martes, 1 de junio de 2021

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Próximamente en el Perú el libro de Eduardo Ibarra La Creación Heroica de Mariátegui y el Socialismo Peruano. Planteamiento de la Cuestión. Adelantamos aquí algunos extractos del mismo.

El libro se encuentra a la venta en librerías, puestos de libros y pueden hacerse pedidos al correo electrónico de CREACIÓN HEROICA.

Comité de Redacción.

01.06.2021.

 


 

Índice

Prólogo

Capítulo I

La Revista «Nuestra Epoca» y el Socialismo Peruano

Capítulo II

Apuntes Sobre la Creación Heroica de Mariátegui

Capítulo III

Una Vez Más Sobre la Creación Heroica de Mariátegui

Capítulo IV

Una Nota Reveladora

Capítulo V

Acerca del Socialismo Peruano

Capítulo VI

Una Vez Más Acerca Del Socialismo Peruano

Capítulo VII

Contribución a la Teoría de las Generaciones del Socialismo Peruano

Capítulo VIII

Observaciones Críticas a la «Primera Generación 1920-1945» Dizque del Socialismo Peruano

Capítulo IX

El Punto de Partida de la Revolución Peruana

Notas

Referencias Bibliográficas


Extractos:

Del capítulo I

En el estudio de este proceso genesíaco, las propias declaraciones de José Carlos Mariátegui son esclarecedoras. Veamos las más importantes.

Soy poco autobiográfico. En el fondo, yo no estoy muy seguro de haber cambiado. ¿Era yo, en mi adolescencia literaria, el que los demás creían, el que yo mismo creía? Pienso que sus expresiones, sus gestos primeros no definen a un hombre en formación. Si en mi adolescencia mi actitud fue más literaria y estética que religiosa y política, no hay de qué sorprenderse. Esta es una cuestión de trayectoria y una cuestión de época. He madurado más que cambiado. Lo que existe ahora en mí, existía embrionariamente y larvadamente cuando yo tenía veinte años y escribía disparates de los cuales no sé por qué la gente se acuerda todavía. En mi camino, he encontrado una fe. He ahí todo. Pero la he encontrado porque mi alma había partido desde muy temprano en busca de Dios. Soy un alma agónica como diría Unamuno. (Agonía, como Unamuno, con tanta razón lo remarca, no es muerte sino lucha. Agoniza el que combate). Hace algunos años yo habría escrito que no ambicionaba sino realizar mi personalidad. Ahora, prefiero decir que no ambiciono sino cumplir mi destino. En verdad, es decir la misma cosa. Lo que siempre me habría aterrado es traicionarme a mí mismo. Mi sinceridad es la única cosa a lo que no he renunciado nunca. A todo lo demás he renunciado y renunciaría siempre sin arrepentirme. ¿Es por esto por lo que se dice que mis rumbos y aspiraciones han cambiado? (I: 1988a: 154-155).

Con estos conceptos, el maestro ofreció una opinión general sobre su proceso ideológico, opinión que hace parte de una encuesta que, debida a Ángela Ramos, fue publicada en Mundial el 23 de julio de 1923. Entonces hacía aproximadamente tres años que José Carlos Mariátegui se había asimilado al marxismo y, desde esta atalaya, precisó, como acabamos de ver, los dos puntos extremos de su aludido proceso: sus veinte años de edad («cuando yo tenía veinte años») y su asimilación al marxismo («he encontrado una fe»). 

        Así, pues, es evidente que para entender el sentido de la frase «He madurado más que cambiado», es necesario tener en cuenta los indicados extremos.

        Pues bien, José Carlos Mariátegui tenía veinte años de edad en 1914 y, según señaló él mismo, entonces su actitud era «… más literaria y estética que religiosa y política…» Por lo tanto, cuando sostuvo que consideraba que más que cambiado había madurado, tuvo en cuenta lo que había sido en 1914, cuando tenía veinte años, y no lo que había sido en junio-julio de 1918, cuando aparecieron los dos números de la revista Nuestra Época; es decir, no se refirió en modo alguno a ninguna supuesta maduración suya desde su socialismo a lo Araquistain hasta su marxismo-leninismo.

        En consecuencia, con su comentada frase, lo que hizo fue aludir a los valores morales que, a sus veinte años, tenía ya en forma embrionaria. Por eso, en la mencionada encuesta, destacó uno de tales valores: la sinceridad.


