lunes, 1 de noviembre de 2021

Política

Nota:

 

Dado que las circunstancias han reavivado un poco –y no siempre debidamente– la discusión sobre el ultraizquierdismo gonzaliano, republicamos a continuación tres artículos cuyos contenidos giran en torno a la cuestión fundamental del desarrollo histórico del marxismo, cuestión sobre la cual el PC-SL, siguiendo a algunos autores nacionales y extranjeros, sostuvo el maoísmo como tercera etapa del marxismo, lo cual, entre otras cosas, trajo como consecuencia que, después de un tiempo, algunos epígonos suyos en punto a la cuestión levanten también el maoísmo con ese mismo rango.

 

De esa forma nos mostramos contrarios a la emocionalidad que han puesto en evidencia en las últimas semanas algunas personas, que han rumiado el delirante discurso del PC-SL, así como a las miserables y a veces macabras expresiones puramente hepáticas de personas cargadas de enfermizo anticomunismo.

 

De estos últimos no nos interesa agregar sino que se encuentran en el basurero de la historia. A los primeros les decimos que si de lo que se trata es de servir a la clase siendo constructivos, entonces es necesario comprender que no hay mejor forma de serlo que haciendo a un lado la gastada e inútil retórica y llevando adelante un verdadero debate de ideas basado en los hechos.

 

Aprovechamos la oportunidad para informar a nuestros lectores que el autor de los artículos que siguen ha preparado la segunda edición, aumentada y corregida, del libro El Pez Fuera del Agua, que esperamos pueda salir a luz en algún momento de la primera mitad del próximo año.

 

01.11.2021.

 

Comité de Redacción.     

 

 

¿Qué Hay Detrás del Maoísmo Delirante? 

 

Eduardo Ibarra 

 

Hablar de «maoísmo» y definirlo como «tercera etapa del marxismo» encierra ciertos problemas que examinaremos en estas líneas.

 

I

 

En Los fundamentos del leninismo, en Cuestiones del leninismo y en la Entrevista  con la primera delegación de obreros norteamericanos, Stalin hizo un análisis científico del leninismo revelando sus raíces históricas, sus aportes, su contenido principal y estableciendo su definición.

 

En los dos trabajos mencionados como en la Entrevista, el método de Stalin consiste en explicar la conciencia social por la existencia social, el desarrollo del marxismo por el cambio en las condiciones concretas, el surgimiento del leninismo por la transformación del capitalismo competitivo en imperialismo. Es decir el principio materialista le permitió a Stalin revelar las raíces históricas del leninismo y definirlo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. Por eso consideró que el leninismo es una época en el desarrollo del marxismo y no una etapa y, es esto, precisamente, lo que requiere explicación.

 

Stalin señaló: Rusia se convirtió en el hogar del leninismo»  porque era «el punto de convergencia de todas» las contradicciones del imperialismo» (Los fundamentos del leninismo). Con ello reveló la ligazón entre las condiciones particulares de la Rusia de principios del siglo XX y las condiciones generales de la nueva época histórica que dieron lugar al leninismo. Por eso pudo precisar: «el leninismo es un fenómeno internacional, que tiene raíces en todo el desarrollo internacional, y no un fenómeno exclusivamente ruso» (ibídem). De este modo, pues, esclareció el problema de las raíces históricas del leninismo.

 

Por otro lado, sostuvo:

 

… al desarrollar la doctrina de Marx en las nuevas condiciones de la lucha de clases, Lenin aportó al tesoro general del marxismo elementos nuevos en comparación con lo que le dieron Marx y Engels, en comparación con lo que se le pudo dar en el período del capitalismo preimperialista. (Entrevista).

 

Con ello dejó sentado que Marx y Engels desarrollaron la teoría marxista en la época del capitalismo premonopolista, en la época de la preparación del proletariado para el asalto a la fortaleza capitalista. En efecto, en El capital, Marx y Engels hicieron un análisis de las bases del capitalismo y en el Manifiesto comunista, La lucha de clases en Francia 1948-1950, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, la carta a Weydemeyer del 5 de marzo de 1852, La guerra civil en Francia, Crítica del programa de Gotha, Del socialismo utópico al socialismo científico y otros escritos hicieron el análisis de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado. Y dejó sentado también que, en las nuevas condiciones internacionales de la lucha de clases, Lenin analizó el imperialismo en trabajos como El imperialismo, fase superior del capitalismo y algunos otros y en Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, El estado y la revolución, La revolución proletaria y el renegado Kautsky, La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo y otros escritos desarrolló la teoría y la táctica de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado. Con ello esclareció las principales particularidades de la nueva situación histórica, la correlación de clases fundamental de nuestra época, la dirección principal de su desarrollo, el despliegue de la revolución proletaria y la instauración de la dictadura del proletariado.

 

Por eso agregó Stalin:

 

la verdad entera del leninismo es que no sólo hizo renacer el marxismo, sino que dio un paso adelante, prosiguiendo el desarrollo del marxismo bajo las nuevas condiciones del capitalismo y de la lucha de clase del proletariado. (Los fundamentos del leninismo; cursivas nuestras). 

Para finalmente definir así el leninismo: 

El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. O más exactamente: el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular (ibídem).

 

Es decir que, al actuar en la Rusia zarista punto de convergencia de todas las contradicciones del imperialismo, Lenin no pudo menos que revelar teóricamente el contenido de la nueva época histórica y el nuevo contenido de la lucha de clase del proletariado. Por eso el leninismo aparece como la expresión teórica de las condiciones generales del imperialismo y de la revolución proletaria.

 

Mao señaló:

 

Stalin, al explicar las raíces históricas del leninismo en su famosa obra ‘Los fundamentos del leninismo’, analizó la situación internacional en que nació el leninismo, analizó las distintas contradicciones del capitalismo, llegadas a su grado extremo bajo las condiciones del imperialismo, y mostró cómo ellas hicieron de la revolución proletaria una cuestión práctica inmediata y crearon condiciones favorables para el asalto directo al capitalismo. Además, analizó por qué Rusia fue la patria del leninismo, por qué la Rusia zarista constituía el punto de convergencia de todas las contradicciones del imperialismo y por qué el proletariado ruso se convirtió en la vanguardia del proletariado revolucionario internacional. De esta manera, Stalin analizó lo universal de las contradicciones del imperialismo, demostrando que el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, y, al mismo tiempo, analizó lo que de particular tenían estas contradicciones generales en el caso del imperialismo de la Rusia zarista, explicando por qué Rusia llegó a ser la cuna de la teoría y las tácticas de la revolución proletaria y cómo dicha particularidad encerraba la universalidad de la contradicción. Este análisis de Stalin nos ofrece un modelo para comprender la particularidad y la universalidad de la contradicción y su interconexión» (Obras escogidas, t. I).

 

Así pues, el surgimiento del imperialismo determinó el surgimiento del leninismo o, para decirlo de otro modo, el surgimiento de una nueva época histórica determinó el surgimiento de una nueva época en el desarrollo del marxismo.

 

 Brevemente, este es el método y estas son las conclusiones de Stalin en su análisis del leninismo; y, este método y estas conclusiones están vigentes.

 

II

 

Ahora bien, el imperialismo es la época en que un puñado de países capitalistas avanzados explota a una mayoría de países coloniales y semicoloniales. Por eso, desde la Revolución de Octubre la revolución democrática forma parte de la revolución socialista mundial. Como señaló Stalin en 1918:

 

La grandiosa significación mundial de la Revolución de Octubre consiste principalmente: 1) en que ensanchó el marco del problema nacional, convirtiéndolo, de problema particular de la lucha contra la opresión nacional, en el problema general de liberar del imperialismo a los pueblos oprimidos, a las colonias y semicolonias; 2) en que abrió amplias posibilidades y caminos efectivos para esta liberación, con lo que facilitó considerablemente a los pueblos oprimidos del Occidente y del Oriente la causa de su liberación, arrastrándolos al cauce común de la lucha victoriosa contra el imperialismo; 3) en que con ello, tendió un puente entre el Occidente socialista y el Oriente esclavizado, formando un nuevo frente revolucionario contra el imperialismo mundial, que va desde los proletarios de Occidente, pasando por la revolución rusa, hasta los pueblos oprimidos de Oriente. (La revolución de octubre y el problema nacional).

 

En efecto, la Revolución de Octubre tendió un puente y abrió un nuevo frente y, de este modo, se plasmó una nueva realidad que obligaba al desarrollo de la teoría. Por eso en 1922 Lenin hizo este importante llamado:

 

Vosotros tenéis planteada una tarea que no se había planteado antes a los comunistas de todo el mundo: apoyándoos en la teoría y la práctica comunes a todos los comunistas, debéis saber aplicar esa teoría y esa práctica, adaptándoos a condiciones específicas que no se dan en los países europeos; a condiciones en las que la masa fundamental la constituye el campesinado, y la tarea a resolver no es la lucha contra el capitalismo, sino contra las supervivencias del medioevo. Es ésta una tarea difícil y específica, pero extraordinariamente grata, pues se atrae a la lucha a una masa que no ha participado todavía en ella (…) En pequeña escala, hemos realizado en nuestro país lo que vosotros realizaréis en gran escala, en grandes países. (Informe en el II Congreso de toda Rusia de las organizaciones comunistas de los pueblos de oriente).

 

Pero Lenin no se limitó a lanzar este llamado; de hecho, él mismo y Stalin impulsaron el desarrollo de una teoría sobre la revolución en los países del mundo colonial. Y tan importante es esta teoría, que Mao escribió:

 

uno tiene que asimilar verdaderamente la esencia del marxismo-leninismo, tener una real comprensión de la posición, el punto de vista y el método marxista-leninistas, así como de la doctrina de Lenin y Stalin sobre la revolución en las colonias y en China, y saber aplicar todo ello para analizar de modo penetrante y científico los problemas prácticos de China y descubrir así las leyes de su desarrollo» (Obras, t. III).

 

Pero, como se sabe, fue Mao quien desarrolló una teoría sistemática sobre la revolución en los países atrasados y, desde luego, Mao hizo mucho más que eso.

 

Así, con el surgimiento del pensamiento de Mao, la teoría marxista experimentó un nuevo desarrollo. Pero, en tanto este desarrollo ha tenido lugar en la misma época del leninismo y no siempre se reconoce esta verdad, la comprensión del desarrollo histórico del marxismo se hizo controversial.

 

Pues bien, así las cosas, es un hecho que, entre quienes reconocen el aporte de Mao, la discrepancia consiste en determinar el lugar que le corresponde a tal aporte en el desarrollo del marxismo. ¿El pensamiento de Mao es una época en el desarrollo del marxismo, o, más bien, una etapa del marxismo de nuestra época? He aquí el fondo del problema.

 

Pero veamos cómo se presenta la cuestión a la luz del método y las conclusiones de Stalin. ¿Cuáles son los aportes de Mao al marxismo? ¿Cuál es el contenido principal y cuál el contenido fundamental de su pensamiento? ¿Cuáles son las raíces históricas del pensamiento de Mao? ¿Cómo puede ser definido?

