martes, 1 de diciembre de 2015

EDUCACIÓN


Mariátegui y la Educación*

(Primera Parte)


Sara Beatriz Guardia

¿Ustedes no saben quien es Mariátegui?

Y bien… es una nueva luz de América,

 un nuevo espécimen del hombre americano”.

 

Henri Barbusse

JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI es el primer teórico marxista de América Latina que fue al mismo tiempo un hombre de letras capaz de emocionarse con el surrealismo y la poesía, y un hombre de acción que en 1926 fundó la Revista Amauta, y en 1928 el Partido Socialista y la Central General de Trabajadores. Tal como señala Jorge Basadre, con Mariátegui se inician los estudios sociales en el Perú1; introdujo una reflexión profunda de la realidad adhiriendo el socialismo como fin ético de justicia social, exento del dogma y la retórica, basado en una interpretación del marxismo distinta al esquema del desarrollo histórico europeo. No queremos ciertamente, - dice - que el socialismo en América Latina sea calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indo-americano. He aquí una misión digna de una nueva generación”2.

Esta voluntad y anhelo por transformar la sociedad peruana en la construcción de un mundo nuevo, recibió la influencia de la vanguardia intelectual y artística de entonces: Gramsci, Croce, Sorel, Gobetti, Unamuno (sobre todo de su libro La agonía del cristianismo), Freud, Bergson, y de manera singular, Nietzsche. No en vano, los Siete Ensayos de Interpretación de la realidad peruana, publicado en 1928, está precedido por un epígrafe del filósofo alemán: “Yo no deseo leer más a un autor del cual se advierte que ha querido hacer un libro. Leeré solamente aquellos cuyas ideas se convierte inesperadamente en un libro”.

Es precisamente en 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, que el esfuerzo por conciliar su concepción del socialismo con la realidad nacional cobra notable particularidad. Quiso incluir un ensayo sobre la evolución política e ideológica del Perú, pero no lo hizo pensando darle desarrollo y autonomía en un libro aparte. Por lo demás, como él mismo señala, los 7 Ensayos significan una contribución inacabada, puesto que reitera que volverá a los mismos temas cuantas veces le indique la investigación y la polémica3. La evolución económica, el problema del indio, el régimen de propiedad de la tierra, el proceso de la educación, el factor religioso, regionalismo y centralismo, y el proceso de la literatura, revelan la importancia fundamental que tuvieron estas cuestiones en su toda su obra. Aquí, destaca la “formidable máquina de producción de los Incas y los lazos de solidaridad de las comunidades indígenas, destruidos durante la conquista española, y continuada por los políticos del período republicano, teniendo como constantes: el despojo de sus medios de producción, la explotación servil de su fuerza de trabajo, la destrucción de sus tradiciones culturales de origen prehispánico y la imposición de otros valores, en particular el idioma y la religión”4. Estamos construyendo un país sobre los “inertes estragos indígenas”, y “los aluviones de la civilización occidental”, dice y concluye afirmando: “La esperanza indígena es absolutamente revolucionaria”.

La Educación en el Perú, antecedentes

Aunque la independencia forjada por los criollos influidos con las ideas de libertad de la Revolución Francesa5, significó el cimiento de un estado laico, el poder de la iglesia no disminuyó imposibilitando cualquier cambio que pudiera mermar o atentar sus intereses. Recién a mediados del siglo XIX durante el primer  y segundo gobierno   de Ramón Castilla, de 1845 a 1851 y de 1855 a 1862, se intentó convertir la educación en un elemento integrador de la Nación, a través de una serie de medidas que comprendían la educación pública y privada y la gratuidad de la enseñanza.

Se produjeron entonces encendidas polémicas, debates y proyectos en un espacio donde se empezaron a conformar los discursos de identidad nacional, y se trazaron los hitos de nuestra historia literaria y cultural6. En este período destacada el pensamiento de Manuel González Prada sobre la sociedad peruana y el Perú como Nación: cuestiones relativas a la educación, el rol de la iglesia, la marginación de los indios, y la inferioridad de condiciones de la mujer, significaron “el punto de partida del desarrollo de una conciencia moderna del Perú”7, y tuvieron una marcada influencia en los intelectuales de los años veinte. 