Del capítulo III

La «orientación socialista» de José Carlos Mariátegui puede ser dividida en dos grandes etapas: una primera, no marxista, y una segunda, marxista. La primera va de junio de 1918 al primer semestre de 1920. Es la etapa del Mariátegui socialista a lo Araquistain. Es la etapa de la revista Nuestra Época, del Comité de Propaganda y Organización Socialistas, del diario La Razón, de la partida del maestro a Europa en octubre de 1919 y de las primeras estaciones de su itinerario en este continente. La segunda va del segundo semestre de 1920 al 16 de abril de 1930. Es la etapa del Mariátegui marxista. Es la etapa de su artículo «El cisma del socialismo», del Comité de Génova, de su participación en el Congreso de Livorno, de su activismo en el Partido Comunista Italiano, de su regreso al Perú para fundar «un partido de clase», de sus conferencias en la Universidad Popular Gonzáles Prada, de la revista Amauta y el periódico Labor, de sus libros 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana, Defensa del marxismo, Ideología y Política y El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy, de la fundación del Partido Socialista del Perú y la Confederación General de Trabajadores, de sus tesis presentadas al Congreso Sindical de Montevideo de mayo de 1929 y a la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana de Buenos Aires de junio del mismo año, de su moción de afiliación a la Tercera Internacional, etcétera, etcétera. Esta creación marxista, teórica y práctica, es la Creación Heroica de Mariátegui.


Del capítulo IV

Mariátegui señaló: «… la revista ‘Nuestra Epoca’, influida por la ‘España’ de Araquistain…» (I: 1986: 17); «… algunos escritores que del estetismo d’annunziano importado por Valdelomar habíamos evolucionado al criticismo socializante de la revista España, fundamos hace diez años Nuestra Epoca» (I: 1994b: 253-254); «… en ambos números [de Nuestra Época], se esboza una tendencia fuertemente influenciada por España, la revista de Araquistain, que un año más tarde reapareció en La Razón» (I: ob. cit.: 254). Como lo puede saber todo el que quiera saberlo, la tendencia ideológica de la revista España fue el socialismo reformista, evolucionista, democrático de la Segunda Internacional. Precisamente a esta influencia se refirió Mariátegui en sus afirmaciones citadas. Si Mariátegui hubiera considerado que Nuestra Época había sido una revista marxista, lo hubiera destacado, sin duda, pero, como se sabe, lo que subrayó fue aquella influencia, por la sencilla razón de que ella representaba la verdad de su revista y, de esta forma, puso de manifiesto la tendencia ideológica de la misma: el criticismo socializante. 


Del capítulo VI

Si en el período 1918-1920, Mariátegui, César Falcón y algunos otros activistas constituyeron el ala izquierda del socialismo no marxista (en la medida en que lucharon contra las expresiones extremas del ala derecha y se ligaron honradamente con las clases trabajadoras), ya marxista-leninista el maestro empeñó la lucha contra el anarquismo, el anarcosindicalismo, el socialismo reformista y el aprismo naciente.

Por eso puede decirse que, así como la Comuna de París fue la tumba de la escuela proudhoniana y de la escuela blanquista, en el Perú la acción de Mariátegui fue la tumba de las diversas escuelas premarxistas.

Por eso, hablar del nebuloso socialismo en general no solo es negar toda diferencia de principio entre el socialismo reformista y el socialismo marxista, sino también, en retrospectiva, es negar la nueva órbita y el nuevo rumbo que cobraron las luchas populares a partir de la acción de Mariátegui.

 

Del capítulo VII

Es de conocimiento general que José Carlos Mariátegui regresó de Europa «con el propósito de trabajar por la organización de un partido de clase.» (I: Mariátegui, 1986: 100). En la conferencia «La crisis mundial y el proletariado peruano», expresó dicho propósito al dejar sentada la premisa ideológica de la constitución del partido de la clase obrera peruana:

Aquí, como en Europa, los proletarios tienen que dividirse… en colaboracionistas y anticolaboracionistas, en reformistas y maximalistas.

Yo participo de la opinión de los que creen que la humanidad vive un período revolucionario. Y estoy convencido del próximo ocaso de todas las tesis social-democráticas, de todas las tesis reformistas, de todas las tesis evolucionistas. (I: 1969: 21-22).

De este modo dejó en claro que su proyecto no era constituir un partido del nebuloso socialismo en general, sino un partido del socialismo marxista-leninista en particular. Pero, consciente de las condiciones concretas nacionales, inicialmente el maestro desarrolló su labor de propaganda en el marco de la «nueva generación».