 

El pensamiento de Mao tuvo su cuna en la China punto de convergencia de todas las contradicciones del imperialismo y, por consiguiente, es obvio que se formó en la época del imperialismo y de la revolución proletaria. Esto quiere decir que las raíces históricas del pensamiento de Mao son las mismas que las del leninismo. Pero la vieja China de la primera mitad del siglo pasado no era un país imperialista como lo era la Rusia zarista de principios del siglo XX, sino un país semicolonial y semifeudal. En consecuencia, «la tarea a resolver» allí no era «la lucha contra el capitalismo, sino contra las supervivencias del medioevo». Pero estas condiciones particulares de la China de entonces eran, como es obvio, parte de las condiciones generales del imperialismo, pues, como ha quedado dicho, el imperialismo es una época en que un puñado de países capitalistas avanzados explota a una mayoría de países coloniales y semicoloniales y, precisamente por eso, Lenin señaló que «La revolución social sólo puede producirse bajo la forma de una época que una la guerra civil del proletariado contra la burguesía en los países avanzados con toda una serie de movimientos democráticos y revolucionarios, comprendidos los movimientos de liberación nacional, en las naciones subdesarrolladas, atrasadas y oprimidas.» (Sobre la caricatura del marxismo y el «economismo imperialista»). Por tanto, puede decirse que si la revolución china es la continuación histórica de la revolución rusa en las condiciones de un país semicolonial y semifeudal, el pensamiento de Mao es un desarrollo directo del leninismo y, por consiguiente, un desarrollo del marxismo en general. Así, Sobre la nueva democracia es un desarrollo de Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, y la teoría de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado es un desarrollo de las tesis sustentadas por Lenin en su trabajo La economía y la política en la época de la dictadura del proletariado. En consecuencia, la teoría y la táctica de Mao sobre la revolución de nueva democracia es un desarrollo de la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, y su teoría y su táctica sobre la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado es un desarrollo de la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular.

 

Como bien se sabe, los aportes de Mao comprenden las tres partes integrantes del marxismo, pero el contenido principal del pensamiento de Mao es su teoría de la revolución de nueva democracia y su teoría de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado. Y si este es su contenido principal, su contenido fundamental es su aporte a la dialéctica.

 

Desde el siglo XVIII la revolución se desplaza de Occidente a Oriente. Pero día llegará en que se desplace de Oriente a Occidente. Por eso la lucha obrera urbana y la lucha campesina rural no pueden comprenderse sino como dos formas de lucha sucesivamente vigentes y hasta potencialmente coincidentes en el proceso en espiral de la lucha revolucionaria a escala mundial. De hecho, ambas formas de lucha son expresiones de un proceso único e indivisible, el proceso de la revolución proletaria mundial. Así, este proceso revela la ligazón entre el pensamiento de Lenin y el pensamiento de Stalin de una parte y el pensamiento de Mao de otra. Más claramente, si las condiciones particulares tanto de Rusia como de China marcaron la diferencia entre el contenido del pensamiento de Lenin y el pensamiento de Stalin de una parte y el pensamiento de Mao de otra, las condiciones generales de nuestra época marcaron el contenido común de los pensamientos de Lenin, Stalin y Mao.

 

III

 

Ni en Los fundamentos del leninismo, ni en Cuestiones del leninismo, ni en la Entrevista con la primera delegación de obreros norteamericanos ni en ninguna otra parte, Stalin habla del leninismo como de una etapa del marxismo. Pero posteriormente, los comunistas chinos escribieron que «Lenin desarrolló el marxismo y lo impulsó hacia una nueva etapa, la etapa leninista» (Adelante por el camino del gran Lenin). En 1961, en una serie de artículos en conmemoración del 90 aniversario de la Comuna de París, comunistas chinos plantearon por primera vez la tesis de «las tres etapas del marxismo» (ver Mavraquis, Kostas, Sobre el trotskismo). Luego, Lin Biao y otros presentaron el pensamiento de Mao como «la tercera etapa del marxismo». Por su parte, en el libro Historia de la filosofía, tomo II, los soviéticos hablaron de «El surgimiento de la etapa leninista». Entre nosotros, Mariátegui escribió en su Defensa del marxismo que es en la revolución rusa «donde hay que buscar la nueva etapa marxista». Por todo esto, pues, es necesario indicar que, mientras el movimiento comunista no afrontó el problema del lugar del pensamiento de Mao en el desarrollo del marxismo, el uso del término etapa no implicaba una seria confusión teórica, pero, una vez surgido este problema, la insistencia en su uso dificulta el correcto planteamiento y la correcta resolución del mismo. Como es claro, la primera circunstancia (el uso libre del término etapa) ha concluido hace tiempo y, por tanto, la segunda (la insistencia en el uso de dicho término) no es posible prolongarla más, pues hoy es necesario usar con rigor los términos en la discusión del problema que nos ocupa.

 

Pero tanto en Documentos fundamentales del PCP-SL como en ¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo! del MRI se utiliza arbitrariamente el término etapa y se silencia vergonzantemente el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria.

 

En Documentos fundamentales, por ejemplo, se dice: 

 

… el maoísmo no es reconocido plenamente como tercera etapa, pues, mientras unos niegan simplemente su condición de tal, otros sólo llegan a su aceptación como “pensamiento Mao Tsetung”. Y, en esencia, en ambos casos, con las obvias diferencias que entre sí tienen, niegan el desarrollo general del marxismo hecho por el Presidente Mao Tsetung; no reconocerle su carácter de “ismo”, de maoísmo, es negarle vigencia universal y, en consecuencia, su condición de tercera, nueva y superior etapa de la ideología del proletariado internacional. (Guerra popular en el Perú. El pensamiento Gonzalo, recopilación y edición de Luis Arce Borja, Bruselas, 1989).

 

Quienes «niegan simplemente» que Mao haya aportado al marxismo son, evidentemente, los detractores de Mao. Y quienes «llegan a su aceptación como “pensamiento Mao Tsetung"» son, obviamente, quienes reconocen sus aportes al marxismo. ¿Cómo es posible, entonces, que el autor de la cita afirme que «en esencia, en ambos casos, con las obvias diferencias que entre sí tienen, niegan el desarrollo general del marxismo hecho por el Presidente Mao Tsetung»? ¿Cómo es posible que sostenga que «no reconocerle su carácter de “ismo”, de maoísmo, es negarle vigencia universal»?

 

Bob Avakian tiene un trabajo titulado Las contribuciones inmortales de Mao Tsetung, en el que, como se sabe, demuestra de un modo incontestable que Mao desarrolló el marxismo. El trabajo data del año 1978, y en él su autor utiliza el término «pensamiento Mao Tsetung», y no el de «maoísmo». Preguntamos: ¿es que entonces Avakian negaba «el desarrollo general del marxismo hecho por el Presidente Mao Tsetung»? ¿Es que entonces negaba la «vigencia universal» del pensamiento de Mao?

 

Preguntémonos sobre otros casos. ¿El PCCH negaba «el desarrollo general del marxismo hecho por el Presidente Mao Tsetung» cuando utilizaba el término «pensamiento Mao Tsetung»? ¿Es que así negaba su «vigencia universal»?

 

¿El propio Mao negaba su aporte al marxismo al oponerse al intento de los guardias rojos de consagrar el término «maoísmo» y al recordarle a Lin Biao que la época histórica no ha cambiado y que el leninismo es precisamente el marxismo de nuestra época? ¿Es que así negaba la «vigencia universal» de su pensamiento?

 

¿El PCP, al adherir al pensamiento de Mao en la V Conferencia Nacional (1965), bajo el término «pensamiento Mao Tsetung», negaba «el desarrollo general del marxismo hecho por el Presidente Mao Tsetung»? ¿Es que así negaba su «vigencia universal»?

 

¿El mismo PCP-SL negaba «el desarrollo general del marxismo hecho por el Presidente Mao Tsetung» cuando suscribía el término «pensamiento Mao Tsetung», y no el término «maoísmo»? ¿Es que así negaba su «vigencia universal»? ¿Es que así, «en esencia»», «con las obvias diferencias», coincidía con quienes «niegan simplemente» a Mao?

 

Es evidente, pues, que «las obvias diferencias que tienen entre sí» los que «niegan simplemente» a Mao y los que «llegan a su aceptación como “pensamiento Mao Tsetung"», consisten, justamente, en que mientras los primeros rechazan el aporte de Mao al marxismo, los segundos lo reconocen. Pero el autor de la cita confunde las cosas hasta el punto de identificar a unos y otros en su desorbitado afán por descalificar a los segundos.

 

Para decirlo con otras palabras, el autor de la cita no se ha dado cuenta de que el problema en discusión consiste no en el reconocimiento del pensamiento de Mao como un desarrollo de la verdad universal del marxismo (esto es reconocido por todos los ortodoxos), sino más bien en dilucidar el lugar que le corresponde a dicho pensamiento en el desarrollo del marxismo.

 

IV

 

Si, según la gramática, el sufijo ismo sirve para formar sustantivos que designan doctrinas, sistemas, escuelas, movimientos, entonces hay que convenir en que puede hablarse no solo de marxismo sino también de engelsismo, no solo de leninismo sino también de estalinismo, pues tanto el pensamiento de Engels como el de Stalin forman parte de la verdad universal del marxismo. ¿O es que, sin confesarlo, se considera que estos pensamientos no tienen valor universal?

 

Por tanto, si solamente se tratase de la universalidad del pensamiento de los maestros del proletariado internacional, la doctrina proletaria tendría que denominarse «marxismo-engelsismo-leninismo-estalinismo-maoísmo».

 

Pero ocurre que la denominación de la doctrina del proletariado según las épocas de su desarrollo se ha consagrado teniendo en cuenta el peso específico de la contribución de cada maestro. En una nota de su famoso libro Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Engels sostiene que la teoría del proletariado «ostenta legítimamente» el nombre de Marx. Sin embargo Engels era consciente de su propia contribución a la formación del marxismo, que él, con grandeza ejemplar, consideraba como «una cierta parte independiente en la fundamentación, y sobre todo en la elaboración de la teoría» marxista.

 

¿Qué quiere decir esto? ¿Quiere decir, acaso, que el engelsismo quedó fuera de la denominación de la doctrina proletaria? ¿O quiere decir, más bien, que el término marxismo incluye el engelsismo? Obviamente el pensamiento de Marx es el pensamiento de Marx y el pensamiento de Engels es el pensamiento de Engels. Pero el término marxismo no es ya únicamente el pensamiento de Marx, sino también el pensamiento de Engels. Precisamente en este sentido es profusamente utilizado el término marxismo, que, por lo demás, es utilizado también para designar la doctrina proletaria en todo su desarrollo.

 

Por consiguiente, para denominar la primera época de la doctrina del proletariado existe un ismo, el marxismo, que no excluye sino que, por el contrario, incluye el engelsismo. Del mismo modo, para denominar el marxismo de nuestra época, existe también un ismo, el leninismo, que no excluye sino que, por el contrario, incluye el estalinismo.

 

Entonces, no es que, al no hablarse de engelsismo, se niegue la universalidad del aporte de Engels, sino que esta universalidad está contenida en el término marxismo. Del mismo modo, no es que, al no hablarse de estalinismo, se niegue la universalidad de los aportes de Stalin, sino que esta universalidad está contenida en el término leninismo.

 

Coincidiendo con Stalin, Mao señaló:

 

El leninismo es el marxismo de la era del imperialismo y de la revolución proletaria precisamente porque Lenin y Stalin han explicado correctamente estas contradicciones y han formulado la teoría y las tácticas correctas de la revolución proletaria para resolverlas. (Obras, t. I).

 

Obsérvese que Mao considera que el leninismo es lo que es precisamente porque Lenin y Stalin han explicado correctamente, etcétera. Esto quiere decir que Mao entendía por leninismo el pensamiento de Lenin más el pensamiento de Stalin, es decir del mismo modo como lo hemos planteado arriba.

 

El pensamiento de Lenin es, pues, el pensamiento de Lenin. Pero el leninismo es -ahora podemos decirlo- el pensamiento de Lenin, el pensamiento de Stalin y el pensamiento de Mao. Y como el marxismo es una doctrina en desarrollo, las cambiantes condiciones de la lucha de clase del proletariado determinarán nuevos desarrollos suyos en nuestra época. Pero una nueva época en el desarrollo del marxismo solo será posible cuando la humanidad pase a la época del comunismo.

 

Si se quiere, podemos ver el problema de los ismos desde el ángulo inverso. Si con el sustantivo marxismo implicamos el engelsismo y con el sustantivo leninismo implicamos el estalinismo, en cambio con el sustantivo engelsismo no implicamos el marxismo y con el sustantivo estalinismo no implicamos el leninismo. Por lo demás, con el sustantivo maoísmo tampoco implicamos el leninismo, pero, por supuesto, para los ortodoxos, el estalinismo y el maoísmo  están implicados en el sustantivo leninismo. Esta realidad linguística no es casual sino el resultado del uso histórico que por razones muy concretas ha consagrado precisamente estos y no otros contenidos de los mencionados sustantivos.

