertir es que sus formas expresivas son diferentes, mas no que haya inferioridad o superioridad entre ellas, ya que responden a condiciones también diversas de ambos usuarios. Pasa, entonces, que MG está usando la palabra arte como la técne que decían los griegos (o el manierismo, como lo describe Hauser, como una manera o estilo del trabajo artístico, 1964, t. 1).

Por otro lado, decir que ‘en el territorio de la poesía sí hacen pareja’, también es inexacto, porque no cabe comparación entre los cinco libros de poesía de Vallejo, con los veinte o treinta poemas líricos aislados que se conocen de Kafka (sin que por ser pocos pierdan su valor); pero igual no debe hacerse la comparación con su narrativa (de cantidad inversa a la habida en la lírica), menos si solo va a ser para hacerles competir en una liza a la que ellos nunca aspiraron, y que, más bien, Vallejo rechazó. Dice: «… una justa (…) de fuerzas que se comparan y rivalizan (…) es necio, artificioso y antivital.» («Concurrencia capitalista y emulación socialista», en: Contra el secreto profesional, p. 11).

 

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(1) Miguel Gutiérrez Correa (2004). Vallejo narrador. Lima: Fondo Editorial del Pedagógico San Marcos.

(2) Marco Martos (2014). Poéticas de Vallejo. Lima: editorial Cátedra Vallejo.

(3) Julio Carmona (2016), Poética y política. Análisis a Confesiones de Tamara Fiol. California-USA: Windmills Editions.

(4) En Los heraldos negros, como título del poema «Nervazón de angustia»; en el soneto III de «Nostalgias imperiales»; en el poema «Aldeana», en «El tálamo eterno». En Poemas humanos, «¿Y bien? ¿Te sana el metaloide pálido?» y en: «De puro calor tengo frío».

(5) A propósito, el poeta/crítico Antonio Cisneros es el que hizo esto, calificó así a Vallejo: «es un poeta llorón». Y MG, sin nombrarlo, en el texto aquí comentado lo alude de la siguiente manera: «… resulta tristemente comprensible que poetas estimables se sientan aplastados por su grandeza [la grandeza de Vallejo], como ocurre con uno de los mejores poetas de mi generación que lleno de ansiedades y angustias (acaso por la sombra que él siente que le proyecta desde su tumba Vallejo), desde hace muchos años, infatigable y fatigante, viene denostando al inolvidable César con epítetos que pretenden ser irreverentes, pero que solo ponen en evidencia el resentimiento demasiado humano del agresor» (p.17). Que MG diga de Cisneros que es «uno de los mejores poetas de mi generación», lo que hace es comparar técnicas, y estas no explican la poesía de un país, para mí es un buen poeta formalista, pero esto no lo hace mejor de otros buenos poetas realistas de su misma generación; serán, siempre, diferentes. Remito al lector a una crítica que hago de Cisneros en un número anterior de CH.

(6) José Ma Castellet (1957). La hora del lector. Barcelona: Seix Barral, p. 15.


CREACIÓN HEROICA