En la década de 1870, surgieron revistas y publicaciones que continuaron la labor iniciada por “El Mercurio Peruano”, el primer diario donde por primera vez los peruanos adoptaron un papel de ciudadanos de este país y no del Virreinato del Perú. El 26 de julio de 1873, Manuel Pardo y Lavalle, el primer civil elegido como presidente del Perú, promulgó el Reglamento General de Instrucción que estableció la gratuidad y obligatoriedad del primer grado de la educación básica, y la descentralización de la educación pública. En ese clima de hegemonía del discurso masculino, irrumpieron dos novelistas: Clorinda Matto de Turner (1854-1909) y Mercedes Cabello de Carbonera (1845-1909), importantes exponentes de un momento decisivo en la historia literaria y social del Perú8.

Este lento proceso de modernización signado por la secuela que dejó la Guerra del Pacifico y la pérdida de territorio y del salitre, caracterizan los primeros años del siglo XX. Durante el gobierno de José Pardo (1904-1908) se aprobó otra reforma de la educación, y el 7 de noviembre de 1908, mediante la Ley 801 finalmente se permitió el ingreso de las mujeres a las universidades, abriéndose así la posibilidad de una educación inclusiva y equitativa en el Perú.

Un año antes, Francisco García Calderón publicó El Perú contemporáneo, primer intento de abordar los problemas del Perú desde una perspectiva integradora. Según Robert Paris, constituye una de las principales claves de los 7 ensayos, y anota como curiosidad, que también está dividido en “siete capítulos, en los que podríamos encontrar sin dificultad una prefiguración de los 7 ensayos. La mayoría de los problemas abordados en ese libro son, en efecto aquellos que Mariátegui va a encontrar unos veinte años más tarde”9.

Son los años del Partido Civil en el poder, de la llamada República Aristocrática como la definiera Basadre, de las luchas obreras en demanda de mejores salarios y la jornada de trabajo de ocho horas, que coincide con el auge de las inversiones en los sectores agro-exportadores y mineros. La educación figura en el centro del debate entre en Alejandro Deustua (1849-1945), y Manuel Vicente Villarán (1873-1958). Deustua, “una de las figuras mayores de la historia de la filosofía en el Perú, cuya obra culmina en una suerte de “aristocratismo”, a juicio de Augusto Salazar Bondy”10, representó para Mariátegui “la reacción del viejo espíritu aristocrático, más o menos ornamentada de idealismo moderno”11. Su preocupación estuvo orientada a la “educación de las clases elevadas o dirigentes. Todo el problema de la educación nacional residía para él en la educación de la élite. Y, por supuesto, esta elite no era otra que la del privilegio hereditario”. Deustua, dice Robert París, definía una pedagogía de la libertad  y cita a Mariátegui: “libertad interior, libertad moral y estética, (que) constituye el fin y el contenido de la educación”; es decir, un programa que no habría repudiado el neohegelismo italiano12.

Mientras que la “denominada vertiente norteamericana – que algunos llamaron entonces positivista, pragmática o práctica, sin advertir que cada una de estas acepciones implica a veces cosas distintas”13 – estuvo representada por Villarán que postulaba “una educación profesional y científica frente a la libresca y verbalista imperante”.Impulsó la reforma de educación de 1920 elaborada por una comisión presidida por él y asesorada por Edwin Bard, jefe de la misión norteamericana invitada por el Gobierno para reorganizar la instrucción pública14. Hecho que fue criticado duramente por José Antonio Encinas en el contexto de la realización del Primer Congreso de Estudiantes del Cusco que acordó la creación de las universidades populares, cuya concreción tuvo lugar en 1921.

Las intensas movilizaciones y huelgas obreras en el Perú en 1919 y el movimiento de la Reforma Universitaria de Córdoba, que se inició el 15 de junio de 1918, constituyen para Mariátegui la clave del campo teórico donde se desarrolla su discurso, señala Robert Paris15. El movimiento de la Reforma, enfatiza Mariátegui, “tenía lógicamente que atacar, ante todo, esta estratificación conservadora de las Universidades”16, la existencia arbitraria de cátedras, el mantenimiento de profesores ineptos, y la exclusión de intelectuales independientes. Por ello, sitúa la reforma universitaria en el campo de la ideología y las reivindicaciones, y afirma que el movimiento estudiantil de Córdova significa “el nacimiento de la nueva generación latinoamericana”17, aunque careció en sus inicios de homogeneidad y autonomía, y no existió alianza alguna entre el movimiento estudiantil y el obrero.