 

Estas constataciones demuestran, pues, que el problema de la denominación de la doctrina del proletariado quedó resuelto primero con el término marxismo y, luego, con el término marxismo-leninismo. Y cada uno de estos ismos, marxismo y leninismo, representa una época en el desarrollo de la doctrina proletaria.

 

El hecho de que el desarrollo del marxismo esté determinado por las condiciones concretas de la época histórica confirma el principio materialista de que la existencia social determina la conciencia social, y esto quiere decir que hablar de maoísmo como algo distinto al leninismo, o sea, como si hubiera estado determinado por una época distinta a la del imperialismo y la revolución proletaria, es negar el principio materialista.

 

El pensamiento de Mao tiene valor universal y, por tanto, puede hablarse de maoísmo. Ahora bien, es de conocimiento general que el mundo ha experimentado grandes cambios, pero no ha cambiado la época y, así, el aporte de Mao al marxismo, con todo lo grande que es, no corresponde a una nueva época histórica y, por tanto, en rigor no es correcto utilizar el término maoísmo en la denominación de la doctrina.

 

No obstante, por cuanto por evidentes razones el pensamiento de Mao le da al marxismo-leninismo su fisonomía actual, una razonable necesidad de demarcación política obliga a incluir el nombre del gran dirigente en la denominación de la doctrina proletaria. Así, es correcto hablar de la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao. Evidentemente, con esta denominación se rinde justo reconocimiento a todos los representantes del proletariado internacional, sin subestimar o menospreciar a ninguno.

 

V

 

Ahora podemos preguntarnos: ¿qué hay, pues, detrás del maoísmo delirante?

 

En primer lugar, una vergonzante negación del método de Stalin en su análisis del desarrollo del marxismo.

 

En segundo lugar, una sesgada negación del leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria.

 

En tercer lugar, una reducción del marxismo y del leninismo a la condición de etapas, siendo que tanto el primero como el segundo son más bien épocas en el desarrollo de la teoría del proletariado.

 

En cuarto lugar, un cierto antileninismo, una negación de ciertas tesis muy actuales de Lenin, en unos casos y, en otros, un antileninismo y un antimarxismo abiertos.

 

En resumidas cuentas, hay un método contrario al método de Stalin y, por consiguiente, unas conclusiones que niegan las conclusiones teóricas del autor de Los fundamentos del leninismo.

 

Esto es lo que hay detrás del maoísmo delirante.

 

Ahora bien, para desahuciar el método y las conclusiones de Stalin y demostrar la validez de sus propias proposiciones, el maoísmo delirante hubiera tenido que demostrar: 1) que el leninismo no es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria; 2) que tanto el marxismo como el leninismo corresponden no a las dos épocas del desarrollo histórico del capitalismo y de la revolución proletaria, sino únicamente a una u otra etapa de la época en que surgió cada uno de ellos; 3) que, por tanto, el método de Stalin es erróneo.

 

Es esto pues lo que hubiera tenido que hacer el maoísmo delirante, sencillamente porque, como señaló Lenin,

 

Cuando los ortodoxos han tenido que manifestarse contra ciertas concepciones anticuadas de Marx (como, por ejemplo, Mehring respecto de ciertas tesis históricas), lo han hecho siempre con toda precisión y de forma tan detallada, que nadie ha encontrado jamás en sus trabajos la menor ambigüedad. (Materialismo y empiriocriticismo, prólogo a la primera edición; cursivas nuestras).

 

Pero ocurre que, como está probado, el maoísmo delirante se ha mostrado ambiguo y, en más de treinta años, no se ha atrevido a manifestarse en forma franca, precisa, decidida y clara contra el método de Stalin, contra sus conclusiones teóricas.

 

Es decir, la definición del pensamiento de Mao como «tercera etapa del marxismo» se ha levantado sobre un silencio casi sepulcral acerca del análisis del leninismo realizado por Stalin. Decimos «casi sepulcral», porque conocemos una referencia a la cuestión aparecida en un documento del Partido Comunista de Nepal (Maoísta), titulado ¡El Mundo va a Cambiar de Base!, publicado en Un Mundo Que Ganar, nº 29, consistente en una alusión a «los errores de Stalin» («y del anterior movimiento comunista»), pero sin que el autor argumente con toda precisión y de forma detallada, por lo que es de todo punto imposible dejar de señalar que esa clase de acusación es ambigua.

 

Por su parte, sumergido en su maoísmo delirante, al escribir que “El maoísmo es la aplicación del marxismo-leninismo a los países atrasados, de la ofensiva estratégica de la revolución mundial y de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado” (Guerra popular en el Perú), Gonzalo no paró mientes en que, las tres cuestiones que apunta como las raíces históricas del maoísmo, son precisamente parte de nuestra época, de la época del imperialismo y de la revolución proletaria.(1) Por tanto, sin percatarse del alcance de su citada afirmación, implícitamente Gonzalo considera el maoísmo como una etapa del leninismo, que, como se sabe, es el marxismo de nuestra época, cosa que, sin embargo, paradójicamente, el jefe senderista niega con su definición del maoísmo como una etapa del marxismo (reduciendo así tanto el marxismo como el leninismo a simples etapas), y no como un desarrollo del marxismo-leninismo en tanto desarrollo del marxismo de nuestra época, en tanto desarrollo directo del leninismo. De esta forma pone en evidencia todo el embrollo que tiene en la cabeza en punto al tema en cuestión.

 

En las filas del maoísmo delirante, sin embargo, hay quienes dicen reconocer que el leninismo es el marxismo de nuestra época y, al mismo tiempo, levantan el pensamiento de Mao como «tercera etapa del marxismo».

 

Pero, evidentemente, eso es ya el colmo de la confusión. Y, en algunos casos, del confusionismo. 

 

La Reconstitución y la Verdad Universal del Proletariado

 

(Fragmento)

 

E.I.

 

Como es de conocimiento común, la constitución del Partido Socialista del Perú comprendió una lucha en los planos ideológico, teórico, político y orgánico. En el presente artículo me limitaré a una breve reseña del plano ideológico.

 

En los tiempos de Mariátegui, la cuestión del leninismo era una controversia fundamental. Entonces el maestro escribió el libro Defensa del marxismo (1), y acordó el marxismo-leninismo como la base de unidad del PSP: «El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha.» (Ideología y política, 1985, p. 160).

 

Así, pues, la adhesión al marxismo-leninismo fue el contenido ideológico de la Constitución del Partido.

 

Pues bien, la Reconstitución comprende igualmente una lucha en los cuatro planos aludidos arriba.

 

Específicamente, en el plano ideológico la lucha se presenta como la defensa del leninismo en tanto marxismo de nuestra época y del pensamiento de Mao en cuanto desarrollo del marxismo-leninismo.

 

Lenin señaló:

 

La época se llama precisamente época porque abarca toda una suma de diversos fenómenos y guerras, típicos y no típicos, grandes y pequeños, propios de los países avanzados y de los atrasados. Eludir estas cuestiones concretas por medio de frases generales acerca de la “época”, como hace P. Kíevsky, significa abusar del concepto “época”. (Obras escogidas en doce tomos, t. VI, Editorial Progreso, Moscú, 1976, p. 69).

 

Es decir, según esclareció el jefe de la revolución rusa, toda época histórica tiene un contenido concreto.

 

Por ello, Stalin apuntó:

 

Marx y Engels actuaron en el período prerrevolucionario (nos referimos a la revolución proletaria) cuando aún no había un imperialismo desarrollado, en un período de preparación de los proletarios para la revolución, en el período en que la revolución proletaria no era aún directa y prácticamente inevitable. En cambio, Lenin, discípulo de Marx y de Engels, actuó en el período del imperialismo desarrollado, en el período en que se despliega la revolución proletaria, cuando la revolución proletaria ha triunfado ya en un país, ha destruido la democracia burguesa y ha inaugurado la era de la democracia proletaria, la era de los Soviets. (Cuestiones del leninismo, ELE, Pekín, 1977, p. 3).

 

Es claro, pues, que entre las condiciones en que actuaron Marx y Engels y las condiciones en que actuó Lenin, existe, dentro del marco general de la continuidad del capitalismo, una discontinuidad: el paso del capitalismo competitivo al capitalismo imperialista y, dentro del marco general de la continuidad de la revolución proletaria, existe, asimismo, una discontinuidad: el paso de la preparación de dicha revolución al asalto directo de la fortaleza capitalista.

 

Estas discontinuidades, íntimamente ligadas entre sí, significaron el cambio de época histórica. Por eso, entre la teoría de la revolución de Marx y Engels y la teoría de la revolución de Lenin, existe, igualmente, en este caso dentro del marco general de la continuidad de los principios del marxismo, una discontinuidad: el leninismo es marxismo, pero es marxismo de nuestra época.

 

El imperialismo es la época en que un puñado de países capitalistas avanzados explota a una mayoría de países coloniales y semicoloniales y, así, la revolución proletaria y la revolución democrática se presentan directamente interconectadas: la segunda es parte de la primera.

 

No tener en cuenta la interconexión entre los países imperialistas y los países del mundo colonial, es no comprender el contenido de nuestra época y, por lo tanto, no tener en cuenta la interconexión directa entre el pensamiento de Lenin y el pensamiento de Mao, es escamotear la realidad de sus comunes raíces históricas.

 

Es decir, entre el pensamiento de Lenin y el pensamiento de Mao no existe ninguna discontinuidad de naturaleza raigal, de carácter epocal, sino por el contrario una interconexión directa: ambos pensamientos llevan el sello de nuestra época. Así, pues, el pensamiento de Mao aparece como un desarrollo directo del leninismo.

 

El pensamiento de Mao se desarrolló: 1) en función de la lucha de clase del proletariado en las condiciones generales del imperialismo; 2) en función de la particular realidad de un país semicolonial y semifeudal como la China prerrevolucionaria; 3) en función de la lucha de clases bajo la dictadura del proletariado.

 

Pues bien, en la segunda mitad del año próximo pasado, Jaime Lastra hizo circular un conjunto de artículos, entre los cuales hay uno de su autoría, «El marxismo y su desarrollo» (¿07.07.2013?), en el cual intenta argumentar el «marxismo-leninismo-maoísmo» que ha tomado de Abimael Guzmán.

 

En dicho artículo, dejó escrito:

 

… en mis estudios sobre esta cuestión cada vez me queda claro que la denominación de la doctrina no tiene que ver mecánicamente con la “época”, como que si bastara la aparición de esa nueva época para que automáticamente surja el conocimiento que le corresponda, sino con el tipo de conocimiento que se ha producido en esa época determinada. Y esto lleva, inevitablemente, a ver la causa del salto de la teoría (el desarrollo doctrinal) no en un determinado lapso de tiempo, sino en el contenido teórico de las soluciones a los nuevos problemas, logrado mediante la aplicación de la doctrina frente a una determinada realidad; es decir, el desarrollo de la teoría marxista se comprueba en un nuevo aporte teórico-práctico, corroborado por la experiencia. Resulta evidente que el nuevo aporte se da en un tiempo específico; es decir, en un periodo determinado, pero no es el tiempo el que genera el conocimiento, sino la práctica social correspondiente. Sabemos, como  caso similar, que tanto el tiempo como el espacio son formas fundamentales de la materia, pero no explican el cambio de la materia. Lo que explica su desarrollo son las contradicciones que operan al interior de la materia. Y es frente a esas contradicciones como se desarrolla la teoría. Tiempo y espacio reflejan solo la forma en que se plasma el desarrollo en tanto son condicionantes, más no determinantes. Por eso, es conocido el razonamiento materialista dialéctico de que no puede existir materia sin movimiento fuera del espacio y tiempo.