Por eso en la «Presentación de Amauta», señaló: 

Esta revista, en el campo intelectual, no representa un grupo. Representa, más bien, un movimiento, un espíritu. En el Perú se siente desde hace algún tiempo una corriente, cada día más vigorosa y definida, de renovación. A los fautores de esta renovación se les llama vanguardistas, socialistas, revolucionarios, etc. La historia no los ha bautizado definitivamente todavía. Existen entre ellos algunas discrepancias formales, algunas diferencias psicológicas. Pero por encima de lo que los diferencia, todos estos espíritus ponen lo que los aproxima y mancomuna: su voluntad de crear un Perú nuevo dentro del mundo nuevo. La inteligencia, la coordinación de los más volitivos de estos elementos, progresan gradualmente. El movimiento –intelectual y espiritual– adquiere poco a poco organicidad. Con la aparición de “Amauta” entra en una fase de definición.

[Amauta] es la voz de un movimiento y de una generación.   

… “Amauta” cribará a los hombres de la vanguardia –militantes y simpatizantes– hasta separar la paja del grano. Producirá o precipitará un fenómeno de polarización y concentración.

“‘Amauta” no es una tribuna libre, abierta a todos los vientos del espíritu. Los que fundamos esta revista no concebimos una cultura y un arte agnósticos. Nos sentimos una fuerza beligerante, polémica. No le hacemos ninguna concesión al criterio generalmente falaz de la tolerancia de las ideas. Para nosotros hay ideas buenas e ideas malas. En el prólogo de mi libro “La Escena Contemporánea”, escribí que soy un hombre con una filiación y una fe. Lo mismo puedo decir de esta revista, que rechaza todo lo que es contrario a su ideología así como todo lo que no traduce ideología alguna.

El objeto de esta revista es el de plantear, esclarecer y conocer los problemas peruanos desde puntos de vista doctrinarios y científicos. (I: 1986: 237 y 238-239).

La fase de definición de la que habló José Carlos Mariátegui concluyó en setiembre de 1928 con el editorial «Aniversario y balance».

En este editorial el maestro desahució el término «nueva generación» y, a fin de marcar diferencias con reformistas y  hayistas, clasistamente utilizó la palabra socialismo: «[Amauta] no necesita ya llamarse revista de la ‘nueva generación; «Para ser fiel a la Revolución, le basta ser una revista socialista»).(6) Así, pues, el concepto genérico y anfibológico de generación fue reemplazado por un concepto político de clase perfectamente definido.

Perfectamente definido, porque, con el término socialista, Amauta se afirmó categóricamente marxista. Prueba: en la tesis «Antecedentes y desarrollo de la acción clasista», su autor escribió: 

“Amauta”, en su Nº 17, el de su segundo aniversario, declara cumplido el proceso de “definición ideológica”, afirmándose, categóricamente, marxista. (I: ob. cit.: 104; cursivas nuestras).

Por eso, nadie que lea con un poco de inteligencia y un poco de rectitud, puede dudar del significado que tiene la palabra socialismo en «Aniversario y balance».

Así como tampoco puede dudar de que, con el término marxismo, José Carlos Mariátegui se refería al marxismo-leninismo, así como, con el título de Socialista, fundó un Partido Comunista.(7) 

De esta manera, pues, el maestro afirmó la independencia ideológica, política y orgánica del proletariado revolucionario.

Como se ha visto, José Carlos Mariátegui definió explícitamente la primera generación del Socialismo Peruano como una generación «adulta, creadora».

¿Qué quiso decir con estas palabras? Lo que quiso decir se infiere del hecho de que, precisamente en el contexto de su deslinde con la generación del «nuevo espíritu», escribió:

… Lenin, Trotsky, Stalin, procedían de una generación madura…  la obra concreta [de los comunistas rusos fue] la creación positiva de la U.R.S.S. (I: 1988d: 115-116).

Adulta-madura, creadora-creación: el lector perspicaz puede darse perfecta cuenta de qué quiso decir y qué dijo efectivamente José Carlos Mariátegui con las primeras palabras de cada una de tales parejas verbales.

La definición de la primera generación del Socialismo Peruano expresaba, pues, en dos palabras, lo que expresaban la definición de Amauta como categóricamente marxista (setiembre de 1928) y el establecimiento del marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP (octubre del mismo año).

En conclusión: la primera generación del Socialismo Peruano fue la generación «adulta, creadora», categóricamente marxista-leninista. Mérito histórico de esta generación fue haber fundado el marxismo peruano, el Partido Socialista del Perú, la Federación de Yanaconas, la CGTP.