Pero no solo se trata de revueltas obreras, entre 1929 y 1923 se suceden las rebeliones indígenas en el sur andino. “Los levantamientos fueron en su mayor parte ataques a las haciendas precedidos de litigios judiciales contra los gamonales18. También las mujeres iniciaron su lucha y participaron “en distintos proyectos políticos configurando sus agendas con demandas sobre educación, el mejoramiento de las condiciones de trabajo y la exigencia del derecho al sufragio universal, finalmente logrado en la mayoría de los países de la región entre 1929 y 1961”19. Este es el clima de debate y efervescencia social que enmarcó el discurso de Mariátegui sobre la educación en el Perú.



*Conferencia de Inauguración. Encuentro Mariátegui y Educación. Universidad del Estado de Río de Janeiro, Brasil.  4 – 5 mayo, 2010.

(1) Jorge Basadre. “Introducción a los 7 ensayos”. Mariátegui y los orígenes del marxismo Latinoamericano. México, 1980, p.341.

(2) Mariátegui. “Aniversario y Balance”. Mariátegui Total, Lima, 1994, p. 261.

(3) Mariátegui. 7 ensayos de interpretación de la realidad nacional. Lima, 1992, p. 12 (Todas las citas pertenecen a esta edición).

(4) Saladino. “Fuentes del indigenismo peruano del siglo XX”. Identidad (es) del Perú en la literatura y las artes. Canadá, 2005, p. 69.

(5) Mariátegui. “Lo nacional y lo exótico”. Peruanicemos al Perú. Lima, 1970, p. 26; Mariátegui Total. Lima, 1994, pp. 289-291. Publicado en Mundial, Lima, 9 de diciembre, 1924.

(6) Debate precedido por Francisco de Paula González Vigil (1792-1875), clérigo e ideólogo del pensamiento ilustrado que se enfrentó al caudillismo y a la Iglesia por lo que fue excomulgado. También por otro destacado intelectual, Mariano Amézaga, que criticó el rol de la Iglesia y se opuso a la visión del catolicismo respecto de la inferioridad y subordinación de la mujer.

(7) Cesar Germana. “Manuel González Prada y Víctor Raúl Haya de la Torre. De la democracia literal al nacionalismo radical”. Université Michel de Montaigne, Bordeaux 3, 2005.

(8) Alberto Tauro. Clorinda Matto de Turner y la Novela Indigenista. Lima, 1976, p. 5.

(9) Robert Paris. “Para una lectura de los 7 ensayos”. Mariátegui y los orígenes del marxismo Latinoamericano. México, 1980, p. 311.

(10) Gregorio Weinberg. “Mariátegui y la Educación”. CELEHIS, Mar del Plata, 1996, p. 36.

(11) Mariátegui. “Ideologías en contraste”. 7 ensayos. Lima, 1992, p. 151.

(12) Robert Paris. “El marxismo de Mariátegui”. Mariátegui y los orígenes del marxismo Latinoamericano. México, 1980, p. 122.

(13) Weinberg, “Mariátegui y la Educación”, CELEHIS,p. 33.

(14) Mariátegui. “La herencia colonial y las influencias francesa y norteamericana”. 7 ensayos, Lima, 1992, p. 118.

(15) Robert Paris. El evangelio del socialismo peruano”. Boletín 7 ensayos 80 años. No. 4, junio 2008, p. 2.

(16) Mariátegui. “Política y Enseñanza Universitaria en América Latina”. 7 ensayos, p. 131.

(17) Mariátegui. “La Reforma Universitaria: Ideología y Reivindicaciones”. 7 ensayos, p. 122.

(18) María Beatriz Gentile. “Mariátegui y la utopía andina”. CELEHIS, Mar del Plata, p. 140.

(19) Arturo Sánchez García. “Género, Estado y Nacionalismo en América Latina”. Mujeres en el mundo,  Valencia-Venezuela, 2009, p. 92.

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