 

Este es el argumento central con el que Lastra pretende solventar su «marxismo-leninismo-maoísmo», argumento resultante, como dice, de sus «estudios de esta cuestión» y, por lo tanto, es suficiente que en estas líneas me limite a la crítica de sus términos.

 

Como hemos visto, Lastra califica de «mecánica» la relación establecida entre nuestra época y el leninismo, pero, no ha tenido la honradez intelectual de mencionar puntualmente a qué autores critica por el presunto mecanicismo.

 

En Los fundamentos del leninismo (1924), Stalin señaló: «El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria.» En el Programa del Partido del Partido Socialista del Perú (1928), Mariátegui sostuvo: «El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios.»(2) En Sobre la contradicción (1938), Mao subrayó: «Stalin analizó lo universal de las contradicciones del imperialismo, demostrando que el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria.»

 

Así, pues, según se implica de la afirmación de Lastra, los mecanicistas son Stalin, Mariátegui, Mao, entre otros teóricos marxistas que igualmente definen el leninismo teniendo en cuenta sus raíces históricas.

 

Lenin señaló:

 

Cuando los ortodoxos han tenido que manifestarse contra ciertas concepciones anticuadas de Marx (como, por ejemplo, Mehring respecto de ciertas tesis históricas), lo han hecho siempre con toda precisión y de forma tan detallada, que nadie ha encontrado jamás en sus trabajos la menor ambigüedad. (Materialismo y empiriocriticismo, prólogo a la primera edición, Editorial Progreso, Moscú, s.f., p. 14; cursivas mías).

 

Por lo tanto, si Lastra cree que los dirigentes mencionados arriba cayeron en mecanicismo al adherir al leninismo como el marxismo de nuestra época –y es esto, precisamente, lo que cree–, debió decirlo francamente y demostrarlo con toda precisión y de forma detallada, pero está claro que no ha sido capaz de proceder de acuerdo a esta norma marxista.

 

Luego dice nuestro articulista que no basta el surgimiento de una nueva época histórica «para que automáticamente surja el conocimiento que le corresponda.» Pero ¿quién ha planteado jamás que el surgimiento de, por ejemplo, la época del imperialismo y de la revolución proletaria, bastó para que surgiera «automáticamente» el leninismo?

 

De suyo se comprende que el surgimiento del leninismo se debió a la creación teórica de Lenin en las nuevas condiciones históricas, creación que, como es obvio, derivó de su participación en la lucha de clase del proletariado. La afirmación de Lastra no pasa, pues, de ser una falacia con la que escamotea las raíces históricas del leninismo. De esta forma reniega el método de Stalin en el análisis del desarrollo del marxismo.

 

También dice Lastra que «la denominación de la doctrina» tiene que ver «con el tipo de conocimiento que se ha producido en esa época determinada.»

 

Pero ¿qué quiere decir con la frase «tipo de conocimiento»? Ciertamente la frase es oscura y, de hecho, no dice nada. Pero inmediatamente después, agrega que «esto lleva, inevitablemente, a ver la causa del salto de la teoría… no en un determinado lapso de tiempo, sino en el contenido teórico de las soluciones a los nuevos problemas.»(3) Y redondea su idea diciendo que «no es el tiempo el que genera el conocimiento, sino la práctica social.» 

 

Como vemos, Lastra utiliza el concepto de tiempo en su acepción más general, en su acepción física, lo que se revela de un modo indubitable en sus afirmaciones finales: «tanto el tiempo como el espacio son formas fundamentales de la materia, pero no explican el desarrollo de la materia»; «Tiempo y espacio reflejan solo la forma en que se plasma el desarrollo en tanto son condicionantes, más no determinantes.»

 

Es decir, Lastra entiende nuestra época histórica–y toda época histórica– como mera fluencia de los años, haciendo desaparecer, de esta forma, su contenido concreto. Es decir, en último análisis, niega todo desarrollo histórico y la historia misma.

 

Ciertamente es la práctica social la que genera el conocimiento relativo a la sociedad, pero, puesto que Lastra ha suprimido en su argumentación el contenido concreto de nuestra época, su «práctica social» se revela como un concepto sin ninguna determinación concreta y, por lo tanto, como un concepto sin referente, como un concepto vacío. Lo mismo puede decirse de sus frases «los nuevos problemas», «una determinada realidad», «corroborado por la experiencia», «nuevo aporte».

 

Porque ¿cuáles «nuevos problemas», cuál «determinada realidad», corroboración de cuál «experiencia» y cuál «nuevo aporte» si, como hemos visto, nuestro «maoísta» pretende que la época del imperialismo y de la revolución proletaria es nada más que un «lapso de tiempo»?

 

Es un hecho, pues, que, sorprendentemente, en el curso de sus estudios sobre el leninismo, a Lastra le quedara cada vez claro que nuestra época histórica es un «lapso de tiempo» que, según se desprende de su argumentación, se limita a reflejar «la forma en que se plasma el desarrollo» del marxismo («de la materia», dice, o sea que para él el marxismo no es una doctrina, ¡sino un algo material!), pues, según le quedaba cada vez más claro también, el tiempo, es decir nuestra época histórica (en traducción nuestra), es condicionante pero no determinante de dicho desarrollo.

 

Este es el materialismo de Lastra: el ser social (las condiciones concretas de nuestra época), no determinan la conciencia social (el desarrollo del marxismo en el caso que analizo), y, de esta forma inverosímil, termina por escamotear las raíces históricas del leninismo y por convertir el propio desarrollo del marxismo en algo místico.

 

La verdad, sin embargo, es que las concretas condiciones de nuestra época y la lucha de clase del proletariado en tales condiciones determinaron el desarrollo del marxismo, es decir, el surgimiento del leninismo (4).

 

En consecuencia, la verdad, simple y sencilla, es que el leninismo es el marxismo de nuestra época, justamente porque su contenido expresa el contenido fundamental y las tendencias fundamentales del imperialismo y de la revolución proletaria, y esta realidad no tiene absolutamente nada de mecanicismo; por el contrario, es profundamente dialéctica, tal como lo explicó Mao:

 

Stalin, al explicar las raíces históricas del leninismo en su famosa obra “Los fundamentos del leninismo”, analizó la situación internacional en que nació el leninismo, analizó las distintas contradicciones del capitalismo, llegadas a su grado extremo bajo las condiciones del imperialismo, y mostró cómo ellas hicieron de la revolución proletaria una cuestión práctica inmediata y crearon condiciones favorables para el asalto directo al capitalismo. Además, analizó por qué Rusia fue la patria del leninismo, por qué la Rusia zarista constituía el punto de convergencia de todas las contradicciones del imperialismo y por qué el proletariado ruso se convirtió en la vanguardia del proletariado revolucionario internacional. De esta manera, Stalin analizó lo universal de las contradicciones del imperialismo, demostrando que el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, y, al mismo tiempo, analizó lo que de particular tenían estas contradicciones generales en el caso del imperialismo de la Rusia zarista, explicando por qué Rusia llegó a ser la cuna de la teoría y las tácticas de la revolución proletaria y cómo dicha particularidad encerraba la universalidad de la contradicción. Este análisis de Stalin nos ofrece un modelo para comprender la particularidad y la universalidad de la contradicción y su interconexión. (Obras escogidas, t. I, ELE, Pekín, 1972, p. 352).

 

Ahora bien, puesto que la época del imperialismo y de la revolución proletaria está vigente, entonces cae de su peso que el pensamiento de Mao se revela como un desarrollo directo del leninismo.

 

En conclusión: 1) Lastra reniega el método de Stalin en el análisis del desarrollo del marxismo; 2) no ha sido capaz de plantear ni siquiera medianamente bien la cuestión del leninismo; 3) sus argumentos, analizados aquí, son una suma de disparates; 4) por lo tanto, su «marxismo-leninismo-maoísmo» no tiene ningún asidero.

 

En el artículo «¿Reafirmación o reformulación de la Base de Unidad Ideológica?», circulado al mismo tiempo que el artículo que acabamos de analizar, Lastra sostiene lo siguiente: «Nuestra base doctrinal es el marxismo-leninismo, que al mismo tiempo, defiende los aportes de Engels, Stalin y Mao.» (5) En el mismo lugar, puede leerse también que se propone «reformular la Base de Unidad Partidaria». Esto  quiere decir que el artículo «El marxismo y su desarrollo» (título copiado de un artículo de Ramón García, dicho sea de paso) representa la posición personal de Lastra, quien, se sobreentiende, de esa forma está tratando de imponer su «marxismo-leninismo-maoísmo» como nueva base ideológica de su grupo.

 

La lucha por la Reconstitución del Partido de Mariátegui implica la adhesión de la militancia al marxismo-leninismo, es decir, a la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao. Este es el contenido ideológico de la Reconstitución y, por lo tanto, la base de la unidad ideológica del Partido: se unen los elementos doctrinariamente homogéneos, no los heterogéneos y, como es obvio, aquí no caben el eclecticismo ni el conciliacionismo, menos todavía la capitulación.

 

Así, pues, es deber de los marxista-leninistas deslindar con el rebajamiento del leninismo a simple «etapa del marxismo» y la caricaturización del pensamiento de Mao que, siguiendo los pasos de Guzmán, promueve Lastra en su grupo.

 

Para concluir: no sé si otros autores lo hagan, pero yo no pienso reclamar derecho de autor sobre algunas cuestiones que Lastra dice en su documento, aunque no puedo dejar de llamar la atención acerca de su irresistible inclinación a copiar de aquí y de allá, haciendo de todo un indigesto menjunje.

 

Notas

(1) Quienquiera que lea con inteligencia dicho libro, tiene que percatarse de que en sus páginas Mariátegui sustentó su adhesión al marxismo-leninismo.

(2) Con el término etapa (así como con los términos estadio y período, utilizados igualmente en el numeral 4 del Programa de Partido), Mariátegui se refirió a nuestra época histórica. Esto es indiscutible.

(3) Aquí también es menester preguntar: ¿quién ha planteado nunca que «la causa del salto de la teoría» es «un determinado lapso de tiempo»? Pero lo que hay que remarcar, es que Lastra cree –fíjese el lector– que «la causa» del desarrollo del marxismo, es «el contenido teórico de las soluciones a los nuevos problemas». Por cierto, esto es una enormidad, pues dicho «contenido teórico» es, precisamente, el propio desarrollo del marxismo. Esta enormidad está en evidente contradicción con lo que sigue inmediatamente en el texto de Lastra: que es «la práctica social» la que «genera el conocimiento». Esta contradicción demuestra, pues, que Lastra dice y se desdice, es decir, que tiene un embrollo en la cabeza.

(4) La lucha de clase del proletariado («práctica social» en el  artículo de Lastra), es, ella misma, parte constitutiva de nuestra época, siendo, precisamente, uno de sus contenidos fundamentales: ¿acaso nuestra época no es, al mismo tiempo que la del imperialismo, la de la revolución proletaria?

(5) La citada expresión revela que Lastra entiende los términos marxismo y leninismo con un alcance restrictivo, es decir, únicamente como el pensamiento de Marx y de Lenin respectivamente. Por eso se ve precisado a indicar que el término compuesto marxismo-leninismo, «al mismo tiempo, defiende los aportes de Engels, Stalin y Mao». ¿Defiende? ¿No es más bien que comprende?

 

02.07.214.

 

  

El Maoísmo Nominal de J. P. Ballhorn

  

E.I.