He ahí pues el concepto mariateguiano de la primera generación del Socialismo Peruano.

En consecuencia, son miembros de la primera generación del Socialismo Peruano aquellos activistas que asumieron el marxismo-leninismo y, de forma particularmente destacada, aquellos que participaron en la fundación del PSP.

Esto es lo que enseña el análisis concreto de nuestra realidad concreta.

 

Capítulo VIII

En la polémica entre Mariátegui y Haya, Magda Portal se alineó con el segundo, y fue aprista convencida hasta 1948. Pero además de adversaria ideológica del maestro, con la misma bajeza de su mentor Haya, la Portal agredió moralmente al fundador del marxismo peruano llamándolo «paralítico», «hombre enfermo», «[con el cerebro] siempre iluminado por la fiebre». (II: 1999: 12).(4)

Ciro Alegría fue activista del Apra desde su postrero año escolar (“varios muchachos del Colegio San Juan, formamos un Comité Aprista”). Según cuenta, en tal partido se discutía «la forma en que interpretaba el Apra el marxismo y sus diferencias con el comunismo» (I: 1978: 107). Es decir, en la polémica entre Mariátegui y Haya, Alegría, igual que Magda Portal, optó por el segundo, o sea, por la tergiversación hayista del marxismo. Alegría renunció al Apra solo después del II Congreso de este partido (1948). Su reconocimiento del magisterio de la revista Amauta, su elogiosa opinión sobre Mariátegui y sus declaraciones acerca de la influencia de la revolución rusa, no desmienten ni pueden desmentir su posición contraria al marxismo ni su largo aprismo.

 

Del capítulo IX

Ate cabos el lector: por un lado Mariátegui señala que en 1919 «La dirección del movimiento, no [podía] presentar la línea severamente sindical, revolucionaria, que Martínez de la Torre echa de menos en ella» y, por otro lado, subraya «el principio de un franco orientamiento doctrinario» de la revista Claridad, afirmación que, no obstante estar referida a un hecho específico, tiene un indudable alcance general. En efecto, es un hecho que «el principio» del orientamiento marxista-leninista que Mariátegui le imprimió al movimiento popular, es su primera conferencia en la Universidad Popular González Prada (junio de 1923).

Así, pues, la acción del maestro marcó una neta línea demarcatoria entre las luchas populares dirigidas por tendencias no marxistas y aquellas que entonces comenzaban a producirse bajo su dirección marxista.

Esto se expresa de alguna manera en las siguientes afirmaciones mariateguianas: 

… superando el modesto plano de su labor inicial, presentar al pueblo la realidad contemporánea, explicar al pueblo que está viviendo una de las horas más trascendentales y grandes de la historia, contagiar al pueblo de la fecunda inquietud que agita actualmente a los demás pueblos civilizados del mundo. 

Aquí, como en Europa, los proletarios tienen, pues, que dividirse no en sindicalistas y socialistas –clasificación anacrónica– sino en colaboracionistas y anticolaboracionistas, en reformistas y maximalistas. Pero para que esta clasificación se produzca con nitidez, con coherencia, es indispensable que el proletariado conozca y comprenda en sus grandes lineamientos, la gran crisis contemporánea. De otra manera, el confusionismo es inevitable. (I: 1969: 21-22).

Es decir, aquella línea demarcatoria, enunciada con especial énfasis por Mariátegui, tuvo un alcance general que, a lo largo del tiempo, se evidenció en el ciclo de conferencias en la Universidad Popular, en la revista Claridad desde su número 5, en el libro La escena contemporánea, en la revista Amauta, en la constitución del PSP, en la publicación de 7 ensayos y de los artículos que finalmente compusieron Defensa del marxismo, Ideología y política y El alma matinal, en el periódico Labor, en la constitución de la CGTP, etcétera, etcétera, todo lo cual significó la superación del «confusionismo y desorientación de que fatalmente se resentía la acción obrera», del «tono incipiente, balbuceante, instintivo de la acción clasista de 1919», así como, al mismo tiempo, representó la superación del anarquismo, el anarcosindicalismo, el socialismo reformista, el hayismo, todo lo cual constituyó el inicio de la transformación del proletariado de clase en sí en clase para sí.

Así, pues, la lucha de clases en el Perú de las primeras décadas del siglo XX resulta incomprensible si no se reconoce la divisoria que marcó en el movimiento popular la dirección marxista-leninista de Mariátegui.

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