martes, 1 de diciembre de 2015

HISTORIA




(Décimo Segunda Parte)

       
Emilio Choy


Micaela Bastidas presentía la catástrofe. Los párrafos anteriores son precisos; no había fe en la causa que defendían, y era agravada con los recorridos que hacía Túpac Amaru por Yauri, que parecían "paseos". Loayza explica que cuando subía a las torres de las iglesias era para cerciorarse si servían como defensas, y sus paseos solitarios tenían por objeto el conocer la adhesión popular. Esto quiere decir que antes de un mes de iniciado el movimiento ya estaba proyectando abandonar la marcha para la toma del Cusco.

"Yo no siento perder mi vida, sino la de esta pobre familia que necesita todo auxilio; y así, si viniesen los de Paruro, como te insinué en mi anterior, estoy pronta a caminar con la gente, dejando a Fernando en un lugar destinado, pues los indios no son capaces de moverse en este tiempo de tantas amenazas.

"Bastante advertencias te di para que inmediatamente fueses al Cuzco, pero has dado todas a la barata, dándoles tiempo para que se prevengan, como lo han hecho poniendo cañones en el cerro de Piccho y otras tramoyas tan peligrosas, que ya no eres sujeto de darles avance; y a Dios te guarde muchos años...

"También te hago presente como los indios de Quispicanchi, ya se hallan rendidos y aburridos con tanto tiempo de servir de guardias...

"Sólo tú gastas mucha cachaza dando tiempo a los enemigos, para que se armen y hagan destrozos con nosotros.

"Ya que te has hallado en esos lugares, caminaremos el día citado a entregarnos y morir sin remedio, por lo que te digo a Dios y que te guarde muchos años…".

Esta carta fue escrita al mes de iniciarse la insurrección y sus párrafos parecen describir los acontecimientos por venir. Es que el mismo Inca se encargaba de crear el ánimo para la derrota cuando escribía a su es­posa: "Sé que estás muy afligida, y tu compañía lo mismo, y así no seas de poco ánimo. Si está de Dios que muramos, se ha de cumplir con su voluntad; y así, conformarse con ella". Este criterio derrotista ("fa­talista", dice Loayza) era consecuencia del problema sin solución que se planteó Túpac Amaru. El movimiento estaba perdido al no lograr las alianzas que necesitaba para formar "un solo cuerpo". Sin alianzas no había cuerpo, no había estructura para marchar hacia la meta. Su objetivo no era colmar las aspiraciones de las masas indígenas (había suprimido los repartimientos), pero las aspiraciones de ésta no eran sim­plemente el problema de los abusos de los corregidores. Túpaj Katari fue más rotundo en el problema de la tierra "Dar al César lo que es del César" (21). Nicolás Catari habló de "hacerse dueño de las haciendas de los españoles".

Túpac Amaru no pudo hacer una retirada que hubiese afectado a los realistas que marchaban en su persecución a las órdenes del mariscal del Valle; tuvo fuerzas militares para hacerlo, decididos capitanes, que bien dirigidos, hubiesen prolongado la lucha. No carece de razón Carlos Daniel Valcárcel cuando dice que después de levantar el cerco del Cusco, su figura "se torna militarmente borrosa". Carecía de fe en el éxito de la lucha, porque no tenía confianza en las masas que lo acompañaban, así como éstas no veían en él al hombre que podía conducirlas a la victoria.

En este aspecto, Juan Santos Atahualpa reveló poseer mayor capaci­dad algunas décadas antes; a base de guerra de guerrillas se mantuvo invicto muchos años frente a los ataques españoles, a pesar de que se movilizó en su contra a las fuerzas no sólo del virreinato peruano, sino también de otras posesiones españolas. Prácticamente, la falta de moral para seguir luchando hizo que el movimiento muriera antes de termi­nar. Desde el momento en que aceptaba su próxima derrota y muerte preparando el ánimo de los suyos con tanta resignación, el caudillo había iniciado ya su suplicio, que culmina con su descuartizamiento, por conveniencia del absolutismo español.

El hecho de que Túpac Amaru no lograra la independencia del Perú no disminuye la grandeza del movimiento indígena de 1780-81. La intervención de elementos que empujaron la sublevación desviándola de la senda de sus propios intereses, retrasó la independencia; sólo con enormes esfuerzos los peruanos pudieron conseguirla más tarde.

Notas
[21] L.A. Eguiguren, ob. cit., t.II.

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