 

En los últimos días un compañero tuvo la iniciativa de remitirme el artículo «Hacia una defensa del maoísmo», de J. P. Ballhorn, publicado en dos partes, el 1 y el 11 de mayo de 2019, en el blog Viejo Topo. En dicho artículo, su autor dejó escrito lo que sigue:

 

Eduardo Ibarra sostiene que es un error hablar de “maoísmo”, pero en realidad solo se opone al empleo del término “maoísmo”, porque curiosamente sí está de acuerdo en que Mao ha desarrollado el marxismo y hasta esboza una sustentación de por qué lo considera así. Por este motivo llamo a la postura de Ibarra la “tesis nominal”(1), pues su resistencia a asumir el maoísmo se basa únicamente en una logomaquia. Cabe preguntarnos, ¿por qué esa renuencia terminológica? Eso es algo que podría comprender un trabajo aparte. Mientras tanto, lo que sí vamos anunciando es que las disputas sobre el lugar que le corresponde a Mao, la distinción entre “época” y “etapa” del marxismo, entre otras cuestiones problemáticas planteadas por Ibarra, las trataremos en el trabajo extenso y completo sobre el tema que nos convoca.

… entre quienes han tratado de negar la posibilidad del maoísmo desde un enfoque más o menos histórico, se encuentran Eduardo Ibarra, de quien ya comentamos algunas cosas (tesis nominal), y cuyo historicismo se ve empantanado por la perspectiva esquemática que aún conserva…

 

Como es lógico, nadie está obligado a responder cada cosa que se diga sobre las ideas de uno pero, por cuanto la interpretación torcida de los términos de mi aludido planteamiento puede conducir a confusión al lector en una cuestión tan importante como es el desarrollo del marxismo, no tengo más remedio que responder a Ballhorn.

 

En mi libro El desarrollo de la teoría del proletariado y el problema de su denominación (2012), expuse los términos de esta última cuestión.

 

No está demás señalar que en otros escritos he examinado también el problema de la denominación de la doctrina: por ejemplo en los capítulos I, II III y XXVII de mi libro El pez fuera del agua. Crítica al ultraizquierdismo gonzaliano (2010).

 

Pues bien, por las cosas que dice en su artículo, es improbable que Balhorn desconozca los mencionados textos, por lo que resulta escandalosa la falsificación que comete del fundamento de mi planteamiento: la ligazón intrínseca entre la cuestión del desarrollo del marxismo y la cuestión de su denominación actual.

 

Esta falsificación, de otro lado, revela que Ballhorn no ha sabido plantear los términos del problema del desarrollo del marxismo ni, por lo tanto, los términos de su denominación.

 

Como he recordado ya, en mi argumentación el problema de la denominación de la doctrina no puede ser resuelto al margen del desarrollo del marxismo; así, es un hecho que, en su análisis y su resolución, juega tanto el valor universal del desarrollo del marxismo concretado por Lenin como el carácter epocal de este desarrollo.

 

En Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Engels señaló que sin la obra de Marx «la teoría no sería hoy, ni con mucho, lo que es. Por eso ostenta legítimamente su nombre.»

 

Esta afirmación no significa que el pensamiento de Engels quedara fuera del marxismo, pues, como es obvio, está comprendido en él.

 

En Los fundamentos del leninismo, Stalin definió el leninismo como «el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria».

 

Esta definición no quiere decir que el pensamiento de Stalin quedara fuera del leninismo, pues, como es evidente, está comprendido en él.

 

Lo mismo puede decirse del pensamiento de Mao: puesto que este pensamiento tiene las mismas raíces históricas que el leninismo y, por lo tanto, no representa una nueva época en el desarrollo de la doctrina, está comprendido en el concepto de leninismo.

 

Es decir, el problema de la denominación de la doctrina quedó resuelto primero con el término marxismo y, después, con el término marxismo-leninismo.

 

Por eso, cuando los guardias rojos de la revolución cultural china acuñaron el término maoísmo, Mao les recordó que vivimos aún en la época del imperialismo y de la revolución proletaria, y que el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria (ver el Informe Político al X Congreso del PCCH).

 

Es decir, Mao se opuso a la incorporación del término maoísmo en la denominación de la doctrina. O sea, como diría Ballhorn, «curiosamente» Mao rechazó el término maoísmo, cayendo así en una «logomaquia».

 

Como se ve, nuestro articulista apunta alto.

 

Por lo expuesto, se comprende que la inclusión del término maoísmo en la denominación de la doctrina en calidad de «tercera etapa», implica la negación del leninismo como el marxismo de nuestra época y, por esta razón, el término «marxismo-leninismo-maoísmo» se revela improcedente.

 

En 1998, escribí:

 

… si la revolución china es una continuación de la revolución rusa en las condiciones de un país semicolonial y semifeudal, el pensamiento de Mao es un desarrollo directo del leninismo, pues sus raíces históricas son las mismas que las de éste. Sobre la nueva democracia es un desarrollo de Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, y la teoría de la continuación de la revolución en las condiciones del socialismo es un desarrollo de las tesis planteadas por Lenin en su artículo La economía y la política en la época de la dictadura del proletariado. En consecuencia, es correcto señalar que la teoría y la táctica de Mao sobre la nueva democracia es un desarrollo de la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, y su teoría y su táctica de la continuación de la revolución en el socialismo es un desarrollo de la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular. (El desarrollo de la teoría del proletariado y el problema de su denominación, Ediciones Creación Heroica, Lima, 2012, p. 65).

 

Esta cita da cuenta del desarrollo del marxismo concretado por Mao y, por eso, da al traste con la irresponsable acusación de Ballhorn de que niego «la posibilidad del maoísmo».

 

Víctima del embrollo que tiene en la cabeza, Ballhorn extendió sus acusaciones al decir que me opongo «al empleo del término “maoísmo”». Pero la siguiente afirmación de mi autoría echa por tierra esta otra acusación, tan irresponsable como la anterior:

 

El pensamiento de Mao tiene valor universal y, teniendo en cuenta esto, puede hablarse de maoísmo. Ahora bien, es de conocimiento general que el mundo ha experimentado grandes cambios, pero no ha cambiado la época, y, así, el aporte de Mao al marxismo, con todo lo grande que es, no corresponde a una nueva época histórica y, teniendo presente esto, no es correcto hablar de maoísmo, sencillamente porque para designar al marxismo de nuestra época existe un ismo consagrado, el leninismo, por el cual actualmente hay que entender no solo los pensamientos de Lenin y Stalin, sino también el pensamiento de Mao (ob. cit., pp. 67-68).

 

Es decir, si bien es cierto que el término maoísmo no se justifica en la denominación de la doctrina, puede utilizarse sin embargo para referirnos al pensamiento de Mao que, como se sabe, tiene valor universal. Así, he utilizado el mencionado término en diferentes contextos verbales, como por ejemplo no hace mucho en una nota de mi artículo La lucha interna del partido proletario (27 de febrero de 2019), publicado inicialmente en el blog CREACIÓN HEROICA y, luego, en forma de folleto, de manera que está al alcance de mi desorbitado crítico.

 

En el texto Concepción y método marxistas (escrito el 12 de noviembre de 1998 y publicado primero en forma de folleto, después en la red y por último como primer capítulo de mi libro El desarrollo de la teoría del proletariado y el problema de su denominación), escribí:

 

La lectura de El Capital da cuenta de que Marx era perfectamente consciente de la contradicción como el núcleo de la dialéctica (su análisis de la mercancía así lo demuestra). Y el despliegue de su exposición sobre el movimiento de la economía capitalista (así como, en general, el conjunto de su obra) demuestra que igualmente era consciente de la universalidad de la contradicción, de la particularidad de la contradicción, de la contradicción principal y el aspecto principal de la contradicción, de la identidad y la lucha entre los aspectos de la contradicción y del papel del antagonismo en la contradicción. En consecuencia, cae por su peso la pregunta: ¿en qué consisten, entonces, los aportes de Lenin y Mao a la dialéctica marxista, o, mejor dicho, cómo entender estos aportes?

Es posible que alguien quiera entender que la dialéctica de Marx y Engels es una dialéctica a la que le faltan los conceptos expuestos por Mao en su trabajo Sobre la contradicción. Pero la verdad es que la dialéctica de los fundadores es completa y no incompleta, es decir, es una dialéctica que no requiere ser completada. Esta es una sencilla verdad. Por consiguiente, puede decirse que los aportes de Lenin y de Mao a la dialéctica consisten en haber explicitado lo que en Marx y Engels no estaba completamente expuesto teóricamente, lo que en ellos se encontraba en cierto grado en estado implícito, latente, tácito, es decir, en haber expresado, argumentado, expuesto teóricamente la dialéctica de los fundadores. Y, esto no es poco mérito (ob. cit., pp. 30-31).

 

Ahora, veintiún años después y, como se verá enseguida, alardeando de sus lecturas, nuestro articulista ha dicho:

 

Mis lecturas de Hegel fueron radicalmente depuradoras de toda concepción vulgar que mantuviese hasta el momento acerca de la dialéctica, pero además me hizo reparar en algo clave: Lenin y Mao no habían hecho más que explicitar los distintos aspectos de la dialéctica marxiana, por tanto, en modo alguno sus reflexiones sobre la dialéctica podrían considerarse “desarrollos”. Esta conclusión no solo ponía en cuestión algún desarrollo de Mao en la dialéctica, sino también de Lenin…

 

Esta afirmación contiene una evidente repetición de mis argumentos acerca de la exposición de Lenin y Mao sobre la dialéctica. Sin embargo, no voy a reclamarle a Ballhorn pero, eso sí, no puedo evitar subrayar que el hecho pone en evidencia una criticable deshonestidad intelectual de su parte.

 

Pero además, debo llamar la atención sobre algo particularmente expresivo: al copiarme, Ballhorn agregó una idea de su cosecha: la negación de todo mérito de Lenin y Mao en la exposición de la dialéctica.

 

Como se ve, aquí también nuestro articulista apunta alto.

 

La afirmación de Ballhorn según la cual mi «historicismo se ve empantanado por la perspectiva esquemática que aún conserva», no merece en realidad mayor comentario, pues, como hemos visto, mi «perspectiva esquemática» consiste precisamente en haber planteado debidamente tanto los términos del problema del desarrollo del marxismo como del problema de su denominación contemporánea.

 

En conclusión, al reducir el problema de si el término maoísmo se justifica o no en la denominación de la doctrina a la cuestión del valor universal de los aportes de Mao, Ballhorn ha puesto de manifiesto que todo lo que hace es copiar el planteamiento de Abimael Guzmán, quien, a su vez, repite lo sustentado por otros autores.

 

Es decir, sin ser consciente en absoluto, Ballhorn se encuentra prisionero de una concepción nominal del problema de la denominación de la doctrina: no importa que el leninismo sea el marxismo de nuestra época, pues, según él, el término maoísmo debe aparecer de todos modos en la denominación de la doctrina. Como es claro, de tal guisa nuestro articulista escamotea la cuestión de la raíz histórica común del pensamiento de Lenin y el pensamiento de Mao.

 

Así, pues, el nominalismo de Ballhorn –como el de algunos otros–, es un verdadero punto muerto en su argumentación, así como, por otro lado, al calificar mi planteamiento de «nominal», se muestra como el ladrón que grita ¡al ladrón!

 

Y bien, confutadas sus acusaciones, resta esclarecer algunas otras cuestiones contenidas en su artículo. Veamos estas cuestiones.

 

Es un hecho que Ballhorn ha tomado de Abimael Guzmán la definición del maoísmo como «nueva, tercera y superior etapa del marxismo». Sus propias declaraciones lo confirman:

 

… buscar por primera vez una sustentación del maoísmo como “nueva, tercera y superior etapa del marxismo”…

 

Ya ha quedado precisado lo incorrecto del término marxismo-leninismo-maoísmo; ahora, para exponer lo que encierra la definición del maoísmo como «nueva, tercera y superior etapa del marxismo», es suficiente copiar lo que escribí al respecto en diciembre de 2002:

 

… analicemos la lógica del jefe senderista desde el interior de ella misma. La definición del maoísmo como “tercera etapa del marxismo” encierra la idea de que es “una nueva etapa”, pues es evidente que no podría ser una “tercera…”, si fuese una “nueva etapa”. De manera que definir el maoísmo como “nueva, tercera… etapa del marxismo”, es un pleonasmo. En consecuencia, la inclusión del concepto nueva en la definición del pensamiento de Mao, sencillamente no se justifica. En el mejor de los casos, sirve ahí como un elemento de apoyo para darle sonoridad a la expresión, pero nada más. Y esto puede tener algo de literario, pero no tiene nada de científico.

