jueves, 1 de septiembre de 2016

Internacionales

Nota:

Publicamos a continuación dos textos en los que sus autores se pronuncian acerca de la dramática y difícil situación que atraviesan Venezuela y Brasil. El comunicado del ALBA llama a rechazar el golpe de Estado que se fragua en Venezuela y a solidarizarnos consiguientemente con el gobierno de Nicolás Maduro, llamado que suscribimos, poniendo a un lado nuestras diferencias ideológicas y teóricas con la dirección venezolana. La reacción interna venezolana y latinoamericana, así como el imperialismo estadounidense, se encuentran detrás de la desestabilización del régimen venezolano, al que no han dejado de atacar mediante el sabotaje económico, intentos de golpe de estado y otras medidas ilegales desde sus primeros tiempos. El segundo artículo es de autoría del pensador argentino Atilio Borón, en el que denuncia el golpe de estado parlamentario contra Dilma Rousseff por parte de un grupo de delincuentes congresistas, por eso sin ninguna moral para hacerlo, a la vez que muestra una justa actitud crítica con la política de Lula y de la propia Dilma Rousseff. Pero la reacción interna latinoamericana y el imperialismo norteamericano son los grandes y principales enemigos de Nuestra América, a la que quieren recolonizar y reencaminarla por el camino de la sumisión a los dictados del imperio yanqui. Desde Creación Heroica nos solidarizamos con los gobiernos y los pueblos de Venezuela y Brasil, porque, especialmente estos últimos son las primeras y grandes víctimas de las políticas del imperialismo y del capitalismo. Argentina es el ejemplo más gráfico de las consecuencias sociales para las grandes mayorías del regreso de la reacción interna. A la vez, los acontecimientos producidos en Brasil y los que están en curso en Venezuela deben llamarnos profundamente a la reflexión  acerca de los aciertos y las limitaciones de la izquierda latinoamericana, y, en especial, de la izquierda que lucha por el socialismo. Más que nunca está a la orden del día la lucha en el campo ideológico-cultural para desde ahí construir la hegemonía socialista. Más que nunca está a la orden del día la organización y movilización de los trabajadores. Más que nunca está a la orden del día la unidad latinoamericana frente a los embates del miserable sistema imperialista y capitalista que lleva al sufrimiento a miles de millones de personas en el mundo.

Comité de Redacción de Creación Heroica    

Comunicado Especial de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América
Tratado de Comercio de los Pueblos

Los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), manifiestan su solidaridad con la República Bolivariana de Venezuela, ante el llamado de factores antidemocráticos nacionales e internacionales, para derrocar su gobierno legítimo y constitucional el 01 de Septiembre de 2016.

El ALBA-TCP manifiesta su preocupación ante las amenazas contra el sistema democrático que ponen en riesgo la estabilidad política y la paz en la hermana República Bolivariana de Venezuela, lo que a su vez puede afectar la estabilidad de la Región.

Las oligarquías nacionales en asociación con factores internacionales intentan reeditar los lamentables hechos del 11 de abril de 2002, cuando propiciaron un golpe de Estado que generó violencia y muerte de ciudadanos inocentes, con el propósito de desconocer la voluntad del pueblo venezolano que, a través del voto popular, eligió en el año 2013 al Presidente Nicolás Maduro como sucesor del Comandante Eterno Hugo Chávez Frías.

El ALBA-TCP alerta a la comunidad internacional sobre la estrategia de desestabilización golpista que se desarrolla actualmente en Venezuela, enmarcada en un plan contra los gobiernos progresistas, populares y de izquierda de la Región, para dar al traste con sus sistemas de protección de derechos humanos y con los procesos de integración y unidad regional.

Caracas, 31 de agosto de 2016

La Tragedia Brasileña

Atilio A. Boron


Una banda de “malandros”, como canta el incisivo y premonitorio poema de Chico Buarque -“malandro oficial, malandro candidato a malandro federal, malandro con contrato, con corbata y capital”- acaba de consumar, desde su madriguera en el Palacio Legislativo de Brasil, un golpe de estado (mal llamado “blando”) en contra de la legítima y legal presidenta de Brasil Dilma Rousseff. Y decimos “mal llamado blando” porque como enseña la experiencia de este tipo de crímenes en países como Paraguay y Honduras, lo que invariablemente viene luego de esos derrocamientos es una salvaje represión para erradicar de la faz de la tierra cualquier tentativa de reconstrucción democrática. El tridente de la reacción: jueces, parlamentarios y medios de comunicación, todos corruptos hasta la médula, puso en marcha un proceso pseudo legal y claramente ilegítimo mediante el cual la democracia en Brasil, con sus deficiencias como cualquier otra, fue reemplazada por una descarada plutocracia animada por el sólo propósito de revertir el proceso iniciado en el 2002 con la elección de Luiz Inacio “Lula” da Silva a la presidencia. La voz de orden es retornar a la normalidad brasileña y poner a cada cual en su sitio: el “povao” admitiendo sin chistar su opresión y exclusión, y los ricos disfrutando de sus riquezas y privilegios sin temores a un desborde “populista” desde el Planalto. Por supuesto que esta conspiración contó con el apoyo y la bendición de Washington, que desde hacía años venía espiando, con aviesos propósitos, la correspondencia electrónica de Dilma y de distintos funcionarios del estado, además de Petrobras. No sólo eso: este triste episodio brasileño es un capítulo más de la contraofensiva estadounidense para acabar con los procesos progresistas y de izquierda que caracterizaron a varios países de la región desde finales del siglo pasado. Al inesperado triunfo de la derecha en la Argentina se le agrega ahora el manotazo propinado a la democracia en Brasil y la supresión de cualquier alternativa política en el Perú, donde el electorado tuvo que optar entre dos variantes de la derecha radical.

No está demás recordar que al capitalismo jamás le interesó la democracia: uno de sus principales teóricos, Friedrich von Hayek, decía que aquella era una simple “conveniencia”, admisible en la medida en que no interfiriese con el “libre mercado”, que es la no-negociable necesidad del sistema. Por eso era (y es) ingenuo esperar una “oposición leal” de los capitalistas y sus voceros políticos o intelectuales a un gobierno aún tan moderado como el de Dilma. De la tragedia brasileña se desprenden muchas lecciones, que deberán ser aprendidas y grabadas a fuego en nuestros países. Menciono apenas unas pocas. Primero, cualquier concesion a la derecha por parte de gobiernos de izquierda o progresistas sólo sirve para precipitar su ruina. Y el PT desde el mismo gobierno de Lula no cesó de incurrir en este error favoreciendo hasta lo indecible al capital financiero, a ciertos sectores industriales, al agronegocios y a los medios de comunicación más reaccionarios. Segundo, no olvidar que el proceso político no sólo transcurre por los canales institucionales del estado sino también por “la calle”, el turbulento mundo plebeyo. Y el PT, desde sus primeros años de gobierno, desmovilizó a sus militantes y simpatizantes y los redujo a la simple e inerme condición de base electoral. Cuando la derecha se lanzó a tomar el poder por asalto y Dilma se asomó al balcón del Palacio de Planalto esperando encontrar una multitud en su apoyo apenas si vió un pequeño puñado de descorazonados militantes, incapaces de resistir la violenta ofensiva “institucional” de la derecha. Tercero, las fuerzas progresistas y de izquierda no pueden caer otra vez en el error de apostar todas sus cartas exclusivamente en el juego democrático. No olvidar que para la derecha la democracia es sólo una opción táctica, fácilmente descartable. Por eso las fuerzas del cambio y la transformación social, ni hablar los sectores radicalmente reformistas o revolucionarios, tienen siempre que tener a mano “un plan B”, para enfrentar a las maniobras de la burguesía y el imperialismo que manejan a su antojo la institucionalidad y las normas del estado capitalista. Y esto supone la organización, movilización y educación política del vasto y heterogéneo conglomerado popular, cosa que el PT no hizo.

Conclusión: cuando se hable de la crisis de la democracia, una obviedad a esta altura de los acontecimientos, hay que señalar a los causantes de esta crisis. A la izquierda siempre se la acusó, con argumentos amañados, de no creer en la democracia. La evidencia histórica demuestra, en cambio, que quien ha cometido una serie de fríos asesinatos a la democracia, en todo el mundo, ha sido la derecha, que siempre se opondrá con todas la armas que estén a su alcance a cualquier proyecto encaminado a crear una buena sociedad y que no se arredrará si para lograrlo tiene que destruir un régimen democrático. Para los que tengan dudas allí están, en fechas recientes, los casos de Honduras, Paraguay, Brasil y, en Europa, Grecia. ¿Quién mató a la democracia en esos países? ¿Quiénes quieren matarla en Venezuela, Bolivia y Ecuador? ¿Quién la mató en Chile en 1973, en Indonesia en 1965, en el Congo Belga en 1961, en Irán en 1953 y en Guatemala en 1954?


Fuente: Revista electrónica Rebelión.

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