Por lo demás, es evidente que no es correcto plantear a secas que el maoísmo es superior al leninismo y al marxismo. En todo caso, esto requiere explicación. En su contenido más general, el marxismo es la concepción del mundo del proletariado revolucionario, y ni en Lenin ni en Mao existe nada superior a esta concepción como tal concepción, pues la concepción del mundo de Lenin y Mao es la concepción del mundo de Marx y Engels. Por consiguiente, a fin de esclarecer el problema, es necesario hacer una distinción entre concepción y teoría, es decir, entre principios y elementos teóricos. Precisamente Stalin hizo esta distinción  en la Entrevista con la primera delegación de obreros norteamericanos, al señalar que “Lenin no ‘añadió’ ningún ‘principio nuevo’ al marxismo, sino que “aportó al tesoro general del marxismo elementos nuevos en comparación con lo que se le pudo dar en el período del capitalismo preimperialista”. Por eso agregó que “los elementos nuevos que Lenin aportó al tesoro del marxismo se basan plena y enteramente en los principios sentados por Marx y Engels”. Por eso precisó que “en este sentido, precisamente, decimos nosotros que el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias”. Esto quiere decir que en este sentido, y solo en este sentido, que puede decirse que el leninismo es un desarrollo del marxismo: en el sentido de que, en la esfera de la teoría, es un salto, así como aquella otra de los principios es una continuación del marxismo. Esto significa que solo en un sentido especial el leninismo puede ser considerado como superior al marxismo y el pensamiento de Mao como superior al leninismo: en el sentido de que, entendido como una época en el desarrollo del marxismo, el leninismo comprende elementos teóricos que representan un nivel más alto de la praxis revolucionaria en comparación al marxismo, y que el pensamiento de Mao comprende a su vez elementos teóricos que representan un nivel más alto de la praxis revolucionaria en comparación al leninismo entendido, en este caso, como el pensamiento de Lenin y Stalin. Pero, en la medida en que el jefe senderista no utiliza el término superior en este sentido especial sino en su acepción gruesa, lo que hace es sobrevalorar el pensamiento de Mao en detrimento del leninismo y el marxismo. (El pez fuera del agua. Crítica al ultraizquierdismo gonzaliano, editor Charles Jaime Lastra, Lima, 2010, pp. 36-37).

 

Asimismo, nuestro articulista niega la existencia de la filosofía y de la economía política marxistas. Argumentando lo primero, afirma que la tesis de las tres partes integrantes del marxismo «se cae por completo», porque en el libro La ideología alemana sus autores no fundaron «una nueva filosofía», sino que proclamaron «el fin de la filosofía» y, argumentando lo segundo, sostiene que Marx «nunca pretendió elaborar una nueva teoría económica», sino únicamente «una crítica de la economía política». De esta forma, Ballhorn castra el marxismo con el resultado de que lo reduce a solo socialismo científico: «este aspecto, el político-práctico, es el que realmente hace el cuerpo del marxismo como doctrina», dice en su artículo.

 

Pero ocurre que, precisamente en Tres fuentes y tres partes integrante del marxismo, Lenin señaló:

 

Su doctrina [la de Marx] apareció como continuación directa e inmediata de las doctrinas de los más grandes representantes de la filosofía, la economía política y el socialismo.

La doctrina de Marx es todopoderosa porque es exacta. Es completa y armónica, dando a los hombres una concepción del mundo íntegra… El marxismo es el sucesor natural de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés.

… estas tres fuentes del marxismo… son, a la vez, sus tres partes integrantes. (Marx, Engels, Marxismo, recopilación, Editorial Progreso, Moscú, s.f., pp. 61-62) 

 

Pero Ballhorn desvaloriza el texto de Lenin porque, según dice, se trata de «… un folleto de divulgación, es decir, no [de] un trabajo teórico sobre el marxismo…». De esta forma sugiere que Tres fuentes y tres partes no tiene ningún valor teórico y, así, pone en evidencia que ignora que, en la literatura marxista, la diferencia entre un texto que puede llamarse «de divulgación» y otro que puede llamarse «teórico», no reside en que el primero traiciona la exposición veraz de la estructura del marxismo, de sus principios y de sus ideas cardinales. Ejemplo relevante de esto es el libro de Lenin El imperialismo, fase superior del capitalismo. Como es de conocimiento general, este libro estudia el capitalismo monopolista como la fase superior del capitalismo, así como lo que esta fase significa en su relación con la revolución proletaria mundial; por eso, constituye un hito en la historia del pensamiento marxista; y sucede que este libro, de indudable valor teórico, lleva precisamente el siguiente subtítulo: «esbozo popular», es decir, «folleto de divulgación»(1).

 

Es preciso señalar, además, que el intento de desintegrar las partes del marxismo apareció hace mucho entre autores que sostenían que el marxismo surgió sin el fundamento de una filosofía y que, por lo tanto, se trata únicamente de una teoría económica y política, como sostuvieron, por ejemplo, los revisionistas de la Segunda Internacional. Este planteamiento es lo que Ballhorn pretende reciclar.. Ocurre, sin embargo, que la crítica de Marx y Engels a la filosofía clásica alemana fue realizada sobre la base de un determinado instrumental teórico, precisamente filosófico, cuyo proceso de formación en las primeras obras de los fundadores resulta expresivo por sí mismo; no obstante, esta realidad no ha merecido la más mínima atención por parte de nuestro articulista. ¿Cómo Marx y Engels hubieran podido desarrollar la crítica de la filosofía de Hegel y Feuerbach si no hubieran contado con un instrumental teórico propio, con una filosofía nueva por principio? Cualquier filosofía no puede ser criticada realmente sino sobre el plano de la filosofía.

 

La crítica de la filosofía clásica alemana implicó un doble movimiento, que en esencia fue uno solo: la crítica del idealismo dialéctico hegeliano y del materialismo antropológico de Feuerbach y la reelaboración de todo lo que tales tendencias filosóficas tuvieron de correcto significó, al mismo tiempo, el desarrollo de la filosofía marxista: fusión del materialismo y la dialéctica y extensión de la dialéctica materialista al campo de la historia. Precisamente el materialismo histórico es el fundamento filosófico del socialismo científico.

 

Por eso la afirmación de Ballhorn –que no es original, como hemos visto– en el sentido de que Marx y Engels no fundaron una nueva filosofía, aparece como un torpe intento de silenciar la filosofía marxista.

 

Marx esclareció:

 

El hecho de que la dialéctica sufra en manos de Hegel una mistificación, no obsta para que este filósofo fuese el primero que supo exponer de un modo amplio y consciente sus formas generales de movimiento. Lo que ocurre es que la dialéctica aparece en él invertida, puesta de cabeza. No hay más que darle la vuela, mejor dicho ponerla de pie, y en seguida se descubre bajo la corteza mística la semilla racional. (El capital, t. I, postfacio a la segunda edición, Fondo de Cultura Económica, México, 2001, p. XXIV).

 

Por su parte, Engels subrayó:

 

A la filosofía desahuciada de la naturaleza y de la historia no le queda más refugio que el reino del pensamiento puro, en lo que aún queda en pie de él: la teoría de las leyes del mismo proceso de pensar, la lógica y la dialéctica. (Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, en Obras escogidas en tres tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1980, t. III, p. 394).

 

Y, precisamente aquella puesta de pie de la dialéctica y esta superación de la filosofía especulativa, hizo que Lenin señalara lo que sigue:

 

En El Capital, Marx aplicó a una sola ciencia la lógica, la dialéctica y la teoría del conocimiento materialista [no hacen falta 3 palabras: es una y la misma cosa], que tomó todo lo que había de valioso en Hegel y lo desarrolló. (Cuadernos filosóficos, Editorial Librerías Allende, Buenos Aires, 1974, p. 309).

 

Es decir, la filosofía marxista es la dialéctica materialista, la teoría del conocimiento materialista, la lógica dialéctica (no hacen falta tres palabras).

 

Ciertamente la dialéctica es un método científico, pero lo es en el sentido de su cientificidad filosófica, y no en el sentido de serlo con el alcance limitado de la cientificidad de una ciencia particular.

 

Pero, dando por sentado que la dialéctica no es filosofía, nuestro articulista sugiere que apenas es «un método científico» y, de esta forma, niega su alcance universal, es decir, la universalidad de sus leyes.

 

Como se ve, aquí también nuestro articulista apunta alto.

 

El surgimiento y desarrollo de la economía política marxista experimentó un movimiento semejante al de la filosofía marxista en su proceso de surgimiento: la crítica de la economía política burguesa y principalmente de Adam Smith y David Ricardo, determinó la aparición de teorías, nuevas por principio, sobre el valor, el dinero, la plusvalía, la acumulación del capital, la cuota media de ganancia, la renta del suelo, etcétera, etcétera, etcétera, formándose y desarrollándose así la economía política marxista. Y basta haber leído El capital para persuadirse de que en sus páginas se concretó de la forma más genial dicha economía política.

 

Como se sabe, la negación de la existencia de la economía marxista tiene vieja data: economistas burgueses y reformistas consumados sostenían que el fundador de la concepción comunista del mundo copió su teoría económica de Ricardo, Rodbertus y los socialistas utópicos. Es decir, aquí tampoco Ballhorn tiene el mérito de la originalidad.

 

Pero la existencia de una economía política marxista no solo es una realidad incuestionable, sino que, además, proporciona los fundamentos económicos de la misión histórica del proletariado. Por eso su negación significa desarmar al proletariado en beneficio de la burguesía.

 

Como se ve, aquí también nuestro articulista apunta alto.

 

En resumidas cuentas, es notorio que Ballhorn tiene asumido un enfoque unilateral de la concepción del  mundo de Marx y Engels: habla de la crítica de los fundadores a la filosofía clásica alemana, pero no es capaz de ver en esta misma crítica la formación y desarrollo de la filosofía marxista; habla de la crítica a la economía política clásica inglesa, pero no es capaz de ver en esta misma crítica la formación y el desarrollo de la economía política marxista.

 

En Tres fuentes y tres partes, Lenin señaló con toda razón:

 

Sólo el materialismo filosófico de Marx señaló al proletariado la salida de la esclavitud espiritual en que han vegetado hasta hoy todas las clases oprimidas. Sólo la teoría económica de Marx explicó la situación real del proletariado en el régimen general del capitalismo. (Marx, Engels, Marxismo, p. 66).

 

No obstante, como se ha visto, Ballhorn niega sin más la existencia de la filosofía y la economía política marxistas y, de esta forma, niega el hecho de que, desde el principio, la concepción comunista del mundo apareció con sus tres partes integrantes interactuando dialécticamente entre sí.

 

En conclusión, en manos de Ballhorn el marxismo aparece sensiblemente empobrecido.

 

Arrastrado por su castración del marxismo, Ballhorn tergiversa el método de Stalin en el estudio del desarrollo histórico de la doctrina del proletariado. Dice él:

 

Esto [el marxismo concebido solo como socialismo científico] es lo que comprendió Stalin al momento de definir el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo.

 

(Dicho sea entre paréntesis: Stalin no definió el leninismo como dice Ballhorn, sino como «el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria». La diferencia es obvia, pues, y había que señalarla).

 

Pues bien, hay que precisar que Stalin no tenía una concepción reduccionista del marxismo como la de Ballhorn, por lo que la afirmación de éste en el sentido expresado en la cita anterior, es una gruesa tergiversación. En Los fundamentos del Leninismo, Stalin dejó sentados estos esclarecedores conceptos:

 

Exponer los fundamentos del leninismo no es aún exponer los fundamentos de la concepción del mundo de Lenin. La concepción del mundo de Lenin y los fundamentos del leninismo no son, por su volumen, una y la misma cosa. Lenin es marxista, y la base de su concepción del mundo es, naturalmente, el marxismo. Pero de esto no se desprende, en modo alguno, que la exposición del leninismo deba comenzar por la de los fundamentos del marxismo. Exponer el leninismo es exponer lo que hay de peculiar y de nuevo en las obras de Lenin, lo aportado por Lenin al tesoro general del marxismo y lo que está asociado a su nombre de modo natural. Sólo en este sentido hablaré en mis conferencias de los fundamentos del leninismo.

Quizá la expresión más clara de la alta importancia que Lenin le otorgaba a la teoría, sea el hecho de que fuera precisamente él quien asumió el cumplimiento de una tarea tan grande como la de sintetizar, desde el punto de vista de la filosofía materialista, los más importantes adelantos de la ciencia en el período comprendido desde Engels hasta Lenin y de someter a profunda crítica las tendencias antimaterialistas entre los partidarios del marxismo. "Cada descubrimiento trascendental –decía Engels– obliga al materialismo a cambiar de forma”. Es sabido que fue precisamente Lenin quien, en su notable libro Materialismo y Empiriocriticismo, cumplió esta tarea en relación con su época).

… es natural que mis conferencias no puedan ser consideradas como una exposición completa del leninismo. Serán tan sólo, en el mejor de los casos, un resumen sucinto de los fundamentos del leninismo. No obstante, estimo útil hacer este resumen, a fin de ofrecer algunos puntos fundamentales de partida, necesarios para estudiar con fruto el leninismo (Cuestiones del leninismo, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1977, pp. 1-2 y 21).

 

Es evidente que en estas citas el término teoría está utilizado como sinónimo del término filosofía. Pero lo que hay que destacar es que, contrariamente al torcido entendimiento de Ballhorn, Stalin no concebía el marxismo como un cuerpo de doctrina sin filosofía y sin economía política, aunque sobre esta parte del marxismo se limitara a señalar brevemente algunas tesis de Lenin sobre el imperialismo. Por otro lado, las citas dan cuenta de que para Stalin eran posibles dos tipos de exposición del leninismo: una «completa», que debe comprender los aportes de Lenin al marxismo en la esfera de la filosofía, y otra que se limita a ser «un resumen sucinto de los fundamentos del leninismo», que es precisamente la que hizo el sucesor de Lenin en Los fundamentos, en Cuestiones y en la Entrevista con la primera delegación de obreros norteamericanos, «a fin de ofrecer algunos puntos fundamentales de partida, necesarios para estudiar con fruto el leninismo». Cabe agregar que, por cuanto Stalin reconocía la existencia de la economía política marxista (a la que aportó con la formulación de la ley económica fundamental del socialismo), la exposición «completa» del leninismo debe comprender, asimismo, los aportes de Lenin a la mencionada parte integrante del marxismo.

 

Estas constataciones demuestran, pues, que lo que hace Ballhorn es achacarle a Stalin su propia concepción reduccionista del marxismo, o sea, su propia posición revisionista.

 

Como se ve, aquí también nuestro articulista apunta alto.

 

Ballhorn dice:

 
Estas son las razones por las cuales pienso que una sustentación del maoísmo como nueva, tercera y superior etapa del marxismo tendría que ir más o menos en la línea de acontecimientos que postula Alain Badiou: la Comuna de París, la Revolución de Octubre y la Gran Revolución Cultural Proletaria.

 

De hecho, con esta cita nuestro crítico se refiere a la relación existente entre las condiciones históricas y el desarrollo del marxismo.

 

Acerca de esta cuestión, Stalin señaló:

 

Marx y Engels actuaron en el período prerrevolucionario (nos referimos a la revolución proletaria) cuando aún no había un imperialismo desarrollado, en un período de preparación de los proletarios para la revolución, en el período en que la revolución proletaria no era aún directa y prácticamente inevitable. En cambio, Lenin, discípulo de Marx y de Engels, actuó en el período del imperialismo desarrollado, en el período en que se despliega la revolución proletaria, cuando la revolución proletaria ha triunfado ya en un país, ha destruido la democracia burguesa y ha inaugurado la era de la democracia proletaria, la era de los Soviets (ob. cit., p. 3).

 

En mi libro El desarrollo de la teoría del proletariado…, dejé escrito sobre la misma cuestión:

 

El pensamiento de Mao tuvo su cuna en la vieja China punto de convergencia de todas las contradicciones del imperialismo, y se desarrolló no solo en función de esta realidad particular, sino mundial. Pero la vieja China no era un país imperialista, como lo era la Rusia zarista de principios de siglo, sino un país semicolonial y semifeudal. En consecuencia, «la tarea a resolver» ahí no era la lucha contra el capitalismo sino contra «las supervivencias del medioevo». Pero, como es obvio, estas condiciones particulares de China eran parte de las condiciones generales del imperialismo, pues, como ha quedado dicho, el imperialismo es una época en que un puñado de países capitalistas avanzados explota a una mayoría de países coloniales, semicoloniales y dependientes, y, precisamente por esto, Lenin señaló que «la revolución social sólo puede producirse bajo la forma de una época que una la guerra civil del proletariado contra la burguesía en los países avanzados con toda una serie de movimientos democráticos y revolucionarios, comprendidos los movimientos de liberación nacional, en las naciones subdesarrolladas, atrasadas y oprimidas.» Por tanto, si la revolución china es la continuación de la revolución rusa en las condiciones de un país semicolonial y semifeudal, el pensamiento de Mao es un desarrollo directo del leninismo, pues sus raíces históricas son las mismas que las de éste. Sobre la nueva democracia es un desarrollo de Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, y la teoría de la continuación de la revolución en las condiciones del socialismo es un desarrollo de las tesis planteadas por Lenin en su artículo La economía y la política en la época de la dictadura del proletariado. En consecuencia, es correcto señalar que la teoría y la táctica de Mao sobre la nueva democracia es un desarrollo de la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, y su teoría y su táctica de la continuación de la revolución en el socialismo es un desarrollo de la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular (pp. 64-65).

 

Como es evidente, estas citas dan cuenta de las raíces históricas del marxismo, del leninismo y del pensamiento de Mao. Mientras el marxismo surgió y se desarrolló en la época del capitalismo competitivo y de la preparación del proletariado para la revolución, el leninismo surgió y se desarrolla en la época del imperialismo y de la revolución proletaria.

         

Por eso el leninismo presenta

 

… el sello de nuestra época, [pues] su contenido es la expresión teórica del contenido fundamental y de las tendencias fundamentales del imperialismo y, al mismo tiempo, la expresión teórica del contenido fundamental y de las tendencias fundamentales de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado (ob. cit., p. 56).

 

En consecuencia, la definición de Stalin del leninismo como el marxismo de nuestra época no solo es correcta, sino que, precisamente por serlo, demuestra que el leninismo es una época del desarrollo del marxismo. Por esta razón es completamente acertado sostener que el pensamiento de Mao es una etapa del leninismo.

 

Así, pues, las raíces históricas del marxismo no pueden ser reducidas, de forma exclusiva y excluyente, como pretende Ballhorn, a la Comuna de París, aunque esta experiencia hiciera posible descubrir «la forma política… que permitía realizar la emancipación económica del trabajo» (Marx). Igualmente, las raíces históricas del leninismo no pueden ser reducidas, en forma exclusiva y excluyente, como pretende Ballhorn, a la Revolución Rusa, aunque esta experiencia permitiera desarrollar la teoría marxista de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado. Asimismo, las raíces históricas del pensamiento de Mao no pueden ser reducidas, de forma exclusiva y excluyente, como pretende Ballhorn, a la Revolución Cultural Proletaria, aunque esta experiencia demostrara la validez de la teoría maoísta de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado, desarrollo de la teoría marxista-leninista de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado.

 

Estas aclaraciones son pertinentes debido al hecho de que el leninismo es el marxismo de nuestra época y a que, por lo tanto, solo en el marco de esta definición general se explica su definición específica como «la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular.»(2)

 

Esta última definición del leninismo tiene, como es obvio, el valor de expresar la centralidad de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado en el cuerpo entero del marxismo.

 

[La] centralidad de la teoría y la táctica de la revolución proletaria tiene su explicación. La concepción marxista del mundo tiene como principio suyo la dialéctica materialista. Precisamente, el mérito imperecedero de Marx y Engels en el campo filosófico fue incorporar la dialéctica al materialismo… fundando así el materialismo dialéctico y la concepción materialista de la historia. En el postfacio a la segunda edición de El Capital, Marx escribió que su método, es decir la dialéctica, es «… crítica y revolucionaria por esencia…». Y es así, sin lugar a dudas, pero, como es lógico, solo a condición de que se le aplique. Justamente, al aplicar este método a las condiciones del capitalismo y de la lucha de clase de la época preimperialista, Marx y Engels fundaron la economía política marxista y el socialismo científico, teoría y programa de la revolución proletaria y de las condiciones de su realización y, por consiguiente, método de lucha por la emancipación del proletariado. La emancipación del proletariado y, en general, de la entera humanidad, no se decide, como es evidente, en el terreno de la filosofía, sino en el de la política. El proletariado no actúa, pues, como filósofo colectivo sino como político colectivo, aunque es indudable que su filosofía revolucionaria sirve a su política revolucionaria, o, para decirlo de otro modo, que la filosofía marxista sirve para transformar el mundo, pero a condición de ser mediada por la acción política del proletariado. Este hecho demuestra la centralidad de la lucha política en la praxis marxista, y esta centralidad determina la centralidad de la teoría de la revolución proletaria y de las condiciones de su realización en el cuerpo entero del marxismo… El socialismo científico le remarcó al proletariado la vía práctica que conduce a la expropiación de los expropiadores y a la dictadura del proletariado como punto necesario de transición para la extinción de las clases, la lucha de clases y el Estado. Si en el estudio del desarrollo del marxismo se pusiera el acento en los aportes a la filosofía marxista y no en la teoría de la revolución proletaria, se estaría privilegiando la interpretación del mundo sobre su transformación, cuando de lo que se trata es de transformar el mundo, tal como señaló Marx en su onceava tesis sobre Feuerbach. Por eso, Stalin consideró la teoría de la revolución proletaria en general y la teoría de la dictadura del proletariado en particular, como el lugar donde centralmente hay que ir a buscar el desarrollo del marxismo. (El desarrollo de la teoría del proletariado…, pp. 49-52).

 

Ciertamente todo marxista tiene que reconocer que, en el cuerpo del marxismo, la centralidad de la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general y de la dictadura del proletariado en particular, es un hecho indudable. Pero, como hemos visto, Ballhorn, retorciendo la definición del leninismo como el marxismo de nuestra época, cree que su definición como «la teoría y la táctica de la revolución proletaria, etcétera», expresa no la centralidad de esta cuestión, sino todo el leninismo, todo el marxismo, es decir, cree que todo el marxismo-leninismo es nada más que la cuestión de la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular.

 

Como se ve, aquí también nuestro articulista apunta alto.

 

Ballhorn dice:

 

La tesis más difundida, por lo menos en el ámbito nacional, es la que sostiene que un “desarrollo” dentro del marxismo significa un desarrollo en sus “tres partes integrantes”.

 

En cuanto a mí se refiere, debo precisar que en mi libro El desarrollo de la teoría del proletariado, señalo que el pensamiento de Mao es un desarrollo del marxismo en sus tres partes integrantes pero, como puede comprobar el lector, esta afirmación no aparece en mi argumentación como un factor del que haya inferido el desarrollo del marxismo por Mao, sino solamente para dar cuenta del peso específico de este desarrollo.

 

Ballhorn dice que definir el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, significa condenar al marxismo «a no tener más desarrollos en su historia».

 

Es decir, después de interpretar torcidamente la definición del leninismo hecha por Stalin, ahora nuestro articulista sale con un disparate absoluto, con el cual intenta desautorizar a los adherentes del marxismo-leninismo. Pero ocurre que ninguno de ellos ha planteado nunca que la definición del leninismo como el marxismo de nuestra época implica que, después de Lenin, no haya habido ni pueda haber ningún desarrollo del marxismo.

 

Concretamente, Ballhorn pretende desautorizar, entre otros, al propio Stalin, autor de la definición aludida, y a Mao, quien, como ya constatamos, adhirió a la misma.

 

Como se ve, aquí también nuestro articulista apunta alto.

 

Ballhorn dice:

 

… en contraposición a la “tesis de las tres partes integrantes”, la “tesis fatalista” y la “tesis nominal”, sostengo la tesis de la concreción histórica, la cual, pienso, es la que empleó Stalin para definir el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo, y es la que debemos asumir para fundamentar cabalmente el maoísmo como nueva, tercera y superior etapa. Este método (“tesis de la concreción histórica”), que no es más que el método marxista, es el que debemos emplear en la elaboración de una Defensa del Maoísmo.

 

La verdad de las cosas, sin embargo, es que «la tesis de Stalin» reside en argumentar el desarrollo del marxismo en función de la ley según la cual el ser social determina la conciencia social: ser social (imperialismo, lucha de clase del proletariado), conciencia social (leninismo, en el caso que me ocupa). En otras palabras, en explicar el desarrollo del marxismo a partir del contenido concreto de las diferentes épocas históricas del capitalismo y del contenido concreto de las distintas épocas de la revolución proletaria.

 

Pero en su afán de aparecer original (apenas en cuanto a palabras), Ballhorn utiliza la frase «concreción histórica» para definir el método de Stalin (que tergiversa, como ya vimos) y contraponerlo a lo que llama la «tesis fatalista» (la de Stalin y Mao) y a la tesis «nominal» (la mía, según su óptica torcida).

 

Pero nada de esto le sirve para salir del mar de confusión en que se encuentra, pues, no obstante reconocer, aunque con evidente sesgo, el leninismo como el marxismo de nuestra época, nuestro articulista, como hemos visto, considera que el término maoísmo debe aparecer de todas maneras en la denominación de la doctrina en calidad de «tercera etapa del marxismo».

 

En su confusión, Ballhorn pretende que en la fundamentación del leninismo por Stalin, no hay una delimitación entre los conceptos de teoría y táctica y, por otro lado, que el marxismo no se aplica: «Con este concepto de “aplicación”… hay que tener mucho cuidado», dice en su artículo.

 

Con respecto a lo primero, basta entender el sentido de la definición del leninismo que se encuentra en Los Fundamentos: «el leninismo es la teoría y la táctica, etcétera», pues, como vemos, las palabras teoría y táctica (que encierran distintos conceptos) aparecen allí diferenciadas por la conjunción y, pero esta diferenciación es escamoteada por Ballhorn con el pretexto de que «una y otra se identifican, son lo mismo», dando lugar de esta forma a que el lector pueda elegir, ad libitum, cualquiera de las dos palabras para asumir el leninismo: pero, como es claro, si elige la palabra teoría, de hecho estaría concibiendo el leninismo nada más como una pura teoría sin ninguna implicancia práctica y, si elige la palabra táctica, de hecho estaría concibiendo el leninismo como una mera táctica sin fundamento teórico alguno. Esto es lo que puede originar Ballhorn con su «son lo mismo».

 

Con respecto a lo segundo, basta recordar que el marxismo es, a un tiempo mismo, una teoría y un método, y que, si bien como teoría no es aplicable por igual en todas las latitudes sociales y en todos los climas históricos, en cambio como método es universalmente aplicable. Por eso en su trabajo Sobre la contradicción, Mao habla de «la aplicación del marxismo». Esta aplicación, elemento inherente al método marxista, es cosa que escapa a Ballhorn.

 

El libro Materialismo y empiriocriticismo es una crítica profunda del empiriocriticismo, una generalización filosófica de los nuevos datos proporcionados por la revolución operada en las ciencias naturales entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, una confirmación magistralmente fundamentada del materialismo filosófico como la única concepción y el único método que permiten interpretar correctamente el mundo y transformarlo. En este libro Lenin no tuvo por finalidad exponer las leyes de la dialéctica, pero dio ejemplos vivos de aplicación creadora de las mismas en el análisis de la teoría del reflejo, del papel de la práctica en la cognición, de la relación entre la verdad absoluta y la verdad relativa, de la inagotabilidad del electrón, etcétera, etcétera. Pero, además, en sus páginas el jefe de la revolución rusa expuso y defendió los fundamentos del materialismo histórico. En suma, Materialismo y empiriocriticismo representó un cambio en la forma del materialismo filosófico en comparación a la forma que presentaba en Anti-Dühring y en Dialéctica de la naturaleza de Engels. Este hecho habla por sí solo de la importancia y la trascendencia del libro de Lenin.

 

Pero, víctima de los prejuicios de la filosofía universitaria contra el Lenin filósofo, Ballhorn dice que en Materialismo y empiriocriticismo hay «poca originalidad, desde el punto de vista de la dialéctica y el materialismo».

 

¿En qué quedamos? Pregunto, pues en lo que acabo de citar, es perceptible que las palabras materialismo y dialéctica aparecen como conceptos filosóficos, en flagrante contradicción con la negación de la filosofía marxista que comete Ballhorn.

 

Como se ve, aquí nuestro articulista se dispara a los pies.

 

La labor de investigación marxista es una cosa muy seria, y la principal cualidad del intelectual marxista es la modestia.

 

Sin embargo –y pese a la probada falsedad de sus argumentos–  Ballhorn se refiere a todos y cada uno de los trabajos que se han producido en el mundo sobre el problema del desarrollo del marxismo, en términos de petulante menosprecio:

 

…se trataba de discursos limitados, poco profundos y carentes de una verdadera investigación [del desarrollo del marxismo].

podía notar una completa fatuidad de dichos sermones [sobre el “maoísmo”].

…me llevó a buscar por primera vez una sustentación del maoísmo como “nueva, tercera y superior etapa del marxismo”, lo cual me dirigió a un destino decepcionante…

… busqué textos públicos, casi no encontré y los que encontré eran igual de esquemáticos y limitados. Ninguno lograba convencerme de ser una verdadera sustentación del maoísmo.

… en realidad no existía un trabajo con la suficiente seriedad…

… La cuestión del desarrollo del marxismo solo puede definirse en su concreción histórica, no en una sentencia asumida como dogma al estilo de quienes dicen “Stalin definió el leninismo como el marxismo de la época del imperialismo”, y con aires de autosuficiencia creen que ya resolvieron el asunto encubriendo en realidad la más vil de las mediocridades (sic).

 

Como vemos, Ballhorn convierte en escombro literario todo lo que se ha escrito hasta hoy acerca de la cuestión del maoísmo, pero, en este acto de demolición, todo lo que hace, como ya está subrayado, es repetir la fórmula de Abimael Guzmán, aunque dándole una patada por debajo de la mesa: «buscar por primera vez una sustentación del maoísmo…» (cursivas mías).

 

… un trabajo mucho más extenso y detallado sobre el maoísmo.

… entonces acepté que la fundamentación del maoísmo era un asunto pendiente y pensé que en algún momento alguien debería hacerlo.

… [la solución teórica del problema del desarrollo del marxismo, y específicamente del «maoísmo», es] una tarea pendiente a la cual sería importante aportar…

… la distinción entre “época” y “etapa” del marxismo, entre otras cuestiones problemáticas planteadas por Ibarra, las trataremos en el trabajo extenso y completo sobre el tema que nos convoca.
… si implícitamente hubo hasta hoy un proyecto detrás de mis avances en la teoría marxista, uno de ellos ha sido precisamente el de contribuir a una sustentación cabal del maoísmo. Esto último es algo que se me tornó más claro una vez que mis estudios me llevaron a cuestionar los esquemas heredados por las tradiciones marxistas “militantes” en el Perú, y todo esto adoptó un rumbo definido a partir de la cuestión de la dialéctica.

 

Aquí, como vemos también, Ballhorn da muestras de maloliente pedantería que, como es sabido, es defecto típico del intelectual pequeño burgués.

          

           Desde luego, no es fácil imaginarse cómo, con un arsenal teórico tomado enteramente de autores burgueses y revisionistas, con sus desvergonzadas tergiversaciones, con su erróneo planteamiento tanto del problema del desarrollo del marxismo como del problema de su denominación y, en general, con su demostrada confusión y su evidente confusionismo, nuestro articulista podría «contribuir a una sustentación cabal del maoísmo». Curiosamente, en este extravío reside la pretendida «seriedad» de su prometido «trabajo extenso y completo sobre el tema».

 

            Sin haber examinado las flojedades idiomáticas del artículo de Ballhorn, pero habiendo esclarecido sus oscuras afirmaciones y revelado sus flagrantes desatinos, cabe terminar las presentes líneas dejando sentado que su delirante maoísmo puramente verbal no le alcanza para disimular su enfoque sesgado, reduccionista, falseador del marxismo, es decir, no le sirve en absoluto para ocultar su apolillado revisionismo.

 

Notas

(1) Para evitar que el lector crea que fuerzo la     argumentación, copio lo que César Lévano recordó en un ensayo: «Al remitir su trabajo [El imperialismo, fase superior del capitalismo], Lenin había enviado también, en correo aparte, una tarjeta postal –truco para burlar la censura– en que precisaba: «El subtítulo: “ensayo de divulgación”, es seguramente indispensable, porque numerosos elementos importantes están expuestos conforme a ese género de obras.» (Lenin y Mariátegui, autores varios, Empresa Editora Amauta, Lima, 19. p. 202).

(2) En una conversación de hace ya diez años, con aire de triunfador un senderista me decía que para definir el maoísmo como tercera etapa del marxismo, su partido se basa en la definición del leninismo como «la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular», y no en su definición como el «marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria.» Pues bien, como Ballhorn ahora, el aludido senderista disociaba la definición general del leninismo de su definición específica, ambas debidas a Stalin, y, de esa forma, creía validar la definición del maoísmo como «tercera etapa del marxismo». Pero ocurre que, como ya subrayé, la definición específica del leninismo es incomprensible fuera del marco de su definición general. Veamos esto. Solo con el surgimiento del imperialismo la revolución proletaria cobró actualidad histórico-universal (en la época del capitalismo competitivo la revolución proletaria se encontraba en proceso de preparación). Es decir, la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general y la teoría y la táctica de la revolución proletaria en particular, cobraron actualidad (tanto en la teoría como en la práctica) y universalidad (formación de un solo frente de lucha conformado por la lucha de los pueblos oprimidos por su liberación y la lucha del proletariado por el socialismo), solo con el surgimiento del imperialismo y, por esta razón, nuestra época es la del imperialismo y la revolución proletaria. O sea que, la actualidad del imperialismo determinó la actualidad de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado. Por lo tanto, la definición específica del leninismo tiene su fundamento en su definición general, y por tener dicha revolución y dicha dictadura un lugar central en la doctrina marxista, Stalin señaló que la definición específica del leninismo es más exacta. Pero Stalin no disoció esta definición de la definición general del leninismo; por el contrario, aquella la derivó de esta última y, así, las expuso una después de la otra. Esto es dialéctico. En nuestra época, pues, el leninismo, entendido restrictivamente como el pensamiento de Lenin, comprende un desarrollo de la teoría y la táctica de la revolución y la dictadura proletarias, y el pensamiento de Mao comprende un desarrollo ulterior de esas dos cuestiones, pero, como lo entenderá cualquier marxista consecuente con su materialismo, ambos desarrollos corresponden por igual a nuestra época. Pero como se ha visto, nuestro senderista (y con él, según nos dijo, su partido) considera el desarrollo concretado por Mao de la teoría y la táctica de la revolución y la dictadura proletarias sin tener en cuenta que tal desarrollo tuvo lugar precisamente en las condiciones de nuestra época (entre las cuales se encuentran, como es obvio, las condiciones particulares tanto de la vieja China como de la China socialista). En esto consiste el materialismo de nuestro «maoísta».

 

24.05.2019.

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